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AFEHC : articulos : La participación del arzobispo Casaus y Torres a la Ilustración en el Reino de Guatemala. : La participación del arzobispo Casaus y Torres a la Ilustración en el Reino de Guatemala.

Ficha n° 3898

Creada: 19 febrero 2015
Editada: 19 febrero 2015
Modificada: 21 febrero 2015

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Catherine POUPENEY HART

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La participación del arzobispo Casaus y Torres a la Ilustración en el Reino de Guatemala.

Este artículo llama la atención sobre la fuerte participación del arzobispo Casaus y Torres a la Ilustración, participación ocultada en la historiografía hasta nuestros días e interesante para reflexionar sobre la naturaleza de los procesos de difusión de las Luces debido a la doble formación académica del prelado (estudios preuniversitarios en España y estudios graduados en México), a la importancia de las redes sociales que construyeron su personalidad y su percepción del mundo y por la dimensión atlántica de su carrera. Aunque el ensayo no cierra la investigación sobre un punto que obliga a la consulta de una gran cantidad de documentos (en particular las miles de páginas impresas por Casaus y Torres a lo largo de su vida), hay suficientes pruebas como para intuir que la postura política radicalmente pro monárquica y pro católica no era incompatible con un compromiso sincero con la consolidación de un espacio social moderno propicio a los debates públicos, con el desarrollo de una política favorable a la preservación de la vida de los más pobres y en general con defensa de los valores humanistas. Si la historiadora Coralia Gutiérrez Alvarez lamenta en un artículo reciente de Nuevo Mundo Mundos Nuevos la falta de “un estudio biográfico del Arzobispo Ramón Casaús, uno de los personajes centrales de la primera mitad del siglo XIX”, tal trabajo, sin un esfuerzo de objetividad, se limitaría a describir la “reacción furiosa de un conservador”. Tomar en cuenta que el hombre vivía en una época de considerable apertura política y que su posición personal ante esos cambios no era cerrada como se escribió a saciedad nos ayudará a entender que el papel jugado por él durante el periodo de la Independencia fue más complejo y bastante contradictorio.
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Palabras claves :
Ilustración católica, Mentalidad, Independencia, Humanismo, Redes sociales, Ideas
Autor(es):
Christophe Belaubre
Fecha:
Diciembre de 2014
Texto íntegral:

1 Se suele considerar que las ideas de la Ilustración estaban opuestas al catolicismo – el cristianismo tradicional estaba rechazado con cierta unanimidad – y llevaron el germen de la descristianización de las sociedades y por extensión a la emancipación política de los pueblos1. Sin embargo dicha visión fue revisada por los historiadores para hacer de la Ilustración un movimiento cultural heterogéneo cuya traducción más evidente fue el paulatino desarrollo en la sociedad del ideario de libertad y la búsqueda de la “felicidad pública2”. Aunque considerada durante mucho tiempo como un movimiento marginal dentro de las sociedades europeas, la Ilustración española no se escapó de los debates historiográficos que ritmaron la construcción de las naciones. Así el estudio de las Luces se inició con el trabajo del historiador francés Jean Sarrailh quien fijaba el proceso al oponer de manera artificial la cultura elitista de progreso y la cultura popular de resistencia. La obra del historiador norteamericano Richard Herr fue, en un sentido una crítica del primero, en la medida que considero que era la tradición cristiana de España la que dominaba la sociedad e impedía todo tipo de cuestionamiento social. Para el historiador español Antonio Elorza fueron los valores burgueses los que se impusieron y el siglo se resume a un análisis del avance paulatino del cuerpo de ideas liberales que dieron el poder a esa parte de la sociedad3. Más allá de estos debates historiográficos sigue siendo interesante subrayar que numerosos representantes de dicha “Ilustración” se reclutaron en los rangos del clero – el monje benedictino Benito Feijoo para citar el más famoso pero también el jesuita Andres Marcos Burriel, el agustino Enrique Flórez,…- y no hubo ningún deísta o ateo dentro del grupo más emblemática de la Ilustración española (de Campomanes a Jovellanos pasando por Mayans). En cuanto al imperio colonial americano el movimiento tuvo caracteres propios debido a la distancia entre el rey y sus súbditos, al arraigo del catolicismo en la sociedad y a su papel de cemento entre pueblos criollos, indígenas, mestizos y africanos4. Dentro de esa gran cantidad de acercamientos históricos llama la atención que fueron varios los que vieron la necesidad de no considerar tanto la “ilustración” sino “las ilustraciones” y eso para distinguir los procesos políticos dirigidos contra la Iglesia católica de los que se servía de ella. Esa “segunda” ilustración, a veces llamada “ilustración católica”, considera que, aunque en posición de debilidad después de la Revolución Francesa y a pesar de la hostilidad declarada de ciertos papas hacia la Ilustración, siempre hubo una corriente de prelados que consideraban que “la razón y la religión compartían una misma «luz natural» obra del Creador5”. Sin pretender cerrar ese fructífero debate es sin embargo evidente que las ideas ilustradas fueron introducidas en la Iglesia y que no lo fueron únicamente desde fuera, sino que se desarrollaron también en su interior, siendo el máximo representante de dicho movimiento en el Reino de Guatemala el fraile franciscano José Antonio Goicoechea6. No podía ser de otra manera; de lo contrario, casi todas las cabezas rectoras de la Iglesia habrían vivido al margen de su tiempo, algo poco concebible cuando uno toma en cuenta, como lo ha hecho el pensador italiano Antonio Gramsci, el papel histórico de clero, o sea los intelectuales orgánicos, en la sociedad7.

2Aunque más conocido por su posición política al lado de los conservadores, primero en defensa de la Corona y después durante la Federación centroamericana, el arzobispo Ramón Casaus y Torres es considerado por Francisco García Peláez como “uno de los más eruditos prelados que hubo en su tiempo en la América Hispana8”. Aunque dicho juicio no sorprende al estudioso que se toma el tiempo de leer las múltiples contribuciones impresas por Casaus y Torres a lo largo de su vida americana9, hay que reconocer que se trata de una opinión bastante aislada, perdida en un océano de juicios de valor negativos, cuando no despectivos, dentro de un flujo de libros que se esforzaron en construir y consolidar un edificio historiográfico maniqueo y sencillo10. Que este juicio de valor emitido por alguien que lo conocía bien no haya sido tomado en cuenta no sorprende tampoco, debido al enfrentamiento muy duro que libraban entonces el grupo político liberal – cuya base social era frágil – y las familias de poder de la ciudad de Guatemala apegadas en su mayoría a los intereses de la Iglesia (grupo conservador11). Además, la palabra de García Peláez era descalificada por su condición de sacerdote y eso a pesar de la prudencia que él asumió durante el periodo de crisis político vivida por Centroamérica entre 1821 y 1829, prudencia que hizo de él un candidato aceptable a la sucesión de Casaus y Torres en 1843. De la misma manera el juicio hacia esa parte de la acción pastoral del prelado en Centroamérica padeció de la comparación con el periodo anterior de Ilustración vivido bajo el liderazgo del oidor Jacobo de Villaurutia12. Hoy en día muchos historiadores consideran que el periodo de mando de Casaus y Torres coincidió con una política general de oposición al “contagio ideológico ilustrado”, aminorando cuando no ignorando varias ideas y actuaciones que deben permitir matizar dicha interpretación y afirmar que, aunque no siempre con una plena conciencia, el propio Casaus y Torres participó en la construcción de un modelo socioeconómico bastante alejado de los principios culturales dominantes del periodo absolutista y que su decisión de jurar la Independencia en 1821 no estaba en total contradicción con sus convicciones13. En realidad su pensamiento, nutrido por una reflexión personal y profunda sobre la condición humana, representaba un intento original por hacer de la Ilustración un movimiento compatible con la religión católica. Además el hombre nunca rechazó el debate público sobre la naciente “economía política” y apoyó abiertamente todas las iniciativas que permitían la consolidación de la esfera pública. Fuera de su defensa de la monarquía española (sería incluso mejor decir en favor de la hispanidad) y de la fe donde sus posiciones estaban fijadas en el mármol, se trataba de un hombre que buscaba con sus escritos el fomento de nuevas dinámicas intelectuales y sociales. El historiador cubano Antonio Bachiller y Morales, publicó en Madrid, poco después de su fallecimiento, un breve artículo para honrar su memoria. Consciente de que el prelado se había hecho muchos enemigos durante su vida, el autor consideraba sin embargo que “la literatura nacional reclama que se publiquen sus producciones en una colección que lleve a la posteridad su nombre y su fama14”. Evidentemente dicho juicio cubano entra en resonancia con el del guatemalteco García Peláez: nuestro objetivo será entonces tratar de entender cómo ese legado cultural haya podido ser borrado de la memoria de la historia centroamericana, y si, no sería interesante analizar este pasado con más objetividad sin, por lo tanto, hacer de Ramón Casaus y Torres un hombre excepcional sino más bien un hombre de su tiempo, formado para pesar sobre el destino de los demás, un hombre muy consciente de las evoluciones de las mentalidades de su tiempo15.

