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AFEHC : noticia : Producción de un programa Artistico-histórico Latinoamericano - con imágenes y sonido. : Producción de un programa Artistico-histórico Latinoamericano - con imágenes y sonido.

Ficha n° 3849

Creada: 20 enero 2015
Editada: 20 enero 2015
Modificada: 20 enero 2015

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Producción de un programa Artistico-histórico Latinoamericano - con imágenes y sonido.

PROYECTO de GUIÓN AUDIOVISUAL elevado a la LATIN AMERICAN STUDIES ASSOCIATION (LASA). PRODUCCION DE UN PROGRAMA ARTISTICO-HISTÓRICO LATINOAMERICANO—con imágenes y sonido. Audio-Visual project submitted to the Latin American Studies Association (LASA), November, 2014
Palabras claves :
Proyecto, Imágenes, sonido, Programa
Tipo de noticia:
Proyectos de investigaciones
Lugar:
América Latina
Fecha:
20 de enero de 2015
Resumen:

INDICE

1.- Autores, colaboradores y adherentes
2.- Introducción
3.- La idea motora y la trama del relato audiovisual
4.- Épocas anteriores a la conquista y articulaciones etno-geográficas
5.- Orden colonial
5-a.- Descubrimiento (1492), conquista (1519) y partición papal
5-b.- Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y Paz de Westfalia (1648)
5-c.- Expulsión Jesuítica de Portugal (1759) y de España (1767) y particiones ilustradas
6.- La transición a la época revolucionaria y las particiones independentistas (1808-1820)
7.- Época de modernidad liberal y centralización de estados-naciones (1854-1889)
8.- Segunda crisis del estado-nación moderno (1889-1900)
9.- Abrupto tránsito al bonapartismo (1930-60)
10.- Caída del Muro, extinción del socialismo real y nueva partición del espacio latinoamericano (1989)
11.- Epílogo, crimen de estado, extractivismo y sometimiento intelectual al Banco Mundial

2.- Introducción

Nos hemos propuesto sugerir la elaboración de una serie audiovisual histórica de alcance continental, a encarar por una organización con acceso a archivos gráficos y sonoros, que abarque la historia de América Latina desde las etapas anteriores a la conquista europea hasta la misma actualidad, y que apunte a contribuir a su futura integración política y a superar el estancamiento actual en los estudios latinoamericanistas.

Dicho estancamiento se extiende a sus sedes latinoamericanas, cautivas en gran parte de mandarinatos académicos problemáticos, que han infundido el miedo a discrepar, y donde escasean los recursos culturales y los archivos gráficos y sonoros, prolifera la corrupción y la endogamia, y se cultiva una dependencia al Banco Mundial/BID. También se extiende el estancamiento a las sedes del llamado Primer Mundo, donde a pesar de ser USA una sociedad transida por el racismo y un estado complicado en crímenes de guerra (reconocidos por su propio Senado), paradójicamente cuenta en sus universidades con mayores grados de excelencia y libertad académica que en el resto del mundo. Sin embargo, estas universidades reproducen en gran medida, en el área de los estudios latinoamericanos, la división regional tradicional en estados-naciones, lo cual vuelve cada vez más incomprensible la historia y la cultura latinoamericanas.

La idea de acelerar la unidad o integración latinoamericana, tomando América Latina como si fuera un continente, aunque de una identidad para nada estática y más bien muy dinámica, es preciso por ende no fetichizarla. A semejanza de la noción de Unidad Europea (UE), la latinoamericana debe arrancar de la experiencia plural e interdisciplinaria de siglos de historia muy anteriores a la conquista ibérica. También debe evitar —a diferencia de la Unidad del África sub-sahariana, o la del Maghreb, o la del Medio Oriente— copiar la ceguera del sectarismo economicista, prevaleciente en tiempos de la descolonización africana (Nkrumah).

En el caso latinoamericano, amén de recurrir a inapelables imágenes, colores, ritmos, sonidos y metáforas, de inexcusable referencia alegórica y programática, tenemos necesidad de indagar el origen de todas aquellas desventuras que fueron comunes a todas nuestras naciones (guerras, dictaduras, magnicidios, particiones, endogamias, irredentismos), pero también plantear todos aquellos temas silenciados por la historiografía tradicional americanista (mandarinatos, teocracias, estados-tapones, señores de la coca, etc.), replantear aspectos fundamentales que hasta hoy han sido ignorados (Numhauser), y transmitir un argumento o pensamiento central que reinterprete los sucesos, situaciones o acontecimientos del pasado a la luz de nuevos paradigmas, sin que ello suponga tomar un partido sectario en materia ideológica, epistémica o metodológica.

Este replanteo no debe ser estático ni lastimero ni quejumbroso como lo fue el mensaje del dependentismo setentista (centro-periferia), fundado en el exclusivo saqueo o despojo cometido por las metrópolis imperiales. Tampoco debe contar con contenidos restauracionistas o re-creacionistas, típicos del pensamiento reaccionario que trata al pasado histórico como si fuera un objeto inerte y pasivo, susceptible de ser recuperado políticamente (Kracauer-Zermeño), tal como está siendo experimentado en el Levante/Oriente Medio por el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), pero enmascarado tras el mito salvífico del Califato Islámico (desaparecido después de haber sido eliminado el sultanato, pero no por obra de la Paz de Versalles sino por la revolución secularizadora de Kemal Ataturk). Este último tiene un distante aire de familia con el mito mesiánico andino de “buscar un Inca” que restituya una edad de oro perdida, indagado entre otros por Flores Galindo. Pese a la ideología mao ísta de Abimael Guzmán, el fundador de Sendero Luminoso, su imaginario polpotiano habría sido alimentado por el mito andino del Inkarrí. También este mito tiene su aire de familia con el de la restauración dinástica del Imperio de Iturbide por parte de Maximiliano de Austria y el conservadorismo monárquico mexicano, o a la restitución de la legislación de Indias pretendida en el Río de la Plata dos décadas después de la Revolución de Mayo por el “Restaurador de las Leyes” Juan Manuel de Rosas. La recreación del Tawantinsuyo (unión de los cuatro suyos, territorios del imperio incaico) buscada por los hermanos Katari en el siglo XVIII, y enarbolar hoy públicamente la wiphala (bandera-emblema del mismo) tendría necesariamente una dimensión muy distinta al mito del Inkarrí, pues se acerca más a un reconocimiento simbólico de una tragedia histórica que a una restauración política efectiva (Platt).

Por el contrario, en este emprendimiento destinado a superar el creciente proceso de periferización provocado por la globalización, pretendemos gestar un proyecto político-cultural ajeno a toda sospecha de hegemonía euro-céntrica, o de nostalgia restauradora de una perdida “edad de oro”, o de tragedia vaticinadora de eventos apocalípticos (catastróficos o conspirativos), o de patriarcalismo, bajo una única óptica masculina y en desmedro de una visión femenina.

Este emprendimiento está dirigido en principio a los grupos dirigentes, para que unidos encaren el combate contra el conjunto combinado de desventuras endógeno-culturales largamente incubadas (CCD), tales como el cesarismo bonapartista y patriarcal (hombres providenciales e infalibles), el sectarismo economicista, el aislacionismo (diplomático y cultural), el corporativismo patrimonialista (militar, clerical, sindical), el analfabetismo funcional (digital), la endogamia institucional (docente, empresaria), el irredentismo espacial (territorial), el restauracionismo o reconstruccionismo político nostálgico, el negacionismo de los crímenes de lesa humanidad (desaparecidos), y el hegemonismo académico-mandarín canonizado por los poderes políticos y mediáticos.

Esta propuesta debe estar fundada en una selección significativa de innumerables links y videos, cuyos argumentos se tomarán de libros y artículos de diversos autores, y debería estar reflejada en escenas secuenciadas, y estimuladas por un repertorio de unidades narrativas, correspondientes a diferentes períodos de la historia latino-americana (antigüedad, modernidad, contemporaneidad); a diversas formas de gobierno (teocracia, monarquía, imperio, república, aristocracia, democracia, estado fallido, narco-estado); a distintas unidades políticas (civilizaciones, culturas, virreinatos, naciones, estados, provincias, departamentos); a diversos procesos violentos (guerras, particiones, rebeliones, ostracismos, providencialismos, conspiraciones, nepotismos, etc.); a una variedad de procesos inofensivos (abdicaciones, renunciamientos, armisticios, tratados, etc.), y a distintas regiones del espacio latinoamericano, en su compleja diversidad económica (minera, agrícola, ganadera, in dustrial, forestal, etc.), socio-étnica (indígena, africana, mestiza, mulata, europea, etc.), y geográfica (amazonía, pampa gaucha y llanera, litoral rioplatense, archipiélago caribeño, costa peruana, mundo andino, mediterraneidad cono-sureña, meseta centroamericana, etc.).

