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AFEHC : diccionario : GUELLE Y ANZUETO, María Encarnación : GUELLE Y ANZUETO, María Encarnación

Ficha n° 3956

Creada: 13 mayo 2015
Editada: 13 mayo 2015
Modificada: 13 mayo 2015

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Autor de la ficha:

Jorge GONZALEZ ALZATE

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

GUELLE Y ANZUETO, María Encarnación

Bosquejo biográfico de una matriarca de provincia, conocida como “la francesa”, fundadora de la red familiar más importante del occidente guatemalteco en la época colonial.
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Palabras claves :
Matriarca, Red familiar, Familia criolla
Cargo o principal ocupación:
Administradora de una pulpería
Casó:

1con Domingo Gutiérrez Marroquín (1736-1795).

Nació:
El 25 de marzo de 1750 en Santiago de Guatemala
Padres:

1don Santiago Estefanía Guelle y doña María Ventura de Anzueto y Palencia

Resumen:

1El valioso papel que las mujeres han jugado a través de la historia en las esferas, no sólo domésticas, sino también en los campos sociales y económicos, es una temática que aún queda por investigar a fondo por los estudiosos del pasado Centroamericano, en particular los historiadores del período colonial.

2Como señala la historiadora costarricense, Eugenia Rodríguez Sáenz, “aunque las mujeres han tenido un papel esencial en la sociedad … y constituyen el 50 por ciento de la población, la historia tradicional, centrada en la exaltación de los héroes y políticos masculinos, ha tendido a invisibilizar su aporte y sus vivencias, y a construir una visión de ellas como sujetos pasivos, incapaces de cumplir un papel como agentes sociales e históricos de cambio y de resistencia ante el dominio patriarcal”. (Rodríguez, pág. 11)

3El presente trabajo, centrado en la trayectoria vital de Encarnación Guelle, hija de una familia criolla de clase media, constituye un modesto aporte a esa loable tarea historiográfica de visibilizar los roles, contribuciones y experiencias de las mujeres de la época colonial. La amplia base documental utilizada en la investigación, nos permite demostrar, en contradicción a la visión tradicional, que, pese a los impedimentos legales a que eran sujetas, las mujeres en la época colonial jugaron un papel social y económico de vital y decisiva importancia. De hecho, no es exageración el afirmar que el estatus material y social de la familia colonial, ya sea de extracción popular o de clase media, dependía en gran medida de la participación y aportes de las mujeres en toda una gama de actividades en los ámbitos domésticos, laborales y comerciales.

4Según Edgar Aparicio, autor de uno de los estudios genealógicos más completos sobre la familia Gutiérrez Marroquín, María Encarnación Guelle nació el 25 de marzo de 1750 en Santiago de Guatemala en el seno de una familia criolla de abolengo, aunque aparentemente de modesta condición económica. Su padre, don Santiago Estefanía Guelle, era originario de San Melo, puerto ubicado en la región francesa de Bretaña; su madre, doña María Ventura de Anzueto y Palencia, era hija de distinguida familia criolla de Santiago de Guatemala. No contamos con datos acerca de su niñez y formación académica, pero suponemos que Encarnación debió haber recibido cierto grado de instrucción, dado su prestante origen social. Un indicio de que esto era el caso es el hecho de que, a excepción de prácticamente todas las mujeres que aparecen en la documentación, la firma de Encarnación figura en todos los documentos en que ella era parte interesada.

5El 13 de septiembre de 1770, a la tierna edad de veinte años, Encarnación contrajo matrimonio con Domingo Gutiérrez Marroquín (1736-1795), inmigrante peninsular, originario de la región Cantábrica de Burgos y descendiente de modesta familia hidalga. La pareja produjo nueve hijos (seis hombres y tres mujeres) y estos, a su vez, produjeron 31 nietos. (Aparicio, pág. 8)

6Al casarse con Domingo Gutiérrez, Encarnación logró de tal manera realizar la aspiración social de la gran mayoría de mujeres de familia prestante desprovistas de vocación religiosa, es decir, contraer matrimonio con un inmigrante peninsular, preferentemente de ascendencia hidalga, dotado de la ambición y talento para hacer fortuna en las Indias americanas.