Los primeros signos de la apertura de Casaus y Torres hacia el espíritu de las Luces

3Si algo pudo haber llamado la atención de los vecinos de la ciudad de Guatemala en 1811 y convencerlos de que el nuevo arzobispo iba ser una persona fuera de lo común fue, sin duda, las circunstancias de su llegada. Aunque dicho tipo de entrada era bastante formal y organizado, según rituales escrupulosamente observados, era la primera vez que un hombre de su estatura llegaba con una fama de erudición ya establecida y una biblioteca personal impresionante. De hecho, lo acompañaba una caravana de mulas: su biblioteca estaba entonces valorada en 7072 pesos incluyendo más de 1000 libros de poesía, novelas y autores clásicos. En comparación, sus alhajas y su plata – 4504 pesos –, sus muebles – 1032 pesos- y su ropa de uso – 2003 pesos – representaban poca cosa16. Si su biblioteca era considerable, su fama no lo era menos porque, como él mismo lo confesaba en una carta, sus 23 años de vida en México habían sido tantas oportunidades de estudiar el sistema colonial y adaptarse al mismo con la idea de participar en el movimiento de progresos de la ciencia y de las artes17. Gran lector desde su infancia y consciente del poder de la pluma, Casaus y Torres había aprovechado su residencia en el convento de Santo Domingo de México para publicar varios ensayos en defensa de la fe. Desde 1794 había escogido al santo Pedro Mártir de Verona para denunciar una ilustración peligrosa cuando fomentaba la irreligión y el libertinaje, pero era también una forma de trazar un límite infranqueable y dejar espacio para participar en la medida que uno quedaba fuera de este límite18. Después de este primer sermón publicado, Casaus y Torres cultivó este gusto por el buen decir enviando a la imprenta por lo menos diez sermones hasta 1807 (con un mínimo de 20 folios y a veces hasta 60). Todo este trabajo impreso llegaba a Roma y a Madrid por canales oficiales, por lo que no tardó en recibir testimonios de aprobación19. Su inclinación hacia la retórica, que ejercía incluso en las aulas de la Universidad, le valió de la misma manera un reconocimiento de parte de la elite local de la gran ciudad de México. La familia del virrey de Nueva España (1789-1794), Juan Vicente Güémez Pacheco de Padilla Horcasitas, fue la primera en pedirle celebrar las honras fúnebres del difunto, una decisión que implicaba que preexistía una relación de confianza entre Casaus y Torres y dicha familia y que el orador escogido era ya de renombre20. Basándose en la necrología redactada en 1846, dicha relación fue intensa y temprana: “(…) parece que allí comenzaron sus relaciones con mi familia [la de Antonio Morales y Bachiller]: allí fué el íntimo amigo de los oidores D. Miguel y D. Rafael Bachiller, y como estos consejeros de S. E., también amigo del inolvidable habanero conde de Revillagigedo (…)”. Al parecer Casaus y Torres llegó a México con cartas de recomendación, lo que una vez más demuestra la necesidad de tomar en cuenta la dimensión atlántica a la hora de estudiar las carreras indianas21. Poco tiempo después pronunció el sermón dedicado a honrar la memoria del famoso prelado Alonso Nuñez de Haro (1729-180022). En esa época ejercía la función de calificador de la Inquisición, un puesto que ofrecía cierto honor pero sobre todo una carga de trabajo bastante intensa porque sus pareceres ayudaban el Inquisidor a dictar sus sentencias. Además de la práctica de la lectura de obras prohibidas que implicaba el cargo, Casaus y Torres podía acercarse a una gama amplia de debilidades humanas23. Solía entonces asistir a las sesiones de la Sociedad de los Amigos del País de México (según el testimonio de Antonio Morales y Bachiller en 184624), y la Real Academia de San Carlos de las Tres Nobles Artes hizo de él un académico honorario, mientras que la Sociedad Real de Jaca le dio en 1805 el rango de Socio de mérito, una decisión que muestra que el dominico estaba entonces vinculado con el movimiento ilustrado del Alto Aragón y que él era considerado como un buen informador del mundo americano. Su gran erudición estaba entonces plenamente reconocida cuando aceptó servir la diócesis de Guatemala, llamado a ser la personalidad intelectual más influyente, apenas superada quizás por el “sabio” don José Cecilio Del Valle.

4Este aparte hacia lo que la elite de la ciudad de Guatemala pudo haber conocido a la hora de recibir la noticia del nombramiento de Casaus y Torres para gobernar la diócesis no era inútil porque las elites locales, que quedaban con un recuerdo positivo ( y eso a pesar de ciertos conflictos puntuales) de la influencia del oficial real Jacobo de Villaurrutia en el desarrollo de la esfera pública de la ciudad de Guatemala, podían legítimamente apostar que dicha figura iba a contribuir a restaurar dichos años de propicios a los debates sobre los problemas económicos del Reino. Volvamos ahora al propio momento de la llegada: el nuevo prelado pidió a las autoridades de la ciudad que su recepción se hiciera de la manera más discreta posible, sin pompa para respetar los duros tiempos que las poblaciones vivían en aquella época: “(…) suplico que nadie se mueva para salir a recibirme, aunque haya costumbre. A lo sumo en el pueblo más inmediato desearia ver a Vmd. Soy enemigo de incomodar, y sufro mucho quando veo ceremonias y cumplimientos gravosos como lo de acompañar por los caminos. No permito que con tal objeto salga de esta nadie (…) No es tiempo para que un obispo admita semejantes obsequios25 (…)”. Dicha carta pudo ser una consecuencia de la miseria que el prelado encontró al pasar por las tierras altas de Chiapas y Guatemala: “(…) quando en el dilatado viage que he traido, transitaba por algunos pueblos de mi Diocesis, y fixaba la vista en muchas de mis ovejas, reducidas por su desidia o desconfianza, a una suma miseria26 (…)”. Llama la atención algo que confirmaría esa sensibilidad, a saber que Antonio Morales y Bachiller que lo conoció bien apuntó que su apellido y su actuación resonaban no sin mérito con él del gran dominico Bartolomé de las Casas27. Un discurso humanista y una práctica opuesta al desgaste que contrastaba fuertemente con lo practicado por sus antecesores que solían aprovechar el momento para invitar una comitiva numerosa y gastar mucho dinero. Eran sin duda los primeros signos de modernidad política que Casaus y Torres quería lanzar a los feligreses de su nueva diócesis. Impregnado por las ideas de su tiempo, el prelado se puso de inmediato a trabajar y una de sus primeras iniciativas lo llevó a emprender la construcción de un campo santo cerrado por muros muy cerca del Hospital de la ciudad28. Esta preocupación por las cuestiones de salud pública provenía tanto de su formación teológica como de su propia personalidad forjada en una región de España austera y bastante pobre. El canónigo José Maria Castilla , cuyo compromiso político con los sectores más reformadores de la sociedad colonial no puede negarse, lo consideraba “compasivo a la vista de las miserias humanas29”.

Casaus y Torres y la Sociedad Económica de Guatemala (1811-1821)

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Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala
Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala
Al presidente de la Audiencia Antonio González Saravia se debe sin duda la iniciativa de reanimar la Sociedad Económica de Guatemala, restablecida el 12 de diciembre 1810 tras diez años de suspensión, aunque la experiencia de Alejandro Ramírez en este campo y la actuación del diputado Antonio Larrazábal en Madrid fueron también decisivas30. Infelizmente para este segundo periodo, Ramírez, que había sido varios años editor de la Gazeta de Guatemala, salió de la ciudad de Guatemala (a finales de 1811) y no pudo poner su gran capacidad de trabajo al servicio del proyecto31. Dicha salida fue sin duda una mala noticia para Casaus y Torres porque sospechamos, por varios indicios, que existía una vieja relación de amistad entre los dos hombres que compartían la misma apertura hacia varias ideas de la ilustración. Así además de la carta enviada por el prelado a Ramírez en julio de 1811, existe un intercambio de servicios entre la familia Prado y el mismo Alejandro Ramírez que implica la intervención de Casaus a partir de 1819: así en esa época el prelado aceptó en el seno de su familia al joven Felipe Neri de Prado, quien había sido apadrinado por Alejandro Ramírez en 1804 cuando era secretario de cámara del presidente Antonio González Saravia32. El nuevo prelado iba también perder el apoyo del hombre fuerte del Reino, el coronel de las milicias José de Aycinena, director de la Sociedad Económica de Guatemala en agosto de 1811, quién tuvo que dejar el Reino a finales de 1812 para ocupar en Madrid el prestigioso puesto de Consejero de Estado33. En todo caso, los primeros meses de su estancia vieron una fuerte reactivación de las redes sociales que se habían formado durante la época de Jacobo de Villaurrutia (véase la tabla 1).

6Tabla N° 1: Las comisiones en la Sociedad Económica de Guatemala (1811-1816)

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Comisión Personas Papel de Casaus y Torres
Lino Tomas de Moreda, Juan Pedro Oyarzabal y Lopez (OP) Honró el conde Revillagigedo, quien fomentó el lino en Nueva España
Minería Lorenzo Moreno, Juan Moreno, Luis García, Joaquín Bernardo Campuzano Presta su apoyo para convencer el ingeniero al ingeniero Andrés del Río de visitar Guatemala
Cochinilla José Antonio Goicoechea, José Antonio Alcántara, José María Peinado, Domingo Pavón, Francisco Arrivillaga, Anselmo José Quiros, Antonio Juarros
Pan de trigo Marqués de Aycinena, José Bernardo Dighero, José Antonio Taboada (OFM)
Tejidos Juan José Batres, Tomas de Beltranena
Finanzas José Maria Peinado, Miguel de Larreinaga José Bernardo Dighero, Antonio Juarros Apoyo con 400 pesos.

