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AFEHC : articulos : Los paisajes centroamericanos según los viajeros del siglo XIX, entre la fuente histórica y el discurso racial: análisis de un debate : Los paisajes centroamericanos según los viajeros del siglo XIX, entre la fuente histórica y el discurso racial: análisis de un debate

Ficha n° 4093

Creada: 18 octubre 2015
Editada: 18 octubre 2015
Modificada: 18 octubre 2015

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Autor de la ficha:

Patricia CLARE

Editor de la ficha:

Wilson PICADO

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Los paisajes centroamericanos según los viajeros del siglo XIX, entre la fuente histórica y el discurso racial: análisis de un debate

El objetivo de este ensayo es abordar el debate sobre el valor de los relatos de viajeros del siglo XIX como fuente histórica. Para llevar a cabo este análisis se realiza un balance general de la discusión ocurrida entre lingüistas e historiadores en Costa Rica, específicamente el debate entre el historiador Juan Carlos Solórzano y el lingüista Juan Carlos Vargas, de la Universidad de Costa Rica. Se sugiere que la crítica al contenido racial de dichas narraciones, así como el aprovechamiento de dichos relatos desde la mirada del historiador se complementan entre sí. Es desde la interacción entre ambos enfoques donde se pueden configurar los fundamentos epistemológicos para la construcción de una narración histórica escrita desde Centroamérica, valoradora de sus poblaciones y paisajes, y a la vez pertinente a la realidad específica de la región.
Palabras claves :
Historia Ambiental, Relatos de Viajeros, Fuentes Históricas, Centroamérica
Autor(es):
Patricia Clare Rhoades
Fecha:
Septiembre de 2015
Texto íntegral:

1

Introducción

2Recientemente se ha dado un debate entre el lingüista Juan Carlos Vargas y el historiador Juan Carlos Solórzano, ambos de la Universidad de Costa Rica. Su discusión ha girado en torno a los relatos de los viajeros que pasaron por Centroamérica en el siglo XIX. Vargas, en el contexto de los estudios estructuralistas, se ha enfocado en develar la carga ideológica intrínseca en el lenguaje de los escritos. Por su parte, Solórzano defiende que los historiadores trabajan con hechos reales, de los cuales derivan sus interpretaciones. Para el análisis histórico utilizan diversas fuentes que comparan y confrontan, siendo una de ellas los relatos de viaje, por lo que defiende su validez.

3El análisis que sigue parte del libro de Vargas Tropical Travel The Representation of Central America in the 19th Century, así como de dos artículos escritos por Solórzano. El primero constituye una réplica al libro de Vargas publicada en el Anuario de Estudios Centroamericanos (Solórzano, Tropical Travel The Representation of Central America in the 19th Century ¿Denuncia histórica o visión inquisidora sobre los viajeros? 2007-2008). El segundo comprende un estudio más elaborado sobre los viajeros en general: “La importancia histórica de la literatura de viaje en Centroamérica: del período colonial al período republicano”. Este material estando aún inédito nos fue facilitado por el autor muy gentilmente para enriquecer la exploración del debate, actualmente está publicado en AFEHC.

4El objetivo de este ensayo es examinar la discusión entre los autores para evaluar la validez de las narraciones de viaje para la disciplina histórica y la función que realizan las investigaciones de ambos autores. Para ello se ha dividido el trabajo en cuatro partes. La primera es esta introducción, en la segunda se exponen el contexto histórico del siglo XIX y las herramientas teóricas de la teoría de la dependencia académica. En la tercera se analiza la propuesta de Vargas basada en su trabajo como lingüista, aplicando la perspectiva teórica expuesta lo mismo que el valor de los relatos para los historiadores. Finalmente se presentan unas breves conclusiones. Se plantean que ambos enfoques difieren entre sí en sus objetivos y se complementan para lograr una narración histórica producida desde Centroamérica, valoradora de las poblaciones y paisajes y pertinente a nuestra realidad específica.

