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AFEHC : articulos : “El Tempisque que describieron, retrataron, me contaron, viví y necesito: oralidad, memoria e historia medioambiental de dos pueblos guanacastecos” : “El Tempisque que describieron, retrataron, me contaron, viví y necesito: oralidad, memoria e historia medioambiental de dos pueblos guanacastecos”

Ficha n° 4094

Creada: 18 octubre 2015
Editada: 18 octubre 2015
Modificada: 18 octubre 2015

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

“El Tempisque que describieron, retrataron, me contaron, viví y necesito: oralidad, memoria e historia medioambiental de dos pueblos guanacastecos”

Este artículo procura analizar la interrelación ser humano-ambiente en el territorio lacustre de la cuenca media del río Tempisque, localizado en el Pacífico Norte de Costa Rica. Partiendo del supuesto de que la mejor manera de entender el presente es a través de la reconstrucción del pasado, se pasa revista de las relaciones medioambientales originarias desarrolladas por las sociedades indígenas, junto con los cambios en el uso de los recursos disponibles en el período colonial. Proceso más o menos comparable, al desarrollado desde finales del siglo XIX y gran parte del XX, en el que se combinó una producción agropecuaria, una economía extractiva y el desarrollo de un transporte de cabotaje, que permitió la integración de la región, al naciente Mercado Nacional Costarricense. Un proceso exitoso, cuyos aspectos más concluyentes se evidenciaron en un prolongado proceso de modernización productiva, logrado a largo del siglo XX, que a la vez, ha resultado en un contundente desmejoro ambiental. Así, entre transformaciones y rupturas, se busca entender como el sentir campesino del pasado, evoluciona y se transforma en una queja silenciosa, de corte ambiental, en pos de restaurar sus derechos consuetudinarios de uso y acceso a los recursos tierra, bosque y avifauna de una sección de la bajura, en pleno siglo XXI. Para fines explicativos, se consideran las vivencias de los habitantes de Bolsón y Ortega, quienes, en la inmensa bajura, conservan una memoria histórica, donde los desajustes medioambientales contemporáneos son vitales para reconstruir un pasado idílico, al cual, es imposible de regresar. Un tema de tradición precedente, que trata de recuperarse, mediante fuentes orales, fotografías antiguas, descripciones de viajeros e informes científicos, que nos permiten ir y venir en el tiempo, y forjarnos una nueva explicación histórica, ahora, abrigada bajo el cobijo de la Historia Ambiental.
Palabras claves :
Historia Ambiental, Memoria Histórica, Producción Agropecuaria, Río Tempisque, Recurso Hídrico.
Autor(es):
Yanina Pizarro Méndez
Fecha:
Septiembre de 2015
Texto íntegral:

1

Introducción

2Son innumerables los estudios que han analizado el papel esencial que han jugado los recursos naturales en el desarrollo de distintas sociedades humanas. Eso sí, en la mayoría de las ocasiones, esa importancia, ha llegado a tomar nombres específicos como energía, agua, espacio para albergar al hombre, la tierra, el monte y otras representaciones ecosistémicas esenciales para la vida1.

En pleno siglo XXI, bajo la Crisis Global Ambiental, se ha hecho de rigor comprender las causalidades de por qué el ser humano se ha visto afectado por su medio a través del tiempo, y cómo diferentes actores ha propiciado tal escenario2. Múltiples son los aportes y discusiones en términos planetarios y globales, sin embargo, existente grandes deficiencias, o por lo menos, todavía no logramos entender a cabalidad, cuáles y cuantos han sido los costos ambientales en lugares concretos y microrregiones. Posiciones que evidencian una realidad concreta y palpable por ciudadanos citadinos y rurales.

3Muy a propósito delo anterior, la historia que tratamos de reconstruir, concentra su atención en el recurso agua, tierra, bosque y fauna en una sección del territorio lacustre3 del río Tempisque – cuenca Media- localizado en el Pacífico Norte de Costa Rica. Territorio que desde tiempos antiguos, por su riqueza ecológica, históricamente ha tenido una explotación económica ininterrumpida. Sin pretender a desarrollar determinismos geográficos, la clave de esa explotación prolongada, se ha fundamentado en las características física-geográficas de la región, pues la disponibilidad de grandes llanuras denominadas por los locales como bajuras por su poca altura, y las frecuentes inundaciones, ha permitido el depósito de material sedimentario. Material que se ha constituido en un acopio natural de nutrientes, favorable para el desarrollo de actividades agropecuarias. Tales inundaciones desarrolladas en la época lluviosa de mayo a noviembre también constituyeron la base fundamental de la complexión de importantes lagunas – humedales palustrinos y lacustrinos- que por su nivel de complejidad, usufructuaron ricos bosque repletos de avifauna. Humedales que tras la llegada de la época seca –entre los meses de noviembre a mayo- quedan impávidos entre la aridez tropical seco, dotando de recursos necesarios para la reproducción ecosistémica y económica de los habitantes. De tal forma, el territorio lacustrino del río Tempisque, ha sido descrito como la segunda cuenca más importante de Costa Rica, por su tamaño y su gran complejidad.

4Mapa 1

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Mapa de ubicación de la cuenca media y baja del río Tempisque
Mapa de ubicación de la cuenca media y baja del río Tempisque

6Bajo el epíteto conformado por tres tiempos históricos distintos, puntualizados mediante un Tempisque que describieron, retrataron, me contaron, viví, y necesito, se trata de evidenciar las lógicas de funcionamiento suscitadas de la relación ser humano-ambiente, en el largo plazo, y que hoy por hoy, ciertamente siguen vigente en la memoria histórica de dos pueblos, Ortega y Bolsón de Santa Cruz como defensa ambientalista4. De tal forma que la historia medioambiental, esta vez, sirve de pretexto para reconstruir una particular historia local de dos pueblos; inmersos en un tipo de poblamiento cercano a cuerpo de agua, principio que los últimos cuarenta años se ha modificado, por una demanda desmesurada de recurso hídrico de parte de la agroindustria de la caña de azúcar; fulminadora de una vieja lógica de producción campesina.

7Desde el punto de vista teórico-metodológico, el análisis no sólo se enmarca en la Historia Ambiental, que desde sus inicios en los Estados Unidos, hasta los planteamientos más próximos a América Latina, plantea la posibilidad de reconstruir el pasado a partir de los cambios suscitados en el ambiente, y, partir de ello, visualizar las implicaciones sociales y políticas de la misma, en las entrañas de la humanidad5. Historia que tras seguir los pasos de los pioneros trabajos de las Escuela de los Annales, la Escuela Marxista Inglesa, la Historia Económica y Social, en la actualidad, nos hace plantearnos, nuevas premisas y, sobre todo, nuevas demandas de los hacedores de las memorias históricas locales.

8Esto último porque, si la memoria histórica está conformada por los elementos del pasado que aún siguen retenidos en el presente, es muy posible que los historiadores tengamos por delante la encomiable tarea de analizar diferentes tiempos históricos, para así, reconstruir nuestro presente y, sobre todo, tratar de replantéanos un futuro alternativo. Como bien expuso el sociólogo francés, Maurice Halbwachs “(…) recorriendo mediante el pensamiento el marco del tiempo, es como hallamos en él la imagen del conocimiento del pasado; pero para ello es necesario que el tiempo sirva para enmarcar los recuerdos (…) No existe sociedad en la que hayamos vivido algún tiempo, que no subsista, o que no haya dejado al menos algún rastro de sí misma, en los grupos más recientes en que estamos sumergidos6 (…)”. Es por ello, que esta historia se trata de reconstruir mediante relatos orales, descripciones de viajeros, informes arqueológicos, fuentes secundarias y fotografías. Bajo la consigna de la triangulación fuentes y, sobre todo, de plantearnos la premisa ¿Cuánto podemos ver en lo que oímos? Supuesto, que en su conjunto nos llama a reflexionar, sobre las principales preocupaciones ambientales contemporáneas y su precedente condición en otros períodos históricos7.

9El juego de sujeto histórico como viajero, ancestro y testigo, trata de recobrarse mediante el epíteto hecho premisa de ¿cómo fue el Tempisque que describieron otras generaciones, retrataron viajeros foráneos, contaron los ancestros, han vivido los habitantes de Ortega y Bolsón, y qué aspectos necesitan cambiar de forma prospectiva? Lectura que a la postre, pretende analizar los cambios socioambientales suscitados en una gran longue durée, que por su carácter dinámico, busca satisfacer las necesidades cotidianas de la agencia social contemporánea, puesto que eso nos explica ¿por qué los pobladores contemporáneos de Ortega y Bolsón desean un lejano e idílico pasado8?

