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AFEHC : articulos : Las bases socioeconómicas de un proyecto estatal en El Salvador, 1824-1865 : Las bases socioeconómicas de un proyecto estatal en El Salvador, 1824-1865

Ficha n° 3936

Creada: 26 abril 2015
Editada: 26 abril 2015
Modificada: 29 abril 2015

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Autor de la ficha:

Clara PEREZ FABREGAT

Editor de la ficha:

Antonio ACOSTA RODRIGUEZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Las bases socioeconómicas de un proyecto estatal en El Salvador, 1824-1865

El presente artículo está enfocado en determinar el proyecto económico que sostuvo materialmente al grupo social de propietarios, terratenientes y comerciantes, que administró el Estado, desde la Independencia hasta la década de 1860. El fin de las restricciones comerciales tras la ruptura del pacto colonial permitió activar los puertos del Pacífico, siendo La Unión uno de los más preciados por los comerciantes extranjeros debido a sus condiciones naturales. Así, la preponderancia de San Miguel y el oriente salvadoreño se desarrolló durante las primeras décadas de vida independiente hasta el momento de la transformación del comercio internacional por el Pacífico a partir de 1848. Se analizarán cuatro pilares de la economía salvadoreña como la producción de subsistencia y la comercial, la estructura del mercado interno y la vinculación con el comercio internacional para comprender el origen de la capacidad operativa de estos individuos.
Palabras claves :
Construcción del Estado, Economía siglo XIX, Oriente salvadoreño, Comercio exterior, Minoría dominante
Autor(es):
Clara Pérez Fabregat
Fecha:
Marzo de 2015
Texto íntegral:

1

Introducción

2El tránsito hacia la Independencia fue un trámite político mas no un cambio socioeconómico real1. La herencia colonial se hizo palpable en el transcurso de la construcción de las estructuras del Estado salvadoreño. Las formas de tenencia de la tierra, el tipo de cultivos y las relaciones con la mano de obra fueron muestra evidente de aquella solución de continuidad. El sector social de los propietarios terratenientes y los comerciantes, que asistió a la transición política ya desvinculado administrativamente de la antigua metrópoli, se erigió como el nuevo poder socioeconómico que gestionó los pasos políticos en el proceso de institucionalización de los poderes públicos de la nueva entidad estatal. La capacidad operativa de estos individuos provenía de la solidez de su base económica por las ventajas favorables en las relaciones económicas con el resto de la población. Al operar en el ámbito público desde su posición particular, sus intereses económicos se convirtieron en la fuerza que marcó el rumbo de las políticas públicas, económicas y sociales del Estado al que había que dotar de significado.

3Para poder interpretar el desarrollo de la política y la sociedad salvadoreña, es imprescindible contar primero con un análisis de la base económica del grupo que administró el Estado basado en cinco pilares: la tierra, la mano de obra, la producción agrícola comercial, el mercado local y los vínculos con el comercio internacional. Con mayor o menor presencia, el sector económico dominante en formación tuvo acceso a los mecanismos que les permitieron tener el control de estas fuentes de riqueza. De este modo conformaron la institucionalidad pública de acuerdo a sus intereses económicos o políticos para consolidar su posición. Sostenemos la idea que la implementación de un proyecto económico basado en la producción y la comercialización del añil realzó la región salvadoreña de San Miguel por sus condiciones naturales y geográficas en el conjunto del Estado.

4Consideramos que en conjunto del Estado, la región de San Miguel tuvo una preponderancia destacable, principalmente durante las primeras décadas de vida independiente antes de la transformación del comercio en el Pacífico debido al descubrimiento del oro en California en 1848 y la construcción del ferrocarril en Panamá en 1855. Los cambios habido en el comercio internacional modificaron la dinámica económica interna que había funcionado prácticamente desde la década de 1820, los primeros años de la Federación centroamericana, hasta 1865 con la llegada al poder de Francisco Dueñas, momento en el que se consolidó el nuevo rumbo económico que iba perfilándose desde 1850.

5El hilo argumental del texto se organizará en tres grandes apartados. El primero se dedicará al análisis de las formas de control de los factores de producción, concretamente la tierra y la mano de obra. En el segundo apartado se examinará el comercio interno y en mayor medida el comercio externo y los vínculos de El Salvador con el sistema económico mundial. Finalmente, en el tercer apartado se hará una breve reseña del origen e intereses económicos en el mercado internacional de un complejo y heterogéneo grupo de poder en auge.

El dominio de los factores de producción.

6En cualquier contexto la economía es dinamizada por unas fuerzas que controlan los recursos naturales, el mercado laboral, el capital físico o humano, el progreso técnico y el comercio internacional. Estos factores de acción económica son condicionados, pero no determinados, por la institucionalidad formal o informal2. La acción económica salvadoreña durante la primera mitad del siglo XIX se comprenderá si analizamos todos estos factores en un contexto inicial de formación de la institucionalidad formal republicana que se reflejó en las primeras leyes y reglamentos combinado con una institucional informal en cuanto a actitudes e interpretaciones culturales del inmediato pasado colonial. Para ello, veremos primero el papel que ejerció la tierra en la nueva dinámica económica salvadoreña tras la ruptura con la metrópoli. En segundo lugar analizaremos el control ejercido sobre la población con la finalidad de canalizar el mercado de mano de obra. En última instancia estudiaremos la base económica de la producción agrícola tanto de subsistencia como la producción destinada a la exportación.

El rol de la tierra en el sistema económico de la nueva república.

7La Independencia conllevó el liderazgo de unos sectores sociales, minoritarios, que se beneficiaron de las nuevas relaciones productivas sin las limitaciones políticas externas que antaño impuso el pacto colonial3. Como veremos en este apartado, uno de los principales elementos de dominio económico fue el control de la tierra. En primer lugar repasaremos la herencia colonial en el aspecto particular de la tenencia de la tierra, en segundo lugar los efectos de la ausencia de políticas públicas claras sobre la tierra que dieron lugar a la presión por la privatización mucho antes de las reformas liberales.

8En el Reino de Guatemala, la ruptura del pacto político no tuvo efectos inmediatos sobre la tierra. Continuó existiendo la tenencia particular y comunitaria de la tierra, ya fuera por parte de indígenas en las tierras comunales o por parte de ladinos en tierras ejidales vinculadas a las alcaldías. El patrón de apropiación y privatización de la tierra por particulares estuvo dominado por la población peninsular, criolla y ladina. La privatización de la tierra se acentuó con la crisis agrícola de la fase tardío-colonial. Los españoles y criollos se habían apropiado de más de un 75% de las tierras traspasadas a particulares4. En la Intendencia de San Salvador, durante la segunda mitad del siglo XVIII, la mayor densidad demográfica y la expansión de las plantaciones de añil propiciaron un mayor dinamismo agrario y un aumento del precio de la tierra5 .

9La propiedad privada de la tierra exigía unos recursos iniciales cuyas fuentes de acceso estuvieron vetadas para mestizos, mulatos, negros libres, indios y españoles pobres. Normalmente las fuentes de riqueza de los colonizadores para aplicarlas a la explotación de la tierra fueron el despojo forzoso, el tributo, los sueldos del funcionariado real, los rendimientos del capital usurario, el comercio, la minería o los beneficios de la misma actividad agrícola. Estas riquezas fueron manejadas por españoles y criollos particulares, funcionarios reales, militares de carrera, clérigos, particulares ladinos e indígenas en menor escala, órdenes religiosas o incluso cofradías indígenas6.

10A finales del periodo colonial se generó un debate sobre la cuestión de la tierra concretamente sobre los intentos de “desproteger” las tierras de las comunidades indígenas e inserirlas al mercado de tierra. Esto fue debido, en parte, a la presión ejercida por la población sin tierra, sobre todo ladina, sobre el patrimonio territorial de los pueblos indígenas a la cual no tenía acceso. Los intentos de reforma, plantea Belzunegui, denotaron la urgencia por mitigar un conflicto social presente durante el proceso de Independencia que tuvo su origen en la distribución de la tierra. La problemática no fue asumida por ninguno de los grupos dominantes tras la Independencia7.

11La aplicación del derecho indiano respecto a la tierra continuó en la era republicana; es decir, se mantuvo la protección sobre la tierra de las corporaciones como la Iglesia o las comunidades indígenas junto a un sistema de propiedad privada de origen colonial8. La identificación de intereses entre comerciantes y hacendados cristalizó en el proceso de la Independencia dado que ambos sectores aspiraron a un cambio político que les permitiera mejorar sus expectativas sin modificar ni un ápice la estructura social que pudiera llegar a alterar la propiedad de la tierra o el sistema laboral9.

12El declive económico predominó en las primeras décadas independientes a causa del ciclo bélico federal y post-federal. Uno de los efectos del mismo fue la reestructuración de las fuentes de crédito y riqueza. Las guerras de El Salvador contra Guatemala implicaron la retirada de los créditos que los guatemaltecos concedían a los cosecheros salvadoreños, el fin parcial del tránsito a los puertos del Atlántico y la emigración rural10. Los salvadoreños tuvieron que buscar nuevas fuentes de recursos y puntos de salida para la comercialización del añil. La actividad portuaria en La Unión se intensificó a tal grado que los pueblos circundantes permitieron el uso gratuito de las tierras comunales para evitar que los habitantes se trasladaran a trabajar al puerto. Como bien dice Browning, con la Independencia el poder supremo estuvo en manos de un gobierno sin restricciones externas, capaz de aplicar programas políticos en defensa de sus propios intereses. Hubo dos realidades determinantes para entender la lógica económica de la región, la primera de ella fue la dependencia del monocultivo del añil que conllevó la persistente búsqueda y fomento de otros cultivos como el azúcar, el bálsamo, el algodón o el café. La segunda fue la falta de definición de la extensión, uso y tenencia de la tierra11.

13No hubo una clara y evidente política de tierras hasta 1880. Durante las primeras décadas republicanas los esfuerzos se destinaron a la venta de baldíos pero con poco éxito hasta que se aceleró el proceso a partir de 186012. Las primeras leyes sobre la propiedad se promulgaron en el marco de la secularización impulsada por Francisco Morazán desde el gobierno federal tras la primera guerra de 1826. En 1830 y 1832 respectivamente se legisló sobre la transferencia de las propiedades de las Cofradías al gobierno y se prohibió la propiedad de bienes raíces en manos muertas aunque ambas leyes con una aplicación muy corta y poco sistemática. Casi dos décadas más tarde, en 1847, se promocionó el café y otros cultivos para exportación en tierras ejidales por medio de exoneración de funciones cívicas como la ocupación de cargos concejiles, el reclutamiento al ejército o de sufrir cualquier tipo de exacción material forzosa13 . A pesar de la irregularidad e inestabilidad de la legislación sobre tierras la tendencia palpable fue la protección de la propiedad privada en vistas a la producción para exportación. Progresivamente la economía política de los gobiernos de El Salvador propició la institucionalización y formalización de la agricultura comercial mediante instrumentos como la Junta de Agricultura. Los notables que la conformaron se encargaron de vigilar y examinar la realidad agrícola e informar al gobierno de los obstáculos que pudieran aparecer para el desarrollo del sector14.

14En esa época, el argumento legítimo para reivindicar la propiedad de la tierra fue la ocupación y uso de la tierra comunal o individual. Aparte de la propiedad privada se aceptó la siguiente clasificación de tierras. Primero, existió el sistema de tierras comunales necesario para el asentamiento rural. Por eso cada pueblo con más de 500 habitantes tuvo derecho a la posesión de un ejido15. Hasta 1860 las autoridades aceptaron entregar ejidos a los pueblos. Pero a finales de la administración del presidente Gerardo Barrios, las condiciones y reglamentos de nuevas fundaciones se tornaron más exigentes y la tierra aumentó progresivamente de precio16. A lo largo del siglo hubo reconfiguraciones territoriales dictadas por el gobierno que trajeron conflictividad social y política. Se entiende que un pueblo que perdía aquel título para degradarse a la categoría de aldea o valle perdía el acceso a la tierra. Por el contrario, algunos valles y aldeas presionaron a las autoridades para adquirir un título más alto que comportara la adquisición de ejidos. Si bien los ejidos y las tierras comunales no podían dividirse ni venderse, se arrendaban con frecuencia para poder ingresar el canon a la Hacienda local17.

15Aparte de los ejidos municipales, se confirmaron los derechos de tierras comunales de comunidades indígenas y ladinas. Paralelamente, las antiguas tierras realengas pasaron a ser los baldíos nacionales. Por el decreto del primero de marzo de 1847 se estableció que aquel que denunciara un baldío, recibiría una parte del mismo. Dos años más tarde se matizó el decreto, posiblemente por los conflictos en su aplicación y por las denuncias sin fundamento en busca de la recompensa. Quedaron excluidas del decreto las tierras comprendidas entre mojones de 1800 en adelante. Es decir, solo podían denunciar tierras en desuso con títulos previos a 180018. Ya ha sido investigado que en algunas ocasiones hubo individuos que denunciaron tierras como baldías que en realidad no lo eran19.

16La dinámica de concesión de ejidos tuvo una lógica política discrecional que fue origen de una parte importante de la conflictividad social y política de la primera mitad del siglo XIX. El presidente del ejecutivo y la Asamblea legislativa emitieron los decretos correspondientes, probablemente motivados por el entramado de apoyos, alianzas y premios que solían ponerse en juego durante la guerra o en la escena política en general. El aumento demográfico incrementó la solicitud de ejidos en la década de 1850. El crecimiento de los pueblos dio lugar a conflictos por linderos entre localidades. Así pasó con San Vicente donde los conflictos por tierras aparecieron cuando llegó a colindar con Apastepeque por el crecimiento demográfico20. Es sabido que, por ejemplo, durante la administración de Gerardo Barrios entre 1859 y 1863, dicho presidente fue un firme defensor de los ejidos21.

