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AFEHC : diccionario : AGUIRRE, Luis Pedro de : AGUIRRE, Luis Pedro de

Ficha n° 3955

Creada: 12 mayo 2015
Editada: 12 mayo 2015
Modificada: 16 junio 2015

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Jorge H GONZALEZ ALZATE

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

AGUIRRE, Luis Pedro de

Vida de un abogado que formaba parte de los grupos de poder más influyentes de la ciudad de Guatemala
1222
Palabras claves :
Abogado, Relatoría, Familia de poder
Cargo o principal ocupación:
Abogado y Oidor honorario de la Audiencia de Guatemala (1811-1821)
Casó:

1El 24 de octubre de 1810 en Cádiz con María Concepción de Bernabé y Suárez y nuevamente el 30 de enero de 1813 en la Ciudad de Guatemala con Isabel María Alvarez de las Asturias y Arroyave (1772-1854) hija de Miguel Alvarez de las Asturias y Montúfar (1715-1800) y de María Josefa Lugarda de Arroyave y Beteta y Mencos (1736-1815).

Nació:
El 21 de enero de 1778 en el Puerto de Santa María, Cádiz
Murió:
El 15 de junio de 1837 en la Ciudad de Guatemala
Padres:

1Teniente Coronel Don Francisco Xavier de Aguirre (1744-1812) y doña Ana Larios (1752-¿), nieto por línea paterna de don Luis Pedro de Aguirre Ayzpeegoena, Aledo y Cozar y de doña Francisca de Sotomayor y Murga, Chamorro y Villavicencio, y por línea materna don Josef Larios, Miranda Mediano, Reyes del Grosso y de doña Isabel Juliana Ximenez Ruiz, Perez de Flores.

Resumen:

1 Pese a que Luis Pedro de Aguirre nació en España y celebró su primer matrimonio en el puerto de Cádiz, su vida se desarrolló más que todo en el Reino de Guatemala. El nacimiento en España, en 1778, no tuvo mayor influencia sobre su vida porque sólo tenía dos meses cuando su padre trasladó la familia a dicho reino con el fin de servir el puesto de alcalde mayor de Verapaz (1779-1789) y después el mismo cargo en Totonicapán (1795-1802). De hecho, Aguirre vivió su infancia en las tierras mayas de Guatemala en contacto con la población indígena. En un folleto, publicado en 1800, asevera a propósito de los indígenas de Guatemala: “Tengo algunas noticias positivas de la vida trabajosa que pasan y del abandono en que mueren”. Fue criado por su madre, junto con su hermano, Francisco Javier, nacido en Cobán en 1789 y que fue Ministro General del Estado de Guatemala en 1838. Su padre, además de las ganancias que le producían el cargo de alcalde mayor, era un comerciante muy activo, por lo que el niño sin duda creció en un ambiente protegido y privilegiado. Sabemos, por otra parte, que tenía otro hermano llamado José María quien era dueño de una hacienda de cacao en 1830.

2No tenía ni siquiera 20 años cuando, en 1797, Aguirre defendió por dos ocasiones varias conclusiones de derecho civil y canónico en la Universidad de Guatemala. Al parecer Aguirre, aunque bien educado en casa, no tenía entonces interés en seguir largos estudios universitarios por lo que no consiguió una licenciatura en derecho. En esa época de su vida estaba viviendo en la capital y aspiraba a entrar al servicio del Rey por lo que prestaba servicios gratuitos con la idea de llamar la atención de los oficiales de la Real Hacienda. Por ejemplo, despachó la relatoría de los negocios de dicha administración durante la ausencia por los achaques del propietario del cargo adquiriendo cierta experiencia durante seis meses cuando le tocaba asistir a las juntas de trabajo. Al regresar el propietario del cargo acordó que continuase Aguirre en el despacho de los expedientes. Bien estimado por sus superiores, el joven pudo incluso servir de conjuez en “ciertos asuntos de gravedad” y eso porque faltaban jueces para atender a dichos casos. En 1799 el presidente de la Audiencia lo comisionó para realizar una leva de vagos lo que logró hacer a satisfacción. Se acercó entonces al grupo de 12 personas, que estaba apoyando la idea de consolidar en la capital del Reino una Academia de dibujo y asumió el cargo de consiliario en octubre de 1800.

3Cuando fungía de secretario interino del Consulado de Comercio, Aguirre redactó una memoria sobre el fomento de la agricultura y del comercio publicado por Beteta, pero este folleto, al parecer, no se conservó y sólo quedan unos extractos publicados en el periódico titulado “Correo Mercantil de España y sus Indias”, artículo que encontró la historiadora Catherine Poupeney-Hart. En este trabajo, Aguirre decía, a propósito de la desigualdad entre indígenas y españoles: “No hay razón para que seamos tan inhumanos, que permitamos sin condolernos una distinción tan formidable entre individuos de nuestra misma especie” y estaba convencido que “son capaces de un perfecto gobierno económico, y susceptibles de quantas reglas quieran dictarse para una Nación culta”. Cabe mencionar también que en esta época Aguirre consideraba que era necesario abolir el tributo: “lo inestimable que sera para un Indio la exencion del tributo”. Dicha sensibilidad en lo relacionado a los asuntos sociales y públicos se confirmó poco tiempo después cuando quiso formar parte de la Hermandad de Caridad que se acababa de formar para asumir el control del Hospital de San Juan de Dios en detrimento de la Iglesia. Este puesto lo ocupaba todavía en 1827, prueba que el compromiso suyo fue bastante sincero. Actuó como secretario y después consiliario de la Hermandad. Al mismo tiempo seguía prestando varios servicios a los diferentes tribunales de la Audiencia hasta que en 1803 fue nombrado abogado fiscal del real en el cuerpo de artillería del Reino. Los propios negocios comerciales de su padre (quien fue prior del Consulado en 1805) y su buena integración en los círculos de poder de la ciudad lo llevaron a trabajar para el Consulado de Comercio. Expresó entonces el interés de arreglar el archivo de la institución.