El contexto del siglo XIX

5Como se mencionó antes, el presente ensayo busca evaluar si los relatos de viajeros del siglo XIX constituyen una fuente histórica válida, integrándose para ello a la discusión entre Vargas y Solórzano. Para ubicar y entender el trasfondo de los apuntes de estas expediciones del siglo XIX, se deben analizar dentro de su contexto histórico, ya que tanto los escritos como los autores ineludiblemente son resultado de “su tiempo”. En este caso, ellos forman parte de una época que de manera difusa en las Ciencias Sociales se ha llamado “la modernidad”. En esta línea, el análisis de los viajeros funciona como lente a través del cual mirar el “mundo moderno” en las regiones que ellos describieron.

6El historiador Christofer Bayly1 se ha valido del concepto enunciado por Jan de Vries de “revoluciones industriosas” para dar cuenta de las transformaciones e intensificación económica que se sucedieron a lo largo de la época en las regiones periféricas2. Bayly identifica el inicio de los cambios desde 1650, pero con un continuo a lo largo del siglo XVIII y un incremento en las interconexiones y la producción en el siglo XIX. Las inversiones extranjeras europeas en 1850 eran cerca de $2 billones, ya para 1913 habían alcanzado $23 millones. Según Topik y Wells en los primeros cuarenta años del siglo XIX el comercio internacional creció en un 400% y entre 1850 y 1913 se multiplicó por diez3.

7En la interpretación de Bayly4 las “revoluciones industriosas” reorganizaron muchas sociedades en ámbitos puntualmente localizados pero esparcidos por todo el planeta. Se integraron al sistema mundial regiones que antes se habían mantenido al margen de las dinámicas globales. Durante la era imperial del siglo XIX, una cuarta parte de las tierras del planeta fueron apropiadas por seis naciones5.

8Las revoluciones industriosas de carácter local cambiaron los sistemas laborales y la organización social. Ahora los trabajadores deberían laborar más. En lo económico, el capital también se explotaba más intensamente y se modificaba la distribución de bienes materiales. Las innovaciones tecnológicas eran de pequeña escala. En América Latina Topik y Wells llamaron a esta intensificación productiva la “Segunda Conquista de Latinoamérica”. Aquí las demandas se enfocaban en materias primas, mientras que las inversiones de capital contribuían a forjar mercados domésticos. Las exportaciones en esta etapa se incrementaron en un 1000%[6].

9Las revoluciones industriosas también conllevaban transformaciones en el ideario y el horizonte de expectativas del común de la gente. Las concepciones e idiosincrasias circulaban más de prisa. Las clases medias querían emular el estilo de vida de las élites y sus patrones de consumo, que ahora se presentaban más atractivos que nunca. En ese contexto los mercaderes atravesaron los océanos en busca de lujos y bienes para comerciar. Los europeos, poseedores del monopolio de transporte marino, empezaron a interconectar el disperso entramado de revoluciones industriosas7.

10En lo social este cambio fragmentado y desigual fue profundamente perturbador. Ahondaba las diferencias entre grupos sociales y entre sociedades. Despertaba el ansia de riquezas y envidias entre vecinos. Así mismo gestó gran efervescencia social, guerras, inequidades en la imposición de impuestos y el cuestionamiento a la autoridad religiosa y real. La propia Francia revolucionaria generó fieros enemigos. Los líderes de los estados debieron apropiarse y modificar sus ideologías en aras de mantener la legitimidad. Para mantener su hegemonía tuvieron que incursionar en áreas de la sociedad que antes habían sido autónomas. En palabras del historiador inglés Christopher Alan Bayly:

11Los cambios políticos e ideológicos de la era revolucionaria fueron, por lo tanto, catastróficos, en el sentido de que no se pudieron prever ni explicar simplemente a raíz de los conflictos y contradicciones del Antiguo Régimen, y ni siquiera a raíz del desarrollo del capitalismo. El Estado, impulsado por las nuevas ideologías generadas por la crisis, desarrolló una especie de elefantiasis. Las élites batallaron durante la primera parte del siglo XIX contra los problemas de orden y legitimidad que esta situación trajo. De hecho, el conflicto ideológico y político había alcanzado un nivel global incluso antes de que la uniformidad económica se instaurara en el mundo. El auge del capital no fue, por lo tanto, una fuerza motriz en sí misma. Se expandió en una ecología social que ya había sido creada por las aspiraciones de poder, territorio, justicia y santidad8.