17La guerra fue un factor clave en la configuración territorial, sobre todo en el oriente salvadoreño que se convirtió en un enclave geoestratégico codiciado por todas las fuerzas en combate desde la experiencia marcada de la primera guerra federal. Concretamente en el ámbito local, el premio por apoyar a una facción victoriosa se podía traducir en unas políticas de tierras favorables, es decir, en un aumento de ejidos. En este sentido, sabemos que en el marco de la conflictividad fronteriza entre Honduras y el oriente salvadoreño, se gestó en el plano local el conflicto entre los pueblos de Pasaquina y de Bolívar por la ocupación del Valle del Chagüite como terrenos ejidales. La municipalidad de Pasaquina consideró tener más derecho al terreno en tanto había sufrido mayores daños. Mostraron su descontento porque se habían prestado servicios al Estado como “los pedidos de gente, las contribuciones de dinero, bestias, ganados” que no habían sido retribuidos, ni siquiera se había pensado en subsanar de ninguna manera las vejaciones sufridas infligidas por Honduras22.

18La avidez de la agricultura comercial sobre la propiedad comunal de la tierra fue palpable desde la década de 1840. De hecho, progresivamente la frontera agrícola avanzó absorbiendo las pequeñas propiedades, ejidales y comunales respectivamente23. En 1847, los vecinos de la villa de Ahuachapán solicitaron la ocupación y uso de una parcela de ejidos sin cultivar del pueblo de Ataco llamada “el Tablón” para la producción de café. Este producto ya se estaba considerando como muy rentable y “uno de los que deben formar la riqueza del Estado”. Para los vecinos de Ahuachapán – Gabriel Morán, Francisco Ocampo, Liberato Vásquez, J. A. Samayoa, Rosendo Santillana, Carlos Valdivieso, Manuel Santillana, José Elizondo – las ventajas eran obvias. Según ellos, las rentas del café inyectarían fondos a las vacías arcas de Ataco y la población de los alrededores estaría ocupada en los trabajos de las plantaciones. Cabe destacar que estudios sobre época posteriores destacan la regresividad de la Hacienda pública en tanto que predominaban los impuestos indirectos sobre el consumo y no los directos sobre la producción o la propiedad24. En consecuencia, la ventaja que veían los notables de Ahuachapán podía ser el control del recurso de la mano de obra para sus fines personales, más que una utilidad social real.
La consecución del objetivo, según los vecinos de Ahuachapán, exigía eludir las negociaciones con el poder local de Ataco y hacerlo directamente con el gobernador del departamento por el “poco discernimiento de los indígenas que representan aquel pueblo25”. Como ya ha sido estudiado por los historiadores Antonio Acosta, Aldo Lauria Santiago, David Alejandro Luna y Rafael Menjívar las necesidades de la agricultura comercial entraron en contradicción con la producción de subsistencia26. Los indígenas de Ataco se negaron a acceder a la demanda porque en “el Tablón” cultivaban maíz. En vista de respetar la propiedad particular y los ejidos, el gobierno asumió que no podía enajenarse un terreno sin el mutuo acuerdo27. No obstante la presión política y física de los vecinos, la respuesta del gobierno denota que a pesar de la voluntad de cultivar café el grano de oro no era todavía la base de la agricultura comercial.
Las mismas municipalidades buscaron la privatización de estos terrenos ya fuera por su cuenta, ya fuera por presión de algunos sectores de propietarios de tierras. A inicios de 1850, la municipalidad de Conchagua, en el extremo oriental, solicitó permiso para vender las tierras de sus ejidos que no les fueran útiles. Conviene decir que Joaquín Eufrasio Guzmán, hacendado del oriente del país además de comerciante fuertemente vinculado con el mercado mundial y político estatal, fungió como apoderado de esta municipalidad28. Posiblemente estos sectores como el representado por J. E. Guzmán ejercieron algún tipo de presión que derivó en el hábito de privatizar ejidos mucho antes del impulso de las reformas liberales. Algunos autores se han dado cuenta antes que precisamente por el aumento del valor de la tierra, los ejidos comenzaron a venderse mucho antes de las leyes de extinción de 1882, lo cual significó una importante irregularidad jurídica29.
Había tenido lugar años antes, otro episodio de conflictividad social por el uso de la tierra con fines de agricultura comercial. Esto fue en 1848 en el departamento de La Paz, concretamente después de un incendio ocurrido en Santiago Nonualco. Casualmente, en el periodo de la reconstrucción tras el incidente, los vecinos perjudicados se vieron obligados por las autoridades a construir sus casas en otro lugar que, a la sazón, era un terreno mucho más pedregoso, con desnivel y con un clima muy caliente30. Eso nos lleva a pensar en lo sugerido por Romano sobre la calidad de las tierras ocupadas. Aunque hoy en día ya se conocen precios de tierras para algunas zonas y épocas de El Salvador republicano31, todavía no contamos con datos cuantitativos sobre tamaños o precios de los terrenos en términos generales o lugares específicos como la zona de los Nonualcos en la década de 1840. Sin embargo debemos valorar el tipo de tierras ocupadas. Posiblemente la reubicación del asentamiento de los Nonualcos permitió que aquella tierra de calidad fuera destinada a otro tipo de producción más rentable. Elementos como el acceso a los caminos disponibles o a las fuentes de agua para la irrigación fueron motivos de litigio que complementa los precios y las hectáreas32.
El representante indígena de Nonualco lo entendió como un castigo por el supuesto apoyo de la comunidad en la revolución anterior. No obstante nos podemos plantear que quizás fue una estrategia para desocupar aquella tierra y dedicarla a otros cultivos amparándose en un supuesto castigo. No es de extrañar la posición del representante indígena puesto que, como veremos más adelante, líderes políticos de cualquier orientación y origen solían prometer a sectores populares rurales mancomunar las tierras para conseguir sus apoyos como muchas veces hizo el presidente Rafael Carrera de Guatemala entre los campesinos de El Salvador33.

19La tierra y el comercio fueron la perfecta combinación para adquirir y acumular capital. Grandes comerciantes, como Florentín Souza34 de San Miguel, invirtieron en la tierra desde una posición privilegiada de control de capital. Souza era propietario de la hacienda Encantado en el oriente del país. Bien entrado el siglo XIX, en 1870, el pueblo de Intipucá en pleno lo denunció porque en el deslinde de su hacienda se ocupó parte de los ejidos municipales. La municipalidad de unos 300 habitantes tuvo que recolectar 200 pesos para poder pagar el juicio y aun así se tuvo que pedir un subsidio al gobierno35. No sabemos el desenlace del episodio pero suponemos que Souza, como miembro notable de la región oriental, pudo llegar a algún acuerdo que no lo perjudicara en exceso.

20Los grandes propietarios de tierra producían para el mercado externo con los recursos monetarios que les proporcionaban los comerciantes internacionales. En una economía encaminada a la modernización y al mercado, cada una de estas categorías socio-laborales tenía connotaciones muy variadas. A nivel discursivo el término agricultor, propietario de una pequeña o mediana propiedad, gozaba de un mayor grado de honorabilidad, supuestamente por desarrollar una forma de producción más eficiente de tipo empresarial. Esta condición disminuía con el término de labrador que refería la producción de subsistencia combinada con la comercial en menor medida36. Detrás del agricultor y el labrador estuvo el jornalero que trabajaba para el agricultor de forma estacional y siempre tenía la sospecha recayendo sobre su persona porque solían “quebrar” los compromisos laborales, lo cual no es de extrañar porque los términos de producción fueron muy desfavorables37.

21La cuestión de la tierra deriva inevitablemente en la presencia indígena y el tipo de relación con la propiedad que estos establecían. Igual que en la época colonial, las tierras comunales de propiedad indígena se pudieron alquilar ya fuera a población de la misma comunidad o a ladinos. La conflictividad entre ladinos e indígenas por la tierra, descrita con anterioridad, aumentaba o disminuía según el escenario político. En algunos momentos como durante el gobierno de Nicolás Espinoza en 1835 se acentuó la política pública de cuidado y mantenimiento de las tierras comunales indígenas en contra de cualquier ocupación ladina por medio del decreto de 29 de mayo de 1835. Bajo nuestro punto de vista, esa decisión política buscó la fusión de dos tipos de conflicto. El problema del acceso a la tierra entre indígenas y ladinos de origen colonial se sincronizó con los conflictos entre la oligarquía de Espinoza contra Francisco Morazán quien, con sus políticas centralistas federales, perjudicó en gran medida la soberanía del Estado salvadoreño38.

22Por estudios anteriores sabemos que la tierra fue objeto de conflictos verticales entre miembros de sectores dominantes y campesinos, indígenas o ladinos, por el interés en privatizar los ejidos y dedicarlos a la agricultura comercial39. Sin embargo también existieron conflictos horizontales, entendiendo como tales las tensiones entre los sectores dominantes, en este caso. Un ejemplo lo tenemos en las disputas entre Juan Portal, hacendado y comerciante amigo de Gerardo Barrios, y la familia Molina de San Vicente por la ocupación de unos terrenos de propiedad supuestamente desconocida. En 1851, Juan Portal reclamó un terreno como propio aduciendo que eran baldíos, pasando por alto la supuesta propiedad de la familia Molina. Por considerarlo ilegítimo, éstos desobedecieron la orden favorable a Portal y ocuparon el terreno argumentando el compadrazgo entre el agrimensor y Portal40. En enero de 1861 éste último se vio obligado a acudir al mismo presidente de la república por la ocupación. En esta contienda abierta entre hacendados propietarios se manipuló a los agrimensores, jornaleros y colonos de acuerdo a sus intereses. Concretamente los Molina propiciaron la ocupación de las tierras por parte de los colonos en su nombre. Lo que había comenzado siendo una riña terminó en un conflicto armado. Portal consiguió un piquete de ocho hombres por parte del gobernador. Mientras, los Molina acudieron al cabildo de Tecoluca, en el departamento de San Vicente, alborotando e incitando a la rebelión a la población. Treinta hombres perjudicados con la confusión de los propietarios se sumaron a su causa41.

23El sistema de propiedad durante la temprana república mantuvo la estructura basada en la propiedad privada, comunal y ejidal como vimos en el primer capítulo. Lo novedoso de esta primera etapa de formación de la república fueron los primeros pasos hacia la privatización de la tierra. Con la desaparición de las restricciones coloniales hispánicas, y a pesar del mantenimiento de las estructuras comunales municipales e indígenas, se comenzaron a hacer evidentes las intenciones de privatización de estas tierras con fines comerciales. La dinámica fue orquestada por algunos miembros del grupo dominante como Espinoza, Souza o Guzmán, quienes desde sus posiciones privilegiadas tanto económicas como políticas pudieron gestionar los conflictos sociales entorno a la tierra a su conveniencia. Una vez comprendidas las dinámicas sociales en torno a la tierra y su propiedad, conviene que nos detengamos, en el próximo apartado, en explicar qué tipo de productos dotaron de valor esta tierra tan disputada.

El control de la mano de obra.

24En El Salvador decimonónico, además de la tierra, el otro recurso o factor de producción imprescindible fue la mano de obra. En la etapa de formación del Estado salvadoreño el sector social con acceso a la gran propiedad resolvió, según sus intereses económicos personales, el problema de la asignación de recursos desde su plataforma política. Concretamente, el derecho de propiedad con el que se pueden controlar los recursos económicos y su maximización. Es sabido que esta cuestión de la propiedad es la esencia de toda economía y queda especificado en el sistema legal de cualquier país, entendido éste como todo tipo de instituciones, legislación, procedimientos, doctrinas, etc42. El grupo dominante salvadoreño formado en la transición política de la colonia a la república aprovechó el orden administrativo y jurídico existente para introducir las modificaciones más convenientes. Así se preocupó de moldear un sistema legal de acuerdo a sus necesidades de tierra y mano de obra. Como hemos visto con la propiedad de la tierra se mantuvo la misma estructura privada y comunal aunque con progresiva preeminencia de la primera.

25La sociedad salvadoreña de la post-independencia fue muy heterogénea desde el punto de vista económico en tanto convivieron jornaleros, labradores, agricultores y grandes productores. Sobre todo a fines de la década de 1850, desde el punto de vista socio-laboral, el número de labradores y jornaleros – con mayoría clara de éstos últimos – era abrumadoramente superior al resto, lo que denota el carácter rural de la sociedad. Las labores realizadas no eran exclusivas pues en muchas ocasiones los campesinos indígenas o ladinos autosuficientes, con ingresos demasiado bajos, se veían obligados a vender su fuerza de trabajo como jornaleros para completar sus ingresos para la subsistencia43. Tomando los datos del censo de algunos departamentos realizado por el diplomático e historiador Ignacio Gómez podemos ver que más de la mitad de trabajadores y jornales se dedicó a las labores agrícolas. Los trabajos no agrícolas fueron el servicio doméstico, la sastrería, zapatería y el comercio al por menor44.