4La fecha clave de la primera etapa de su vida fue el 5 de agosto de 1803 cuando fue admitido a la corporación de Abogados de los Reales Consejos. Queda por esclarecer porqué en esa época de su vida Aguirre otorgó un poder especial a favor de don Juan Ramos, presbítero del Arzobispado de Sevilla, aunque es posible que se trataba de recuperar un derecho a mayorazgo. En todo caso, su carrera jurídica se estaba consolidando debido a varios éxitos tales como el nombramiento recibido del rey en 25 de junio de 1807 para el cargo de Asesor del Consulado de Comercio.

5Luego obtuvo permiso para viajar a España lo que lo llevó primero a Sevilla, en la Villa de Hinojos, lugar en el que se encontraba cuando las tropas francesas invadieron la península. Según varios testigos de dicha villa, Aguirre demostró entonces un gran celo colaborando en el reclutamiento de tropas y alentando a los jóvenes a resistir la ocupación. Durante ese viaje, que se alargó seguramente más de lo previsto debido a la amenaza francesa, Luis Pedro de Aguirre conoció a María Concepción de Bernabé y Suárez, con quien se casó el 24 de octubre de 1810 en el puerto de Cádiz, seguramente antes de retornar a Guatemala. Su esposa le dio por lo menos dos hijos: Francisco Javier, quien hizo su vida en España, y un tal Antonio del cual no contamos con datos. A finales de 1810, María Concepción solicitó una licencia de viaje para reunirse con su marido. Según otra fuente, sabemos que el padre de María Concepción era un viejo amigo del propio padre de Luis Pedro. El viaje parece haber sido fatal para Antonio y su madre, porque Aguirre volvió a casarse el 30 de enero de 1813 con Isabel María Alvarez de las Asturias y Arroyave, hija de uno de los abastecedores de carne de la ciudad. Dicho matrimonio representaba sin duda una gran oportunidad de afianzar el estatus de la familia Aguirre, puesto que su mujer aportó 50.000 pesos en dote al fallecer sus padres. Como lo demostró la investigadora Evelyn Sánchez dicha alianza representaba en sí un desafío hacia la Corona porque Aguirre actuaba a la sazón como oidor honorario (desde 1811) y dicha unión implicaba una pérdida de autonomía del gobierno con respecto a los intereses locales de las familias de poder de Guatemala. El presidente Bustamante consideraba eso con reprobación: “El oidor honorario Don Luis Aguirre está relacionado casi con todas las familias del lugar, es casado con una hija de esta Ciudad de muy extensa parentela y no había dado en este gobierno iguales pruebas de lealtad”.

6A pesar de haber obtenido el puesto de oidor honorario, Aguirre persistía en su intento de ganarse un puesto en una Audiencia del imperio —su nombre aparece, por ejemplo, en una lista de pretendientes para una magistradura en Cuba. Obtuvo el cargo de comisionado en la Dirección de Correos “para intentar aclarar la situación en la que se encontraba dicha Administración” y como asesor jurídico del consulado seguía devengando 500 pesos al año. Trabajaba en varios pleitos jurídicos para recobrar deudas o defender los intereses de sus clientes ante los tribunales —por ejemplo, a favor de don Pedro Salcedo (1804), don Eugenio Manuel Toledo (1810) y don Juan Moreno y Herrera (1815). Su posición social estaba entonces bien asegurada y las pruebas del respeto público se multiplicaban por lo que durante la experiencia gaditana fue nombrado en 1814 como individuo de la Junta Provincial de Censura al lado de don Juan José Batres , de don Antonio Robles, del Sr. Dr. Manuel de Talavera, del Dr. don Diego Batres y de Francisco Xavier Barrutia. Volvió a ocupar dicho cargo en 1820.

7A resultas de la desorganización archivística que caracterizó la época federal, los detalles de la vida de Aguirre durante esos años son poco conocidos. Existen indicios que su actividad jurídica no disminuyó –fue, por ejemplo, curador de los menores Dolores y Domingo Talavera- y que Aguirre estuvo en capacidad de negociar por lo menos una casa a Basilio Porras por 6500 pesos en 1822. Aguirre había comprado la casa en subasta pública y obtuvo entonces 2000 pesos al contado y los restantes pagaderos en un año a 6 por ciento con prohibición de gravarla. El papel político que tuvo Aguirre durante esa época queda por investigarse.

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