12Según Bayly9, en términos amplios, el desarrollo histórico parece haber sido determinado por un complejo paralelogramo de fuerzas constituido por cambios económicos, construcciones ideológicas y mecanismos estatales. A su parecer, los desarrollos en la economía mundial no aparecen anteriores a la estructura ideológica y política. El predominio de cada uno de estos elementos variaba según circunstancias específicas en el tiempo y el espacio, dentro de una dinámica de influencia recíproca. En algunos casos los cambios económicos promovían o aceleraban los cambios y en otros eran los ideológicos que actuaban como fuerza propulsora. En Costa Rica el comercio del café era una fuerza económica, pero ella indujo también a cambios ideológicos de gran relevancia.

13De acuerdo a Hobsbawn y Bayly el imperialismo y el nacionalismo fueron fuerzas que se desarrollaron en relación la una con la otra. El nacionalismo siguió al surgimiento del Estado10. De frente a las contiendas armadas, éste se afianzó impregnando profundamente a las sociedades. Los Estados se fueron organizando para definir quiénes estaba adentro y quienes fuera de la nación. El racismo, con sus teorías eugenistas, fue el espejo al interno de las sociedades del nacionalismo. A nivel mundial las barreras interétnicas se endurecieron. En Estados Unidos los inmigrantes no europeos fueron marginados, igualmente en Australia los maori y en Latinoamérica los indígenas11.

14Según Hobsbawm, el racismo permeaba el pensamiento decimonónico en tal magnitud, que es difícil hoy día concebirlo y aún más entenderlo. Según este autor el racismo actuaba como un mecanismo legitimador muy conveniente para el dominio del blanco sobre otras razas y del rico sobre el pobre. Pero su papel más importante era racionalizar los fundamentos de la desigualdad social que se sustentaba en una ideología de igualdad. De esta manera se justificaban y defendían los privilegios que un sistema democrático que los debía cuestionar y erradicar. La ideología liberal no tenía argumentos lógicos con los cuales confrontar los ideales de igualdad y democracias, así que, el racismo solventaba la situación: los seres humanos por naturaleza no eran iguales, de ahí la desigualdad12.

15En general, el siglo XIX fue un período de expansión de los “imperios” aparejado de un gran aumento del comercio global. Áreas antes autónomas pasaron a integrar el sistema mundial y se gestó un entramado de regiones altamente productivas. En Latinoamérica se producían materias primas, los europeos y norteamericanos invertían y buscaban oportunidades de negocios. La ideología liberal que daba soporte al sistema se apuntalaba en el racismo para dar cuenta de su hegemonía y de las desigualdades. Ese era el sustrato filosófico que portaban los viajeros que llegaron a Centroamérica y como se verá esos eran los lentes a través de los cuales miraban su entorno. Por ello es importante reconocer el sesgo cognoscitivo, pero también se deben aplicar herramientas para impedir la reproducción del tal bagaje; para ello aquí se han empleado las herramientas elaboradas por los estudios de la dependencia académica.

La dependencia académica

16La teoría de la dependencia académica es una corriente crítica que se nutrió de las teorías dependentistas latinoamericanas. Originalmente fue esbozada por Syed Hussein Alatas (padre de Syed Farid Alatas) en relación al sudeste asiático a mediados del siglo XX. Actualmente también hay una corriente latinoamericana. Farid Alatas define de manera general al imperialismo como “la política y la práctica del dominio colonial por naciones más avanzadas desde el siglo XVI a través de la conquista militar y la subyugación”. Según este autor el imperialismo así definido es equivalente al colonialismo13. Para ejecutar el control y manejo de los colonizados, se ha requerido del cultivo y aplicación de varias disciplinas como la historia, la economía y la lingüística. Así se utilizan también para ejercer el dominio en el ámbito del pensamiento y las ideas. Para Alatas estas academias constituyen una estructura paralela de dominación que logra mantener a las “mentes cautivas”. En general, los conceptos de dependencia académica y mente cautiva son los ejes de su teoría de la reproducción del poder ideológico.

