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AFEHC : articulos : La frontera con El Salvador: tensiones y problemas para la formación estatal en Guatemala (1821-1863) : La frontera con El Salvador: tensiones y problemas para la formación estatal en Guatemala (1821-1863)

Ficha n° 3933

Creada: 20 abril 2015
Editada: 20 abril 2015
Modificada: 20 abril 2015

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Autor de la ficha:

Carlos SARAZUA PEREZ

Editor de la ficha:

Antonio ACOSTA RODRIGUEZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La frontera con El Salvador: tensiones y problemas para la formación estatal en Guatemala (1821-1863)

El artículo aborda algunos aspectos específicos de la construcción de la frontera entre Guatemala y El Salvador, sobre todo, desde el punto de vista de construcción estatal guatemalteca. Si edificar un Estado implica el monopolio de la violencia y de la recaudación fiscal, abordar el espacio fronterizo pone en cuestión estos supuestos pues se muestran los sustratos superpuestos que definen a los territorios y los alcances de las políticas estatales. Para lograr esta meta, se discuten las condiciones regionales y las dificultades para construir un espacio de recaudación fiscal.
Palabras claves :
Frontera, Estado, Territorios,Fiscalidad
Autor(es):
Juan Carlos Sarazúa
Fecha:
Marzo de 2015
Texto íntegral:

1

Introducción

2 El estudio de las fronteras y los cambios que sufren a lo largo del tiempo es un campo de estudio importante para abordar la construcción estatal. En el caso de la frontera Guatemala-El Salvador, el espacio fronterizo construido en el siglo XIX fue una región con su propia dinámica, marcada por la integración del mercado centroamericano alrededor del añil a finales del siglo XVIII. Una región que se vio afectada por las luchas políticas entre las elites estatales, pero al mismo tiempo, por la participación popular como soldados, contrabandistas, propietarios y vivanderas. Los límites de la acción estatal que se registraron en esa región son un indicador de las condiciones de construcción estatal. Como lo recuerdan Michiel Baud y Willem Van Schendel, la frontera es una zona afectada por la consolidación de esferas de acción estatal que buscan diferenciarse, pero también recuerdan que implican los acuerdos de poder entre sociedad local y el Estado. Por estas razones, se hace necesario un estudio comparativo que abarque ambos lados de la frontera1.

3 Este artículo aborda algunos aspectos centrales en la formación del espacio fronterizo entre Guatemala y El Salvador. En primer lugar, se discuten las condiciones regionales que distinguieron a estos territorios desde el siglo XVIII. En una segunda etapa, la identificación regionalista es el objeto de estudio, aunque aquí hacen falta estudios más detallados desde ambos lados de la frontera. Y por último, se discuten las tensiones a la hora de intentar de controlar el espacio territorial desde la fiscalidad y sus ramificaciones en el campo militar. Fue, en gran medida, la continuación del laisser faire forzoso que enfrentaron los Estados al momento de la independencia, tal como lo recordó hace algunos años Héctor Lindo-Fuentes2.

Región

Los intentos de delimitar una frontera se construyeron sobre las dinámicas regionales que habían definido a los territorios de Sonsonate, Chiquimula y Escuintla (en el sentido de las antiguas jurisdicciones coloniales). Marcadas por las dinámicas comerciales y sociales definidas por el añil, es importante recalcar la articulación entre San Salvador y la Ciudad de Guatemala durante la segunda mitad del siglo XVIII porque explica en parte las dificultades para hacer la frontera, así como la participación que tuvieron los pobladores de esta área. En este sentido, la herencia dejada por el mestizaje y la distribución de asentamientos españoles entre el siglo XVI e inicios del XVIII marcó a esta región. Varias propiedades de españoles se ubicaron a lo largo del camino del Golfo de Izabal en la Costa Caribe dedicadas al ganado y cosecha de algunos granos. Por otro lado, la población negra presente en mayores proporciones que en Los Altos o la Verapaz facilitó el mestizaje ya mencionado. Esta diferenciación étnica permitiría que la población diversa utilizase el castellano como lengua franca, a pesar de que las comunidades indígenas defendían su status para poder conservar los ejidos3. La integración comercial del Istmo, ocurrida gracias al añil, durante los siglos XVIII e inicios del XIX, fue un proceso que permitió que fluyeran distintos efectos articulados en dos espacios de consumo: la Ciudad de Guatemala, como el mayor centro urbano del Reino, y la zona de San Salvador y San Miguel, productoras directas del añil a costa de la reducción de la siembra de granos básicos y la crianza de ganado. Este intercambio fue financiado por los préstamos realizados por los comerciantes de la Ciudad de Guatemala, intermediarios y socios de los comerciantes de Cádiz.

4 Las consecuencias del auge añilero fueron la conformación de haciendas de engorde de ganado en la planicie del Pacífico, la participación de la población como arrieros y contrabandistas y la conformación de redes de distribución de cereales y otros productos agrícolas hacia San Salvador y Guatemala. En pocas palabras, la construcción de una región insertada en las dinámicas establecidas del mercado centroamericano articulado alrededor del añil. La discusión sobre las rutas comerciales permitiría comprender de mejor manera la lógica de las ferias que tuvieron lugar en las proximidades de la ruta (Cerro Redondo, Jalpatagua, Chalchuapa y Esquipulas).