Su selección debe ser intensamente discutida y editada, como lo hemos venido haciendo hasta el presente, con gran ayuda de Internet y del Google, que nos permitió asociar en la empresa a multitud de colegas de distintas partes del mundo y de diversas disciplinas científicas, incluso de aquellos que no habiendo aceptado incorporarse contribuyeron con sus críticas al mejoramiento del Proyecto.

Por último, la compilación de textos deberá ser interpretada, y reformulada con ilustraciones, canciones (Canto General de Pablo Neruda por Theodorakis y Farantouri, Canción con todos, Misa criolla), melodías, coreografías, y escenografías estéticamente diseñadas para la peculiaridad de cada episodio histórico, y dobladas a todas las lenguas amerindias posibles

3.- La idea motora y la trama del relato audiovisual

La idea motora que anima este Proyecto es el combate a esos viejos “huevos de la serpiente” (motines militares, golpes de estado) y a su secuela constituida por el conjunto combinado de desventuras endógeno-culturales largamente incubadas (CCD). El huevo de la serpiente es una metáfora literaria, de origen shakesperiano, retomada por Bergman y también por inspiradores de teorías conspirativas, alrededor de un reptil que simboliza la potencialidad del mal con su eterna metamorfosis o camuflaje de piel, y cuyos huevos es preciso eliminar antes que eclosionen. Por otro lado, el combate a que hacemos referencia está centrado alrededor de una tentativa periodización de sucesos y discursos históricos.

Esta periodización, en su escenificación, comprende un friso múltiple, con cuatro (4) actos sucesivos, y sus respectivas transiciones o cortes cronológicos, gobernados por sus respectivas lógicas, muy distintas unas de otras. Estas transiciones corresponden a la periodización histórica de la antigüedad anterior a la conquista europea y a las distintas etapas de la modernidad (la renacentista, la ilustrada, la liberal, y la bonapartista), sugeridas por Nathan Wachtel, Enzo Traverso y Joaquín E. Meabe, con sus tres sucesivos huevos de serpiente y sus respectivos teorizadores (Burke, De Bonald, de Maistre, Schmitt, Gentile, Kissinger), y a las recientes propuestas teóricas de Tomás Pérez Vejo (estado-nación) y de María Victoria Crespo (dictadura). Estos cuatro actos sucesivos se desplegarán en:

a) un planteo inicial de la trama, que comprenda la época antigua, que pertenece a episodios anteriores a la conquista europea, que se remonta al pre-clásico temprano maya (2000-1000 AC) y a las corrientes migratorias procedentes de Siberia, China, la Polinesia, Mongolia, y el Orinoco.

b) un nudo crítico o crucial, que alteró profundamente el mundo amerindio, que corresponde al período colonial, y que comprende el descubrimiento, y la partición de América entre los dos imperios pre-westfalianos (Donativo Papal y Tratado de Tordesillas, 1494), seguido por la conquista, la colonización y la “evangelización”, la primera guerra civil europea o Guerra de los Treinta Años, culminada en la Paz de Westfalia (1648), sus secuelas Reformistas y Contra-Reformistas en América Latina, y finalmente la expulsión de los jesuitas y sus derivaciones;

c) un nudo secundario o de transformación, que enmarcado en la época liberal ilustrada —correspondiente a la segunda guerra civil europea y a las derivaciones de la Paz de Viena (1815)— impulsó un independentismo que acentuó la partición política del continente y generó los correspondientes providencialismos regionales y los estados-tapones, y en el mundo andino agudizó el colonialismo interno y la opresión del indígena al someter a los originarios como siervos de haciendas; y que en la pampa, la llanura y los litorales latinoamericanos incitaron a emprender nuevas conquistas de territorios y recursos indígenas (Yrigoyen Fajardo);

y d) un desenlace final, dramático y criminal, donde prevalecen las políticas extractivistas y de partición geo-política, y de sometimiento intelectual, que abarca la época bonapartista correspondiente a la tercera guerra civil europea con sus dos Guerras Mundiales; las derivaciones de la Paz de Versalles (1918) y de los Acuerdos de Yalta (1945); la extinción de la Guerra Fría con la Caída del Muro de Berlín (1989), y sus efectos en el Consenso de Washington (1994); y con el derrumbe del Muro del Caribe y el eventual levantamiento del Bloqueo a Cuba (2014).

4.- Épocas anteriores a la conquista (europea) y articulaciones etno-geográficas (caribeñas, polinésicas, siberianas, amazónicas, y asiáticas).
De las épocas anteriores a la conquista europea, tratamos una serie de unidades narrativas que operan como un planteo inicial del inmenso drama histórico latinoamericano, en cinco (5) articulaciones temporales correlativas y otras cinco (5) articulaciones geográficas.
Las cinco etapas históricas elegidas son las de la cultura Chinchorro en la costa norte de Chile (4000-2000 BC), la civilización maya en meso-américa desde su pre-clásico temprano (2000-1000 BC), y las culturas Quimbaya, Moche, Nazca, Chavín y Tiahuanaco en la costa y sierra colombiana y peruana y en la meseta alto-peruana (1500-200 BC). Del post-clásico maya (900-1450 AC) datan los glifos y códices que se refieren a las predicciones de eclipses lunares y ciclos planetarios. Se sospecha que entre todos ellos —cuatro códices mixtecos, tres códices mayas y siete códices del grupo Borgia— la copia de época (Códice de Dresden) existente en una colección de Viena —cuyo origen se remonta a una posible donación de Hernán Cortés a Carlos V— llegó durante el Renacimiento a conocimiento de Brahe, de Kepler y de astrónomos jesuitas, y que por tanto podrían encontrarse en el origen de la astronomía y de la ciencia modernas.
De la época que corresponde a la era cristiana rescatamos el manuscrito maya conocido como Popol Vuh, con sus calendarios de ceremonias y rituales; así como las culturas mesiánicas de Huitzilopochtli y Quetzalcoatl/Viracocha. La profecía de esta última habría correspondido a Tomás, el único apóstol de Cristo que fue a Oriente y que desde la India llegó a América (cf. el Sermón Guadalupano de Fray Servando Teresa de Mier, y las rutas de intercambio cultural de larga distancia en Golte), y también al país de Cipango y del Preste Juan, rememorado por Marco Polo, con sus relatos y la cartografía pertinente (Per Totum Circulum, 1440; Zeitz,1470; Henricus Martellus, 1489). La existencia de Cipango habría estado en conocimiento de Colón, referencia que se confirmaría con los últimos hallazgos arqueológicos de Walter Alba sobre la cultura moche, en especial la del Señor de Sipán, procedentes de la China continental.
También se dieron cinco (5) articulaciones etno-geográficas: la caribeña, la polinésica, la siberiana, la asiática y la amazónica. La articulación caribeña se produce con las migraciones de los arawak desde el río Orinoco al mar Caribe (saladoides), y entre ellos la de los taínos a Puerto Rico (Borinquen), a la Hispaniola, y a Cuba, donde se mezclan con los indios Caribes. La articulación polinésica se habría comprobado mediante restos lingüísticos y vestigios arqueológicos encontrados en la Isla Moche (frente a la provincia de Arauco en Chile). Y la articulación amazónica opera en toda la extensión fronteriza del Brasil. Así como Murra inauguró el estudio del control vertical de los pisos ecológicos, es preciso rastrear también la articulación de las tierras altas andinas con las tierras bajas de la amazonía (Descola). Estas últimas quedaron mitificadas en lo que se dio en llamar “gran vacío amazónico” (Santos Granero), y fosilizadas en una temporalidad a-histórica (Saignes) , que recién muy últimamente lo han tratado de revertir los estudios de etnohistoria, especialmente los dirigidos a las etnias bisagra que operaban entre el mundo andino y la amazonía.

5.- Orden colonial

La época colonial, nudo crítico o punto crucial de quiebra, aún no superado, que puso en condición subalterna a todos los pueblos originarios y que subordinó la cultura y la economía, antes autárquicas, a una que debe importar permanentemente los avances intelectuales del centro, y exportar sus recursos naturales al exterior, situación que no ha sido superada hasta ahora, exige un profundo trabajo descolonizador (Yrigoyen Fajardo). Para lograr ese propósito, desagregamos el orden colonial en tres etapas sucesivas: la del descubrimiento (1492) y conquista (1519), la de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la Paz de Westfalia (1648), y la de la Expulsión Jesuítica (1767).

5-a.- Descubrimiento (1492), conquista (1519) y partición papal

Primero debemos tratar el descubrimiento, conquista, y colonización de América; y a su “evangelización”, por parte de dos imperios pre-westfalianos aunque renacentistas hijos del Tratado de Tordesillas (1494) y del Donativo Papal a España y Portugal (1493), que mantuvieron al continente partido al medio en dos espacios separados, y el Océano Pacífico con las Filipinas incluidas, incorporadas a España. A este antecedente debemos incluir aquellas doctrinas que debatieron la supuesta universalidad de la monarquía hispánica: la doctrina bíblica del canonista Palacios Rubios acerca de España como la quinta y última monarquía universal del mundo (luego de Asiria, Persia, Grecia y Roma), y la teoría opuesta al universalismo del escolástico Vázquez de Menchaca, que posteriormente influyera en las doctrinas del internacionalista Hugo Grocio.

