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AFEHC : articulos : La Iglesia católica y la Primera Guerra Mundial: crisis mundial y sus consecuencias en Costa Rica (1914-1919) : La Iglesia católica y la Primera Guerra Mundial: crisis mundial y sus consecuencias en Costa Rica (1914-1919)

Ficha n° 3998

Creada: 26 junio 2015
Editada: 26 junio 2015
Modificada: 01 junio 2017

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Autor de la ficha:

Esteban SANCHEZ SOLANO

Editor de la ficha:

Eva KALNY

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La Iglesia católica y la Primera Guerra Mundial: crisis mundial y sus consecuencias en Costa Rica (1914-1919)

La Primera Guerra Mundial se ha asumido como un parteaguas en la historia moderna. En efecto, la dinámica expansionista que el imperialismo capitalista había provocado para inicios del siglo XX tuvo en este fenómeno uno de sus momentos cumbres. Todas las sociedades vinculadas al capitalismo entraron en una faceta crítica. En consecuencia, las instituciones (sociales o políticas) vigentes debieron buscar salidas inmediatas a su situación crítica. La Iglesia católica fue una de ellas. Su papel protagónico en el mundo occidental tuvo en la década de 1910 uno de los momentos de mayor dificultad del siglo XX. La dinámica Papado-Iglesias nacionales presentó una serie de alternativas ante los embates de la I Guerra Mundial. Las Iglesias católicas asumieron la coyuntura crítica de la Gran Guerra de diversas formas, pero evitaron una postura de espera. En Costa Rica esta coyuntura presentó un aspecto particular: recién iniciaba el gobierno de Alfredo González Flores (mayo de 1914) el cual será reconocido como uno de los más impactantes de la historia del país. Allí la Iglesia católica, con su conflictividad interna, trató de enfrentarse a un panorama difícil de situar en su historia desde la propia independencia, como analizará el siguiente artículo.
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Palabras claves :
La Gran Guerra, Papado, Obispo Stork, Crisis económica, Dictadura de Federico Tinoco
Autor(es):
Esteban Sánchez Solano
Fecha:
Junio de 2015
Texto íntegral:

1Introducción

2Al iniciar el conflicto armado en Europa en el verano de 1914, como se ha dicho en muchos libros, nadie se pudo imaginar la travesía que iba a vivir el mundo en los siguientes cuatro años. Los Tratados firmados en 1919, de igual manera, fueron caldo de cultivo para más horrores en el futuro tras la Gran Guerra1 como fue llamada por los europeos. El mundo moderno (o que estaba entrando en esa órbita) tuvo con este conflicto un parteaguas respecto a la manera de plantear sus proyectos políticos. El análisis sobre la Primera Guerra Mundial se ha concentrado principalmente en las repercusiones sobre el sistema económico o el ejercicio del poder político. No obstante, todos los campos de la sociedad sufrieron de manera directa o indirecta lo sucedido en el viejo continente.

3En efecto, la Gran Guerra, por su carácter de guerra total, produjo un involucramiento de la sociedad no antes visto en la historia de la humanidad. Algunos conflictos armados del siglo XIX dieron pistas de lo que podía llegar a suceder, pero sin generar un cambio en la actitud sobre las repercusiones de una guerra de este tipo. A la hora de argumentar a favor de la guerra, los involucrados asumían una lectura secular de su apología. Estaban evitando apelar a los implicados desde otras bases ideológicas. La religión, por ejemplo, estuvo presente en la cotidianidad de los soldados, pero sin llegar a constituirse como un justificante de la guerra de amplia magnitud. No obstante, por el carácter total del conflicto armado incluso los miembros de las diversas iglesias cristianas (predominantes en Europa) fueron interpelados por la masacre en los campos de batalla.

4Mientras esto sucedía en Europa, América Latina tenía como máxima preocupación las repercusiones a sus exportaciones. Eso ocurría no solo por el quiebre económico que podía ejercer, sino también por la convulsión social que se podía adueñar de la dinámica política, ya que la dependencia de las exportaciones hacia el viejo continente era algo bien conocido por todas las clases sociales. En este contexto, una institución preocupada por las consecuencias, en tanto perjudicara su posición de privilegio y su funcionalidad para el sistema político, era la Iglesia católica. Efectivamente, la Iglesia católica en América Latina (predominante hasta bien entrado el siglo XX en el subcontinente) tenía referentes muy diferentes sobre la guerra en comparación a la que se vivía en Europa.

5Las guerras de independencia, en tanto su formato de liberación, se podrían considerar lejanas para la jerarquía eclesiástica, ya que los conflictos posteriores estuvieron enmarcados a partir de guerras civiles, la conformación de los Estados y amenazas externas. En el caso de Costa Rica, al no darse una guerra de independencia, el papel de lo religioso en lo militar jugó sobre todo en las tres últimas señaladas. Pero al llegar la Gran Guerra, las repercusiones fueron inmediatas y los miembros de la Iglesia católica en Costa Rica no podían evitar asumir posturas y actuar a partir de ello. El siguiente artículo pretende ahondar en ello bajos dos premisas: la mirada eclesiástica hacia las consecuencias económicas del conflicto para el país y la manera de asumir la inestabilidad social considerando la posición del Papa en el conflicto en Europa.

La Gran Guerra: los términos del conflicto

6Sin pretender un análisis exhaustivo del origen y desarrollo de la guerra, es preciso comprender algunos aspectos del conflicto para mirar con otro lente lo sucedido en América Latina. La Primera Guerra Mundial tuvo un elemento singular en comparación con las anteriores guerras europeas: el involucramiento (pretendido o forzado) hacia los eventos de la guerra fue insoslayable en el viejo continente para cualquier sociedad que se analice.

7La fuerza que despertó el Estado como el actor (secular) que sostenía los conflictos armados en el siglo XIX, produjo que el derrotero de los acontecimientos respecto a la guerra tuviese cambios vertiginosos. La confrontación tuvo en el nacionalismo, por ejemplo, un caldo de cultivo no visto con esos términos en los siglos anteriores. En la Gran Guerra el nacionalismo fue un factor importante, cuyo papel fue sobre todo ideológico2, en tanto expresaba intereses gestados desde los Estados construidos con antelación al nacionalismo propiamente dicho3.

8Asimismo, las complejas relaciones entre los actores estatales produjeron un laberinto de escenarios para la guerra que, al iniciar el conflicto en 1914, provocaron dos grandes frentes en Europa desde el punto de vista geográfico: el este y el oeste, siendo Alemania el único que se mantuvo en ambos4. Posteriormente, a raíz del carácter imperialista de la mayoría de los Estados europeos (y algunos no europeos) involucrados, la guerra trascendió al viejo continente, cuyas consecuencias mundiales se analizarán más adelante para el caso de América Latina.

9Esta “racionalidad” de la guerra provocó que cualquier acontecimiento se pudiera leer desde los principios básicos de la guerra moderna. No obstante, esto no producía una lectura pro-belicista per se, sino que los actores estaban, de una u otra manera, impelidos a crear una posición o, en última instancia, a gestar sus propios intereses, a partir de las ambiciones creadas desde la política y las repercusiones vistas en el campo de batalla5. De esta manera, el escenario de la Gran Guerra, aunque no inventó estrictamente un concepto universalista del conflicto armado en la humanidad6, sí produjo consecuencias mundiales debido a los criterios de “racionalidad” que asumieron los Estados allí.

10Bajo estas circunstancias, existió un actor que intentó jugar un papel protagónico: la Iglesia católica. En efecto, desde la época medieval europea tardía, la construcción del poder estuvo marcada por la incesante lucha entre el poder terrenal (secular) y el poder espiritual, gestado este último fundamentalmente desde el Papado7. No obstante, tras los sucesos que rodearon la Reforma religiosa del siglo XVI y el ascenso de los poderes estatales seculares desde dicha centuria, la posición sobre la guerra desde la Iglesia católica o desde lo religioso fue variando con el tiempo.

11Las guerras de religión del siglo XVII marcaron hondamente a los europeos sobre los justificantes de la guerra. La racionalización de los conflictos armados desde este siglo se fue zanjando con una “lógica” militar que dejaba a lo religioso en una ambigüedad respecto a su papel, ya que los justificantes de los conflictos armados se daban a partir de intereses gestados por el poder político, pero al mismo tiempo, la Santa Sede sobre todo, agitaba el ámbito ideológico y geopolítico debido a su insistencia de su poder terrenal. En particular, los Estados pontificios eran los que movían ese “espíritu” belicista desde la Iglesia católica8.