17Existe una estructura material que da soporte a la dependencia académica. En los centros de poder se generan grandes cantidades de revistas científicas, populares y de investigación con gran circulación que validan lo publicado. Esta dinámica ha influido en las percepciones y las auto percepciones de las demás regiones. En el caso de nuestro objeto de estudio, la literatura de viajes, o lo visto por personajes de los centro de poder, las crónicas circulaban en periódicos, revistas y boletines de viaje. Los escritos funcionaban como lente para las poblaciones de los países centrales pero también eran un espejo en el que se miraban los propios habitantes de los países visitados.

18Sin embargo, en esta relación, los actores de los relatos carecían de capacidad de respuesta. Un caso específico ilustra este desequilibrio. En Tropical Travels aparece un artículo de William Elroy Curtis con descripciones de los costarricenses como vagabundos, estúpidos y demás. En la traducción al español, ubicada en la Biblioteca Nacional de Costa Rica por Vargas, este investigador encontró una réplica escrita por Francisco María Iglesias inserta como anexo. Ese material evidentemente nunca figuró en el Harpers New Monthly Magazine donde había aparecido el difamatorio artículo de Curtis14.

19La dependencia académica también influye sobre los temas tratados. Evidentemente, en el caso de los escritos de los viajeros, estos respondían a los intereses de las regiones de las que ellos provenían y a los suyos propios. Sin embargo la agenda no era necesariamente compatible con los intereses de las poblaciones locales. Pioneros de avanzada, en sus publicaciones se promovía la explotación de recursos, rutas y demás atractivos a las poblaciones a las que iban dirigidos sus escritos. En Centroamérica el interés por las rutas interoceánicas es una constante.

20El tipo de enlace que buscaban estos visitantes no coincidía con la agenda local. Las revoluciones industriosas y la expansión del sistema mundo indujeron a la ocupación de áreas remotas las cuales hasta ese momento no se habían integrado al sistema mundial. El abastecimiento de ese sistema, se hacía a menudo a costa de la seguridad alimentaria de las poblaciones locales, asunto bien documentado por los trabajos de Davis para este período15.

21En general aquí interesan estas tres facetas de la teoría de la dependencia académica de Alatas: el papel de la dominación ideológica de las poblaciones, de la cual el racismo es una herramienta; la capacidad de divulgación de la visión colonial; y finalmente la agenda de los temas tratados conveniente a los centro de poder.

El develamiento del racismo de los viajeros

22Vargas valora los relatos como fuente para corroborar el racismo que yacía en el sustrato de la gran mayoría de los viajeros. Bayly y Hobsbawn añadirían que ese racismo era parte constitutiva de las poblaciones coloniales del siglo XIX. Sin embargo la lingüística y las bases teóricas de la dependencia académica han provisto a la práctica histórica, una herramienta analítica para evidenciar el funcionamiento y la reproducción del racismo. El trabajo de Vargas es un estudio histórico sobre el bagaje racial que portaban los viajeros. Vistos éstos como testigos y actores de los acontecimientos que narran, permiten apreciar el enlace entre lo local y lo global en su ideología, así como la dinámica de la circulación de esas ideas. Es importante recordar que el primer paso hacia la resistencia es entender el funcionamiento de la dinámica del poder.

23La importancia de trabajos como el de Vargas es que operan como una alerta. Desde el inicio de su trabajo el autor advierte que su interés yace en el discurso utilizado para describir a Centroamérica, la persistencia de ciertos “topos” o “metáforas compartidas” que conllevan discursos racializados16. Deja claro que su escogencia de las ilustraciones se centra en aquellas que más lo han perturbado, en otras palabras no fueron escogidas al azar, se trataba más bien de casos extremos. En esa misma línea escoge analizar a Ephraim Squier como ejemplo extremo de racismo explícito. Vargas no incursiona en la validez de los testimonios como fuente para la investigación histórica; pero advierte del peligro de reproducir la valoración despectiva que frecuentemente conllevan esos relatos.