Durante el último siglo de dominación hispana, existieron varias vías de acceso para las importaciones de géneros y las exportaciones, sobre todo de añil, que partían desde la ciudad de Guatemala. El camino del Golfo recorría Petapa, el Valle de las Vacas, Guastatoya, Sanarate, San Cristóbal Acasaguastlán, Chimalapa, Zacapa, Gualán y la Montaña del Mico. Esta vía presentó irregularidades en el flujo comercial debido a los abusos sobre los indígenas, la geografía, la dependencia de los patachos de mulas irregulares. Sin embargo, su importancia se acrecentó con la declaración del puerto de Omoa como puerto habilitado según las especificaciones del Reglamento de Libre Comercio de 1778. En cambio, el camino hacia las provincias no dependía de un puerto principal, a excepción del rol que desempeñó el puerto de Acajutla en Sonsonate. Al contrario, su importancia radicaba que tanto el precioso añil como el ganado y, en pocas palabras, la comunicación con el resto del Reino pasaba por este camino. Partía de Santiago siguiendo los pueblos de Petapa, Sierra de Canales, Cerro Redondo, Los Esclavos, Jalpatagua, Río la Paz y Ahuachapán, después se podía seguir a Sonsonate o a San Salvador. A la par de estos caminos principales, existió toda una compleja red de caminos, veredas y sendas vecinales que conectaban a los pueblos con las haciendas y otros pueblos próximos, y que concentraron el comercio local y regional. Por ejemplo, fueron importantes los vínculos que partían desde Chiquimula y Zacapa hacia el Salvador y Honduras. Aunque el añil forzosamente debía ser registrado en la Real Aduana en Guatemala, las exigencias de un camino que uniese la provincia de el Salvador con el camino del Golfo fue una de las constantes demandas de los comerciantes provinciales, sobre todo después de la década de 1770, la que sería retomada en el siglo XIX4.

5 Desde un plano social, la participación como arrieros para muchos habitantes de la región fue importante. Por un lado, como lo ha sugerido José Antonio Fernández, los ciclos anuales de cosecha y los ritmos de circulación en la ruta del Golfo, obligaron a aquellos dedicados a la arriería a depender en gran medida de su trabajo. Es decir, les era imposible dedicarse a la agricultura si atendían el nivel de comercio que transitaba por esa ruta. Por otro lado, en la ruta San Salvador-Guatemala, la distribución como arrieros era una actividad en manos de no indígenas, en su mayor parte. Tal como lo atestiguan las cuentas de la Garita de Cuajiniquilapa, hoy Cuilapa en el departamento de Santa Rosa, la mayor parte de los intercambios era realizado por arrieros no indígenas provenientes de las provincias de Santa Ana y la alcaldía Mayor de Sonsonate, y de otras poblaciones en el oriente de la actual Guatemala. Es decir, manifiesta la existencia de una red de personajes especializados en la arriería (ver Cuadro 1) y que cualquier trastorno al mercado añilero afectaría a estas poblaciones5.

6 Durante el periodo de formación de la Federación de Centroamérica y, por consiguiente, del Estado de Guatemala, el camino entre San Salvador y Guatemala mantuvo su importancia por ser la vía de traslado de tropas durante las guerras en el siglo XIX y por los intercambios comerciales que utilizaron el puerto de Acajutla, en El Salvador para llevar mercancías a la Ciudad de Guatemala. Ésta última ruta conservó su importancia durante el auge del cabotaje inglés en el Pacífico en los años 20 y 30 del siglo XIX, tal como lo atestigua el viajero holandés Jacobo Haefkens en 1827: “El puerto (del) Pacífico más cercano a la capital [Guatemala] es Sonsonate. El flete por mula de allí a Guatemala ascenderá, por si mucho, a una tercera parte de los gastos para mercancías desde Omoa6 (en la costa caribeña de Honduras).”

Este camino conservó su importancia durante los años siguientes. Sin embargo, para la década de 1840 ya se reportaba que los arrieros que atendían la ruta habían disminuido su actividad frente a la reconfiguración de la economía de los Estados de Guatemala y El Salvador a raíz de la caída de la Federación. Además, los comerciantes salvadoreños que importaban por el Caribe en el puerto guatemalteco del Golfo de Izabal buscaron otra ruta a través de Honduras o la frontera con Guatemala, tal como lo atestiguan los conflictos por los derechos de importación en 1841. Por otro lado, los envíos de ganado desde Honduras y Nicaragua continuaron durante esa década, pero en menor escala7. Los cambios en las rutas de exportación con la inauguración del ferrocarril de Panamá (1855) y la salida de los productos en forma mayoritaria por el Pacífico a través del puerto de Iztapa-San José, en la costa de Escuintla, llevaron a que la ruta hacia San Salvador perdiese parte de su importancia para mediados del siglo XIX. Recuperaría parte de su brillo con el auge del café en la década de 1860, en la cual los territorios que atravesaba este camino iniciaron la producción del grano y necesitaban una mejor ruta para su salida. De ahí, la exigencia de los cosecheros para tener un puerto más cercano o la salida vía Acajutla.