De los ecosistemas indígenas a la despensa colonial: el Tempisque que describieron los conquistadores y han analizado los arqueólogos

10Vivir en chozas de palma, reproducir sistemas de producción campesinas y tener una inexplicable relación con los cocodrilos ( American Crocodile Crocodylusacutus ) y el recurso hídrico, es una constante entre los pobladores de Ortega y Bolsón. Las causalidades, evidentemente, están ligadas a una cosmovisión indígena, que todavía en la sociedad contemporánea, pareciera que se niega a morir.

11Según descripciones de viajeros y las versiones más contemporáneas de la arqueología, los pueblos de Bolsón y Ortega, en otrora, formaron parte de una compleja sociedad cacical del grupo étnico Chorotega, que hibridando sus saberes tradicionales con otros grupos como los chibchas9, que el largo plazo, les permitieron asentarse en un complejo territorio lacustre e idear formas de subsistencias particulares.
Sociedad que en un principio sólo poseían labores de recolección, caza y pesca, y que los años, terminaron también desarrollando complejos sistemas de producción. Hoy por hoy se sabe, que desde el período Sapoa-Ometepe (800-1550 d.C), se practicó la agricultura como actividad principal, con un sistema de tala y quema, en la que intervenían las azadas (macanas) de madera o piedra y conchas para preparar y diseminar las semillas.
Estos campos de cultivo, estratégicamente, se localizaban en las cercanías a las casas, para protegerlos de las aves, e, incluso, en época de sequía, ante la proximidad a las redes fluviales, desarrollaron incipientes sistemas de regadíos manuales. Una vez recogida la cosecha, los granos se almacenaban en sitios especiales. Así, el maíz ( Zea mays ) – asociada a los metates y manos de moler-, los frijoles ( Phaseolusvulgaris ), las calabazas ( Cucurbitasp ), el chile ( Capsicumsp ), el algodón (las tres anteriores relacionadas con piezas de cerámica), el tabaco y el níspero (cuya producción monopólica la poseyó el grupo étnico chorotega), supuso el uso de técnicas rotativas para el desarrollo de cultivos, junto con la caza de tepezcuinte ( Agouti paca ), jaguar ( Felisonca ), conejo ( Silvilagusfloridanus ), armadillo cusuco ( Dasypusnovemcinctus ), garrobos ( Ctenosaurasimilis ) y distintos tipos de aves, que dotaron a la población de carne, huevos y plumas; y para complementar su dieta, también realizaron la pesca. Productos, que dependiendo de su nivel de conservación, fueron mercantilizados en sentido norte – Mesoamérica- y sur –zona Intermedia- mediante redes comerciales acuáticas. Economía, que sin duda, reflejó el lento y complicado proceso de adaptación de estos grupos indígenas al entorno natural del Trópico Seco10.

12Una base material, siempre propicia una sociedad compleja, por ello, en el Tempisque, sitios bajos, laderas, cuevas y ríos tributarios, desarrollaron patrones de asentamiento que de ser tímidos campamentos, pasaron a convertirse en caseríos y aldeas, que fueron adaptando a los individuos a una vida sedentaria, con asentamientos permanentes11. Así, los ranchos, se convirtieron en las figuras arquitectónicas más usada, organizadas, claro está, según su rango jerárquico social (nobles, plebeyos, esclavos y prisioneros de guerra). Estas unidades familiares, con una concentración poblacional de al menos veinte personas por kilómetro cuadrado, llegaron a atesorar ocarinas (flautas animistas), adornos y figuras con motivos zoomorfos, representados con jaguares, cocodrilos o lagartos, cerdos salvajes y aves12.

13Del contacto permanente con el ambiente, estos grupos étnicos, desarrollaron religiones animistas y politeístas, puesto que rendían culto al sol, la luna, las estrellas, las plantas, los animales y al agua. También, por influencia de los chorotegas, le rindieron culto a dioses mesoamericanos como “(…) Ehecatl (dios del viento), Tlaloc (dios de la lluvia y el fuego),Quetzalcoatl (serpiente emplumada) y kukulcan (supremo sacerdote13)”. Por ello, desde el punto vista simbólico, los primeros cronistas del siglo XVI, aludían a costumbres y rituales ceremoniales con el fin de obtener buenas cosechas. Aspectos que muchas veces, se vieron reflejados en piezas cerámicos monocromados y policromados, en la que los elementos naturales y sociales, representan la relación con el aire, el cielo, el agua, la abundancia, la fertilidad, la procreación y la tierra. Complejo sistema de creencias, de carácter polisemántico, interpretado como fuente de fertilidad y crecimiento de las cosas, o bien, como el lugar o hábitat en que vivían. Siempre uniendo lo profano con lo sacro, en la que la fauna era representada con imágenes supra-natural, que adquirían valores mágicos tangibles, a través de sacerdotes, que se transformaban en determinados animales para enfrentar la guerra y el viaje al inframundo vestidos de múrcielos y aves para curar enfermedades14.

14Al momento del contacto con los españoles, en el siglo XVI, el cacicazgo menor de Zapandí, aquel que según dice la leyenda, navegaba en las aguas del Tempisque sobre el lomo de un cocodrilo o lagarto, dirigió políticamente la parte llana del río, y formó parte de la gran organización cacical de Nicoya. Sin embargo, la irrupción de los peninsulares en el bosque tropical seco de la ahora provincia de Guanacaste, provocó el derrumbe paulatino del mundo indígena.
Sin duda, las férreas concepciones ancestrales del Mediterráneo, que traían consigo los españoles, difundió un cúmulo de valores y construcciones simbólicas, que orientaron a nuevas prácticas económicas, y, con ello, a cambios en las dinámicas territoriales en la otrora bajura de Zapandí.

15“Pues bien, en el año de 1599 era el Golfo de Nicoya (…) bien distinto al que hoy vemos (…) ya que las montañas de sus costas y sus islas estaban pobladas de selvas impenetrables [paisaje que] vio el oír y venir [de] apresuradas (…) barcas españolas de la una u otra costa, y desde la entrada (…) frente a Caldera, hasta el fondo en donde estaba (…) la desembocadura del río [Tempisque], la Despensa de su Majestad15”.

16De esta forma, el espacio geográfico descrito, no sólo se convirtió en un trampolín geográfico para acceder a nuevos núcleos indígenas de Nicaragua, sino que también se cristianizó en un rico espacio que por su riqueza hídrica dispensó tierras bien irrigadas y recursos naturales, a aquellos viajeros y exploradores ansiosos de tener con ellos un acceso social16.

17Una conjunción de enfermedades y trabajo esclavo en las lejanas tierras de Panamá y Perú, junto con el saqueo y la explotación irracional, generó el descenso de la población originaria, en las primeras tres décadas del siglo XVI. Mientras tanto, a partir de 1542, el rumbo de la obediencia, tras la aprobación de las Leyes Nuevas, se inclinó hacia la colonización del territorio, generando grandes cambios en la administración del área, especialmente con la llegada de nuevos funcionarios, administradores y misioneros.

18Así, este contingente hispano lograría establecer parcialidades – concentraciones de indios-, pueblos y reducciones indígenas, cuya administración recayó en órdenes religiosas. Y, con ello, los recursos naturales cayeron en manos de estos nuevos administradores que progresivamente trataron de reproducir sus originarias tierras lejanas, extrayendo recursos, reproduciendo la cabaña ganadera que ocupaba el espacio de la anterior sociedad indígena. Bajo la nueva dinámica organizacional, se valoró más un terreno desmontado, fundamental para la reproducción agropecuaria, que los viejos ecosistemas indígenas17. Más tarde, como bien se ha dicho, entre 1550-1680:

19“(…) la encomienda fue el mecanismo principal de explotación, a partir del trabajo comunales para cosechar, recolectar y elaborar productos autóctonos. Estos recursos ingresaban a las calas comunales, donde supuestamente eran administrados por el cabildo indígena, ya que el Corregidor como el fraile intervinieron de hecho en los bienes comunales18”.