26Hubo una solución de continuidad en la relación con los factores de producción hispánicos. Si bien la mano de obra no estuvo ligada a la tierra como durante la época colonial, la escasez de mano de obra propició la perpetuación del enganche semanal obligatorio de trabajadores de los pueblos, haciendo las veces de un repartimiento colonial45. Lindo sostiene que la escasez relativa de mano de obra pudo haber contribuido a la libertad de movimiento de los obreros agrícolas46. No obstante esta visión de la escasez en el mercado laboral puede ser una interpretación parcializada del sector social de los grandes propietarios a quienes se les dificultaba encontrar mano de obra disponible y sin restricciones.

27Las quejas constantes de los hacendados por la falta de mano de obra provocaron que desde 1825 se promulgaran leyes de vagancia relacionadas con las exigencias de trabajo. Los reglamentos de policía incluyeron siempre la obligación de hacer cumplir dichas leyes. Desde el decreto de 6 de marzo de 183747 o el de 14 de abril de 1841, todos los individuos sin propiedad conocida debieron demostrar su lugar de empleo por medio de un documento emitido por el patrón. Suponemos que aunque la ley marcara esta disposición, en la práctica muchos no lo tenían. Esa misma disposición se recuperó a finales del siglo XIX durante el auge de las políticas liberales48.

28Esa realidad contribuyó a la institucionalización del trabajo forzoso. Lo que más tarde se denominó Fondo de Trabajadores consistió en la obligación de trabajar dos días al año en la construcción de caminos49. Éste fue un impuesto estatal derivado a las municipalidades para el cobro y la gestión. El único impuesto directo que, paradójicamente, no tenía reflejo en la contabilidad estatal. El fondo de trabajadores tuvo mucha relación con el interés de la oligarquía de mejorar las comunicaciones de cara al comercio.

29Por otra parte también, la coyuntura bélica paradójicamente incidió en el control de la mano de obra. Lindo destaca el impacto negativo de la práctica de los reclutamientos de hombres en la economía puesto que los campesinos, sobre todo jóvenes que trabajaban en las cuadrillas de las haciendas, evitaron participar en ferias dominicales50. Pero, precisamente por ese motivo, como acabamos de decir, desde finales de la década de 1830 los jueces del crimen comenzaron a ejercer presión – aunque no siempre lo lograron51 – sobre la población con la finalidad de conseguir mano de obra mediante el control de boletas de trabajo en campos, valles y haciendas52. Nos parece que esta legislación estuvo muy acorde con las necesidades bélicas del momento. Los reclutamientos se surtían principalmente de la gente de las haciendas que facilitaba el propietario. En consecuencia fue prioritario mantener el control de esta mano de obra que también fue carne de cañón53. Ni a las autoridades militares ni a los hacendados les interesaba que hubiera tanta población dispersa y sin control fruto de la deserción de las guerras. Los primeros pasos de la evolución de una política económica que desarrollara una agricultura comercial estuvo imbricada con el fenómeno de la guerra. El necesario control de la mano de obra para la guerra sirvió simultáneamente para el trabajo en las haciendas.

La producción agrícola a mediados del siglo XIX.

30La economía agrícola centroamericana y salvadoreña en particular tuvo como pilares la producción para la subsistencia y la agricultura comercial. El Salvador como sus pares latinoamericanos se insertó en la economía mundial por medio de la exportación de materias primas durante la primera mitad del siglo XIX. En este caso el fenómeno sucedió mediante la venta del añil. Como ocurría en otros países del continente, la dinámica productiva agrícola fue un tanto más compleja porque la agricultura del añil destinada al mercado exterior convivió con la de subsistencia e incluso con otros productos secundarios que abastecieron los mercados internos regionales54.

31Hemos visto que el sistema de tenencia de la tierra y el control formal e informal de la mano de obra se fueron conformando de acuerdo a las necesidades de la producción intensiva para la exportación. No obstante, conviene que nos detengamos en una parte significativa de la economía local. Nos referimos a la agricultura de subsistencia que estuvo protagonizada por un sector económico campesino que participó del dinamismo económico pero del que casi no hay evidencias escritas55. El grueso de la población campesina se dedicó al cultivo de los principales productos destinados al consumo directo como el maíz, el más extendido en toda la república56, el arroz y el frijol. Pero por otra parte, estos granos básicos también se produjeron – junto con el añil – en las haciendas así como en ejidos y tierras comunales. La ausencia de vías de comunicación adecuadas imposibilitó la integración de un mercado nacional dejando activos mercados locales o regionales como así lo indica la variación de los precios y las unidades de medida como veremos más adelante.

32Los datos sobre producción agrícola son muy escasos para la primera mitad del siglo XIX. Tan sólo contamos con registros aislados de algunas zonas del país con muchas limitaciones. No podremos hablar de mucha o poca producción porque nos faltan referencias al volumen de población y cantidad de tierra cultivada en gran parte del país. Sin embargo tenemos que guiarnos por lo que dicen las autoridades con una data de poco fiar.

33A modo de ejemplo, podemos tomar el departamento de San Miguel, un espacio económico muy involucrado en el crecimiento de la economía y el Estado. Desde la perspectiva del gobierno salvadoreño, la zona oriental del país se caracterizó por la alta fertilidad de la tierra. Según un informe del gobernador departamental de inicios de la década de 1850, el suelo más estéril estaba sobre todo en los distritos de El Sauce, Gotera y Osicala, en el extremo noreste. En cambio, las siembras de maíz en los terrenos más fértiles se concentraban en las laderas volcánicas de San Miguel, Usulután y Chinameca57. Desconocemos de qué manera las autoridades cuantificaron los niveles de fertilidad y sobre todo, lo más significativo, el rendimiento de la misma, que dependía del tipo de cultivo.

34Los primeros registros de producción de granos básicos se realizaron a inicios de 1850. En aquel momento, una fuerte plaga de chapulín (una langosta común) afectó las cosechas de San Miguel, San Alejo, Sauce, Gotera, Chinameca, Usulután58. Posiblemente la escasez propició la necesidad de control de los niveles de producción. Con las debidas reservas que las estadísticas de esta época deben inspirar, los primeros datos de 1852 mostraron que en todo el departamento de San Miguel se produjeron 66.361 fanegas de maíz, 5.264 de arroz y 468 de frijol (Ver Cuadro 1). En estos registros ofrecidos por el gobierno departamental, quedaron sin contabilizar las siembras postreras, es decir las segundas siembras de maíz o frijol que se iniciaban en octubre y se recogían en enero o febrero; sin embargo se supo que fueron muy abundantes en todos los pueblos del departamento. Los datos son aproximados pues como indicó el gobernador que realizó el informe la “gente sencilla” se mostró muy desconfiada por la sospecha de la llegada de algún nuevo impuesto. Chinameca resultó ser uno de los distritos más laboriosos en palabras del gobernador de San Miguel en 1848. El desarrollo económico agrícola y el consiguiente aumento de la población hicieron despuntar el entorno de Chinameca desde 1840 en que se instaló un Juzgado de 1ª instancia59.

35Cuadro 1: Producción de granos básicos en el departamento de San Miguel, 1852.

36
Distritos Maíz Arroz Frijol
San Miguel 11.273 382,8 6
San Alejo 4.846,12 98
Sauce 5.211 26
Gotera 3.792 400
Osicala 16.472 142 312
Chinameca 21.678 1210 160
Usulután 3.099
Totales 66.371,12 5.264,8 478

37Fuente: Informe de la gobernación de San Miguel, Gaceta del Salvador, 25 de octubre de 1852.

38Con el conocimiento actual de las fuentes es muy complejo establecer algún tipo de índice de producción. Lo que si podemos aclarar es que el maíz, el arroz y el frijol tuvieron una importancia absoluta para el consumo interno, mientras que el añil fue el principal producto destinado al mercado exterior. No obstante en algunas ocasiones la comercialización al por mayor de los granos básicos facilitó buenos negocios. La casa comercial Jeffreys & Wilson de Liverpool gozó durante un par de años del privilegio de extraer este tipo de producto hasta que por el decreto de 22 de febrero de 1848 fue revocada dicha prerrogativa60. La situación cambió pocos años después. Precisamente la plaga de chapulín y la correspondiente escasez determinó la prohibición de la exportación de granos durante todo el año de 1852. Aunque, un año después, en 1853 fue permitido extraer por Acajutla 200 quintales de arroz y 200 de frijoles61. Al mismo tiempo, durante este periodo de crisis agrícola por la plaga y las excesivas lluvias se eliminaron los impuestos a los productos comestibles importados como la harina62.

39La agricultura de subsistencia convivió con la producción de añil destinada a la exportación. La agricultura comercial no puede ser asociada directamente a las haciendas porque también se puso en práctica en las tierras comunales junto a la producción para el consumo propio o mercado interno que acabamos de describir63. El cultivo del añil no requería grandes desembolsos, tan sólo los salarios de jornaleros y obreros en la época de la cosecha y su alimentación. Según el viajero y agente comercial inglés John Baily, en la década de 1840 el coste de producir añil era de 30-40 pesos por quintal (100 libras), aunque sin precisar en qué tipo de gasto incurría el productor64. Se utilizaban pocas herramientas aunque en las grandes haciendas se necesitaban muchas mulas para efectuar los trabajos. En febrero se cortaba la zarza y la maleza con el machete de cada jornalero, una vez seco el terreno se quemaba para luego arar la tierra y sembrar antes de las lluvias de abril. El crecimiento era muy rápido ya que a inicios de agosto se podía cortar la planta del jiquilite de donde era extraído el tinte. La cosecha de mejor calidad solía ser en el segundo año de cultivo de la tierra. En octubre y noviembre, coincidiendo con las principales ferias, el tinte ya elaborado estaba listo para el mercado65.

40Aunque la economía del común de los salvadoreños fue el maíz, el frijol y la yuca, el control de la tierra y la producción de añil complementado con el acceso al comercio internacional fueron las bases del grupo dominante dedicado al sector de la exportación. Estos resortes de tipo económico se imbricaron con los políticos. Los principales puestos públicos fueron ocupados por miembros de sectores con reconocidos y probados intereses en el añil por lo que los intereses de las distintas fracciones de este grupo marcaron la dirección de las políticas estatales. Asumimos que la gran mayoría de los que participaron en la Asamblea legislativa o en el Senado tuvieron vínculos directos con la agricultura comercial en tanto que las disposiciones constitucionales indicaban que había que tener una propiedad valorada en 500 pesos para ser diputado, 4.000 pesos para ser senador y 8.000 pesos para ser presidente del ejecutivo66. Por ejemplo, la familia del presidente Rafael Campo67 (1856-1858) tuvo propiedades en el occidente del país68. La familia hondureña San Martín, de la que el padre Joaquín y el hijo José María fueron ministros y presidentes en las décadas de 1830 y 1850, tuvo propiedades en Tejutla y Chalatenango cerca de la frontera hondureña69. Manuel Antonio Évora, diputado y senador fue otro destacado productor de añil de la zona de Chalatenango donde aparte de tener sus haciendas ejercía de habilitador entre los poquiteros del lugar70. Nos parece que el rol ejercido por el diputado Évora fue muy representativo de las relaciones socioeconómicas y de poder existentes en El Salvador decimonónico. Es decir, fue parte de un grupo de personas que mediante sus posiciones privilegiadas en el ámbito económico se convirtieron en gestores del Estado con la capacidad y habilidad para consolidar sus posiciones en detrimento del conjunto de la sociedad con respecto a la cual se abría una brecha social de dimensiones irreparables.

41Conviene describir, en la medida de lo posible, la fracción oriental del grupo social, política y económicamente dominante. Encontramos una fuerte presencia de hacendados añileros de San Miguel como los Montoya vinculados por lazos familiares con los Quiróz y los Santín. Su principal representante, José Miguel Montoya fue diputado, senador y se movió en el circuito de la justicia como su cuñado José Félix Quiróz. El otro cuñado, Miguel Santín del Castillo, fue presidente en 185871. Asimismo, Trinidad Cabañas, de origen hondureño, su cuñado el conocido Gerardo Barrios y el suegro de éste, Joaquín Eufrasio Guzmán, fueron propietarios de haciendas en el oriente y todos presidentes del gobierno entre 1840 y 186072. Otros individuos como el diputado Lucas Jarquín73 fue propietario de la hacienda San Buenaventura en Usulután así como Leocadio Romero74 o Cipriano Samayoa75, diputado y senador aparte de alcalde de Chinameca donde tenía sus propiedades, además de Carlos Antonio Meany, de origen inglés pero asentado en Guatemala y propietario de terrenos en San Miguel76. Así los representantes políticos tuvieron fuertes vínculos con el motor económico del momento, la tierra y la producción de añil. Su posición privilegiada provenía de un control integral sobre todos los medios de producción.

42La incidencia de este grupo social en la vida política provenía de su capacidad de tomar decisiones desde el gobierno central y la Asamblea legislativa y el Senado, y desde el departamental y las Juntas itinerarias. El poder del grupo dominante salvadoreño de la primera mitad del siglo XIX provino por un lado, del control de los medios de producción agrícola; por otro, de la dirección de las estructuras políticas y de la institucionalidad.

La confluencia de mercados en El Salvador del siglo XIX.

43La agricultura comercial en El Salvador, como en otros lugares del norte y sur del continente, funcionó gracias a las conexiones con el sistema económico mundial. Si bien en el apartado anterior examinamos la etapa de la producción, a continuación analizaremos el proceso de comercialización en el marco de la economía de exportación centroamericana. Primero tomaremos en consideración la dinámica del comercio exterior en cuanto a niveles de exportación e importación y entrada y salida de los productos. En segundo lugar, los productos de intercambio y en tercer lugar, estudiaremos, en la medida que las fuentes lo permiten, la organización y funcionamiento del mercado interno salvadoreño.