Regionalismo

7 En un trabajo reciente la socióloga Matilde González-Izas recuerda el enorme peso que tiene en la memoria de la población actual del oriente de Guatemala el conjunto de las dinámicas sociales que distinguieron que le imprimió a esta zona las herencias deldurante los siglos XVIII y XIX. Recuerdan claramente la participación en el comercio regional, legal y contrabando, además de la participación en las milicias y cuerpos militares en las guerras contra Gran Bretaña y los Estados vecinos8. En este sentido, la recuperación de la identificación como un espacio particular tuvo sus manifestaciones particulares durante la primera mitad del siglo XIX. Aunque quedan pocos registros, el ensayo publicado por el presbítero José Mariano Mendez en 1821 por parte de uno de los integrantes de la elite de Santa Ana ayuda a reflexionar el papel que jugó el regionalismo y su inserción en la construcción estatal salvadoreña y guatemalteca Poco antes de la firma del acta del 15 de septiembre de 1821, un presbítero escribió una memoria dirigida a las Cortes en la cual exponía la situación del Reino y proponía una reorganización administrativa del mismo. El padre Méndez caracterizaba al Reino como una unidad desigualmente dividida en su administración, provocando un desequilibrio en la distribución de los recursos disponibles9. Para remediar esto, Méndez propone que se reorganizara la división administrativa de todo el Reino, que correspondería a las esferas de poder de las elites regionales en su lucha por construir su propia hegemonía. De particular interés es la idea de establecer entre las provincias ya conocidas una nueva unidad administrativa, con cabeza en Santa Ana, que incluiría a todo lo que hoy corresponde al Occidente de la República de El Salvador y a los pueblos de Asunción Mita, Santa Catarina Mita, San Luis Jilotepeque, San Francisco Quezaltepeque, Jocotán, Chiquimula, San Pedro Zacapa, Gualán y todos sus anexos.

8Este paso conllevaría a la construcción de un ente voraz comercialmente hablando, ya que, según se vio anteriormente, implicaría el control de las rutas comerciales de Guatemala (el camino del Golfo) hacia Europa al incluir a Zacapa y Chiquimula. También incluye a la ruta del Pacífico al considerar dentro de los límites de esta entidad a Sonsonate y su puerto desde donde “se hace el comercio con Lima, Guayaquil, y todo el Perú, Panamá, León, Acapulco y San Blas de México10.” A la par de la importación de efectos europeos por el Golfo, en el sur se controlaría la introducción de vinos, aceites, pasas, peyones, ropa de la China y cacao. A su vez, se exportan añiles, alquitrán y tejidos de algodón. No se olvida de agregar que se debería de contar dentro de los límites de esta diputación con un Jefe Político, un intendente, un obispo (aunque sin canónigos), un colegio seminario y una Universidad de segunda enseñanza. Para justificar su propuesta, Méndez afirma

9A todo este terreno le riegan muchos ríos, que desaguan en ambos mares y se pueden hacer navegables, y cuantos canales convengan al comercio interior, especialmente el Motagua y de Zacapa, lo mismo el lago de Güija (…) en lo interior está situado el río Lempa, y por el Sur el de Paz. Las principales producciones de esta provincia son el añil, azúcar, cacao, vainilla, plátanos, frijol, arroz, maíz, toda suerte de frutas, trigo, bálsamo negro y blanco, lacre, achiote, sombreros de pajillas, esteras, algodón, tejidos de lo mismo, haciendas de ganado vacuno, caballar, mular y lanar, pescados, y tiene tres ferias cada año en el Santuario de Esquipulas, Sonsonate y Cuatepeque, que son romerías muy concurridas de todo el Reino, y hasta de México. Se trabajan los minerales de plata, oro y hay muchos ingenios de hierro11.

Más allá de la riqueza productiva y diversidad, lo que llama la atención de las afirmaciones de Méndez es que, al abarcar a todos estos pueblos, se llegan a complementar productivamente. El ganado permite alimentar a los trabajadores del añil; el azúcar puede ser intercambiado en Guatemala; sombreros y algodón pueden comercializarse fuera de esta provincia. De la misma manera, contaría al interior con tres ferias que aunque en descenso en cuanto a los montos vendidos, aún eran lo suficientemente importantes como para atraer a personas desde México; además contaba con vías acuáticas en los ríos que lo atravesarían. También proponía la reorganización de Guatemala y los Altos. A éstos últimos le daba las mismas prerrogativas administrativas ya mencionadas, teniendo como cabecera a Quezaltenango. En el caso de Guatemala, la reducía a las Alcaldías de Sacatepéquez, Guazacapán y Escuintla, Chimaltenango, Sololá y Verapaz.