Luego debemos encarar el mesianismo de las sociedades que creían en la profecía de un rey-dios redentor, como el sebastianismo en Portugal o el de Federico Barbarossa en el Sacro Imperio Germánico, o como Quetzalcoatl en México, un dios barbado y blanco que vendría de oriente a redimirlos, o como el del Inkarrí en Perú que mistifica la cabeza decapitada del Inca como generadora de un cuerpo que en un futuro regresaría y “sería millones”. Para comprender estos imperativos míticos debemos tener en cuenta que en estas sociedades operaban procesos inmigratorios históricos (los aztecas procedían de la Baja California) y procesos asimilatorios forzosos (lingüísticos y cosmológicos) de unas etnías sobre otras (quechuización incaica de los cañaris, aymarización de los uros, araucanización de los pampas, mayanización de Guatemala, guaranizacion de los chané-arawak, etc.). Estos mitos y leyendas se extendieron, con distintas variantes, a las comunidades africanas importadas como esclav as, y a las sociedades mestizas en proceso de ladinización y sincretismo.

El estudio de estos mesianismos y estos sincretismos fueron formulados en varias etapas consecutivas (últimamente una corriente de pensamiento conocida como la “nueva historia de la conquista” integrada por Florine Assilbergs y Michael R. Oudijk, ha revisado la obra de Bernal Díaz del Castillo), la del utopismo milenarista franciscano del “buen salvaje” con su recuperación del mundo cultural indígena; la de las alianzas inter-étnicas de indígenas con españoles para conquistar otras etnias rivales; las guerras civiles en el Perú entre los propios conquistadores (Almagro-Pizarro); la de la mal llamada extirpación de idolatrías o guerra de religión encarada por las órdenes religiosas de origen medieval (dominica, mercedaria y agustina); la de la reducción de los indígenas a \“pueblos de indios\”; la de las mujeres indias y los señores de la coca (Numhauser); la del régimen plantocrático (código negro), las migraciones forzadas garifunas (etnia caribe-yoruba); la de la resistenci a afro-americana a la esclavitud en palenques y quilombos del Caribe, Brasil y costa del Perú (cimarronismo o maroons); la de la servidumbre registrada en el Caribe (indentured servants) y el origen de la caribeñidad; y la de la ofensiva bandeirante paulista (colonos mamelucos) contra las misiones jesuíticas, que —a diferencia de los colonos norteamericanos (vaqueros-cowboys) que migraron al oeste (F. J. Turner)— no pudo llegar al Océano Pacífico por la fuerte resistencia teocrático-jesuítica.

5-b.- Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y Paz de Westfalia (1648)

Más luego, el nudo crítico continúa con la Primera Guerra Civil Europea (1618-1648), la Rebelión de Portugal contra la unión de ambas coronas castellana y lusitana (1640), y la Paz de Westfalia (1648) y sus derivaciones políticas en la América colonial, con la emergencia de la Casa de Braganza en la corona portuguesa, la hegemonía de la Contra-Reforma, las prácticas sincréticas de la Compañía de Jesús (sonoras y gráficas), la introducción del barroco en Indias, y la invasión de los calvinistas holandeses al nordeste Brasilero (Pernambuco) procedentes del Caribe Neerlandés bajo el liderazgo del Príncipe Nassau (1624, 1637), y su posterior reconquista por cariocas y paulistas durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).

Asimismo, el nudo crítico persiste con la piratería bucanera franco-anglo-sajona en el Caribe (1640-1680), la pérdida a manos inglesas de Jamaica (1655) y Trinidad-Tobago (1797), la ocupación y devolución de la Colonia del Sacramento (1680-1777), el Tratado de Methuen y el oro de Mina Gerais (1703), la explotación minera de plata en Perú y Alto Perú, la expulsión de las Misiones Orientales, el Tratado de Madrid y las guerras guaraníticas (1750-56), y el pillaje diferenciado de los pueblos indígenas por los españoles y criolloa según su diversa inserción económico-social en el espacio latinoamericano.

Este nudo crítico alcanza su paroxismo con las sucesivas crisis comerciales desplegadas en todo el espacio colonial, primero por la Guerra de Sucesión de España (1700-1715) que con el Sistema de Utrecht generó el Tratado de Asiento de esclavos (Real Asiento de Inglaterra), y trajo como una de sus consecuencias la insurrección de los Comuneros del Paraguay por la imposición de la Renta de Tabaco (1717-35); y luego por la Guerra de los Siete Años (1756-1763) que generó la pérdida y sucesiva reconquista de La Habana (1762), y la expulsión de los jesuitas de toda la América ibérica (1759, 1767).

5-c.- Expulsión Jesuítica de Portugal (1759) y de España (1767) y particiones ilustradas

Por último, el nudo crítico se vuelve agónico con la hegemonía del Jansenismo ibérico, y su secuela más inmediata la de la expulsión de los Jesuitas de toda la América portuguesa y española. Dicha expulsión generó a su vez una fragmentación política en un mayor número de virreinatos, capitanías e intendencias; el absolutismo monárquico en materia de patronato; la práctica del mercantilismo colbertiano; la introducción del neoclásico europeo adaptado a Indias; la persistente y contradictoria introducción de la Ilustración Europea con la creación de los Colegios Reales ilustrados, y el contradictorio rol de los discursos proféticos y milenaristas del domínico mexicano desterrado y convertido al jansenismo Fray Servando Teresa de Mier y del jesuita chileno expulso Manuel Lacunza.

A todo ello debemos sumar los efectos des-estructurantes del reparto compulsivo de mercancías europeas a las comunidades indígenas. Y finalmente, por la Guerra Anglo-Española o Guerra de Independencia de EEUU (1777-83), con motivo del Tratado de Aranjuez o Renovación del Tercer Pacto de Familia (1779), se generó en Perú y el Alto Perú el alza de la presión fiscal (alcabala) y las consiguientes insurrecciones indígenas (Tupac Amaru y Tupac Katari), y en la Nueva Granada la Rebelión Comunera (1781). Una década más tarde, con motivo de las Guerras provocadas por la Revolución Francesa, Portugal elevó también la presión fiscal, generando en Brasil la Inconfidencia mineira liderada por Tiradentes (1792).

Para este largo y conflictivo período histórico, seleccionamos una larga serie de episodios que se siguen unos a otros, el pensamiento reaccionario y mesiánico que impregnó a los monarcas indígenas (Atahualpa-Moctezuma) y que los entregó indefensos a la conquista española acelerando el colapso de las culturas mesoamericanas y andinas; la lógica del discurso milenarista que tiene sus orígenes en discursos pre-renacentistas (Joaquin de Fiore) y en teologemas cosmogónicos y culturales mayas, chavines, moches, incas, aztecas, mapuches y guaraníes (e.g.: Quetzalcoatl/Wira-Kocha); la extinción de la población aborigen caribeña, el feminismo indígena en la conquista (Malinche); las negociaciones culturales que produjeron un sincretismo entre las culturas indígenas, europeas y africanas; la lógica represiva e inquisitorial de la extirpación de idolatrías o “lógica de las hogueras”; las prácticas sincréticas de la evangelización jesuítica y su mandarinato contra-reformista; las fract uras intelectuales provocadas por la caída en desgracia del Jesuitismo; la obstinada censura oficial de la prensa ilustrada; la formación de la plebe y el mestizaje forzoso entre el criollo y el indio (cholo, gaucho); y la estructura esclavista y estamental y los prejuicios de limpieza de sangre.

6.- La transición a la época revolucionaria y las particiones independentistas (1808-1820)

La época revolucionaria, otro crucial nudo histórico —pero secundario en importancia con respecto a la conquista— se inició con la transformación del Brasil de mera colonia al status político de reino, debido a la transferencia forzosa de la corte real portuguesa desde Lisboa a Rio de Janeiro (1808). A esta transformación epidérmica, le siguieron las revoluciones de independencia que se desataron en la américa española (1810-1824), derivadas de la Segunda Guerra Civil Europea o guerra napoleónica (1789-1815). Estas revoluciones engendraron un fenómeno contradictorio, pues si bien intentaron acabar con el llamado Antiguo Régimen, una sociedad estamental, etno-céntrica, clerical, corporativa e inquisitorial, y un estado monárquico con legitimidad dinástica, a su vez dieron lugar a una partición territorial y política (mucho más acentuada que la que produjo el Tratado de Tordesillas y la Donación Papal de 1493), a efímeras propuestas restauradoras ofrecidas al Carlotismo y a l a monarquía incaica, y a un agudizado colonialismo interno que se manifestó en todo el espacio latinoamericano con muy distintas intensidades.