20Tal como lo indicó Claudia Quirós, si bien es cierto que las cofradías en Costa Rica, funcionaron especialmente en el siglo XVIII, existe evidencia que desde el siglo XVI, las cofradías de Nicoya tuvieron su génesis como un mecanismo más efectivo para la administración. En el Tempisque dicho control territorial hispano se logró en 1726. La germinal cofradía de Nuestra Señora de la Concepción del Viejo, administró las tierras comunales – situadas en los alrededores de las mismas y especialmente localizados en sitios de humedal – conformadas por parcelas adjudicadas a diferentes familias de los pueblos, pasto comunal para el engorde del ganado y la recolección de la leña. Algunas secciones de esta área, también fue dedicada a actividades agrícolas comunales, bajo las costumbres de producción indígena y la inclusión de nuevas técnicas y cultivos exógenos. Sistema productivo basado en el viejo sistema indígena tributario, en la que intervenían caciques menores para la recolección y redistribución piramidal y bidireccional19.

21De hecho, bajo el contexto del siglo XVIII, las cofradías que surgieron en Costa Rica se desarrollaron como aquellas filiares españolas, que aprovechando la abundancia de tierras comunales para incrementar el hato ganadero, luego prosperaron en legendarias haciendas ganaderas manejadas de forma extensiva. Estos nuevos condicionantes generaron que los anteriores indígenas del cacique Zapandí, fueran concentrados y sometidos al pago de tributo indígena para generar prestaciones personales en el beneficio de los españoles20.

22De esa forma, en ese mismo siglo, en el Valle del Tempisque, el mestizaje tocó su puerta, producto de la emigración de habitantes procedentes de Rivas en Nicaragua. Población que prosiguió un comercio fundamentado en el tributo y las encomiendas, cuya lógica de funcionamiento se sustentaba en el trabajo comunal indígena21. Un comercio cimentado en el abastecimiento de sebo, cuero y la extracción del palo de Brasil. Por mucho, estos productos eran requeridos en plazas comerciales de Panamá y Nicaragua.

23Hacia mediados del siglo XVIII, el boom añiles salvadoreño y la lógica comercial de la Centroamérica colonial, cedió espacio a la ganadería en pie del Pacífico norte de Costa Rica, anteriormente de mayor tradición hondureña y nicaragüense. Esa apertura comercial, también fue comparable a las necesidades de abastecimiento de mulas para el comercio, y la faltante de subproductos como el cuero, la carne salada, el sebo y el queso, que en su conjunto, forjaron un pujante comercio terrestre en sentido norte desde el Tempisque.

24Ante esa situación, la creación del juzgado de tierras, permitió en poco tiempo, el denuncio de las propiedades localizadas en el valle del Tempisque, especialmente, por la buena disposición de pastizales e irrigación natural22. La empresa, fue tan exitosa, que el trabajo de los mestizos empezó a pagarse, la mayoría de las veces, mediante canjes de mercancías como carne y queso, e, incluso los propietarios empezaron a asumir el pago de sus indios tributarios23.
Hacia 1795 la Cofradía de Nuestra Señora de El Viejo, designada en múltiples ocasiones, como la mejor cofradía de la ahora provincia de Guanacaste, todavía tenía un núcleo poblacional de indígenas (27 varones y 15 mujeres24). Sin embrago, en 1805 en medio de las denominadas Reformas Borbónicas, un grito desesperado por tratar de retomar las riendas de las lejanas colonias americanas, desencadenó un largo proceso de cancelación y privatización de tierras. En ese sentido, los territorios de El Viejo, pasaron a ser la emblemática hacienda “ganadera”, con múltiples facetas productivas25.

25Bajo este contexto, los poblados de Ortega y Bolsón se desarrollaron como pequeños productores y jornaleros en las grandes propiedades –como El Viejo- resultado del mestizaje de aquella reducida población indígena, la naciente incorporación criollos blancos y la inclusión de emigrantes errantes de lugares distantes. El llamativo sistema lagunar de los humedales del Tempisque, una llanura aluvial – siempre fértil- y los territorios de sabana, lograron congregar mujeres enérgicas y hombres valerosos, que trabajaron la tierra, alimentaron el simbólico ganado en los pastizales y sobrevivieron con actividades de subsistencia dentro del exuberante bosque.

26El siglo XIX, período de transición del ligamen colonial al de formación del Estado-Nacional costarricense, estuvo teñido por la compra y ventas de propiedades. Desde esa época, el acaparamiento del territorio rivereño por parte de grandes propietarios, dio inicio a la queja exacerbada de los pobladores de Bolsón y Ortega, por la pérdida de espacios donde anteriormente estuvieron ubicados los sitios comunales. Según el historiador Lowell Gudmunson, la apropiación de esas tierras llevó a la oposición de emprendedores empresarios nicoyanos, comerciantes catalanes establecidos en Cartago, valle centralinos y nicaragüenses.

27“(…) Doña Rosa de Guzmán (…)era a la vez propietaria de la Hacienda “El Viejo”, contigua a la del Tempisque. En 1881 se inscribió el título a la del Viejo, de unas 452 hectáreas. Más, ya para 1911, la misma hacienda abarcaba nada menos que 23 343 hectáreas, todo por medio de rectificaciones de demasías, en donde un pequeño poblado de doce hogares habían sido expulsado por simple desahucio26”.

28Evidentemente, una economía extractiva, una consolidada ganadería y una agricultura con mercados seguros, acrecentó aún más el eterno delirio del Tempisque, la apropiación de la bajura, a pesar de que los residentes de los pueblos mencionados, siguieron haciendo uso de los recursos disponibles, incluso de aquellos situados resguardados por las grandes propiedades.

El Tempisque que me contaron, retrataron y viví: un pasado no muy lejano, pero que ahora es inexistente

29A finales del siglo XIX, Guanacaste consolidó las relaciones comerciales con el Valle Central de Costa Rica, pues desde la escasez de granos suscitada entre 1864 y 1865 por la especialización productiva del café, generó necesidades de consumo básico. De esa forma, la agricultura, la ganadería, las maderas y otros productos extractivos ganaron terreno en el exitoso mercado interno en sentido noreste.

30Esa específica coyuntura comercial, posibilitó que Bolsón y Ortega, por su posición geográfica en la cuenca Media del río Tempisque, y, la cercanía con el río Bolsón y al Golfo de Nicoya, desarrollaran la infraestructura básica para desenvolverse como pueblos mercantiles, especializados, claro está, en el transporte terrestre y el de cabotaje. Así, nacieron los legendarios puerto Ballena y puerto Bolsón, especializados en el transporte de pasajeros y comercio comestible.

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Puerto Bolsón en la década de 1930
Puerto Bolsón en la década de 1930

33Dentro de la región, también funcionaron otros puertos especializados en el transporte de madera y ganado, puesto que dichos productos generaron una gran rentabilidad productiva. Ese tipo de comercio, estaba favorecido y asegurado por un importante caudal del río.

34“(…) Para esos viajes se aprovechaba la marea alta y se anclaba durante la marea baja, de manera que se podía llegar a la desembocadura del Tempisque llamada “Boca del Toro” (…) El río era importante, tenía poco más o menos media milla marina de ancho, pero sus aguas eran turbias, lodosas y llenas de lagartos. Pasando una isla larga y la colonia Humo, que estaba situada en la ribera derecha, se subía al río que estaba encorvado hacia el Oeste, por los cerros de Catalina hasta llegar a Bolsón (…) El Bolsón era un río ancho, navegable hasta por los más grandes bongos, y estaba rodeado por densas selvas vírgenes habitadas por monos y loros27 (…)”.

35Para este tiempo, aprovechando las mejoras del transporte, en secciones exiguas a la bajura se desarrollaron frondosos maizales, arrozales y frijolares, producidos mediante técnicas tradicionales, en las que se creía interferían la luna, las camañuelas28, el calabazo, el espeque, un importante contingente genético de las variedades de semillas locales, y uno que otro “secreto” para eliminar las plagas.

36Las secciones de bosque espeso, muchas veces contiguo a ríos tributarios, quebradas y áreas de lagunas de la antigua hacienda El Viejo, amparaba el consumo de subsistencia de madera, palma, frutos, leña y carne silvestre a la población, tal como lo hacía en el período colonial. Esto porque la fauna, desde finales de siglo XIX y casi que todo el siglo XX, fue aprovechado para dotar de proteínas – carne- a la población, puesto que el ganado en el ámbito local, se utilizaba para dotar de queso, mantequilla, cuajada y leche-, por ello, cusucos, venados, tepezcuintes, saínos, viejas, tilapias, bagres, barbudos, guapotes y distintas especies de aves, sirvieron de complemento nutricional a la población en general. Para Lázaro Cascante, habitante de Ortega, los alrededores de la hacienda El Viejo era el centro de las anteriores actividades descritas.

