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AFEHC : bibliografia : Labor and love in Guatemala: the eve of independence : Labor and love in Guatemala: the eve of independence

Ficha n° 3896

Creada: 19 febrero 2015
Editada: 19 febrero 2015
Modificada: 05 abril 2015

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Autor de la ficha:

Paul LOKKEN

Editor de la ficha:

Adriana ALVAREZ SÁNCHEZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Labor and love in Guatemala: the eve of independence

Reseña de un libro que ofrece una interpretación innovadora del cambio social, económico y cultural en la Guatemala urbana poco tiempo antes de la Independencia.
1187
Palabras claves :
Trabajo forzoso, Repartimiento, Esclavismo,
Categoria:
Libro
Autor:

Catherine Komisaruk

Editorial:
Stanford University Press
Fecha:
2013
Reseña:

1Este libro ofrece una interpretación innovadora y en buena medida convincente del cambio social, económico y cultural en la Guatemala urbana durante el aproximadamente medio siglo previo a la Independencia. Amerita una cuidadosa lectura por parte de los estudiosos, no sólo de la Centroamérica Colonial, sino también de su posterior trayectoria histórica como país independiente. Prolijamente dotado de elucidatorias pruebas documentales y críticamente comprometida con la historiografía de relevancia, la interpretación entreteje hábilmente una honesta valoración de las poderosas fuerzas económicas que impulsan los cambios socio-culturales y en las experiencias personales de los individuos en cuyas decisiones se manifiestan estos cambios. Dejando a un lado algunas erratas, la escritura es clara y el análisis casi inequívocamente agudo.

2 El desarrollo económico clave en que Komisaruk centra su análisis es la mengua gradual de los tradicionales sistemas coloniales de trabajo forzoso – en particular, del repartimiento indígena y del esclavismo de africanos – frente a la constante expansión del trabajo por contrato. La autora sostiene que este cambio, y los cambios sociales que lo acompañaron, tuvieron lugar en su mayor parte durante el período estudiado, antes de su confirmación legal en las reformas de la Guatemala independiente. Así, por ejemplo, la abolición formal de la esclavitud en 1824 fue poco más que el reconocimiento oficial de un proceso, esencialmente completado, que vio aquella institución “gradualmente desmantelada por las respuestas de esclavos y esclavistas a las particulares estructuras de la esclavitud a nivel local” (68-9). Los detalles de este proceso y el paralelo desmantelamiento de las formas de trabajo indígena administradas por el Estado en favor de la contratación privada se abordan en los capítulos iniciales del libro.

3 Esta privatización de las formas de contratación laboral proporciona el contexto explicativo para la posterior consideración de los cambios demográficos, sociales y culturales en el entorno de la capital, y la aceleración de ese cambio con la construcción de la Ciudad de Guatemala tras el devastador terremoto de 1773 en Santiago de Guatemala (hoy La Antigua Guatemala). De forma significativa, Komisaruk identifica los agentes clave del cambio en aquellas personas de ascendencia plural – indígena, africana y europea – que empezaban a ser identificados como ladinos en el sentido moderno del término, es decir, no indígenas. Por encima de todo, sostiene, el cambio se personificaba más claramente en mujeres no españolas, de orígenes económicos modestos, que habitaban el entorno urban(izad)o. La autora postula que en una ciudad en la que existía una relación global de dos a uno entre mujeres y hombres a finales del siglo XVIII, ellas conformaron la mayoría de la población de la capital y pronto constituyeron una presencia económica y social dominante, incluso en un centro de la ciudad reservado en teoría para la élite colonial, y especialmente como encargadas y/o proveedoras del abasto de alimentos.

4 De acuerdo con el texto, los orígenes de esta mayoría urbana estaban en la migración generalmente femenina de los pueblos de indios y otros lugares rurales, debida a la tradicional división del empleo por género, como es el caso del servicio doméstico frente a la mano de obra agrícola. Esta migración, a su vez, impulsó la transformación cultural de la ciudad hacia la formación de hogares encabezados por mujeres, acelerando los procesos de mestizaje e intensificando la castellanización, sobre todo la de las mujeres y las niñas indígenas. Esa transformación, en consecuencia, tuvo su efecto en las estructuras familiares y comunitarias en los lugares de origen de los migrantes, como sucede hoy día (sin grandes cambios) con las remesas, tal y como observa Komisaruk.

