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AFEHC : transcripciones : La Asamblea restaurada a los Pueblos del Estado de Guatemala : La Asamblea restaurada a los Pueblos del Estado de Guatemala

Ficha n° 3985

Creada: 06 junio 2015
Editada: 06 junio 2015
Modificada: 07 junio 2015

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La Asamblea restaurada a los Pueblos del Estado de Guatemala

Este folleto publicado en la Imprenta de la Unión el 26 de abril de 1829 poco tiempo después de la caída de la ciudad de Guatemala tras un asedio de dos meses por las tropas del general Morazán. En esa fecha la asamblea legislativa es reunida en sesión extraordinaria. Los diputados agradecen a los liberadores de la patria, a los valientes de San Salvador y Honduras y al general Morazán. Espinosa, Arzate y Albures se felicitan por el fin de la guerra civil y el restablecimiento del orden constitucional. La transcripción del folleto se debe al “Center for Digital Scholarship, Rice University” pero hemos modificado la grafía y los acentos en algunos pocos casos para facilitar la lectura. El folleto original tiene ninguna nota de pie de páginas por lo que las actuales han sido añadidas por nosotros.
1241
Palabras claves :
Folleto, Asedio, Guerra civil, Orden constitucional
Autor:
Asamblea restaurada
Fecha:
1826-04-26
Paginas:
5 folios
Texto íntegral:

1Ha llegado por fin conciudadanos, el término feliz de nuestros sufrimientos1. Una serie casi no interrumpida de victorias, ha colmado los deseos de los libres. La capital donde se había organizado la usurpación, donde las huestes de la tiranía se habían reconcentrado, está ya bajo el imperio de los restauradores. El ciudadano destinado por la providencia2 para hollar el orgullo aristocrático y restablecer el código santo que proclamó la igualdad la libertad y la federación, tan aborrecidas de los enemigos de la Patria, y cuya ruina fue el objeto de la revolución sangrienta en que nos sumergieron, ha obtenido los laureles del triunfo más completo, ha terminado la guerra civil, y uniendo el esfuerzo militar à las virtudes cívicas, ha dado el ejemplo grande y muy raro de conquistar para restablecer la ley, y de triunfar para reponer el orden.

2Él ha convocado à las autoridades constitucionales que ejercían un poder legítimo y tranquilo emanado de vosotros, cuando el presidente Arce elevado de miras ambiciosas y de acuerdo con los enemigos de la constitución, las disolvió por la fuerza, y encendió la guerra fratricida en toda la República3. Él ha repuesto en sus asientos à los legisladores que la mano fatal de la ambición arrancó para colocar hombres, que sin tener la misión de los pueblos, tuviesen todas las miras oligárquicas necesarias para el cambio del sistema.

3Todo el orden constitucional trastornado desde entonces, va à aparecer ya con los mismos funcionarios que sin concluir el término que les señaló la ley para el desempeño de su alto encargo, habían sido destituidos, presos y proscriptos. Los representantes mismos del pueblo son los pue [sic] deben reorganizar la Republica, no existiendo otra autoridad legítima para llamar à la nación extraordinariamente á darse nuevos representantes, nuevo gobierno, y recobrar su primera libertad y sus leyes. Este acto soberano no pudiera ejercerlo sino una autoridad revestida de la representación popular. Tampoco el gobierno podía quedar en las manos de los que lo usurparon, ni ejercerse sino por los que lo obtenían de la constitución.

4El General libertador tan penetrado de estos principios, como exento de toda mira de dominación, ha empleado su triunfo en el restablecimiento de la ley constitucional y en la reposición de sus autoridades. Amante de la libertad, victima por algún tiempo de la tiranía, él se hizo el soldado de la Patria y el regenerador del orden. La providencia llenó por su medio los deseos del pueblo oprimido. La usurpación tiránica desapareció à su aspecto, como la dañosa niebla à la luz pura del sol. La obra de la anarquía se ha concluido. Las autoridades constituidas están ya en su puesto, y tres años de desolación y de ruina, se han terminado por la escena grandiosa del triunfo de la libertad.