12Al llegar el siglo XIX y darse la derrota política y militar de la Iglesia católica respecto a su defensa de los Estados pontificios, como consecuencia de la unificación italiana durante el Risorgimento9, la guerra quedó dirigida desde y hacia el Estado. Por ello, al iniciar la masacre de la Gran Guerra en 1914, las posturas de la Iglesia católica sobre esto mantenían en vilo su aspiración de lograr nuevamente la conformación de los Estados pontificios, estimulando una lectura de la Iglesia católica como “mediadora” del conflicto, algo que tuvo efectos disímiles en el contexto belicoso que se vivía.

13Ante dicho panorama, el derrotero vivido por las Iglesias católicas nacionales no era algo fácil de resolver, por sus pretensiones universalistas. Además, la construcción de los Estados generaba otra fuente de conflictos, entre otras cosas, debido a las fronteras concetuales que el poder político estaba construyendo respecto a su relación con el poder espiritual, representado en ese contexto por la Iglesia católica. A continuación se explica la particularidad de América Latina para entender el caso costarricense.

La Gran Guerra al otro lado del Atlántico: las repercusiones en América Latina

14Al iniciar la Gran Guerra en agosto de 1914, América Latina tenía inquietudes poco previsoras de lo que sucedería en los siguientes cuatro años. Latinoamérica sufrió un revés estructural con la guerra mundial producto de su carácter dependiente de las exportaciones hacia Europa. Igualmente, la circulación de capital hacia el subcontinente tuvo un quiebre inmediato por el esfuerzo de la guerra de los involucrados.

15Esto afectó el patrón oro predominante en América Latina. Dicho sistema planteaba la convertibilidad de la moneda mediante transferencias en oro sin ninguna regulación entre países por medios financieros privados. Cuando se hacía la balanza de pagos por parte de los Estados, ésta ocurría luego de haber “realizado” esta convertibilidad. Hasta 1870 el único país que sostenía el patrón oro era Gran Bretaña. Luego, mediante los procesos de industrialización acelerada, los otros países centrales del capitalismo entraron a este modelo dejando de lado el sistema bimetalista (convertibilidad oro-plata).

16Dicho proceso forzó a los países latinoamericanos a asumir el mismo patrón, el cual ya era predominante en el subcontinente en vísperas de la Gran Guerra. Entraron allí por la dificultad de encontrar otras opciones para mantener su balanza de pagos en patrón plata, puesto que los pagos desde las economías centrales se realizaban con base en el patrón oro10. Este último fue suspendido en 1914 por lo que la convertibilidad llegó a ser un problema para los países latinoamericanos. El resquebrajamiento de las economías iba a ser inmediato, como efectivamente sucedió.

17Nadie en América Latina se había preocupado de estas repercusiones. Era difícil visualizar algo así cuando la inquietud se centraba solo en que los productos de exportación llegaran a su destino en el viejo continente. En este contexto Estados Unidos incrementó sus inversiones hacia América Latina (ya se notaba desde 1913) pero sin lograr acaparar lo que circulaba en capital líquido antes de la guerra. Eso solo lo logró durante la década de 192011. Bajo estas circunstancias, los gobiernos de la época asumieron actitudes diferenciadas, pero con un rasgo común: la desesperación por resolver a corto plazo el descalabro del sistema económico mundial. Era evidente el temor a la convulsión social que se podía generar a partir de esto.

18El impacto de la guerra fue inmediato en todo el subcontinente. Esa dependencia evidente del comercio de exportación hacia Europa enmarcaba los derroteros políticos en Latinoamérica. Al mismo tiempo, la insatisfacción social comenzó a ser una preocupación inmediata entre los Estados latinoamericanos. No obstante, esto no era algo que ocurriese solo como producto de la guerra en Europa. Ya existía un camino de disconformidad, incipiente en algunos países, más desarrollado en otros, desde finales de la centuria anterior.

19En efecto, el ambiente social ya venía arrastrando dinámicas bastante conflictivas producto del desarrollo del liberalismo como panacea histórica propuesta por las élites latinoamericanas. Igualmente, el mundo de las ideas ya había gestado críticas y alternativas ante las desigualdades económicas y la rearticulación social y cultural que provocaron el liberalismo y las otras corrientes que llegaron aparejadas con la primera, como el positivismo, visto por muchos pensadores en términos negativos. La última década del siglo XIX presentó autores cuya insatisfacción hacia el orden de cosas gestó una producción literaria y ensayística relevante.

20En los albores del siglo XX, el arielismo, como movimiento reivindicativo latinoamericano, comenzó a gestar una dinámica continental que se vio plasmada en la pretensión de un cambio12. Por ello, cuando llegó la década de 1910, América Latina vivía un ambiente social y literario disconforme con lo que ocurría, aunque eso no provocara necesariamente choques frontales evidentes con el sistema político imperante. Sin embargo, la dinámica social se encontraba inquieta ante los resultados de la “ingeniería social” hecha desde el siglo anterior.

21En medio de este marasmo social, las Iglesias católicas nacionales tuvieron que afrontar igualmente el derrotero complejo que les presentaban las sociedades resultantes del liberalismo decimonónico. Sus dificultades estaban vinculadas no solo al tipo de modelo político, sino también a las formas de intervención social que se habían gestado desde éste a lo largo del siglo XIX.

22Ante dicho panorama, la Santa Sede buscó desde mediados del siglo XIX, aparte de redefinir sus relaciones políticas con los nacientes Estados latinoamericanos, encontrar las fórmulas adecuadas para insertarlas en los nuevos tiempos que corrían. Esto tuvo dos repercusiones visibles en el accionar de la Iglesia católica13. Por un lado, la romanización del clero para centralizar la acción política y pastoral de la estructura eclesiástica14; por el otro, la reacción ante los embates del liberalismo y las transformaciones acaecidas a partir del capitalismo, de lo que surgió la Doctrina Social de la Iglesia y sus diversas manifestaciones en América Latina15.

23Ambos fenómenos lograron generar que la Iglesia católica, a partir de los parámetros definidos desde el Papado, comenzara un sendero de mayor penetración hacia la dinámica social evitando la dispersión institucional, aunque con diferencias palpables entre sus miembros. De esta manera, cuando la Gran Guerra comenzó, la estructura eclesiástica se vio inmersa con los mismos problemas que el resto de los sectores de la sociedad y del poder político vigentes.

24No obstante, la universalidad del mensaje de la Iglesia católica, con la que se autorepresenta constantemente, provocó que su postura sobre la guerra y la forma de insertarse en las decisiones para afrontar la difícil coyuntura fuesen particulares. Sin embargo, estaban vinculadas a las otras que aparecieron en el momento en tanto la búsqueda de alternativas ante el gran miedo imperante: la convulsión social y sus consecuencias políticas. A continuación se analiza el caso costarricense en este respecto.

La Iglesia católica en Costa Rica y la Gran Guerra: una crítica sutil al sistema político

25La dinámica de la Iglesia católica en Costa Rica en los albores del siglo XX tuvo como punto de partida un consenso tácito con el Estado, tras los embates de la legislación liberal decimonónica. Ésta última, aunque estuvo lejos de provocar un descalabro de la estructura eclesiástica, sí produjo cambios importantes que tuvieron como repercusión nuevas formas de asumir el conflicto desde los dos ámbitos (el poder civil y el eclesiástico16).

26La crítica de la Iglesia católica hacia el poder civil no desapareció, pero los derroteros asumidos por los miembros de la jerarquía eclesiástica fueron cambiando y, al mismo tiempo, adaptaron los anteriores a las nuevas circunstancias. Al inicio de la I Guerra Mundial, la Iglesia católica en Costa Rica estaba en un momento particular de su desarrollo institucional.

27Tras la muerte del Obispo alemán Bernardo Augusto Thiel en 1901, de gran impacto sobre la estructura eclesiástica y en los ámbitos político y social en Costa Rica, y luego de una vacante de tres años, en 1904 llegó a la mitra otro alemán, Juan Gaspar Stork Werth (ambos Obispos pertenecían a la Orden de San Vicente de Paul). Stork tuvo una relación difícil con el clero y, al mismo tiempo, tomó distancia del activismo político y pastoral de su predecesor.

