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AFEHC : articulos : Usos de las palabras : Usos de las palabras

Ficha n° 3826

Creada: 29 diciembre 2014
Editada: 29 diciembre 2014
Modificada: 11 febrero 2015

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Autor de la ficha:

Luis Pedro TARACENA ARRIOLA

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Usos de las palabras

Las palabras "patria" y "patriota" fueron comunes en la terminología política de principios del siglo XIX en Guatemala. En esa época el lenguaje discursivo y retórico era básico para dar sentido al pensamiento y a la acción política. El sustantivo –patria- y el verbo -la acción patriótica- no se disociaban y ser patriota era imperativo. Pese a ser patria una palabra ligada al patriotismo criollo ilustrado. En esos años se hacían evidentes la transformación del lenguaje y el predomino de los conceptos liberales alrededor de los nuevos espacios públicos como la prensa. En esa ruta, incluso se colonizaban los viejos conceptos. El análisis de su uso en el Amigo de la Patria y en el Editor Constitucional (1820-1821) muestra las diferencias en el liberalismo de sus editores: José Cecilio del Valle y Pedro Molina, uno radical y el otro moderado. Mientras el primero aún se sujetaba al amor a la patria (al terruño), el segundo la invocaba en función de una construcción política, rechazando el pasado y ligándose a la dimensión universal que promovía el liberalismo.
453
Palabras claves :
Patria, Patriota, Historia de los conceptos, Discursos, Periodicos
Autor(es):
Luis Pedro Taracena Arriola
Fecha:
Septiembre de 2014
Texto íntegral:

1

Introducción

2Las palabras “patria” y “patriota” fueron de uso común en la terminología política de principios del siglo XIX. El estudio de su significado es importante para encontrar caminos que permitan comprender las acciones políticas en ese período histórico; sobre todo porque fue ésta una época en que el lenguaje discursivo y retórico resultaba más notorio y necesario – que en la actual- para invocar sentidos al pensamiento y a la acción política1. Ambos vocablos se encuentran correlacionados más allá de su declinación gramatical. El sustantivo y el verbo – la acción patriótica – no pueden disociarse. En el sustantivo está contenida la obligatoriedad de su acción, la cual supone una identificación afectiva. El axioma se reduce a que “no puede haber patria sin patriotas que la quieran”. De esta manera nos enfrentamos a un concepto que se apoya en tres dimensiones: la definición de la palabra, la acción proyectiva y el sentimiento que la impulsa.

3Esa proyección entendida como obligación y sentimiento es lo que convierte en interesante el estudio de sus usos, pues implica que para tener una patria el patriota debía actuar de forma correspondiente con ella. Conocer de manera racional lo que era la patria conducía necesariamente a lo que debía hacerse para tal efecto. ¿Qué significa esto en el período estudiado? Precisamente que el espacio existente entre el sustantivo y la actuación obligada convertía a ambos aspectos en motivo de disputa por parte de los agrupamientos políticos de la elite, los cuales buscaban asumir el liderazgo para definir un significado preciso del valor sentimental y de la acción política. Por lo tanto, su soporte está en la forma en cómo a lo largo del tiempo se han construido sus significados.

4Como primer paso analizaremos el contenido histórico de ambas palabras y luego buscaremos los motivos y los usos inmediatos de las palabras escogidas en los periódicos citados; en seguida continuaremos con el estudio de los usos y los significados estratégicos en ambos periódicos. Es decir, haremos un recorrido por las múltiples imágenes utilizadas en el discurso ilustrado-liberal en el contexto de la lucha política independiente. Una revisión de los textos del período nos revela que en palabras como patria-patriota (de igual modo podemos incluir: feliz-felicidad, libre-libertad, virtud-virtuosidad y otras) contenían además de una relación de esencia y obligación las construcciones de sentido y uso para la acción política de esa época. Una acción que, al final de cuentas, estuvo marcada por el hito histórico de la Independencia, la cual no puede comprenderse con sólo referirse a las categorías construidas posteriormente al acto independiente. Por lo tanto, haremos un recorrido por la utilización y significados de los conceptos “patria” y “patriota” en dos periódicos de la época entre los meses de julio de 1820 y marzo de 1822. Los periódicos son El Editor Constitucional, dirigido por Pedro Molina y El Amigo de la Patria, dirigido por José Cecilio del Valle2. La importancia de la fuente periodística o el de las publicaciones ocasionales (folletos, hojas sueltas, poemas, diálogos escritos y obras de teatro irónicas…) se debe a que éste tipo de instrumentos eran los medios principales para “hacer” y para “crear” política en la época.

5Por otro lado, recordemos que toda coyuntura se puede dividir en momentos. Es decir, en breves espacios temporales en los cuales se producen desplazamientos significativos en la correlación de fuerzas, debido a uno o varios acontecimientos desencadenantes. La selección temporal de la coyuntura política tiene sentido en la medida que la escena política y los objetivos a obtener fueron similares para ambos periódicos. Entre esas dos fechas la disputa política giró alrededor de la formación de distintos desplazamientos de opinión que se abriría con la definición de los puestos elegibles de las Diputaciones Provinciales, lo que llevó a la creación de coaliciones políticas con objetivos comunes transitorios, que más tarde se irían decantado como partidos antagónicos3. La declaratoria de Independencia abrió un segundo momento que terminaría en una primera crisis política postindependiente con en el enfrentamiento entre coaliciones políticas y representaciones provinciales en tomo a la anexión a México y la llegada a Guatemala, a mediados de 1822, de las tropas mexicanas. La unión de estos dos momentos forma la coyuntura independentista.

6En consecuencia el momento político correspondió con el interés de los diversos sectores sociales por crear un nuevo tipo de hacer política, que fuera institucionalizada, pública y delimitada en su acción. La lucha política se entendía ahora como un enfrentamiento verbal y textualizado que aportaba los sentidos de las palabras y las orientaciones de la acción política, a partir del procedimiento de eliminación racional de errores y la reducción de las verdades a problemas simples. El texto escrito resultaba importante en ese nuevo modelo de hacer política, pues suponía un conocimiento y un arte para exponer las ideas hacia el resto de comitentes en forma clara y emotiva, tal como se esbozaba en el ideal de la vida pública liberal. En el objeto de cualquier periódico era convertirse en un instrumento ilustrador, pero en el período estudiado rápidamente se pasó del contenido educativo al argumentativo y disuasivo dirigido a la acción política. Sólo de modo secundario se comportaría con ese carácter informativo que hoy no es común. Todo ello suponía privilegiar una retórica discursiva como modo institucionalizado de hablar en política, aunque ésta siempre estuviera sujeta a las determinaciones contextúales de la lucha política real.

Patria común y patria natural

7En los textos de la época en estudio, la alusión cotidiana del término patria se había actualizado a partir de la nueva terminología política surgida de la revolución francesa, pese a que su uso había sido común en la literatura y en la vida política ¡lustrada-colonial4. En el mundo americano y español de principios del siglo XIX se había reactivado tras la invasión francesa a España, un poco más de una década antes de la aparición de los periódicos mencionados. Así, tanto para los editores como para sus colaboradores, el replanteamiento de las ideas de patria y patriota fueron parte de su lenguaje contemporáneo.

8El vocablo patria es de viejo origen, mucho más que otras categorías utilizadas por el discurso ilustrado-liberal en el período, y de las cuales podemos decir que estaban en similar nivel de uso retórico. Su antigüedad se apoya en la combinación de dos sentidos: el primero en referencia a un soporte físico de la actividad humana y el segundo a una sumisión de pertenencia a un conglomerado familiar o político. Por lo tanto, el caso de la patria no tendría el mismo contenido de derivación filosófica como sí lo tuvieron otros términos de la época más abstractos, tales como eran los de libertad, felicidad o virtud, entre otros muy comunes en el lenguaje ilustrado.

9Ahora bien, en la medida que la palabra patria es referencial contiene cierta ambigüedad. Esta imprecisión no tiene que ver únicamente con la dificultad de ubicar cómo los personajes de la época se autoabscribían en términos de identidad nacional o local, o sea, en términos de si era española, americana o guatemalteca… En realidad esa ambigüedad se apoyaba en el dualismo intrínseco de su contenido, que se relaciona con el plano asociativo y complementario de dos dimensiones en la palabra patria. Según nos indica José Antonio Maravall, en un estudio sobre la sociedad española del siglo XVII, en ese período predominaban dos connotaciones de patria: la patria natural (pertenencia territorial) y la patria común (pertenencia voluntaria). Ambas serán alusiones cotidianas en el mundo intelectual hispánico y como tales se extenderán al siguiente siglo5.

De pater a patria

10La visión de patria natural y de la cual contiene su principal acepción, ha sido la que fundamentalmente se ha destacado en tanto se la vincula al lugar de nacimiento. Por ejemplo, en El Editor Constitucional se encuentra definida de esta manera: “La patria es el lugar en que nacemos6....”, lo que comúnmente llamamos “patria chica”. Por lo tanto, ya sea por origen consanguíneo o territorial, el lugar de nacimiento o de principal socialización se derivó en un contenido físico-territorial con sentido imperativo que se convirtió en la patria natural: patria o parens en latín, tierra natal o la patria chica o tierra7 Y, como lo recuerda Erick Hobsbawmn este sentido territorializado era ya dominante y con carácter oficial en el primer diccionario castellano a principios del siglo XVIII8. Ahora bien, la concepción de tierra o de patria chica, tierra natal o país involucraba una posible proyección hacia un espacio mayor, pero a costa de convertirse en más indefinida.

11El reconocimiento de ese sentido territorial tiene una larga trayectoria. En la construcción histórica de la idea patria se asocian dos viejos mitos integradores y una forma de vida en torno a la pertenencia y adhesión hacia una localidad9:

12• El mito del tronco común de parentesco; por lo tanto de una descendencia y/o ascendencia, muchas veces ligada con un destino marcado o por construir;
• La contraposición campo-ciudad incidía el mito de la nostalgia urbana por el mundo natural perdido. Una nostalgia que se verá reforzada con el interés por dominar territorios;
• La forma de vida urbana llevó a que el bienestar común se convirtiera en res publica (la cosa pública), es decir en aquello que competía al conjunto de los miembros de la polis (ciudad como centro político pero con un ideal de vida) ligado a una intensidad de vida de la cultura urbana.