8Octava junta publica de la Sociedad Economica de Amantes de la Patria de Guatemala fundada por el Sr. D. Jacobo de Villaurrutia y Salcedo, del Consejo de S. M. Oydor de Esta Real Audiencia, primera después de su restablecimiento celebrada el dia 12 de agosto de 1811, por Beteta, Impresor de la Sociedad

9En esa época el prelado llamó la atención de los criollos por su generosidad financiera al otorgar a la Sociedad una donación de 400 pesos34. Casaus y Torres que había aceptado, junto con el presidente de la Audiencia, servir como protector de la Sociedad, asumió entonces la dirección de la misma (seguramente a finales del año de 181435) y eso a pesar de sus responsabilidades pastorales. El espíritu de continuidad con la Sociedad suspendida en 1799 se hace sentir en el título y en las primeras frases del impreso que da cuenta de la primera junta de la Sociedad restablecida. Los socios, en la octava junta, recuerdan que la experiencia guatemalteca interrumpida por la decisión del 23 de noviembre de 1799 resultó tan exitosa que los nobles vecinos mexicanos tuvieron ganas de copiar la iniciativa y pedir la autorización de abrir una sociedad en su ciudad36. Casaus y Torres citaba en sus escritos a los obispos franceses, los cuales, – a pesar de pasar por rígidos en la observancia de la disciplina eclesiástica- , consideraban como un honor estar alistados en las Sociedades Económicas establecidas en su Reino, “poniendo todo cuidado en hacerse útiles al público, sin embargo de sus tareas Pastorales37”. Al asumir la dirección, el dominico quiso dar un nuevo impulso a la Sociedad, por lo que apostó por el lanzamiento de un nuevo periódico: El periódico de la Sociedad Económica de Guatemala38. Le faltaba la experiencia de Alejandro Ramirez pero la prensa representaba en su imaginario intelectual un medio de expresión que merecía un constante apoyo39. Aunque conocido y citado por la historiografía, este nuevo órgano de prensa ha sido muy poco utilizado por los historiadores que han trabajo la Independencia de Centroamérica y el proceso de difusión de las Luces. Este periódico surgió a raíz de la voluntad expresada por Casaus y Torres, junto con algunos intelectuales de la ciudad de Guatemala, en particular el canónigo Antonio Garcia Redondo y el abogado José Cecilio del Valle , de reanimar el espíritu de la Gazeta de Guatemala editada por primera vez en 1793. El primer número del Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala salió de la imprenta de José Ignacio Beteta el primero de mayo de 1815 y el último el 15 de abril del año siguiente contando entonces la colección 24 números a razón de dos números por mes y por un total de 384 folios40 (al parecer el número 18 no se publicó). En mayo de 1816 solo había 40 subscriptores en la Capital y 70 en las afueras, un resultado que sin duda decepcionó al arzobispo quien había sostenido con sus propios fondos la nueva publicación. El capital de un año que él mismo había otorgado (240 pesos) había sido gastado y el periódico había perdido además 200 pesos que Casaus honró de su peculio41. Más allá de la brevedad de la experiencia, si se compara con el éxito comercial y la duración de vida de la Gazeta de Guatemala, los materiales publicados, infelizmente no siempre firmados, abren espacios de interpretación sobre las convicciones políticas y sociales del prelado y permiten ponderar muchas de las ideas que retratan a un Casaus y Torres cerrado y opuesto a las evoluciones de su tiempo.

10En varios artículos de la nueva publicación se subraya la participación activa del prelado quien, además del apoyo financiero, participa en todas las reuniones y vela por incentivar al grupo de personas que supo reunir. Del equipo de 1799 reunido por Villaurrutia quedaban el canónigo José Bernardo Dighero , varios comerciantes como Anselmo José Quiros y Sebastian Melón que aceptaron ingresar en el colectivo “activo”, el cual reunía más o menos 20 personas. Les redactores del periódico, José Cecilio del Valle, Antonio Gutiérrez y Ulloa, José María Castilla y Mariano López Rayón consideraban que el arzobispo “es modelo en el exercicio de su respetable ministerio” y subrayaban la energía personal puesta en el proyecto de Sociedad Económica42. Dibujan entonces un retrato social que puede asombrar ya que pone énfasis en el compromiso social y humano del arzobispo hacia los pobres y los enfermos. De hecho en el periódico hay varios artículos que fomentan las buenas prácticas en salud pública. Así se insiste en el celo del corregidor Antonio de Casanova y Cortés quien divulgó el uso de la vacuna en la provincia de Verapaz pudiendo salvar la vida de más de 30.000 personas43. En cuanto a Casaus y Torres los redactores subrayan su presencia en el Hospital, – iba allí cada semana -, una costumbre que rompía bastante con lo practicado por los prelados anteriores.

11En el campo económico, el arzobispo publicó un largo discurso para propagar “los principios económico-político y morales que contiene y produzcan el buen efecto44”. La economía política representaba una disciplina que se debía estudiar en la Universidad por lo que decidió apoyar con su peculio al presbítero Francisco Garcia Pelaez quien estaba preparando dicha clase45. De hecho Casaus y Torres usaba un vocabulario que revelaba la influencia de los escritos de la escuela fisiócrata y un conocimiento amplio de las Luces nutrido por lecturas numerosas y varias incluso en francés46. El tema central de otro discurso suyo es el peso de la agricultura en la prosperidad de los pueblos: aunque sus escritos no descansan en un análisis de la estructura agraria específica del Reino de Guatemala, el prelado busca mejorar la circulación de los conocimientos del arte campestre que se acumula en las Sociedades Económicas de Europa y en las obras de agronomía y tratados de agricultura sobre el campo y los labradores como por ejemplo: ¿el problema de si corresponde a los párrocos y curas de los pueblos el instruir a los labradores en los buenos elementos de la Economía Campestre47? Casaus y Torres considera que el cura está en una posición privilegiada para sacar a los campesinos de la ignorancia. Bajo la responsabilidad del presbítero encargado de almas está el cuidado (es precisamente el sentido de cura animarum) de su rebaño48. Aunque los curas no eran hijos de campesinos y provenían en su mayoría de familias adineradas, Casaus y Torres consideraba que el párroco gozaba de un gran respeto en el pueblo como para poder encontrar los términos adecuados para la transmisión del saber: “(…) A sus consejos, persuasiones y documentos, cede la gente del campo por un poderoso respeto, y una secreta confianza49 (…)”. Su peculiar condición debería permitirle organizar en cada parte del territorio diocesano una formación agrícola apoyada por el gobierno real. Encima de esto quiere subrayar el interés de la imbricación de lo sagrado por el fomento de dicha cultura agrícola basándose en ejemplos históricos: “(…) los pueblos antiguos más cultos y más bien poblados, llegaron al alto grado de poder que nos cuentan los historiadores, porque la instrucción en los puntos de la labranza, autorizada siempre por los Sacerdotes, hacia parte de los sistemas de Religion50 (…)”. Surge también en su argumentación la prueba de un gusto hacia los estudios de botánica no tanto con la preocupación tradicional de rendir un homenaje a la naturaleza y por extensión al Creador sino como un deseo de fomentar observaciones empíricas y experimentos científicos51. Prolongando su reflexión sobre los vínculos históricos entre la Iglesia y la agricultura, Casaus y Torres cita varios padres de la Iglesia que participaron en dicha unión y subraya en particular a San Geronimo Aemiliani que “se mezclaba en el campo con los trabajadores, y labraba con ellos, buscando de este modo ocasión de instruirlos en la doctrina Christiana”. La reunión de dichas referencias sobre el tema de la agricultura implicaba un verdadero esfuerzo de investigación y lecturas muy variadas. Casaus y Torres conoce bien la historia de la Iglesia, y cita la época medieval y el papel jugado por los monjes benedictinos “en el desmonte de vastísimos terrenos incultos, que al presente están poblados de gente, de campos fértiles”.

12Por otra parte la industria no está olvidada. Así, siguiendo de cerca las recomendaciones de la Corona y acompañando las iniciativas tomadas por el presidente Bustamante, Casaus y Torres apoyó la idea de atraer al Reino al famoso catedrático de mineralogía Andrés del Río con la esperanza de que iba a poder dar clases de metalurgia52. Estaba convencido de que “si la agricultura es la primera fuente donde fluye la riqueza, es pobre y miserable cuando no la auxilian las artes y el comercio53”. Sus relaciones privilegiadas con la orden de Santo Domingo en general y en particular con el provincial Domingo Carrascosa (miembro de la comisión de hilados y tejidos junto con el doctor Juan José Batres) le permitieron lanzar un proyecto específico en la provincia de Verapaz donde los indígenas desarrollaban pequeñas manufacturas de tejidos54. Además, desde la época del oidor Villaurrutia se encontraba en Cubulco el dominico Antonio López quien buscaba fomentar el cultivo de la grana para producir cochinilla. Para Casaus y Torres, dicha grana representaba una fuente de riqueza bien conocida debido a su periodo de mando en la diócesis de Oaxaca antes de llegar a Guatemala: franqueó entonces al periódico una Instrucción que se hizo formar en dicha ciudad de Nueva España por alguien considerado como inteligente en la materia55. La sociedad dirigida por Casaus y Torres enviaba señales halagadoras para seguir esforzando a pesar de los fracasos y desilusiones: “(…) La Sociedad le ha manifestado su consideración, afirmándole que puede contar con sus pequeños fondos para premiar a los indios que se dedicasen a su cultivo56”.