7Don Domingo había arribado, alrededor de 1766, en un momento en el que el Reino de Guatemala brindaba crecientes oportunidades en los ámbitos comerciales, burocráticos y militares a jóvenes ambiciosos y dinámicos como él. Al igual que muchos de los inmigrantes montañeses de la época, Domingo, una vez instalado en Santiago de Guatemala, se dedicó a la actividad más rentable de la época, es decir, el comercio de importación y exportación de mercancías ultramarinas y de la tierra, con el apoyo financiero de varios paisanos radicados en Santiago de Guatemala hacía ya varios años. Desde un comienzo, Domingo enfocó sus actividades mercantiles en las provincias del altiplano occidental, Huehuetenango, Totonicapán y sobre todo Quetzaltenango, áreas en vía de expansión demográfica en ese entonces y que a su vez vivían un crecimiento comercial inusitado.

8No cabe duda que el matrimonio de Domingo con Encarnación formó igualmente parte de una estrategia de avance social y económico que era común entre los círculos de inmigrantes peninsulares de la época. Pero como se verá más adelante, aparte del prestigio social y beneficios económicos que tal unión representaba, Domingo adquirió con Encarnación mucho más que una esposa tradicional, es decir, una mujer legalmente subordinada a su marido con el estatus jurídico de menor de edad. (Lavrín, págs. 29-30) Porque Encarnación no sólo produjo numerosa prole y manejó con enorme eficacia los asuntos domésticos, sino que al mismo tiempo contribuyó de lleno en la administración de las actividades comerciales, agropecuarias, sociales y políticas de su marido, constituyendo de tal manera pieza de toque en la brillante carrera de Domingo y más tarde, al enviudar, en la consolidación de sus hijos y nietos en la red familiar más prominente en términos socioeconómicos y políticos de la región de Los Altos.

9 Los terremotos de 1773, ocurridos al poco tiempo de las nupcias, forzaron a Domingo y Encarnación a desplazarse a un lugar con mejores perspectivas en donde pudieran rehacer sus vidas. Con tal fin, se trasladaron a finales de ese mismo año, junto con dos hijos, al pueblo de Quetzaltenango, a la sazón el centro comercial más importante del occidente guatemalteco. Allí se radicaron permanentemente y en base a mucho esfuerzo y con la asistencia de vínculos sociales con los más influyentes oficiales españoles e indígenas de la región, así como con el apoyo financiero de sus paisanos peninsulares, lograron establecer una pulpería en la plaza principal del pueblo en la cual expendían efectos ultramarinos y de la tierra tales como telas, paños, herramientas, aceite, cohetes, vinos y aguardiente de caña. Domingo asimismo conducía en sus recuas de mulas mercancías que expendía en las numerosas ferias comerciales celebradas en los diversos pueblos indígenas del altiplano.

10Las jugosas ganancias que tales actividades les produjo, las invirtieron en la adquisición de dos casas, así como varios terrenos situados en los alrededores del pueblo, los que dedicaron a la siembra de trigo y a la crianza de ganado ovejuno. En 1783, Domingo adquirió título real a Buenavista, una propiedad de 21 caballerías, ubicada en el distrito de San Marcos, donde estableció una hacienda de ganado mayor y un trapiche de caña de azúcar.
Aparte de atender a los quehaceres domésticos que surgían a diario en el cuidado de su creciente familia, Encarnación—o la francesa, como la llamaban en el pueblo—se ocupó en la administración de la pulpería y taberna ubicadas en los bajos de la residencia familiar, así como en acompañar a Domingo en sus giras por la región de occidente. Igualmente importante fue su asistencia en el manejo de las propiedades agrícolas que incluían el reclutamiento de jornaleros y arrieros necesarios para la cosecha y transporte del trigo y la lana a los mercados locales, regionales y de la capital. En muchas ocasiones, de acuerdo con los registros de alcabalas, Encarnación se desplazaba a la Nueva Guatemala junto con las caravanas de arrieros con el fin de supervisar la venta de dichos productos en la capital. Desde allí enviaba cargamentos de mercancía a su marido en Quetzaltenango, transacciones que negociaba con los mercaderes mayoristas de la ciudad.