La Revolución de Independencia pasó a estar hegemonizada primero por la lógica iluminista y su mito del estado-nación moderno, sucesor del cuerpo patrimonial del estado absolutista, y luego por la creciente separación de lo público y lo privado, por la transición de la plebe, compuesta de súbditos “hijos de un monarca”, a la de pueblo compuesta por ciudadanos “hermanos de una nación” (Pérez Vejo), y paralelamente por el arte del romanticismo, y el anidamiento de sucesivos “huevos de serpiente”. Estos últimos estuvieron alimentados por los discursos recolonizadores de la reacción conservadora (Burke, De Bonald, y de Maistre) que incidieron en el Congreso de Viena interpretados por el Canciller Metternich (1815-1820). Si bien estos discursos no tuvieron el mismo impacto que tuvo el que generó la conquista y la partición de América (Ginés de Sepúlveda) fueron reiteradamente citados en las nuevas repúblicas por los mentores intelectuales del conservadorismo reaccionario (Bernardo Berro en el Río de la Plata, García Moreno en Ecuador, Lucas Alamán en México, Mariano Ospina en Colombia, Rafael Carrera en Guatemala, Portales en Chile).

La declaración y guerra de independencia, incluida la precursora de Haití (1792), las dos últimas de México (Plan de Iguala de Iturbide, 1820) y Brasil (Grito de Ipiranga, 1822), y la muy postrera de Cuba (1868), mitos que encubrieron una verdadera guerra civil, que no alcanzó a ser guerra de liberación nacional, prosiguió con numerosas otras desventuras endógeno-culturales (CCD), y también con un guerrerismo más limitado y específico, con intentos frustrados de integración y de restauración Carlotista, con la incubación del primer “huevo de la serpiente”, como secuelas de la Santa Alianza y como boicot a las Revoluciones de Independencia. Estos fueron en el Río de la Plata el Motín o pronunciamiento del Ejército del Norte en Arequito (Santa Fé), que se niega a reprimir al Artiguismo, provocando la caída del Directorio y la disolución de las Provincias Unidas del Río de la Plata (1820); y en México el Plan de Casa Mata, conspiración militar auspiciada por republicanos y por m onárquicos partidarios de convocar a un miembro de la casa de Borbón, llamados borbonistas, que derroca al emperador Iturbide (1823). Por el contrario, en el Perú, el renunciamiento de San Martín en Guayaquil (1822) aborta cualquier asomo de guerra civil, lo que le permitió a Bolívar luego del triunfo de Ayacucho (1824) intentar confederar a las nuevas repúblicas mediante el congreso anfictiónico (Panamá, 1826), que resultó infructuoso. Si nos atenemos a Germán A. de la Reza, los tratados de unión y liga de la Gran Colombia de 1821 a 1826 (con Chile, Perú, México y Centroamérica) y el Congreso de Panamá y Tacubaya (1826-1828) también se malograron. Posteriormente, la Gran Colombia entra en disolución. Asimismo, fracasan la propuesta mexicana de integración o \“Pacto de Familia\” (1831-1842), el Congreso de Lima (1847-1848), el Tratado Continental de Santiago (1856) y el Segundo Congreso de Lima (1864-1865).

Estos primeros huevos de serpiente desatan una serie de motines y pronunciamientos militares en cascada (con efecto dominó) que generaron líderes mesiánico-populistas y cesarismos providenciales en la esfera política (Rodríguez de Francia en Paraguay, Santa-Anna en México, Rosas en el Río de la Plata, los Monagas en Venezuela, García Moreno en Ecuador, etc.), que a su vez originaron múltiples particiones territoriales y crueles guerras civiles, con sucesivas sub-guerras separatistas, intestinas, irredentistas y anexionistas, y penosas intervenciones y derrotas militares con tropas irregulares extranjeras y con potencias ajenas al espacio latinoamericano. Por el contrario, el que Brasil careciera de un proceso de guerra civil se habría debido a que no tuvo un huevo de la serpiente, por cuanto la legitimidad imperial –puesta tempranamente en tela de juicio por la rebelión republicana (farroupilha) en Rio Grande— se mantuvo incólume merced a la abdicación de Pedro I, en 1834, e n su hijo de cinco años de edad Pedro II, a cargo entonces de un regente (padre Diogo Feijó primero y el pernambucano Marqués de Olinda después).

En materia de guerras, las guerras irredentistas y de partición, tal como se dio en la Guerra de las Provincias Unidas contra el Imperio del Brasil por la independencia de la Banda Oriental o Guerra Cisplatina (1826-28), invadida por el ejército portugués en 1820, tuvo un trámite problemático por la rotunda oposición de Simón Bolívar a la misma, y su resultante geo-político de un estado-tapón. En cuanto a las guerras separatistas, la partición de Centroamérica a raíz del derrocamiento de Iturbide como emperador de México (1823), la formación y crisis de la República Federal de Centroamérica (1824), y la consiguiente guerra por la unidad centroamericana liderada por Francisco Morazán (1826-1829); las guerras separatistas y de partición del Ecuador y Venezuela contra la Gran Colombia, de la cual resultó Ecuador como un estado-tapón entre Colombia y Perú (1829); la frustrada guerra de los “Farrapos” o Republicanos Riograndenses contra la monarquía imperial y esclavista del Brasi l (1835-45) producida una década después de la Guerra Cisplatina, y de la derrota de Ituzaingo o Batalha do Passo do Rosário (1826); y la guerra entre Perú y Bolivia donde venció esta última y se puso fin a la Confederación Perú-Boliviana (Batalla de Ingavi, 1841). Con referencia a las guerras de coaliciones, se destacó la Guerra de la Confederación Perú-Boliviana (Mariscal Santa Cruz) contra la coalición tácita o unidad de miras entre el Ejército Restaurador de Chile (Portales) y Perú y la Confederación Argentina liderada por Rosas (1836-39).

En materia de guerras intestinas, estas tuvieron un leitmotiv común que atravesó la totalidad de los territorios latino-americanos; a) la Guerra Grande entre Blancos y Colorados en la República Oriental del Uruguay donde participaban los unitarios argentinos en apoyo a los Colorados y el ejército Rosista en apoyo a los Blancos y el papel de Montevideo en el Sitio Grande o la Troya de América (1839-51); b) la guerra de independencia de Dominicana frente a los Haitianos (1844), c) la Guerra de Reforma o Guerra de los Tres Años de los liberales contra los conservadores en México, que consagró la separación de la iglesia y el estado (1859-61) luego de la derrota sufrida con Estados Unidos (1846-48) y el liderazgo republicano de Benito Juárez; d) la Guerra entre el Estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina en el Río de la Plata (1859-62) luego de la derrota del restauracionismo Rosista (1852) y el rol decisivo de Bartolomé Mitre y su programa de gobierno republicano, rep resentativo y federal; la Guerra de emancipación de Cuba (1868); y e) la Guerra por la Federalización de Buenos Aires (1880) y el liderazgo de Julio A. Roca que consagró —a posteriori de México—un programa de modernidad temprana, de separación de la iglesia y el estado, de laicismo en la educación pública, de autonomía en la educación universitaria, de secularización en materia de registros civiles (nacimientos, matrimonios y defunciones), de inmigración masiva europea, y de paz armada con Chile (Abrazo del Estrecho), pero que no tuvo en cuenta la suerte y el destino de las comunidades originarias militarmente vencidas.

Estas guerras civiles, las separatistas, las intestinas, las anexionistas, las irredentistas, y las de partición y coalición, se extendieron hasta los inicios de las respectivas modernizaciones nacionales, las que vinieron a combatir parcialmente las referidas desventuras endógeno-culturales incubadas (CCD). Pero en este complejo conjunto de desventuras no debemos subestimar el rol doliente y lastimero que para estas identidades políticas desataron las intervenciones filibusteros (Walker), las derrotas militares y las anexiones territoriales, que en el caso de México y su guerra con Estados Unidos (1846-48) provocó la pérdida de inmensos territorios (Arizona, Texas, California); en el caso de Nicaragua y la costa de la Mosquitía, el aventurerismo filibustero de William Walker, que respondía a la política expansionista de los estados esclavistas del sur norteamericano, provocó la Guerra Nacional de Nicaragua, con su instrumento militar el Ejército Aliado Centroamericano (1856- 1860); en el de Bolivia su guerra con Chile y la pérdida de la salida al mar (1879); en el de Colombia la intervención norteamericana y la pérdida del Istmo Panameño (1903); en el del Río de la Plata el extravío forzoso de las Islas Malvinas; y en el del Caribe (Cuba, Puerto Rico, Haití, República Dominicana) y Centroamérica (Nicaragua, Honduras), las sucesivas y crónicas ocupaciones y anexiones norteamericanas, producto del “derecho legal” a intervenir (Enmienda Platt, 1901), y de la diplomacia de la cañonera (gunboat) o del “Big Stick” de Teddy Roosvelt (1898-1902, 1916-24, 1926). De todas ellas recuperamos una docena de unidades narrativas que operan como nudo secundario del drama histórico iniciado con la conquista europea, que se prolonga a lo largo de la PaxBritannica (siglo XIX) hasta los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial (1914-18).