13El contexto histórico en el cual se desarrolló la Sociedad Económica de Guatemala no era favorable. Debido a los levantamientos que sacudieron las regiones salvadoreñas y nicaragüenses entre 1811 y 1814 y a los informes que llegaban de la vecina provincia de Nueva España, los criollos de la capital del Reino estaban preocupados por las incertidumbres políticas. El sistema monárquico seguía siendo para muchos el único cuadro político razonable pero la política del presidente Bustamante percibida como absolutista alimentaba un fuerte rechazo hacia las iniciativas centrales. Por ejemplo el oidor Joaquín Campuzano quien trabajaba para implementar en el reino una compañía minera capaz de fomentar dicha actividad económica no encontraba accionistas57. A la diferencia de Jacobo de Villaurrutia quien supo reunir un apoyo amplio en los rangos de las familias de poder, Casaus y Torres tuvo que hacer descansar el esfuerzo colectivo en ciertas familias cercanas a la Iglesia (en particular los Jáuregui, los Juarros58 y los Aycinena), en algunos presbíteros afines a sus convicciones políticas (como los canónigos José Maria Castilla y Antonio García Redondo) y en la orden de Santo Domingo. Sus socios más activos se reclutaron en un círculo cerrado de gente de confianza. El canónigo García Redondo, vice director de la Sociedad, bautizó a dos de los niños del abogado José Cecilio del Valle quien se había casado con María Josefa Valero y Morales, oriunda de Comayagua, provincia de donde era natural el propio Valle. La relación entre Valle y Casaus y Torres era estrecha por lo menos desde finales de 1814 cuando el prelado solemnizó el matrimonio59. La presencia de Mateo Ibarra a la cabeza de las finanzas de la Sociedad no era tampoco sorprendente porque sospechamos un vínculo de parentesco con Ramón Ibarra quien era el principal notario de la curia diocesana60. Entre los miembros de la orden de Santo Domingo, además del compromiso del provincial Domingo Carrascosa, varios frailes, – como Rafael Aguirre que puso 25 pesos en la tesorería- prestaron un apoyo financiero a la empresa61. Tras haber estudiado las circunstancias de la llegada de Casaus y Torres al Reino de Guatemala y su papel en la publicación de un nuevo órgano de prensa proponemos estudiar una temática de acción social en la cual Casaus y Torres tuvo un papel relevante : el de la salud pública

Casaus y Torres y la salud pública

14 Si hubo un sector en la sociedad colonial donde el peso de la tradición impedía progresos sociales determinantes era el de la salud pública. Es por lo tanto interesante encontrar en los archivos varios documentos que atestiguan los esfuerzos de Casaus y Torres para participar en el fomento de una nueva relación con el cuerpo, de nuevas prácticas favorables a la preservación de la vida humana. De hecho, desde el siglo XVII, las corrientes ilustradas estructuradas en academias y/o sociedades y el estado monárquico propagaban nuevas reglamentaciones destinadas a alejar las epidemias de las ciudades. Además, y casi simultáneamente, las mismas organizaciones habían puesto en prácticas una política sanitaria que chocaba con los espacios privados provocando serias resistencias. Por ejemplo, si era evidente que ciertos fluidos como la vacuna se volvían eficaces para salvar vidas, era mucho más complicado imponer esa medicación a todas las capas sociales, en particular a los más pobres acostumbrados a morir en la indiferencia. Casaus y Torres estuvo plenamente conscientes de las apuestas sanitarias y de las responsabilidades políticas que incumbían al respecto a los gobernadores62. Además esta preocupación humana encajaba bien con las ideas de ciertos sectores urbanos – en particular la pequeña burguesía de la ciudad de Guatemala- que buscaban la preservación de dichas vidas para valorizar el campo e incrementar las producciones agrícolas que servían para alimentar el comercio exterior del país. Como solía producirse un brote anunciado de viruela, que cobraba vidas en Chiapas, fue una buena oportunidad para que el arzobispo Casaus y Torres y el presidente Bustamante pudiesen demostrar que compartían el mismo sentido de responsabilidad cuando se trataba de salvar vidas humanas63. Esta primera circular fue seguida por una carta pastoral más larga cuyo énfasis está puesto en el papel de su clero que debía aceptar la vacuna y vacunarse ante numerosos testigos y “explicar a su feligreses, y en el púlpito, ya en conversaciones y pláticas, la eficacia maravillosa del fluido vacuno para preservar de viruelas pestilentes64”. El documento demuestra que Casaus y Torres ha aprovechado su estancia en Guatemala para enterarse de lo practicado en materia de salud pública en los últimos años: conoce por ejemplo la cartilla del arzobispo Luis Peñalver (1804) y cita algunos artículos del Reglamento para propagación y estabilidad de la vacuna en el Reino de Guatemala (1805) sin omitir el trabajo de traducción hecho por el médico español Francisco Javier Balmis del Tratado histórico-práctico de Louis-Jacques Moreau de la Sarthe (1803). De la misma manera asume en esa época un discurso clásico en los círculos de poder de la ciudad de Guatemala que estigmatiza la población indígena: según su carta se trata de un cuerpo social bastante más hermético al progreso que los demás: “(…) A pesar de todos nuestros esfuerzos, estas preocupaciones no ceden y la peste abanza: las gentes, y mucho más los Indios, se esconden y aun huyen á los montes, como si la vacunación, don dél cielo, fuese él decreto de su exterminio65 (…)”. Consciente, por otra parte, del poder de la fe, Casaus y Torres decidió conceder 80 días de indulgencias “a quien pues se dedique por caridad, sin interés alguno, a enseñar y practicar, con acierto la vacunacion y a conservar siempre el fluido vacuno (…)” y reclamó de sus párrocos que leyeran su carta pastoral en el púlpito durante tres domingos consecutivos66.

15El debate de los cementerios presenta varias ventajas para acercarse a la complejidad de la personalidad del arzobispo Ramón Casaus y Torres. Siendo una cuestión intergeneracional y transnacional, era de las que participaban en la consolidación de la esfera pública abriendo discusiones económicas, sociales y al fin de cuenta políticas. Sin olvidar nunca sus convicciones religiosas, el arzobispo tuvo sobre dicha cuestión un acercamiento de lo más moderno, que tomaba en cuenta ante todo el interés general. Su política en la materia fue constante y voluntarista. Aunque no se trataba de una novedad puesto que los reformadores borbónicos habían implementado una legislación específica desde la segunda mitad del siglo XVIII, el asunto de los cementerios volvió al Reino de Guatemala en junio de 1814 cuando los diputados en Cádiz decidieron “prohibir los enterramientos dentro de poblado67”. La medida iba forzosamente a tener consecuencias financieras importantes debido a la vieja práctica social de parte de la elite de pagar a precio de oro el favor de poner su sepultura en las Iglesias lo más cerca posible de Dios68. Lejos de oponerse a la medida o ponerse a escribir una carta de protesta, Bustamante y Casaus y Torres trabajaron juntos para dar la mayor publicidad posible a la ley: hicieron imprimir 145 ejemplares de la ley y pidieron al clero de toda la diócesis que se hiciera cargo de la distribución69. El 26 de septiembre de 1822 estaba incluso decidido a entregar los 500 pesos que ofreció para ayudar a cubrir los gastos que ocasionaba la construcción del cementerio70.

Conclusión

16Aunque dicho ensayo representa solo un primer esfuerzo para cernir con más fineza la rica personalidad de Ramón Casaus y Torres, hay señales que permiten decir que, lejos del retrato caricaturesco que se suele hacer de él, el hombre se destacó por su erudición tanto clásica como moderna, por su apertura hacia la cultura francesa, cuna del “siglo de las Luces”, por cultivar relaciones privilegiadas con los círculos más ilustrados del Reino de Guatemala y por desarrollar una pastoral progresista en economía puesta al servicio de los más pobres cada vez que le era posible71. Aunque dichas posturas intelectuales no llamaron la atención de los historiadores liberales del siglo XIX – interesados en “explicar” que los “feroces” Bustamante y Casaus supieron apagar el fuego de la guerra de Independencia en América central – y muy poco los del siglo XX – los cuales, sin estudiarlo a fondo, presentaron Casaus y Torres como un obstinado servidor del rey y de los intereses de la clase dominante de la ciudad de Guatemala-, una revisión detenida de las fuentes permite desde luego matizar esas interpretaciones72. La alta idea que Casaus y Torres se hacía de su función y de sus responsabilidades en la sociedad dejaba poco espacio para compromisos con los grupos de poder de la Ciudad de Guatemala. Tampoco se mostró plenamente cooperativo con el poder real cuando no quiso redactar un informe policial sobre cada uno de sus clérigos: “(…) me es moralmente imposible; pues no los conozco bien y a fondo a todos: y por caridad debo ocultar las faltas y defectos de algunos73”. La alianza con la familia Aycinena fue operativa, sobre todo entre 1825 y 1829, porque se trataba de asegurar con ellos que la Iglesia no fuera víctima de una política opuesta a sus intereses. Sin embargo Casaus y Torres no estaba dispuesto a contentar a todo el mundo. La prueba fue el conflicto abierto con el pudiente comisario de la Inquisición en Guatemala Bernardo Martínez cuando éste no aceptó, por obvias y mezquinas razones económicas, la división del curato de Chalatenango que pertenecía a su hermano74. El juicio de su biógrafo emitido en 1846, según el que “Casaus comprendía su misión sacerdotal, y el literato admiraba la belleza en las artes, la profundidad en las ciencias y vivía con el progreso (…)”, a la luz de los documentos analizados, no nos parece un puro ejercicio de estilo destinado a laudar sino un intento bastante honesto de comprender la vida de un hombre75.