11 En base a su éxito comercial y su herencia hidalga, Domingo Gutiérrez, con el decidido apoyo de su esposa Encarnación, se esforzó por incrementar al máximo su capital social y político. En 1782, respaldado por el corregidor de turno y socio comercial, Francisco Rodríguez, Domingo obtuvo el rango de capitán de milicias, junto con sus paisanos Pedro Mazeyras, Luis Pardo y Manuel Casado. Dicho estatus le confirió el privilegio del fuero militar, conjunto de preeminencias que lo invistieron con enorme prestigio social a la vez que influencia política.

12 El meteórico ascenso social y económico de Domingo y Encarnación alcanzó su punto álgido en 1785 con la adquisición, por parte de Domingo, en asociación con Pedro Mazeyras, del asiento de aguardiente del pueblo de Quetzaltenango, concesión que les confirió el derecho exclusivo a la manufactura y venta de la popular bebida. Como era de esperarse, la ventajosa posición socio-económica y política de que Domingo y Encarnación, junto con sus socios montañeses, llegaron a disfrutar provocó amargo resentimiento entre los segmentos criollos, ladinos e indígenas de Quetzaltenango. “Habían llegado sin nada”, rumoraban las voces populares, y en pocos años y por medios supuestamente fraudulentos habían acaparado el control casi absoluto de mucha de la actividad comercial del pueblo. En abril de 1786, un tumulto popular forzó a Domingo y sus socios a salir apresuradamente de Quetzaltenango y refugiarse en pueblos aledaños. Encarnación, por su parte, halló asilo en el convento franciscano del pueblo en compañía de sus hijos pequeños. Sólo fue gracias a la intervención y protección de un destacamento de tropas veteranas, dirigidas por el Ayudante Mayor Prudencio de Cozar , que la familia de Domingo y Encarnación pudo regresar más tarde y rehacer su vida en el pueblo.

13En los años posteriores al motín, Domingo y Encarnación reanudaron sus actividades comerciales y agropecuarias con la misma intensidad de antes. Domingo, asimismo, revivió su viejo anhelo de obtener el cargo de comandante capitán de la milicia, ambición que finalmente logró realizar en 1791. Al momento de su muerte, el 10 de Febrero de 1795, Domingo y su familia ocupaban, sin lugar a dudas, la cúspide de la pirámide económica, social y política del pueblo de Quetzaltenango.

14 A partir de entonces, Encarnación Guelle asumió las riendas de los negocios familiares hasta su muerte en 1826. Su principal empeño a lo largo de esos treinta y un años fue la preservación y consolidación del estatus socio-económico de la red familiar. A cada uno de sus hijos e hijas los casó con miembros de la élite española quetzalteca o con inmigrantes peninsulares y de otras regiones de Centroamérica. Como resultado de tan astuta estrategia de endogamia social, sus hijos, hijas y nietos, llegaron a constituir a principios del siglo XIX la familia troncal de la élite peninsular-criolla de Quetzaltenango.

15A partir de 1806, los hijos varones, Juan, Francisco, Tomás y José, así como el esposo de una de las hijas, Pablo de Mata, obtuvieron destacados cargos en el ayuntamiento de españoles del pueblo con el respaldo financiero de Encarnación. Todos ellos, asimismo, ejercieron importantes puestos burocráticos y militares, tales como oficiales de milicias, receptores de alcabalas, corregidores interinos y diputados a cortes. Igualmente, varios de los nietos y sus descendientes llegaron a figurar prominentemente en los ámbitos sociales, eclesiásticos, económicos y políticos de Guatemala a lo largo del siglo XIX. Un ejemplo notable es el de Francisca Aparicio Mérida, descendiente directa de don Domingo y doña Encarnación, quien contrajo matrimonio con Justo Rufino Barrios, el caudillo de la reforma liberal. Encarnación Guelle falleció en Quetzaltenango el 13 de Julio de 1826, en la que se conoce aún hoy en día como la casa de la francesa, a la avanzada edad de 76 años de edad.

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