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AFEHC : transcripciones : Discurso sobre el papel de los párrocos en el fomento de la agricultura. : Discurso sobre el papel de los párrocos en el fomento de la agricultura.

Ficha n° 3879

Creada: 07 febrero 2015
Editada: 07 febrero 2015
Modificada: 08 febrero 2015

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Discurso sobre el papel de los párrocos en el fomento de la agricultura.

El título exacto es "Discurso sobre el problema de si corresponde a los Parrocos y Curas de los Pueblos el instruir a los Labradores en los buenos Elementos de la Economia Campestre". El artículo se publicó en el Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala en varios números entre 1815 y 1816. La tercera parte del artículo demuestra que Casaus y Torres leía obras varias y que pudo haber leído las obras de Bolandistas.
1169
Palabras claves :
Discurso, Agricultura, Arte campestre, Periódico
Autor:
Ramón Casaus y Torres
Ubicación:
Biblioteca Nacional de Guatemala
Fecha:
1815-1816
Texto íntegral:

1
DISCURSO

2Sobre el problema de si corresponde a los Parrocos y Curas de los Pueblos el instruir a los Labradores en los buenos Elementos de la Economia Campestre1.

3Algunos Maestros bastante ilustrados en materia de Política han [fol. 114] demostrado, fundados en una larga experiencia, que las leyes más prudentes, y los mejores establecimientos llegan con el tiempo à perder todo su vigor; que no pueden preservar a un Estado de la decadencia, y por ultimo de su total ruina, siempre que una economía general prudentemente administrada, no asegure la subsistencia del pueblo, y lo ponga en disposición de hacerse rico y poderoso, mediante la buena agricultura, el exercicio constante de todas las artes útiles, y un comercio activo.

4Persuadidos de esta verdad, todos aquellos que abrigan en su seno una alma virtuosa, se han aplicado a establecer Academias y Sociedades, compuestas de personas instruidas y animadas de amor patriótico, con la mira de propagar todo genero de conocimiento útiles que puedan contribuir [ fol. 115] al fomento de las ciencias Economicas, y particularmente de la Agricultura; como también a animar a los investigadores y observadores de la naturaleza a emplear todo su estudio, sin perdonar fatiga en un asunto tan laudable como importante. No tardaron los Principes más ilustrados en crear y proteger las referidas Sociedades y estudios; y derramando a manos llenas los dones de su liberalidad en favor de las unas y de los otros, han ofrecido y ofrecen continuamente un testimonio cierto de que asi como son los Padres de la patria y de sus vasallos, son del mismo modo los primeros Filosofos, en un siglo en que resplandece, y brilla la luz de la verdadera Filosofía.

5Este ha sido el origen de la asombrosa y rápida propagación de los conocimientos útiles; de la inmensa multitud de escritos y libros sobre todos los ramos del arte campestre; del repetido número de pruebas, experiencias, tentativas, proyectos y sistemas [ fol. 116] para extender con acierto el manantial seguro de la prosperidad civil: tanto, que en consecuencia de estas útiles fatigas, y de estos nobles y generosos esmeros, parece que los Labradores capaces habían de gozar de un destino felicísimo, y se habían de hallar universalmente cubiertos los campos de toda especie de producciones ventajosas; y de tal modo fecundos, que acreditasen ser capaz la industria de hacer visibles las maravillas, que soñaron los Poetas del siglo de oro.

6Pero después de una suposición tan justa ¿ que asombro no causará el ver envuelta la mayor parte de los Labradores en una crasa ignorancia, y retratada en las tierras que cultivan la triste imagen de la miseria que los rodea? Esto no es culpa de la naturaleza siempre benéfica, porque no priva a aquellas tierras de las semillas mas preciosas de sus tesoros: pero falta a los Labradores el conocimiento necesario para hacer que fructifiquen abundantemente, aprovechándose ellos, ayudando [fol. 117] a la patria y a los propietarios de las tierras, y saliendo por este medio de su infeliz estado; de aquel estado, que privándoles hasta la propensión innata en el hombre á saber e instruirse, los hace obrar como máquinas, sin diferenciarse de los animales, que sugetan al trabajo.

7El Fenomeno es ciertísimo, pues hay países en Europa donde se hace visible; y de aquí se infiere necesariamente, que los Labradores de los pueblos donde se advierte, no solo no leen los libros doctos que cada dia salen a la luz sobre este, ú otro ramo de Agricultura, sino que han oído citarlos; que se hallan en las tinieblas de la ignorancia, porque no les llegan las luces, que varias doctas Sociedades Georgicas procuran esparcir, dirigidas al mismo objeto; y que no tienen ni aun remota noticia de las intenciones, y desvelos de sus Principes, para que mejorando el arte que profesan, se mejore su condición, juntamente con la de todos las otras clases del Estado.