El comercio exterior y los puertos salvadoreños77.

44Con la expulsión de la corona hispánica de la escena americana, Gran Bretaña ocupó su lugar como principal socio comercial. La costa del Pacífico del sur fue la primera en integrarse en el nuevo sistema comercial en el que los puertos de Guayaquil y Valparaíso se convirtieron en los enclaves principales. Los británicos buscaron mercados para sus excedentes y sus capitales preocupándose de la generalización de las ventas rápidas y no tanto de los precios. Las nuevas estrategias comerciales supusieron un duro golpe a las prácticas tradicionales. La agilidad mercantil de las operaciones rápidas a precios más bajos desestabilizaron a los comerciantes tradicionales que manejaron el sistema crediticio a partir del cual habían podido acumular capital78.

45No podemos dejar de mencionar el interés de la oligarquía por mejorar los puertos y sus accesos, en tanto suponía una buena ocasión para incrementar sus negocios; sobre todo con el descubrimiento del oro en California, episodio que revolucionó los transportes por el Pacífico. Las vías de comunicación eran un aspecto estratégico del crecimiento económico precisamente gestionado por el sector de los grandes propietarios representados en la Asamblea. Las obras públicas, entre las que debemos tener en cuenta la ampliación de caminos, puertos y áreas de almacenamiento de éstos últimos, se llevaron a cabo de acuerdo al tipo de producción y comercialización. Esto es, unas vías de comunicación articuladas con sus negocios con miras al mercado internacional. El canal de acceso al mercado internacional fueron los puertos, tanto los de uso colonial en el Atlántico como los habilitados en los comienzos de la etapa republicana en el Pacífico (Ver Mapa 1). Los servicios de transporte marítimo se promocionaron para evitar la dependencia del transporte terrestre. La red de caminos estaba en muy malas condiciones puesto que sólo permitían el paso de recuas de mulas y no carretas tiradas por bueyes. El contexto internacional incidió favorablemente en este aspecto porque la Fiebre del Oro de California y la inauguración del ferrocarril de Panamá en 1855 impulsaron el desarrollo del comercio marítimo a partir de la década de 184079.

46La proyección hacia el exterior se hacía desde un escenario centroamericano muy particular. El mercado local y regional estaba totalmente fragmentado lo que conllevaba una diversidad de precios y unidades de medida en espacios pequeños. La red viaria fue funcional en términos de comunicación mercantil y, al mismo tiempo, una estructura que permitía la comunicación institucional. Es decir, que por interés económico y luego político, el gobierno federal primero y el gobierno salvadoreño después, trazaron una agenda política que permitiera mejorar este aspecto80. Para ello, en 1823, la Asamblea Nacional Constituyente instauró el Fondo de caminos o de trabajadores. Éste consistía en un impuesto que debía pagar la mayoría de la población ya fuera con dinero o con dos días de trabajo. Esta medida significó un ahorro para los grandes propietarios en tanto la gran mayoría de la población rural, sin capacidad de pago del impuesto, se veía obligada a pagar con días de trabajo que solían exceder las dos jornadas estipuladas por ley. Así estos contingentes de mano de obra arreglaban los caminos que permitían trasladar las mercancías a los puertos que conectaban con el mercado internacional81.

47

Mapa 1: Rutas de comercio y puertos en Centroamérica
Mapa 1: Rutas de comercio y puertos en Centroamérica

48Fuente: Gudmundson, Lowell, Lindo-Fuentes, Héctor, Central America 1821-1871. Liberalism before liberal reform, (Tucsaloosa and London. The University Alabama Press, 1995), pág.32.

49No obstante el transporte interno de mercancías hacia los puertos fue una preocupación constante de las autoridades que se tradujo en la formación de juntas itinerarias. Estas organizaciones controladas por los notables, hacendados o comerciantes, sirvieron para gestionar los arreglos en los caminos. En 1854 se aprobó el reglamento de formación de las sociedades itinerarias de cada departamento – salvo la de Sonsonate que siguió llamándose Junta Itineraria- que debía estar compuesta precisamente por comerciantes, hacendados y agricultores de importancia de cada departamento con la tarea de componer todos los caminos del departamento82. De esta forma pudieron satisfacer sus necesarias primarias de transporte de sus productos a los principales puertos de salida.

50Una vez tratado el aspecto de las vías de comunicación conviene situarnos en el ámbito del comercio internacional que fue la motivación última del grupo dominante para hacer todas estas modificaciones. Para acercarnos a esta parte del tema tomaremos en consideración las series comerciales que elaboró Schoonover con los datos de las direcciones generales de estadística, diarios oficiales y no oficiales de cada país e informes de los gobiernos centroamericanos y las cancillerías británicas, alemanas, estadounidenses y francesas. De estos datos extraeremos las series más completas, es decir, las de Guatemala, Costa Rica y El Salvador. Los registros de Nicaragua y Honduras están muy descontinuados.

51La primera observación es que los valores de las curvas contienen realidades muy heterogéneas. Hasta el año de 1839 los territorios formaron parte de una unidad política federal que a partir de 1840 en adelante quedó fragmentada en los cinco Estados centroamericanos con sus correspondientes mercados en formación. La vinculación con el comercio internacional comenzaba con la exportación de la producción agraria hacia Europa o América del Sur. Las ganancias de estas ventas servían para importar mercancías aprovechando el viaje de retorno. Siguiendo esta lógica comercial y para comprender la posición de El Salvador en el conjunto centroamericano, analicemos primero los datos de las exportaciones (Ver Gráfico 1) para luego seguir con las importaciones.

52Dicho esto, veamos las cifras. En el caso de la venta al exterior entre 1835 y 1850 las exportaciones guatemaltecas superaron ligeramente las realizadas desde El Salvador. En el estado actual de las investigaciones desconocemos la lógica de las exportaciones durante el período de la Federación centroamericana. No obstante intuimos que no hubo ningún tipo de acuerdo o alianza en términos económicos por parte de las distintas fracciones del grupo dominante del istmo.

53Sin embargo a partir de la década de 1850 comenzaron a despuntar las exportaciones salvadoreñas hasta llegar a superarlas en varias ocasiones, sobre todo a inicios de la década de 1860 durante la administración de Gerardo Barrios. Precisamente esto coincide con el descubrimiento del oro en California que impulso el comercio exterior salvadoreño de agroexportación. De hecho en 1861 las salvadoreñas tuvieron un valor de 2.290.507 pesos y las guatemaltecas de 1.272.473 pesos83. Datos similares se registraron en 1862, pero el ritmo cambió un año más tarde. En 1863 se equipararon en torno a 1.650.000 pesos. Desde 1865 fueron superiores las exportaciones salvadoreñas, dejando atrás las guatemaltecas tal y como nos muestra el gráfico.

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Gráfico 1: Exportaciones en Guatemala, Costa Rica y El Salvador, 1835-1875 en pesos
Gráfico 1: Exportaciones en Guatemala, Costa Rica y El Salvador, 1835-1875 en pesos

55Fuente: Elaborado a partir de Thomas y Ebba Schoonover, “Statistics for an understanding of foreign intrusions into Central America from the 1820s to 1930” en Anuario Estudios Centroamericanos, UCR, 15-1-, (1989), págs. 93-117, págs 116-117.

56Por otra parte, en cuanto a las importaciones (Ver Gráfico 2), en términos comparativos, las salvadoreñas llegaron a equipararse con las costarricenses a finales de la década de 1860 y 1870, mientras que las guatemaltecas tuvieron un crecimiento más bajo. Consideramos que en clave interna centroamericana estos datos resaltan la importancia de los puertos salvadoreños en el conjunto de las infraestructuras del istmo, además de la capacidad adquisitiva de los miembros de los sectores económicos más destacados, quienes controlaron los mecanismos comerciales.

57Según esta serie, los índices de comercio exterior – exportaciones e importaciones – salvadoreños superaron a los guatemaltecos incluso los costarricenses en algunos años hasta la década de 1870. Este panorama comercial denota una posición desventajosa de Guatemala respecto al resto. Eso nos sugiere que las motivaciones económicas y comerciales fueron razones de peso que incidieron en los movimientos político-militares del siglo XIX. Cabe decir que precisamente primero: los niveles de importación entre 1844 y 1865 tuvieron mucha variación regional. En 1851 las importaciones por los puertos del Atlántico cayeron en picado, dando lugar a un aumento considerable de importaciones por los puertos del Pacífico de Guatemala, justo cuando el comercio por el Pacífico fue revolucionado por el oro californiano. Con respecto a las exportaciones, contando con datos de 1865, el puerto de San José, en el Pacífico fue el principal punto de salida con 78,1%, y en otros puertos del Pacífico con 16,5%. Los puertos del Atlántico Izabal y Santo Tomás vieron salir tan solo un 5,4% del total84. Esa reorientación de la tendencia comercial coincide con las campañas de 1851, 1853 contra El Salvador. Toma fuerza la hipótesis de que las dificultades económicas al interior de Guatemala justificaron esta política belicista-expansionista de Carrera con el fin – muy probablemente – de ejercer algún tipo de influencia y control efectivo sobre los circuitos comerciales de La Unión en el Pacífico.

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Gráfico 2: Importaciones en Guatemala, Costa Rica y El Salvador, 1845-1875 en pesos
Gráfico 2: Importaciones en Guatemala, Costa Rica y El Salvador, 1845-1875 en pesos

59Fuente: Elaborado a partir de Thomas y Ebba Schoonover, “Statistics for an understanding of foreign intrusions into Central America from the 1820s to 1930” en Anuario Estudios Centroamericanos, UCR, 15-1-, (1989), págs. 93-117, págs. 114-115.

60Posiblemente los sectores hegemónicos guatemaltecos buscaron tener algún tipo de control sobre las redes comerciales radicadas en los puertos salvadoreños y sobre las políticas económicas del ejecutivo del país vecino. No sería de extrañar que algunas de las contiendas de las década de 1850 y la campaña militar de 1863 tuvieran un propósito económico-comercial, de absorber o controlar el puerto de La Unión por parte de los principales grupos económicos que controlaron directa o indirectamente el gobierno guatemalteco, en detrimento del grupo salvadoreño oriental.

61En esta etapa analizada, entre 1830 a 1860, vemos que La Unión tuvo la supremacía en los circuitos comerciales del Pacífico centroamericano. Sin embargo esta realidad se fue modificando, sobre todo a partir de 1850, con el crecimiento de los puertos de La Libertad y Acajutla en el centro y occidente del país. En 1824, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó la puesta en funcionamiento de los puertos de La Libertad y La Unión, que complementarían al puerto de Acajutla, en el caso salvadoreño. El puerto de La Unión se convirtió en el núcleo de la economía oriental ya que sirvió para dar salida a los productos de toda la zona oriental salvadoreña además del Sur de Honduras, incluyendo Comayagua y Tegucigalpa85. Con la Independencia, la progresiva liberalización económica que afectó a los nuevos Estados permitió la descentralización del comercio y empezó a cobrar vida el movimiento por el Pacífico, dado que resultaba más económico mandar las mercancías por mar hasta el Cabo de Hornos que transportarlas por tierra hasta el Atlántico86. Como ya se ha dicho, este fenómeno fue acelerado por el descubrimiento del oro en California.

62El total de navíos que entraron a puertos salvadoreños en el período 1847-1857 fue de 725 según lo registrado en la Gaceta del Salvador. En esos años, 414 se registraron en La Unión, 278 en Acajutla, 30 en La Libertad y 3 en el puerto de La Concordia en la zona de Jiquilisco en el departamento de San Miguel. Al trabajar con las fuentes del movimiento marítimo publicadas en la prensa oficial del gobierno salvadoreño pudimos tomar en cuentas diversos criterios para valorar la importancia de los puertos del Pacífico en los circuitos comerciales salvadoreños. El primero de ellos fue el tonelaje entendiendo que un navío pudiera ir más o menos cargado, el segundo criterio fue el valor de las mercancías desembarcadas y finalmente el criterio del número de embarques, es decir, la cantidad de barcos cargados que salieron del puerto. Finalmente optamos por considerar las entradas porque es el dato con mayor continuidad en todas las series revisadas.

63Así, si nos expresamos en términos de número de barcos, el peso de La Unión en el conjunto de los puertos fue notable, significó un 57,10% del total de entradas, quedando muy por debajo el puerto de Acajutla con un 38,34% del total87 (Ver Gráfico 3).

64

Gráfico 3: Entrada de buques a los puertos de El Salvador, 1847-1857
Gráfico 3: Entrada de buques a los puertos de El Salvador, 1847-1857

65Fuente: Elaboración propia a partir de “Movimiento Marítimo” en la Gaceta del gobierno del Salvador en la América Central_ de 1847, 1848, 1849, 1850, 1851, 1852, 1853, 1854, 1855.

66El puerto de La Unión, junto con el Realejo en Nicaragua, fueron los mejores puertos del Pacífico entre San Francisco y Guayaquil. Ofrecía un fondeadero seguro durante todo el año al estar resguardado de vientos y mareas en la bahía de Conchagua88. En el cotejo de los datos por meses queda plasmado que los momentos de mayor concurrencia fueron los meses previos y durante las ferias de San Miguel, sobre todo la de noviembre, momento que concentra el 19,94% del movimiento anual89, en octubre un 11% del total, en diciembre y julio un 9% del total y en mayo un 10% del total90.