10 De la propuesta de Méndez se debe enfatizar el reconocimiento, poco antes de la independencia, de las esferas de control que ejercían los centros urbanos a lo largo de Centroamérica antes de que se iniciara el proceso de construcción de la República Federal. Así, reconoce que Cuajiniquilapa y algunos pueblos de la Montaña y los de la franja costera (Chiquimulilla, Taxisco y Guazacapán), estaban bajo la autoridad de la ciudad de Guatemala. Por otro lado, observa los fuertes lazos que vinculan a muchos pueblos del oriente de Guatemala con sus vecinos de la Intendencia de San Salvador, al considerar la posibilidad de agregarlos a la nueva provincia con cabeza en Santa Ana. Esto viene a confirmar la validez del papel que jugó el comercio a finales del dominio español entre el Salvador y Guatemala como factor clave en la configuración de los espacios territoriales durante los primeros años del periodo independentista. Hay que hacer notar que el proyecto estatal que expresa Méndez como integrante de la elite de Santa Ana es un fenómeno poco estudiado que se reviste de una gran importancia para definir los regionalismos al este de Guatemala.

En su intento por afianzar y expandir su hegemonía durante el proceso de anexión a México, la elite salvadoreña obligó a través de la figura de Manuel José Arce a varios pueblos cercanos a Guatemala a aceptar su incorporación a San Salvador, figurando entre ellos Santa Ana. Arce obligó a las autoridades locales a firmar el acta que, con fecha del 23 de marzo de 1822, se reconocía la agregación de dicha ciudad a la provincia salvadoreña12. La protesta elevada al presidente de la Audiencia Gabino Gainza condujo a que se iniciaran las hostilidades en contra de San Salvador, dirigidas por Manuel Arzú y Vicente Filisola, y que llevaron finalmente por parte de esta ciudad al reconocimiento de la anexión de Centroamérica a México a inicios de 182313. Para marzo de 1823, se hace visible que la anexión a México por parte del antiguo Reino de Guatemala ha fracasado ante los problemas internos que afrontan Iturbide y las provincias centroamericanas. Por ello, el comandante Vicente Filisola emitió el decreto con fecha 29 de marzo de 1823 autorizando que estas provincias se organizaran como mejor les conviniera. Este decreto permitió a los políticos centroamericanos iniciar el proceso que los encaminaría a edificación de la Federación Centroamericana y la división del territorio14. Como parte esencial del proceso legitimador, la elección de diputados para la Diputación Provincial en julio de 1823 obligó a la elite política a dividir provisionalmente a los territorios para que los miembros elegidos fuesen representativos de los distintos pueblos. Por eso, llama la atención que los electores de Sonsonate y Escuintla hayan sido convocados en forma conjunta para votar por un sólo representante, indicando quizás que las autoridades guatemaltecas que controlaban la Diputación veían aún a Ahuachapán y Sonsonate como parte de Guatemala; y por otro lado, la división poco precisa entre los futuros Estados, signo claro que definió a este periodo como el periodo de pugnas para hegemonizar por parte de las elites la mayor parte de territorios. Este sufragio revistió de mayor importancia para aquellas poblaciones situadas sobre el antiguo Camino Real, como Cuajiniquilapa, y la franja costera (Chiquimulilla) que pertenecían a la Provincia de Escuintla debido a que en ellas se ubicaron la mayor parte de electores parroquiales que correspondieron a Escuintla. Lo anterior sugiere la importancia de estos pueblos en la Provincia de Escuintla, ya que fueron las poblaciones que más despertaban interés en la elite de Guatemala debido a su papel en el añil y comercio interprovincial. Durante los meses que transcurren desde julio de 1823 hasta febrero de 1825, las elites políticas centroamericanas enfrentaron la enorme tarea de construir y cimentar una identidad política, a través de la Asamblea Nacional Constituyente, que les permitiera mantener la unidad del antiguo Reino de Guatemala, con la condición de defender los intereses locales que ellos representaban. En medio de la polémica entre federalismo y centralismo, las elites locales buscaron afianzar y acrecentar la hegemonía de las ciudades y distritos que representaban. Por ello, la delimitación de las jurisdicciones estatales se convirtió en el conflicto que vino a estar presente durante este periodo15. Aunque el volumen comercial reportado en los puertos del Océano Pacífico aún no alcanzaba los niveles registrados en el Atlántico, no deja de ser importante gracias a los comerciantes británicos radicados en Perú y Chile, quienes iniciaron a navegar por las costas de Centroamérica, intercambiando añil por telas inglesas. De esta manera, las autoridades estatales de Guatemala y El Salvador anhelaban integrar los espacios marítimos y para ello, revalorizaron una salida al mar a través de un puerto. Así se entiende, por un lado, la rehabilitación del antiguo puerto de Iztapa al sur de Guatemala en febrero de 1824 y el valor que adquirieron pueblos como Chiquimulilla, ya que sus habitantes surtieron de víveres a las guarniciones y habitantes que vivían en las proximidades para 1828, en plena guerra civil con el Salvador16. Y por otro, que la elite salvadoreña no haya cesado en su intento por anexarse a Sonsonate, importante por el puerto de Acajutla y el papel de estos territorios por sus contactos con los ingleses17. De tal forma, los salvadoreños tuvieron que negociar con los pueblos y villas que conformaban esta provincia. En este sentido, el caso de Ahuachapán es ilustrativo. Las autoridades locales de esta villa aceptaron reconocer su ingreso al Estado de San Salvador si se conservaba su condición de partido, restituyéndoles los pueblos que le fueron arrebatados por Sonsonate, y que pudieran elegir un diputado al congreso del Estado. Al igual que Santa Ana, las autoridades de Ahuachapán consideraban la posibilidad de formar otro Estado soberano que no dependiera de las autoridades guatemaltecas ni salvadoreñas:

11Que esta agregación sea y se entienda sin perjuicio de que si en algún tiempo nuestra antigua Provincia de Sonsonate por si ó con agregación de otros pueblos, o partidos tuviese los elementos necesarios para formar Estado, y entrar a la federación como uno de tantos, pueda livremente [sic] este partido segregarse del de el Salvador, y agregarse al que se forme si lo conviniere18.