5[fol. 1]

6La paz anuncia ya la prosperidad pública, y las garantías sociales: la ley va à curar las heridas dolorosas que vierten sangre por todas partes, abiertas por la discordia civil: la constitución va à reinar sobre el desorden y el caos que introdujeron en la Republica los liberticidas que la oprimieron desde el año de veinte y seis. El crédito publico, la confianza; la seguridad, el reposo doméstico, las labores del campo, el comercio, y las artes desaparecidas de nuestro suelo por la dominación de los que sostenían la guerra contra los derechos del hombre con vejaciones inauditas sobre todas las clases de la sociedad, serán ya restablecidas. El ciudadano pacifico no se verá arrancado de su familia, ni inquietado en sus trabajos para ir à perecer en las filas liberticidas, ò para ser abandonado à la miseria, herido y hambriento. El tesoro de los usurpadores no se llenará à costa de la desgracia pública. El extranjero será considerado y tendrá la garantía constitucional. El culto no será profanado por un fanatismo sangriento, ni servirá de resorte à la ambición. Los libres no serán ultrajados y muertos à la voz de religión, ni las autoridades legítimas asesinadas en los templos por contentar las miras de la aristocracia disfrazada bajo un velo religioso. El Estado de Guatemala no se presentará mas en actitud hostil contra los demás Estados, y antes bien unidos todos en lazo fraternal caminarán por las sendas de la ley á la felicidad común.

7Pueblos de Guatemala que habéis sentido profundamente todos los horrores de la anarquía, de la usurpación y de la disensión civil en que fuisteis envueltos por las pasiones de los que os han dominado en tres años, para ocupar los primeros puestos, y por la infracción escandalosa de vuestras leyes; ha llegado el termino de vuestros males, si cooperando esforzadamente con vuestros representantes, os apresuráis à restablecer el orden constitucional.
Vanas serán ya para seduciros las voces de religión, y los prestigios artificiosos con que se enmascararon vuestros opresores. Lecciones terribles habéis recibido para no dar crédito à los enemigos de la constitución y del pueblo. Habéis sido el triste juguete de su ambición y su codicia.

8¿Dónde están vuestros hijos llevados al campo de batalla? ¿Por quienes se ha derramado la sangre de vuestras familias inocentes? Por quienes habéis quedado en la desolación y la miseria? Por los que incendiaban vuestras poblaciones; por los que allanaban vuestras casas y atropellaban vuestros fueros; por los que arrancaban hasta los tesoros de vuestras iglesias, corrompían vuestras costumbres, y os reducían à un régimen militar el más atroz y despótico que se viera en los siglos de barbarie. ¿Dónde están los atropellamientos ni las profanaciones à la religión de que acusaban à los constitucionales? ¿Donde la impiedad y la violación de los objetos mas sacrosantos? Vosotros lo visteis. En el régimen de los usurpadores, en la combinación fatal de las clases enemigas de la igualdad y de la constitución. Todos sus decretos fueron de depredación y de exterminio: todos sus bandos de sangre y de terror: todos sus procedimientos inquisitoriales y tenebrosos. Todas sus fuerzas empleadas en la nominación absoluta. Un vano simulacro de formas constitucionales y de cuerpo legislativo ocupado á porfía en revestir à un hombre de facultades soberanamente destructoras del Estado, y en dar à ciertas familias el imperio de la República4. Un ejército de forzados destinado à incendiar pueblos, y à proclamar la inquisición y el despotismo. Los enemigos más feroces de la independencia, los españoles más sanguinarios conduciendo este ejército y llevando

9[fol. 2]

10sus venganzas à los Estados libres de la República después de haber encadenado y destruido à los libres de Guatemala. El ministerio sagrado de la religión profanado y compelido à excitar el furor de la plebe degradada, llamando impíos y herejes á los amigos de la constitución y la igualdad, y añadiendo el ultraje más sangriento al asesinato y al yugo más ignominioso. Aun vierten sangre las heridas de la República abiertas por este régimen inaudito de devastaciones y de muerte. Aún están calientes las cenizas de Flores5, de Pierzon de Merino y de mil patriotas victimas de su barbarie. Aun humean las poblaciones incendiadas en el Salvador, en Honduras, en el mismo Estado de Guatemala, por las hordas de esclavos y usurpadores que abortó este suelo en su desgracia. No continuemos el bosquejo de este cuadro horrible que tenéis à la vista…...