13La palabra patria se deriva de la palabra jurídica latina pater, vinculada al derecho romano como valor moral supremo de la autoridad10. Esta nos señala el sentido de una unidad superior que manda, obliga y exige a un conglomerado que está bajo su tutela, no reducido a la familia consanguínea sino ampliado a la servidumbre y otras personas bajo su dominio. Esa potestad de predominancia sólo podía obtenerse por la transmisión de la línea consanguínea del varón11. El pater se encargaba del beneficio de ese conglomerado – familiar extensivo – en la medida que mantenía la unidad de la propiedad familiar o patrimonio domnéstico: oikonomia. El conjunto de patrimonios, es decir de espacios territoriales y conjuntos sociales controlados se convertían en los confines de la patria12. Con lo anterior se refuerzan los sentidos de autoridad, propiedad y herencia, como sabemos fuertemente relacionados con el concepto patria. Por lo tanto, se establece la pertenencia y sujeción al pater, – más tarde se extendería esa relación entre el señor y sus vasallos. De aquí se desprende el sentido de obediencia y fidelidad-lealtad hacia la autoridad paterna-señor, cuyos resultados debían ser beneficiosos para todos, al final de cuentas correspondidos con la herencia de propiedad, autoridad así como de prestigio.

14A su vez, el contenido de patria está unido al reconocimiento de un origen de nacimiento común, en principio vinculado a la familia consanguínea, posteriormente extendido a formas territoriales o comunitarias. A la cabeza de ese origen se le debe atención y obediencia. Un sentimiento que responde a lo que los romanos definieron como pietas y los griegos como eusébia, o sea la sumisión respetuosa hacia progenitores y dioses a quienes se les debía el ser que poseía cualquier persona. Ahora bien, ésta actitud de atención y obediencia también habría de extenderse hacia el lugar de origen – al ethos o entorno-, en especial, para aquellos que no eran ciudadanos de una polis, sino patriótes y no participaban de los derechos de ésta, pero estaban incluidos en el sentido de pertenencia13. Además, la obediencia-fidelidad se convertía en un sentimiento afectivo hacia el ámbito territorial donde se había creado o nacido, pues encontraba sustento en sedentarismo de su actividad y lo estrecho del radio de acción de la vida humana. Es decir, era fortalecido por los mecanismos de socialización comunitaria inicial en la vida de las personas y por su práctica cotidiana en ese espacio de su primera o de su más importante socialización. La socialización y el limitado radio de acción permitían crear un sentimiento de vínculo que partía de la vida diaria y familiar así como de los espacios que le eran significativos al conjunto de habitantes de las localidades a la que se perteneciera. Los elementos que convertían esos espacios en significativos eran generalmente la producción y sus consecuencias, la intensidad de los intercambios culturales, así como la vida en la ciudad y la función interventora del Estado14.

15Esa conversión de pater a patria estará estrechamente relacionada con la extensión hacia la ciudad del sentido de potestas patria correspondiente al culto de la dimensión familiar que otorgaba una importancia a aquella persona o pater que tenía esa capacidad. Es decir, estamos hablando del ciudadano que pertenecía a una patria urbs, de esta manera el espacio privado patrimonial se conjugaba con el espacio público, lugar de encuentro de los patricios15, de tal forma que el tipo de adhesión era distinto del visto en relación con la patria chica16. En este nuevo caso los sentimientos se referían a la adhesión y a las obligaciones hacia la res publica – cosa pública, o sea hacia el conjunto de intereses de los ciudadanos de una polis griega o urbs romana En todo caso, ahora los valores del pater eran asimilados en el concepto de patria, la cual tenía el poder de la autoridad y a la que se le debía fidelidad y obligación. Ambos elementos propios de la acción del patriotismo. Los resultados a esperar debían ser el beneficio gozoso de quienes cumplían con esos postulados garantizados por la unidad política que mantenía cohesionada al conjunto de patrimonios particulares y comunes.

16Por otro lado, posiblemente en el castellano al fortalecerse la relación afectiva hacia el lugar del nacimiento cambió de un género gramatical masculino hacia el femenino: la patria o la tierra. La idea de patria se asocia a la madre cuya característica es la capacidad sentimental en contraposición a la frialdad imperativa del varón, a pesar de que ambos correspondían a la actitud de pietas. En el derecho romano a la madre se le otorgaba la capacidad de dominio: el mater familia, en tanto ella se vinculaba sentimentalmente a la familia y podía ejercer determinada autoridad más no la potestad, capacidad sólo masculina que incluía una capacidad administrativa y de vida pública. La madre por nacimiento no pertenecía al culto doméstico – en el cual el pater era el sacerdote –puesto que era una persona incorporada a la familia del pater17.

17En todo caso, podemos decir que el concepto de patria asumido por nuestros personajes provenía de su origen latino y su contenido era culto y elitista. Históricamente fue construido y diseminado por el interés de determinadas elites que buscaron unificar el sentimiento lógico de adhesión territorial, de línea consanguínea y de experiencia comunal como identidad, a las condicionantes de una predominancia urbana y pública, de aquellos quienes se consideraban destinados a dominar.

La patria común

18Desde el siglo XVII la faceta universalizante que suponía la “patria común” había surgido como extensión de aquella concepción que consideraba a Roma como la patria común del mundo cristiano, donde esta ciudad era la “patria común y madre universal de extranjeros18“. Es decir, su concepto implicaba un sentido de incorporación de agregados sociales diversos en una comunidad, cuya base era una forma de convivencia19. Esta idea de integración de diversidades se extendió hacia el mundo urbano, hacia las grandes ciudades, más no a todas las ciudades, sino sólo a aquellas en las cuales su característica dominante era la concentración masiva, anónima y cosmopolita de personas venidas de todos lados. En aquel entonces, Madrid o Sevilla eran las plazas universales del mundo hispánico20.

19Por ello no debe extrañar la incorporación de ese sentido universalizante en América, una tierra que estaba compuesta de obvia diversidad socio-cultural. En primer lugar, la identificación inicial de americanos como un conglomerado diferenciado de Europa destaca ya esa universalidad. En segundo lugar, podemos reconocer la aplicación de un sentido más amplio en la relación entre vida citadina y patria. Esa universalidad podía transmutarse a las principales ciudades coloniales como México o Lima, e incluso hacia el resto de poblaciones formadas en buena medida por una permanente inmigración, tanto externa como local, aunque durante la vida colonial su crecimiento absoluto era lento. En general, podemos ver que ese mundo urbano colonial estaba constantemente incorporando grupos ajenos, lugar propicio para mantener el aspecto universal de la identificación de alguna persona con determinada ciudad.

20La estructura de la ciudad colonial estuvo asociada a un constante interés por la extensión de su influencia hacia el resto del territorio rural-urbano cercano: el Partido. Y, más tarde, hacia la delimitación jurisdiccional de la provincia. De esta manera, el sentido de localidad se extendía hacia el resto del territorio debido al dominio político y económico ejercido por una ciudad principal sobre un conjunto de poblados menores y territorios, a los que terminaba por asimilar en su propia identificación otorgando universalidad a su identidad. Pero esta antes que nada provenía de la actitud de las elites urbanas dominantes, las que se apoyaban en el reconocimiento jurídico-político de la primacía urbana más que en los valores afectivos hacia la ciudad en concreto.

21La primacía urbana no se sostenía únicamente en su peso administrativo o económico, sino también en toda la experiencia política urbana que consentía el ideal de una vida pública. La importancia de la ciudad se encontraba en la medida que permitía la creación de una forma de vida que implicaba un tipo de relaciones sociales más intensas, así como de estilos de vida y de estructuras de funcionamiento más complejos. En conjunto, se planteaba la posibilidad de llevar a cabo un proyecto común, entendido como el interés compartido y fortalecido por la concentración del grupo social en un ámbito territorial delimitado21. De manera que, el poder de la ciudad se relacionaba con el ideal de vida pública ciudadana. Como se menciona en El Editor Constitucional cuando definía que ciudad: “(...) es el conjunto de ciudadanos, o lo que es lo mismo la asamblea de los que tienen voto (...) [y continúa] (...) República, o cuerpo político es lo mismo que ciudad22“. Así, la relación – pater – patricio – ciudad – patria se convierte en circular y permite comprender cómo la idea de patria se relaciona con su extensión por medio de círculos concéntricos que se amplían cada vez más en un determinado territorio.

22Por lo tanto, la idea patria se presenta ante todo como un concepto que contiene una dualidad interna. Por un lado, está constantemente referida a un soporte físico-geográfico, y por el otro, se refiere a una entidad abstracta que se representa como una dimensión universal y como una meta por obtener. A ambas dimensiones las unirá los sentimientos de afectividad obtenidos en los procesos de socialización.

Por exigencia de la patria

23En julio de 1820 salió a luz el prospecto de El Editor Constitucional, publicación semanal dirigida por Pedro Molina. El principal tema de sus primeros números fue el decreto de las cortes españolas del 10 de marzo de 1820 sobre la libertad de imprenta. Sin embargo, para el director del periódico y sus colaboradores la Constitución era incompleta si sólo se planteaba la libertad civil; es decir, el derecho de representación. La Carta Magna, a su vez, debía estar acompañada por la libertad de imprenta; o sea por el derecho de formación de la opinión pública:

24Seríamos, pues, culpables ante la misma ley los que alcanzando estos principios no ofreciésemos a nuestros conciudadanos la ocasión de defenderla. Con este objeto intentamos establecer un periódico23...”.

25En resumidas cuentas, planteaban como supuestos necesarios el opinar libremente y dar a los diputados el poder de la representación de los “verdaderos” intereses.

26Como primera intención El Editor Constitucional se fundó con el objeto de defender los procedimientos constitucionales de 1812, y desde el principio mantuvo explícito un militante interés político, en contraste con el otro periódico que circuló por la misma época, El Amigo de la Patria, dirigido por José Cecilio del Valle, para quien sus principales objetivos fueron el de ilustrar y promover el uso de la ciencia de la razón, más que el de asumir la defensa de algún procedimiento político. Así como, el promover el ideal de conocer la patria a través de su descripción estadística, geográfica, etcétera.