28En efecto, la actuación del Obispo Stork fue bastante alejada de las pretensiones de intervención social que Thiel había desarrollado. Esto no limitó al clero en participar activamente en diversos escenarios sociales y políticos. Sin embargo, las iniciativas estuvieron lejos de la labor del Obispo. Otros actores del clero, como Rosendo Valenciano y su primo Salomón, Ricardo Rodríguez, Jorge Volio, Ramón Junoy, entre otros, estuvieron muy activos asumiendo posturas que no tenían una sola línea de actuación.

29No obstante, estos sacerdotes evitaron quedarse en los márgenes de la sociedad o con una posición pasiva. El Sínodo Diocesano de 1910 y el Congreso Eucarístico de 1913 fueron los espacios inmediatos al inicio de la I Guerra Mundial donde se pudo encontrar la pretensión de adaptarse al momento histórico que se vivía. Al mismo tiempo, el segundo evento fue una demostración de músculo social pretendida por la Iglesia católica, ya que el involucramiento de la sociedad y de los grupos políticos de la época fue palpable en su desarrollo17.

30Pero a partir de julio de 1914, las cosas cambiaron significativamente. Unido a la Gran Guerra que comenzaba en Europa, en Costa Rica iniciaba el gobierno de Alfredo González Flores. Este oligarca herediano, quien ya tenía una trayectoria política reconocida, llegó al poder de la forma más inusitada. Saltándose los parámetros básicos del sistema electoral vigente, el Congreso lo eligió como presidente incluso sin haber participado como candidato en la contienda electoral18.

31Sin tener presente las consecuencias que provocaría la guerra cuando asumió la presidencia en mayo de 1914, su gobierno, tras el inicio de las hostilidades, buscó alternativas ante los embates que suscitaba. Esto produjo una dinámica conflictiva con el liberalismo imperante en la elite económica y el capital extranjero que se beneficiaba de ello, en particular la United Fruit Company (UFCO) y, además, su máxima figura Minor Keith, quien había alcanzado una injerencia significativa sobre los destinos económicos en los países centroamericanos en diversas áreas productivas.

32Esto provocó un ambiente social y político tenso. Las primeras acciones concretas de González Flores buscaron remediar las consecuencias evidentes que perpetraba la Gran Guerra a las economías latinoamericanas. A partir de esta dinámica conflictiva, los miembros de la Iglesia católica buscaron jugar un papel “mediador”. Es decir, buscaron que sus voces, en tanto el status social que poseían, fueran escuchadas y, al mismo tiempo, ofrecieron una afrenta a la autonomía del poder civil por lo que sucedía en esta difícil coyuntura. La forma de hacerlo no fue antojadiza. Todo lo contrario; hubo parámetros de discusión que sus miembros fomentaron, incluso con posturas disímiles entre sí.

33El punto de arranque para la Iglesia católica fue las posibles convulsiones sociales que la guerra podía provocar ante el descalabro de la economía. Pese a su distancia ante las posturas de González Flores, al menos el alto clero evitó dar señales de desacuerdo ante lo pretendido por el nuevo presidente.

34Efectivamente, la Iglesia católica mantuvo una postura cautelosa cuando Alfredo González Flores emitió el decreto no. 60 del 8 de agosto de 1914 donde solicitaba la necesidad de plenos poderes para enfrentar la crisis. Tuvo la misma postura cuando el presidente González Flores emitió el decreto no. 6 del 11 de agosto del mismo año, el cual estipulaba la necesidad de rebajar los salarios a los empleados públicos junto con la elevación de los impuestos19. Era un ambiente que hasta ese momento pudo concebir en toda su magnitud lo que significaba el inicio de las hostilidades en el viejo continente.

35La Iglesia católica aprovechó el contexto para enfatizar dos aspectos a partir de lo acontecido en el Poder Ejecutivo. En primer lugar, planteó la necesidad de fomentar la producción agrícola de consumo local ante el cierre del mercado mundial; en segundo lugar, argumentaron a favor de la recuperación de los Estados pontificios por parte de la Santa Sede, asumiendo al mismo tiempo posturas respecto a los beligerantes en la Gran Guerra20. A continuación se analiza cada uno.

36Sobre el primer aspecto, la Iglesia católica tenía una disyuntiva. El Estado no dejó de sufragar los gastos hacia la estructura eclesiástica como estaba estipulado desde la firma del Concordato en 1852 con la Santa Sede21. Si los ingresos del Estado se veían perjudicados, las posibilidades de sostener esos ingresos podían debilitar financieramente a la institución eclesiástica.

37Pese a lo dramático de la coyuntura, la cual era imposible dilucidar cuándo podía cambiar, el Estado costarricense mantuvo la subvención a la Iglesia católica. Desde 1897 (se asume este año por la reforma económica que introdujo el colón como moneda nacional) y hasta 1916, el Obispado percibió siempre un monto superior a los 20 000 colones anuales. No obstante, para los años más críticos durante la I Guerra Mundial (1917-1918) apenas llegó a la cantidad mencionada22.

38Pese a la permanencia de la subvención, las cuentas del Obispado sí ofrecen un panorama un poco distinto, más allá de la ayuda estatal. De acuerdo a la información revisada, es posible observar que la Iglesia católica tenía una dificultad de mantener en la coyuntura de la guerra las cuentas con superávit. Sumado a ello, los montos registrados reflejan una dificultad de su propia economía para elevar los ingresos, ya que el circulante en la economía costarricense disminuyó ostensiblemente con la crisis que generó la guerra, como se puede observar en el siguiente cuadro:

39Cuadro 1

40Cuentas de ingresos y egresos del Obispado de San José (1914-1920) en colones

41
Año Ingresos Egresos
1914 4 409, 50 9 821, 5
1915 3 981, 48 7 412, 78
1916 2 179, 68 11 014, 53
1917 1 689, 39 3 689, 39
1918 1 121, 76 3 876, 51
1919 10 032, 13 14 965, 88
1920 9 772, 04 14 890, 04

42
Fuente: Archivo Histórico Arquidiocesano Bernardo Augusto Thiel (en adelante AHA). Cuentas del Obispado. Caja 25. Libro 133, 1914-1920, fols. 134-135, 156-157, 180-181, 202-203, 222-223, 246-247, 268-269 y 290-291.
.

43Los datos del cuadro evidencian esa inestabilidad de los ingresos del Obispado, más allá de la subvención estatal. Esta última ya tenía entre sus razones el pago para los miembros del Cabildo Eclesiástico así como las subvenciones a los curatos. Por eso, dichos montos no reflejan las necesidades básicas que desde el Obispado hasta los curatos podían tener y que era imposible de cubrir con la subvención estatal.

44Se puede ver igualmente que el bienio 1917-1918 presentaba una condición preocupante. Aunque el dato de los ingresos seguía mostrando la dificultad de generar recursos nuevos para la Iglesia católica, igualmente se evidencia incluso el problema de generar algún tipo de gasto. Aunque la Iglesia católica tenía un monto de 2 609 colones en acciones (en la UFCO, el Banco de Costa Rica y otros espacios económicos) para 191323, es difícil seguirle el rastro para corroborar el uso que le pudo dar ante la difícil situación económica.

45Lo relevante de esto es que, ante las dificultades, la Iglesia católica quiso dar una imagen de preocupación social con mayor ahínco que en la primera década del siglo XX. Los resultados económicos de la guerra hacían estragos en diversos sectores sociales, por ello, la discusión sobre la economía dejaba de lado sus disputas con el liberalismo, como lo fue en la segunda mitad del siglo XIX y se centraba en una demanda al poder político para buscar una salida. Allí aprovechó desde la prensa proponer una transformación del sistema tributario que venía de lo propuesto por González Flores y no de su propia perspectiva24.

46Con estos elementos, la Gran Guerra era, para la Iglesia católica, una oportunidad en medio del marasmo que vivía el sistema político en el país. Al mismo tiempo que evitaba entrar en disputas políticas que fuesen leídas como estimulantes de la convulsión social, trataba de circular información que permitiera enfocar los límites estatales para solventar la crisis. Aunque la cúpula de la Iglesia católica dio el beneplácito al golpe de Estado de enero de 1917 perpetrado por Federico Tinoco junto a la elite política y la UFCO a Alfredo González Flores por las reformas que pretendía25, de igual manera mantuvo la crítica al propio gobierno golpista cuando los resultados económicos no mejoraron a lo largo de ese año.