17Tabla N° 2: Los diferentes artículos publicados en el “Periódico de la Sociedad los amigos del País de Guatemala (1815-1816)”.

18
Fecha Folios Artículos
1 1 de mayo 1-16 Sociedad
2 15 de mayo 17-32 Obras útiles, Sociedad
3 1 de junio 33-48 Obras útiles, Sociedad, incluye un informe sobre colmenas de cera fina y otro sobre gomas
4 15 de junio 49-54 Ciencias, Ciencias económicas
5 1 de julio 55-80 Ciencias naturales, Sociedad (Gomas, Vacuna, Avisos, Precios, Texidos)
6 15 de julio 81-96 Ciencias morales (José del Valle), Sociedad (Fondos, Lino, Losa, Gomas, Grana, Calidades de Nopal)
7 1 de agosto 97-112 Utilidad del trabajo, Sociedad (Elección, Fondos, Gomas, Precios, modo de sembrar nopal, Calidades de semilla de Grana)
8 15 de agosto 113-128 Discurso, Sociedad (Botánica, Industria, Muestra de gratitud)
9 1 de setiembre 129-144 Sociedad (Industria, Muestra de gratitud, Nopales)
10 15 de setiembre 145-160 Temblores, Loza
11 1 de octubre 161-176 Temblores, Loza, Gomas, Grana
12 15 de octubre 177-192 Temblores, Abeja americana, Grana, Vacuna
13 1 de noviembre 193-208 Temblores, Abeja americana, Loza, modos de matar la grana
14 15 de noviembre 209-224 Temblores, Instrucción para sembrar la Rubia, Gomas
15 1 de diciembre 225-240 Temblores, Abeja americana, Vacuna
16 15 de diciembre 241-256 Temblores, Abeja americana, Añil
17 1 de enero 257-272 Sociedad, Abeja americana
19 1 de febrero 289-304 Discurso, Agricultura, Abeja americana, Elecciones, Precios corrientes
20 15 de febrero 305-336 Discurso, Industria, Abeja americana
22 15 de marzo 337-352 Punto segundo, Nobles artes
23 1 de abril 353-368 Discurso, Hospicio
24 15 de abril 369-384 Discurso, Grana

19Notas de pie de páginas

20*Agradezco a Eduardo Madrigal y Catherine Poupeney-Hart por la lectura critica y estimulante que hicieron de mi trabajo.

211 Véase una prueba de la influencia de dicho tipo de interpretación en la obra de Ricardo Fernández Guardia, Cartilla Histórica de Costa Rica, (San José: EUNED, 2011), págs. 71-72 citado por Eduardo Madrigal, Ilustración, elites coloniales y procesos políticos en Costa Rica: de la colonia a la Independencia (1705-1824) », Boletín AFEHC N° 63, publicado el 04 diciembre 2014 .

222 Véase Luis Gíl Fernández, Luis Gómez Canseco, Antonio Mestre Sanchis, Pablo Pérez García, La cultura española en la Edad Moderna, (Madrid: Ediciones Istmo, 2004) y Jesús Astigarraga (ed.), The Spanish Enlightenment revisited, (Oxford: Voltaire Foundation, Universidad de Oxford), 2015.

233 Véase Jean Sarrailh, La España ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII, (Mexico: FCE, 1974) (Primera edición en francés en 1954) ; Richard Herr, The Eighteenth-Century Revolution in Spain, (Princeton: Princeton University Press, 1959) ; Antonio Elorza, La ideología liberal en la Ilustración española, (Madrid, 1970); Werner Krauss, Die Aufklärung in Spanien, Portugal und Lateinamerika, Munich, (1973). Para un acercamiento más complejo véase Günter Barudio, La época del absolutismo y la Ilustración 1648-1779, (Mexico: Siglo XXI editores, 1983) y J. Álvárez Barrientos, F. López et I. Urzainqui, La República de las Letras en la España del siglo XVIII, (Madrid, 1996). Véase también la sintesis de Luis Gil Fernández, Panorama social del humanismo español (1500-1800), (Madrid: Tecnos, 1996).

244 Véase Arthur Whitaker (ed.), Latin America and The Enlightenment, (Ithaca: N. Y., Cornell University Press, 1961); José Carlos Chiaramonte, La Crítica ilustrada de la realidad, (Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1982) y del mismo autor La Ilustración en el Río de la Plata, (Buenos Aires: Puntosur, 1989) ; Carlos O. Stoetzer, El pensamiento político en la América española durante el período de la emancipación (1789-1825), (Madrid, 1966, 2 vols). Sobre la ilustración en el Reino de Guatemala véase John Tate Lanning, The Eighteenth Century Enlightenment in the University of San Carlos de Guatemala, (Nueva York: Cornell University Press, 1956); Carlos Meléndez Chaverri, La Ilustración en el Antiguo Reino de Guatemala (San José: EDUCA, 1974) ; Seidy Araya Solano, Las letras de la Ilustración y la Independencia en el Reino de Guatemala (Heredia: EUNA, 2001) y Christophe Belaubre, Église et Lumières au Guatemala : la dimension atlantique (1780-1808), (Paris: L’Harmattan, 2015).

255 Existe un debate abierto entre historiadores sobre la oportunidad de usar el concepto de “Ilustración católica”. Sin embargo pensamos que, una vez bien definido, se trata de un concepto bastante operativo a la hora se seguir las ideas desarrolladas por ciertos obispos como Ramón Casaus y Torres. Véase Pedro Ruiz Torres, Reformismo e ilustración, (Madrid: Crítica, 2008), págs. 432-433.

266 Para el resto del Imperio hispánico la fuerza del movimiento eclesiástico en es aún más evidente: véase en particular el papel jugado por el jesuita Francisco Xavier Clavijero, el sacerdote José Celestino Mutis y el teólogo José Mariano Beristáin.

277 Véase Antonio Gramsci, Cahiers de prison, cahiers 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27,28 et 29, (Paris : Editions Gallimard, 1991), págs. 15-117.

288 Véase Francisco García Pelaez, Memorias para la historia del antiguo reyno de Guatemala, Vol. 1, (Guatemala: Tipografía nacional, 1968), pág. 16. A propósito del prelado, los redactores del Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala evocaban su “ilustrada generosidad” y el propio historiador Ramón Salazar, cuya oposición a los sectores conservadores es bien conocida, hablaba de una cultura humanista.

299 Véase Juan Rodriguez Cabal, “Catálogo de escritores dominicos en la Capitanía General de Guatemala” in Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, Tomo XXXIV, (1961), pág. 121-122. Este investigador contaba que Casaus y Torres había hecho publicar 35 folletos, muchos de ellos impresos varias veces en México o en Guatemala.

3010 Para citar solo algunas de las expresiones usadas al respecto del arzobispo Casaus y Torres : “émulo de su cofrade Torquemada”, “genio violente”, “constitución sanguínea” ; Véase Carlos Melendez Chaverri, El Presbítero y Doctor Don José Matías Delgado, en la Forja de la Nacionalidad Centroamericana, (El Salvador: Dirección General de Publicaciones, 1961), pág. 122, Ramón A. Salazar, Historia de veintiún años, La Independencia de Guatemala, (Guatemala: Editorial del Ministerio de Educación Pública, 1956), pág. 159-162.

3111 Por ejemplo, el historiador liberal Lorenzo Montufar pone énfasis en esa alianza del prelado con las familias de poder y emite un juicio tan sumario como lapidario: “(…) español tan erudito como intrigante estaba ligado a la misma aristocracia desde que arribo a esta diócesis el año de 1811 y todas sus pastorales, edictos y sermones tendían a sostener los fueros de la nobleza (…)”. Lorenzo Montufar, Reseña histórica de Centroamérica, T1, (Guatemala: Tipografía El Progreso, 1878), pág. 7.

3212 Juan Carlos Pinto Soria, Centroamerica de la colonia al Estado nacional (1800-1840), (Guatemala: Editorial Universitaria de Guatemala, 1986), pág. 72. Este historiador dice que “el restablecimiento de la Sociedad Económica no tuvo mayor significado y su actividad en ese tiempo no se puede comparar de ninguna manera con la labor reformista que desarrolló a fines del siglo XVIII (…)”.

3313 Sobre dichos juicios muy parciales, véase José Ignacio Saranyana, Teología en America Latina: De Las Guerras De Independencia hasta Finales del Siglo, (Madrid: Editorial Iberoamericana, 2008), pág. 378-379. Sobre el compromiso político adquirido por Casaus y Torres con el sistema institucional centroamericano, véase el testimonio de la Asamblea Nacional Constituyente quien en mayo de 1824 agradeció oficialmente su actuación para apaciguar la tropa sublevada que amenazaba la seguridad pública: “En sesion de este dia se represento a la Asamblea Nacional por uno de sus miembros la necesidad y la justicia de que se diese un testimonio de aprecio y consideracion al padre Arzobispo o doctor y maestro Ramon Casaus. * El autor de esta mocion recordo la conducta observada por aquel digno prelado : las pruebas repetidas que ha dado de su adhesion y respeto a las autoridades supremas de la nacion, desde el momento en que sus representantes se reunieron en la misma asamblea y su cooperacion activa y eficaz al cumplimiento de las leyes y ordenes que se han expedido – Sus esfuerzos por el restablecimiento del orden y de la tranquilidad, quando fueron alterados por la sublevacion de la tropa en el ultimo setiembre : sus auxilios al vecindario en aquellos dias de terror ; y lo que se debio a su influjo y persuaciones con la misma tropa sublevada – Y el desempeño de sus deberes en su ultima visita pastoral, sin que le detuviese el mal estado de su salud, que últimamente lo ha obligado a retirarse a la Antigua Guatemala con el objeto de recobrarlas * penetrada la asamblea de los fundamentos en que se apoyo esta proposición, se sirvio acordar * que el gobierno manifieste al padre Arzobispo el alto aprecio y consideracion de que su persona y conduca merecen a la representacion nacional”. Véase Archivo Histórico de la Arquidiocesis (de ahora en adelante AHA), T2, 60, Colección Larrazábal, fol. 94.