27Valle, en el prospecto del periódico propuso una relación asociativa con la que justificó su título: para buscar riqueza se necesita trabajarla, para conocer la riqueza hay que estudiarla y para que sea producida el gobierno debe protegerla. Además, el sabio es el que le da al gobierno las luces y los métodos; por lo tanto, ha de elogiarse a los sabios, dar luces al gobierno, enseñar el método de observar la naturaleza, dar conocimientos, y todo ello otorgado por los que pueden escribir con juicio: “El que trabaje con ellos, el que destruya errores, el que sostenga verdades es amigo de la Patria24“.

28La diferencia entre los dos periódicos es notoria. Ambos fueron considerados expresiones de bandos políticos en pugna en torno a los puestos públicos elegibles. En especial, en relación con la representación a las Cortes y en el nivel local, al de la Diputación Provincial y al Ayuntamiento de Guatemala. Así, lo que interesa es esta diferencia, pues aunque ambos utilicen los mismos términos semánticos, su confrontación se da en la definición del sentido de esos términos y del tipo de práctica que los acompaña.

29En el período estudiado, la diferencia entre ilustrado y liberal era sutil y en algunos casos ambos términos se convertirán en sinónimos. El vocablo liberal, si bien surge de los aspectos racionalistas de la ilustración, vinculados a la idea de las artes del espíritu no remunerativas, cada vez más en el período estudiado se refiere a una particular forma de expresarse y de actuar políticamente, en la medida que se intentaba crear una concepción de la política basada en las ideas. El campo de acción del liberal, en tanto político, era más estrecho y definido que la función reflexiva de la idea de ilustrarse y de actuar racionalmente. Posteriormente, el ser liberal tomaría el estatuto de una doctrina política determinada pero en el período estudiado, en la medida que se ceñía a la lucha política, apenas se iniciaba un proceso de alejamiento entre ambos términos.

30Cabe recordar que la base ilustrada del liberalismo no podía estar completa si no se convertía en una actitud, en un modo de ser y, por consiguiente, en una manera de actuar. Pero, esa actitud no era equivalente en ambos periódicos. El Editor Constitucional mantuvo siempre un sentido más audaz que contrastaba con la cautela de El Amigo de la Patria, tal como en éste último se reconocería en polémica con el otro periódico, cuando confirmaba que su propuesta de actitud era la prudencia, mientras rechazaba aquella radical de El Editor Constitucional, acusándolo de fomentar divisiones25.

31Esa dimensión relacionada con los tipos de comportamiento político nos ayudará a comprender los cambios y los sentidos en el usos de los conceptos patria y patriota en nuestras fuentes, al mismo tiempo que nos servirá para escoger a El Editor Constitucional como referente principal, en la medida que la impulsividad de sus editores presentará con más claridad las cambiantes facetas de la idea de patria y de patriota. Mientras El Amigo de la Patría resultará complementario en la explicación del contexto de la disputa política.

Usos inmediatos y visión ilustrada

32La precaución en El Editor Constitucional hacia la Constitución de Cádiz de 1812 no debe resultar extraña, si se recuerda que en 1814 aquella había sido abolida por Fernando VIl, restituyéndola en 1820 pero ahora sostenida en el precario equilibrio establecido entre las fuerzas liberales, el rey y sus tradicionales apoyos. Esa cautela se sostenía en una de las lecciones aprendidas de la experiencia constitucional de la década anterior, tal como era no confiar en los “españoles”, pues tanto liberales como los otros grupos políticos peninsulares habían priorizado la unidad centralizadora española sobre la igualdad de las entidades constitutivas del conjunto de la monarquía: “(...) los mismos representantes europeos que fueron liberales para sí, no lo fueron para nosotros [26]”.

33Como es conocido por todos, el discurso centralizador del absolutismo español seguía siendo la principal meta en la península y ello había significado una desventaja para los americanos en las deliberaciones constitucionales. Para el Editor Constitucional esa actitud demostraba la necesidad de resaltar el discurso sobre la obligación de responder a la patria. La Constitución de Cádiz de 1812 en sus primeros artículos definía que el amor a la patria era el primer deber del ciudadano, pero ahora, los americanos aplicaban esta misma fórmula para recordar a los españoles la debilidad del contenido americano en el pacto constitucional27.

34Para El Editor Constitucional defender la Constitución era:

35Representar,...nuestros derechos, o los agravios que en menoscabo de ellos hayamos recibido de la Constitución, la misma Constitución nos lo permite; la Patria lo exige de nosotros28.”

36Por consiguiente, hacía falta defender la constitución pero también defenderse de ella, lo cual indicaba una distancia afectiva hacia ese pacto, no asumiéndolo del todo como algo propio; elemento que no pasaría inadvertido a Valle cuando le reclamaba a Molina su velada oposición a la Constitución. 28 No obstante, esa defensa tenía que ser prudente en los términos que permitía la ley. De esta manera, en El Editor Constitucional se planteaba que la primera sección del periódico sería de noticias oficiales, una segunda, de lo que llamaban la instrucción pública “donde filántropos y patriotas ilustraran al pueblo”, y una tercera sección, de variedades o también llamada “miscelánea”. Esta última vendría a ser la más interesante pues estaba abierta a los debates y a una mayor libertad en su estructura de exposición, la cual sería utilizada en los dos periódicos con figuras retóricas tales como el diálogo entre personajes, las fábulas, los poemas, el libelo, etcétera. Por su parte, El Amigo de la Patria se dividía en secciones similares incluyendo más información oficial. Sin embargo, desde el segundo número abriría una obligada sección de polémica política, pues respondía a los ataques del otro periódico, así como tomaba parte en la ya común guerra de opiniones y acusaciones del ambiente político de la época.

37En todo caso en el prospecto de El Editor Constitucional encontramos dos alusiones a la patria que corresponden a sus usos inmediatos: a) la necesidad de tener una precaución ante la Constitución por estar obligado con la patria, en este caso América; y b) el papel de los patriotas como ilustradores del pueblo.

La referencia general: de América a la tierra

38La primera alusión es bastante difusa pero define el campo patriótico de una defensa de América como patria. Esta era entendida como una generalidad continental en tanto se contraponía en términos de competencia a la española – geográfica, política, social y económicamente- desde una realidad propia y diferente.

39Pese a su referencia territorial, América, era vista como sujeto unitario, como una entidad simbólica. Esa visión patriótica del carácter territorial americano estaba asociada de preferencia con la fuerza de la naturaleza, de la topografía y del sentido de propiedad mucha antes que del origen histórico. Es decir, prevaleció el elemento lógico del espacio de la socialización de los individuos, convertido ahora en contenido ideológico con la alegoría de la naturaleza y de la propiedad sobre ella. La construcción de un patriotismo criollo fue muy temprana en la colonia, pero ésta estuvo reducida al mundo español-criollo, en la medida que provino de reflexiones elitistas29.

40En el caso de América esta derivación territorial es importante debido a que la dimensión de origen común era ambigua, reciente y contradictoria, y resultaba posible mientras se contrapusiera a lo español. La transformación de ese origen común en universal no dejaba de tener sus dificultades pues no tenía mayor consistencia histórica, ya sea que se utilizara el argumento del origen español, o ya sea que se aplicara a la descendencia de conquistador y primer colono. Ambos casos chocaban con el origen del resto de grupos sociales, indígenas, mestizos, mulatos y negros, quienes formaban la sociedad de principios del siglo XIX, y a quienes se les negaba igualdad. Sobre todo, no resultaba convincente retomar el argumento negativo del origen común producto de una conquista, que había sido parte de la visión analítica de algunas derivaciones del patriotismo criollo. Ahora no lo era, pues si su objetivo se dirigía a obtener adhesiones políticas, resultaba difícil de crearlo sobre un origen positivo de la conquista. Y, más aún, de lograr que fuera aceptado por el resto de la población sin contradicciones. Experimento que quizás sólo alcanzó un determinado resultado en la experiencia mexicana, aunque siempre en conflicto con la visión liberal extrema.

41La identidad americana en el período en estudio sobre todo se construiría como un enfrentamiento en contra de los españoles, en la medida que a los americanos no se les consideraba con un status correspondiente, aunque el sentido étnico anti-español y el de pro-americanismo no representaron una ruptura cultural definitiva. Tanto Molina, en un artículo del 6 de agosto de 1821 intitulado “El amor a la patria. Diálogo entre un español europeo y un americano”, como Valle, en el artículo “América” del 30 de noviembre de 1821, escribirían con cierta nostalgia sobre el mundo español, reprochándole a este último su incomprensión y falta de visión al no relacionar su propio patriotismo con el interés de mantener un pacto diferente y justo con América.

42“El nuevo continente estaba por la naturaleza separado del antiguo…Los americanos ignoraban la existencia de Europa: los europeos ignoraban la de América: y esta ignorancia de una parte y otra parte del Globo garantía la libertad de las dos”...“Pero los deberes de la filiación no son contrarios á las obligaciones del patriotismo…Si el castellano no ofende á sus hijos sosteniendo la causa de Castilla, el Americano no agravia á sus padres defendiendo la causa de América30“.

43Por otro lado, al principio la percepción más recurrente en ambos periódicos sería la americana, y en menor grado comenzaba a delimitarse un interés por definirla como guatemalteca. Además, casi siempre esta última sería entendida como el conjunto del reino de Guatemala, incluido el resto de provincias, pero su consideración nunca fue lo bastante explícita ni definida. Quizás lo fue un poco más para Valle, quien no olvidaba su origen provinciano. Sin embargo, más de una vez, también quedaba implícita en la palabra guatemalteco una extensión simbólica de la ciudad de Guatemala hacia el resto del territorio, en la medida que se recordaba no sólo su papel de sede administrativa, de poder comercial, sino también su diferente forma de vida del resto de poblaciones provincianas. En este caso, reaparece la ambigüedad territorial, tal como sucedía con la amplitud que presentaba la concepción de americano. Valle será quien vincule con más acierto esa relación territorial cuando unía la descripción física, económica y social de Guatemala con el arte de gobernar en beneficio de todos, con el axioma de que: “La base indestructible de un Gobierno sólido es el mayor bien posible del mayor número posible31“. Al mismo tiempo que planteaba esa descripción trataba de crear una imagen ideal de Guatemala, feraz por naturaleza, a la cual debía de gobernarse con cuidado para aprovechar la combinación de sus bondades32.