37“La hacienda El Viejo eran unas 18 mil hectáreas, eso era montaña, vieras que linda era esa montaña, era virgen, yo la conocí porque antes a mí me llevaba la gente que era tiradora (…) cuando iban a cazar venados, tepezcuintes y saínos (…) Eso era desde el Tempisque hasta aquí abajo en la Girona (…) Vieras las ajochadas, las caimitadas, y toda clase de palos que antes existían. Esa gente de antes también iba a pescar, en todas esas montañas, pues eran muy ricas en pescado. Esas montañas eran abiertas, los linderos eran sólo los ríos. Ahí, en la montaña, habían caminos y no habían cercos, y no había nada, por eso la montaña era lado y lado (…) Una vez, yo fui con un señor y tiramos siete venados (…) Ese tiempo ya no volverá (silencio29)”.

38La impresionante cantidad de venados reseñados por el informante, parecen haber estado asociadas a un ciclo extractivo de pieles, desarrollado aproximadamente entre 1930 y 1970, en la que hábitat medianamente antropizados, saberes ancestrales, tradiciones llenos de significación y la observación experticia de los locales convergieron para desarrollar una economía realmente dinámica. Apolonio Bonilla, poblador de Ortega describe con lujo de detalles, esa peculiar temporada extractiva.

39“Yo conocí a Guicho – Leónidas Cascante- estaba macizo y él me contaba, que se metía a las cuevas, pues según decía ahí el lagarto no hacía nada, le rascaba la pansa y los amarraba, él le rascaba nuevamente la pansa y el animal se daba la vuelta. Dicen que tenía cosas raras para tener esos poderes y otros dicen que por ser Viernes Santo el animal no estaba bravo. Dicen que nadie le ganaba en las peleas y que se persignaba con el dedo gordo del pie. El amarraba el lagarto con una manila, claro eran unas cuevas grandes y detrás del lagarto, venía él. Las cuevas eran secas y los lagartos eran grandes. Luego traían el lagarto vivo en carreta. En aquellos tiempos al lagarto lo mataban, por el cuero y la manteca, porque era medicinal, porque es caliente, sirve para el asma, las contracturas, y el cuero lo vendían. Ahora el MINAE no nos deja matarlos. Para la lagarteada ellos iba con gente, los niños pequeños no iban, las mujeres no iban. Ellos llevaban sus traguitos(…) Antes iban a Las Palmas (…) en unas pozas que llamaban Las Pilas. Solo agarraban un animal cada lagarteada. Esa era la tradición, pero ahora es un negocio lucrativo30”.

40Así, una economía asociada a la extracción de pieles de lagarto, junto con la experticia de osados cazadores, teñida muchas veces con matices mágicos y discursos acordes de una masculinidad exacerbada, desarrolló una economía extractiva ampliamente rentable. Ciclo extractivo, combinado con tradiciones ancestrales en la que la pasión y muerte de un cocodrilo – antiguo dios lagarto indígena-, el Viernes Santo, permitía extraer su grasa con mayores efectos curativos. Tradición que todavía se práctica en Ortega, bajo el ausente sacrificio del animal, ante las regulaciones recientes del Ministerio de Ambiente y Energía31 (MINAE).

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La tradicional lagarteada en Ortega de Santa Cruz en 1970
La tradicional lagarteada en Ortega de Santa Cruz en 1970

42Al parecer, no sólo la saca de pieles fue el único negocio extractivo rentable hacia finales del siglo XIX y gran parte del XX, pues también se acrecentó notoriamente la tala y obtención de árboles. Así, el fructífero negocio maderero, estuvo matizado por el aumento de denuncios de tierra, puesto que los bosques sin uso productivo previo, se hicieron ampliamente rentables. Bajo esas circunstancias el pochote ( Bombaco psisquinata ), el cedro ( Cedrelao doratal ) y otros tipos de árboles maderables fueron objeto de un amplio comercio.

43Este ciclo maderero, nos brinda un panorama más completo y notable, si consideramos que la creación de limpios o desmonte – superficies conocidas por la extracción de árboles, tras la tumba, roza y quema- permitieron desarrollar nuevos espacios para la creación de repastos y territorios agrícolas.

44Lo anterior, porque buena parte de la primera mitad del siglo XX, en el Pacífico norte de Costa Rica, la nueva impronta de “orden y progreso”, entre tantas cosas, se personalizó mediante el aprovechamiento de la zona lacustre para el desarrollo de gramíneas – de origen africano – resistentes a las sequías.

45“Inmediatamente después de la tala del bosque, se provocaba la quema para eliminar los restos forestales. Esta acción periódica de tala/quema elimina las especies del bosque forestal y contribuye al aumento de la flora herbácea, graminoide y arbustiva típica de las haciendas ganaderas. Igualmente, dichas maderas se necesitaban para la construcción de corrales, cercas y casas de hacienda32”.

46José Cubillo33, sabanero (persona especializada en el cuido del ganado) manifestaba que sólo unas secciones de las haciendas, en la primera mitad del siglo XX, era en la que se incorporaban pastos africanos de pará, guinea, ajenjibrillo australiano y jaragua34, especialmente, en los potreros colindantes al Tempisque. Eso daba lugar a que cada semana, realizaran viajes a la zona montañosa (bosque) de las haciendas, para agrupar y transportar el hato que pastaba libre (extensivamente) hacia los potreros con pasto artificial (intensificación de la alimentación). Lo anterior, se convirtió en un exitoso mecanismo de rentabilización de la ganadería, puesto que poseer bosques con vegetación arbustiva nativa – alguna colindante a cuerpos de agua- y zonas de repastos, junto con nuevas razas de ganado con mejor calidad de carne, especialmente, la Zebú ( Bosindicus ) que desde 1920, mejoró la vieja y colonial variedad criolla ( Bostaurus ), generó un lucrativo y exitoso negocio ganadero.

47Así, entre 1880-1940, en los pueblos analizados, se consolidaron como una economía campesina, poseedora de matices costumbristas y exóticos, puesto que por un lado, la agricultura tradicional comprendía todos los saberes ancestrales de la cultura indígena, y algunos atisbos de la cultura ibérica. La ganadería, con viejas y nuevas técnicas para la reproducción del hato, se consolidó en la memoria local, como aquella lógica productiva llena de rentabilidad, poder y distinción social. Una economía campesina, que sin duda, solventó las necesidades de consumo de la sociedad local y, además, aseguró los comestibles y materias primas para el Mercado Nacional costarricense. Los recuerdos de Lazaro Cascante, explican aquel atesorado momento y su futura transformación.

48“(…) joven sembré arroz, maíz y frijoles, antes había tierra, ahora la tienen los terratenientes, por eso la gente sólo trabaja de peones, antes uno tenía vida propia, uno vendía el maíz en Puntarenas y ahora los negocios no le compran un puntalito (…) Antes habían mucha agua, el arroz chino, yo lo guardaba, se sembraba a mano y se cortaba a mano, teníamos chanchos para producir manteca (…) se sembraba con espeque (…) no había fertilizantes, para limpiar las tierras vírgenes se quemaban y nadie le decía nada a uno (…) Los frijoles se sembraban en octubre y se buscaban partes altas para que no se dañaran por las inundaciones, luego se metía ganado, aunque tenía otros potreros para eso (…) Yo luego use maquinaria, y fertilizantes, pero la tierra se contaminaba, ya nada es igual (…) Antes le daban tierras, eran tierras que no se ocupaban[por los grandes terratenientes], también se alquila y se esquilmaba, ahora mis hijos están engañados con la caña, les dan una cochinadita de plata y ellos [los cañeros ]viven de uno35(…)”.