47De esta manera, se hacía eco de posturas de otros o vertía preocupaciones institucionales propias. Para mayo de 1917, afirmaba la Iglesia católica desde su periódico El Mensajero del Clero, la necesidad de no cobrarle impuestos a la producción nacional para evitar la carestía e igualmente no fomentar la importación que destruía la producción local de pequeña escala. Asimismo reclamaba a los terratenientes por limitar la búsqueda de salidas a la carestía, ya que su acaparamiento de la tierra (no la condición privada de su propiedad) limitaba a la población para abastecerse de los alimentos básicos26.

48Sin embargo, el ambiente político llegó a un grado de urgencia por solventar las arcas del Estado, que se presentó un proyecto de ley a finales de 1917 el cual, pese a haberse dado en un Congreso crítico al gobierno anterior tras los embates que se mantenían del conflicto armado mundial, solicitó una transformación del proyecto original que recogía postulados de González Flores respecto al sistema bancario y tributario27.

49La radicalidad de la propuesta no dejaba de ser irónica, debido a que esa búsqueda de gravar buena parte de las actividades económicas y bancarias por parte de Alfredo González Flores, fue lo que llevó a perpetrar el golpe de Estado en 1917. En este sentido, ya existía un alejamiento evidente para diciembre de 1917 de la cúpula de la Iglesia católica con lo que estaba haciendo el gobierno de Federico Tinoco, algo que quiso solventar argumentando la estrechez con la que vivía el clero y la sociedad en general28.

50A la par de estas disputas se generó otra con tanto peso como la anterior. Además del descalabro económico, el ejercicio del poder entró en etapas que lo alejaban cada vez más de cierto consenso político. Sobre todo a partir de 1915, el ambiente se volvió tenso y los diversos actores sociales fueron elevando el tono de sus críticas al gobierno.

51En medio de este ambiente poco halagüeño para la sociedad costarricense en general, se comenzó a enfatizar un aspecto ligado a la Gran Guerra: el papel de Alemania en el conflicto. Allí surgieron sorpresas inmediatas que provocaron una actitud desde la política no vista de esa manera en el caso de Costa Rica ante otros Estados europeos, como se explica a continuación.

52La comunidad alemana había alcanzado, a partir de sus vínculos económicos con el café, un papel protagónico en la economía y la política en Costa Rica. Esto produjo una visibilidad de sus miembros ya para la década de 191029. Precisamente por eso, lograron que diversos personajes de esta comunidad o sus descendientes alcanzaran puestos relevantes dentro del poder político. No obstante, conforme la guerra en Europa se desarrollaba, fue visible el papel clave que tenía Alemania en el conflicto.

53Eso produjo un fenómeno bastante particular. La sociedad costarricense, tanto desde la prensa como en la dinámica cotidiana, comenzó a observar con suspicacia a la comunidad alemana y sus descendientes. Estos habían tomado una posición sino beligerante, al menos favorable de la participación de Alemania en la guerra. Esto ocurrió muy rápidamente.

54En setiembre de 1914 se produjo ya una discusión en la prensa a partir del periódico La Época, de tendencia pro-germánica en ese contexto. La crítica que se le hacía era su lenguaje fuerte y virulento para defender a Alemania en la guerra. Esto provocó inclusive que el propio Obispo Stork saliese como uno de los perjudicados. Además, circularon cartas donde se ponía el tema de la guerra y el papel de los alemanes en el centro de la polémica. Por ejemplo un personaje llamado José María Alfaro Cooper envió una carta a Jorge Saurez donde le reclama lo dicho por el periódico La Época (no se pudo ubicar si Saurez tenía relación directa con el periódico). Lo relevante de la carta es que insinúa que tiene buenas relaciones con la comunidad alemana, incluyendo al propio Stork, pero la defensa hacia Alemania en la guerra no era adecuada. Alfaro se declara defensor de los aliados y por eso quiso expresarle a Saurez su posición, enviándole además a Stork una copia de la carta30.

55En dicho contexto, el Obispo Stork comenzó a recibir críticas por su origen alemán, pero sobre todo poniendo el acento en que no condenaba abiertamente a Alemania por lo que llevaba a cabo en la guerra31. Con ello, entonces, la sociedad desde diversos ángulos siguió enfatizando a la comunidad alemana como un problema en el contexto de la guerra. Ante esto, diversos personajes trataron de apaciguar el ambiente enviando misivas al Obispo Stork en apoyo ante las críticas que recibía.

56Tras lo circulado por el periódico La Información, donde se habían postulado críticas directas hacia Alemania a inicios de 1915, Stork comenzó a ser defendido desde la opinión pública. Así lo afirmaba Ramón Ernesto Arauz en una carta a Stork en abril de 1915, quien lo defendía ante las críticas de La Información, postulando que el Obispo era un líder religioso y no político, mientras que los redactores del periódico eran “espíritus sin fe32”. La defensa del Obispo era vista como necesaria para no estimular una inestabilidad social que ya estaba latente33 y que las propias acciones del gobierno de González Flores gestaban por su pretensión de reformas económicas.

57No obstante, hubo también una confrontación que fue subiendo de tono entre los miembros de la Iglesia católica hacia la figura de Stork. Algunos miembros de la Iglesia católica tomaron distancia del Obispo, con quien ya tenían una relación conflictiva. Ramón Junoy, sacerdote de origen catalán, era uno de ellos. Fue un crítico acérrimo de Stork cuando dio el beneplácito al golpe de Estado en enero de 1917. Antes de ese mes ya existía un alejamiento considerable entre ambos, al grado de no invitarlo al primer aniversario del Seminario Religioso del Centro Católico de Heredia, celebrado en junio de 1916, del cual Junoy era director. Además no se disculpó por lo sucedido34. Ricardo Rodríguez, sacerdote quien murió por la represión de los Tinoco35 y que formaba parte de los organizadores de dicho evento, también era distante y crítico de Stork. El ambiente dentro de la Iglesia católica era tenso en esa coyuntura.

58Conforme la discusión pública asumió esto con mayor vehemencia, la Iglesia católica buscó, desde la prensa, que la atención sobre la guerra se dirigiera en otra dirección. Efectivamente, el tema de la guerra permeaba todas las esferas sociales. La jerarquía eclesiástica tuvo que dar una impresión de unidad a partir de la crítica de la guerra. Aquí el énfasis se quiso dar sobre el papel protagónico (al menos desde la lectura de la Iglesia católica) del Papa Benedicto XV como mediador del conflicto.

59Con esto la jerarquía eclesiástica trataba de presentar la guía espiritual de la Iglesia católica como la única que podía salvar a la humanidad ante los embates de la guerra. De esta manera, buscaba desviar la atención afirmando que la unidad en el cristianismo era lo que podía permitir alcanzar un nuevo horizonte. Con ello enfatizaba el supuesto soporte que necesitaba la humanidad en la religión cristiana y, al mismo tiempo, la necesidad de respetar la base terrenal de su poder, el cual estaba en Roma como parte “natural” de los Estados pontificios que le habían sido arrebatados por Italia durante el Risorgimento36.

60Igualmente, tras el advenimiento de Federico Tinoco al poder en enero de 1917, con el apoyo de la elite política y la UFCO, las circunstancias se volvieron más apremiantes. En primer lugar, debido al no reconocimiento del gobierno de Woodrow Wilson de los Estados Unidos37, esa falta de legitimidad internacional fue un duro golpe para Federico Tinoco y su hermano Joaquín (baluarte de su gobierno) en las pretensiones inmediatas de sustentar el retorno del liberalismo del laissez-faire38. En segundo lugar, el ambiente antialemán se hizo sentir aún más, repercutiendo prácticamente en todas las esferas sociales. Finalmente, para 1918, la aparición de una fuerza opositora hizo tambalearse a la dictadura encontrándose en un desgaste interno poco favorable en este contexto, aunque dicho movimiento opositor no derrotó en sentido estricto al gobierno, le infringió un daño público evidente.