La complejidad de la acción patriótica

44La segunda alusión que encontramos tanto en El Editor Constitucional como en El Amigo de la Patria se correspondía con la idea de que los patriotas eran aquellos quienes beneficiaban a los pueblos y actuaban en pro de su bienestar. Patriota podía ser cualquiera que hiciera determinados trabajos en beneficio de la localidad, partido, provincia o país, aunque necesariamente no estuviera por su origen vinculado a esos territorios. Siguiendo está lógica, tanto las autoridades españolas, las locales o cualquier individuo, se comportaban de manera patriótica si cumplía con el requisito de intervención en el territorio en cuestión. Con la premisa de que esa ingerencia acarrearía determinados beneficios a la localidad o patria.

45Es decir, la idea de patriota, primero, se encontraba vinculada a la de bien general y, segundo, a la eficacia del buen gobierno. Conviene retomar algunos aspectos de estos dos supuestos pues nos clarifican el sentido ilustrado de patria y patriota. Debe recordarse que el buen gobierno fue un tema político dominante en América durante los últimos cincuenta años de vida colonial. El interés por el buen gobierno estuvo asociado con la crisis de la monarquía española del siglo XVII, y con lo cual se pretendía encontrar remedio a la considerada decadencia imperial, por medio de una mayor eficacia de la razón de Estado absolutista33.

46La idea de buen gobierno tiene dos facetas: a) un sentido utilitario, con la cual se busca la obtención de resultados eficaces de la acción interventora, desde el supuesto que la acción del hombre es capaz de modificar las circunstancias si se guía con la ciencia de la razón; b) un sentido ético, con el cual se busca obtener el equilibrio de la justicia en la relación pactista entre gobernante y gobernado34. En América, el tema del buen gobierno fue entendido desde los enfoques de un remedio interventor y de una obligación pactista entre grupos sociales y autoridades. Su discusión, convertida en problema político dominante desde la década de 1780 y en las primeras décadas de siglo XIX, estaba inmersa en el centro del rechazo hacia el absolutismo. Su objeción fue uno de los elementos ejes del campo de batalla del discurso liberal, constantemente reflejado en las páginas de El Editor Constitucional. Pero, en este periódico fue utilizado más como un reflejo de la retórica tomada del debate de la revolución francesa dirigido contra la posición de Femando VIl, mientras, que en El Amigo de la Patria se centraba en hechos concretos, en especial, en tomo a una crítica hacia el peso elitista de las principales familias guatemaltecas.

47Por otro lado, cabe recordar que las medidas centralizadoras de las dos últimas décadas del siglo XVIII habían reforzado la necesidad de realizar reformas, en los cuales el papel de las autoridades y de los principales sectores de la sociedad, eran considerados importantes, por lo que surgieron órganos consultivos y de apoyo, llamados “sociedades patrióticas o de amigos del país”, destinados al fomento de las actividades económicas y a la creación de infraestructura como complemento para la efectividad de la administración. Este sentido por mejorar no se desvinculaba del problema político que representaba la necesidad, ya no ética sino utilitaria, de la orientación precisa que debía asumir la autoridad real, y más tarde la de los grupos sociales dominantes y de las elites culturales. En todo caso ese utilitarismo debía proyectarse hacia el mejoramiento de los grupos locales de su jurisdicción y al perfeccionamiento de las condiciones de sus actividades.

48En la apelación a las ideas de patriota y de buen gobierno se escondía una consideración práctica en torno a la necesidad de su participación en los asuntos de la autoridad, verdadera variable del comportamiento americano. Por lo tanto, uno de los resultados de este proceso fue el reforzamiento de las elites americanas surgidas en torno de estos organismos y de su participación en el aparato gubernativo. Unas elites que pronto presentaron la construcción de un sentido de identidad definiéndose como “contraelite” americana, y para lo cual en buena medida se apoyaron en la argumentación ética del buen gobierno35.

49No obstante, el argumento práctico de los americanos en la disputa por el buen gobierno. Es decir, por la lucha contra todo lo que se consideró despótico, fue tanto el rechazo a la arbitrariedad del absolutismo como el reproche por una vieja tensión jurisdiccional. Esa última consideración provenía del reconocimiento de que en la técnica de gobierno de ese entonces la distancia era el principal punto de fricción. Si se hiciera un recuento de los argumentos americanos y de la lucha de las elites por mantener una posición dominante de patronazgo local y de intermediación ante las autoridades reales, el problema de la jurisdicción, es decir, del ámbito y capacidad de las autoridades por cumplir sus funciones ejecutivas y de justicia, estaba asociado a la distancia entre éstas y el demandante o gobernado.

50En los dos periódicos mencionados es constante la referencia al problema de la distancia. Los ejemplos son parecidos a estos:

51“Por perfecta que sea una Constitución, no puede evitar los males que la distancia ocasiona”. “Tended si no la vista por los diferentes ramos de la administración pública y veréis un cuerpo legislativo, á más de dos mil leguas de distancia dándonos leyes sin el concurso de nuestros representantes36 (...)”.

52Hasta incluir aquella visión correspondiente con el carácter de Valle, en la que proponía la aplicación de la geometría en el cálculo de la distribución de las distancias y de la población en la organización del gobierno: “Las ciencias exactas aumentarían su valor y las políticas extenderían sus conquistas37“.

53Por lo tanto, la función básica de autoridad de los grupos sociales más connotados y de las elites ilustradas era la de mejorar las condiciones del territorio a que se pertenecía. Esto último sería posible si se permanecía directamente vinculado y no alejado de ese territorio. De esta manera, la queja sobre la distancia no sólo era un recurso retórico político, también provenía de una baja capacidad técnica para poder cubrir las funciones del ámbito de la jurisdicción. Actuar en pro de corregirlo era considerado patriotismo. Pero, tal posición escondía el peligro de retomar a la lógica de la eficiencia de la administración de gobierno, y con ello al recurso de las “razones de Estado”, tan vinculada a la visión del despotismo de la cual se quería tan ardientemente separar.

54El actuar en beneficio de una localidad o provincia también estaba asociado con otra propuesta de la ilustración. El progreso debía fundamentarse en la intervención de los individuos y esa participación sólo podía sostenerse con una educación racional. Es decir, obtener un conocimiento y a efectuar su uso racional-práctico. La premisa era ilustrar al pueblo. En tal caso, tanto la idea del buen gobierno como la participación de sociedades patrióticas contemplaban estos aspectos y la dimensión educativa fue uno de los elementos importantes del programa, tanto de las autoridades como de las elites ilustradas, a pesar de que muchas veces ésta intención se quedara en el nivel de enunciado.

55De esta manera, la visión de patria utilizada por nuestros personajes era universalizante y cosmopolita, no resaltaba las tradiciones ni el contenido étnico social interno y su referencia territorial era ambigua. El término desde el principio estaba asociado a la lucha política que implicaba la formación de las elites y a una creciente idea de progreso de que era posible intervenir en la realidad y llevar a cabo, vía las reformas o el perfeccionamiento, una adecuación de las condiciones de esa realidad.

De la patria ilustrada a la liberal

56Como es sabido el sentido de pertenencia que lleva a la consideración y al uso de la patria como uno de sus elementos responde a cambios producidos por las constantes interacciones de los grupos sociales, los cuales le otorgan diferentes sentidos o destacan determinados aspectos, según sea el uso que hagan de ella. En los apartados anteriores pudo verse la conjugación de diferentes elementos constantes que formaron el concepto y que definieron su uso en el período estudiado. En esta época los sentidos de pertenencia territorial y de origen común se encontrarán vinculados a una moderna e ilustrada idea de progreso, en tanto que ser patriota significaba trabajar por el mejoramiento de la patria. Pese a que el concepto patria era de uso común en la terminología de la época, éste siempre resultó secundario en los ejes de la argumentación. No resulta casual que tal término fuera menos mencionado en los periódicos si se les compara en relación con los de libertad civil, sociedad, monarca, soberano, déspota, tiranía, liberal, servil, nación, facciones, partidos, arbitrariedad, libertad, felicidad, igualdad, ciudadano, sabios, ciudadano, vasallo, representación, pueblo y muchos más de la terminología ilustrada-liberal. La referencia explícita sobre la patria y sus significados en El Amigo de la Patria resulta menor a pesar de ser la base de su título, puesto que va a estar definida como acción interviniente y figurada en toda descripción.

57La terminología ilustrada-liberal a ser implantada tenía su eje en la libertad de acción, sujeto a la construcción de una sociedad nueva, donde toda identidad territorial o étnica era secundaria. Por su propia definición no podía estar asociada a los elementos étnicos coloniales, los cuales serían rechazados __a priori_, en tanto suponían una división interna de la población del país y una no aceptación del trasfondo socio-racial que contenía la población americana y local. Sobre todo, cuando la concepción ilustrada-liberal por sí misma tendía a formar una proyección igualitarista y universalizante. Es decir, el discurso político de la época se dirigía a crear los elementos, conceptos y argumentos de identidades políticas, antes que desarrollar una propuesta con objetivos nacionales. No existía el objetivo de subordinar toda demanda política a un interés particular nacional y su dimensión étnica era limitada.

Valle, entre el patriotismo moderno y el antiguo

58La lucha política derivada de la Constitución daba lugar a un sentido de patriotismo que se fundía con el naciente discurso liberal, de tal forma que los contenidos ¡lustrados se irían convirtiendo en contenidos liberales. En principio, el concepto de liberal no era necesariamente político sino se relacionaba con una forma racionalizada de pensar y de actuar. Ahora bien, en el período estudiado van a ser los diversos sentidos de esa forma pensar y de actuar en el contexto de la lucha política los que comienzan a estar en juego. El fin de la racionalidad era buscar la verdad y el conocimiento, las distintas ciencias o artes, y hacerlas públicas38. Un ejemplo de la unión entre la idea anterior y el patriotismo es el siguiente: “aclarar la verdad es digno de los amantes de la patria y de las letras39“, o sea de aquellos que quieren el bien general y quienes pueden definir cuál es ese bien. Obviamente en el pensamiento ilustrado-liberal, los encargados de tal tarea serían los sabios y los ilustrados.