49A través de estos relatos, entrevemos los lineamientos de las transformaciones más contemporáneas de los sistemas de producción agropecuarias, pues de una producción tradicional, se pasó a una producción moderna y agroindustrial. Lo anterior, tal vez no escape a la norma de otras realidades latinoamericanas, pero por lo menos, puede incentivar a futuras comparaciones en las que se esbocen las principales problemáticas compartidas a nivel económico y ambiental.
Lo anterior, porque en el caso concreto de Guanacaste, y, especialmente, en la llanura del río Tempisque, una triada de condiciones compuestas por características físico-geográficas, propiciaron una modernización de los sistemas de producción tradicionales. En ese sentido, la condición lacustre, fértil llanura y tipos de suelos, que habían permitido el establecimiento de los viejos sistemas de producción, propulsaron un nuevo proyecto de modernización estatal. Así, a galope constante, el proyecto estatal de diversificación productiva, tuvo uno de los centros en la bajura, a mediados del siglo XX.

50La Revolución Verde auspiciada por organismos internacionales implicó permutas en el manejo de los recursos disponibles y aprovechables, tanto en la agricultura como en la ganadería guanacasteca. Este proceso cuya gestación se desarrolló desde finales de 1940 con el apoyo del Ministerio de Agricultura e Industria, que posteriormente pasó a ser el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y el Servicio Técnico Interamericano de Cooperación Agrícola (STICA), se propuso la modernización de la agricultura y ganadería, mediante el incentivo crediticio a los productores, la incorporación de nuevos tipos de semilla, la investigación en materia de irrigación y la adquisición de nuevos tipos de pastos para el ganado.

51La rentabilización de la fértil bajura del Tempisque, contigua a los poblados de Ortega y Bolsón, fue propicia para el uso intensivo de agroquímicos y maquinaria. De esa manera, inició un período de experimentación de productos agroquímicos para el control de plagas tales como insecticidas, fungicidas, herbicidas y pesticidas. Adicionalmente, la apertura en Cañas de la estación experimental Enrique Jiménez Núñez en 1963, conllevó a una intensificación del proceso de investigación productiva, centrada especialmente en la elaboración y comercialización de abonos nitrogenados, fosfatados, potásicos y mixtos, el análisis de los factores que intervenían en la producción agrícola, la manutención del suelo agrícola, la investigación de la composición química del suelo, el estudio de las causas de las pérdidas de fertilidad del mismo, la detección de las consecuencias del continuo uso productivo de los suelos y los efectos producidos por la introducción de maquinaria36.

52A pesar del futuro alentador de las nuevas técnicas de producción agropecuarias, en el mediano plazo del Tempisque, especialmente entre 1950-1970, más que un punto de quiebre en los sistemas de producción, terminó siendo un lapso de tiempo, en la que coexistieron las técnicas productivas tradicionales, junto con las juveniles de la Revolución Verde37. Esta simbiosis entre lo tradicional y lo moderno, tarde o temprano, se reflejó en la radiografía productiva de la región. Ejemplo de ello fue el aumento de los rendimientos experimentados por la ganadería, pues en 1950 existía una tímida cantidad de unas 233 000 cabezas de ganado, cifra que aumentaría de una forma considerable en 1963, cuando el hato aumentó a unas 380 000 cabezas. Este particular éxito productivo, generaría un aumento en los sectores de repasto, tendencia que empezó a variar con la decadencia de los mercados hacia la década de 1980.

53Según técnicos del Servicio Técnico Interamericano de Cooperación Agrícola (STICA) la mayoría de los productores deseaban producir arroz en la bajura del Tempisque. Estas posiciones no deben ser extrañas en una región con amplias tendencias a inundación, que en su mayoría se utilizaba semillas de secano, cuya tendencia reproductiva aumentaba. De esa forma, la tradición añadida con el nuevo perfil productivo, aumentó exponencialmente los rendimientos de este producto. Para que nos demos una idea de esa situación, en 1955 se producían unas 25 883 hectáreas de arroz, y, más tarde, en 1968 el espacio dedicado al cultivo ascendió a unas 40 000 hectáreas38. Así, entre la incorporación de la técnica de fangueo, que permitía mezclar la materia orgánica del suelo, las malezas y los residuos de los cultivos anteriores, se fueron deteriorando los terrenos de humedal o lagunas39. Este tipo de antropización, no fue semejante a la registrada en el cultivo de maíz, pues este quedó con una menor desventaja productiva, pues de unas 1 522 hectáreas sembradas en 1955, se pasó a unas 1604 hectáreas en 196340.

54En medio de la ingenuidad y el asombro, los cambios en los sistemas de producción antes expuestos, fueron visualizados de forma positiva, aunque haya significado diferentes tipos de impactos ambientales. Lo anterior porque dentro del imaginario colectivo, la nueva promesa productiva, mucho más “democratizadora” que la que había imperado antes de 1950, incluía los estímulos bancarios y servicios técnicos, parcelas demostrativas e investigación destinada a grandes, medianos y pequeños productores41. Aunque, en la realidad, la modernización productiva de esta sección de la bajura, se haya desarrollado de forma desigual. Lo anterior porque en primer término, los grandes propietarios siempre tuvieron una mayor cantidad de ingresos al destinar mucho más terreno e inversión para capitalizar más ganancias.
Bajo este contexto, el sector ambiente empezó a ser el más menoscabado, reflejo de todo un conjunto de percepciones y mitologías populares que curiosamente reforzaron la idea de una disponibilidad y abundancia ilimitada e inagotable de los recursos. Ambiente que en términos generales, muchas veces fue visto como inagotables, por su abundancia, punto que se convirtió en uno de los principios fundamentales para una perniciosa pretensión de recarga y sobre explotación del territorio ribereño. Para los lugareños y el sector productivo, el agua, el bosque u otros recursos básicos – antes vitales para curiosas actividades extractivas- se perfilaron como el germen de su éxito productivo, especialmente la venta de maderas que desmontaba y dotaba de dinero para la inversión de agroquímicos.

55Como siempre se dice, una lógica tan particular de unas localidades, están inmersas en una articulación mucho más grandes, por ello, este aumento de producción entre 1950 y 1970, que se hizo extensiva hasta 1990, estuvo asociado a la apertura del Mercado Estadounidense y a las necesidades de abastecimiento del Mercado Nacional costarricense. En el caso específico del mercado norteamericano, la merma productiva de carne y el aumento del consumo de comidas rápidas en ese país, paralelo a la prohibición de importación de carne de Argentina y Uruguay por la fiebre aftosa generó el desmesurado aumento de la ganadería desde principios de la década 195042. Adicionalmente, el Mercado Nacional, sediento de productos evidentemente agrícolas para aumentar la creciente población costarricense, implicó una legítima necesidad productiva.

56Hacia la década de 1970, los cambios en la administración del Estado, tendencia denominada en Costa Rica como Estado Empresario, generó no sólo cambios en la perspectiva productiva de valle del Tempisque, sino que también en el panorama de uso del suelo, que a la postre, en 1990 generaría la consolidación de una agroindustria de caña de azúcar, arroz y melones. De hecho, en los territorios más aledaños a Ortega y Bolsón, se desarrollaron algunos ensayos con nuevas variedades de caña tendientes a aumentar los rendimientos productivos, que tarde o temprano, dejó sin oportunidades productivas a los locales.

El Tempisque que necesito: conflictos entre la memoria de los pueblos y la agroindustria.

57La memoria histórica ambiental contemporánea, guarda una serie de atisbos asociados a la economía. En el caso particular de los poblados analizados, la venta de tierras y el desarrollo de negocios acordes con la apertura de mercados de la caña de azúcar – especialmente el estadounidense que distribuyó su cuota azucarera en Latinoamérica, tras las ruptura de relaciones con Cuba en 1961- significó una sombra ennegrecedora de su futuro. De algún modo, las nuevas políticas del Estado buscando desarrollar empresas embrionarias, cuyo fin fundamental fue el traslado de la lógica de funcionamiento al capital privado, generó cambios en el manejo del suelo, especialmente con técnicas y la incursión de nuevas tecnologías generadoras de grandes cambios ambientales. Así, en La Guinea, un poblado no muy lejano a Bolsón y Ortega, se desarrollarían nuevas variedades de caña, acordes con el incipiente Ingenio El Viejo, aprovechando el crédito y la infraestructura lograda con anterioridad43. Sin duda, nuevos procesos productivos en lo que anteriormente fue la cofradía y la hacienda El Viejo, en términos de manejo ambiental y producción, representaría su principal lastre.