7.- Época de modernidad liberal y centralización de estados-naciones (1854-1889)

Para la época de la modernidad liberal, correspondiente a la segunda mitad del siglo XIX que arranca con la Guerra de Crimea, la del estado gendarme o mínimo (W. Bagehot, 1867, traducción de Adolfo Posada de 1902), prevalece la lógica liberal del equilibrio de poder, de progresiva instauración de instituciones republicanas y de libre expansión de la sociedad civil (o red de asociaciones representativas de intereses y valores), pero a su vez la construcción de un estado y una ciudadanía muy restringidos, donde las mujeres, los indígenas y los analfabetos fueron marginados de representación alguna (Yrigoyen Fajardo).

Esta lógica discriminatoria perdura con acontecimientos guerreros, pero a diferencia de la Guerra Civil Norteamericana que acabó con la esclavitud (1861-65) y de las guerras intestinas latinoamericanas de liberales contra conservadores; las guerras de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay) contra el Paraguay de Solano López (1865-70); la del Pacífico, de Chile contra Perú y Bolivia (1879); la del Acre o Revolução Acreana entre Bolivia y Brasil (1899-1903); y la del Chaco entre Bolivia y Paraguay (1932-35), que fue antesala de la Revolución de 1952, carecieron de un leitmotiv común que atravesara la totalidad de sus territorios.

Las guerras civiles acotadas a determinadas naciones operaron como prolongación del nudo secundario (revolución de independencia), en un proceso de larga duración, que tuvo su partida de bautismo con la primera crisis de los modernos estados-naciones derivada de los discursos recolonizadores de la Santa Alianza (Burke, De Bonald, de Maistre). Estos discursos convalidados por Metternich desataron un conato recolonizador encabezados por los movimientos legitimistas, que se vieron frustrados por las políticas del Ministro Inglés George Canning y por la Doctrina impulsada por el presidente Monroe (1823).

Sin embargo, en la mayoría de los casos, las guerras civiles se redujeron a conflictos de naturaleza irredentista (territorial o de límites), o economicista por el control de ciertos recursos naturales (guano, salitre, caucho); o político-militares por el control de vías navegables (Guerra de la Triple Alianza). Las guerras de anexión fueron conocidas con diferentes eufemismos, como la “Guerra de Castas” en Yucatán-México (1843-1847), la guerra de “Pacificación de la Araucanía” en Chile (1860-83), y la “Conquista del Desierto” en Argentina (1979-80). No deben dejar de mencionarse los delitos de lesa humanidad acontecidos en dichos conflictos, tales como el saqueo de riquezas culturales (Biblioteca Nacional de Lima por parte del ejército chileno en la Guerra del Pacífico).

Sobre el rol piamontés o prusiano (centripetante) de determinados enclaves políticos para producir las centralizaciones de los estados-naciones y fundar mitos de origen (civilización o barbarie, orden y progreso, paz y administración) recuperamos la memoria de aquellas injerencias que tuvieron impactos determinantes en materia cultural y política. Entre ellos, las intervenciones federales para imponer regímenes republicanos de gobierno (constitucionalismo liberal) y para expandir mediante guerras de anexión y crímenes de guerra —a expensas de las poblaciones originarias— las fronteras geográficas de los modernos estados-nación; las políticas indígenas o sociales, consistentes en la eliminación de los pueblos de indios, y la parcelación de las tierras colectivas, para que cada indígena se volviera ciudadano y propietario, y en la práctica las tierras que fueron de los indígenas pasaran a engrosar las haciendas de los criollos, y los indígenas se volvieran siervos de hacienda , debiendo pagar al nuevo patrón parte de sus cosechas para poder quedarse en sus antiguas tierras (Yrigoyen Fajardo); las políticas demográficas (migratorias) para contradictoriamente imponer la uniformidad étnica y combatir la endogamia; las políticas educativas y científicas en la promoción de las profesiones liberales (medicina, abogacía, ingeniería); las políticas estéticas en la promoción de las artes (literatura, música, plástica, dramaturgia, coreografía, y arquitectura); las políticas culturales en el ejercicio de las libertades de imprenta y de prensa (con sus corresponsales en el interior y sus distintas variantes de un periodismo étnico y de clase o prensa obrera y prensa de colectividades); y las políticas secularizadoras (laicas y socio-darwinistas) en la conformación de las instituciones del imaginario moderno (justicia, gerencias bancarias, rectorados y cátedras universitarias, bibliotecas públicas, museos, conservatorios, monumentos históricos, vestigios arq ueológicos, hospitales, manicomios y cárceles).

Sobre la modernidad liberal ilustrada y sus estrategias culturales seleccionamos la incorporación sacrificada y pionera de inmigrantes y profesionales europeos en industrias incipientes y academias etno-centradas (1852-1914); y la contradictoria sobre-oferta de profesionales liberales (Mi Hijo el Dotor).

Posteriormente, debilitada la diplomacia de Metternich por la Revolución de 1848, y vencidas sus políticas por el fracaso militar en la Guerra de Crimea, donde la Rusia zarista fue derrotada a manos de la coalición de Francia, el Piamonte y Gran Bretaña, en defensa de un alicaído Imperio Otomano (1854), tomaron incremento las políticas expansionistas de Napoleón III (Francia) y de Bismark (Prusia), con sus lógicas derivaciones en la América Latina. A raíz de la cruenta Guerra de Reforma que padeció México (1859-61), Napoleón III, en consonancia con el papado y el clero católico mexicano, extendió su influencia imponiendo como emperador a Maximiliano de Habsburgo (1863). En Ecuador a raíz de la ofensiva del ex presidente Juan José Flores, García Moreno impulsó en 1859 un proyecto de protectorado monárquico que remitió al canciller de Francia. Pero también la España moderna incursionó en políticas expansionistas sobre el Perú, pues a raíz de las Islas Chincha se desató la Guerr a Hispano-Sudamericana (1864); y a raíz de la guerra de independencia que se libró en Santo Domingo contra la dominación haitiana, España logró anexar la República Dominicana (1864).

Pero ocurrida la derrota de Francia en la Guerra Franco-Prusiana (Sedan, 1870), con la caída de Napoleón III, la Comuna de París, y el surgimiento de la III República, el impacto en Latinoamérica fue determinante. En el caso del Cono Sur el partido liberal mitrista en Argentina fue militarmente derrotado a manos del autonomismo nacional roquista (1874), aconteciendo lo que metafóricamente se denominó la “Muerte de Buenos Aires”; y Chile y su ejército, tempranamente prusianizado, se convirtió en exportador de misiones militares al Ecuador, Colombia, El Salvador, Venezuela y Nicaragua. En Venezuela, la prusianización del ejército fue alentada bajo el influjo de la germanofilia de Guzmán Blanco (1877-88). Igual proceso se dió en México, que ante la inminencia de la ofensiva prusiana en Europa, el ejército francés fue repatriado por orden de Napoleón III, para luego producirse la caída del liberalismo Juarista y su reemplazo por un conservadorizado Porfiriato.

Estas políticas europeas, expansionistas en América Latina, sirvieron de precedente para que quince años después, Bismark impusiera la partición del África Subsahariana (Conferencia de Berlín, 1884) entre cinco imperios post-westfalianos (Alemania, Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Italia); y otro cuarto de siglo más tarde las potencias aliadas triunfantes (Francia-Inglaterra-EEUU-Italia) lograran la partición de los imperios Otomano y Austro-Húngaro con el Tratado de Versailles (1918).

8.- Segunda crisis del estado-nación moderno (1889-1900)

Más luego, la elite liberal dominante entra en una segunda crisis, derivada del triunfante discurso regeneracionista, que la fractura políticamente y da lugar a una numerosa serie de reformas: a) en materia económica y social, el abolicionismo esclavo en Brasil, el constitucionalismo social y el reformismo agrario, b) en materia política la ampliación de la ciudadanía (mujeres, analfabetos, indígenas); c) en materia pedagógica el auge del normalismo y el multilingüismo; d) en materia cultural y artística el auge del impresionismo y el simbolismo; y e) en materia ecológica las ruinas arqueológicas de la modernidad (ecocidio e ingenios y líneas férreas abandonadas).

Para su análisis recuperamos una larga serie de eventos violentos tales como las insurrecciones populares, los golpes de estado, las revoluciones campesinas, la resistencia indígena por la tierra y la resistencia obrera en las ciudades, lo que permite ampliar la ciudadanía, y la democracia; y dar lugar al constitucionalismo social, y las reformas agrarias y sociales del siglo XX.