8[ fol. 118] En efecto ¿ cómo podrá uno de estos pueblos conocer las mencionadas obras Agronomicas, (ó tratados de Agricultura) como ilustrarse, y cooperar respectivamente á las próvidas intenciones de su Soberano, si está abandonado a sus preocupaciones, y entregado totalmente en manos de su propia rudeza?

9Para sacarlo de una condición tan fatal, y ponerlo en disposición de ser útil todo lo posible a si, y al resto del cuerpo político, del qual constituye la mayor parte, necesita de educación y enseñanza. ¿ Pero quien se ha de emplear en ella? Los doctos? Las Sociedades Agronómicas? Los dueños de las tierras? Pudieran, pero quizá no tendría efecto la instrucción; porque vendría a ser lo mismo, que si algunos que estuviesen sobre la cumbre de una elevada montaña pretendiesen mostrar la subida a ella a otros que se hallasen a la falda del monte, pero rodeados de espesas nieblas. A tanta distancia, no solo no percibirían la voz de quien los llamaba, por mucho que las esforzase, mas ni distinguirán sus señas. Era menester una fuerza capaz de ahuyentar la niebla de la Atmofesra, ó la virtud de aquellos instrumentos que aumentan considerablemente el sonido de las palabras, los quales usan las navegantes quando el mar está muy distantes entre sí, para responderse mutuamente a sus preguntas, avisarse el camino que deben seguir para evitar los escollos o para arribar felizmente al puerto [fol. 119].

10SOCIEDAD, Continación del discurso sobre el problema2 [fol. 129] Los instrumentos, ó por mejor decir los órganos mas naturales para instruir á los Labradores en el mejor gobierno de la economía rustica, son sus mismos Parrocos y Curas. A sus consejos, persuasiones y documentos, cede la gente del campo por un poderoso respeto, y una secreta confianza, que inspira hasta en los animos mas duros y groseros la santidad del carácter que los adorna, y el sagrado ministerio que exercen.

11[fol. 130] Es indudable, que si los Parrocos y Curas estuviesen encargados por autoridad Real de semejante educación y enseñanza, tendría mucha mas fuerza; en especial tratándose de contribuir por este medio a un designio que mira esencialmente a la utilidad común. La calidad de buenos, y leales vasallos que los distingue, los haría mirar como sagrada una ordenanza tan sabia; y obligados como están por la voz del Espiritu Santo a inculcar a los pueblos la obediencia, que deben tener a la voluntad de los Principios, y que resistir a estos es lo mismo que resistir a la voluntad de Dios, no dexarían de dar a los demás un exemplo muy resplandeciente de la expressada obediencia.

12Esta ordenanza se ha establecido ya en algunos Estados de Europa, en los quales ha producido, y produce actualmente muy provechosos efectos. Quien desea estos a todos sus semejantes, quisiera que fuese universal la ordenanza; es decir, que adoptándola, y fortificándola todos los Soberanos [fol. 131] con su sagrada autoridad legislativa, asegurasen su perpetua observancia. ¡Qué dichoso sería el momento de su promulgación! Mientras llega, procuraré probar.

13Lo primero: Que aun independiente de qualquiera ley Real, no solo no desdice de los Eclesiasticos, y en particular de los Parrocos y Curas el instruir á los Labradores en su arte, sino que están precisados a ello por el ministerio sagrado que ejercen. Apoyaré mis razones sobre esta materia en la autoridad de las Divinas Escrituras; y conocida la excelencia del origen del mencionado arte, alegaré algunos exemplares de Eclesiasticos de gran fama por su piedad y doctrina, que se ocuparon en el inocente empleo de la Agricultura, y que hechos Maestros de ella, con la voz y con los escritos, ha producido considerables utilidades al genero humano.

14Lo segundo: Haré ver, que los pueblos antiguos mas cultos y mas bien poblados, llegaron al alto grado [fol. 132] de poder que nos cuenta los historiadores, porque la instrucción en los puntos de la labranza, autorizada siempre por los Sacerdotes, hacia parte de los sistemas de Religion, adoptados por ellos. Lo mismo sucede al presente en una Nacion floridisima, y famosa por sus artes, por todo genero de industria, y por el delicado espacio que ocupa sobre la superficie de la tierra, cubierto de Ciudades, Castillos, Aldeas, y Campos pobladísimos y ricos.