61A partir de aquí, la Iglesia católica tuvo una posición bastante incómoda. Al dar el beneplácito al golpe, como se afirmó líneas arriba, ahora el tono de la crítica se acentuó sobre Stork que, de alguna manera, dejó un inmovilismo de su figura, sobre todo a partir de 1918. Cuando se hizo la declaración de guerra a Alemania, quedó acentuada aún más la necesidad de la Iglesia católica de quitar el tema del origen alemán del Obispo39.

62De igual manera, la preocupación por evitar mayor convulsión y visibilidad en esta coyuntura desde el punto de vista eclesiástico, hizo que la defensa de la Iglesia católica como parte del orden político se enfatizara aún más. Con ello, la prensa católica oficial dirigía sus fuerzas a enfatizar la reconversión espiritual ante el embate de la guerra. El carácter de defensor de la paz del Papa (Benedicto XV) fue explotado ampliamente40.

63Ante dicho panorama, mientras la guerra se mantuvo en pie hasta el armisticio del 11 de noviembre de 1918, la jerarquía eclesiástica evitó en la prensa los temas relacionados con la dinámica interna de Costa Rica, que tenía su momento más fuerte del movimiento armado opositor.

64Como se puede observar, la Gran Guerra fue un parteaguas en la sociedad costarricense. Ésta tocó los hilos conductores del sistema político, al grado de volver a vivir en el país un golpe de Estado en 1917. Aunque el sistema pudo reacomodar parte de su equilibrio tras la caída de Federico Tinoco en agosto de 1919, la propia guerra abrió, al menos a mediano plazo, espacios de críticas confrontativas hacia el Estado, algo apaciguado o institucionalizado por el mismo Estado paulatinamente.

65A la par de eso, la Iglesia católica vivió una de sus coyunturas más críticas desde las reformas liberales de la década de 1880, aunque provocando la primera una mayor contusión, ya que las pautas básicas de la reproducción de su papel mediador y apaciguador tuvo límites ante el descalabro sufrido mientras la guerra estuvo en pie. Lo que sí queda abierto es la necesidad de estudiar más a fondo a la Iglesia católica y su reproducción institucional durante la década de 1910, ya que allí ocurrieron fenómenos en su interior y en su interacción con la sociedad bastante complejos que faltan por escudriñar.

66Notas de pie de páginas

671 Aunque el término la Gran Guerra fue utilizado tras la finalización del conflicto armado, aquí se usará como sinónimo del otro término empleado en la literatura sobre el tema: I Guerra Mundial.

682 Como se ha precisado en una cantidad importante de trabajos, la Primera Guerra Mundial, a diferencia de la Segunda, tuvo una mayor cantidad de variables en juego que provocaron el conflicto (ya que en la iniciada en 1939 el papel central de la Alemania nazi fue el factor determinante que movió a los actores en su involucramiento). Para ampliar sobre los orígenes de la guerra véase: Michael Howard, La Primera Guerra Mundial (Barcelona: Editorial Crítica, 2003); Eric Hobsbawm, La era del Imperio (Barcelona: Editorial Crítica, 1995), pág. 300-314. Sobre el desarrollo de las economías a partir de 1870 y hasta la víspera de la II Guerra Mundial, incluyendo el factor económico de la guerra véase: Sidney Pollard, La conquista pacifica: la industrialización de Europa, 1760-1970 (Zaragoza: Prensas Universitarias, 1991), págs. 299-359. Lo que está claro es que el carácter imperialista de los principales beligerantes europeos estaba en el núcleo de las disputas continentales y mundiales.

693 Carl von Clausewitz (1780-1831) había definido la “pasión de los pueblos” en su libro De la guerra como un estímulo ideológico para los conflictos. Clausewitz incluye a la pasión como un elemento antropológicamente situado, afirmando que, aunque los “pueblos salvajes” se guían fundamentalmente por ella, los “civilizados” la transforman solo por sus circunstancias históricas e institucionales. Carl von Clausewitz, On War (Oxford: Oxford University Press, 2007), pág. 14.

704 Remitirse al texto de Michael Howard citado más arriba para el desarrollo de la guerra en sus diversos frentes.

715 Literalmente Clausewitz afirmaba que la política es la matriz desde donde se desarrolla la guerra. Por eso, el resultado militar siempre debe ser leído por la lógica de la política y no al revés. Clausewitz, On War, pág. 100.

726 En el mundo moderno, lo sucedido a partir de la conquista de América en el siglo XVI comenzó a generar una teorización de la guerra con consecuencias universales, debido a la interconexión paulatina que comenzó a tener el mundo. Su punto inicial fue la “guerra contra los indios”, como fue expresado, entre otros, por Francisco de Vitoria. Alfredo Cruz Prados, La razón de la fuerza (Madrid: Pearson Educación, 2004), pág. 48.

737 Durante el papado de Pío II (1458-1464) la Santa Sede inició un cambio significativo sobre su legitimidad de participar en la guerra para defender sus intereses, aunque en sus argumentaciones se mantenía la ambigüedad de la legitimidad o no de los miembros de la Iglesia católica para ser los líderes de un ejército. Para ampliar sobre este cambio véase: D.S. Chambers, Popes, Cardinals and War. The Military Church and Renaissance and Early Modern Europe (London-New York: D.S. Chambers, 2006), págs. 53-74.

748 Aunque se dio una secularización de los fundamentos de la guerra, la teorización de la relación poder terrenal-poder espiritual continuó. Las teorizaciones sobre la “política cristiana” entre los siglos XVI y XVII se gestaron en gran medida a partir de lo provocado por la postura luterana que retomó la teoría de los dos reinos de Agustín de Hipona. La propuesta de Martín Lutero estuvo mediada ampliamente por las convulsiones sociales del siglo XVI que explotaron con la Reforma religiosa de ese siglo. Aquí el Papado enfatizó la potestad papal sobre el destino del mundo heredado de la época medieval, pero con su posición ambigua de no intervenir el desarrollo del derecho natural. Esto es algo que sostiene la actuación política de la Iglesia católica en los siguientes siglos. Para ampliar sobre esto véase: Merio Scattola, Teología política (Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 2008), págs. 77-110.

759 Proceso político que permitió la limitación del poder terrenal de la Iglesia católica a favor de la construcción del Estado moderno italiano, el cual, además, desde ese momento debió zanjar las diferencias con la Santa Sede para lograr que Roma fuese la capital del recién creado Estado. Esto produjo que desde la experiencia italiana surgiera una línea de actuación política intransigente de los católicos sobre el poder terrenal de la Iglesia católica en detrimento de la de los Estados. Para ampliar sobre su origen y consecuencias para la Iglesia católica y el poder terrenal en Italia véase: Michael Burleigh, Earthly Powers: Religion and Politics in Europe from the Enlightenment to the Great War (London-New York-Toronto-Sydney: Harper Perennial, 2006), págs. 185-198; Olivier Faron, “L´Italie religieuse au XIXe siècle: des difficultés au renouveau”, En Religion et culture dans les sociétés et les États européens de 1800 à 1914, Jean-Paul Bled éditeur (Paris: Édition SEDES-VUEF-CNED, 2002), 95-123; Roberto Marín Guzmán, Guerras locales y enfrentamientos internacionales: los caminos hacia la unificación de Italia en el siglo XIX (San José: EUCR, 2013), págs. 161-166.

7610 Para ampliar sobre su implantación y repercusiones en los sistemas económicos en América Latina véase: Rodrigo Quesada Monge, Ideas económicas en Costa Rica (1850-2005) (San José: EUNED, 2008), págs. 39-47; Víctor Bulmer-Thomas, La historia económica de América Latina desde la independencia (México D. F. : Fondo de Cultura Económica, 1998), págs. 139-144.

7711 Bulmer-Thomas, La historia económica de América Latina, pág. 186.
fn12. Se puede mencionar a autores como José Martí (que había iniciado esa crítica desde la década de 1880) Rubén Darío, Máximo Soto Hall, entre otros, junto a José Enrique Rodó como los gestores de esta pretensión de cambiar el paradigma literario como crítica social, aunque al inicio fue sobre todo, como plantea Eduardo Devés, espiritualista, individualista y culturalista antes que una crítica social. No obstante, durante la década de 1900 eso cambió rápidamente. Eduardo Devés Valdés, El pensamiento latinoamericano en el siglo XX. Entre la modernización y la identidad. Tomo I Del Ariel de Rodó a la CEPAL (1900-1950) (Buenos Aires: Editorial Biblos, 2000), págs. 29-32.