3414 Biblioteca Nacional Española (de ahora en adelante BNE), Hemeroteca Nacional, “El Español”, segunda época, N° 546, Martes 14 de abril de 1846. El artículo está firmado con los iniciales ABM y es casi seguro de que se trata del historiador cubano Antonio Bachiller y Morales (1812-1889), puesto que en el texto se habla de una relación entre Casaus y Torres y su tío Rafael Bachiller y Mena cuando éste era oidor en Mexico.

3515 Me refiero a un juicio que hace el prelado en un informe sobre el colegio seminario de su diócesis y la dificultad de encontrar vocaciones sinceras debido al cambio de mentalidades que logra describir en términos muy modernos: “(…) Esta triste perspectiva es sin duda particular que retrae aqui mucho de entrar en la carrera eclesiastica. Obran ademas los generales que en todas partes han influido e influyen en la disminucion del clero y en la relaxacion de la juventud que huye de la sujecion y arreglo de los seminarios y mira con aversion el estudio de las ciencias eclesiasticas como penosa y poco util por logar colocacion de las almas o ventajas grandes en lo humano para abrazar este genero de vida tan dura y espinosa (…)”. Archivo General de Indias (de ahora en adelante AGI), Guatemala 934, Carta al rey sobre el estado del Seminario Tridentino del 3 de diciembre de 1813.

3616 AGCA, A1.1, Leg. 107, Exp. 2399 (1810) fol. 1-64.

3717 John Carter Brown Library, Carta del Illmo. Sr. Dr. D. Fr. Ramon Casaus y Torres, obispo de Rosen, y arzobispo electo de Guatemala, á todos los diocesanos de su iglesia metropolitana, 24 de junio de 1811, fol. 4. Véase “(…) Desde estos encumbrados riscos, que son los linderos de ambos reynos, vuelvo una y mil veces los ojos arrasados en lagrimas hacia el país que déxo, y en el que había logrado 23 años de vida sosegada y apacible, siendo testigo de su felicidad y abundancia ; de lo que habían progresado las ciencias y las artes; de los arbitrios varios que la industria ofrecía á toda clase de gente laboriosa (...). Traygo aquí a la memoria las inumerables gentes de todas clases, y de todas las provincias de N. E. , con quienes he vivido , o á quienes he tratado en mis viages, y en el exercicio de mi ministerio (…)”.

3818 Sermón del Señor Pedro Martyr de Verona, predicado el dia 29 de Abril de 1794 por el R. P. Fr. Ramon Casaus Torres y Las Plazas, del Orden de Predicadores, Doctor en Sagrada Teología por la Real y Pontificia Universidad de México, y Maestro de Estudiantes en el Pontificio Colegio de Porta-Coeli en la fiesta que el Santo Tribunal de la Inquisición con su ilustre cofradia celebro en la Iglesia del Imperial Convento de N. P. Santo. Domingo de México, Mexico, Imprenta de los Herederos del Lic. D. Joseph de Jáuregui, 1794, 29 folios.

3919 “(…) La misma corte pontificia no pudo dejar de reconocer el estraordinario mérito del insigne aragonés y la Santidad de Pío VII le dirigió dos cartas muy satisfactorias, con fecha 25 de agosto de 1801 y 25 de setiembre de 1802, en que encomiaba la pureza de su estilo y solidez de su doctrina y elocuencia. Este elogio recaía sobre sus sermones ya publicados. Por aquel tiempo recibió una real orden en que S. M. apreciaba sus trabajos literarios (…)”. Véase BNE, Hemeroteca Nacional, “El Español”, segunda época, N° 546, Martes 14 de abril de 1846.

4020 Solemnes exequias del Exmo. S. D. Juan Vicente Güemez Pacheco de Padilla Horcasitas … : celebradas por sus apasionados en la Iglesia de N.P. S. Francisco de Mexico los dias 23, y 24 de Octubre del año 1799, Nueva Guatemala, Herederos de Arevalo, 1800, 91 folios. Aunque los datos a nuestra disposición son escasos, es interesante señalar que dicho largo documento impreso por familia Arevalo un año después del fallecimiento del virrey. Eso implica por lo menos un vínculo estrecho con Guatemala aunque es difícil decir si se trata de la familia del virrey o del propio Casaus y Torres.

4121 Sobre este aspecto, véase nuestro libro: Christophe Belaubre, Église et Lumières au Guatemala: la dimension atlantique (1780-1808), (Paris: L’Harmattan, 2015) y el estudio de Michel Bertrand sobre los oficiales reales en Nueva España: Michel Bertrand, Grandeza y miseria del oficio. Los oficiales de la Real Hacienda de la Nueva España, siglos XVII y XVIII, (México: Fondo de Cultura Económica, 2011). Véase en este dossier Catherine Poupeney-Art, “Las luces centroamericanas en Europa : la Gazeta de Guatemala y el Correo mercantil de España y sus Indias (1792-1808)”, Boletín AFEHC N° 63.

4222 Oracion fúnebre del Exmo. é Illmo. Señor Doctor Don Alonso Nuñez de Haro y Peralta del Consejo de S.M. ... : predicado en las honras que á su memoria celebró la gratitud de las Religiosas del Convento de la Compañia de Maria Santísima y enseñanza de esta capital, México : Por Don Mariano Joseph de Zúñiga y Ontiveros, 1800, 41 folios.

4323 A le fecha es imposible hacer comentarios específicos sobre su trabajo en dicho campo. ¿En qué medida su trabajo contribuía a sanciones duras o al contrario a adoptar posiciones de clemencia según criterios personales? Sobre el cargo de calificador del Santo Oficio, véase Solange Alberro, Inquisición y Sociedad en México, 1571-1700, (México: Fondo de Cultura Económica, 1998), págs. 61-52.

4424 Véase BNE, Hemeroteca Nacional, “El Español”, segunda época, N° 546, Martes 14 de abril de 1846.

4525 AHAG, Fondo cabildo, Libro VIII de actas capitulares que comienza el 26 de abril 1811, Sobre recibimiento del señor Arzobispo, fol. 8. Carta de Ramón Casaus y Torres a su amigo Alejandro Ramirez cuya copia fue entregado a los miembros del cabildo eclesiástico.

4626 AHA, Colección Larrazábal, Tomo II (1811-1823), Nos el Doctor y Mtro. D. Fr. Ramon Francisco Casaus y Torres, por la gracia de Dios, y de la Santa Sede apostólica, arzobispo de Guatemala; del Consejo de S. M. a los Vicarios Provinciales, Párroco y Coadjutores de nuestra Diócesis salud y bendición. Agriculturae operam dabaris, 30 de septiembre de 1818, fol. 5.

4727 “(…) La semejanza de su apellido con el de Las-Casas, el hábito que vestía y su caridad hizo que se le comparase con el venerable obispo de Chiapa. Sus ideas liberales, sin ser disolventes,y su profunda fé, le hacían merecedor de este paralelo (…)”. Véase BNE, Hemeroteca Nacional, “El Español”, segunda época, N° 546, Martes 14 de abril de 1846.

4828 AGCA, A1, Leg. 6067, Exp. 54177 “Cuenta de cargo y data respectiva a los muros del campo santo y profano hospitalario presentada por su comisionado a la junta de gobierno en 18 de diciembre de 1814”.

4929 Este testimonio es relatado por Ramón Salazar. Véase Ramón A. Salazar, Historia de veintiún años: la independencia de Guatemala, (Guatemala: Editorial del Ministerio de Educación Pública, 1956), pág. 159.

5030 El presidente Antonio González Saravia asiste a la junta de la Sociedad Económica restablecida de agosto de 1811. Sin embargo ha perdido su puesto en favor del presidente José de Bustamante desde el 14 de marzo de 1811. Sobre el papel de González Saravia, José Aycinena dice lo siguiente: “(…) En la estación dorada, que es el poco tiempo que ha corrido desde el venturoso momento del restablecimiento de nuestra sociedad, debido únicamente a la ilustración sabia y benéfica del Excmo. Sr. D. Antonio Gonzalez, no puede haber hecho progresos tan rapidos y felices, en las útiles materias de su instituto, con medios hasta ahora escasos, a pesar del zelo constante y aplicación de los honrados ciudadanos, y patriotas ilustres que la componen, dignos del mayor elogio, y del aprecio universal (…)”. Véase Octava junta publica de la Sociedad Económica de Amantes de la Patria de Guatemala fundada por el Sr. D. Jacobo de Villaurrutia y Salcedo, del Consejo de S. M. Oydor de Esta Real Audiencia, primera después de su restablecimiento celebrada el dia 12 de agosto de 1811, Por Beteta, Impresor de la Sociedad, fol. 7. Sobre el papel del diputado Larrazábal, véase Novena junta publica de la Sociedad Económica de Amantes de la Patria de Guatemala fundada por el Sr. D. Jacobo de Villaurrutia y Salcedo, del Consejo de S. M. Oydor de Esta Real Audiencia, segunda después de su restablecimiento celebrada el dia 5 de abril de 1811, Por Beteta, Impresor de la Sociedad, fol. 3. Véase también Elisa Luque Alcaide, La Sociedad Económica de Amigos del País de Guatemala, (Sevilla: CSIC, 1962), págs. 64-70.