Entre las insurrecciones populares, la Revolución del 90 en Argentina y el rol intelectual de Leandro Alem, la Revolución de Blancos contra Colorados en la República Oriental del Uruguay y el liderazgo campesino de Aparicio Saravia (1904); y la insurrección Radical de 1905 en Argentina y el liderazgo urbano y ciudadano de Hipólito Yrigoyen. Entre los golpes de estado, el golpe militar republicano en Brasil contra la monarquía imperial, en 1889, reaccionó contra la abolición de la esclavitud que había sido proclamada por Pedro II un año antes (1888), como reflejo de la guerra de secesión en USA; y el golpe contra Balmaceda en Chile y la sublevación de la Armada (1891). Entre las guerras civiles, la Guerra Federal boliviana del norte (liberales de La Paz aliados a los indígenas aymaras) contra los conservadores del sur o Sucre (1898-1899), la Guerra de los Mil Días de liberales contra conservadores en Colombia (1899-1902), y la insurrección separatista panameña (1903). Entre la s revoluciones campesinas, la Revolución desatada en México contra el Unicato científico-positivista del Porfiriato, y los roles populares que en ella cumplieron Pancho Villa y Emiliano Zapata (1910-20). Y en Venezuela, la Revolución Libertadora (1901-1903) dirigida por Manuel Antonio Matos, el líder del liberalismo amarillo (guzmancista) contra Cipriano Castro, quien a su vez había encabezado la Revolución Liberal Restauradora de 1899. Estas sucesivas guerras civiles agobiaron las cuentas fiscales e incrementaron una deuda externa que desató un Bloqueo marítimo encabezado por las naciones acreedoras Europeas (Inglaterra, Alemania, Italia, 1902-03).

Estas cruentas rupturas políticas persuadieron a las elites opositoras del Cono Sur de la inutilidad de persistir con estrategias de resistencia beligerante, tal como se estaban experimentando en México, y las indujo a negociar los contenidos modernizadores de nuevas leyes electorales (Ley Sáenz Peña, 1912; Ley constitucional del Colegiado, 1918), reformas estatutarias y legales en los ámbitos universitarios (1906, 1918), e innovaciones artísticas herederas del impresionismo, como el muralismo mexicano (Orozco, Siqueiros, Rivera).

9.- Abrupto tránsito al bonapartismo (1930-1960)

La crisis de la modernidad liberal y el abrupto tránsito al bonapartismo acabaron con diferentes regímenes, que correspondieron a la Tercera Guerra Civil Europea, con su Primera Guerra Mundial (1914-18) y las conflictivas derivaciones de la Paz de Versalles (1918). Dichos simultáneos regímenes, con sus profundas diferencias, fueron el Porfirismo cientificista en México (1880-1910), el Gomecismo en Venezuela (1908-1935), la República Parlamentaria en Chile (1891-1925), Estrada Cabrera en Guatemala (1898-1920), el Oncenio de Leguía en el Perú (1919-1930), el Radicalismo Yrigoyenista en Argentina (1916-30), y la denominada República Velha (1889–1930) en Brasil,

El abrupto tránsito al bonapartismo, acontecido en la posguerra de la Primera Guerra Mundial (1914-18), fue producto de los discursos de la reacción conservadora con motivo de la Revolución Rusa (Gentile, Schmitt), internalizados en los versos de poetas latinoamericanos laureados (Lugones, Santos Chocano), y materializados en un golpe de estado militares. Más precisamente, la oración poética de Leopoldo Lugones en Lima, en el centenario de la batalla de Ayacucho, titulada “la hora de la espada” (1924), incubó un segundo “huevo de la serpiente”: el golpe de 1929 en Perú de Sánchez Cerro contra Leguía y el golpe de 1930 de Uriburu en Argentina. Esta incubación dio lugar a una serie de golpes en cascada (de Orellana Contreras en Guatemala en 1930, de Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador en 1931, de Marmaduke Grove en Chile en 1932, de Gabriel Terra en Uruguay en 1933, en Panamá contra Arosemena en 1931, etc.) y a un conjunto de desventuras tales como la reviviscencia me siánico-populista que tomara cuerpo en el mito redentorista del hombre providencial e infalible (cesarismo personalista), la recurrencia geopolítica en el ámbito diplomático, la propaganda facciosa en los círculos mediáticos, y la extinción de la esfera pública democrática y parlamentaria y de la periodicidad de los cargos públicos.

No obstante, aquellos países en donde no se produjeron golpe de estado, las contradicciones se acumularon y años más tarde estallaron violentamente mediante magnicidios o insurrecciones populares. Ese fue el caso de Colombia, en oportunidad del asesinato de Eliécer Gaitán, que generó el Bogotazo en 1948, y una guerra entre Liberales y Conservadores que duró una década conocida como La Violencia (1946-58), reedición aún más sangrienta que la anterior Guerra de los Mil Días acontecida a comienzos del siglo. También fue el caso de la Revolución Nacionalista en Bolivia (Paz Estenssoro), producida a raíz de la derrota en la Guerra del Chaco (1952-64), liderada intelectualmente por Carlos Montenegro.

Los diferentes prototipos de hombres providenciales con sus profundas diferencias para diversos períodos de sus respectivas actuaciones, se dieron en una docena de casos, tales como el personalismo vitalicio de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana (1930-61); los personalismos providenciales y paternalistas de Ibáñez del Campo en Chile (1927-31 y 1952-58), de Getulio Vargas en Brasil (1930-54), de Lázaro Cárdenas en México (1934-40) y de José María Velazco Ibarra en Ecuador (1934-60); los personalismos castrenses de José Ubico en Guatemala (1931-1944), de Carías Andino en Honduras (1936-1948), de Fulgencio Batista en Cuba (1952-1958), de Gustavo Rojas Pinilla en Colombia (1953-57), y de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela (1953-1958); el personalismo de veterano de guerra de Alfredo Stroessner en Paraguay (1954-89); el personalismo dinástico de Anastasio Somoza en Nicaragua (1937-1947 y 1950-1956), y el personalismo mesiánico y sobrenatural de Francois Duvalier en H aití (1957-71). En todos estos casos, el desenlace fue cruento, con insurrección militar y participación civil, o sin esta última. Este fue el caso de la Revolución Comunista en Cuba (Fidel Castro, 1959-2014), donde el rol radicalizante fue desempeñado por el Che Guevara.

Esta docena de casos de personalismos providenciales —entre paternalistas, vitalicios, dinásticos y sobrenaturales— colapsaron en los albores de la Alianza para el Progreso (1960), dando lugar a una suerte de modernidad tardía (desarrollismo de Frondizi en Argentina y de Kubitschek, Quadros y Goulart en Brasil), que resultó efímera pues luego volvieron con más fuerza los burocratismos autoritarios y genocidas. En el Brasil, el modernismo tardío de las décadas 1940s/50s/60s, al decir de Rafael R. Ioris,
sobresalió en los campos de la arquitectura, la literatura (poesía), y las artes visuales (pintura y producción cinematográfica),así como en la intelectualidad pública, tal como la expresada en el Instituto Superior de Estudos Brasileiros (ISEB).

Para todo ello recobramos un número de unidades narrativas vinculadas primero con el miedo, luego con la censura, más luego con la lógica disuasoria del terror y de los aventurerismos guerrilleristas (Guevara) y militaristas (Malvinas), y finalmente con las consiguientes catástrofes culturales (incendios y saqueos de bibliotecas, archivos, museos, editoriales y yacimientos arqueológicos paleontológicos).

10.- Caída del Muro, extinción del socialismo real y nueva partición del espacio latinoamericano (1989)

En la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, con las derivaciones de los Acuerdos de Yalta (1945), con el fracaso de las modernidades tardías y en medio de la Guerra Fría y como reacción a la Revolución Cubana (1959), aconteció un golpe militar en Brasil contra Joao Goulart (1964) que incubó un tercer “huevo de la serpiente”.

Con este golpe de estado reaparecieron una serie de golpes en cascada (efecto dominó), pero en una versión mucho más aterradora que en el primero y el segundo “huevo de la serpiente”, ocurridos en 1820 y 1930. Este nuevo golpe se alimentó de la Doctrina de la Seguridad Nacional, impuesta desde los Estados Unidos por J. F. Kennedy, sus inmediatos sucesores (Johnson, Nixon), y la hegemonía intelectual y política de Henry Kissinger, con sus recetas represivas como el Plan Cóndor en el Cono Sur (1975-77) y la Operación Charlie en Centroamérica (1989), así como dictaduras crecientemente genocidas (Castelo Branco y Costa e Silva en Brasil, Velazco Alvarado en Perú, Bordaberry en Uruguay, Banzer en Bolivia, Pinochet en Chile, Ongania y Videla en Argentina, Ríos Montt en Guatemala, etc.).

Producido el fin de la Guerra Fría, y creada la Unidad Europea (UE), con la Caída del Muro de Berlín (1989) se afianzaron los regímenes democráticos, el constitucionalismo social y el multiculturalismo, que amparó un indigenismo integracionista; pero la concertación del Consenso de Washington (1994) y el consiguiente auge del proceso globalizador en el mundo, derivaron en una constante erosión de las soberanías nacionales que transformaron las recuperadas democracias parlamentarias de América Latina en meras democracias delegativas.