15Lo tercero: Insinuaré los medios con que deben Contribuir las Sociedades Económicas, ó qualquier Ciudadano hábil, á los Parrocos y Curas de las Aldeas para lograr del modo mas conveniente la apetecida instrucción, y hacer de esta suerte un servicio muy considerable a su Patria; de quales deberán valerse para animar a los Labradores á que obren en conformidad de las reglas que les fueren dadas han de concurrir los Principios para excitar en los mismos Labradores una emulación que los obligue, é impela a señalarse en su arte (SC.) [fol. 133]

16SOCIEDAD, Continua el discurso sobre el problema3

17PUNTO PRIMERO

18No admite duda que el primer cuidado de todos los Eclesiasticos asi Seculares como Regulares, se ha de dirigir a la religión. Esta es necesaria a los pueblos, porque sin culto religioso no puede permanecer el imperio civil; no se puede formar verdadera idea de la virtud, ni llegar a la eterna felicidad, primero y ultimo fin [ fol. 258] del hombre. Ella nos fue dada por Dios para socorro de nuestra debilidad, para alivio de nuestra miseria, para instruirnos en la ciencia de la verdad, y guiarnos por el camino recto. Un hombre sin religión no sigue otra regla, que la que le dicta su propia conveniencia y sensualidad; se imagina licito todo lo que le gusta, no escucha las sagradas leyes de la naturaleza, elude las civiles, atropella la justicia, la hombría de bien, la vergüenza, y la amistad; esto es bastante para que se vea alterada la quietud publica, arruinadas las artes, y al fin trastornada y destruida la Sociedad Civil.

19 Los Ministros de la Iglesia, pero en especial los Parrocos, son los maestros de los pueblos. A este respetabilísimo oficio están destinados por Dios, y elegidos por el Cuerpo político. La educación debe comenzar sin duda alguna por la religión; pero satisfecha esta primera, e indispensable obligación, ¿ porque no podrán, o no deberán emplear el tiempo que les queda en instruir a los pueblos sobre [fol. 259] otros puntos necesarios, y útiles a la vida humana? Esto parece quiere significarnos el Eclesiastico4 quando dice: ¿Rectorem te possuerum?... esto in illis quasi unus ex ipsis; curam illorum habe. El Espiritu Santo por boca del Eclesiastico, exhorta al hombre, aunque sea Superior, a que se acomode a todos, y a cada uno, tratando con los comerciantes y con los vendedores sobre sus respectivos negocios, y con el que trabaja los campos sobre las operaciones campestres: cum operario agrario tracta de omni opere5. Estas palabras determinan con claridad en que deberán emplearse los Parrocos de los pueblos, después de haber instruido en la religión a los feligreses que les están encomendados.

20Y aunque la autoridad alegaba de los dos capítulos del Eclesiastico podrá ser suficiente para persuadirles esta aplicación que pretendo, quiero sin embargo decir mas, siguiendo los Libros Sagrados [fol. 260]

21Cria Dios al hombre, y anima con su aliento la masa de barro de donde le formó: le destina para morada un jardín delicioso, y adornado, sobre todo encarecimiento de todas las maravillas de la naturaleza, y donde para aumento de ellas, había reunido su Omnipotencia de un modo incomprensible la dilatada familia de los vegetables, que como todas las demás cosas acababan de salir de la nada por sola la virtud de su palabra.

22Dotado el hombre por su Criador de todas aquellas prerogativas que le debían distinguir tan altamente de las demás criaturas organizadas, no tiene todavía el uso de ellas; le falta la observación, y la experiencia para combinar las resultas de una y otra; no conoce las relaciones, que tienen tantas y tan varias especies de plantas con el hombre, y con la mayor parte de los otros vivientes: las admira, pero no sabe para que sirven; ignora sus usos; no entiende como las raíces atrahen y chupan el jugo de la tierra; como introduciéndose este [fol. 261] jugo por diversas especies de vasos y receptáculos, que comienzan en la raíz y se comunican por todas las partes y venas de la planta les sirve de alimento; cómo brotan las ramas, que cubren el tronco; cómo se visten de verdes hojas; cómo se descubren las flores; de qué modo se convierten en frutos; cómo cayendo las semillas encerradas en aquellos frutos, ó bien esparcidas sobre la tierra, llegan después a producir plantas semejantes a aquellas de donde salieron, ignora por último, que pueden multiplicarse a medida que una mano industriosa contribuya a aumentar las fuerzas, que la misma naturaleza emplea para su vegetación.

23Todas estas cosas se ocultan a la inteligencia del primer hombre por un denso velo que las cubre; pero Dios corre luego este velo, para que en el mismo acto de comprehender los obscuros artificios de la naturaleza, conozca también de qué labores y cultivos necesita la tierra, y que réglas conviene guardar para perpetuar las [fol. 262] especies de las referidas plantas, y para que renaciendo siempre en mas abundancia, puedan satisfacer á sus necesidades, á las de su larga posteridad, y las de los otros animales sobre los quales le había yá concedido el dominio.