59Vemos aquí los elementos de una teoría de los intelectuales como elementos de mediación. Esta teoría no es gratuita sino resulta inherente al pensamiento ilustrado-liberal y fue la que los primeros liberales tratarían de aplicar en los años posteriores de la Independencia. Por ahora sólo destacamos dos dimensiones: a) un sentido de equilibrio ante los extremos favorecido por la masividad, b) una sobrevaloración de lo nuevo debido a su origen en un punto medio. Es decir, una autovaloración positiva de una clase profesional e ilustrada que sobrepasaba y rompía el dualismo aristocracia-pueblo. La base de una teoría de la clase media.

60Tanto en El Editor Constitucional como en El Amigo de la Patria la relación sabio-patriotas es clara, sin embargo, será más explícita en Valle, quien exponía en el primer número de El Amigo de la Patria lo siguiente:

61“Los cuerpos políticos necesitan almas; y las almas de estos cuerpos deben ser los Sabios. El patriotismo ilustrado avanza la causa de la patria, el patriotismo que no lo es, lo arrasa y entorpece40“.

62Valle, una y otra vez insiste en el papel de intermediación intelectual y en la práctica de los sabios, lo que le valió la acusación de pretencioso. Pero, más allá de su autoestima correspondía a una derivación lógica del pensamiento ilustrado ampliamente compartida en la época. El problema se reducía a situarte en el arte de gobernar, en la medida que se consideraba con vocación de poder: “No es la vanidad la que le ensorbervece [al sabio]. Es la conciencia de su poder, la que lo hace hablar41“. Y agregaba en otro documento; “Es el primer elemento de un Gobierno el conocimiento de lo que se gobierna42“, por lo que la tarea ha de ser la de describir, analizar y hacer las propuestas prácticas, las cuales eran correspondientes al patriotismo.

63Hasta cierto punto este autor se acercaba a la idea contemplativa y observadora del viejo patriotismo criollo, pero ahora con base en una posición utilitaria en función de la construcción estatal y no de la propiedad del terruño, como nos la presentaría el antecedente de la acepción patriótica contemplativa elitista en Guatemala expresada en el poema Rusticatio Mexicana del jesuita guatemalteco, Rafael Landívar; obra editada en latín, entre los años 1781 y 1782, durante su exilio europeo43. Como pieza representativa del patriotismo criollo contiene los componentes de una visión patriótica afectiva relacionada con la tierra, aplicando el pensamiento ilustrado a la descripción de la naturaleza44.

64El uso de la descripción poética de la naturaleza fue una práctica ilustrada, en tanto buscaba describir lo observado como revelación de una realidad que era desconocida y la cual había que hacerla conocer, no sólo a europeos sino también a sus coterráneos. En la visión de la época era la naturaleza la que marcaba la principal diferencia americana. Por eso, en la descripción de Landívar podemos verificar la alegoría a la naturaleza americana, y más que nada hacia la agricultura, hacia las regiones, a sus principales producciones, a sus actividades, así como hacia la vida del campo y sus protagonistas sociales. En este autor hay distintas expresiones de la comprensión de patria, tales como el vínculo entre tierra y ciudad natal y la patria como contemplación de los campos “patrios”. Según José Mata Gavidia, con estos elementos construyó una visión encadenada de amor patrio: amor a la patria chica, al terruño natal: la Antigua Guatemala, a la patria mayor: el reino de Guatemala, a México y posteriormente amor a la patria grande: América45.

65Landívar escribió en el exilio a su patria nostálgica pero los componentes con que construyó su discurso patriótico eran comunes en América. No obstante, pese conocerlo los ilustrados-liberales guatemaltecos no lo retomarían como prototipo de patriotismo, pues antes que nada buscaban obviar el pasado, aunque sí serían influidos por las formas retóricas del discurso contemplativo criollista. Por ejemplo, la descripción de la patria que hacía Valle en El Amigo de la Patria, sin tener el contenido poético del anterior sí tenía su afán alegórico. Es más, con esa visión llegaría a proponer una defensa de Guatemala vinculada al territorio, a su economía y a su industria:

66“Reconoscase por enemigo de la Patria el que la infesta, el que la deshonra, destruyendo nuestros recursos, afeando nuestras producciones, ó diciendo que nuestros hijos, son feos, para dar acogida á los estrangeros46“.

67Con estas palabras retomaba el debate sobre el libre comercio y la defensa del artesano textilero, temas que fueron parte de la discusión del momento, pero también había en ellas una apelación sentimental de adhesión al territorio concreto. Valle retomaría el sentido descriptivo y analítico que Landívar aportaría, sin embargo, no por esto puede considerársele un exponente del patriotismo criollo. Posiblemente conocía la reelaboración del patriotismo criollo mexicano de Garios María Bustamante y de Fray Servando Teresa de Mier, pero en ningún momento hizo de esa influencia una construcción patriótica ideal47. El era un ilustrado-liberal moderado y su concepción de patriotismo era más pragmática que contemplativa, sobre todo centraba su atención en el fortalecimiento de las instituciones como base para la construcción de la sociedad futura: “El poder moral y político de un país es consecuencia precisa de su poder físico desarrollado por instituciones sociales meditadas con sabiduría48“. Además, estas instituciones sólo podían desarrollarse tras una legislación sabia y consolidada a lo largo del tiempo, con la premisa de que: “Es necesario multiplicar las relaciones de sociedad: es necesario facilitar la comunicación de los pueblos para que haya ilustración y progresen las ciencias49“. Como puede verse, su concepción se relacionaba con el arte de gobernar, lógico resultado de su visión institucionalista y de su larga práctica en la administración gubernativa.

Molina, la política y la patria como emoción

68Por su parte, Molina iba más allá. Para éste, el primer deber del patriota era el de ilustrar en sus derechos políticos al pueblo, que se conociera a sí mismo y, sobre todo, que reconociera sus “verdaderos” intereses y utilizara los mecanismos de la Constitución para su defensa. Las secciones de El Editor Constitucional sobre instrucción pública y variedades se destinaban a tales temas; los cuales iban desde los más políticos como el identificar a los contendientes en disputa e ironizar sobre el contrincante, hasta promover el gusto por los valores abstractos de la educación física o de la comprensión del concepto filosofía entendido como moral50.

69Todo esto tenía sentido, porque en el pensamiento liberal estaba arraigada la concepción de hacer de la política un arte racional discursivo, pero sobre todo un arte retórico, una técnica para enseñar, conmocionar, persuadir y atraer al público político, acorde con su sesgo intelectualista51. Si hemos afirmado que la técnica de la retórica es parte fundamental del liberalismo, lo es en la medida que, el atraer público y obtener adhesiones políticas debía hacerse en términos de elocuencia. Porque la demostración de las razones con base en los procedimientos analíticos debía de estar acompañada por la conmoción en el individuo apelado, para que fortaleciera de manera racional su persuasión para la acción a la cual se le convocaba52. La retórica y su derivación sentimental eran parte de la realidad política, de cómo se pensaba y de cómo se hacía política en el período que estudiamos53. Conmocionar era una práctica conocida en el mundo hispánico en la medida que había estado vinculada a una técnica del ejercicio de la autoridad54. Su trasfondo era la concepción que relacionaba los sentidos con los sentimientos55, entendidos como resortes de la actividad humana a las cuales había que controlar por medio de la razón, control que desembocaba en la virtud y en la moderación que daba la educación. Por ejemplo, la explicación siguiente:

70“La naturaleza…nos ha dado la sensasión íntima u órgano del alma que se llama instinto para conducirnos…en busca del placer y huir del dolor: esta afición o aborrecimiento constituyen las pasiones primordiales que son el amor y la ambición; aquél es el resorte del mundo físico y ésta del mundo moral… [y más adelante continúa que estos pueden conducir a desvarios, por lo que es necesario] que la experiencia de sus extravíos le hiciese conocer lo verdadero y lo falso…y lo guiase en el laberinto de sus afectos: de este modo se formó la razón, que es la perfección del instinto…De lo dicho se deduce que las pasiones son buenas cuando el alma las domina y malas cuando ella es dominada56 (...)”.

71Sin embargo, en el período estudiado, buscar la conmoción se asociaba con obtener la movilización del apelado para dirigirlo hacia un determinado fin político. El persuadir con la razón estaba vinculado a la idea de que el razonar y el choque de opiniones eran ejercicios para convertir la verdad en problemas simples. Y como señalaba Molina, con ello aprender a pensar y a corregirse en el lenguaje57. De donde sobresale la influencia cartesiana de la búsqueda de la verdad por medio de la eliminación del error, así como la idea newtoniana de expresar los fenómenos en principios simples y universales.

72Lo importante era conmocionar debido a que se buscaban objetivos prácticos. Por ejemplo, en uno de los artículos la idea de patriota se relacionaba de inmediato con el de liberal en términos de actitudes y de expresión de sentimientos: el fuego elemental de la vida era el ser dueño de sí mismo, la expresión de libertad. Por lo tanto, tal sentimiento interior lo expresa el:

73“salvaje en sus bosques y el ciudadano en medio de la patria”, [ese sentimiento] “que inflama el corazón, que ilumina el espíritu, que engrandece el alma y forma al patriota”...“Veis aquí la época de los liberales en que muchos hombres sacrificados a la patria se asimilan en el público y se olvidan de sí mismos58.

74En resumen, el discurso ilustrado-liberal definía al mundo político como una experiencia existencial. Si se puede conmocionar al lector o al oyente es porque ello resultaba ser parte de su práctica política59. Las categorías y los conceptos políticos debían estar inmersos de contenidos emotivos, así el amor a la patria era impresionista: inflamar, iluminar, engrandecer, sacrificarse, asimilarse, olvidarse de sí mismo, eran los recursos de búsqueda de conmoción para la disuasión de una acción, sobre la base de provocar estados de angustias y de aflicción en el apelado.

75Estos estados eran los que posibilitaban el recurso humano del sacrificio por la patria60. Un sacrificio que sería recompensado con la satisfacción del participante en términos de palabras agradables, tales como:

76“Se ha dicho siempre que nada es tan dulce como la patria; y es preciso añadir, con un escritor, que nada hay tan amable como ella, ni que merezca tanto nuestro respeto y veneración; porque en verdad es la primera causa de todo el bien que hacemos y le somos deudores de nuestro origen y educación61“.