5 La evidencia documental para esta discusión, que es el corazón del libro, llega particularmente de registros judiciales, vistos por Komisaruk como el reflejo más fiel de la vida cotidiana de los habitantes ajenos a las élites. La autora extrae la información de los expedientes legales para revelar las actividades económicas del día a día, las relaciones familiares y sociales, y, cuando menos de forma indudable, las actitudes de toda una variedad de mujeres de origen en su mayoría indígena, africano o mestizo empleadas (y a menudo autoempleadas) en nichos ocupacionales tales como el servicio doméstico, la instrucción, la producción de tortillas, la elaboración de chicha, el tejido, la cocina, la distribución de carne y la propiedad de tabernas.

6 Aquellos lectores actualizados – historiográficamente hablando– sabrán apreciar la manera en que el libro se basa explícitamente en los estudios clásicos de las capitales realizados por profesionales como Christopher Lutz e Inge Langenberg, al tiempo que propone modificaciones concluyentes, por ejemplo, a la comprensión de la evolución y preponderancia de la mayoría femenina urbana en esas obras. La autora también confluye provechosamente con la reciente e inédita investigación que, sobre el mismo período de la historia de Guatemala, llevan a cabo, entre otros investigadores, Leonardo Hernández y Ann Jefferson, y con estudios sobre las mujeres en otras sociedades coloniales latinoamericanas y – especialmente en su capítulo final sobre los hogares, el género y la sexualidad – con el análisis que Steve Stern hiciera sobre el género en el México colonial.

7 En su último capítulo, Komisaruk emprende una discusión a fondo del segundo de los temas principales del libro, el amor, que para fines analíticos definió previamente como “esencialmente un enfoque hacia los […] contextos de reproducción” (9). El término también funciona aquí como símbolo de un desafío añadido a la significación social frecuentemente atribuida al concepto de honor en los estudios de la América colonial española. Según la autora, no sólo el matrimonio formal era relativamente poco frecuente en el entorno urbano, sino que, además, las decisiones tomadas por mujeres sobre sus relaciones sexuales se basaban principalmente en razones distintas de la preocupación por las normas sociales fundadas en la noción de honor. Este acento en las actitudes tiene por efecto las conclusiones más intrigantes del libro, pero también las más discutibles por especulativas. Por ejemplo, una pequeña muestra de las demandas estudiadas, principalmente de disputas de paternidad, revelan según la autora que las mujeres eran mucho más propensas a preocuparse por la manutención de los hijos que por su reputación social. Esta afirmación atrae por la atención puesta en la importancia de las circunstancias económicas, a pesar de la escasa base probatoria, pero es quizás inconsistente con la sugerencia de la autora de que el honor era, de hecho, importante para los hombres.

8 Las muchas virtudes del libro, a las que habría que añadir su verdadera incorporación de los africanos y de sus descendientes en el análisis como actores históricos significativos en la Guatemala colonial, así como la atención puesta en la raza como un arma social, claramente superan sus defectos. Más aún, el énfasis puesto en la agencia de los individuos ajenos a las élites no enturbia el significado histórico de las profundas desigualdades sociales. Por contra, la investigación de Komisaruk sobre la vida de personas como María Magdalena Mijangos, mulata, panadera y tutora privada, trata directamente de corregir y perfeccionar nuestra comprensión de las desigualdades que configuraban aquellas vidas. Su bien sustentado argumento de que, paradójicamente, “las relaciones de género en el trabajo y en el amor siguieron reproduciendo desigualdades étnicas y económicas, incluso durante el desmantelamiento de las viejas instituciones coloniales que una vez las sustentaran” (15) hace precisamente eso.

9Paul Lokken, Bryant University (plokken@bryant.edu)

10(Traducido del inglés por David Domínguez Herbón, la primera publicación se hizo en Canadian Journal of Latin American and Caribbean Studies, Revue canadienne des études latino-américaines et caraïbes Volume 38, Issue 2, (2013) Special Issue: Knowledge Transfer, Product Exchange, and Human Networks in the Circum-Caribbean, pp. 340-342 ) Agradecemos el permiso dado por la editorial de publicar dicha reseña sin cargo.

Fuentes :

Para comprar el libro: http://www.sup.org/books/title/?id=11384

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