7813 Cuyo punto de inflexión fue el Concilio Vaticano I (1869-1870) donde participaron miembros del clero latinoamericano. No hubo representantes solamente de El Salvador cuyo Obispo, Tomás Pineda y Zaldaña, no participó ya que se le dificultó trasladarse por su longevidad (nació en 1794) y Paraguay, que tenía Sede episcopal vacante desde 1868 (volvió a tener Obispo hasta 1879). Elisa Luque Alcaide, “La restauración de la vida católica en América Latina en la segunda mitad del siglo XIX”, Anuario de Historia de la Iglesia, Vol. XII (2003), págs. 73-76.

7914 Sobre la formación que llegaron a tener los clérigos latinoamericanos a partir de la romanización véase completa la tesis de Lisa Marie Edwards: Lisa Marie Edwards, “In Science and Virtue: The Education of Latin American Clergy, 1858-1967” (Doctorado en Historia, Tulane University, 2002).

8015 Para ampliar sobre esto en América Latina véase: John Lynch, “La Iglesia católica en América Latina, 1830-1930”, en Historia de América Latina Vol. 8 Cultura y Sociedad, 1830-1930, Leslie Bethell editor (Barcelona: Editorial Crítica, 1991), págs. 77-83; Marcela Pronko, Universidades del Trabajo en Argentina y Brasil: una historia de las propuestas de su creación; entre el mito y el olvido (Montevideo: CINTERFOR, 2003), págs. 30-39; Jean-March Ticchi, “L´Amérique Centrale et L´Amérique du Sud, Terres d´élection des interventions pacificatrice du Saint-Siège de Léon XIII à Benoît XIV?”, Hispania Sacra, no. 56 (2004), págs. 333-364.

8116 Sobre el conflicto de la Iglesia católica con el liberalismo decimonónico y los cambios en los inicios del siglo XX existe una buena producción historiográfica. Se recomiendan los siguientes: Roberto Marín Guzmán, El primer intento de entrada de los jesuitas a Costa Rica (1872) y el inicio de la controversia entre el Dr. Lorenzo Montúfar y el P. León Tornero, S.I. (San José: EUCR, 2011); Iván Molina Jiménez, La ciudad de los monos: Roberto Brenes Mesén, los católicos heredianos y el conflicto cultural de 1907 en Costa Rica (Heredia: EUNA, 2002); Iván Molina Jiménez, Anticomunismo reformista, competencia electoral y cuestión electoral en Costa Rica, 1931-1948 (San José: Editorial Costa Rica, 2007); Miguel Picado Gatjens, La Iglesia costarricense: entre el Dios y el César (San José: Editorial DEI, 1989); Esteban Rodríguez Dobles, “Conflicto en torno a las representaciones sociales del alma y los milagros. La confrontación entre la Iglesia Católica y la Sociedad Teosófica en Costa Rica (1904-1917)”, Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña 2, no. 2 (diciembre 2010-abril 2011): 86-110. Recuperado en: http://www.rehmlac.com/recursos/vols/v2/n2/rehmlac.vol2.n2-erodriguez.pdf ; José Aurelio Sandí Morales, Estado e Iglesia católica en Costa Rica 1850-1920; en los procesos de control del espacio geográfico y la creación de un modelo costarricense (Heredia: EUNA, 2011); Esteban Sánchez Solano, “La participación político-partidista de la Iglesia: El Partido Unión Católica y sus estrategias de movilización política en el marco del conflicto entre la Iglesia Católica y el Estado liberal en Costa Rica (1889-1898)” (Tesis de Maestría en Historia, Universidad de Costa Rica, 2013); Edgar Solano Muñoz, “Iglesia, sociedad y relaciones de poder en Costa Rica, 1881-1894” (Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad Nacional, 1993); Gustavo Adolfo Soto Valverde, La Iglesia costarricense y la cuestión social: antecedentes, análisis y proyecciones de la reforma social costarricense de 1940-43 (San José: EUNED, 1985); Claudio Vargas Arias, El Liberalismo, la Iglesia y el Estado en Costa Rica (San José: Ediciones Guayacán, 1991).

8217 Para ampliar sobre estas condiciones de la década de 1910 dentro de la Iglesia católica en Costa Rica véase: Esteban Sánchez Solano. “La guía espiritual en tiempos de cambio. La inserción de la Iglesia católica en la dinámica sociopolítica en Costa Rica (1913-1921)”. Revista Estudios, no. 29 (2014), pág. 1-31.

8318 Se le denominó a González Flores como Primer Designado. Igualmente, lo paradójico de esto es que en 1913 se había hecho la reforma electoral que permitía el voto directo. No obstante, en la primera elección en que se ejerció, al final éste no tuvo efecto real sobre la designación de Alfredo González Flores. Para ampliar sobre esta coyuntura véase: Iván Molina Jiménez y Fabrice Lehoucq, Urnas de lo inesperado (San José: EUCR, 1999), págs. 33-41; Clotilde Obregón Quesada, El Proceso electoral y el Poder Ejecutivo en Costa Rica: 1808-1998 (San José: EUCR, 2008), pág. 245-253. Cabe recordar que el Partido Republicano tenía una gran deuda acumulada que provocaba la inquietud en el país sobre lo que podía suceder con ella si era elegido su candidato Máximo Fernández. Asimismo, la pretensión que tenían otros era que Rafael Iglesias, candidato del Partido Civil y expresidente en dos periodos consecutivos (1894-1902) no regresara a la máxima magistratura.

8419 Citado ambos decretos en: Jesús Manuel Fernández Morales, Las presidencias del Castillo Azul (San José: Litografía e Imprenta LIL, 2010), pág. 62. González Flores asumió en este contexto la necesidad de buscar alternativas al sistema positivo imperante. Aunque la coyuntura lo obligaba a pensar alguna solución, ya era evidente desde su llegada al poder de su pretensión de revisar el sistema de impuestos en Costa Rica, ya que en su discurso inaugural al Congreso el 8 de mayo de 1914 planteaba la necesidad de resolver “Las graves cuestiones de Hacienda, con lo que dejo dicho, siguiendo autorizadas opiniones modernas, se ve que las considero en íntima relación con la estructura política”. Alfredo González Flores, Mensaje al Congreso, 8 de mayo, 1914. En: Alberto Cañas compilador, Alfredo González Flores “su pensamiento” (San José: Editorial Costa Rica, 1980), pág. 18. Su visión estructural se deja entrever en estas líneas citadas, lo que provocó una inquietud de la elite política.

8520 “La guerra pan-europea”, El Mensajero del Clero. Agosto, 1914, págs. 311-312.

8621 En cuyo artículo 5 estaba estipulada dicha subvención. “Concordato entre la República de Costa Rica y la Santa Sede”, El Mensajero del Clero. Abril, 1884, pág. 216. Cabe recordar que el Concordato no estaba vigente desde 1884, no obstante, el Estado siguió usando sus artículos como criterio para definir todo lo relacionado con la Iglesia católica.

8722 Sandí Morales, Estado e Iglesia católica en Costa Rica 1850-1920, pág. 85 gráfico 1.

8823 AHA. Cuentas del Obispado. Caja 25. Libro 133, 1913.

8924 Para finales de 1916, la Iglesia católica desde El Mensajero del Clero afirmaba que fuese por la I Guerra Mundial o cualquier otra causa, el sistema tributario debía poner en armonía al capital grande con las clases pobres con el fin de que los segundos no muriesen de consunción. Sin embargo, evitaba dar un beneplácito al cobro de impuestos como estaba originalmente en las pretensiones de González Flores. “La situación”, El Mensajero del Clero. Noviembre, 1916, pág. 949.

9025 Apenas ocurrió esto, el representante de Costa Rica ante la Santa Sede entregó una carta aduciendo las razones del golpe sin presentarlo como un problema como tal, aunque si se apuntaba la base popular del movimiento que derrocó a González Flores. Archivo del Vaticano. Carta del ministro Carlos Lara al ministro Plenipotenciario de la Santa Sede Cardenal Gasparri. Gobierno de Costa Rica. 31 de enero, 1917, fol. 57. En los siguientes meses la tónica fue retomar las relaciones diplomáticas ante el nuevo gobierno. Archivo del Vaticano. Véase: Carta del ministro Carlos Lara al ministro Plenipotenciario de la Santa Sede Cardenal Gasparri. Gobierno de Costa Rica. 17 de abril, 1917, fol. 59; Carta del capellán Valentín Naslio al ministro de Relaciones Exteriores Catlos Lara sobre las votaciones en Costa Rica donde fue elegido Federico Tinoco. Gobierno de Costa Rica. 18 de abril, 1917, fol. 60. El autor agradece al historiador José Aurelio Sandí por facilitarle esta documentación del Archivo Vaticano.