Posteriormente, en junio de 1824 la Asamblea Constituyente del Estado del Salvador decreto en forma unilateral la incorporación de Sonsonate a su territorio. Y como este Estado se adelantó en cuanto a la designación de una asamblea estatal, los demás Estados siguieron sus pasos, reconociendo las medidas tomadas por la elite salvadoreña. De una comisión nombrada para dividir los territorios de Centroamérica en junio de 1824, conformada por José Francisco Barberena y Manuel Jacinto Gómez, se sugirió que Guatemala debería incluir a Sacatepéquez, Chimaltenango, Escuintla, Chiquimula, Verapaz y las comandancias de Omoa y Trujillo; Comayagua a Tegucigalpa; Quezaltenango a Sololá, Totonicapán y Suchitepéquez. En cuanto a “la de San Salvador con el de Sonsonate19”. Sin embargo, la elite guatemalteca aún no renunciaba a Sonsonate, como lo expresa la Constitución del Estado de Guatemala, decretada el 11 de octubre de 1825. En su artículo 35, declaraba como parte de su territorio a “los partidos de Suchitepéquez, Sonsonate, Escuintla y Guazacapán20”. Los constituyentes de Guatemala se vieron obligados, finalmente, a reconocer la pérdida de este partido, ya que en la división territorial del Estado, establecida en noviembre del mismo año, se crearon los departamentos de Guatemala y Escuintla, Verapaz y Petén, Suchitepéquez y Sololá, Sacatepéquez y Chimaltenango, Quetzaltenango, Chiquimula y Totonicapán-Huehuetenango21. Se puede considerar como hipótesis de que el expolio que sufrieron los pueblos de la Alcaldía Mayor de Sonsonate entre 1822 y 1823, brindó a la elite de San Salvador la oportunidad de negociar y maniobrar al interior de conflictos locales para conseguir la adhesión de la mayor parte de los mismos a su proyecto estatal, apoyado también por la fuerte relación comercial que mantenía dicha elite con Sonsonate. De gran importancia para la construcción de las fronteras estatales reconocidas después de 1825, la incorporación final de Santa Ana y de las poblaciones de la que fuera la Alcaldía Mayor de Sonsonate al Estado de El Salvador muestra, entonces, no sólo la lucha por la hegemonía territorial entre Guatemala y el Salvador por los territorios añileros, manifiesta también el carácter de zona fronteriza que adquirieron los pueblos que previamente compartían nexos comerciales y sociales ubicados a lo largo del camino entre estos dos Estados. Esto se manifestaría con mayor precisión en la guerra civil de 1827-1829. Es de notar que esta “pérdida” territorial nunca fue reclamada con el mismo énfasis en el discurso nacionalista, con la excepción de Juan José Aycinena desde 1833, como sí sucedió con el caso de Chiapas22.

