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AFEHC : transcripciones : El Arzobispo Electo de Guatemala a sus Diocesanos de San Salvador. : El Arzobispo Electo de Guatemala a sus Diocesanos de San Salvador.

Ficha n° 4035

Creada: 03 septiembre 2015
Editada: 03 septiembre 2015
Modificada: 03 septiembre 2015

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Autor de la ficha:

Mario CIFUENTES

Publicado en:

ISSN 1954-3891

El Arzobispo Electo de Guatemala a sus Diocesanos de San Salvador.

Pocos días después de la insurrección acaecida en la ciudad de San Salvador, el arzobispo de Guatemala publica una corta carta pastoral para llamar sus diocesanos a obedecer al Rey y para condenar las ideas revolucionarias. El arzobispo Ramón Casaus y Torres pide a los hermanos Aguilares que den cuenta de lo que esta entonces pasando y que denuncien las cabecillas del movimiento.
Palabras claves :
Insurección, Carta pastoral, Casaus y Torres
Autor:
El arzobispo Ramón Casaus y Torres
Paginas:
1811-11-15
Texto íntegral:

1El Arzobispo Electo de Guatemala a sus Diocesanos de San Salvador.

2Pocos días después de la insurrección acaecida en la ciudad de San Salvador, el arzobispo de Guatemala publica una corta carta pastoral para llamar sus diocesanos a obedecer al Rey y para condenar las ideas revolucionarias. El arzobispo Ramón Casaus y Torres pide a los hermanos Aguilares que den cuenta de lo que esta entonces pasando y que denuncien las cabecillas del movimiento.

3Amados hijos en Jesu Christo. Con la mayor amargura de nuestro corazón
Hemos sabido, que algunos con un pretexto frivolo, censurando lo que dirigia a
mantener el sosiego público, y a averiguar el origen de las especies subversibas que se propalaban, han conseguido sus anteriores depravados intentos de comoveros, alucinaros, extraviaros para encender en ese pacifico suelo la guerra de la discordia, y la llama infernal de la insurrección.

4Esos mismos usurpadores del gobierno de esa Ciudad vociferan en sus temerarias proclamas, que se han cumplido sus antiguos deseos, se han cumplido sus antiguos deseos, y tienen la insolencia de manifestar lo mismo, que deseabamos saber por medio de los Presbiteros D. Nicolas y D. Manuel Aguilar, esto es, averiguar con las noticias que ambos nos darían, quienes eran los que sembraban en esa provincia la semilla fatal de la desunion y de la deslealtad.

5Datos positivos han dado a conocer el origen infausto de las voces y noticias
sediciosas, y no siendo ya necesario que nos ilustren en este punto ambos hermanos, hemos mandado que el uno quede libre, y que el otro no tenga que venir; esperando que ellos en lo sucesivo avisarán oportunamente al Superior Gobierno, lo que crean convenir a la tranquilidad publica, y a la extinción pronta de cualquiera chispa, y fermentación revolucionaria; pues por razón de su carácter sacerdotal estan doblemente obligados a esta vigilancia, y a prevenirnos de todo con tiempo.

6Veis pues, amados hijos en el Señor, como os han engañado y seducido esos
miserables revoltosos, que hace muchos meses urdian esta trama, y tomaban en boca para hacérosla menos repugnante, el nombre de los dos Presbiteros, por lo mismo que eran vuestros comprovincianos y lograban de buen concepto. Ellos sin duda detestan vuestro frenesi, y se lamentan de una maquinación tan desatinada, cuyo plan no podían concevir que hubiese cabido en ninguno de esos habitantes.

7Yo creo, que el primer delirio y efervescencia habrá pasado; que os habrá
amanecido la luz clara de la razón y del desengaño; que la voz de la Religión os habrá hecho entender lo absurdo, lo injusto, lo sacrílego y sanguinario de cualquiera insurrección; por que es un atentado contra los mismos principios de la Religión crisitiana usurpar el gobierno y la autoridad, alborotar los pueblos, arrastrarlos a su ruina y desolación, hacerlos instrumentos de iniquidades feroces; volverse contra el seno de su misma madre; atraer sobre su patria guerras civiles; provocar al legítimo gobierno, y ponerlo en la triste precisión de castigar a los rebeldes y amotinados, y llevar las armas de los leales y valientes soldados del Rey contra los indignos, en
ingratos vasallos de Fernando VII el suspirado, a quien más ultrajan semejantes cabecillas, quando toman su nombre para formar gobiernos usurpados, que llevan en todo la marca indeleble de nulidad.

8Espero, espero, hijos de mis entrañas, que dociles y sumisos a la voz del Evangelio, a los clamores paternales de este vuestro Pastor, precavais los daños inseparables, que se os seguiran de vuestra obstinación y rebeldía ¡Ah quantos desengaños teneis hoy a la vista, de que no prospera la causa de la iniquidad, de que los Insurgentes en todas partes pagan su locura, y de que los primeros seductores y cabecillas son las primeras victimas, que Dios confunde, castiga y extermina! ¿Con tanta sangre derramada en el
reyno de México, con tanto golpe descargado sobre los insurgentes, seriais aun sordos a las voces del cielo y de la experiencia; y querriais insensatos correr el mismo riesgo, buscar vuestra total ruina, y ponernos en la posición de fulminar nos contra los obstinados todos los anatemas y excomuniones con que la Iglesia nos autoriza para execrar y maldecir en nombre de Dios a los enemigos de su misma patria, a los traidores al Rey, a los usurpadores de la dominación y gobierno a los capataces y agavillados insurgentes, a los hijos obcecados y rebeldes de la misma Iglesia, que no oyen a su Pastor?

9¿Ah, hijos mios de mis entrañas! No me las despedaceis: no me pongais en la dura necesidad de ir (como decia San Pablo) con la vara del rigor, pues mi alma sensible, tierna y compasiva, no quisiera usar de otras armas que las del amor paternal, que nos abrasa a favor vuestro. Oidme, oidme hijos mios, que yo intercederé por vosotros: yo haré que se olvide vuestro arrebato momentaneo: yo pediré al Supremo Gefe, que os condone este delito, y a Dios que os lo remita en esta vida, y en la eterna; y que os bendiga para siempre, como yo lo hago y deseo.

10Palacio Arzobispal de Guatemala 15 de Noviembre de 1811.

11Fr. Ramón, Arzobispo Electo.

12Impreso por Arévalo.