Si bien en Bolivia y Ecuador se adoptó un constitucionalismo plurinacional con autodeterminación, territorio, nuevas formas de democracia participativa y comunitaria, y nuevos derechos, como el derecho al agua, y el reconocimiento a su identidad originaria, en la nueva Constitución boliviana no se ha evidenciado ningún reconocimiento de los ayllus, verdaderos herederos de los pueblos que fueron invadidos en el siglo XVI (Platt). Más aún, en Argentina, Venezuela y Guatemala los parlamentos republicanos se transformaron en “escribanías”, los poderes judiciales en “patios traseros”, las universidades en meros reproductores de conocimientos gestados en las metrópolis centrales, y la investigación científica subordinada a los dictados y complicidades del Banco Mundial. Las “democracias delegativas” se caracterizaron por estar profundamente inficionadas por la corrupción endémica del clientelismo prebendario y patrimonialista en colusión con la criminalidad organizada (narcotráfi co) y sus secuelas de miedo y terror, y por una simultánea entrega vergonzante a los dictados eficientistas y cientificistas del Banco Mundial en materia de educación superior e investigación científica.

Por otro lado, debido a la creciente imposición de áreas de libre comercio, la globalización concluyó por lanzar nuevamente la política de partición geopolítica y dinamitar la retórica y fetichizada unidad latinoamericana, popularmente conocida como “patria grande”. Desde que se concertó la Cumbre de Miami en 1994, el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y luego el Área Asia-Pacífico (APEC) han venido divorciando a México y Centroamérica primero, y a los países del Mundo Andino después, de toda aspiración de unidad con aquellos países de la América del Sur y el Caribe que miran al Atlántico, con las consiguientes secuelas en sus imaginarios culturales y en sus relaciones diplomáticas y políticas. Secuelas estas muy semejantes a las producidas en el siglo XV por el Donativo Papal que practicó la partición de América (parecida a su vez a los Donativos otorgados por los Papas a los emperadores Constantino y Carlomagno en los siglos VI y IX).

Una década más tarde, en 2007, el ALCA (que incluye a México) y la Alternativa Bolivariana para América Latina y El Caribe (ALBA) se enfrentaron entre sí, con gran perjuicio para la identidad de México, Centroamérica, y los países del ALBA, al extremo de reducir la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) a ficciones ceremoniales y burocráticas. Pero la vocación anti-imperialista del ALBA devino en un populismo fundamentalista, que alienta las políticas extractivistas y la subordinación a nuevas metrópolis imperiales (China), y ahoga la independencia de la justicia y las libertades públicas (de pensamiento y de prensa), y por consiguiente viene sembrando de miedo la creatividad cultural y científica de sus países integrantes.

11.- Epílogo, crimen de estado, extractivismo y sometimiento intelectual al Banco Mundial

En la síntesis, que opera como desenlace final, tratamos de recuperar textos, imágenes y sonidos que puedan representar las escenas más dramáticas del modelo civilizatorio actual. Todos los avances en cuanto a reformas constitucionales pluralistas y del derecho internacional, que reconocen los derechos indígenas, se han visto eclipsados por políticas extractivistas y autoritarias, que se han dedicado a reprimir a los movimientos que rechazan la explotación de los recursos minerales no renovables existentes en territorios comunitarios (Yrigoyen Fajardo).

Por encima de las políticas extractivistas, autoritarias y de partición se superponen las políticas de sometimiento intelectual y de amnesia compulsiva. En Buenos Aires en 1996, se exhibió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA un mural satírico acompañado por una parodia de reminiscencias bíblicas, de autores anónimos, que ilustran la resistencia al mandarinato académico durante la etapa de sometimiento intelectual al Banco Mundial (que vino a sustituir a la UNESCO luego de producido el Consenso de Washington).

A su vez, destacamos las políticas de amnesia compulsiva, donde prevalece una dosis brutal de censura retroactiva o iconoclastismo, bajo el cínico pretexto de un combate al eurocentrismo, que se advierte en el desmontar de imágenes, efemérides, topónimos y símbolos, tales como el monumento a Cristóbal Colón, que levantara la colectividad italiana en el centenario de la Revolución de Mayo, y que está ubicado detrás de la Casa Rosada (2014), en Buenos Aires.

Por último, como corolario póstumo, una muestra de la lógica del horror crecientemente imperante en gran parte de Latinoamérica, devenida en la práctica en una confederación de estados fallidos y de narco-estados, con la reciente desaparición de medio centenar de estudiantes normalistas en Ayotzinapa (México), un verdadero crimen de estado, que reproduce en escala macabra el holocausto de Tlatelolco (1968), y que viene a agravar con el terror la pérdida de la independencia judicial y de las libertades públicas.

Recapitulando la larga lista de frustraciones y sucesivas reacciones y “huevos de serpiente”, debemos concluir en la necesidad de recabar planteos de unidad latinoamericana, que superen los meridianos de partición (Tordesillas), las zonas francas, las uniones aduaneras, los acuerdos comerciales (Asia-Pacífico, CAN), los ejes geo-políticos (ABC, ABV), los cónclaves presidenciales, y las sesiones parlamentarias del Mercosur, donde no están representados los pueblos y naciones originarias, y donde los representantes elegidos no lo son por elección directa (Parlasur), y sus fueros amagan oficiar como mero santuario para que los funcionarios de mandato cumplido eludan el accionar de la justicia.

Finalmente, estos planteos de unidad deben poner fin a los repetidos “huevos de serpiente” (motines y golpes de estado) y al conjunto combinado de desventuras endógeno-culturales incubadas (CCD), a tantas guerras, particiones y dictaduras, a tanto crimen organizado, a tantas sumisiones a las prácticas banco-mundialistas, y a tanta indiferencia histórica respecto a los pueblos indígenas que con notables divergencias de intensidad ya lleva casi cinco siglos, y deben ofrecer un nuevo imaginario identitario que incluya a los hasta hoy excluidos y oxigene y democratice el modelo civilizatorio vigente, por demás agotado, y brinde una esperanza de paz y prosperidad espiritual y material a la inmensa masa de paisanos que desde el Río Bravo hasta los confines de la Patagonia pueblan las tierras de la América Latina.

Por Eduardo R. Saguier (historiador, Buenos Aires, M. Roca), media docena de coautores, una decena de colaboradores, y más de medio centenar de adherentes:

Coautores

Delgado-P., Guillermo (antropólogo, UCSC Campus, USA),
Majfud Albernaz, Jorge (arquitecto, Jacksonville University, USA),
Meabe, Joaquin E. (helenista, UNNE-Corrientes, Ar),
Osorio Bohórquez, Leonardo Favio (historiador, Universidad del Zulia, Vz)

Colaboradores

Abente Brun, Diego (politólogo, N Endowment for Democracy, USA)
Aguiluz Ibargüen, Maya (socióloga, CEIICH-UNAM, Mx),
Bertely Busquets, María (antropóloga, CIESAS, Mx)
Feres Júnior, João (politólogo, U do Estado do Rio de Janeiro Br)
García Barthe, Enrique (pre-historiador, intelectual indep., Bs.As., Ar)
González Ponciano, Jorge Ramón (sociólogo, UNAM-Stanford University, Gt)
Hernández González Manuel (historiador, Universidad de La Laguna, Es)
Ioris, Rafael R. (historiador, University of Denver, USA),
Korstanje, Maximiliano (antropólogo, Universidad de Palermo, Buenos Aires, Ar),
Manzano-Munguía, María Cristina (antropóloga indigenista, BUAP, Puebla, Mx),
Méndez Avellaneda, Juan (historiador, intelectual indep., Ar)
Moret, Zulema (literata, Grand Valley State Univ., USA)
Numhauser Bar Magen, Paulina (historiadora, Universidad de Alcalá, Es)
Pérez, Miguel (documentalista, Buenos Aires, Ar),
Piorsky Aires, Max Maranhao (antropólogo, UECE, Ceará, Br),
Reza, Germán A. de la (economista, UAM-Xochimilco, Mx)
Romero Meza, Eddy Walter (historiador, Pe),
Rosenmüller, Christoph (historiador, Middle Tennessee State U, USA)
Solodkow, David Mauricio (crítico literario, U-Andes, Bogotá, Co),
Waisman, Carlos H. (sociólogo político, UCSD, California, USA)
Yrigoyen Fajardo, Raquel Z. (jurista, IIDS-Lima, Pe)