5131 Alejandro Ramírez estaba en relación epistolar con el arzobispo Casaus y Torres cuando éste llegó a la ciudad de Guatemala en julio de 1811. Varios documentos permiten decir que las relaciones eran también privilegiadas con los canónigos Antonio Garcia Redondo y Antonio Carbonell. Véase AGCA, A1.11.2, Leg. 57574, Exp. 48507, Carta de Alejandro Ramírez a Antonio Garcia Redondo, el 9 de noviembre de 1812 desde Campeche y AHAG, Fondo cabildo, Libro VIII de actas capitulares que comienza el 26 de abril 1811, Sobre recibimiento del señor Arzobispo, fol. 8. Carta de Ramón Casaus y Torres a Alejandro Ramírez desde Comitán, 9 de julio de 1811. Ramírez aparece en agosto de 1811 como miembro de la junta de los redactores del periódico que se contempla publicar. Véase Octava junta publica de la Sociedad Económica, fol. 31.

5232 Véase AGCA, A1-20, Leg. 833, Libro de protocolo de Jose Francisco Gavarrete (1819). Según certificación de Crisanto Tejada Felipe Neri de Prado, nació el 26 de mayo de 1804 siendo hijo del Capitán graduado Fernando de Prado ayudante mayor del Batallón de Milicias de Guatemala, natural de la villa de Herrera obispado de Palencia de Francisca de Sales Mayor, natural de Alfaro Obispado de Tarragona. Los Abuelos paternos son Fernando Prado y Francisca Rivas y los maternos son Antonia Mayor y Rosa Moreno. Fue su padrino Alejandro Ramírez, secretario de Camara y Gobierno.

5333 Véase Manuel Valladares Rubio, “Biografías sintéticas de centroamericanos distinguidos”, in RAGEGHH, Núm. 8, (1983), págs. 190 ss.

5434 Octava junta publica de la Sociedad Económica, nota del fol. 28 linea 25. Sobre la percepción que tenían entonces los criollos sobre el nuevo prelado merece reproducir este cita: “El Illmo Sr. Arzobispo electo de Guatemala Dr. y Mtro D. Fr. Ramon Casaus de las Torres. Este sermón, en que el orador cristiano no deslizó sus labios elogiando a un héroe profano en el lugar de la circunspección, se imprimió en Guatemala. Es un modelo de eloquencia sagrada que debe tenerse muy presente en estos tiempos, desgraciados, en que hemos visto con dolor, profanarse la catedra de la verdad, con novelas gazetales. Este digno Pastor, como primer Socio honorario, como buen patriota, y hombre ilustrado, honró con su asistencia la Junta general, y las tareas del instituto con su aprobación y aplausos. Se penetró de tal suerte de la importancia de la Sociedad, y de quanto se opone a sus progresos, la falta de fondos y facultades, que apenas volvió a su Palacio, quando poner quatrocientos pesos en manos del Sr. Director, expresando que por no estar corrientes sus rentas se limitaba a aquella cantidad”.

5535 Véase Elisa Luque Alcaide, La sociedad Económica, págs. 69-70. La autora cita una certificación de Anselmo José Quirós quien recuerda que, en 1815, Casaus y Torres era director mientras que otro documento de 1817 menciona que la dirección estaba entre las manos del canónigo Antonio Garcia Redondo. La sociedad se mantuvo activa por lo menos hasta el 25 de octubre de 1818 cuando se celebró la última Junta General. Es probable que la Sociedad haya quedado sin director entre 1813 y 1814. A finales de 1813 Casaus y Torres había decidido emprender la visita pastoral de su diócesis, lo que no le permitía asumir la dirección de la Sociedad.

5636 Octava junta publica de la Sociedad Económica, fol. 3.

5737 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 1816, Primero de febrero, Vol. 19, fol. 291.

5838 En esa época la Gazeta del gobierno de Guatemala, que se publicaba todavía, estaba en un periodo de decadencia sin artículos de fondo y con muy pocos materiales locales. Véase Catherine Poupeney-Art, “Entre Gaceta y “Espectador”: Avatares de la prensa antigua en América central in Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, Revista Digital del Grupo de Estudios del Siglo XVIII, Universidad de Cádiz, N° 16, (2010), http://rodin.uca.es/xmlui/bitstream/handle/10498/14476/193.pdf?sequence*1

5939 Casaus y Torres suscribía a varios periódicos. Aparece por ejemplo en 1824 en la lista de los suscriptores “al tercer tomo de la Gaceta del Supremo Gobierno de la Federación Mexicana concluido en fin de junio de 1824”. Véase BNE, Hemeroteca Nacional, Gazeta del Supremo Gobierno de la Federación Mexicana, Tomo III, (1824) fol. 3.

6040 Hemos trabajado un ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de Guatemala de la colección Larrazábal pero se puede descargar el periódico y la casi totalidad de los números del fondo de la John Carter Library : http://archive.org/details/periodicodelasoc00soci , consultado el 19 de febrero de 2015.

6141 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 1815, Primero de mayo, Vol. 1, fol. 31. Se precisa que Casaus y Torres había dado 400 pesos en 1811 para iniciar las actividades de la Sociedad y que en 1815 daba 20 pesos mensuales.

6242 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 1815, Primero de mayo, Vol. 1, fol. 26.

6343 “Estado que presenta Don Antonio de Casanova y Cortes, Corregidor por S. M. de esta Provincia de Verapaz, en virtud de oficio del Excmo. Sr. Presidente, de los habitantes de ella y sus clases, los muertos de Viruelas…” in Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 15 de agosto de 1815, N° 8, fol. 113-119.

6444 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 15 de febrero de 1816, N° 20, fol. 313-314.

6545 AGCA, A1.3, Leg. 1892, Exp. 12340 Libro de claustro de la universidad, El arzobispo dio de sus rentas a la nueva catedra 100 pesos a Francisco Garcia Pelaez, 27 de julio de 1814.

6646 Citaba por ejemplo un tomo de las actas de la Real Sociedad de Agricultura de Bretaña para subrayar la amplia participación de los prelados francés al fomento de las Sociedades Económicas en todas las diócesis de Francia. Véase Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 1 de febrero de 1816, N° 19, fol. 292. Sobre el dominio del francés, véase Ramón A. Salazar, Historia de veintiún años , págs. 159-162. Sobre sus lecturas, el canónigo José Maria Castilla subraya su gusto literario y la costumbre que tenía de anotar sus libros: “Relación de las exequias que se hicieron en la Santa Iglesia Catedral de Guatemala al Exmo é llmo Sr. Dr. y Mtro. don Fray Ramon F. Casaus y Torres,… Guatemala, 1846, fol 28. “(…) De ahí es que poseía el Sr. Casaus no solo un vasto conocimiento de las ciencias eclesiásticas, sino que no desdeñaba todo aquello que forma un perfecto literato, Racine, el Taso, Camoës, y todos los poetas celebres, no solo los leía con frecuencia, sino que enriquecia su feliz memoria con sus disticos mas escogidos. Abusaria ciertamente de vuestra atención si siquiera las huellas literarias de nuestra Arzobispo; baste con deciros que en su rica biblioteca, apenas se encontraba un volumen que en muchas partes no estuviese anotado de su propia letra, y con algún pensamiento que le ocurrió en su lectura. (…)”.

6747 Proponemos una transcripción de dicho discurso que está publicado en los números 8, 9, 17 y 19 del Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala. Véase Ramón Casaus y Torres, Discurso sobre el papel de los párrocos en el fomento de la agricultura , Boletín AFEHC N°63, (2015), publicado el 7 de febrero de 2015, consultado el 19 de febrero de 2015.

6848 Esa cercanía social hace considerar que los dueños de las tierra y los doctos no pueden actuar para divulgar los conocimientos a los labradores: “(…) Los doctos? Las Sociedades Agronómicas? Los dueños de las tierras? Pudieran, pero quizá no tendría efecto la instrucción; porque vendría a ser lo mismo, que si algunos que estuviesen sobre la cumbre de una elevada montaña pretendiesen mostrar la subida a ella a otros que se hallasen a la falda del monte, pero rodeados de espesas nieblas. A tanta distancia, no solo no percibirían la voz de quien los llamaba, por mucho que las esforzase, mas ni distinguirán sus señas (…)”. Véase: Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 15 de agosto de 1815, N° 8, fol. 119.

6949 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, primer de septiembre de 1815, N° 9, fol. 129.

7050 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, primer de septiembre de 1815, N° 9, fol. 132.

7151 “Dotado el hombre por su Criador de todas aquellas prerrogativas que le debían distinguir tan altamente de las demás criaturas organizadas, no tiene todavía el uso de ellas; le falta la observación, y la experiencia para combinar las resultas de una y otra; no conoce las relaciones, que tienen tantas y tan varias especies de plantas con el hombre, y con la mayor parte de los otros vivientes: las admira, pero no sabe para que sirven; ignora sus usos; no entiende como las raíces atrahen y chupan el jugo de la tierra; como introduciéndose este [fol. 261] jugo por diversas especies de vasos y receptáculos, que comienzan en la raíz y se comunican por todas las partes y venas de la planta les sirve de alimento; cómo brotan las ramas, que cubren el tronco; cómo se visten de verdes hojas; cómo se descubren las flores; de qué modo se convierten en frutos; cómo cayendo las semillas encerradas en aquellos frutos, ó bien esparcidas sobre la tierra, llegan después a producir plantas semejantes a aquellas de donde salieron, ignora por último, que pueden multiplicarse a medida que una mano industriosa contribuya a aumentar las fuerzas, que la misma naturaleza emplea para su vegetación”.