77En consecuencia, el amor es entrega y obligación a quién le beneficia. Ahora bien una obligación que termina por ser forzosa y exigida pese a apelar a la voluntad y a los sentimientos del individuo. En el discurso liberal era preferible resaltarlo como sentimiento voluntario, pues resultaba contradictorio utilizar la vieja imagen de la obligación relacionada con la lealtad, cuando los conceptos enemigos del liberal eran el despotismo, la ignorancia, la obediencia ciega, la lealtad, la arbitrariedad y el servilismo.

78Y, si el objetivo ilustrado-liberal era el de actuar como se pensaba, la vivencia emotiva de los conceptos debía tener manifestaciones reales, tanto en la subjetividad como en las expresiones del individuo. La emotividad era asumida como intrínseca a la acción política. Máxime, cuando los actos políticos normalmente estaban relacionados con los desarrollos de rápidos acontecimientos y de los momentos ocasionales en que se presentaban, pues la política era tanto una acción para actuar en la ocasión que se presentara como para crear ocasiones nuevas de actuación.

La patria encadenada al liberalismo

79La idea de patria también estaba vinculada en el Editor Constitucional a un sistema de ideas, en la cual su objetivo básico se resumía en la fórmula de ilustrarse y con ello obtener la libertad y llegar a ser feliz. De esta manera, hacer buen gobierno e ilustrar al pueblo era posible en tanto se buscaba la felicidad del conjunto de gobernados. Esta búsqueda de la felicidad le daba a las acciones humanas un contenido de proyección hacia el futuro, hacia la meta abstracta de esa felicidad. Esta búsqueda de la felicidad no era nueva en el pensamiento español y americano colonial. Un repaso por muchos de los documentos del siglo XVIII nos puede indicar como se asociaba a la exigencia de que la acción del monarca y de sus autoridades delegadas no podía ser más que la “felicidad de los pueblos o de sus súbditos”. Lo que ahora la hacía nueva era la irrupción de su contenido público: “El objeto de las determinaciones del gobierno, no puede ni ha de ser otro, que la felicidad pública62“, y más aún, el de su asociación con la idea de libertad: “El verdadero amor a la patria consiste en hacerte bien; contribuyendo a su libertad en cuanto nos sea posible63“.

80De esta manera, perfectamente podía ligarse la idea de patria y patriotismo con toda la estructura ilustrada-liberal de pensamiento, que partía del reconocimiento del hombre libre como principio y del ciudadano como realidad política:

81“No hay duda: el hombre libre es magnánimo, generoso y esforzado. Manda en su patria, a nadie obedece sino es a sí mismo; da su voto libremente para el común beneficio; halla su bien individual en el de la sociedad en que vive y la ama porque en ella es una parte del soberano “¡Oh libertad, don el más precioso del cielo! Tu produces, tu proteges las virtudes; tu ahuyentas las tinieblas del error, y encendiendo en el pecho de los hombres el sagrado fuego del amor a la patria, engendras los sabios y los héroes64 !”.

82Pieza tan elocuente va más allá de su objetivo retórico, junto con ella aparece otra variante dimensional de los conceptos patria y patriotismo. En ella, la adaptación de la idea del individuo, ciudadano, sociedad y soberanía con el amor patriótico resulta magistral, pues el espacio político ideal para el liberalismo es la república, el lugar de la igualdad y de la libertad en que se manifiesta el interés general. Y, el “...interés general exige que los hombres que enseñan no manifiesten más parcialidad que el amor de la patria65‘. En consecuencia, el fin práctico del patriotismo era obtener esa república, y a partir de ella se podrían construir los componentes de la felicidad, pues la libertad era la que encendía “en el pecho de los hombres el sagrado fuego de amor a la patria”. En definitiva, la circularidad del argumento estaba completa y de esta forma, la patria había sido asumida como inherente a la idea de liberal.
Ahora bien, por definición patria es antes que nada unidad, de ahí que la alusión al patriotismo correspondiera con apelaciones a esa unidad en términos de que la patria era de todos. El objetivo de definir la patria política estaba asociado a la lucha política y la alusión al patriotismo estaba sujeta a la formación de un partido nacional y patriótico que superara las divisiones partidarias. No obstante, si ponemos atención esa idea unitaria estaba enmarcada a una concepción negativa de la política, que consideraba la formación de las llamadas facciones a actuar con parcialidad, con intereses particulares y no nacionales. Es más, se establecían sutilezas en la definición:

83“Un partido lo forma la diferencia en opiniones políticas: una facción el interés particular de ciertas clases, sin consideración al Estado. Un partido siempre es nacional, puede ir desencaminado pero jamás tiende directamente a la disolución del bien público. Una facción…siempre adherida a las personas y jamás al público, no puede nunca dominar sino sobre las ruinas de la libertad y el orden66“.
Sin embargo, tales referencias no eran teóricas pues en el contexto se dirigían a definir al liberal en oposición al servil. El objetivo primordial de El Editor Constitucional se centraba en la creación de una opinión política compartida, confrontando aquello que consideraba era una expresión política servil. Primero, en las circunstancias concretas en la actitud de tomar ante la Constitución y, más tarde, ante la Independencia y ante la anexión a México. Es decir, ante los nudos críticos de cada momento que componía determinada coyuntura.

84La retórica, por lo tanto, no era neutra. De esta manera, la disociación de sentimientos era importante:
“Liberal y servil son las voces que más se oyen y que designan dos clases siempre en contradicción como la luz y las tinieblas67“.

85Mientras, el liberal terminaba por asimilar las pasiones positivas, el servil sería estigmatizado en la medida que su posición era considerada de ignorancia, de oponerse al conocimiento, y de estar dirigido por las pasiones negativas, además, que su actitud política se apoyaba en la obediencia y en la lealtad. El resultado era la contraposición entre nuevo conocimiento y nueva vida en oposición a la memoria de un pasado colonial ignominioso. Era ponerlo en los términos de un conflicto entre la verdad como credulidad dogmática y la verdad como certidumbre que emerge de la comprobación de la ciencia.

86Para el libera era una necesidad definir al enemigo en términos precisos y obtener de él una respuesta, puesto que con ello se confirmaba la verdad que se declaraba, al demostrar la existencia, real o ficticia, de ese enemigo68. De esta manera, los liberales moderados ligados al conjunto de los serviles, quienes igualmente se apoyaban en el discurso ilustrado, eran desplazados en su iniciativa discursiva, en la medida que fácilmente se desprendía del discurso liberal una circularidad en la que no cabía más que los argumentos predilectos del republicanismo radical. Frente a la agresividad de este discurso, los serviles junto con los liberales moderados terminaban en hacer de la moderación y de la virtud el eje de su discurso, en la medida que el radicalismo liberal aportaba una interpretación más integral, circular y más imaginativa. Por ahora, más eficaz en el terreno discursivo.

87Los serviles que se adherían al liberalismo, o mejor dicho, para no confundirlos con los reaccionarios, a los liberales moderados, se comportaban consecuentemente con el método racional ilustrado, pero retrocedían ante los liberales radicales en la medida que eran incapaces de darle unidad ideológica e imaginativa a sus propuestas. Esa fue su desventaja y el origen de su desarme discursivo. Estos no presentaban tanto un rezago teórico como una falta de aportar sentidos a un imaginario social que por imponerse se apoyaba en la retórica discursiva. Por eso la ambigüedad de Valle se entiende en su falta de audacia ideologizante, pues éste no dejaba de señalar su distancia con las implicaciones más exigentes del liberalismo. Y, no debe olvidarse que fue un liberal-ilustrado que al final de cuentas terminó siendo asociado con el conservadurismo. De esta manera, sus categorías como: instituciones, legislación, sabios, moderación, aplicación de la ciencia, visión geométrica, etc.., confirmaban que había asumido el método racional y que tenía vocación de dirección política, pero también que no aceptaba la emoción inmersa en la ideología y en la política como pasión.

88Mientras tanto, con la ventaja discursiva en la mano, el liberalismo cerraba el círculo apelando a un partido liberal en el cual se excluía al servil. Los ejemplos sobran. El 25 de septiembre de 1820, Molina, en un artículo relacionado con las elecciones a Diputación Provincial decía:

89“El servil será siempre considerado por nosotros como enemigo de la patria, y con razón, supuesto que lo es de la ley de nuestro pacto, en que consiste la libertad, igualdad y felicidad de los asociados. No hay serviles y ya todos somos hermanos69”.

90La fraternidad y la unidad no podían ser más que liberales. De esta forma se asociaban las ideas básicas de la unidad con la obligación y sobre todo con la fuerza. Estar unidos era tener fuerza, pero al mismo tiempo la unidad de la patria liberal significaba que debía apoyarse sobre bases excluyentes. Tal visión será común en los años que seguirían a la Independencia.

91Ahora bien, las derivaciones entre liberal y patria van más lejos y contienen objetivos de dominio precisos. En abril de 1821, un artículo de El Editor Constitucional analizaba las consecuencias negativas de la revolución francesa como parte de la división partidaria y concluía:
bq. “Aprended, pues, naciones que queréis ser libres: formad un partido nacional, y haced que este partido se componga de todos los ciudadanos útiles; de esta masa general de propietarios, de este pueblo instruido en el cual es imposible suponer miras de ambición, miras funestas al bien público, porque su interés individual es el interés mismo de la patria70”.

92En este caso, propietarios instruidos y patria única eran palabras equivalentes y al mismo tiempo premonitorias para la república que vendría en los años siguientes.

93Durante los días de la declaración de Independencia de nuevo se apelaría a la unidad patriótica. El Editor Constitucional planteó la divisa de: “¡Guatemaltecos, europeos y criollos! ¡Unión, prudencia y humanidad!”. Tales indicaciones superaban la ingenua proposición de que habiendo conseguido la libertad lo demás vendría por añadidura en la dulzura de la patria. Llamar a la unidad era un acto bastante realista y los acontecimientos venideros pronto demostrarían lo sugerente de esa necesidad unitaria.
Los elementos claves que acompañaban a la patria en el discurso liberal estaban presentes, pero de aquí en adelante los significados y usos de su sentido vendrían a ser nuevamente modificados. Ya no sería la patria libre soñada, pues ésta había sido obtenida con la declaración de Independencia. Ahora el problema se desplazaría hacia la decisión por destacar la universalidad de esa patria y al mismo tiempo por lograr la unidad interna, sobre la base de establecer quién era el verdadero patriota. Esas metas implicaban que las acciones debían apoyarse en actitudes y comportamientos correspondientes con los términos en que se hablaba. El principio se sostenía en que la hermenéutica de los conceptos liberales debía corresponder con sus comportamientos, pues a su juicio el hombre que conocía la verdad o la naturaleza de las cosas, con su acción razonada construiría su destino. Pero el precio que se pagaría por ese optimismo hizo más difícil la construcción de tal esperado destino.