24Muy conforme á esto es lo que se deduce de las formales expresiones de las Sagradas Letras; pues en el Eclesiástico6 se dice, que la Agricultura es un Arte criado por al Altísimo: rusticationem creatam ab Altisimo; y en el Genesis7, que dotado Adan por su Criador de todos los conocimientos, tuvo por morada el Paraiso Terrenal, para que lo guardase y trabajase en él: ut operertur, custodiret illum.

25En consequencia de esto, y de la proposición ya sentada, formo este discurso.

26No hay cosa virtuosa, y excelente a que no deban coadyuvar en particular los Eclesiasticos, y en particular los Parrocos, [fol. 263] y Pastores, después de haber instruido a los pueblos en la religión, mayormente si es en beneficio de estos, y si el Ser supremo de quien son Ministros, les ha dado el exemplo. No se puede negar, que Dios instituyó la Agricultura, ni que se empleo en el virtuoso oficio de instruir en ella al primer hombre; y a vista de un exemplo tan poderoso, que presenta el mismo Señor, origen y centro de toda virtud, ¿ cómo podrán excusarse los Parrocos y Pastores, especialmente los de las Aldeas, de instruir a sus ovejas en el mencionado Arte, siempre que conozcan que les faltan medios para hacerlo feliz y prospero?

27Y con efecto: por poco que se atienda al punto en que consisten las obligaciones de los Parrocos, se conocera con evidencia que una de ellas es corregir la ignorancia de que hablamos, siempre que la hubiese; se hallará repetido en los Libros Santos, que la principal de sus obligaciones es encaminar a los hombres por sus instrucciones a cumplir con la mayor [fol. 264] exactitud la voluntad del Hacedor Supremo.

28La voluntad del Señor no solo es que se observen sus leyes, y las hagan observar; sino también que contribuya con el mayor esmero al cumplimiento de las ordenanzas, é intenciones de las supremas cabezas de las Republicas en que están incorporados; y últimamente que no omitan trabajo ni fatiga por la subsistencia de sus feligreses, y por hacer feliz el beneficio de la existencia que han recibido del Cielo.

29Tan cierto es esto, como el que de la buena dirección de la Agricultura depende la mas fácil subsistencia de los Labradores, asi para gozar de beneficio de su existencia en el cumplimiento de las Divinas leyes, como para poder satisfacer a las disposiciones y deseos de sus Soberanos, los quales no tienen quizá mayor interés, que el que se exercite la Agricultura con la perfeccion posible; pues no solo subministra materia y fomento al comercio, y a todas las demás profesiones y oficios, sino aun a los que los exercen; [fol. 265] dexando aparte que es como un fecundo manantial, del qual proviene la felicidad de los pueblos, las rentas públicas, el lustre de los Imperios, y la gloria de quien los gobierna.

30Ahora bien: si los Labradores o por falta de inteligencia, o por sobrada adhesión a las preocupaciones heredadas de sus mayores, no lo hiciesen o lo hiciesen imperfectamente, y por consiguiente no cumpliesen como deben la voluntad del Criador, entonces parece que los Curas ó Parrocos deben desengañar de sus preocupaciones, y proporcionarles con reglas oportunas las luces que pueden ponerlos en estado de satisfacer cumplidamente la Divina voluntad; y de otra manera faltarían a aquel principal encargo a que están estrechamente obligados por la esencia del Ministerio Sagrado y respetable que profesan, y se podrían comparar a aquellos Pastores e ignorantes o descuidados, que en lugar de cuidar en guiar sus rebaños a los pastos saludables y copiosos les dexan caminar a su antojo, [fol. 266] buscando un pobre y escaso alimento de miserables yerbas envueltas en zarzas y matorrales.

31Acaso dirá alguno, que si los Curas de las Aldeas estuviesen obligados a instruir a sus feligreses en la Agricultura, por la misma razón lo estarían igualmente los de las Ciudades, y demás pueblos a enseñar respectivamente a los suyos las mejores reglas de las artes que profesan; pero como la inteligencia, en tantas y tan diversas artes pide una multitud de noticias, que no es posible hallar unidas en aquellos Eclesiasticos que toman el oficio de Parrocos, es preciso concluir, que solo las toca inculcar indistintamente a todos los que tienen oficios útiles a la República el cumplimiento de sus obligaciones; puesto que su principal cuidado debe consistir en hacer a los hombres del todo espirituales, y celestes.