9126 “Notas”, El Mensajero del Clero. Mayo, 1917, pág. 120.

9227 Planteaba el dictamen de la Comisión de Hacienda que no era suficiente lo que se pretendía hacer. Pedía, entre otros cambios, suprimir el impuesto directo sobre la renta con excepción de los derivados en préstamos en dinero y todas las operaciones bancarias, imponer una contribución sobre todos los premios de lotería, cargar una contribución sobre las ventas de los establecimientos comerciales e industriales y la implantación de un impuesto territorial. Archivo Nacional de Costa Rica (en adelante ANCR). Dictamen Comisión de Hacienda del Congreso. Congreso no. 11272, 24 de diciembre, 1917, fs. 6-8. Jorge Volio le reclama en El Año Funesto a Federico Tinoco por haber presentado este proyecto con base en la propuesta de González Flores. Así lo define Volio en forma de pregunta “¿No vienen ahora a dar como motivo de su reprobada acción la reforma fiscal que se proponía el Licdo. González Flores implantando nuevos impuestos?”. Jorge Volio Jiménez, “El año funesto”. En Jorge Volio y Ramón Junoy, El año funesto y Satrapía. Esteban Sánchez Solano editor (San José: EUNED, 2014), pág. 13.

9328 Para marzo de 1918, la Iglesia católica planteaba sobre la dificultad del clero de la siguiente forma: “Se vive en tanta estrechez, que si no fuera que se trata de un mal tan universal, debido en su mayor parte a la guerra europea, llegaríamos a la desesperación”. “Notas. La situación del clero”, El Mensajero del Clero. Marzo, 1918, pág. 72. De esta manera, trataba de generar una crítica por la repercusión directa que vivía encuadrada en un mal compartido por todas las sociedades. Ya desde noviembre de 1916 la Iglesia católica le reclamaba a la sociedad la pretensión de no pagarle por el uso de sus servicios e incluso por apropiarse de actividades que asumía le eran propias y, en medio de la crisis, no le permitía generar recursos de forma inmediata, como por ejemplo el pago por servicios funerarios. Véase: “La situación”, El Mensajero del Clero. Noviembre, 1916, pág. 951-952.

9429 En el gobierno de Federico Tinoco hubo dos de los personajes más influyentes de la comunidad alemana-costarricense: Óscar Rohrmoser Carranza (ministro de Hacienda y Comercio) y Amadeo Johanning Morales (ministro de Gobernación y Policía).

9530 Archivo Histórico Arquidiocesano Bernardo Augusto Thiel (en adelante AHA). Sección Fondos Antiguos (en adelante S.F.A.). Carta de José María Alfaro Cooper a Jorge Saurez. Caja 460, 8 de setiembre, 1914, folios. 576-578.

9631 El sacerdote alemán Luis Leopold, cura párroco en Cañas durante 1915, también fue parte de una crítica directa por su involucramiento en la política local supuestamente a favor del comandante de Cañas, algo que estaban explotando los simpatizantes del Partido Civil de Rafael Iglesias para desacreditar a ambos personajes. No queda claro en el hecho si el origen alemán del cura estaba siendo considerado como estrategia política, no obstante, los civilistas lo enfatizaban para su propio beneficio político. Por eso, el comandante de Cañas le pedía a Federico Tinoco (en tanto ministro de Guerra y Marina) cómo debía proceder ante esto. ANCR. Carta del comandante de Cañas a Federico Tinoco Granados. Colección Federico Tinoco no. 2, 12 de diciembre, 1915, fols. 27-28.

9732 AHA. S.F.A. Carta de Ramón Ernesto Arauz al Obispo Juan Gaspar Stork Werth. Caja 464, 29 de abril, 1915, fol. 35.

9833 Rosendo Valenciano fue uno de los miembros del clero que buscó defender en todos los espacios posibles al Obispo, ya que su ascenso dentro de la jerarquía eclesiástica se había dado en el contexto del Obispado de Stork. Véase: AHA. S.F.A. Carta de Rosendo Valenciano a Juan Gaspar Stork Werth. Caja 464, 28 de mayo, 1916, fol. 133.

9934 AHA. S.F.A. Carta de Ramón Junoy a Juan Gaspar Stork Werth. Caja 464, 26 de agosto, 1916, fols. 180-181. Ramón Junoy atizó aún más su crítica a Stork en su texto Satrapía, publicado en 1919, al reclamarle su complacencia con la dictadura de Federico Tinoco, tanto por el golpe mismo como por no defender a los sacerdotes vapuleados por la dictadura, como fueron los casos de Ricardo Rodríguez, quien finalmente murió en 1918 debido a las heridas que sufrió en la cárcel, y de Salomón Valenciano, primo de Rosendo Valenciano y a quien también le recriminó su silencio en el texto ante las vejaciones sufridas. Según cuenta Junoy en Satrapía había escrito a Stork una epístola reclamándole por su silencio. Al final no la introdujo en la versión que se publicó, pero recordó en una línea lo que pensaba de Stork: “La carta es un recuerdo de las relaciones amistosas del Sr. Obispo para con los hombres del poder”. Ramón Junoy, “Satrapía”, en Jorge Volio y Ramón Junoy, El año funesto y Satrapía, pág. 58.

10035 Para ampliar sobre el presbítero Ricardo Rodríguez véase: José Antonio Muñoz Elizondo, “La Iglesia Católica y los Tinoco, caso del Pbro. Ricardo Rodríguez Elizondo” (Tesis de Licenciatura en Ciencias de la Religión, Universidad Nacional, 1998).

10136 Así lo planteaba un artículo en El Mensajero del Clero en junio de 1917. “Italia”, El Mensajero del Clero, junio, 1917, 124-129. En agosto de 1915 ya insinuaba la Iglesia católica por medio de la prensa la necesidad de pedir por la finalización de la guerra, ya que era la cuna del cristianismo. Con ello, entonces, quería enfatizar la legitimidad de las demandas de la Santa Sede de su papel protagónico en la humanidad y los posteriores reclamos por los extintos Estados pontificios. “Circular al Venerable Cabildo, Clero y fieles de nuestra Diócesis”, El Mensajero del Clero, agosto, 1915, págs. 584-588.

10237 Para ampliar sobre el peso del no reconocimiento de Estados Unidos remitirse a: Hugo Murillo Jiménez, Tinoco y los Estados Unidos: génesis y caída de un régimen (San José: EUNED, 1981), págs. 35-70; Fernández Morales, Las presidencias, págs. 62-69. Para una explicación elaborada mientras gobernaban los Tinoco véase: Ramón Junoy, El año funesto, en Jorge Volio y Ramón Junoy, El año funesto y Satrapía, págs. 32-40.

10338 Lo que provocó finalmente la decisión de la dictadura tinoquista de declarar la guerra a Alemania para congraciarse con Estados Unidos. Igualmente se le informó a la Santa Sede de la acción perpetrada en enero de 1917, con el fin de mantener relaciones diplomáticas con el Papado. ANCR. Carta del Ministro Plenipotenciario de la Santa Sede Cardenal Gasparri sobre la recepción de los documentos sobre la declaración de guerra entregado por Manuel María Peralta. Relaciones Exteriores, 28 de mayo, 1918, no. 15769, sin foliar.

10439 El presbítero José Badilla, cura de Puntarenas durante 1917, le informaba a Stork que la idea propuesta por el gobierno de Tinoco de declararle la guerra a Alemania era inconveniente. El sacerdote asumía el aporte dado por esta comunidad al país impedía considerarla y, al mismo tiempo, enfatizaba la apropiación indebida de Italia de los Estados Pontificios. Esto era lo que la Iglesia católica quería enfatizar. AHA. S.F.A. Carta de José Badilla a Juan Gaspar Stork Werth. Caja 464, octubre, 1917, fol. 423.