11Comparadle con el régimen dulce del gobierno constitucional que fué destruido. Comparad las faltas de aquellos funcionarios con el furor y desenfreno de los que les arrojaron de sus asientos. ¿Que injurias, que agravios se habían hecho al partido de los enemigos de la constitución y de las libertades patrias para excitar en él furores tan violentos? La tolerancia, la indulgencia, el empeño de atraerles con nombramientos de distinción, el rodearse de ellos el mismo gobierno del Estado; tal fue el espíritu que prevaleció en aquella época, y que fue recompensado con la deposición, las proscripciones y la guerra à muerte, que abrió la escena en la jornada de Malacatan, pasando á cuchillo à los prisioneros y rendidos, y acabó en Mixco con hechos atroces y con escarnio y ultraje de la humanidad6. Loor eterno à los valientes aliados y á los libres de Guatemala que aherrojaron al monstruo de la usurpación! Laurel inmarcesible al vencedor que encadenó las furias, y con brazo firme ha retrogradado la época de los tiranos y hecho brillar de nuevo el día de la ley!

12Ved ya restablecidos en sus puestos a los hombres que colocasteis cuando reinaba el orden y la tranquilidad. Los usurpadores encendieron la guerra para destituirlos y dominar: nosotros os anunciamos ya la paz para enjugar las lágrimas del pueblo destrozado. Ellos os presentaron como enemigos irreconciliables à los demás Estados vuestros hermanos: nosotros os enlazamos de nuevo con el vínculo sagrado de la misma constitución y de las dulces relaciones sociales. Ellos amaron y excitaron la guerra, la devastación y el fanatismo, porque ellos se apacentaban y vivían de la presa de estos monstruos: nosotros os brindamos el reposo doméstico, la dulce calma y la libertad de ocuparos en vuestros oficios y labores; porque fuimos hechuras de la paz y de la ley; y porque ellas solas podrán restablecer la tranquilidad y el orden; por que la victoria que nos ha repuesto, no subsiste sino bajo la dulce oliva y no se emplea sino en cultivarla. —Ellos pelearon por la usurpación y el centralismo absoluto: nosotros por la restauración y federalismo: ellos por el trastorno y la tiranía, nosotros por la libertad y la ley. Su interés está ahora en las reacciones, en la rebelión y los tumultos; el nuestro en el orden, en la obediencia á las autoridades legítimas y en el restablecimiento de la constitución.

13Conciudadanos que habéis sufrido una tempestad tan desastrosa por la aristocracia y los ambiciosos del poder, cual nunca probasteis en las grandes épocas de la independencia española, y de la independencia mejicana: esta

14[Fol. 3]

15lección severa sabrá armaros contra las sugestiones de los perturbadores, que revestidos de un celo hipócrita os vuelvan à predicar el asesinato y la rebelión contra vuestras autoridades; os quieran conmover de nuevo para lanzaros contra los libres, y recibir cadenas, desolación y muerte. La libertad no perece: los derechos del hombre son inalterables: pero el despotismo es un árbol viejo que apenas retoña cuando se marchitan sus débiles renuevos. En la America es más raro y enfermizo. Este clima de regeneración no le conviene. Ved por todas partes caer à los tiranos, y perecer sus instituciones insensatas. Ved à hombres prodigiosos adorados del pueblo decaer y aniquilarse al poner una mano profana sobre las aras de la libertad.—Una combustión general abrasa al mundo para regenerarlo: y en centro-américa el incendio obscuro y devastador de los tiranos va à producir ya la luz pura de la ley y de la igualdad triunfante. El pueblo es inmortal, y el libre siempre vence.