Los productos de intercambio.

67En la primera mitad del siglo XIX, en el marco de la libertad de comercio internacional, el contacto comercial de El Salvador con el exterior fue modesto91. El origen y destino principal de los productos fue Gran Bretaña, país que ocupó el espacio dejado por la Monarquía hispánica cuando el gobierno federal centroamericano abrió sus puertos al comercio exterior. Los intercambios siguieron los canales establecidos por el antiguo tráfico ilegal de los ingleses, asentados en la costa Atlántica, por el Reino de Guatemala92. Recordemos que durante el primer tercio del siglo XIX las economías centroamericanas sufrieron una grave crisis provocada por la caída del precio del añil y el estancamiento económico. Esta delicada situación económica del istmo fue aliviada por la expansión comercial inglesa que buscaba asegurarse nuevos mercados y materias primas para su industria. Por eso el movimiento marítimo del puerto de La Unión se tradujo en un importante flujo comercial basado fundamentalmente en la exportación del añil y la importación de tejidos europeos.

68A mediados del siglo XVIII, el añil, demandado en las zonas de producción textil europeas, incentivó el desarrollo de la actividad ganadera en Nicaragua y Honduras por la necesidad del cuero para fabricar zurrones donde almacenar el añil93. Entre la Independencia y la medianía del siglo XIX, el añil ocupó el primer lugar con un 86% del valor total de las exportaciones94, seguido de los cueros de res y venado en un 10% que servían para la elaboración de los zurrones para empaquetar el tinte. En menor medida, se exportó tabaco y tejidos de algodón95. En cantidades muy pequeñas se exportaron maderas, aguardiente, petates, cigarros y puros, brozas minerales, azúcar, algunas especias como pimienta y vainilla, gallinas, cerdos, reses y bálsamo, entre otros. La circulación del tinte siguió prácticamente el mismo del sistema comercial colonial96. Su alto precio por poco volumen y la buena conservación durante el transporte facilitaron su comercialización aunque su producción sufrió un declive por la inestabilidad política post-federal97. Si bien la producción de añil disminuyó ostensiblemente, sobrevivió el golpe de la primera guerra federal98.

69A continuación analizaremos los principales productos exportados según el punto de salida tomando en consideración los años de 1855 a 1857 y 1866. Comenzando con los zurrones de añil exportado podemos reconfirmar en el gráfico 3.4 que La Unión fue el principal punto de salida del añil en la medianía del siglo. En segundo término las exportaciones de añil se hicieron por las fronteras terrestres posiblemente hacia los puertos del Atlántico (Ver Gráfico 4).

70Contamos con un único registro en términos regionales de exportación de añil, concretamente par el año de 1853. En ese momento se exportaron 2.008 tercios de añil de San Miguel, seguido de 1.339 desde Chalatenango y 1.149 desde San Vicente. La producción de Suchitoto, Cojutepeque, Sensuntepeque, San Salvador, Zacatecoluca, Santa Ana y Sonsonate estuvo muy por debajo de los mil zurrones99. Este dato se puede complementar con los registros de exportación que veremos a continuación, los cuales evidenciaron la preeminencia de la región oriental como principal punto de salida de mercancías. Las exportaciones de cueros de res se hicieron principalmente por La Unión. Muy posiblemente porque el ganado procedía de Honduras y Nicaragua (Ver Gráfico 5). En el ámbito de la exportación de tabaco, se refleja de igual manera la tendencia a exportar por el puerto de La Libertad en detrimento de La Unión en cuestión de diez años (Ver Gráfico 6).

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Gráfico 4: Zurrones añil exportados, 1855, 1856, 1857, 1866
Gráfico 4: Zurrones añil exportados, 1855, 1856, 1857, 1866

72Fuente: Elaboración propia a partir de Informe económico sobre El Salvador, Henry Foote, 1854, NA, FO 254-9, f.154r, f.155, f.198; Gaceta del Salvador, 9 de diciembre de 1857; El Constitucional, 21 de marzo de 1867. F.T. * fronteras terrestres.

73

Gráfico 5: Cueros de res exportados, 1855, 1856, 1857, 1866
Gráfico 5: Cueros de res exportados, 1855, 1856, 1857, 1866

74Fuente: Elaboración propia a partir de Informe económico sobre El Salvador, Henry Foote, 1854, NA, FO 254-9, f.154r, f.155, f.198; Gaceta del Salvador, 9 de diciembre de 1857; El Constitucional, 21 de marzo de 1867.

75

Gráfico 6: Tercios tabaco exportados, 1855, 1856, 1857, 1866
Gráfico 6: Tercios tabaco exportados, 1855, 1856, 1857, 1866

76Fuente: Elaboración propia a partir de Informe económico sobre El Salvador, Henry Foote, 1854, NA, FO 254-9, f.154r, f.155, f.198; Gaceta del Salvador, 9 de diciembre de 1857; El Constitucional, 21 de marzo de 1867.F.T * fronteras terrestres.

77Es muy significativo el crecimiento de la exportación de añil por el puerto de La Libertad desde 1866 (si tomamos en cuentas los datos del gráfico 4). Esto fue resultado de un cambio de dirección en los intereses económicos de algunas de las fracciones del grupo dominante en consonancia con las modificaciones del mercado internacional. Ese dinamismo económico propició la construcción y mejora de las infraestructuras para vincularse con mayor intensidad al comercio exterior lo cual conllevó el desarrollo económico de la capital, San Salvador, y la región occidental del país. Los mismos miembros del gobierno ejecutivo estuvieron involucrados en el proceso de cambio en el crecimiento económico de El Salvador. Los políticos no fueron tecnócratas sino partícipes directos de esos negocios. En ese contexto, asistimos a un cambio de rumbo en el crecimiento económico del país puesto que el centro de gravedad dejó de ser San Miguel para tomar su lugar el eje San Salvador-Santa Ana-Sonsonate.

78En el caso de las importaciones los productos británicos tuvieron un fuerte impacto en la balanza comercial latinoamericana. La Independencia había redefinido la relación con la metrópoli sobre unas bases más favorables que en el pasado pues los vínculos comerciales no iban acompañados de dominación política100. Inglaterra abasteció principalmente de textiles, manufacturas y en menor medida de productos de ferretería, artículos metálicos y herramientas101.

79De acuerdo a la lógica comercial de vinculación al mercado internacional por medio de las exportaciones, de la misma forma que La Unión fue el puerto donde se registraron más salidas también se registraron el mayor número de entrada de productos, sobre todo manufacturados (Ver Cuadro 2). Acajutla y La Libertad se disputaron el segundo lugar, aunque éste último, La Libertad, adquirió el predominio como puerto de entrada de mercancías en 1866 durante la administración de Francisco Dueñas. En lo que respecta a las fronteras terrestres, en San Miguel se registró un mayor número de mercancías. En 1857 disminuyeron mucho las entradas posiblemente como efecto de la Guerra Nacional. San Miguel funcionó como retaguardia del ejército aliado y eso afectó a la economía salvadoreña en general. Algunos puntos de entrada secundarios en el departamento de Santa Ana fueron ganando importancia relativa y otros como Chalatenango sufrieron el efecto contrario.

80Cuadro 2: Registro de importaciones en 1854, 1855, 1856, 1857, 1866 (en dólares)

81
Distritos 1854 1855 1856 1857 1866
La Unión 482.538 323.760 384.483 401.345 673.460
Acajutla 167.288 185.552 338.514 300.726 147.917
La Libertad 211.402 50.141 87.073 68.487 737.410
Concordia 78.800 39.203
San Miguel 88.249 80.827 116.509 18.785 85.555
Santa Ana 3.239 27.775 23.575 24.124 85.555
Ahuachapán 1.183 1.430 3.744 85.555
Metapán 739 702 85.555
Rodeo 657 6.199 3.849 764 85.555
Chalatenango 18.157 22.043 12.487 2.224 85.555

82Fuente: Elaboración propia a partir de Informe económico sobre El Salvador, Henry Foote, 1854, NA, FO 254-9, fol. 154r, fol. 155, fol. 197; fol. 300; El Constitucional, 21 de mayo de 1867. _En esos años el dólar, moneda de referencia utilizada por el cónsul Foote equivalía a 100 céntimos de plata (Antonio Acosta, Los orígenes de la burguesía, pág. 111).

83Recapitulando, la puerta de entrada y salida de la economía de exportación salvadoreña fue el puerto de La Unión. El intercambio de productos llegados de Europa y América del Sur por añil significó la articulación de unos circuitos mercantiles que dieron lugar a redes de comerciantes nacionales y extranjeros que consolidaron su poder en el proceso de implementación de un proyecto de Estado. Veamos a continuación la movilización de productos y la comercialización al interior del Estado salvadoreño.

El mercado interno salvadoreño.

84La producción agrícola tanto de subsistencia como comercial entraba en los circuitos comerciales locales e internacionales gracias a las ferias que vertebraron el mercado interno regionalmente estableciendo una escala para los productos en el camino hacia el exterior. En la primera mitad del siglo, la estructura productiva de la agricultura comercial propició el desarrollo de un modelo de transporte centrado en los accesos a los puertos, principalmente La Unión, luego Acajutla y en menor medida La Libertad como acabamos de ver. Esa dificultad para acortar distancias, incluso para los grandes comerciantes, denota la falta de integración del mercado salvadoreño y la desarticulación territorial.

85Las ferias de los Santos de San Vicente y Chalatenango eran la antesala de la gran feria del 21 de noviembre de San Miguel. La falta de registros más precisos sobre este tipo de encuentros nos impide tener una idea más clara de su radio de influencia. Suponemos que sólo los grandes comerciantes podían trasladarse hasta las zonas de feria. Por ejemplo el traslado desde Sonsonate hasta San Miguel, debido a la larga distancia, podía costar más de 100 pesos en concepto de alquiler de mulas para el traslado, los mozos, la manutención y el avituallamiento102.

86La feria de San Miguel fue el principal negocio para los comerciantes importadores que enviaban sus mercancías cada 25 de noviembre procedentes de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, España, Alemania, Italia y Suramérica. La presencia de comerciantes y ganaderos nicaragüenses y hondureños con su ganado y sus quesos era muy esperada. En la edición de noviembre de 1852 se llegó al extremo de prolongar la feria para esperarlos cuando el gobernador de Choluteca, en Honduras, dio aviso del retraso sufrido por las fuertes lluvias a medio camino. La plaza era dividida entre extranjeros y residentes. Los extranjeros vendían al menudeo y podían llegar a ganar hasta 800 pesos de media103. Una parte destacada de los intercambios de productos de subsistencia tanto en el tiempo regular como en las ferias fue realizado por las mujeres como destacó un anónimo en el periódico104 El Salvador rejenerado [sic]. La reunión comercial en San Miguel fue tan importante como para, al año siguiente, en 1853, retrasar el inicio de las reuniones de la Asamblea legislativa porque algunos diputados y senadores todavía no se habían presentado a sus labores después de asistir a la feria; o para que la administración inglesa considerara oportuno que el cónsul, instalado en Sonsonate, trasladara su residencia a San Miguel en las temporadas de ferias105.

87Los precios así como las unidades de medida fueron muy irregulares por la falta de articulación del mercado. El trigo (en fanega de 24 almudes106), producto que no solía consumir el grueso de la población y por tanto poco relevante al consumo, tenía el precio más alto que osciló entre los 18 pesos y 30 pesos. En San Miguel tuvo un precio muy estable de 24 pesos pero en San Salvador fue muy variado en los meses de 1854. El quintal de harina tuvo un rango de precio entre los 8 y los 10 pesos en centro y el oriente del país respectivamente. El maíz de cosecha en fanega rondó entre los 4 y los 7 pesos igualmente entre el centro y la región oriental. Aunque a inicios de junio de 1854 hubo un despunte de precio que alcanzó los 24 pesos en San Salvador, 12 pesos en San Miguel y 15 pesos en Santa Ana. El quintal de arroz y el almud de frijol fueron muy constantes entre 2 y 3 pesos el primero y 5 y 6 reales el segundo en los principales puntos de venta como San Miguel, San Salvador, San Vicente o Suchitoto. Así como la libra de queso que costaba entre 1 y 3 real o la docena de huevos que normalmente valió 1 real o la arroba de azúcar con un 1 peso y 4 reales. El caso del café fue un poco diferente. Detectamos que en Santa Ana costó 8 pesos y en San Miguel 16 pesos, es posible que el precio se doblara en un lugar tan alejado de las primeras zonas de producción107. El precio de la fanega fue aumentando progresivamente entre marzo y junio de 1854 en todos los puntos del país, llegando a los 24 pesos la fanega posiblemente por los estragos causados por el terremoto de San Salvador. El azúcar no tuvo muchas variaciones regionales en su precio.

88Todo esto indica que no había un mercado nacional articulado, sino que el abastecimiento de las ciudades se hacía a corta distancia. Los datos sobre precios de productos en El Salvador para la primera mitad del siglo XIX son escasos y debemos tomarlos como orientativos porque desconocemos si el lugar y las circunstancias en que fueron registrados fueron homogéneos entre sí.

89El intercambio en el mercado interno salvadoreño se hizo con dos finalidades muy diversas. Por un lado, la mayoría de la población, rural, participó en dicho mercado para el intercambio de producción de autoconsumo proporcionada por campesinos o pequeños agricultores. Por otro lado, como veremos a continuación, se realizaban los intercambios de la producción destinada al comercio internacional y las importaciones de manufacturas destinadas principalmente al consumo urbano. Este ámbito del mercado estuvo dominado por aquellos grandes comerciantes que controlaron el crédito, como fue el caso de los comerciantes guatemaltecos en la fase tardío-colonial.