24Vargas estructura su argumento en dos etapas. Primero hace un recuento de las teorías científicas que pretendían darle soporte al racismo a lo largo del siglo XIX. Para ello se vale de las investigaciones sobre teorías racistas de Stephen Jay Gould en The Mismeasure of Man. Analiza también los enunciados de Banton en Racial Theories cuyas teorías de la capacidad craneana fueron sumamente influyentes en el siglo XIX. La segunda parte de su demostración la hace presentando extractos de los escritos en donde el racismo es evidente y comenta también la iconografía de las ilustraciones. En su análisis queda clara la importancia del racismo como modalidad de dominio y justificante del control y expansión del proyecto colonialista.

El aparato simbólico de los viajeros

25La visión moderna de los paisajes fue fuertemente influenciada por Humboldt. Para él estos eran prístinos y carentes de población. La naturaleza así vista estaba disponible para ser apropiada. Ese imaginario se mantuvo entre los viajeros. La iconografía que presenta Vargas recalca la dimensión espacial que en las ilustraciones ocupa la naturaleza frente a la insignificancia de los habitantes. Esta puede considerarse la versión edénica.

26Sin embargo, como plantea Arnold, hay una ambivalencia europea con respecto a los trópicos. Esta se debate entre una visión edénica y otra infernal. En la segunda se la presenta como una región malsana propicia a la propagación de miasmas y enfermedades, infestada de bichos, insectos y fieras. Los pobladores de ese infierno eran, en esa visión, salvajes y bárbaros. La exuberancia natural hacía innecesario el laborioso trabajo de los países templados, por lo que los habitantes de estas regiones eran indolentes libertinos, embrutecidos además por el licor y licencia sexual17. Vargas ilustra ampliamente esa doble concepción tanto a través de las imágenes como con las descripciones esbozadas por los viajeros.

27Como analizó Germán Palacio para el caso colombiano, el aparato simbólico tenía como objetivo crear un andamiaje legal para la apropiación de los territorios18. Los indolentes libertinos carecían de las capacidades para ejecutar los proyectos civilizatorios que el “progreso” requería. En el caso centroamericano este se relacionaba con la geoestrategia de las rutas transístmicas y las empresas anexas a esos proyectos.

Los viajeros como fuente histórica

28El historiador profesional toma sus fuentes considerando el contexto y la situación histórica en las que se produjeron, ya sean estos testimonios jurídicos, diarios de viajes, estadísticas oficiales o cartas. Es innegable el valor que han tenido los escritos del siglo XVI de Fernando Gonzáles de Oviedo o Girolamo Benzoni. Las narraciones del primero jugaron un papel de primer orden en el desciframiento de la distribución de los grupos indígenas del norte de Costa Rica, así como de las dinámicas de sus intercambios comerciales en el Golfo de Nicoya19. Sin embargo, los etnohistoriadores como Ibarra se apoyan además en trabajos arqueológicos, lingüísticos y otros documentos.

29Según Quesada Pacheco20 la literatura de viajeros debe ser analizado desde tres dimensiones: la del actor, el testigo y el “creador”. Según ese autor es posible que uno de esos niveles predomine sobre el otro, o bien, los tres niveles pueden aparecer combinados, de manera complementaria21. Quesada Pacheco hace notar que cuando el autor es actor “hay una alusión directa a lo personal y la manera como se expresa es generalmente a través del diario”. Cuando el autor es testigo “el relato termina siendo un recuento de los hábitos y costumbres del pueblo o de la comunidad de anfitriones, de su forma de pensar, de la naturaleza que los rodea, etc.” En estos casos las informaciones pueden ser valiosas desde la perspectiva de la etnografía o la historia. Sin embargo, advierte Quesada que el “investigador siempre tendrá que tratar los relatos de viajeros con cautela ya que son sólo una ayuda, cumplen una función ancilar para el investigador, el cual deberá corroborar sus investigaciones con otros documentos de la época”.

