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AFEHC : transcripciones : Mensaje que el Vice-Jefe del Estado, don Diego Vigil, leyó ante la Asamblea Legislativa el 4 de marzo de 1829. : Mensaje que el Vice-Jefe del Estado, don Diego Vigil, leyó ante la Asamblea Legislativa el 4 de marzo de 1829.

Ficha n° 4045

Creada: 19 septiembre 2015
Editada: 19 septiembre 2015
Modificada: 20 septiembre 2015

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Mensaje que el Vice-Jefe del Estado, don Diego Vigil, leyó ante la Asamblea Legislativa el 4 de marzo de 1829.

Este mensaje de Diego Vigil leído ante la Asamblea Legislativa busca convencer a los diputados que la guerra civil entre las tropas federales y el ejército de Francisco Morazán esta por concluirse. Tras el Golpe de Estado en Honduras de abril de 1827 fomentado por el presidente Manuel Jose Arce y ejecutado por las tropas federales al mando del teniente general José Justo Milla, que había provocado el arresto del Jefe de Estado Dionisio de Herrera, Morazán había reunido a un ejército que logró derrocar al gobierno interino en Honduras luego de la Batalla de La Trinidad el 11 de noviembre de 1827. Cuando Vigil pronuncia este discurso esta dirigiendo Honduras desde junio de 1828.
Palabras claves :
Mando, Estado, Discurso, Guerra civil
Autor:
Diego Vigil
Fecha:
1829-03-04
Texto íntegral:

1

2Asamblea ordinaria:

3El curso de la opinión, encaminado á mantener en libertad á los pueblos, se ha visto alguna vez interrumpido ó suspenso, por los obstáculos que le oponen sus mezquinos contrarios; pero la opinión ha vencido, y Honduras, apoyado en ella y en los derechos eternos de la razón y la justicia, levanta la frente augusta al lado de El Salvador libre. Poco tiempo antes, hollado por un hijo ingrato, desacreditado como el pueblo más insignificante, el más débil y dispuesto á la ominosa esclavitud. ¿Qué debió á aquéllos directores siniestros que con tanto ceño miraron su independencia y odiaron su libertad, porque no les era dado abusar por más tiempo del triste sufrimiento de la servidumbre? ¿Qué les debió? Vosotros sois testigos, ciudadanos Representantes: el oprobio, la opresión y el exterminio. Volved los ojos á La Trinidad1, Gualcho2 y San Antonio: allá recobra el Estado su libertad y restablece sus legítimos Representantes: destruye en otra parte la división más aguerrida de sus enemigos, y en otra los somete, humillados, á la capitulación más deshonrosa. Por tan heroicos hechos, ya no es Honduras el pueblo insignificante de Centro-América, es el poderoso aliado de El Salvador, y una de las columnas fuertes de la libertad de la República.

4Al depositar en vuestras manos la autoridad con que ejerzo el Poder Ejecutivo, séame permitido manifestaros el cuadro triste que presentaba el Estado al encargarme del mando el 30 del último junio3. La aristocracia había vuelto á levantar en Honduras su negro estándarte. El departamento de Gracias era ocupado por tropas de Guatemala. Los jefes intendentes de aquel departamento y del de Santa Bárbara habían sido separados de sus destinos por el que se soñó Jefe de Honduras, y sustituidos en su lugar los hombres que se juzgasen á propósito para llevar á cabo sus miras depravadas En el departamento de Tegucigalpa se había movido y puesto en actitud hostil, una facción en número triple á la fuerza única en todo el Estado, de que podría el Gobierno disponer. Esta facción y la del pueblo de Lauterique, animaba, esforzaba y ayudaba de la de Opoteca, que ocupaba esta capital, cuyas armas recorrían osada y atrevidamente varios pueblos del departamento. El de Choluteca era amenazado por la facción de Segovia, del Estado de Nicaragua. El de oro había desconocido á su Jefe departamental y negaba la obediencia de hecho al Gobierno Supremo.

5La animosidad y el orgullo con que por todas partes se levanta¬ban y obraban los degradados prosélitos del servilismo daba una idea clara de las ventajas que sobre los firmes y valientes libres habían adquirido en varios puntos de la República, que estaba á perecer en manos de sus opresores y tiranos.

6Las lentas públicas estaban enteramente desorganizadas. La de tabaco, la más productora, había sido indispensable, para levantar y sostener el ejército que auxiliaba á El Salvador, darlo en rama á los capitalistas casi por la mitad de su valor, quedando con esto autorizado el contrabando. Los demás ramos de Administración nada producían, y el comercio estaba enteramente paralizado. El Ministro, en la relación que presentará de los trabajos del Gobierno, manifes¬tará las providencias que se han dictado para restablecer al estado de la ley los ramos de administración, y cuyos acuerdos han produ¬cido en mucha parte el objeto que se deseaba.