94La apelación a la unidad de la patria post-independiente no tuvo el éxito que presuponía. Dos meses y medio después de haberse declarado la Independencia estalló la crisis provocada por el conflicto político interno en Guatemala, así como por las negativas provincianas en aceptar el liderazgo de aquella ciudad. En ese contexto El Genio de la Libertad (que así se llamaba desde agosto de ese año El Editor Constitucional) dejaba de salir a luz pública. Mientras tanto, El Amigo de la Patria volvía a circular luego de una interrupción que correspondería justo con el lapso de esos dos meses y medio en los cuales finalizó la ilusión unitaria del momento político. Su retomo a la circulación no duraría mucho y el 1 de marzo de 1822 saldría el último número.

95En los dos penúltimos ejemplares Valle escribió algunas ideas sobre el poder alternativo de la opinión pública, la virtud y el papel previsor de los gobiernos en la moderación de la tendencia radical de la revolución. Un fenómeno social que de ahora en adelante se presentaría de forma constante en el panorama americano, hasta llegar a ser la principal preocupación en los siguientes años. Al mismo tiempo, Valle, retomaba con optimismo ese signo dominante del tiempo ilustrado y liberal la necesidad de recapacitar de forma racional sobre el futuro, y apelaba al fortalecimiento de los lazos entre los americanos para superar tanto las desavenencias internas como las amenazas externas. Y terminaba escribiendo:

96“La América será desde hoy mi ocupación exclusiva. América de día cuando escriba: América de noche cuando piense. El estudio más digno de un americano es la América. En este suelo nacimos: este suelo es nuestra patria. ¿Será el patriotismo un delito71?”.

Conclusiones

97La concepción de patria en el período estudiado fue de uso secundario en relación con el resto de conceptos y acciones que impuso la visión liberal. Esto se debe a que fue percibida de dos maneras: una, apoyada en una visión pasiva del espacio entendido como soporte físico y, la otra, refleja, en donde ese espacio se concebía como un espejo de la sociedad, pero en la cual ya se intuía una construcción ideal de patria. Tanto Valle como Landívar descansaron en estos enfoques, mientras Molina, sin criticarlos ni proponer uno nuevos, la consideró una relación tácita. Estos enfoques eran tradicionales y habían dado sustento al patriotismo criollo, pero la herencia discursiva de esta corriente no sería asumida a plenitud por los liberales-ilustrados. No hubo continuidad evidente con Landívar u otros que hayan participado en esa construcción. Se destaca, entonces, que en nuestros personajes pesaron más la contemporaneidad abierta por la situación política franco-española, la cual puso en acción al patriotismo español y el americano, y sobre todo la universalización del discurso liberal europeo; en especial, el franco-inglés junto con el reforzamiento del pensamiento clásico y el jurídico.

98El rechazo a la herencia del pasado inmediato de los ilustrados-liberales se entiende por la intención voluntarista del liberalismo de romper con ese pasado. Valle, pese a que mantuvo cierta relación con ese pasado, no fue capaz de crear teóricamente el vínculo, ni se lo propuso en la medida que había asumido por entero el carácter occidental y universalizante del pensamiento ilustrado-liberal y su derivado sentido práctico. Ya no podía retornar al patriotismo criollo. Además, la Independencia llegaría antes que la elaboración de una autorreflexión y de una construcción de la autoimagen más completa y generalizada de la región.

99Ahora el problema no era el pasado sino el progreso, y a los ojos deliberales y de la mayoría conservadora el modelo no podía venir más que de Europa. El discurso liberal racionalista promovía una visión del mundo suficiente y satisfactoria y, por lo tanto, efectiva, lo que seguiría en adelante sería llevarla a sus máximas consecuencias conceptuales inventando un discurso nacional. Pero, en Guatemala y Centroamérica este discurso llegaría tarde y a medias. Lo que hemos visto explica la posibilidad de relacionar la visión universalizante de la patria con el contenido local, sin que necesariamente representara la construcción de una visión ideal etnicista y localista de esa patria que diera sentido de comunidad. En definitiva, el romanticismo no pasaría con fuerza por la región.

100En el período estudiado el significado de patria estaba asociado a su contenido político y actuante, en donde la acción proyectiva de patriota se convertía en el principal objeto, pues se relacionaba con los motivos de la lucha política del momento, en la medida que se reafirmaba al patriota como expresión de un ser intelectualizado capaz de gobernar y construir el futuro político. Todo esto resultaba implícito tanto en Valle como en Molina; mientras, el primero lo privilegiaba como acción utilitaria, el segundo, trascendía hacia un plano del lenguaje que buscaba conectarlo con el resorte afectivo. De la patria como soporte y como acción se pasaría al contenido de los significados de esa acción como un acto voluntarista, en la cual habían de definirse los significados de esa voluntad en el acto mismo de la lucha política. Una lucha que a través de los razonamientos buscaba unificar determinadas voluntades a costa de excluir a otras, lo que vendría después serían las consecuencias de la pugna discursiva y con ello los largos años de desorden.

101En definitiva, en el momento político estudiado se produjo un desplazamiento conceptual de la patria y del patriotismo, y ocurrió una construcción discursiva política dominada por el liberalismo. Es decir, se fue testigo de un paso más del alejamiento entre el sentido ilustrado y el liberal. Esto explica nuevamente el privilegio de la dimensión universalista por encima de la local en la construcción del significado de patria; pues al liberalismo le era inherente una vocación universal, igualitarista, integral, fundante e imaginativa de las acciones humanas. De esta manera, la lucha política independiente, ya fuera consciente como deseo o como resultado inevitable, estaba vinculada a los proyectos políticos concretos de los actores, que en buena medida se dirigían por la obtención de cuotas de participación en la toma de decisiones, ocupando los aparatos gubernativos. La patria era soporte obligado, pero el fin último no era esencial a ella sino a los objetivos republicanos y liberales, base del simbolismo político.

102Notas de pie de páginas

103

  • Es una versión actualizada del artículo que ha sido publicado en Paraninfo, Instituto de Ciencias del Hombre Rafael Heliodoro Valle, Tegucigalpa, Honduras. Año 8, No. 16, Diciembre, 1999.

1041 Nos apoyamos en Luis Castro Leiva, quién plantea que el elemento discursivo en los escritos de la elite política de principios del XIX permite acercarnos a algunos de los sentidos políticos que de otra forma sólo el habla podía proporcionar, en la medida que el discurso político crea su propia realidad de acción. Luis Castro Leiva, “El arte de hacer una revolución feliz” in Cahiers des Amériques Latines. No. 10, (1991), pág. 93. También se vincula con el estudio de los conceptos (begriffgerschiste) que busca redescubrir la historia social a través de ellos. Peter Schóttler, “Los historiadores y el análisis del discurso” en Taller d’ Historia, No. 6, Diputació de Valencia, 2do. semestre, 1995, pág. 79. Véase Javier Fernández Sebastián (dir.), Diccionario político y social del mundo iberoamericano, (Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2009 y 2014, 11 vols. en 2 tomos). http://www.iberconceptos.net/ ; Véase Jordana Dym e Sajid Alfredo Herrera Mena (Coord.), Centroamérica durante las revoluciones atlánticas: El vocabulario político, 1750-1850, San Salvador, El Salvador: IEESSFORD, 2014.

1052 Escritos del doctor Pedro Molina. Contiene la reproducción íntegra de los escritos del periódico El Editor Constitucional y los textos íntegros del periódico El Genio de la Libertad. (Guatemala: Editorial del Ministerio de Educación Pública. Tomos I y II, 1954) y (Tomo III, Editorial José de Pineda Ibarra, 2da. edición, 1969) ; Este periódico salió a luz el 28 de julio de 1820 y duró hasta el 20 de agosto de 1821 cuando cambió nombre por el de El Genio de la Libertad, el cual circuló del 27 de agosto hasta el 10 de diciembre de ese año, en el contexto de la primera crisis postindependiente. Escritos del Licenciado José Cecilio del Valle. Contiene la reproducción íntegra de los escritos del periódico El Amigo de la Patria. (Guatemala: Editorial José de Pineda Ibarra, II Tomos, 1969). El periódico se inició el 16 de octubre de 1820 y el último número salió el 1 de marzo de 1822, en el contexto de la llegada de las tropas mexicanas a Guatemala.

1063 Para información general sobre la vida política del período véase Ralph Lee Woodward, “Orígenes económicos y sociales de los partidos guatemaltecos (1773-1823)” en Anuario de Estudios Centroamericanos No. 1, (1974); Jorge Lujan Muñoz, “Los partidos políticos en Guatemala desde la Independencia hasta el fin de la Federación” en Anales de la Academia de Geografía e Historia. Vol. LXIII, (1989); Miles Wortman, La Fédération d’Amérique Centrale, 1923-1839. Tesis doctorado, Ecole Pratique des Hautes Etudes, 1973.

1074 La construcción de un sentido de identidad criollo en América convertido en patriotismo intelectualizado comenzó con las primeras reflexiones sobre la conquista, pocos años después de producirse. Para una visión del proceso de identificación americana e hispánica véanse Barba M., Hernández Sánchez, Historia de América, (Madrid: Editorial Alhambra, Vol. II, 1981), cap. 4; David Brading, Los orígenes del nacionalismo mexicano, (México: Ediciones ERA, 1988, caps. I y II).

1085 José Antonio Maravall, La cultura del barroco. Análisis de una estructura histórica, (Barcelona: Editorial Ariel. 3a. ed., 1983), pág. 248.

1096 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 336.

1107 La palabra parens se refiere a lo relacionado indistintamente con los progenitores, ya sea la madre o el padre. Se convirtió en una alusión al lugar de los padres o al lugar de origen, donde se vivió con los padres. Joan Coromines, Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana, (Madrid: Editorial Credos, 1954), pág. 607.