30Por su parte, Juan Carlos Solórzano nos recuerda que las temáticas tratadas por los viajeros rara vez se encuentra en otro tipo de fuentes. Tal es el caso, de las narraciones del siglo XIX, que los viajeros del volumen Tropical Travels brindan. Sus descripciones de las peripecias para viajar a través de Centroamérica en 1849 durante el auge de la fiebre del oro, aunque sesgada en el ámbito racial, es valiosa por el carácter vivencial de lo arduo de la travesía.

31Los escritos de viajeros coleccionistas y recolectores de artefactos indígenas también pueden resultar de utilidad. Un ejemplo de esto son los relatos de Squire. Aunque plagados de un panorama humano imbuido de racismo exacerbado, incluso para los estándares del siglo XIX22, es posible que el arqueólogo encuentre de utilidad sus descripciones de las islas Pensacola y Zapatera con sus datos sobre el posicionamiento de los restos arqueológicos. Sea cual fuere el objetivo del investigador no es necesario repetir el lenguaje y las valoraciones racistas de este autor; pero sí puede entresacar las informaciones relevantes a los aspectos arqueológicos. Este es un ejemplo de una estrategia capaz de sortear los asaltos racistas.

32Los viajeros a veces también brindan atisbos referentes a los paisajes que son muy difíciles de encontrar. Como ejemplo podemos citar los viajes de Monseñor Thiel. A través de ellos, en nuestro trabajo de investigación, se han tratado de identificar aunque sea vagamente las actividades productivas y los componentes de los paisajes de la Talamanca y el Pacífico sur. Por ejemplo, Monseñor nos narra que:

bq. En Sibube, el indio Serapio tiene ganado, saca hule y zarza. Aquí debió existir en tiempo de la dominación española, una población de las catorce que formaban la comarca de Talamanca, pues hay varios desmontes, unos cubiertos de zacate y otros de árboles más jóvenes que el resto de la montaña. Hay mucha caza, sobre todo de gallinas y pavos salvajes23”.

33Esta descripción permite identificar los procesos de sucesión del bosque en el área, e indica un ecosistema saludable a pesar de la cercanía de la población por medio de la referencia a la caza. Probablemente los bosques en regeneración habían sido utilizados bajo el sistema de roza y quema. Otro ejemplo que podemos citar en esta línea son los trabajos de Gilbert Vargas en las sabanas de Bagaces. Este fitogeógrafo logró identificar los procesos de recuperación y deforestación de la sabana arbolada con base en los recuentos de los viajeros24. Otro ejemplo es la narración del náufrago viajero Cockburn, que describía en 1730 la costa del Pacífico sur totalmente desierta.

34Para cumplir el objetivo de romper la dependencia académica, es menester traducir los sesgos ideológicos del racismo. A partir de ello se debe circular la visión propia en formatos asequibles a lectores tanto nacionales como extranjeros. En ello las revista electrónicas juegan un importantísimo papel. La réplica es obligatoria.

35Todavía en el siglo XXI permanece el imaginario colonial de los trópicos como paraíso de depravación sexual y bárbara. La propia exuberancia de la naturaleza, ahora redescubierta bajo una nueva agenda ambientalista, en cuya visión se considera que ha de ser rescatada de los propios habitantes25. De ahí que la comprensión de la trayectoria histórica de esas percepciones resulte ineludible. Es necesario construir una historia autóctona y balanceada que dé cuenta de las problemáticas relevantes a nuestras sociedades. La lectura de los viajeros desde esta perspectiva contribuye a escribir la historia de “Nuestra América” en el sentido de José Martí.

Conclusiones

36El análisis realizado demuestra que los enfoques de Vargas y Solórzano no son incompatibles, sino que más bien, son complementarios. Cada autor trabaja con un objetivo diferente. En tanto uno analiza históricamente el funcionamiento del racismo y sus códigos gráficos y estéticos en la literatura de viajes, el otro depura los escritos para alimentar otros aspectos de la investigación histórica.