Frontera fiscal

Las disputas que tuvieron lugar entre El Salvador y Guatemala después de 1840 por los derechos de importación son un buen ejemplo de las dificultades para delimitar, luego de desaparecida la Federación, el territorio bajo control fiscal y la vigilancia de los puertos en el Caribe y el Pacífico. Como ya se mencionó, después del camino del Golfo hacia Izabal, el otro camino importante antes de la independencia era aquel que conectaba San Salvador con Guatemala gracias a que en él circulaban los zurrones con el precioso añil hacia la Aduana y para luego pasar al Golfo para su envío marítimo a la Península. De la misma manera, esta era la vía de paso para el ganado desde Honduras y Nicaragua para el engorde en los alrededores de la Ciudad de Guatemala. Y por último, por este camino pasaba buena parte de los granos y textiles provenientes de los Altos hacia San Salvador, San Vicente y San Miguel, las principales zonas productoras de añil23. El mercado centroamericano articulado por el añil se había fragmentado con la crisis del tinte a inicios del siglo XIX, hecho que es considerado clave en la desintegración política posterior a 1821 del Istmo. Este hecho afectó la actividad comercial del antiguo Camino Real entre San Salvador y Guatemala. Sin embargo, la importancia estratégica del mismo creció en el periodo federal debido a las batallas que se lucharon a lo largo de su trayecto, consecuencia de las disputas entre Estados y ciudades. En cuanto al comercio, para las décadas de 1820 y 1830 las principales introducciones se hacían desde Izabal y la costa caribeña, pero el auge del cabotaje inglés basado en Valparaíso y El Callao estimuló la navegación de buques en el Pacífico, favoreciendo los puertos en El Salvador. De esta manera, a pesar de la autorización del puerto de Independencia o Iztapa en la costa del Pacífico del Estado de Guatemala en 1825, el camino de acceso desde el sur hacia la Ciudad de Guatemala se hacía desde Acajutla, en Sonsonate, El Salvador24. En cuanto al comercio, durante la década de 1830 se mantuvieron los intercambios desde Acajutla con dirección a Guatemala y otros efectos desde Honduras y Nicaragua. Sin embargo, la presencia de cuatreros y asaltadores llevó a que el gobierno de Mariano Gálvez (1831-1838) impusiera una campaña de reasentamiento de familias de varias poblaciones a lo largo del camino. Las más afectadas fueron Sacualpa (actual San José Acatempa) y Jalpatagua. Familias enteras se vieron obligadas a moverse al presidio de San Felipe en las cercanías a Izabal en el periodo 1834-183625. La coyuntura marcada por la separación de los Estados de la Federación a lo largo de 1839-1840 hizo más urgente la necesidad de redefinir los aranceles a los productos importados y su intercambio entre los Estados, hecho que estaba regulado durante la Federación por la reglamentación de aranceles, siendo la última de 1837. En este sentido, cada Estado tenía la libertad de modificar las cargas de introducción. El Salvador uso esta nueva potestad y declaró el 1 de octubre de 1839 una carga del 20% para todos los efectos que se introdujeran desde Guatemala, Honduras y Nicaragua, hecho que fue reafirmado un año más tarde luego del fracaso de las negociaciones entre todos los Estados. La reaplicación de este arancel en septiembre de 1840 llevó a toda una campaña en los papeles públicos que circularon con mutuas acusaciones en ambos lados de la frontera. En ellos, las quejas sobre los efectos de las recargas aplicadas al comercio florecieron, tales como afirmar que la baja de circulación monetaria en El Salvador era causada por los impuestos en Izabal. Además, otro problema para las autoridades en Guatemala era la introducción de monedas provenientes del sur, cuyo peso y contenido metálico no estaba ajustado a la legislación vigente, y por ello implicaba una fuga de la moneda acuñada26. El punto central de la polémica giraba en torno a la solicitud del gobierno salvadoreño por eximir de alcabala marítima y otros impuestos a los efectos que llegaban al puerto guatemalteco de Izabal y se dirigían a dicho Estado. La negativa del gobierno guatemalteco motivó la medida del 20% como forma de presión. Las autoridades en San Salvador argumentaban que la alcabala marítima era un impuesto al consumidor, y por ello los introductores no debían de pagarlo. Este hecho hubiese obligado a pagar los impuestos en El Salvador. Por su parte, la comisión de hacienda en Guatemala replicaba por el contrario que era un impuesto a los introductores que, a su vez, lo trasladaban a quienes compraban los bienes ingresados. La comisión opinaba que buena parte de las mercaderías con destino a El Salvador eran después de nuevo introducidas a Guatemala a través de las ferias en el pueblo fronterizo de Esquipulas, convirtiendo así este comercio en un fraude para las arcas guatemaltecas si no se aplicaban los impuestos en la aduana de Izabal. Los balances existentes mostraban, como ejemplo, que en el año económico de 1839-1840 la aduana de Izabal había producido 83.192 pesos, de los cuales 22.510 correspondían a los bultos con dirección al vecino Estado. Así que no era una cifra menor para ese momento. Además, estas cifras aduanales eran parte de la garantía hacia los acreedores del Estado y de buena parte de la deuda de la extinta República Federal quienes acudían a Guatemala para sus reclamos, así que cualquier reducción afectaría el crédito de las autoridades guatemaltecas27. Frente a la negativa en San Salvador de rebajar los impuestos del 20% sobre las mercaderías extranjeras llevadas desde Guatemala, las autoridades de este último Estado replicaron con una carga del 15% a todos los bienes desembarcados en puertos salvadoreños para diciembre de 184128. Esto inició un periodo de tensiones y respuestas de parte de ambos gobiernos. En varias ocasiones se llegó a un acuerdo para mantener cuotas semejantes, para luego romperse y reaplicar aranceles altos de parte de los dos gobiernos. Así, el 21 de octubre de 1842, las autoridades guatemaltecas derogaron el arancel del 15% por el acuerdo alcanzado con el Salvador. Este acuerdo fue roto casi ocho meses después y se recuperaron las cargas anteriores de introducción. El comercio desde Acajutla significaba, según estimaciones gruesas, la pérdida de 14.000 pesos en ingresos fiscales, hecho muy importante porque estaba libre de contratas y otros compromisos de deuda. Esta razón llevó a que el gobierno de Guatemala utilizase este “nuevo” ingreso como garantía de un préstamo por 6.000 pesos en marzo de 1842. Por otro lado, los comerciantes, sobre todo los extranjeros, sacaban provecho de esta situación debilitando el papel que pudiese jugar Iztapa como vía de importación desde el Pacífico para Guatemala, ya que decidían importar vía El Salvador a pesar de las condiciones favorables dadas por el gobierno guatemalteco. Un caso importante fue el de Carlos Klee, quien había solicitado ciertos privilegios para importar vía Iztapa, y a pesar que el gobierno accedió a su requerimiento, Klee mantuvo sus envíos por Sonsonate29. Esta situación llevó a las autoridades a restablecer la garita en Cuajiniquilapa, parte fundamental del camino entre la frontera y Ciudad de Guatemala30. Las tensiones que se mantuvieron a lo largo de los siguientes años fue una constante. Por ejemplo, un comerciante inglés, Robert Wallace, se quejó ante el representante de la Corona Británica en 1845 pues le incautaron un cargamento de hierro que introdujo en Guatemala proveniente del Estado vecino. En este caso, las autoridades aduanales en la Ciudad de Guatemala justificaron su proceder como parte del conflicto irresuelto con El Salvador31. Por otro lado, las tensiones que tuvieron lugar entre Guatemala y El Salvador produjeron una larga serie de conflictos. Las guerras a lo largo de la primera mitad de la centuria afectaron a estas poblaciones pues siempre fueron vías de paso para los ejércitos o zonas de reclutamiento y abastecimiento para las divisiones y batallones en marcha. Este hecho se repitió desde 1822 hasta 1863 en cada una de las campañas militares. Por ejemplo, el representante inglés en 1863 anotaba en su comunicación a Londres que las tropas de Rafael Carrera situadas en la frontera, listas para invadir a El Salvador, se dedicaban a incursionar sobre las poblaciones al otro lado del Río La Paz con la intención de hostigar a los pobladores y a las fuerzas defensivas salvadoreñas32. Es decir, la frontera como espacio en disputa desde lo militar implicó un enorme peso para las poblaciones vecinas, pero como otros casos lo sugieren, también fue vía de escape pues las tropas rebeldes podían escapar en busca de refugio. Así, la conexión entre Guatemala y El Salvador fue intensa, pero aún más importante, se debe rescatar también la experiencia local para entender con más detalle el peso de la frontera para los habitantes de la zona.  