1118 Erick Hobsbawmn, Naciones y nacionalismo desde 1870, (Barcelona: Editorial Crítica, 1991), pág. 24.

1129 John Armstrong, Nations before nationalism, (Chapel Hill: University of Carolina Press, 1982), págs. 292-293; Pierre Vilar, Iniciación al vocabulario del análisis histórico, (Barcelona: Crítica, Grupo Editorial Grijalbo, 1980), pág. 154; Heinrich Shneider, “Patriotismo y nacionalismo”. En Concilium N° 262, diciembre, (1992), págs. 985-986.

11310 Pierre Vilar, Iniciación al vocabulario, pág. 157; Joan Coromines, Diccionario crítico etimológico, págs. 607-608; Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. (Madrid: Espasa-Calpe, T. XLII), págs. 818-820; Real Academia Española. Diccionario de Autoridades, (Madrid: Editorial Credos, 1979), págs. 165-166.

11411 Para designar al que engendra un hijo se utilizaba la palabra genitor, mientras la palabra pater tenía el contenido jurídico de potestad familiar. Enciclopedia, págs. 819-820.

11512 Amparo Moreno Sarda, “La realidad imaginaria de las divisiones sociales: una aproximación no-androcéntrica”, in Mujeres y sociedad. Nuevos enfoques teóricos y metodológicos. (Barcelona: Universidad de Barcelona, 1991), págs. 92-93.

11613 Heinrich Shneider, “Patriotismo y nacionalismo”, págs. 985-987.

11714 El habitar, usar y experimentar un espacio lleva a un conocimiento acumulado y a una planificación cotidiana que origina tanto continuidades como cambios. La percepción del espacio comienza en la vida diaria y familiar, continúa en los espacios sociales que son significativos… José Lamerías, “El ritmo de la historia y la región” in Secuencia, No. 24, (Septiembre-diciembre, 1992), pág. 113; Sobre la creación de identidad, Myriam Mitjavila, “Identidad social y comunidad. Notas acerca de las conexiones entre ambos conceptos”. in Cuadernos del CLAEH, No. 69, No. 1, (1994), pág. 71.

11815 Surge de patrís: descendiente del pater- en castellano “patricio”. Es decir, el ciudadano romano importante. Joan Coromines, Diccionario crítico etimológico, pág. 607. Amparo Moreno Sarda, “La realidad imaginaria”, pág. 93.

11916 Insistimos en ello, pues estas características son las que la diferencia de los diversos grados de adhesiones afectivas a los territorios locales, que es la forma más común de adhesión. Sobe territorio local véase: Sergio Anselimi, “Sobre los orígenes del territorio local: algunas reflexiones”; o también: Guy de Meo, “El territorio local, orígenes y actualidad” in Taller d’ Historia. No. 3, Diputació de Valencia, 1er. semestre (1994).

12017 Enciclopedia Universal Ilustrada, pág. 820.

12118 José Antonio Maravall, La cultura del barroco, pág. 248.

12219 Heinrich Shneider, “Patriotismo y nacionalismo”, págs. 985-987.

12320 José Antonio Maravall, La cultura del barroco, pág. 248.

12421 José Luis Romero, “La estructura histórica del mundo urbano” in Siglo XIX, N° 11, enero-junio, (1992), pág. 9-10.

12522 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 22.

12623 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 1.

12724 El Amigo de la Patria. Tomo I, págs. 1-4.

12825 El enfrentamiento político abierto y verbal entre ambos periódicos se inició a mediados de noviembre de 1820 tras la elección de los miembros de la Diputación Provincial. El Editor… op. cit., Tomo I, pp. 301-302; El Amigo de la Patria, Tomo I, págs. 81-83 y 119-123.

12926 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 74.

13027 Sobre la debilidad de la identidad americana véase Guerra, op. Cit., p. 348. Para las consecuencias en la región centroamericana, Mario Rodríguez, El experimento de Cádiz en Centroamérica. 1808-1826, (México: Fondo de Cultura Económica, 1984), págs. 109-138.

13128 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 1y 2.

13229 No negamos la existencia de niveles de identificación local y de afectividad hacia sus localidades por parte de los sectores coloniales subordinados, pero difícilmente tuvieron un desarrollo conceptual como el patriotismo criollo. Para el patriotismo criollo véase David Brading, Los orígenes del nacionalismo, págs. 16-23; Barba M., Hernández Sánchez, Historia de América, págs. 221-236.

13330 El Editor Constitucional, Tomo II, págs. 172 y 182; El Amigo de la Patria, Tomo I, pág. 119.

13431 El Amigo de la Patria, Tomo II, pág. 133. Las negritas son de Valle.

13532 Desde el No. 1 del segundo semestre, (7 de mayo de 1821), comienza a publicarse en la sección Gobierno una serie de descripciones, análisis y propuestas sobre la Provincia de Guatemala que finaliza en el mes de septiembre de ese año, interrumpido por la Independencia. El Amigo de la Patria, varios números.

13633 José Antonio Maravall, La cultura del barroco, pág. 58.

13734 El pactismo es una forma de relación asimétrica e interdependiente entre gobernante y súbditos en donde se aceptan determinados derechos y obligaciones por ambas partes, dado el bajo poder coactivo del gobernante. Véase José Andrés- Gallego, Quince revoluciones y algunas cosas más (Madrid: MAFPRE, 1992), pág. 29. Guerra, op. cit., pp. 338-341.

13835 El conflicto se agudizó a partir de la década de 1780 entre fuerzas locales y autoridades españolas ante los cambios centralizadores. Conflicto que estuvo en parte asociado con la etnización española de los puestos gubernativos, por lo que la resistencia criolla creció junto al interés por influir en los aparatos de gobierno. Jorge I. Domínguez, Insurrección o lealtad. La desintegración del Imperio español en América, (México: Fondo de Cultura Económica, 1985), págs. 94-98.

13936 El Editor Constitucional, Tomo II, pág. 428 y Tomo III, pág. 698.

14037 El Amigo de la Patria, pág. 21.

14138 Lo público significa que toda acción debe ser conocida y practicada por el conjunto de habitantes y se asocia con la imagen de masividad y anonimato. Así también, se vincula a la idea de obtener canales de comunicación igualitarios y constantes y de mecanismos de control de la opinión pública y del gobierno. Para esto último véase Keith Mickael Baker, “Naissance de l’opinion publique” in Annales No. 1, enero-febrero, (1987), págs. 41-71.

14239 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 128.

14340 El Amigo de la Patria, pág. 10.

14441 El Amigo de la Patria, Tomo I, pág. 8.

14542 El Amigo de la Patria, Tomo I, pág. 2.

14643 Esbozo biográfico de José Mata Gavidia en Rafael Landívar, Rusticatio Mexicana. (Guatemala: Editorial Universitaria, 1954), págs. 9-109; introducción de Faustino Chamorro en Rafael Landívar, Rusticatio Mexicana, (Costa Rica: Asociación Libro Libre, 1987), pág. XIII-LXI.

14744 Landívar fue compañero de profesión religiosa y de experiencia de exilio de Francisco Javier Clavijero, uno de los principales exponentes del patriotismo criollo mexicano. Para información sobre este último véase David Brading, Los orígenes del nacionalismo, pág. 37.

14845 Mata Gavidia, op. cit, pp. 23-25.

14946 Valle, op.cit., Tomo I, p. 108.

15047 El intercambio epistolar con Mier sólo se confirma para años después. José Cecilio del Valle, Cartas de José Cecilio del Valle, (Tegucigalpa: Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 1963), págs. 75-90; En el artículo “América” hay clara referencia a la simbología del patriotismo criollo mexicano. El Amigo de la Patria, págs. 172-191.

15148 El Amigo de la Patria, Tomo II, pág. 25. (La cursiva es de Valle).

15249 El Amigo de la Patria, pág. 111. (La cursiva es de Valle).

15350 Generalmente la argumentación sobre tales temas tomaba varios números, por comodidad no haremos referencia a las páginas o números del periódico donde se trataron.

15451 Es importante recordar el uso técnico de la retórica desde Aristóteles como instrumento creador de significados y como arte de comunicación y orientación de acciones. Pese a su racionalismo el discurso liberal se apoyó en extremo en la retórica, con lo cual presenta un aspecto poco moderno. Para análisis de la retórica véase José Antonio Maravall, La cultura del barroco, capítulo 2; Roland Barthes, La aventura semiológica. (Barcelona: Ediciones Paidos Ibérica S.A.), 1990, págs. 85-161.

15552 Roland Barthes, La aventura semiológica., págs. 94-96; Luis Castro Leiva, “El arte de hacer una revolución”, págs. 215-218.

15653 Luis Castro Leiva, “El arte de hacer una revolución_, págs. 19-55.

15754 Maravall relaciona el dirigismo con el barroco en tanto una técnica para movilizar conductas hacia determinados fines. Esto era posible porque se conocían los elementos de la naturaleza humana que facilitaban el impulso de una creencia para obtener ciertas conductas en correspondencia con los intereses que las impulsaban. José Antonio Maravall, La cultura del barroco, págs. 152-175.

15855 Guy Palmade, La Europa del Antiguo Régimen, 1715-1783, (México: Siglo XXI, 1988), pág. 336-342.

15956 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 258-259. Desde Spinoza se había abierta la discusión sobre las pasiones.

16057 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 58.

16158 El Editor Constitucional, Tomo I, págs. 30-31.

16259 El público consumidor de los periódicos o los grupos políticos no se reducía a los alfabetizados e involucraba diversos niveles de oyentes. La lectura del periódico iba acompañada de los gestos de elocuencia que la inspiraba así como las consecuencias del debate y la transmisión de criterios en colectivo.

16360 Luis Castro Leiva, “El arte de hacer una revolución”, pág. 102.

16461 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 336.

16562 El Editor Constitucional, Tomo II, pág. 420.

16663 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 336.

16764 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 251.

16865 El Editor Constitucional, Tomo II, pág. 564.

16966 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 14.

17067 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 14.

17168 Castro hace una interesante observación sobre la diferencia entre la buena y la mala enemistad. Luis Castro Leiva, “El arte de hacer una revolución”, págs. 104-105.

17269 El Editor Constitucional, Tomo I, pág. 147.

17370 El Editor Constitucional, Tomo II, pág. 549.

17471 El Amigo de la Patria, Tomo II, pág. 237

175

Para citar este artículo :

Luis Pedro Taracena Arriola, « Usos de las palabras », Boletín AFEHC N°62, publicado el 04 septiembre 2014, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3826

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