37El trabajo de Vargas es relevante para no reproducir esquemas desvalorizadores de lo propio. Entre tanto, Solórzano con sus trabajos recalca la importancia de la información histórica que puede ser rescatada sorteando la carga ideológica. Los historiadores utilizan múltiples fuentes. Igualmente el análisis del pasado requiere de muchas disciplinas. En este sentido puede ser que la convivencia a veces se torne incómoda. Sin embargo, ella es necesaria para construir una historia pertinente que se centre en problemas de investigación atinentes a las poblaciones locales, antes que a los proyectos de los países centrales.

38Aplaudimos los debates respetuosos como el que se ha dado entre Vargas y Solórzano, que obligan a los colegas a revisar sus argumentos y cuestionar su propio quehacer. El historiador consciente debe pasar a la acción; lo que ambos autores hacen escribiendo historias alternativas a las planteadas por los viajeros. Sin embargo, quedan debiendo en cuanto que su debate no busca trascender al ámbito de las sociedades de donde surgieron los viajeros. Quisiéramos ver sus debates también en las revistas anglosajonas.

Bibliografía

39Ana Isabel Herrera Sotillo, Monseñor Thiel en Costa Rica Visitas pastorales 1880-1901 (Cartago: Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2009).

40Christopher Alan Bayly, The Birth of the Modern World 1780-1914 (Victoria, Australia: Blackwell, 2004).

41David Arnold, Environment, Culture and European Expansion (Oxford: Blackwell, 1996).

42Ephraim George Squier, Nicaragua sus gentes y paisajes(Managua: Editorial Universitaria Centroamericana, 1972)

43Eric Hobsbawn, Nations and Nationalism since 1780 (Cambridge: Cambridge University Press, 1990).

44Eric Hobsbawn, The age of capital (New York: Random House, 1996).

45Eugenia Ibarra Rojas, Fronteras étnicas en la conquista de Nicaragua y Nicoya (San José: Editorial Universidad de Costa Rica, 2001).

46Germán Palacio, “Historia Tropical: A reconsiderar las nociones de espacio, tiempo y ciencia”, en Revista Tareas: 6 (2005), pp. 29-66

47Germán Palacio, Fiebre de tierra caliente. Una historia ambiental de Colombia 1850-1930 (Bogotá: ILSA, 2006).

48Gilbert Vargas Ulate, “La chaine volcanique de Tilaran et le bassin inférieur du fleuve Bebedero: conditions écologiques, végétation et mise en valeur Costa Rica”, (Bordeaux: Tesis Univerisdad de Bordeaux II, 1981).

49Jan de Vries, The Dutch Rural Economy in the Golden Age 1500-1700 (New Haven: Yale University Press, 1978).

50Juan Carlos Vargas, Tropical Travel The Representation of Central America in the 19th Century (San Jose: Editorial Universidad de Costa Rica, 2008).

51Juan Carlos Solórzano, “La importancia histórica de la literatura de viaje en Centroamérica: del período colonial al período republicano”, in _Boletín de la AFEHC, N° 60, (Octubre de 2014), consultado el 6 de octubre de 2015, http://www.afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*3774.

52Mark Davis, “The political ecology of famine: the origins of the Third World”, en Liberation Ecologies Environment, Development, Social Movements de Richard and Watts, Michael Peet, 48-63, (New York: Routledge, 2004).

53Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas Viajeros por Costa Rica de 1850 a 1950 (San José: Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2001).

54Steven Topik y Allen Wells, The Second Conquest of Latin America Coffee, Henequen, and Oil during the Export Boom 1850-1930 (Austin: University of Texas Press, 1998).

55Syed Farid Alatas, Alternative Discourses in Asian Social Science Responses to Eurocentrism (New Delhi: Sage, 2006).