32A la verdad, la reflexión no puede ser mas santa; pero no pretenderán por ella dispensarse de instruir a los feligreses en el oficio en que los constituyó la Providencia y que estableció [ fol. 267] como exercicio fundamental de los hombres. Yo procuraré demostrar que están obligados a esto por razones no menos eficaces, que las que acabo de proponer [S. C.]

33Continua el discurso sobre el problema8

34O vosotros á quienes destinó el Cielo para instrumentos de tantos bienes, yo deseo que su contemplación os haga solicitos al trabajo, para que se aprovechen de ellos los hombres, y gocen el fruto! Y si para conseguirlo fuese necesario hacer pruebas agronómicas, dirigir operaciones campestres, poner por escrito vuestras pruebas, vuestras direcciones en los ensayos rusticos, y comunicarlas al público con el objeto de promover el bien común, sabed que estos empleos [fol. 290] lejos de oponerse, honran la dignidad del Sacerdocio que os distingue.

35¿Por ventura no exercitaron en otro tiempo la agricultura todos los venerables Patriarcas del antiguo Testamento9, Sacerdotes natos, y los mas respetables por el candor del animo, y por la elevación de sentimientos? ¿ No se aplicaban a esto los antiguos y santísimos Monges, y Hermitaños en los vastos desiertos de la Nitria y de la Thebaida10? ¿No deben casi todas las naciones cultas de Europa al insigne orden Benedictino el desmonte de vastísimos terrenos incultos, que al presente están poblados de gente, de campos fértiles, y amenos sobre todo encarecimiento? ¿Acaso no prescribió a sus Monges el gran San Bernardo la labor de las tierras11? ¿No se dedican a ella los de la Trappa12, y los Hermitaños de la estrecha observancia de la Camandula13? El Español San Isidro se cuenta en el numero [fol. 291] de los Santos que amaron la agricultura, y la practicaron14; el Gran San Paulino, primero Obispo de Nola, que vivía en tiempo de San Ambrosio y de San Agustin, es sumamente alabado por esto, y se conserva la memoria de su grande pericia en el cultivo de los huertos15. El Santo Obispo Espiridion, del tercer siglo, conducia por sí en la Isla de Chipre un numeroso rebaño de ganado; y es verosímil, que además de las tierras en que le proporcionaba el pasto, tuviera otras para dedicarse al cultivo16. San Geronimo Aemiliani, Ciudadano de Venecia, y Fundador de la Congregacion de los Soniascos, se mezclaba en el campo con los trabajadores, y labraba con ellos, buscando de este modo ocasión de instruirlos en la doctrina Christiana17. Bien sabido es, que la mayor parte de los Obispos de Francia, que pasan por rigidos observantes de la disciplina Eclesiastica, cuentan [ fol. 292] por una distinción estar alistado en las Sociedades Economicas establecidas en su Reyno, poniendo todo cuidado en hacerse útiles al público, sin embargo de sus tareas Pastorales18. Varios Curas doctos de la misma Nacion han compuesto excelentes instrucciones Agronomicas, dictadas en forma de Dialogos para el uso de los labradores. Tales son la intitulada: Manual de Labradores y otra llamada: Brujula Agronomica, Monseñor Vinciguerra, de la nobilísima y antiquísima familia de los Condes de Collalto y de San Salvador, Abad de Narvesa en el Estado Veneciano, no contento con lo que ha hecho en una dilatada posesión suya llamada Mandre, para exemplo de lo que puede hacer la mas industriosa agricultura a fin de que la tierra produzca con mas abundancia y riqueza quantos frutos pueden desearse, quiere que los Parrocos sujetos a su jurisdicción [fol. 293] intruyan a los labradores en este arte, no los elige sin tener alguna inteligencia de él, o con disposición de adquirirla a fondo, para que se hagan mas útiles a estos, a su país, y al Estado. El Fundador de la Academia Florentino de Georgofilos, escritor y cultivador excelente al & mismo tiempo, fue el padre D. Ubaldo Montelaci, Abad del Instituto de los Canonigos Lateranenses19. Uno de los miembros respetables de esta Academia es el docto Eclesiastico Fernando Paoletti, Plebano de Villa Magna, no distante de Florencia, muy conocido pro sus Pensamientos de Agricultura y por el Apendice a ellos20. En el prefacio de esta obra no solo se hace ver, para confusión de sus malignos censores, que no es ageno de los Parrocos el aplicarse a la economía campestre, sino que están obligados a instruir en ella a los ignorantes [fol. 294] labradores, y al mismo tiempo justifica su practica, y el zelo con que exerce este caritativo oficio, tanto que mereció unos elogios muy singulares de su ilustradísimo Soberano Pedro Leopoldo, Archiduque de Austria, y gran Duque de Toscana21. Monseñor José Hipolito, Obispo de Cortona, está igualmente en el numero de los Eclesiasticos beneméritos en esta clase. Suya es una Carta anónima parenética, o exhortatoria22, dirigida a demostrar las obligaciones de los propietarios, respecto de los labradores, y de estos respecto de aquellos. En ella, después de dar a la religión el lugar que se merece, es decir el primero, se muestra lleno de humanidad política [fol. 295] civil; y a demás plenamente instruido en la Agricultura, Positos, Comercio, Computo, y quanto puede tener relación con el asunto; cuyas noticias suponen un estudio profundo de la economía civil, y particularmente de la rustica. Como los exemplos de los Ministros de las Iglesias protestantes, y Reformadas no hacen al caso para nosotros, omito citar muchos que formarían un dilatadísimo catálogo. En él se comprehenderían infinitos de Alemania, Inglaterra, Holanda, Suecia, Dinamarca y Cantones Suizos, que tienen por obligación instruir a los labradores en las operaciones del campo, y lo hacen con utilidad conocida. Baste nombrar al ilustre Bertrand, Ministro de la Iglesia Francesa de Obra en los Suizos, y al señor Meyer, Ministro de Kupfercel en el circulo de Nuremberga. De estos dos Sabios, tan conocidos por lo mucho que se interesan en la mencionada instrucción, tenemos memorias sobre puntos importantes de economía política y rural, que han merecido los premios de la mas celebre de las Sociedades [fol. 296] Georgicas de Europa23, juntamente con la admiración de los sabios de la republica de las letras.