16Ya las calumnias contra los constitucionales proclamadas à la par del despotismo con que se les oprimía, se han desvanecido. Ya les veis triunfantes respetar el culto santo, y sostener la religión sagrada protegida por la constitución, que es su divisa. Ya les veis ocupados del restablecimiento del orden, y de limpiar el camino de las leyes obstruido por la revolución. — ¿Donde están los ultrajes al altar y los atropellamientos al culto, y los espantosos desordenes imputados á los libres por el gobierno intruso que solo se ocupaba en la impostura y en el engaño del público?

17La obra grande de la restauración constitucional es el objeto de la Asamblea y del ejército aliado. Dificultades enormes es necesario vencer: y el triunfo de los obstáculos que presenta por todas partes la escena de tan atroz revolución, no es menos grande y necesario que el de las armas constitucionales que marcharon de victoria en victoria, y que marcaron cada paso con sangre libre y heroica. Un vasto campo de escombros y de ruinas ha dejado la guerra y la feroz tiranía. Odios, despoblación, desconfianza, miseria general, desmoralización y rebelión son los objetos que vamos ahora à combatir para levantar de nuevo el edificio social.

18Esta Asamblea dará el primer paso: convocará al instante otra nueva que dará el segundo: renovará à la vez todos los funcionarios populares y del gobierno: se ocupará de montar la maquina política sobre nuevas ruedas para que pueda marchar: empleará en cuanto pueda el resorte de la ley, donde quiera que este no se haya roto o inhabilitado por la usurpación.

19Se requiere una grande energía y una acción incesante en el gobierno: se requiere una cooperación decidida en el pueblo para que la restauración tenga efecto, y para que sean menos duraderos y dolorosos los golpes inevitables de una creación nueva y de una nueva lucha política. Cuanto menos se presten los ciudadanos al restablecimiento de la constitución, cuantos más obstáculos se pongan, cuantas mas reacciones intente la facción deprimida, tanto más lejano estará el reinado de las garantías constitucionales, y tanto más habrán de sufrir las poblaciones.— Medidas fuertes y violentas se emplearán entonces contra los rebeldes y los partidarios de la usurpación. La constitución no protegerá á sus enemigos implacables; y las autoridades tendrán el dolor de emplear el rigor para salvar la patria, y

20[fol. 4]

21de apartar à los refractarios de la sombra protectora del código sagrado.

22La Asamblea suspira por el momento en que la ley benefica recoja bajo su tutela à todo habitante del Estado; y en que la libertad la seguridad la propiedad y la igualdad marchen enlazadas, y enjuguen las lágrimas, y curen las heridas de la revolución: más mientras los gérmenes de ella continúen obrando: mientras las autoridades que tengan el tranquilo ejercicio de sus funciones: mientras el alarma contra los libres se diere y combinare abierta ó sordamente, no es posible proteger en toda la extensión de las garantías à los enemigos públicos: no es posible que reine completamente la ley benefica de las formas protectoras: y el reposo público y la felicidad social se alejan y retardan.

23Pueblos que habéis sentido altamente estas verdades por la dura experiencia de tres años, venid al instante en auxilio de la constitución; levantadla de acuerdo con sus autoridades, sostenedla contra los esfuerzos de los tiranos y aristócratas.

Velad sobre los conspiradores y los fanáticos que corrompen la moral y alteran el orden público. Nuestra divisa es la constitución y la libertad: esforzaos à redificar su templo. Las virtudes y la moral son la base de las repúblicas: escuchad sus acentos siempre seguros: levantad al Dios del orden y de la paz un corazón puro y digno de la libertad; y cerrad el oído à la superstición sanguinaria y clamor sordo de revolución que levanta la tiranía destronada. La tempestad ha pasado; pero los elementos agitados aun no cesan de rugir y conmover. Vuelva la calma y la serenidad à vuestros hogares, y execración y muerte al que se obstine; en perturbarlas.