90La modalidad crediticia más común siguió siendo la “habilitación”, un desembolso en dinero o mercancías a devolver al año siguiente con la cosecha de añil. Habitualmente, aunque el interés fuera de un 5%, el acreedor obtenía más beneficios porque no sólo tenía la capacidad de negociar los precios del añil por adelantado, sino también valuar las mercancías que proporcionaba108. Sin embargo, en el caso del café Acosta ha mostrado que la tasa de interés del crédito que era la habilitación podía alcanzar el 100% al año o incluso más109.

91Los grandes comerciantes centroamericanos o extranjeros, quienes adquirían el añil e importaban manufacturas del exterior, estuvieron directamente en contacto con casas comerciales europeas que a su vez tenían sucursales en América del sur o en Belice. Las ventas se hacían a través de una larga cadena de agentes intermediarios. Las casas comerciales inglesas, reacias a establecer filiales en cualquiera de los cinco Estados centroamericanos, prefirieron contratar a comerciantes residentes en el istmo a través de las filiales y casas de comisión que existían en Belice, Jamaica, Chile y Perú. Se comenzó a negociar con compañías inglesas que tenían casas filiales en el sur como Naylors & Boardman de Valparaíso, Todd, Naylors & Co de Liverpool, Myers & Bland de Valparaíso y Lima y Reid & Swayne de Lima110.

92Con aquel capital humano se articularon redes con distintos niveles de incidencia. Por ejemplo el gran comerciante y propietario de San Miguel, Florentín Souza estuvo asociado con los comerciantes hondureños Victoriano Castellanos y Pablo Orellana y el cónsul sardo Carlos Dárdano para transportar productos hacia Honduras. Posiblemente estos últimos aprovecharon los contactos de Souza, a la sazón vicecónsul del Perú, en América del Sur y Europa para conseguir productos importados desde La Unión para ejercer de distribuidores111. Otros como Carlos Antonio Meany o Joaquín Mathé cónsul de Belice se vincularon con las redes de Marshall Bennett en Belice y Guatemala112. Incluso fueron conocidos los negocios del presidente de la Federación Francisco Morazán con el comercio beliceño113.

93El diputado por San Salvador, Yanuario Blanco estuvo ligado con el comercio británico a través de John Carmichael, comerciante británico vinculado al mercado de Liverpool. Blanco fue uno de los que articuló el tráfico entre San Salvador y San Miguel. A su vez éste tuvo importantes colaboraciones con varias personalidades públicas con intereses en el comercio como fue el caso de J. E. Guzmán114, notable destacado de la región de San Miguel que ocupó todos los cargos políticos de relevancia entre 1840 y 1860. Algunos de estos grandes comerciantes tenían áreas de influencia. Así por ejemplo en las décadas de 1840 y 1850, Yanuario Blanco y el francés Juan Roux115 fueron asiduos en las transacciones del puerto de Acajutla, donde constantemente se emitían órdenes de pago a su favor116. Solían ejercer de acreedores pues adelantaban dinero a otros comerciantes como a la Casa Espada y Piloña cuando hizo fallida, una casa comercial de origen guatemalteco con sede en el occidente salvadoreño. Sus homólogos en la zona comercial oriental los hombres fuertes fueron Joaquín Eufrasio Guzmán y Florentín Souza117.

94La familia González de origen guatemalteco ejerció una gran influencia en el comercio y la política salvadoreña. José Antonio González118 – hermano del mariscal de campo Santiago González y que fue presidente del país- también estuvo vinculado con John Carmichael. Las ganancias para la familia debieron ser buenas porque Santiago González fue el único propietario del buque “Trinidad” que tuvo una importante trayectoria de navegación de cabotaje119.

95Muchos políticos y hacendados salvadoreños se vincularon con el comercio de Liverpool como Manuel Tejada, Ramón Palacios, Pedro Gotay, José Félix Quiróz notable de San Miguel, Francisco Aguirre o el mismo Pablo Orellana socio de Souza120. Victoriano Nuila o José Antonio Claros, ambos diputados y senadores también participaron del comercio internacional aunque desconocemos sus vínculos internos y externos121.

96Así el comercio centroamericano funcionó a partir de redes conformadas por individuos sin ningún grado de especialización, es decir, acumularon todos los roles existentes de grandes propietarios, comerciantes, acreedores, distribuidores y políticos. Los hacendados que participaron en los resortes de la política estatal también formaron parte de estas redes comerciales. El grado de incidencia del individuo dependía de la fortaleza de sus contactos según el nivel de vinculación con las fuentes de capital e insumos que provenían de Liverpool, Belice o Perú. La base social que articuló y sacó benefició de esta dinámica económica fue un conglomerado de individuos de distintos puntos de Centroamérica cuyos intereses confluyeron en San Miguel y La Unión por ser el principal enclave comercial de la región.

97
h4. El auge de nuevos grupos económicos.

98El nuevo orden económico surgido tras la disolución del pacto colonial estuvo marcado por los paradigmas ilustrados del liberalismo comercial122. La esfera político-económica centroamericana estuvo impregnada de dichas nociones desde la fase tardío-colonial. Los grandes comerciantes de origen criollo, ingleses y franceses con intereses en los campos de añil y posteriormente en las plantaciones de café conformaron la red socioeconómica que dominó las estructuras primigenias del Estado salvadoreño hasta 1865 aproximadamente123.

99Con este panorama del desarrollo económico salvadoreño, ponemos atención a los agentes o sectores sociales que detentaron el control de dichas estructuras. Según el historiador Edelberto Torres-Rivas, la Independencia no conllevó ninguna modificación sustantiva, al contrario, los rasgos del capitalismo “colonial” heredado se fortalecieron con la hegemonía británico-norteamericana124. En términos de la teoría de la dependencia, se considera que la nueva división internacional capitalista del trabajo encajonó a Centroamérica como exportador de materias primas completamente sujeto y subordinado a los vaivenes del mercado internacional. Lo cual fue aprovechado por los antiguos terratenientes criollos y los nuevos propietarios mestizos. Es decir, se cristalizaron las antiguas relaciones sociales y se intensificó la concentración de la tierra y la incorporación forzosa al sistema productivo en la periferia centroamericana lo que condicionó la estructura del mundo rural y la naturaleza de las clases sociales y las relaciones125. Esta perspectiva de una Centroamérica pasiva que se deja llevar por la inercia del mercado mundial choca con lo explicado hasta el momento. Los términos económicos de relación con el mercado mundial fueron resultado de las decisiones tomadas por el grupo de propietarios y negociantes centroamericanos que estamos describiendo en estas páginas.

100La ruptura del statu quo colonial había modificado las redes económicas tradicionales, y había incentivado nuevas estructuras socioeconómicas. Primero, se tenía la esperanza de la prosperidad al eliminar las cargas restrictivas de España pues los recursos naturales de Centroamérica se explotarían y se introducirían en el mercado internacional para convertirse en riquezas tangibles. Sin embargo la dependencia del añil persistió y si bien declinó su producción, se mantuvo en El Salvador126. Guatemala se especializó, en cierta medida, en la cochinilla diluyéndose de esta forma la anterior división del trabajo del sistema colonial, en el que los guatemaltecos destacaron por su papel en la comercialización de la materia prima que los salvadoreños producían127.

101Segundo, nuevas rutas comerciales alteraron el orden hegemónico comercial guatemalteco, pues se desarrollaron nuevos puntos de salida como Belice en el Atlántico y los puertos del Pacífico como La Unión, en El Salvador128. Durante la existencia de la Federación los puertos del Pacífico fueron promocionados para evitar excesivas incidencias o dependencias con los ingleses de Belice129 aunque todos los gobiernos centroamericanos en un momento u otro utilizaron sus servicios comerciales o crediticios como veremos más adelante. La antigua dependencia del capital comercial de Guatemala se sustituyó por la presencia inglesa130.

102La mayoría de los miembros del sector dominante de la temprana república nacieron en los últimos años del dominio hispánico. Algunos de ellos se vieron favorecidos con cargos públicos y con propiedades y vínculos comerciales (como la familia Campo, González, Guzmán, Silva o Montoya). Otros como Nicolás Angulo, Francisco Malespín o el guatemalteco Rafael Carrera no nacieron en entornos pudientes pero tuvieron una ascendiente y fructuosa carrera en el ejército. Así los miembros de sectores mercantiles y terratenientes y los altos cargos del ejército tuvieron acceso a los medios de producción como la tierra y los contactos comerciales y acceso directo en los ámbitos de decisión de las nuevas instituciones surgidas tras la ruptura del pacto colonial. La participación en las Asambleas legislativas desde 1824, el Senado, las gobernaciones departamentales, los altos cargos de la Hacienda y la justicia fueron claves en este sentido.

103No podemos hablar de los propietarios y comerciantes salvadoreños exclusivamente sin mencionar la existencia de una extensa red social y económica a nivel centroamericano. La historia de éstos se definió a partir de un entramado de relaciones cuyo origen lo encontramos en los circuitos económicos coloniales que se desarrolló profusamente en la primera mitad del siglo XIX. Una multiplicidad de vínculos de distintas naturalezas fortaleció esa red. Conexiones políticas establecidas en los exilios voluntarios y destierros forzosos tejían hermandades contra el gobierno de turno, además de la movilidad de cargos políticos precisamente por los principios constitucionales en las Asambleas legislativas era elegible cualquier centroamericano siempre y cuando tuvieran bienes raíces en el lugar representado. Esta red resultado de la Centroamérica criolla fue renovada y retroalimentada con los distintos episodios de guerra que facilitaron la activación o disolución de alianzas, el aumento de los endeudamientos, los negocios circunstanciales o los movimientos de población armada. La red con sus correspondientes nudos de grupos dominantes con diferencias regionales respondió a áreas de influencia económica alejadas de los diáfanos límites político-administrativos oficiales.

A modo de conclusión.

104El proceso de construcción del Estado salvadoreño se hizo a partir de un proyecto económico basado en la producción agrícola comercial dedicada al añil, el control de la mano de obra y la tierra, el mercado local y los vínculos con el comercio internacional. En concreto, la implementación del proyecto añilero impulsó el desarrollo de la región oriental de San Miguel en el conjunto de todo el país. Sin embargo, las tornas del mercado internacional se volvieron hacia el oeste de los Estados Unidos. El descubrimiento del oro en California implicó que los intereses económicos de muchos propietarios y comerciantes vinculados a la agro-exportación pasaran por el impulso del desarrollo de la zona centro-occidental del país. La intención de vincularse más estrechamente al mercado internacional mejorando las infraestructuras hizo declinar, a la larga, el dominio oriental existente desde la década de 1820.

105Los sectores sociales que impulsaron el proceso de Independencia tuvieron la misma base económica que durante el periodo colonial. Sin embargo la nueva realidad política, sin ataduras políticas con poderes externos, les permitió incidir en la nueva configuración institucional sin ninguna limitación. El poder del grupo dominante salvadoreño de la primera mitad del siglo XIX provino por un lado, del control de los medios de producción agrícola; por otro, de la dirección de las estructuras políticas y de la institucionalidad. La incidencia de este grupo social en la vida política provenía de su capacidad de tomar decisiones desde el gobierno central y la asamblea legislativa y el senado, y desde el departamental y las Juntas Itinerarias.

106La minoría político-económica dominante sostuvo su poder mediante varios elementos. En primer lugar el control de la tierra y el progresivo proceso de privatización de la tierra incluso antes del reformismo liberal. Una considerable incidencia del sector de grandes propietarios que participaron en los órganos de decisión y que pudieron ejercer presión en función de sus intereses vinculados al comercio de exportación.

107En segundo lugar, las relaciones con el comercio internacional. Nos hemos dado cuenta con el análisis de las fuentes de archivo que los que ejercían presión sobre la tierra con tendencia a la privatización tenían al mismo tiempo vínculos fuertes con el mercado internacional lo cual denota la importancia del proyecto de la exportación del añil y los cambios internos que esa dinámica generó. Esa combinación significó el desarrollo y el auge del oriente del país en tanto que el principal puerto de salida fue el puerto de La Unión, en el golfo de Fonseca.

Fuentes y bibliografía citadas.

Fuentes

108Archivo General de Centroamérica, Legajo 2491.

109Archivo General de la Nación – San Salvador: Fondo Barrios, caja 1, caja 2; Fondo Federación, caja 6; Fondo Impresos. Fondo quemados Alcaldías, La Unión, 1847-1870, caja 1; Alcaldías. San Miguel, 1840-1870, caja 1; Asambleas, A. legislativa, Caja 1. 1825-1849; Cámara diputados, caja 1, 1840-1846; caja 2, 1847-1854; caja 3, 1858-1869; Gobernación política departamental, San Miguel, 1834-1854 caja 1; Hacienda y guerra, Aduanas Marítimas, Acajutla, 1841-1855, caja 1; Hacienda y guerra, Aduanas Marítimas, La Unión, 1846-1860, caja 1; Hacienda y guerra, comandancias y capitanías departamentales. 1841-1859, caja 1; Hacienda y guerra, Tesorería general, 1847-1849, caja 3; caja 2, 1846; Hacienda y guerra, Correspondencia, 1848-1851, caja 2; Hacienda y guerra. Pólvora. 1846-1872, caja 1.