7Por una de aquellas causas, difícil de preverse, y casi imposible de evitarse, fué desorganizado y casi destruido en San Miguel el ejército que diera vida á la República en los memorables campos de Gualcho. El Gobierno ordenó al General en Jefe que se retirase á la ciudad de Tegucigalpa con los restos del ejército. Así se ejecutó. Una división de él, unida á la que el Gobierno había levantado á costa de grandes sacrificios, marchó á esta capital sobre la fuerza fratricida que la ocupaba, y el 11 de agosto, día memorable, fué completamente destruida, escarmentados los enemigos del orden, restablecida la libertad de los desgraciados habitantes de esta ciudad, y la tranquilidad del Estado; pues apenas fué sabida esta acción en los demás departamentos, cuando la fuerza que ocupaba el de Gracias desapareció vergonzosamente: los Plazuelas, hasta entonces obstinados y rebeldes, rindieron las armas que habían levantado contra el Gobierno, y éstos, conjo los lauteriques y opotecas, prestaron su obediencia.

8El ejército fué reorganizado en breve tiempo: marchó en auxilio del Salvador, y logró en los campos de San Antonio la capitulación de que antes he hablado.

9Todo presagiaba el término feliz, de una guerra destructora que tantos males ha causado á la República; pero los enemigos de la libertad pública, que se desvelan por destruir, si pudieran, de un golpe el estado, y no omiten medio para lograrlo, aprovecharon la evasión en que los cobardes olanchanos criminalmente habían desertado del ejército para promover una revolución en aquel departamento, seduciéndolos de ser el mejor medio para evadirse del justo castigo que merecían.

10Se han dictado para atraerlos sin efusión de sangre á la obediencia del Gobierno, varias providencias de lenidad, prudencia y política. No han sido estos bastantes. Se ha puesto en aquel departamento una fuerza subordinada y virtuosa al mando de un Jefe acreditado. Este les ha hecho á los rebeldes diferentes invitaciones para que depongan las armas. Nada ha conseguido. Los ha batido tres veces con ventajas y la facción se halla dispersa y tan obstinada, que será preciso sostener por algún tiempo en aquel departamento una fuerza respetable. Por una nota circunstanciada se manifestará el principio, progreso y estado actual de esta criminal revolución.

11Desde marzo del año próximo pasado se había mandado practicar elecciones para las supremas autoridades del Estado. En noviembre del mismo año se dictaron varias providencias para hacer concurrir á los electos, manifestando al mismo tiempo que el Gobierno se trasladaba á esta ciudad el 9 de diciembre último con el interesantísimo objeto de reunir la Asamblea en el período constitucional. No eran de esperarse los obstáculos que ha sido preciso vencer. Al fin se han allanado, y la Asamblea se ha instalado en este día. Los pueblos comenzarán desde hoy á ser felices.

12Yo tengo el honor y la dable satisfacción de depositar en vuestras manos el Poder Ejecutivo, y las tremendas facultades extraordinarias con que por el Cuerpo Soberano fui investido para lograr el grandioso objeto de sostener el sistema y restablecer las autoridades legítimas.

13Yo me congratulo con vosotros, ciudadanos Representantes, por las ventajas que las armas de los libres han adquirido, y por el honor y consideración que en la presente lucha se ha justamente merecido Honduras.

14Yo felicito al pueblo soberano por la acertada elección que en vosotros ha hecho. Vosotros sabréis curar y cerrar las profundas heridas que ha abierto una guerra fratricida.

15Los hondureños han manifestado de un modo inequívoco y heroico, que quieren ser libres y felices á la par de sus injustos enemigos y disfrutar unos y otros de los saludables bienes de un sistema que han sabido defender con su sangre. Vosotros, ciudadanos Diputados, sabréis llenar debidamente los votos y deseos del pueblo, que dignamente representáis.

16Comayagua, marzo 4 de 1829.
Diego Vigil

17Notas de pie de páginas

181 Durante la guerra civil centroamericana (1826-1829) la batalla de La Trinidad fue muy importante. El 11 de noviembre de 1827 Francisco Morazán logró vencer las tropas del Teniente General José Justo Milla.

192 La Batalla de la Hacienda El Gualcho fue un enfrentamiento que se dio el 6 de julio de 1828 entre las fuerzas de Francisco Morazán y las tropas federales dirigidas por el coronel Vicente Domínguez en lo que hoy es Nueva Granada, Usulután, república de El Salvador.

203 Diego Vigil (1799-1845) fue nombrado Jefe Supremo de Honduras el 30 de junio de 1828 por la asamblea legislativa de Honduras después del triunfo en la Trinidad del General Francisco Morazán.

Fuentes :

“Mensaje que el Vice-Jefe del Estado, don Diego Vigil, leyó ante la Asamblea Legislativa el 4 de marzo de 1829.”, Revista del Archivo y Biblioteca Nacional, Tegucigalpa, Tomo 1, N° 1, (1904), pág. 40-43.