12Cuadro 1
Lugares de origen Número de ingresos en la Garita
Oriente y Centro de El Salvador 214
Oriente de Guatemala 277
Centro de Guatemala 51
Otros 17
Total 559

13Fuente: AGCA, A3 Leg. 1077 Exp. 19657, (1791)

14Notas de pie de páginas

151 Michiel Baud y Willem van Schendel, “Toward a comparative history of Borderlands”, Journal of World History, Vol. 8, No. 2, (1997), pág. 211-242.

162 Héctor Lindo-Fuentes, La economía de El Salvador en el siglo XIX, (San Salvador: DPI, 2003), pág. 67.

173 Claudia Dary, Unidos por nuestro territorio. Identidad y organización social en Santa María Xalapan, Guatemala, (Guatemala: Editorial Universitaria, 2010), pág. 47-60; Michael Fry, “Agrarian Society in the Guatemalan Montaña, 1700-1840” (PhD Diss., Tulane University, 1988), pág. 220-222.

184 Julio Pinto Soria, El Valle Central de Guatemala un análisis acerca del origen histórico-económico del regionalismo en Centroamérica, (Guatemala: Editorial Universitaria, 1988), pág. 10-12; Gustavo Palma, Caminos y veredas en la Guatemala Colonial, s/f, 1-3; Mario Rodríguez, El experimento de Cádiz en Centroamérica (1808-1826), (México: FCE, 1984), pág. 29.

195 Trabajo esto en mi tesis de licenciatura, Juan Carlos Sarazúa, “Territorialidad, comercio y conflicto al Este de Guatemala, Santa Rosa, 1750-1871” (Escuela de Historia, Universidad de San Carlos de Guatemala, 2007), pág. 42-43.

206 Jacobo Haefkens, Viaje a Guatemala y Centroamérica, (Guatemala: Editorial Universitaria, 1969), pág. 99. Los paréntesis son míos.

217 El viajero Robert Dunlop atestiguaba esto en 1845 con un pueblo guatemalteco de la frontera llamado Oratorio: “Todos los habitantes son arrieros, y cuando lo requieren pueden reunir 500 mulas entre ellos; llevan casi todas las mercancías que pasan entre los Estados de Guatemala y San Salvador, y cuando la mayor parte de efectos dirigidos a Guatemala eran descargados en Acajutla, el puerto de Sonsonate, ellos eran continuamente empleados._ Ahora, su negocio no está tan bien_. Aunque, hacen un buen trato al acarrear azúcar desde Santa Ana y Ahuachapán, para el aprovisionamiento de Guatemala, y trayendo de vuelta las manufacturas de ese Estado.” Robert Dunlop, Travels in Central America being a journal of nearly three years’ residence in the country, (London: Longman, Brown, Green and Longman, 1847), pág. 72.

228 Matilde González-Izas, Territorio, actores armados y formación del Estado, (Guatemala: Cara Parens, 2014).

239 Christophe Belaubre, “Elus du monde et elus de Dieu: les familles de pouvoir et le haut clergé en Amerique Centrale, 1753-1829” (Phd. Diss., Toulouse, 2002) TI, pág. 385.

2410 José Mariano Méndez, “Memoria del estado político y eclesiástico de la Capitanía General de Guatemala y proyectos de división en ocho provincias para otras tantas diputaciones provinciales, jefes políticos, intendentes y obispos, presentada a las Cortes por el Doctor…..” en Carlos Meléndez, (Comp.), Textos fundamentales de la independencia Centroamericana, (San José: EDUCA, 1971), pág. 44-46.