110Archive du Ministère des Affaires Étrangères, Etat des français à l‘Étranger, volume 3.

111National Archives, Foreign Office, 254.4, 254-9; 66-2.

112Biblioteca Nacional de Guatemala-Colección Valenzuela, 1960 – Hojas 1840.

113Constitución del Salvador, 1841.

114El Constitucional, 1867

115El salvador rejenerado, 1846.

116Gaceta del gobierno del Salvador en la América Central, 1847, 1848, 1849, 1850, 1852, 1853, 1854, 1855, 1857

Bibliografía

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124Belzunegui Ormazábal, Bernardo (1992), Pensamiento económico y reforma agraria en el Reino de Guatemala, 1797-1812, Comisión Interuniversitaria guatemalteca de Conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América. Ciudad de Guatemala.

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129Escolán Romero, Gabriel (2014), “Ritmos de crecimiento, reestructuraciones sociales y enfrentamiento político: el paisajismo rural salvadoreño en las vísperas de las reformas liberales. 1860-1880” (I). Estudios Centroamericanos, Vol. 69, Número 736, págs. 33-54.

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137López Bernal, Carlos Gregorio (2007), “Poder local y poder central en la construcción del Estado en El Salvador. 1840-1890”, Tesis de Doctorado. Universidad de Costa Rica.

138Luján Muñoz, Jorge (1994), “Aportaciones al estudio social de la independencia de Centroamérica” en Colección cívica del procurador de los Derechos Humanos, nº 2, Guatemala, 1994.

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143—————— (1988), Influencia británica en el comercio centroamericano durante las primeras décadas de la Independencia 1821-1851, 1 ed., Antigua, Guatemala : Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica.

144North, Douglas; Hartwell, R. M. (1978). “Ley, derechos de propiedad, instituciones legales y el funcionamiento de las economías”. En: Topolki, Jerky; Cipolla, Carlo; Bairoch, Paul; Hosbawm, E.J; Kindleberger, C.P. Historia económica. Nuevos enfoques y nuevos problemas, Editorial Crítica, Barcelona.

145Pinto Soria, Julio César, (1993). “El Régimen Colonial (1524-1750)” en Historia General de Centroamérica, Tomo II: Madrid, Sociedad Estatal Quinto Centenario/Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

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147Romano, Ruggiero (1999), “Histórica económica, ¿pórque? ¿cómo?”, Relaciones 79, verano 1999, vol.XX, págs. 17-25

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149Smith, Robert (1963), “Financing the Central American Federation, 1821-1838”, The Hispanic American Historical Review, Vol. 43, Número 4 (Nov., 1963), págs. 483-510.

150Solórzano Fonseca, Juan Carlos (1993), “Costa Rica en la primera mitad del siglo XVIII: análisis regional de una sociedad en transición”, Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 19 (1), págs. 55-66.

151Torres Rivas, Edelberto (1977), Interpretación del desarrollo social Centroamericano: procesos y estructuras de una sociedad dependiente. EDUCA, Costa Rica.

152Woodward, Ralph Lee (2002), Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821-1871, Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, Guatemala.

153Notas de pie de páginas

1541 Este trabajo se enmarca en el proyecto de tesis doctoral, “El proceso de construcción del Estado de El Salvador: una mirada desde el Oriente, 1780-1865”, dirigido por Pilar García Jordán y Antonio Acosta inscrito en el programa de “Sociedad y Cultura” de la Universidad de Barcelona. La autora está adscrita, como miembro colaborador, al TEIAA, grupo de investigación consolidado, Generalitat de Catalunya, 2009SGR1400.

1552 Ruggiero Romano, “Histórica económica, ¿pórque? ¿cómo?”, Relaciones 79, verano 1999, vol.XX, págs. 17-25, pág. 239.

1563 David Browning, El Salvador, la tierra y el hombre, (San Salvador: DPI, 1974), pág. 238; Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador en el siglo XIX. (San Salvador: Dirección General de Publicaciones e Impresos, 2002), pág. 154; Jorge Luján Muñoz, “Aportaciones al estudio social de la independencia de Centroamérica” en Colección cívica del procurador de los Derechos Humanos, nº 2, Guatemala, 1994.

1574 Bernardo Belzunegui Ormazábal, Pensamiento económico y reforma agraria en el Reino de Guatemala, 1797-1812, (Ciudad de Guatemala: Comisión Interuniversitaria guatemalteca de Conmemoración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, 1992), pág. 386.

1585 Bernardo Belzunegui Ormazábal, “El problema de la tierra en Guatemala al final del periodo colonial: datos para su estudio”. En: Cambranes, Julio. (Ed.) 500 años de lucha por la tierra. Estudios sobre propiedad rural y reforma agraria en Guatemala. (Guatemala: FLACSO, 1992), pág. 251-252.

1596 Bernardo Belzunegui Ormazábal, Pensamiento económico y reforma agraria , pág. 75-76, 102.

1607 Bernardo Belzunegui Ormazábal, Pensamiento económico y reforma agraria , pág. 391-392.

1618 Julio Castellanos Cambranes, “Tendencias del desarrollo agrario en el siglo XIX y el surgimiento de la propiedad capitalista de la tierra en Guatemala” en Julio Castellanos Cambranes, (Ed.) 500 años de lucha por la tierra. Estudios sobre propiedad rural y reforma agraria en Guatemala. (Guatemala: FLACSO, 1992), págs. 279-348, pág. 294 y 298.
fn9. Bernardo Belzunegui Ormazábal, Pensamiento económico y reforma agraria, pág. 384.

16210 David Browning, El Salvador, págs. 238-240.

16311 David Browning, El Salvador, págs. 240-250.

16412 Robert Smith, “Financing the Central American Federation, 1821-1838”, The Hispanic American Historical Review, Vol. 43, Número 4 (Nov., 1963), págs. 483-510; Aldo Lauria-Santiago, Una república agraria, (San Salvador: Dirección General de Publicaciones e Impresos, 2003), págs. 80-81.

16513 Decreto legislativo 9 de marzo de 1847 en Isidro Menéndez, Recopilación de leyes del Salvador [1855]. (San Salvador: Imprenta Nacional, 2ª edición, 1956), pág. 162. Véase Derek Kerr, “La edad de oro del café en El Salvador, 1863-1885”, Mesoamérica 3, nº 3 (junio de 1982), págs. 1-25; Aldo Lauria-Santiago, Una república agraria, págs. 91-92, 117.

16614 Decreto gubernativo 8 de octubre de 1840 en Isidro Menéndez, Recopilación de leyes, pág. 160.

16715 David Browning, El Salvador, pág. 255.

16816 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, pág. 157.

16917 Archivo General de la Nación de San Salvador (En adelante AGN-SS), FI, f.91, Impreso, 29 de mayo de 1835.

17018 AGN-SS, FQ, Asambleas, A. legislativa, Caja 1. 1825-1849, exp.66, s.f., Sesión ordinaria, San Salvador, 10 de febrero de 1849, AGN-SS, FQ, Asambleas, A. legislativa, Caja 1. 1825-1849, exp.66, s.f.

17119 Antonio Acosta_ Los orígenes de la burguesía de El Salvador. El control sobre el café y el Estado. 1848-1890_. (Sevilla: Taller de Estudios e Investigaciones Andino-Amazónicos – Instituto de Estudios sobre América Latina, 2013), págs. 121-122.

17220 AGN-SS, FQ, Hacienda y guerra. Pólvora. 1846-1872. caja 1, s.f., carta de los tenientes Rafael Hernández y Basilio Ponce al gobierno central, Cojutepeque, 5 de noviembre de 1857.

17321 Carlos Gregorio López Bernal, “Poder local y poder central en la construcción del Estado en El Salvador. 1840-1890”, Tesis de Doctorado. Universidad de Costa Rica, 2007; Antonio Acosta_ Los orígenes de la burguesía_.

17422 AGN-SS, FQ, Gobernación política departamental, San Miguel 1834-1854 caja 1, s.f., carta del gobernador de San Miguel al gobierno central, San Miguel, 12 de febrero de 1845.

17523 Antonio Acosta_ Los orígenes de la burguesía_, págs. 120-122.

17624 Véase Antonio Acosta, “Estado, clases y real hacienda en los inicios de la conquista del Perú”, Revista de Indias, Vol. LXVI, Número 236, Sevilla, (2006), págs. 57-86 ; Antonio Acosta, “Hacienda y finanzas de un estado oligárquico. El Salvador, 1874-1890”, in Pilar García Jordan (ed.), Estado, región y poder local en América latina, siglos XIX-XX, Taller de Estudios e Investigaciones Andino-Amazónicos, (Barcelona: Publicacions i Edicions Universitat de Barcelona, 2007) ; Antonio Acosta_Los orígenes de la burguesía_.

17725 AGN-SS, FQ, Hacienda y guerra, comandancias y capitanías departamentales. 1841-1859, caja 1, s.f., carta comandante de Ahuachapán, Ahuachapán, 6 de julio de 1847.

17826 Antonio Acosta,Desigualdades sociales y fiscales en El Salvador a mediados del siglo XIX. Una aproximación. (En prensa) ; Aldo Lauria-Santiago, Una república agraria ; David Alejandro Luna, , Manual de historia económica de El Salvador, San (Salvador, El Salvador: Editorial Universitaria, 1971) ; Rafael Menjívar, Acumulación originaria y desarrollo del capitalismo en el Salvador, 1 ed. (San José: EDUCA, 1980).

17927 AGN-SS, FQ, Hacienda y guerra, comandancias y capitanías departamentales. 1841-1859, caja 1, s.f., carta comandante de Ahuachapán, Ahuachapán, 6 de julio de 1847.

18028 AGN-SS, FQ, Gobernación política departamental, San Miguel 1834-1854 caja 1, s.f., carta del gobernador de San Miguel al gobierno central, San Miguel, 7 de julio de 1852.

18129 David Browning, El Salvador ; Aldo Lauria-Santiago, Una república agraria ; Antonio Acosta,Desigualdades sociales.

18230 Nota suscrita por vecinos de Santiago Nonualco al gobierno central, Santiago Nonualco, s/f, AGN-SS, FQ, Hacienda y guerra .Correspondencia. 1848-1851. caja 2, s.f.

18331 Antonio Acosta_Los orígenes de la burguesía_.

18432 Ruggiero Romano, “Histórica económica”, pág. 196.

18533 Archivo General de Centro América, B, Leg. 2491, fol. 24. Comunicación del gobierno central, San Salvador, 3 de junio de 1844.

18634 Para otras referencias sobre Florentín Souza véase Antonio Acosta,Desigualdades sociales, pág. 101-102.

18735 AGN-SS, FQ, Alcaldías, La Unión, 1847-1870, caja 1, exp.62, s.f., carta del alcalde de Intipucá al gobierno central, Intipucá, 31 agosto 1870.

18836 Gabriel Escolán Romero, “Ritmos de crecimiento, reestructuraciones sociales y enfrentamiento político: el paisajismo rural salvadoreño en las vísperas de las reformas liberales. 1860-1880” (I). Estudios Centroamericanos, Vol. 69, Número 736, (2014), págs. 33-54, págs. 48-49.

18937 Gabriel Escolán Romero, “Ritmos de crecimiento”, pág. 49 ; Antonio Acosta, “Sociedad y haciendas municipales en El Salvador de mediados del siglo XIX”, Pilar García Jordan, (edit.), Dinámicas de poder local en América Latina, siglos XIX-XXI, Taller de Estudios e Investigaciones Andino-Amazónicos, (Barcelona: Publicacions i Edicions Universitat de Barcelona, 2009), pág. 18.

19038 AGN-SS, FI, fol. 91, decreto de 29 de mayo de 1835, San Vicente.

19139 Antonio Acosta,Desigualdades sociales.

19240 AGN-SS, FB, caja 2, fol.173, nota de Alejo Molina a G. Barrios, San Salvador, 15 de diciembre 1860.

19341 AGN-SS, FB, caja 1, fol.241, carta de Juan Portal a José María Peralta, San Vicente, 14 de enero de 1861.

19442 Douglas North ; R. M. Hartwell, “Ley, derechos de propiedad, instituciones legales y el funcionamiento de las economías”. En: Jerky Topolki ; Carlo Cipolla ; Paul Bairoch ; E.J Hosbawm, C.P. Kindleberger, Historia económica. Nuevos enfoques y nuevos problemas, (Barcelona, Editorial Crítica, 1978), pág. 179-182.

19543 Antonio Acosta, “Sociedad y Haciendas…”, pág. 12-17.

19644 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, págs. 150-151.

19745 David Browning, El Salvador, pág. 257.

19846 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, pág. 97.

19947 AGN-SS, FI, fol.71, decreto 6 de marzo de 1837.

20048 Aldo Lauria-Santiago, Una república agraria, pág. 239.

20149 Antonio Acosta, “Hacienda y finanzas de un estado oligárquico…”, pág. 14, Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, pág. 150.

20250 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, págs. 95-96.

20351 Sobre relaciones laborales en la segunda mitad del siglo XIX ver Antonio Acosta,Desigualdades sociales, pág. 294 y ss.

20452 AGN-SS, FI, fol.71, decreto 6 de marzo de 1837.

20553 AGN-SS, FQ, Cámara diputados, caja 1, 1840-1846, s.f., sesión ordinaria de diputados, San Salvador, s/f.

20654 The National Archives (Londres), Foreign Office (En adelante NA-FO) 254-9, f.154, informe económico sobre El Salvador, Henry Foote, 1854.