58“En El Viejo habían lagunas y cuando el ingenio, compró y sembró caña, todo lo aterraron (…) A frente de la casona, había una grande y, para allá del ingenio había otra, la mayoría de las veces uno veía aves, pero eso todo se acabó. La de Matarredonda de 60 hectáreas es la única que queda(…) Esa gente de El Viejo, empezó a utilizar líquidos en los cañales. Esas siempre iban a los ríos y el agua se contaminaba toda. De esa forma, murieron muchos peces, porque cada cierto tiempo ellos limpian el Ingenio y abrían las compuertas, y, todo eso, llegó al río (…) Así de esas forma, todos animales desaparecieron(…) También contaminaron mucho las quemas de la caña, haya todas las casas están rodeadas de caña, todos los desechos de la quema y el humo llegan a las casas. Ellos ahora queman de noche, pero antes lo hacían de día. Si uno tiene pozo, hay que taparlo porque se contamina, y las camas y la ropa hay que sacudirla porque el hollín pica (…) Sabe que es lo que pasa, que la gente está quedito, porque la mayoría de la gente trabaja en la azucarera, y, ellos piensan que si se hace una protesta se van a quedar sin trabajo44 (…)”.

59Las repercusiones ambientales asociadas al drenaje de varias lagunas u humedales para el uso intensivo de terrenos, el uso intensivo de agroquímicos, el manejo de los desechos líquidos, la pérdida de hábitat que abrigaban a la avifauna, el uso de la quema como agente primordial durante el período de zafra y las relaciones de poder desarrolladas entre patronos y empleados, representan sólo son una cara de la moneda de los conflictos desarrollados entre pobladores y empresarios45.

60Los otros talantes, parecen estar asociados al acceso y a la distribución al territorio rivereño y, en particular, a la participación productiva. Lo anterior, porque justamente la caña, históricamente creció paulatinamente entre grandes extensiones de pastizales y granos básicos. Sin embargo, factores trascendentales como mercados favorables, la muy bien lograda modernización productiva, los grandes proyectos de irrigación y un sector empresarial cañero sólido, bajo el amparo de la Liga Agrícola Industrial de la Caña de Azúcar (LAICA) y las políticas del Estado Empresario, crearon las condiciones propicias, para que a partir de 1990, la flor del verolís, se expandiera en la bajura del Tempisque.

61De esa forma, otros factores asociados como el mejoramiento vial, la transferencia tecnológica, la consolidación del riego y la modernización de los ingenios, permitieron ampliar la capacidad de molienda y la producción del azúcar. Gracias a ello, en el área de influencia de los poblados, el monocultivo desplazó la producción de algodón, sorgo, arroz y maíz, pues según algunas fuentes, en 1995 esta zona poseía unas 5400 hectáreas de caña de azúcar46.

62En tal esquema productivo, cada día se hizo poco viable la participación productiva de los pequeños y medianos productores. La incapacidad económica para mejorar e implementar nuevas y modernas técnicas de cultivo, la imposibilidad de introducir maquinaria, el inacceso al crédito y la poca agencia por parte del gobierno a implementar medida democratizadoras entre los diferentes sectores productivos, provocó la insalvable exclusión de dichos productores de arroz, maíz y ganado.

63Así, en los alrededores del Tempisque medianos y pequeños productores para seguir produciendo, dejaron atrás las viejas dependencia al Estado, bajo la nueva impronta de que las nuevas corporaciones azucareras dotaran de semillas, agroquímicos y mecanización. Más allá de estas desventajas y dependencias, las inundaciones – por falta de diques de contención- y la afectación de las lluvias que se tradujeron en una baja cuota de sacarosa, implicaron que algunos propietarios endeudados, no pudieran pagar los “alistos” o insumos. Cuestión que devino en la adquisición de nuevas deudas y compromisos con los grandes ingenios azucareros, lo que a la postre provocó la pérdida de tierras para honrar moratorias.

64Más allá de las competencias productivas, gran parte de la incomodidad de los pobladores devino del cambió rotundo en los habitad de humedal, pues eran reservorios que mantenían grandes poblaciones faunísticas y tierras bajo inundación altamente productivas. De esa manera, desde la década de 1970, las denominadas lagunas Grande y Chiquita en los territorios de El Viejo, fueron drenadas, y, con ello, los pobladores perdieron terrenos en los que habitualmente cazaban y desarrollaban cultivos de arroz, maíz y pasto. Sistemas de producción, a los que los pobladores podían acceder vía esquilmo, o bien, el simple favor del desmonte del bosque, situación que funcionaba tal como si fueran terrenos comunales, a la mejor desde la época colonial.

65Estos pobladores todavía no parecen acostumbrarse al inacceso a tierras lacustres fértiles y a la nueva presencia de la agroindustria, quien drenó, captó y planificó el agua de la gran bajura cercana al Viejo. Por tanto, la ancestral tierra ahora sólo está plagada de sistemas de producción foráneos – como la caña de azúcar-que desmejoran su economía, su vida y el ambiente.

66Conclusiones

67Evidentemente, la tierra, el agua, el bosque y los recursos faunísticos, pasaron por disímiles valoraciones de uso, en distintos períodos históricos por diferentes actores y sectores sociales que vivieron en el territorio ocupado actualmente por las localidades de Ortega y Bolsón. Sin embargo, la pregunta que vale la pena hacerse es ¿por qué en tan sólo cuarenta años las relaciones ser humano-ambiente se modifican tan dramáticamente? La respuesta, evidentemente puede estar asociado a una multiplicidad de factores. Para nuestros fines argumentativos, tal afectación, parece estar asociada a los cambios en las políticas del Estado, y, con ello, al establecimiento de una economía centralizada en los monocultivos y a la apertura de ciertos mercados. Si querer caer en enjuiciamientos, es muy evidente que distintos sectores y perspectivas de uso, tuvieron parte en la situación de desgaste ambiental actual. Pero lo que al final pesa, son los ritmos de apropiación y cambio drástico en el ambiente.

68De alguna forma, el Tempisque que describieron, retrataron, contaron, vivieron, y necesitan los pobladores, merece una lectura distinta en la que los conflictos sociambientales sean el centro del análisis. Confrontaciones, que el fondo, parecen guardar una queja exacerbada por el abandono de un modelo económico que apoyaba la producción ganadera, la siembra de granos básicos, e, indirectamente incluso una economía extractiva. Actividades que en su totalidad se desarrollaron en un territorio lacustre, con hábitats ricos en flora y fauna, que hace aproximadamente unos 30 y 40 años, en su mayoría fueron convirtiéndose en cañales, con pocos signos de vida y una inexistente democratización productiva. Sin duda, la memoria y las costumbres de ambos pueblos, parecen no haber modificado el sentido de pertenecía a los viejos comunales. Historia que por lo pronto, será una historia inconclusa, completada, sin duda, en un tiempo cercano.

Bibliografía

AcenethPerafán, “Transformaciones paisajísticas en la zona plana vallecaucana” en Revista Historia y Espacio 24: enero-julio (2005).

69Alejandro Tortolero, El agua y su historia. México y sus desafíos hacia el siglo XXI (México: Siglo XXI, 2000).

70Alejandro Tortolero, Tierra, agua y bosque. Historia y medio ambiente en el México central (Guadalajara: Instituto de Investigaciones, 1996).

71Alfred Crosby, Imperialismo ecológico: la expansión biológica de Europa, 900-1900 (Barcelona: Crítica, 1986).

72AnneChapman, Los nicaraos y los chorotegas según las fuentes históricas (San José: Publicaciones de la Universidad de Costa Rica, 1974).

73Carlos Meléndez, Viajeros por Guanacaste (San José: Departamento de Publicaciones del Ministerio de Cultura, Juventud y Deporte, 1974).

74Claudia Quirós, “Las cofradías indígenas en Nicoya” en Revista de Historia 36: 43 (1997).

75Comisión Brundtland de 1988, Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992.

76David Soto Fernández, Antonio Herrera González de Molina, Manuel González de Molina & Antonio Ortega, “La protesta campesina como protesta ambiental, siglo XVIII-XX” en Historia Agraria 42 (2007).

77Donald Worster, Transformaciones de la tierra (Montevideo: CLAES, 2008).

78Edgar Espinoza & Dominique Rigat, “Gran Nicoya y la región de Chontales” en Vínculos 18 (1994).

79Eduardo Madrigal, “La élite colonial de Costa Rica de cara a las instituciones de poder monárquico, 1600-1718” en Reflexiones 2: 86,(2007), págs..181-189

80ElionorMelville, La plaga de las ovejas: consecuencias ambientales de la conquista de México (España: Fondo de Cultura Económica, 2000).