36Pero volvamos a los Catolicos entre los quales ha habido algunos Eclesiasticos que se han señalado, abriendo a la humanidad un campo dilatado, para aprovecharse de sus observaciones, y tareas agronómicas. [S.C.]

37 Continua el discurso sobre el problema24

38Sabemos que Alberto Magno compuso un tratado de Agricultura, y que MonSeñor Fernando Nuzzi escribió excelentemente sobre el modo de cultivar la Campaña de Roma. Tenemos un Libro precioso del cultivo de las tierras, su autor el Padre Natal Magazini, Monge de Valumbrosa; de las viñas, y del modo de hacer los vinos trató ya, entre otros, Mr. Boulai, Presbitero y Canonigo de la Catedral de Orleans; Natal Chomel, Parroco de S. Vicente de Leon, formó el Diccionario [fol. 306] Economico, obra vasta, y nada vulgar mayormente con las muchas adiciones que se han hecho en estos últimos tiempos. El Padre Canvalon del Oratorio publicó hace nueve años el Manual de los Campos; de Claudio Cortecau canónigo de Paris hay una buena versión francesa de Columela. Los dos jesuitas Jacobo Vanier, y Renato Rapin han enrequicido el católogo de los Escritores Geoponicos con dos excelentes poemas latinos, unos intitulado: Praedium rusticum y otro Hortorum libri quatuor A imitación de estos escribió su Botanicorum el padre Eulalio Sabastano. De Pedro Quinquerau Obispo de Senes hay un nuevo método de plantar los arboles frutales; y sobre el modo de cultivarlos se dio a la prensa en Florencia el año de 1769 un bellísimo tratado del Abate Cerati, uno de los mayores amigos de Montesquieu, y de quien dixo este: vos valeis para mi por toda la Italia25. Acerca de la hydropesia de las [fol. 307] Moreras, sacó a luz un opúsculo el Señor Abate Cattaneo, ahora Vicesecretario de la Sociedad Patriotica de Milan; y el Abate Albertis Salodiano compuso una obra doctisima sobre otras muchas enfermedades a que están sugetas. Mucho antes trató con extensión el docto Eclesiastico Mr. De Sauvages del cultivo de los mencionados arboles, y de la cria de los gusanos de seda. Ultimamente ha dado diligentes observaciones practicas relativas a estos insectos Goronimo Bruni, Arcipreste de la Aldea de Mansué en el Estado Veneziano26. El docto y erudíto Abate Francisco Gemeli dio a luz una obra perfecta en dos tomos sobre el modo de hacer que florezca, la agricultura en la Isla de Cerdeña27 y Glicerio Fontana, Sacerdote Milanès de las Escuelas Pías, acaba [fol. 308] de publicar ocho tomos de un nueva Diccionario de Economia Campestre, enriqueciendo a Italia con una obra de este genero, que no tenia28. El presbítero Don Francisco Scotoni nos facilito el año de 1772 una nueva edición29 del célebre recuerdo de Agricultura de Camilo Tarello de Lonato; y por fin en el Diario de Agricultura30 hay muchas Memorias escogidas de varias personas Religiosas, y entre ellas del sabio Conde Geronimo Silvestri, Canonigo de la Iglesia de Rubigo; del Preboste Ghendi en el Ferrares; y del Naturalista Abate Batara de Rimini. Este escribió de propósito acerca del cultivo de las vides, de los olivos, y de los cañaverales, dejando aparte su obra [fol. 309] tan conocida, y las notas con que ilustró el catálogo circunstanciado del Museo Kirleriano, publicado primero por el Padre Bonani, y producido de nuevo en Roma por el Abate Amaduzzi.