10540 Para mayo de 1918 El Mensajero del Clero postulaba al Papa como el personaje con mayor fortaleza moral para ser el mediador en el conflicto. Algo que caracterizaba, según el artículo, a los Papas desde hace mucho tiempo atrás. “Los Papas y la paz”. El Mensajero del Clero, mayo, 1918, pág. 107.

Fuentes impresas

106González Flores, Alfredo. Mensaje al Congreso, 8 de mayo, 1914. En: Alberto Cañas compilador, Alfredo González Flores “su pensamiento”. (San José: Editorial Costa Rica, 1980), págs. 17-22.

107Volio, Jorge y Junoy, Ramón. El año funesto y Satrapía. Esteban Sánchez Solano editor (San José: EUNED, 2014).

Fuentes inéditas

Archivo Nacional de Costa Rica

108Congreso no. 11272, fs. 6-8.

109Colección Federico Tinoco no. 2, fs. 27-28.

110Relaciones Exteriores, no. 15769, sin foliar.

Archivo Histórico Arquidiocesano Bernardo Augusto Thiel (AHA)

111Cuentas del Obispado

112Caja 25. Libro 133, 1913; Libro 133, 1914-1920, fs. 134-135, 156-157, 180-181, 202-203, 222-223, 246-247, 268-269 y 290-291.

113Sección Fondos antiguos

114Caja 460, fs. 576-578; Caja 464, fs. 35, 133, 180-181 y 423.

Archivo del Vaticano

115Gobierno de Costa Rica, fs. 57, 59 y 60.

Fuentes periodísticas

116“Concordato entre la República de Costa Rica y la Santa Sede”. El Mensajero del Clero. Abril, 1884, 215-218.
“La guerra pan-europea”. El Mensajero del Clero. Agosto, 1914, 311-312.
“Circular al Venerable Cabildo, Clero y fieles de nuestra Diócesis”, El Mensajero del Clero, agosto, 1915, 584-588. “La situación”, El Mensajero del Clero. Noviembre, 1916, 949-954. “Notas”, El Mensajero del Clero. Mayo, 1917, 120.
“Italia”, El Mensajero del Clero, junio, 1917, 124-129.
“Notas. La situación del clero”, El Mensajero del Clero. Marzo, 1918, 72.
“Los Papas y la paz”. El Mensajero del Clero, mayo, 1918, 107.

Bibliografía

117Bulmer-Thomas, Víctor. La historia económica de América Latina desde la independencia. (México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1998).

118Burleigh, Michael. Earthly Powers: Religion and Politics in Europe from the Enlightenment to the Great War. (London-New York-Toronto-Sydney: Harper Perennial, 2006).

119Chambers, D. S. Popes, Cardinals and War. The Military Church and Renaissance and Early Modern Europe. (London-New York: D.S. Chambers, 2006).

120Clausewitz, Carl von. On War. (Oxford: Oxford University Press, 2007).

121
Cruz Prados, Alfredo. La razón de la fuerza. (Madrid: Pearson Educación, 2004).

122Devés Valdés, Eduardo. El pensamiento latinoamericano en el siglo XX. Entre la modernización y la identidad. Tomo I Del Ariel de Rodó a la CEPAL (1900-1950). (Buenos Aires: Editorial Biblos, 2000).

123Edwards, Lisa Marie. “In Science and Virtue: The Education of Latin American Clergy, 1858-1967”. Doctorado en Historia, Tulane University, 2002.

124Fernández Morales, Jesús Manuel. Las presidencias del Castillo Azul. (San José: Litografía e Imprenta LIL, 2010).

125Faron, Olivier. “L´Italie religieuse au XIXe siècle: des difficultés au renouveau”. En Religion et culture dans les sociétés et les États européens de 1800 à 1914. Jean- Paul Bled éditeur (Paris: Édition SEDES-VUEF-CNED, 2002), págs. 95-123.

126Hobsbawm, Eric. La era del Imperio. (Barcelona: Editorial Crítica, 1995).

127Howard, Michael. La Primera Guerra Mundial. (Barcelona, España: Editorial Crítica, 2003).

128Luque Alcaide, Elisa. “La restauración de la vida católica en América Latina en la segunda mitad del siglo XIX”. Anuario de Historia de la Iglesia, Vol. XII (2003), pág. 71-89.

129Lynch, John. “La Iglesia católica en América Latina, 1830-1930”. En Historia de América Latina Vol. 8 Cultura y Sociedad, 1830-1930. Leslie Bethell editor. (Barcelona: Editorial Crítica, 1991), pág. 65-122.

130Marín Guzmán, Roberto. Guerras locales y enfrentamientos internacionales: los caminos hacia la unificación de Italia en el siglo XIX. (San José: EUCR, 2013).

131Molina Jiménez, Iván y Lehoucq, Fabrice. Urnas de lo inesperado. (San José: EUCR, 1999).

132Molina Jiménez, Iván. La ciudad de los monos: Roberto Brenes Mesén, los católicos heredianos y el conflicto cultural de 1907 en Costa Rica. (Heredia: EUNA, 2002).

133Molina Jiménez, Iván. Anticomunismo reformista, competencia electoral y cuestión electoral en Costa Rica, 1931-1948. (San José: Editorial Costa Rica, 2007).

134Muñoz Elizondo, José Antonio. “La Iglesia Católica y los Tinoco, caso del Pbro. Ricardo Rodríguez Elizondo”. Tesis de Licenciatura en Ciencias de la Religión, Universidad Nacional, 1998.

135Murillo Jiménez, Hugo. Tinoco y los Estados Unidos: génesis y caída de un régimen. (San José: EUNED, 1981).

136Obregón Quesada, Clotilde. El Proceso electoral y el Poder Ejecutivo en Costa Rica: 1808-1998. (San José: EUCR, 2008).

137Picado Gatjens, Miguel. La Iglesia costarricense: entre el Dios y el César. (San José: Editorial DEI, 1989).

138Pollard, Sidney. La conquista pacifica: la industrializaci6n de Europa, 1760-1970. (Zaragoza: Prensas Universitarias, 1991).

139Pronko, Marcela. Universidades del Trabajo en Argentina y Brasil: una historia de las propuestas de su creación; entre el mito y el olvido. (Montevideo: CINTERFOR, 2003).

140Quesada Monge, Rodrigo. Ideas económicas en Costa Rica (1850-2005). (San José: EUNED, 2008).

141Rodríguez Dobles, Esteban. “Conflicto en torno a las representaciones sociales del alma y los milagros. La confrontación entre la Iglesia Católica y la Sociedad Teosófica en Costa Rica (1904-1917)”, Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña 2, no. 2 (diciembre 2010-abril 2011): 86-110. Recuperado en: http://www.rehmlac.com/recursos/vols/v2/n2/rehmlac.vol2.n2-erodriguez.pdf

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143Sánchez Solano, Esteban. “La guía espiritual en tiempos de cambio. La inserción de la Iglesia católica en la dinámica sociopolítica en Costa Rica (1913-1921)”. Revista Estudios, no. 29 (2014), págs. 1-31.

144Sandí Morales, José Aurelio. Estado e Iglesia católica en Costa Rica 1850-1920; en los procesos de control del espacio geográfico y la creación de un modelo costarricense. (Heredia: EUNA, 2011).

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146Solano Muñoz, Edgar. “Iglesia, sociedad y relaciones de poder en Costa Rica, 1881-1894”. Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad Nacional, 1993.

147Soto Valverde, Gustavo Adolfo. La Iglesia costarricense y la cuestión social: antecedentes, análisis y proyecciones de la reforma social costarricense de 1940-43. (San José: EUNED, 1985).

148Ticchi, Jean-March. “L´Amérique Centrale et L´Amérique du Sud, Terres d´élection des interventions pacificatrice du Saint-Siège de León XIII à Benoît XIV?”. Hispania Sacra, no. 56 (2004), pág. 333-364.

149Vargas Arias, Claudio. El Liberalismo, la Iglesia y el Estado en Costa Rica. (San José: Ediciones Guayacán, 1991).

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Para citar este artículo :

Esteban Sánchez Solano, « La Iglesia católica y la Primera Guerra Mundial: crisis mundial y sus consecuencias en Costa Rica (1914-1919) », Boletín AFEHC N°65, publicado el 04 junio 2015, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=3998

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