81Enrique Leff, Ecología y capital (México: UNAM, 1986).

82Eugenia Ibarra, Fronteras étnicas en la conquista de Nicaragua y Nicoya. Entre la solidaridad y el conflicto 800 d.C.-1544 d.C (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2001).

83Federic Lange,“The Greater Nicoya archaeologlcal subarea” En Federic Lange & Doris Stone (eds.) The Archaeology oJ Lower Central America (Albuquerque:Unlverslty of New México Press, 1984).

84Germán Palacios, Repensando la naturaleza. Encuentros y desencuentros disciplinarios en torno a lo ambiental (Colombia: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2004).

85John Mcneil, “Naturaleza y cultura de la historia ambiental” en Nómadas 22, (2005).

86Jorge Marchena, “El nacimiento de las corporaciones azucareras en Guanacaste, 1890-1970 en Diálogos 16: 2 (2015).

87José A. González Alcantud & Manuel González de Molina, La tierra. Mitos, ritos y realidades (Barcelona: Anthrospos Editorial, 2011).

88José Manuel Naredo, La economía en la evolución. Historia y perspectiva de las categorías básicas del pensamiento económico (Madrid; Siglo XXI, 1987).

89Juan Carlos Solórzano, “Conquista, colonización y resistencia indígena en Costa Rica”, en _Revista de Historia_25: 111 (1992).

90Juan Marchena, Ejército y milicias en el mundo colonial hispanoamericano (Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1998).

91Juan Vicente Guerrero & Felipe Solís, Lospueblos antiguos de la zona Cañas-Liberia, del año 300 al 1500 después de Cristo (San José: Museo Nacional de Costa Rica, 1997).

92Julia Inés, “Dinámicas territoriales conducentes a la degradación ambiental en áreas rurales del sur de la región pampeana argentina” en HALAC 4 (2) (2015).

93Lowell Gudmunson, Hacendados, Políticos y Precaristas: La Ganadería y el Latifundismo Guanacasteco, 1800–1950 (San José: Editorial Costa Rica, 1983).

94MAG, Memoria 1967 (San José, Costa Rica: MAG, 1967).

95Manuel González de Molina & Joan Martínez Alier, “Historia y ecología” en Ayer 11 (1993).

96Manuel González de Molina, “El agua como factor limitante de la producción agrícola en Andalucía Oriental. La Vega de Granada, siglo XIX y XX” E, Ramón Garrabou José Manuel Naredo (Ed), El agua en los sistemas agrarios. Una perspectiva histórica (Madrid: Visor, 1999).

97Manuel González de Molina, “La crisis de la modernidad historiográfica y el surgimiento de la historia ecológica”, en Historia e Meio-ambiente. O impacto da expansaoeuropeia.

98Manuel Gozánlez de Molina & Víctor Manuel Toledo, Metabolismo, naturaleza e historia. Hacia una teoría de las transformaciones socioeconómicas (Barcelona: Icaria Editorial, 2006).

99Marc Edelman, La lógica del latifundio (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1998).

100Marina Poggi, “Transformaciones territoriales en una perspectiva medioambiental” en HALAC 4 (2) (2015).

101Maurice Halbwachs, La mémoire collective [1950] (: Paris, Francia : Éditions Albin Michel, 1997).

102Mayra Achio& Ana Escalante, Azúcar y Política en Costa Rica(Costa Rica: Editorial Costa Rica, 1985).

103MeadowsDonella, Los límites del crecimiento. Informe al Club Roma sobre el Predicamento de la Humanidad (México, Fondo de Cultura Económica. 1972).

104Rachel Carson, Primavera silenciosa (Londres: Penguin, 1972).

105Tirso Maldonado, Evaluación ecológica rápida región del Tempisque Guanacaste, Costa Rica (San José: Fundación Neotrópica, 1995).

106Wilder Sequeira, La hacienda ganadera en Guanacaste: aspectos económicos y sociales 1850-1900(San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1985).

107Willian Cronon, Chenges in the Land: indians, colonists, and the ecology of New England (New York:, 1983).

108Wilson Picado “Sustentabilidad de a insustentabilidad. La historia y el desarrollo sustentable” en _Ambientales_39: 26-36 (2010).

109Wilson Picado, “Las buenas semillas. Plantas, capital genético y Revolución Verde en Costa Rica” en HALAC 2: 2 (2013).

110Yanina Pizarro, “¿Montear para subsistir o acosar para preservar? Percepciones y simbolismos sobre la lagarteada en la bajura del río Tempisque, Costa Rica (1880-2008)” en Revista de la Sociedad Latinoamericana de Historiadores Ambientales (HALAC), 1: 2(2012).

111Notas al pie de página

1121 Véase Manuel González de Molina & Joan Martínez Alier, “Historia y ecología” en Ayer 11 (1993), págs.11-251, Alejandro Tortolero, Tierra, agua y bosque. Historia y medio ambiente en el México central(Guadalajara: Instituto de Investigaciones, 1996), Manuel González de Molina, “El agua como factor limitante de la producción agrícola en Andalucía Oriental. La Vega de Granada, siglo XIX y XX” E, Ramón Garrabou José Manuel Naredo (Ed.), El agua en los sistemas agrarios. Una perspectiva histórica (Madrid: Visor, 1999), págs. 275-316, Donald Worster, Transformaciones de la tierra (Montevideo: CLAES, 2008),Willian Cronon, Chenges in the Land: indians, colonists, and the ecology of New England (New York, 1983). Alejandro Tortolero, El agua y su historia. México y sus desafíos hacia el siglo XXI (México: Siglo XXI, 2000), Aceneth Perafán, “Transformaciones paisajísticas en la zona plana vallecaucana” en Revista Historia y Espacio 24: enero-julio (2005), págs. 111-138, Manuel González de Molina & Víctor Manuel Toledo, Metabolismo, naturaleza e historia. Hacia una teoría de las transformaciones socioeconómicas (Barcelona: Icaria Editorial, 2006), David Soto Fernández, Antonio Herrera González de Molina, Manuel González de Molina & Antonio Ortega, “La protesta campesina como protesta ambiental, siglo XVIII-XX” en Historia Agraria 42 (2007), págs. 277-301, José A. González Alcantud & Manuel González de Molina, La tierra. Mitos, ritos y realidades(Barcelona: Anthrospos Editorial, 2011), págs. 8-29, Marina Poggi, “Transformaciones territoriales en una perspectiva medioambiental” en Revista de la Sociedad Latinoamericana de Historiadores Ambientales 4 (2) 2015, Julia Inés, “Dinámicas territoriales conducentes a la degradación ambiental en áreas rurales del sur de la región pampeana argentina” en Revista de la Sociedad Latinoamericana de Historiadores Ambientales 4 (2) 2015.

1132 Al menos se pueden evidenciar cuatro esbozos clásicos: Rachel Carson, Primavera silenciosa (Londres: Penguin, 1972), Meadows Donella, Los límites del crecimiento. Informe al Club Roma sobre el Predicamento de la Humanidad (México, Fondo de Cultura Económica. 1972), Comisión Brundtland de 1988, Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992. Ver Wilson Picado “Sustentabilidad de a insustentabilidad. La historia y el desarrollo sustentable” en _Ambientales_39, págs. 26-36 (2010).

1143 Para efectos del análisis, lacustre, debe de ser entendido como aquel hábitat y los recursos desarrollados en las cercanías o dentro de las lagunas y las orillas de los ríos.

1154 Los poblados descritos se localizan en el Pacífico Seco de Costa Rica, en el cantón de Santa Cruz de la provincia de Guanacaste. Desde el punto de vista hídrico, la comunidad se sitúa en la cuenca media del río Tempisque, e, históricamente, se les ha asociado las lógicas de funcionamiento de las grandes haciendas o propiedades, especialmente, a la Hacienda El Viejo.