24La frente gloriosa de los libres está ya adornada del laurel que las virtudes y la moral coronen su carro, y guíen su carrera a la prosperidad pública. Que la constancia en los esfuerzos patrióticos y la sumisión à ley completen la obra de la restauración. Ella está ya en nuestras manos. Reunámonos al derredor de la constitución para afianzarla, nada de venganza y todo justicia es el principio que destruye la discordia civil, y asegura el triunfo de las instituciones.
Conciudadanos: ahora menos que nunca podremos olvidar que en America la tiranía ha sido efímera, y la libertad es inmortal. El santuario de la ley está ya abierto al pueblo: sus representantes quieren identificarse con el, y aniquilar si es posible hasta la memoria de la usurpación aristocrática y de su guerra fratricida.

25Guatemala abril 26 de 1829.

26Nicolas Espinosa7 presidente.

27Eusebio Arzate secretario.—Francisco Albures secretario.

28GUATEMALA IMPRENTA DE LA UNION.

29Notas de pie de páginas

301 La guarnición de Guatemala se rindió a Morazán el 12 de abril de 1829 después de más de dos meses de asedio y de tres días de combate dentro del recinto mismo de la ciudad. Va empezar un nuevo periodo llamado la Restauración. Véase Alejandro Marure, Efemérides, (Guatemala: Editorial del Ministerio de Educación Pública, 1956), pág. 53.

312 Se trata evidentemente de Francisco Morazán jefe del Ejército aliado protector de la Ley.

323 El senado de la República de Guatemala había sido disuelto en septiembre de 1826 por Manuel José Arce. El 21 de abril Morazán había instalado en Guatemala la asamblea legislativa del Estado disuelta en Quezaltenango en octubre de 1826.

334 En este caso se trata de la familia Aycinena y sus allegados que dominaban la sociedad centroamericana desde la segunda mitad del siglo XVIII. Véase Christophe Belaubre, “De Juan Fermin à Juan José Aycinena : les évolutions du réseau socio-économique d’une grande famille en Amérique Centrale. XVIII et XIXe siècle”, in Pouvoirs de la famille, Famille de pouvoir, Michel. Bertrand (ed.), collection Méridienne, Framespa. 2005, pág. 525-547.

345 Cirilo Flores falleció el 13 de octubre de 1826 en la Iglesia Parroquial de Quezaltenango asesinado por una plebe enfurecida. Era vice jefe en ejercicio del Poder Ejecutivo del Estado de Guatemala. Alejandro Marure, Efemérides, (Guatemala: Editorial del Ministerio de Educación Pública, 1956), pág. 39.

356 La jornada de Malacatan tuvo lugar el 28 de octubre de 1826 cuando las fuerzas liberales de Pierson fueron sorprendidas por una subdivisión del comandante español Cascaras al mando del teniente coronel Tomás Sanchez. Ese día varios liberales fue encarcelados y según este testimonio varios fueron asesinados. Véase Manuel Montufar y Coronado, Memorias para la historia de la revolución de Centro-America. Por un Guatemalteco, (1832), pág. 59.

367 Nicolás Espinosa es un general del ejército salvadoreño muy cercano a Francisco Morazán. Nació en en noviembre de 1795 en Tenancingo (El Salvador) hijo de Macario Espinosa de los Monteros. Murió en el 26 de abril de 1846 en Nacaome (Honduras). Ocupó varios puestos en la administración federal: fue ministro de la Real Hacienda del 12 de marzo al 9 de abril de 1835. Véase Víctor Cáceres Lara, Efemérides nacionales, Tomo I, (Tegucigalpa: Editorial Nuevo Continente, 1963), págs. 99 ss.; María y Freddy Leistenschneider, Gobernantes de El Salvador, (El Salvador: Publicaciones del Ministerio del Interior, 1980), pág. 35; Roberto Molina y Morales, Ministros de Hacienda, (Colección Patricia, San Salvador, Ministerio de Hacienda de El Salvador, 1970), págs. 141-154 (Cortesía de Udo Grub).

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Fuentes :

http://scholarship.rice.edu/jsp/xml/1911/22089/1/aa00223.tei.html