56Notas al pie de página

571 Christopher Alan Bayly, The Birth of the Modern World 1780-1914 (Victoria, Australia: Blackwell, 2004), pág. 6.

582 Jan de Vries, The Dutch Rural Economy in the Golden Age 1500-1700 (New Haven: Yale University Press, 1978) p. 23 y Jan de Vries, The Industrious Revolution Consumer Behavoir and the Household Economy, 1650 to the Present(New York: Cambridge University Press, 2008), pags. 40-73.

593 Steven Topik y Allen Wells, The Second Conquest of Latin America Coffee, Henequen, and Oil during the Export Boom 1850-1930 (Austin: University of Texas Press, 1998).

604 Christopher Alan Bayly, “The Birth of the Modern World 1780-1914”.

615 Steven Topik y Allen Wells, “The Second Conquest of Latin America Coffee”, pág. 6.

626 Steven Topik y Allen Wells, “The Second Conquest of Latin America Coffee”, pág. 7.

637 Christopher Alan Bayly, “The Birth of the Modern World 1780-1914”.

648 Christopher Alan Bayly, “The Birth of the Modern World 1780-1914”, pág. 7.

659 Christopher Alan Bayly, “The Birth of the Modern World 1780-1914”, pág. 7.

6610 Eric Hobsbawn, Nations and Nationalism since 1780 (Cambridge, Cambridge: University Press, 1990), pág. 268.

6711 Christopher Alan, “The Birth of the Modern World 1780-1914”, pág. 205.

6812 Eric Hobsbawn, The age of capital (New York: Random House, 1996), pág. 267.

6913 Syed Farid Alatas, Alternative Discourses in Asian Social Science Responses to Eurocentrism (New Delhi: Sage, 2006), pág. 600.

7014 Juan Carlos Vargas, Tropical Travel The Representation of Central America in the 19th Century (San Jose: Editorial Universidad de Costa Rica, 2008), pág. 17.

7115 Mark Davis, “The political ecology of famine: the origins of the Third World”, en Liberation Ecologies Environment, Development, Social Movements de Richard and Watts, Michael Peet, (New York: Routledge, 2004), págs 48-63.

7216 Juan Carlos Vargas, “Tropical Travel The Representation of Central America”, pág. XI.

7317 David Arnold, Environment, Culture and European Expansion (Oxford: Blackwell, 1996), pág. 151-168. Germán Palacio, “Historia Tropical: A reconsiderar las nociones de espacio, tiempo y ciencia”, en Revista Tareas: 6 (2005), 29-66.

7418 Germán Palacio, Fiebre de tierra caliente. Una historia ambiental de Colombia 1850-1930 (Bogotá: ILSA, 2006) pág. 9.

7519 Eugenia Ibarra Rojas, Fronteras étnicas en la conquista de Nicaragua y Nicoya (San José: Editorial Universidad de Costa Rica, 2001).

7620 Juan Carlos Solórzano, La importancia histórica de la literatura de viaje en Centroamérica: del período colonial al período republicano , in Boletín de la AFEHC, N° 60, (Octubre de 2014), consultado el 6 de octubre de 2015.

7721 Miguel Ángel Quesada Pacheco, Entre silladas y rejoyas Viajeros por Costa Rica de 1850 a 1950 (San José: Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2001), pág. 23.

7822 Ephraim George Squier, Nicaragua sus gentes y paisajes(Managua:Editorial_ Universitaria Centroamerican, 1972) pags. 287-313.

7923 Ana Isabel Herrera Sotillo, Monseñor Thiel en Costa Rica Visitas pastorales 1880-1901 (Cartago: Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2009), págs. 167-168.

8024 Gilbert Vargas Ulate, “La chaine volcanique de Tilaran et le bassin inférieur du fleuve Bebedero: conditions écologiques, végétation et mise en valeur Costa Rica”, (Bordeaux: Tesis Université de Bordeaux II, 1981).

8125 Germán Palacio, “Historia Tropical”.

82

Para citar este artículo :

Patricia Clare Rhoades, « Los paisajes centroamericanos según los viajeros del siglo XIX, entre la fuente histórica y el discurso racial: análisis de un debate », Boletín AFEHC N°66, publicado el 04 septiembre 2015, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4093

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