2511 José Mariano Méndez, “Memoria del estado político…

2612 Referencia del acta

2713 Alejandro Marure, Bosquejo histórico de las revoluciones de Centro América desde 1811 hasta 1834, (Guatemala: Editorial El Progreso, 1877), pág. 99-100; Manuel Montúfar y Coronado, Memorias para la historia de la Revolución de Centroamérica (Guatemala: Editorial José de Pineda Ibarra, 1963), T. I., pág. 72.

2814 Mario Rodríguez, El Experimento de Cádiz en Centroamérica, 1808-1826, (México: FCE, 1984), pág. 249.

2915 Arturo Taracena, “Reflexiones sobre la Federación Centroamericana, 1823-1840”, Revista de Historia, IHNCA, No. 2, 1993, pág. 4-12.

3016 Informe y estados con que dio cuenta a la Junta de Gobierno del Consulado de Comercio de la República de Guatemala su secretario Manuel Machado en la sesión ordinaria de 4 de junio de 1861, Imprenta La Luna. 1861, fol. 17.

3117 Héctor Lindo-Fuentes, La economía de El Salvador, pág. 80-81.

3218 Manuel José Arce, Memorias (San Salvador: Ministerio de Cultura, 1959), pág. 308. Acta de fecha 7 de febrero de 1824.

3319 AGCA, B., Leg. 1127, Exp. 25808 (1824).

3420 Manuel Pineda de Montt, Recopilación de leyes de Guatemala, (Guatemala: Imprenta La Paz, 1869), pág. 464.

3521 Manuel Pineda de Montt, Recopilación de leyes, pág. 467-468.

3622 Juan José Aycinena, El Toro Amarillo, (Guatemala: Editorial “José de Pineda Ibarra”, 1980).

3723 Véase José Antonio Fernández, Pintando el mundo de azul: el auge añilero y el mercado centroamericano, 1750-1810, (San Salvador: DPI, 2003).

3824 Tal como lo atestigua la llegada del primer enviado inglés en misión oficial ante las autoridades centroamericanas en 1825, George A. Thompson. Véase George A. Thompson, Narrative of an Official Visit to Guatemala from Mexico, (London: John Murray, 1829).

3925 Ann Jefferson, Rebellion of Mita. Eastern Guatemala in 1837, (PhD. Diss., Massachussetts University, 2000), pág. 204-233.

4026 Una palabra sobre la escasez actual de dinero en el Estado del Salvador, Imprenta del Estado, San Salvador, 21 de julio de 1841, en Biblioteca Nacional de Guatemala, Colección Valenzuela, BNG-CV, No. 1961, Hojas Sueltas de 1841.

4127 Informe que las comisiones unidas de hacienda y comercio presentaron a la Asamblea Constituyente de Guatemala, en la sesión de 4 de octubre, sobre el reclamo hecho por el Gobierno del Salvador, relativo a los derechos marítimos que se cobran en el Puerto de Izabal a los efectos extranjeros guiados en dicho puerto para el mismo Estado del Salvador, Imprenta del Gobierno, Guatemala, 1841.

4228 Manuel Pineda de Montt, Recopilación, pág. 302.

4329 Los decretos mencionados se pueden ver en Decretos de la Asamblea Constituyente del Estado de Guatemala 1839-1845. Imprenta del Gobierno a cargo de Anselmo España, en BNG-CV, No. 1878; Manuel Pineda de Montt, Recopilación, págs. 305 y 613; Archivo General de CentroAmérica (AGCA), C.1, Leg. 51, Exp. 1399, El Gobierno somete a la aprobación de la Asamblea el decreto que emitió en 24 de diciembre último imponiendo un aumento de alcabala a los efectos que desembarcados en los puertos del Salvador se introducen en el Estado y acompaña además el expediente de la materia, 1842, fol. 10v.

4430 Desde enero de 1843, las autoridades de hacienda urgían el restablecimiento de esta Garita porque dicho pueblo era la “garganta de los caminos del Salvador y Honduras” hacia Guatemala. De esta manera, se podía controlar mejor el contrabando y las introducciones ilegales de tabaco. AGCA, B Leg. 2346, Exp. 47181, [Carta sobre conveniencia de puntos para el cobro de alcabala], 16 de enero de 1843. Así, se reproducía la opinión sobre la importancia de Cuajiniquilapa en el comercio con San Salvador a finales del siglo XVIII por el Administrador de Alcabalas, Nicolás Rivera, AGCA, A3.5, Leg. 85 Exp. 1680, f. 1, febrero 1798.

4531 AGCA, B. , Leg. 7723. 1845-1848.

4632 Esto lo traté con más detalle en “Fuerzas militares para defender al Estado: Guatemala 1823-1863” en Juan Carlos Garavaglia,, Pro, J. y Zimmermann, E. (Ed) Las fuerzas de guerra en la construcción del Estado: América Latina, siglo XIX, (Rosario: Prohistoria Ediciones, 2012), pág. 33-58.

Para citar este artículo :

Juan Carlos Sarazúa, « La frontera con El Salvador: tensiones y problemas para la formación estatal en Guatemala (1821-1863) », Boletín AFEHC N°64, publicado el 04 marzo 2015, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3933

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