1165 Diferentes teóricos desde la década 1970, han esbozado una concepción básica de Historia Ambiental, la cual, explica las relación subscritas entre el ser humano-ambiente, en diferentes temporalidades y espacios geográficos. Distintas posiciones al respecto pueden ser vistas en: Enrique Leff, Ecología y capital (México: UNAM, 1986), Manuel González de Molina, “La crisis de la modernidad historiográfica y el surgimiento de la historia ecológica”, en Historia e Medio-ambiente. O impacto da expansaoeuropeia, José Manuel Naredo, La economía en la evolución. Historia y perspectiva de las categorías básicas del pensamiento económico (Madrid; Siglo XXI, 1987), Joan Martínez Alier, Economía y ecología: cuestiones fundamentales(España: Editorial, 1991), Germán Palacios, Repensando la naturaleza. Encuentros y desencuentros disciplinarios en torno a lo ambiental(Colombia: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2004), John Mcneil, “Naturaleza y cultura de la historia ambiental” en Nómadas 22, (2005), Donald Worster, Transformaciones de la tierra (Montevideo: CLAES, 2008).

1176 Véase Maurice Halbwachs, La mémoire collective [1950] (Éditions Albin Michel: Francia, 1997).

118fn7.Este artículo, es parte de los esbozos presentados en el Congreso Latinoamericano de Historia Oral, realizado en junio del presente año en Costa Rica, en el cual, se estableció una explicación general de la Historia Ambiental de Bolsón y Ortega asociada al Refugio Nacional de Vida Silvestre Cipanci. Historia que formó también parte de los resultados obtenidos de la tesis de Maestría titulada: “Memoria del bosque, lamentación del río: cambios en los sistemas productivos e impactos medioambientales en la cuenca media del río Tempisque (1950-2007)”, presentada en el ya lejano año 2012.

1198 La Historia Aplicada en sus visiones más simples, trata de desarrollar investigaciones con explicaciones útiles a los colectivos y organizaciones bajo la perspectiva retro y prospectiva, tratando de resolver o por lo menos, indagar problemáticas concretas de las Historia Contemporánea. Véase Lorenzo Fernández & Wilson Picado. “Dossier el valor y la aplicación de la historia en el presente” en Revista de Historia 70 (2014).

1209 Los Chorotegas llegaron procedentes de Nicaragua y se hibridaron otros grupos locales.

12110 Anne Chapman, Los nicaraos y los chorotegas según las fuentes históricas (San José: Publicaciones de la Universidad de Costa Rica, 1974), Edgar Espinoza & Dominique Rigat, “Gran Nicoya y la región de Chontales” en Vínculos 18 (1994), págs. 139-189, Eugenia Ibarra, Fronteras étnicas en la conquista de Nicaragua y Nicoya. Entre la solidaridad y el conflicto 800 d.C.-1544 d.C (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2001).

12211 Juan Vicente Guerrero & Felipe Solís, Los pueblos antiguos de la zona Cañas-Liberia, del año 300 al 1500 después de Cristo (San José: Museo Nacional de Costa Rica, 1997).

12312 Federic Lange,The Greater Nicoya archaeological subarea En Federic Lange & Doris Stone (eds.) The Archaeology oJ Lower Central America(Albuquerque: Universlty of New México Press, 1984).

12413 Juan Vicente Guerrero & Felipe Solís, “Los pueblos antiguos de la zona Cañas-Liberia, del año 300 al 1500 después de Cristo”.

12514 Juan Vicente Guerrero & Felipe Solís, “Los pueblos antiguos de la zona Cañas-Liberia, del año 300 al 1500 después de Cristo”.

12615 Ayer y Hoy (julio-agosto de 1950), pág. 15.

12716 Véase Juan Marchena, Ejército y milicias en el mundo colonial hispanoamericano (Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1998), Eduardo Madrigal, “La élite colonial de Costa Rica de cara a las instituciones de poder monárquico, 1600-1718” en Reflexiones 2: 86, (2007), págs. 181-189.

12817 Véase Carolyn Hall, Costa Rica, Una interpretación geográfica con perspectiva histórica (San José: Editorial Costa Rica, 1984), págs. 69-81, Alfred Crosby, Imperialismo ecológico: la expansión biológica de Europa, 900-1900 (Barcelona: Crítica, 1986), Elionor Melville, La plaga de las ovejas: consecuencias ambientales de la conquista de México(España: Fondo de Cultura económica, 2000).

12918 Claudia Quirós, “Las cofradías indígenas en Nicoya” en _Revista de Historia_36: 43 (1997).

13019 Claudia Quirós, “Las cofradías indígenas en Nicoya”, pág. 55.

13120 Juan Carlos Solórzano, “Conquista, colonización y resistencia indígena en Costa Rica”, en _Revista de Historia_25: 111 (1992).

13221 Juan Carlos Solórzano, “Conquista, colonización y resistencia indígena en Costa Rica”, pág. 197.

13322 Marc Edelman, La lógica del latifundio (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1998), pág. 46-47.

13423 Claudia Quirós, “Las cofradías indígenas en Nicoya”, pág. 68.

13524 Claudia Quirós, “Las cofradías indígenas en Nicoya”, pág. 68

13625 Claudia Quirós, “Las cofradías indígenas en Nicoya”.

13726 Lowell Gudmunson, Hacendados, Políticos y Precaristas: La Ganadería y el Latifundismo Guanacasteco, 1800–1950 (San José: Editorial Costa Rica, 1983), pág. 183.

13827 Carlos Meléndez, Viajeros por Guanacaste (San José: Departamento de Publicaciones del Ministerio de Cultura, Juventud y Deporte, 1974), pags.234-235.

13928 Este ha sido un sistema tradicionalmente utilizado para observar el estado del tiempo desarrollado en los primeros días del año, para así deducir el comportamiento y la abundancia de lluvias en la época lluviosa.

14029 Apolonio Bonilla Cascante, Ortega, 2010.

14130 Lázaro Cascante, Ortega, 2010.

14231 Véase Yanina Pizarro, “¿Montear para subsistir o acosar para preservar? Percepciones y simbolismos sobre la _lagarteada_en la bajura del río Tempisque, Costa Rica (1880-2008)” en _Revista de la Sociedad Latinoamericana de Historiadores Ambientales, 1: 2(2012).

14332 Wilder Sequeira, La hacienda ganadera en Guanacaste: aspectos económicos y sociales 1850-1900(San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1985), pág.38.

14433 José Gollo fue uno de los más populares sabaneros de la Hacienda La Girona, propiedad de Francisco (Chico) Cubillo. José Gollo, Santa Cruz, febrero 7, 2009.

14534 Marc Edelman, La lógica del latifundio, pág. 87.

14635 Lázaro Cascante, Ortega, 2010.

14736 El Agrario Nacional (7 de octubre de 1950), pág. 2.

14837 Véase Wilson Picado, “Las buenas semillas. Plantas, capital genético y Revolución Verde en Costa Rica” en Revista de la Sociedad Latinoamericana de Historiadores Ambientales 2: 2 (2013).

149fn38.MAG, Memoria 1967 (San José, Costa Rica: MAG, 1967), pág. 17-18.

15039 Para más detalle consultar: http://tiopelon.cr (Fecha de acceso: 12 de agosto de 2011).

15140 Dirección General de Estadística y Censo, Censo Agropecuario de 1955 y 1963 (San José: Dirección General de Estadística y Censo, 1963).

15241 El cuerpo institucional que se hizo cargo de esa empresa fue: Sistema Bancario Nacional, Consejo Nacional Productores (CNP), Agentes de Extensión Agrícola, Técnicos del Centro Agrícola Regional e Ingenieros Asesores del Consejo Nacional de Producción.

15342 Es importante recalcar la existencia de otros productos de secano como el algodón, el sorgo y la soya, que en coyunturas específicas también se incorporaron a mercados específicos.

15443 El Pacífico Seco, ante de 1950 no había representado alguna importancia en la producción nacional azucarera, pues la mayoría se concentraba en el Valle Central. Véase Mayra Achio & Ana Escalante, Azúcar y Política en Costa Rica(Costa Rica: Editorial Costa Rica, 1985).

15544 Lázaro Cascante, Ortega, 2010.

15645 Jorge Marchena, “El nacimiento de las corporaciones azucareras en Guanacaste, 1890-1970 en Diálogos 16: 2 (2015).

15746 Tirso Maldonado, Evaluación ecológica rápida región del Tempisque Guanacaste, Costa Rica (San José: Fundación Neotrópica, 1995), pág. 43.

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Para citar este artículo :

Yanina Pizarro Méndez, « “El Tempisque que describieron, retrataron, me contaron, viví y necesito: oralidad, memoria e historia medioambiental de dos pueblos guanacastecos” », Boletín AFEHC N°66, publicado el 04 septiembre 2015, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4094

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