7252 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 1815-1816, 15 de mayo de 1815, Vol. 2, fol. 31 y 15 de febrero de 1816, N° 20, fol. 317; Casaus y Torres ofreció entonces 500 pesos para pagar los gastos de viaje del científico, y varios allegados suyos ofrecieron ciertas cantidades que apenas lograban sufragar los costos del camino pero que no eran suficientes para pagar el sueldo y la estancia. Este científico había sido nombrado “socio consultor” de la Sociedad junto con el catedrático de botánica Vicente Cervantes y el profesor de medicina Florencio Perez Comoto. Véase Octava junta publica de la Sociedad Económica, fol. 12.

7353 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, Primero de mayo de 1815, N° 1, fol. 16.

7454 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 15 de febrero de 1816, N° 20, fol. 315.

7555 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 15 de julio de 1815, N° 6, fol. 94.

7656 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 15 de febrero de 1816, N° 20, fol. 329-330.

7757 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 15 de junio de 1815, N° 4, fol. 60.

7858 Esta familia tenía una relación estrecha con la Iglesia. El comerciante y oficial municipal Antonio Juarros era secretario de la restablecida Sociedad de los Amigos del País mientras, su hermano, el presbítero Domingo Juarros trabajaba con los archivos eclesiásticos para escribir su compendio del Reino de Guatemala.

7959 Louis E. Baumgartner, José del Valle de América Central, (Tegucigalpa: Editorial Universitaria, 1997), pág. 125.

8060 Además de eso Mateo Ibarra que firmaba los actos notariales como comerciante era muy cercano a otros actores destacados de la Iglesia. Por ejemplo, en 1805, hay un poder especial del señor don Domingo Galisteo canónigo de la Iglesia Catedral firmado en su favor. AGCA, A1.20, Leg. 917, fol. 68.v.-69.

8161 Periódico de la Sociedad Económica de Guatemala, Guatemala, Imprenta de Beteta, 1815, 15 de julio, N° 4, fol. 88.

8262 Nuestra convicción al respecto proviene del énfasis que está puesto en las honras fúnebres del virrey conde de Revillagigedo y en particular su legado sanitario en la ciudad de México: “Uno de los mas importantes empeños, que contrahe por su empleo, quien govierna, es el cuidado de la limpieza y aseo de la Ciudad, que desterrando los vapores perniciosos, notablemente conduce a la sanidad de sus moradores. Asi mismo se juzga interés publico, y digno por consiguiente de los cuidados quien manda, el atender a la hermosura y comodidad de las calles, y elegancia de los edificios. En los bellos tiempos de la antigua Roma se creyeron de tal importancia estos edificios, que havia siempre quatro personas de carácter, unicamente destinadas a ellos, y era este como indispensable grado para elevarse a las sublimes Magistraturas. Hai en Mexico Ciudadanos ilustres, cuyo cargo es análogo al de aquellos Ediles Romanos; sin embargo el Conde de Revillagigedo tomó con sumo esmero sobre sus hombros asi la belleza, como el aseo de esta nobilísima Corte; y en ambos ramos proyecto, afanó y consiguió tanto, que dio por fin a su querida Mexico un semblante enteramente nuevo. Inmundos caños y acequias cegadas, giro diario de carretones, que recogen basura, y desechos de las casas, calles a primera luz del dia regadas, empedrado constantemente renovado, fuentes distribuidas a publica comodidad, plazas destinadas a solos comestibles, magníficos edificios levantados, y otras provisiones de ese jaez, son tantos monumentos, que hablan aun, y por cien bocas demuestran el autor de la renovación de Mexico (…)”. Véase Ramón Casaus y Torres, Solemnes exequias del Exmo. S. D. Juan Vicente Güemez Pacheco, fol. 37.

8363 AHA, Colección Larrazábal, Tomo II (1811-1823), Carta circular del primero de octubre de 1814. “(…) no habiendo otro recurso para librar a los Pueblos de su infestación que el beneficio de la Vacuna encargo à V. estrechisimamente emplee su zelo y todos los medios posibles á fin de hacer ver á tódos sus feligreses el peligro qué con dicha peste les amenaza, y persuadirlos á que llegado el facultativo que se mande, ocurran todos los que lo necesitan a ser sin perdida de tiempo, vacunados.”

8464 AHA, Colección Larrazábal, Tomo II (1811-1823), Carta pastoral del 23 de febrero de 1815.

8565 AHA, Colección Larrazábal, Tomo II (1811-1823), Carta pastoral del 23 de febrero de 1815.

8666 Véase Agustín, Estrada Monroy, Datos para la historia de la Iglesia en Guatemala, Tomo II, (Guatemala : Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, Biblioteca “Goathemala”, Volumen XXVII, 1974), págs. 256. El primero de octubre de 1814 el arzobispo envía nueva circular a todo el clero para que prevenga a los fieles contra la peste de la viruela que amenaza azotar a Guatemala pidiendo a todo el vecindario y fieles e en general que acuda a la inmediata vacunación todo aquel que no esté ya inmunizado.

8767 En la cédula del 27 de marzo de 1789, se había ordenado a los presidentes y gobernadores de las Indias y a los arzobispos y obispos de las iglesias metropolitanas y catedrales que informaran, lo más pronto posible, todo lo relacionado con el establecimiento de cementerios en las afueras de las ciudades y poblados. Véase Rodolfo Hernández Mendez, “La Real hacienda y las políticas económicas borbónicas en el Reino de Guatemala, 1731 – 1821”, (Guatemala: DIGI, 2001), pág. 14.

8868 A pesar de las recomendaciones de Casaus y Torres, de Bustamante y sobre todo de los médicos el establecimiento de los cementerios no se generalizó, porque para 1819 todavía había quejas sobre los sepelios en las iglesias. Véase Boletín del Archivo General de Gobierno, año X, No.3, (septiembre de 1945), pág. 329.

8969 AHA, Colección Larrazábal, Tomo XVI, Gobierno Español y Mexicano (1814).

9070 AGCA, B78.16, Leg. 673, Exp. 14474, fol. 7.

9171 La sección de ordenaciones del archivo histórico de la arquidiócesis de Guatemala revela que Casaus y Torres ordenó in sacris a varios clérigos sin patrimonio o beneficio o sea a título de pobreza – ad titulum paupertatis -, lo que nunca se había hecho en el pasado en la diócesis de Guatemala. Véase el ejemplo del padre José Tiburcio Archila, Jorge Quezada y José Francisco Perez en febrero de 1812, Leon Ramón Jalon en mayo de 1812 (AHA, T5, 78, Libro de ordenaciones). En otro documento, nos damos cuenta que el prelado no rechazaba la ordenación de los candidatos ilegítimos y apoyó al indígena Mariano Aparicio Somoza, “materno en lengua Kiche, Kachiquel y Sutuhil” cuando éste solicitó ciertas licencias y beneficios. Véase AGI, Guatemala 934 (1817). Claro que esa política favorable a los pobres y a los indígenas pudo haber sido dictada por las necesidades de ordenar un grupo de sacerdotes que no iba a rechazar el servicio de las parroquias más alejadas o calientes de la diócesis. Sin embargo son elementos que no deben desde luego desestimarse en el momento de evaluar el trabajo pastoral de Casaus y Torres.

9272 Esa voluntad de violentar la historia para hacerla encajar en un molde inadecuado explica también por qué se ha construido una interpretación capciosa del papel jugado por el presidente de la Audiencia de Guatemala José de Bustamante durante la Independencia, interpretación que el historiador Timothy Hawkins ha empezado ha revisar acertadamente. Véase Timothy Hawkins, José de Bustamante and the Central American Independence, (Tuscaloosa: The University of Alabama Press, 2004), págs. 213-221

9373 AHA, Colección Larrázabal, Tomo 16, Gobierno Español y Mexicano, Carta del arzobispo al Presidente Urrutia del 12 de marzo de 1819.

9474 AGI, Guatemala 936, El arzobispo de Guatemala informa con justificación sobre los motivos que lo obligaron a dividir el curato de Chalatenango. Representa las desavenencias que han ocurrido con el comisario y tribuna de la Inquisición y pide ciertas declaraciones de VM sobre estos particulares y que el prebendado Bernardo Martinez sea trasladado a canonjía de otra Iglesia fuera de este reino y de México. (1817). Sobre la familia Casaus y Torres y la familia Aycinena véase Christophe Belaubre,“De Juan Fermin à Juan José Aycinena : les évolutions du réseau socio-économique d’une grande famille en Amérique Centrale. XVIII et XIXe siècle”, in Pouvoirs de la famille, Famille de pouvoir, Michel Bertrand (ed.), collection Méridienne, Framespa. 2005, págs. 525-547.

9575 Véase BNE, Hemeroteca Nacional, “El Español”, segunda época, N° 546, Martes 14 de abril de 1846.

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Para citar este artículo :

Christophe Belaubre, « La participación del arzobispo Casaus y Torres a la Ilustración en el Reino de Guatemala. », Boletín AFEHC N°63, publicado el 04 diciembre 2014, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3898

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