39Por lo que toca al Arte de la Jardineria, ramo muy considerable de la agricultura, tenemos la celebre obra sobre el cultivo de las flores del Clerici, Sacerdote Paduano; los Hesperides, y la Flora del Padre Juan Bautista Ferrari Jesuita; y el apreciabilisimo Manuel de Jardines del padre Agustin Mandirola Franciscano. En suma, todas las clases de la Gerarquía Eclesiastica, sin exceptuar las Religiones mas exemplares y austeras, nos ofrecen Escritores en este, ó aquel ramo de Agricultura31, sin contar las obras insignas de Agapio [fol. 310], Monge Cretense, de Claudio San Estevan, Monge de San Bernardo, de Luciano Montif, y de Timoteo de Roll, ambos Capuchinos Alemanes, de Fray Gregorio de Reggio también Capuchino, de Don Silvio Boccone de Orden Cisterciense, de Ludovico Fevilee Minimo, y de Jacobo Barelier Dominicano, y otras muchas.

40Todos estos doctos y religiosisimos Eclesiasticos al paso que estaban penetratos de la grandeza del Sacerdocio, conocían que lejos de repugnar a este sublime estado, es muy propio de él instruir a los pueblos con la voy, y con los escritos en la Agricultura, no solo por que fue instituida Por Dios, y enseñada por él al hombre con preferencia a todas las demás Artes, sino también porque en sentir de un antiguo Escritor paganos es consanguínea de la Sabiduría32.

41En efecto Solomon a quien adornó el Altisimo de toda Sabiduría, no careció de ningún conocimiento, y asi escribió también clara y expresamente sobre la Agricultura, tratando acerca de las plantas desde el Cedro del Libano, hasta el hisopo33; porque sabía que mediante la instrucción se llenan los graneros y bodegas de frutos abundantes, y preciosos: In doctrina repblebuntur cellaria, universa sustantia presiosa pulcherrima34.

42Notas de pie de páginas

431 Esta parte del discurso se publica en el N° 8 del Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala del día 15 de agosto de 1815, fol. 113-119.

442 Esta parte del discurso se publica en el N° 9 del Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala del día primero de setiembre de 1815, fol. 129-144.

453 Esta parte del discurso se publica en el N° 17 del Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala del día , del día 15 de enero de 1816, fol. 257-288.

464 [Nota presente en el texto: cap. 32. V. I y 2] Se trata del Eclesiastico, libro corto del antiguo testamento que contiene aforismos y cuya temática general es bastante pesimista.

475 [Nota presente en el texto: cap. 37. V. 13]

486 [Nota presente en el texto: cap. 7. V. 16]

497 [Nota presente en el texto: cap. 2. V. 15]

508 Esta parte del discurso se publica en el N° 19 del Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala del día primero de febrero de 1816, fol. 289-296.

519 [Nota presente en el texto: Genesis, Cap. 4 V. 2 y Cap. 9 V. 20 y Cap. 25 V. 27 y alibi]

5210 El desierto de “Nitria” es uno de los monasterios cristianos más temprano ubicado en Egipcia. De la misma manera el desierto de “Thebaida” está en Egipcia cerca de Luxor. Fue el lugar de retiro de San Pablo uno de los primeros ermitaños. Véase Benito de Núrsia, La Regla de San Benito, explicada según su verdadero espíritu, por el autor de la santidad y deberes de la vida monástica, (Vda de Ezquero, 1792), pág. 96.

5311 Se trata de Bernard de Fontaine, conocido como Bernardo de Claraval (en francés: Bernard de Clairvaux), nacido en el Castillo de Fontaine-lès-Dijon, (Borgoña) en 1090 y murió en la Abadía de Claraval, Ville-sous-la-Ferté, Champaña-Ardenas, Francia el 20 de agosto de 1153. Fue un monje cisterciense francés y abad de la abadía de Claraval.

5412 Es una orden fundada en Francia en reforma de la orden de Cister. La Orden Cisterciense de la Estricta Observancia (O.C.S.O. por su nombre oficial, en latín, Ordo Cisterciensis Strictioris Observantiae), conocida como Orden de la Trapa, es una orden monástica católica, cuyos miembros son popularmente conocidos como trapenses.

