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AFEHC : bibliografia : Indians and the Political Economy of Colonial Central America, 1670-1810 : Indians and the Political Economy of Colonial Central America, 1670-1810

Ficha n° 4008

Creada: 18 julio 2015
Editada: 18 julio 2015
Modificada: 23 julio 2015

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Autor de la ficha:

Laura MATTHEW

Editor de la ficha:

Adriana ALVAREZ SÁNCHEZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Indians and the Political Economy of Colonial Central America, 1670-1810

Esta reseña analiza una obra que trata sobre el papel de Centroamérica en la economía preindustrial tanto en la producción de añil salvadoreña como en la contrucción y defensa de puertos nicaragüenses con base en la vasta documentación del Archivo de Indias de Sevilla.
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Palabras claves :
Repatimiento, Oficiales, Mercado internacional
Categoria:
Libro
Autor:

Robert. W. Patch.

Editorial:
University of Oklahoma Press
Fecha:
2013
Reseña:

1Este buen libro argumenta tres cosas. En primera instancia sugiere que lejos de ser una economía preindustrial y del periférico, Centroamérica en la época colonial tardía proveyó cantidades significativas de mantas de algodón que eventualmente vistieron a quienes trabajaron en las minas en Zacatecas y Honduras, en el cultivo del añil en El Salvador, y en la construcción y defensa de los puertos en Nicaragua. Así, la región desempeñó un papel importante en el comercio imperial. Segunda, que la producción industrial seguía dependiendo del trabajo forzado de la población indígena. Tercero, que la documentación histórica escrita en castellano y archivada en España contiene información por descubrir sobre la experiencia de los indígenas bajo el régimen colonial.

2Los primeros tres capítulos enfatizan una relación simbiótica entre la colección del tributo y el repartimiento centroamericano desde mediados del siglo XVII hasta finales del XVIII. A pesar de su preocupación aparentemente genuina con el buen gobierno, la corona española incentivó el repartimiento ilegal por no retribuir adecuadamente a los oficiales coloniales, considerar los oficios como recompensas, y venderlos al mejor postor. Por su parte, los alcaldes mayores garantizaron el tributo a la corona al mismo tiempo que generaron beneficios propios debido a la extensión del crédito y a la venta – con sobreprecio – de las materias primas y manufacturas para después devolverlas en especie. La mayoría de los alcaldes mayores ocuparon un solo puesto antes de abandonar la burocracia imperial. La trayectoria profesional común entre estos oficiales reales consistía en ‘llegar y salir’ y no en ‘llegar y avanzar’ (pág. 71). Los puestos más rentables implicaban contar con un territorio, mano de obra – vulnerable a la extorsión – y el acceso a materias primas y a los mercados internacionales. Por eso el altiplano mayormente maya – con su población grande y tributaria, situada entre las zonas de producción de cacao y de algodón al sur y los centros de comercio de Antequera y México-Tenochtitlan — contó con algunos de las alcaldías mayores más ricas y deseadas del imperio.

3Los capítulos 4 y 5 comparan el repartimiento en Huehuetenango con los de las tierras bajas de Nicaragua. Patch señala que en Huehuetenango existía una economía regional compleja que dependió de la autoridad del alcalde mayor para castigar a los deudores mayas. Mercaderes locales adelantaron dinero para el pago de tributo, extendieron crédito a los mayas, y arreglaron el transporte de mercancías. Los propios mayas fueron obligados a comprar hilo de algodón para luego pagar sus deudas en mantas. También compraron mulas, vacas, plumas de quetzal, y otras cosas que el alcalde mayor y sus socios les vendieron a precios artificialmente altos. El repartimiento funcionaba como un “estímulo comercial” (pág. 141) para la industria de mantas, tejidas en gran medida por mujeres indígenas. En Nicaragua las deudas del repartimiento obligaron a los indígenas a producir velas para los barcos que defendieron los puertos, aunque habrían recibido mejores salarios trabajando en los obrajes privados de la región.

4El argumento de Patch se revela más en su resumen de los debates burocráticos sobre el repartimiento en el siglo XVIII. Algunos oficiales insistieron que los indígenas no se involucrarían en el comercio colonial voluntariamente. Patch está de acuerdo con este cálculo. Nota el descenso simultáneo del repartimiento y de la producción económica en algunos casos específicos, aunque menciona otros factores importantes como la llegada de los textiles ingleses de contrabando. Toma el muy repetido dicho “los indios son flojos” como evidencia de que los indígenas se resistieron a entrar en un comercio que no controlaron y no les fue útil. Sin coerción, no produjeron y el sistema más honesto que reemplazó al repartimiento que consistió en confiscar las cajas de comunidades directamente y instituir el trabajo forzado para la corona fue igualmente coercitiva y no menos construida “a la espalda” de los indígenas (pág. 207).

5A pesar de que en la documentación burocrática los indígenas no tienen voz, Patch centra su argumento en las acciones de éstos a lo largo de su obra, tomando el lugar del portavoz de las comunidades nativas. Contradictoriamente, dice que los indígenas rechazaron la acumulación de tierras como propósito capitalista por “diferencia cultural” (pág. 220), al mismo tiempo que afirma que “donde sí funcionó, el repartimiento fue exitoso porque utilizó las ya existentes estructuras indígenas de la producción” (pág. 11). Eso nos plantea cuestiones intrigantes sobre el cambio y/o continuidad en los sistemas económicos mesoamericanos después de la instalación del colonialismo. Si en el siglo XVIII los mayas y otros indígenas produjeron solamente mantas o cacao para cumplir con las demandas del repartimiento legal o ilegal, ¿Cómo se compara esto con la colonia temprana o con la época posclásica tardía? Persistía una economía indígena paralela que escapó a la atención de los burócratas españoles, y así de Patch también?

6Robert Patch nos provee de una base empírica sólida para las futuras investigaciones y un modelo metodológico para minar la documentación española de la época imperial. Marca un rumbo recomendable entre la tendencia todavía vigente de describir a todos los castellanos de la época como explotadores inevitables hasta ser villanos (aunque seguramente muchos eran), y la sugerencia de historiadores como Jeremy Baskes sobre Oaxaca quien afirma que la participación indígena en el repartimiento era voluntaria y una manera favorable de acceder al crédito. Aunque Patch aprecia la contribución de Baskes, insiste con base en sus datos, que en Centroamérica el repartimiento maduro sólo funcionó bajo amenazas – y a veces el cumplimiento – de violencia.

7Laura E. Matthew, Marquette University

8Reseña originalmente publicada en inglés: Laura Matthew, “Review: Indians and the Political Economy of Colonial Central America, 1670-1810,” en Hispanic American Historical Review, Volume 94, no. 4, pp. 691-693. Derechos reservados, 2014, Duke University Press. La versión en español es publicada con permiso de Duke University Press, http://www.dukeupress.edu

Fuentes :

http://hahr.dukejournals.org/content/94/4/691.full?sid=47554344-12a4-4587-911e-4fc77f7a85d9

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