20755 Victor Bulmer-Thomas, _Historia económica de América Latina desde la Independencia, (México: FCE, 2003), pág. 57.

20856 NA, FO 254-9, fol.300, informe económico sobre El Salvador, Henry Foote, 1854.

20957 Informe de la gobernación de San Miguel, Gaceta del Salvador, 25 de octubre de 1852. Las unidades de medida variaban según la región. A comienzos del siglo XVIII las equivalencias eran las siguientes: 1 fanega * 24 almudes; 1 almud * 11 libras; 1 libra * 16 onzas castellanas; 1 quintal * 4 arrobas castellanas; 1 arroba = 25 libras castellanas. Antonio Gutiérrez Ulloa, Estado general de la Provincia de San Salvador, Reyno de Guatemala (año de 1807), (San Salvador: Dirección de Publicaciones, 1962).

21058 AGN-SS, FQ, Gobernación política departamental, San Miguel, 1834-1854, caja 1, s.f., comunicación gobernador de San Miguel, San Miguel, 18 de mayo de 1852.

21159 Comunicación de la municipalidad de San Miguel, San Miguel, 18 de febrero de 1840, AGN-SS, FQ, Alcaldías. San Miguel, 1840-1870, caja 1, exp.1, s.f. Policía: informe del gobernador de San Miguel, Gaceta del Salvador, 7 de enero de 1848.

21260 AGN-SS, FQ, Cámara diputados, caja 2, 1847-1854, s.f.n, sesión ordinaria, decreto 22 de febrero de 1848.

21361 AGN-SS, FQ, Hacienda y guerra, aduana marítima, Acajutla, 1841-1855, caja 1, s.f., nota comandante del puerto de Acajutla, San Salvador, 25 de enero de 1853.

21462 AGN-SS, Fondo Barrios, caja 1, fol. 170, carta de Miguel Saizar a G. Barrios, Sonsonate, 13 de julio de 1860.

21563 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, pág. 157.

21664 NA, FO 254-9, f.300, cuadro de Importaciones y exportaciones en puertos y fronteras de El Salvador, 1856, Sonsonate, 31 de marzo de 1857, Henry Foote.

21765 John Baily, El Estado de El salvador, El Salvador de 1840 a 1935. Estudiado y analizado por extranjeros, (San Salvador: Editores UCA, 1978), págs. 25-26.

21866 Constitución del Salvador, 1841.

21967 El padre de Rafael Campo había sido presidente de la Asamblea legislativa en 1835. _Historia de la Asamblea_… vol. I, pág. 60.

22068 Historia órgano legislativo de la república de El Salvador, 1824-1864, tomo 1, 2006, p.66; Rivera 1913.

22169 Historia órgano legislativo de la república de El Salvador, 1824-1864, tomo 1, 2006, p.17. Nota de 23 de julio de 1828, libro de acuerdos y órdenes del ministro de Hacienda y guerra, San Salvador, AGN-SS, Fondo Federación, caja 6, exp.3, f.12.

22270 Sesión ordinaria de 23 de octubre de 1841, AGN-SS, FQ, Cámara diputados, caja 1, 1840-1846, s.f.

22371 Historia órgano legislativo de la república de El Salvador, 1824-1864, tomo 1, 2006, pág. 55 y 125.

22472 Historia órgano legislativo, pág. 120.

22573 Historia órgano legislativo, pág. 168.

22674 Historia órgano legislativo, pág. 170.

22775 Historia órgano legislativo, pág. 170.

22876 Historia órgano legislativo, pág. 160.

22977 Una primera aproximación a la vinculación de El Salvador con el mercado internacional se publicó en Clara Pérez Fabregat, “La configuración del espacio económico en el marco de la construcción del Estado: el Oriente salvadoreño, 1840-55” en Revista Complutense Historia de América, nº 38, Universidad Complutense, Madrid, (2012), págs. 129-151.

23078 Tulio Halperin Donghi, “Economía y sociedad” en Leslie Bethell, Historia de América Latina. América Latina independiente, 1820-1870 (vol. 6), (Barcelona: Cambrigde University Press, Editorial Crítica, 1991), págs. 11-13.

23179 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, págs. 127-128 y 131.

23280 Antonio Acosta_Los orígenes de la burguesía_, pág. 41.

23381 Antonio Acosta_Los orígenes de la burguesía_, pág. 41.

23482 AGN-SS, FQ, cámara diputados, caja 2, 1847-1854, s.f., sesión ordinaria Asamblea legislativa, 7 de marzo de 1854.

23583 Thomas y Ebba Schoonover, “Statistics for an understanding of foreign intrusions into Central America from the 1820s to 1930” en Anuario Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 15 (1) (1989), págs. 93-117, págs. 116-117.

23684 Ralph Lee Woodward, Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821-1871, (Guatemala: Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, 2002), pág. 505.

23785 Juan Carlos Solórzano Fonseca, “Costa Rica en la primera mitad del siglo XVIII: análisis regional de una sociedad en transición”, Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 19 (1) (1993), págs. 55-66, págs. 15, 34.

23886 Aunque en la colonia, el puerto de Acajutla, cerca de la población de Sonsonate, fue el más importante del litoral Pacífico porque articuló el espacio económico de la Alcaldía Mayor de Sonsonate cuyo desarrollo económico se basó en la producción de cacao por parte de poblaciones indígenas y en su venta en el mercado mexicano. Desde finales del siglo XVI existió una fuerte conexión entre Acajutla y la ciudad de Guatemala por donde entraban las mercancías procedentes de Perú como vinos, azogues o aceites y por donde salía el cacao y el añil (López Velázquez, 2008, pág. 63).

23987 “Movimiento Marítimo” en la Gaceta del gobierno del Salvador en la América Central*, San Salvador, de los años 1847, 1848, 1849, 1850, 1851, 1852, 1853, 1854, 1855.

24088 Robert A. Naylor, Influencia británica en el comercio centroamericano durante las primeras décadas de la Independencia 1821-1851, 1 ed., (Antigua, Guatemala : Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, 1988), pág. 86.

24189 Hubo una feria en el mes de mayo que, en menor medida, también concentró parte del movimiento en las costas orientales.

24290 “Movimiento Marítimo” en la Gaceta… San Salvador, 1847, 1848, 1849, 1850, 1851, 1852, 1853, 1854, 1855, 1856, 1857.

24391 Rodrigo Quesada Monge, “América Central y Gran Bretaña: la composición del comercio exterior (1851-1915)”, Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 11 (2) (1985), págs. 71-92, pág 77.

24492 Robert A. Naylor, “The British Role in Central America Prior to the Clayton-Bulwer Treaty of 1850”, The Hispanic American Historical Review, Vol. 40, Número. 3 (Aug., 1960), págs. 361-382, págs. 364, 366.

24593 Víctor Hugo Acuña, “Capital comercial y comercio exterior en Centroamérica durante el siglo XVIII” en Mesoamérica, 4, (182), págs. 302-333, pág. 302 y José Antonio Fernández, Pintando el mundo de azul, (San Salvador : DPI, Concultura, 2003).

24694 En los años alternos analizados de 1849, 1850, 1852, 1853, 1855, en la Gaceta… San Salvador.

24795 Gaceta… San Salvador, 26.10.1849, 22.11.1850; 4.02.1853; 28.10.1853; 27.12.1855.

24896 Rafael Menjívar, Acumulación originaria, pág. 89.

24997 Héctor Lindo Fuentes, “Consecuencias económicas de la Independencia en Centroamérica”, Prados de la Escosura, Leandro; Amaral, Samuel, La Independencia americana: consecuencias económicas, (Madrid: Alianza Editorial, 1993), pág. 56 y ss.

25098 Nota del gobierno de El Salvador, 21 de marzo de 1828, AGN-SS, FF, caja 6, exp.1, f.93-94.

25199 “Estadística” en Gaceta del Salvador, 23 de setiembre de 1853.

252100 Tulio Halperin Donghi, “Economía y sociedad”, pág. 16.

253101 Rodrigo Quesada Monge, “América Central y Gran Bretaña”, pág. 89 ; Robert A. Naylor, Influencia británica, pág. 103.

254102 NA, FO, 66-2, fol.74-75 , carta de J. Dorion a Mr. Foote, Guatemala, 31 de diciembre de 1857.

255103 NA, FO 254-9, fol.155r., informe económico sobre El Salvador, Henry Foote, 1854.

256104 “Comunicado: una causa de nuestra pobreza pública”, Istepeque, 10 agosto 1846 publicado en El salvador rejenerado, nº 36, San Salvador, 24 de agosto de 1846.

257105 NA, FO 66-2, f.3-5.; Gaceta del Salvador, 4 de febrero de 1853, carta de Henry Foote a Earl Clarendon, Sonsonate, 3 de junio de 1857.

258106 1/12 de fanega aunque está relación variaba según los lugares.

259107 “Precios Corrientes”, Gaceta del Salvador, 24 de marzo de 1854, 31 de marzo de 1854, 7 de abril de 1854, 14 de abril de 1854, 26 de mayo de 1854, 2 de junio de 1854, 9 de junio de 1854, 16 de junio de 1854, 23 de junio de 1854.

260108 Héctor Lindo Fuentes, “Consecuencias económicas”, págs. 141-143 y Víctor Hugo Acuña, “Capital comercial y comercio…”, pág. 311.

261109 Antonio Acosta_Los orígenes de la burguesía_, pág. 99.

262110 Robert A. Naylor, Influencia británica, págs. 104, 115.

263111 AGN-SS, FQ, Hacienda y guerra, Tesorería general, 1847-1849, caja 3, s.f., nota de tesorería general al gobierno, San Salvador, 11 de diciembre de 1847.

264112 BNG-Cla-1960-Hojas1840, s.f. , carta de Francisco Morazán a José Lozano, San Salvador, 8 de marzo de 1840.

265113 Julio César Pinto Soria, “El Régimen Colonial (1524-1750)” en Historia General de Centroamérica, Tomo II, (Madrid: Sociedad Estatal Quinto Centenario/Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, 1993), pág. 133.

266114 Sobre contratas y otros negocios con la administración pública de Joaquín Eufrasio Guzmán, ver Antonio Acosta, Los orígenes de la burguesía, pág. 49-53.

267115 AMAEF, État des français à l‘Étranger, volume 3, s.f. , Jean Justin Roux de Bourdeos llegó a Centroamérica en 1829. « État des français immatriculés au Consulat Général de France dans l’Amérique Centrale, depuis le 15 sept 1836, jusqu’au 15 juillet 1848 ».

268116 AGN-SS, FQ, Hacienda y guerra, tesorería general, caja 2, 1846, s.f., nota de tesorería general al gobierno, Sonsonate, 14 de marzo de 1846 ; AGN-SS, FQ, Hacienda y guerra, Tesorería general, 1847-1849, caja 3, s.f., nota de tesorería general al gobierno, San Salvador, 12 de junio de 1846,; AGN-SS, FQ, Hacienda y guerra, Aduanas Marítimas, La Unión, 1846-1860, caja 1, s.f., nota de tesorería general al gobierno, San Salvador, 13 de enero de 1849.

269117 AGN-SS, FQ, Hacienda y guerra, Aduanas Marítimas, La Unión, 1846-1860, caja 1, s.f. , registro de bultos, La Unión, 31 de octubre de 1854.

270118 Estos González pueden ser hijos del primer González llegado a Guatemala venido de la península a mediados del siglo XVIII junto a Juan Fermín Aycinena: véase López Velázquez, “Reveses de la política de comercio libre y política fiscal de rentas estancadas de las Reformas Borbónicas”, VVAA. Los estancos, las prácticas monopólicas y las rentas del Estado en El Salvador. (San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos), pág. 67. Desbancaron a los viejos criollos por los vínculos privilegiados con Cádiz. Así, José Antonio y Santiago nacieron en Guatemala pero extendieron sus redes comerciales a El Salvador donde se integraron al juego político como otros hacendados y comerciantes de la región.

271119 “Movimiento marítimo” en Gaceta…de los años 1847, 1848, 1849, 1850, 1851, 1852, 1853, 1854 y
1855.

272120 NA, FO 254.4, f.27, despacho nº 3, San Salvador, 31 de enero 1853.

273121 Historia órgano legislativo, pág. 83; AGN-SS, FQ, Cámara diputados, caja 2, 1847-1854, s.f., sesión de Asamblea legislativa, 10 de febrero de 1849,

274122 Adolfo Bonilla Bonilla, Ideas económicas en la Centroamérica ilustrada, 1793-1838, 1 ed, (El Salvador, San Salvador: Flacso, 1999), pág. 17.

275123 Antonio Acosta_Los orígenes de la burguesía_ y Derek Kerr, “La edad de oro del café en El Salvador”.

276124 Edelberto Torres Rivas. Interpretación del desarrollo social Centroamericano: procesos y estructuras de una sociedad dependiente, (San José, Costa Rica: EDUCA, 1977), pág. 187.

277125 Edelberto Torres Rivas. Interpretación del desarrollo social, págs 187-188.

278126 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, pág. 79.

279127 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, pág. 79.

280128 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, pág. 80.

281129 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, pág. 80.

282130 Héctor Lindo Fuentes, La economía de El Salvador, pág. 82.

Para citar este artículo :

Clara Pérez Fabregat, « Las bases socioeconómicas de un proyecto estatal en El Salvador, 1824-1865 », Boletín AFEHC N°64, publicado el 04 marzo 2015, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3936

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