5513 Forma popular de llamar la Orden de la Camáldula, parte de la comunidad monástica de los benedictinos, que se rige por el modo de vida descrito en la Regla de San Benito según el modo eremítico.

5614 Se trata de un santo de la Iglesia católica del siglo XII de origen humilde y que tenía entre otros oficios el de labrador. Es muy popular en España y en América Latina. En Centroamérica es el patrón de la ciudad de La Ceiba (Costa atlántica de Honduras).

5715 [Nota presente en el texto: continuadores de Bolando; en el dia 22 de Junio] Paulino de Nola, nacido como Poncio Ancio Meropio (Burdeos, 355- Nola 431) fue un religioso francés, obispo de Nola, diócesis situada en la provincia de Nápoles, en el siglo V. Es venerado como santo de la Iglesia católica y considerado el patrón de los campaneros.

5816 Se trata de San Espiridón de Tremitunte, (ca. 270–348), obispo de Chipre. Es santo, taumaturgo y confesor para la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa.

5917 Se trata de Jerónimo o Girolamo Emiliani (Venecia, 1486 – Somasca, 1537). Religioso italiano, fundador de la Congregación de los Clérigos Regulares de Somasca. Es considerado padre de los huérfanos y protector de la juventud desamparada.

6018 [Nota presente en el texto: véase el tomo 1 de las actas de la Real Sociedad de Agricultura de Bretaña].

6119 El prelado conoce el ejemplo de la primera academia de la agricultura que fue fundada en Florencia por Ubaldo Montelaciti en 1753. Véase Jesús Astigarraga y Javier Usoz, L‘économie politique et la sphère publique dans le débat des Lumières, (Madrid, Casa de Velázquez, 2013), pág. 115.

6220 [Nota presente en el texto: vease el primero de estos libros salió a luz en Florencia el año de 1772 y el otro el de 1773].

6321 Se trata de Leopoldo de Habsburgo-Lorena (Viena, 5 de mayo de 1747 – id. 1 de marzo de 1792), archiduque austriaco y luego emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

6422 [Nota presente en el texto: Reimpresa en Florencia en 1774 por Juan Bautista Stechi con ese titulo: Carta Parenetica y Moral Economica de un Parroco del Valle de Chiana a todos los propietarios, concernientes a sus obligaciones con los labradores, a la qual va adjunta una instrucción sobre la educación, y obligaciones de los labradores, del mismo autor].

6523 [Nota presente en el texto: De la Sociedad Economica de Berna, en cuya colección hay tres Memorias, dos pertenecientes al Señor Bertrand, y otra al Señor Meyer. De las del primero, una se dirige al cultivo de las tierras pantanosas, y otra es un Ensayo de legislación para fomentar la agricultura, y favorecer con respecto a ella la población, manufacturas y Comercio. La del Señor Meyer tiene por objeto el beneficio de las tierras por medio de la mezcla de unas con otras. Se han traducido en casi todas las lenguas cultas de Europa y reimpreso en varias partes. Se hallan otras Memorias del mismo Meyer, que han ganado también el premio de algunas Sociedades Económicas de las mas distinguidas de Alemania].

6624 Esta parte final del discurso se publica en el N° 20 del Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala del día 15 de febrero de 1816, fol. 305-311.

6725 [Nota presente en el texto: Este excelente Tratado se publico en Florencia después de muerto el autor, y sin su nombre]

6826 [Nota presente en el texto: En Venecia el año de 1776 en la imprenta de Gaspar Storti]

6927 [Nota presente en el texto: Esta obra en dos tomos en quarto se imprimió en Turin año de 1776]

7028 [Nota presente en el texto: En casa de Federico Ageli en Milan]

7129 [Nota presente en el texto: En casa de modesto Fenzo en Venecia]

7230 [Nota presente en el texto: En casa de De Benedicto Milloco en Venecia. De esta obra han salido catorce tomos]

7331 [Nota presente en el texto: El que quisiere aumentar el Catálogo, podrá recurrir a la Biblioteca Betanica del Sr. Baron Alberto de Haller, impresa en Zurich, y el articulo Scriptores Geoponice]

7432 [Nota presente en el texto: Sola res rustica sine dubitatione próxima quasi consaguiena sapienti est, Columella lib. 1 cap. 1]

7533 [Nota presente en el texto: Disputavit super lignis a Cedro qua est in libano usque ad hysopum quae agreditur de pariete Reg. 3. Cap. 4][Nota presente en el texto: proverb. Cap. 24 v. 4]