Adherentes

Acevedo Tarazona, Álvaro(historiador, Santander, Es),
Acosta, Yamandú (filósofo, U de la República, Uy)
Alberdi Vallejo, Alfredo (lingüista quechua, FreieUniversitätBerlin, Pe-DE),
Almeida Ferreira, Rodrigo (estudos filmicos, U Joaquim Tabuco Recife, Br)
Barbosa, Emilia (narrativa histórica, Univ. of Kansas, Br)
Barrientos Márquez, María del Mar (historiadora, U de Cádiz, Es)
Barrientos-Tecun, Dante (crítico literario, Aix-Marseille U, Fr)
Bary, Leslie (est hispánicos, U of Louisiana at Lafayette, USA)
Bellingeri, Marco (politólogo, U degli Studi di Torino, It)
Beriain, Josetxo (sociólogo, Navarra, Es),
Bertaccini, Tiziana (politologa, U degli Studi di Torino, It)
Blaine, Patrick G. (lenguas modernas, Morningside College, IA, USA)
Brilli, Catia (politóloga, CSIC, Es)
Brito, Ruth M. (art history, Univ of Missouri-Kansas City, UMKC, USA)
Broullon Acuña, Esmeralda (antropologa, CSIC, Es)
Brunnegger, Sandra (antropóloga, Univ of Cambridge, UK)
Bustamante, Teodoro (sociólogo, FLACSO. Ec)
Camacho Monge, Daniel (sociólogo, CR),
Camus Bergareche, Manuela (antropóloga, Cntr de Est de Género, UGuadalajara, Mx)
Carranza Ko, Nusta (politóloga, Purdue Univ, Pe)
Cavalcanti-Schiel, Ricardo (antropólogo, Unicamp, Br),
Chesney Lawrence, Luis (dramaturgo, Univ Central de Venezuela, Ve)
Ciurlia, Sandro (historiador, Università di Camerino, It),
Compagnon, Olivier (historiador, Univ Sorbonne, Paris, Fr)
Coronel-Molina, Serafin M. (sociolingüista, Indiana University, Pe)
Cortés Gómez, Juan Alberto (filósofo, UNC, Co)
Cosamalón Aguilar, Jesús A. (historiador, PUCP, Pe)
Couyoumdjian Bergamali, Juan Ricardo (historiador, Cl),
Crespo Martínez, Ismael (politólogo, U de Murcia, Es)
De Gracia, Guillermina-Itzel(antropóloga, PA),
Devia Pernia, Henry Jose (sociólogo jurídico, Co)
Dimas, Carlos S. (historiador, WesleyanUniversity, Ar)
Dore, Elizabeth (lenguas modernas, U College London, UK)
Edwards, Erika (historiadora, UNC-Charlotte, USA)
Entrena Durán , Francisco (sociólogo, Universidad de Granada, Es)
Escalante Gonzalbo, Pablo (historiador, UNAM, Mx)
Falicov, Tamara (estudios mediáticos, University of Kansas USA)
Fernández Bermúdez, Adiánez (estudios culturales, Univ de Cienfuegos, Cu)
Foster, David William (lingüista, Arizona State U., USA)
Fuentes Bajo, Dolores (historiadora, U de Cadiz, Es)
Girón González, Alicia A. (economista, UNAM, Mx)
Golías Pérez, Montserrat (socióloga, Universidad de A Coruña, Es),
González Maldonado, Michelle (teóloga, University of Miami, USA)
González Manrique, Luis Esteban (politólogo, Pe)
González Pagés, Julio César (ensayista, U de la Habana, Cu)
González Pizarro, José Antonio (historiador, U Católica del Norte-Antofagasta, Cl)
Gonzalo Segura, Roger Ricardo (lingüista aimara, PUCP, Perú),
Gosso, Cecilia Maria (politóloga, Univ d Studi di Torino It)
Guardia, Rolando de la (historiador, PA),
Hunefeldt Frode, Christine (historiadora, UCSD, California, USA),
Inomata, Takeshi (antropólogo, University of Arizona, USA)
Juan-Navarro, Santiago (lenguas, Florida International Univ, USA)
Katrandzhiev, Aleksandar Ivanov (historiador, U Suroeste Neofit Rilski, Bg)
Kjær, Poul Fritz (global constitutionalism, Copenhagen Business School, Dk),
Langebaek Rueda, Carl Henrik (antropólogo, U de los Andes, Co)
Larrosa Fuentes, Juan S. (media & communication, Temple University, Mx)
Laserna Gaitán, Antonio (historiador, U de Granada, Es)
Laviana Cuetos, María Luisa (historiadora, Esc Est Hisp-Americanos, CSIC, Es)
Lessa, Francesca (ddhh, Oxford University, UK)
Lilón, Domingo (historiador, Universidad de Pécs, Hu),
Limpias, Victor Hugo (arquitecto, Santa Cruz de la Sierra, Bo),
Litewka, Sergio (Investigación Biomédica, U of Miami, USA)
Lixinski, Lucas (jurista, UNSW, Sydney, Au)
Mancha San Esteban, Luis (afro-americanística, U de Alcalá, Es)
Mannheim, Bruce (antropólogo, U of Michigan, USA)
Marchena Fernández, Juan (historiador, U Pablo de Olavide, Sevilla, Es)
Medina Bernal, Javier (músico, Panamá, PA),
Mejías, Sonia Alda (historiadora, Instituto U Gral Gutiérrez Mellado, Es)
Metz, Brent Ernesto (antropólogo, Universidad de Kansas, USA)
Monasterios, Elizabeth (estudios andinos, Bolivian Studies J., Bo),
Naranjo Orovio, Consuelo (historiadora, Instituto de Historia-CCHS, Es)
Niebylski, Dianna (música popular, U of Illinois/Chicago USA)
Noejovich, Hector Omar (historiador, PUCP, Pe)
Olivera-Williams, María Rosa (crítica literaria, U of Notre Dame USA)
Olivero Guidobono, Sandra (historiadora, U de Sevilla, Es)
Olmos Aguilera, Miguel (etnólogo, Clg de la Frontera Norte, Tijuana, Mx)
Palou, Pedro Ángel (crítico literario, Tufts Univ. USA),
Pampillo Baliño, Juan Pablo (jurista, Red Inter de Juristas, Mx)
Pasamar Alzuria, Gonzalo (historiador, Universidad de Zaragoza, Es)
Pencheva, Eleonora (historiadora, South-West U Neofit Rilsky, Bg)
Pereira de Carvalho, Fábio (historiador, U Federal Fluminense, Br)
Peres Costa, Wilma (historiadora, UNICAMP, Br)
Pérez Herrero, Pedro (historiador, U de Alcalá, Es)
Pérez Murillo, María Dolores (historiadora, U de Cádiz, Es)
Piqueras Céspedes, Ricardo (historiador, U de Barcelona, Es)
Pizzigoni, Caterina Luigia (historiadora, Columbia U, USA)
Ponza, Pablo (historiador, Barcelona, Es),
Poupeau, Franck Dominique (ecologista, I of the Environment, U of Arizona, USA)
Quintana, Alejandro (historiador, St. John\‘s University, NY, USA),
Quiroz Chueca, Francisco (historiador, U N Mayor de San Marcos, Pe)
Riggirozzi, Pía (global politics, University of Southampton, UK),
Rivera Pagán, Luis N. (teólogo, Princeton Theological Seminary. PR),
Robertini, Camillo (historiador, Universita\’ di Firenze, It)
Rodriguez-Abad, Luis (sociólogo, U of Texas, Brownsville, Ec)
Rodriguez Cadena, Ángeles (crítica literaria, Southwestern U, Texas, USA),
Ruigrok, Inge (jurista, U Nova de Lisboa, Pt)
Salas Almela, Luis (historiador, U de Córdoba, Es)
Sánchez-Ancochea, Diego (economista, U of Oxford, UK)
Sanchez-Angel, Ricardo (historiador, U Nacional de Colombia, Co)
Sánchez Prado, Ignacio M. (crítico literario, Washington U, St.Louis Mx)
Sandberg, Claudia (estudios fílmicos, University of Southampton, UK),
Santamarina Novillo, Carlos (historiador, U Complutense de Madrid, Es)
Sanz Jara, Eva (historiadora, Alcalá, Es),
Sarmiento Ramírez, Ismael (historiador, AEAPA, Asturias, Es)
Schilling, Christopher L. (politólogo, UNAM, Mx),
Schlickers, Sabine (crítica literaria, U Bremen, DE)
Sepúlveda Muñóz, Isidro (historiador, UNED, Es)
Serra, Ana (world languages, American Univ USA)
Tamorri, Viridiana (afro-americanista, U “La Sapienza”, It)
Tedesco, Laura (politóloga, Saint Louis U-Madrid, Es)
Tompkins, Cynthia (crítica literaria, Arizona State University, USA)
Tresserras Juan, Jordi (geógrafo, Universitat de Barcelona, Es)
Uribe-Uran, Victor M. (historiador, Florida International U, USA)
Velásquez, Fernando (crítico literario, St. Joseph\‘s College, NY-USA),
Vélez Jiménez , Mª Palmira (historiadora, Universidad de Zaragoza, Es)
Wade, Peter (antropólogo, University of Manchester, UK)
Walker , Tamara J. (historiadora, U of Pennsylvania. USA)
Worley, Paul (lenguas modernas, Western Carolina U, USA)
Zapata-Cortés Catalina (historiadora, Pontificia Universidad Javeriana, Co)
Zárate Botía, Carlos Gilberto (sociólogo, U Nacional de Colombia, Co)
Zevallos Aguilar, Ulises Juan (crítico literario, Ohio State U, Pe)

Fuentes :

Eduardo R. Saguier (historiador, Buenos Aires, M. Roca)