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AFEHC : articulos : Transformaciones ambientales y fiebre amarilla en el Caribe de Costa Rica, 1898-1909 : Transformaciones ambientales y fiebre amarilla en el Caribe de Costa Rica, 1898-1909

Ficha n° 4097

Creada: 22 octubre 2015
Editada: 22 octubre 2015
Modificada: 29 octubre 2015

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Autor de la ficha:

Allan José VíQUEZ MORA

Editor de la ficha:

Wilson PICADO

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Transformaciones ambientales y fiebre amarilla en el Caribe de Costa Rica, 1898-1909

El artículo explora la relación entre las transformaciones ambientales y la presencia de la fiebre amarilla en el Caribe costarricense durante la transición hacia el siglo XX. Argumenta que, a la par de las condiciones climatológicas propias de la región, la apropiación del espacio para cultivar, poblar y urbanizar contribuyó con la transformación ambiental del Caribe, y la convirtió en el hogar óptimo para la reproducción y difusión del vector transmisor de la enfermedad. Discute cómo la enfermedad debe insertarse dentro de los estudios de historia ambiental, dado que la mano del ser humano sobre el medio ambiente altera el comportamiento sobre otras comunidades naturales, a veces a su favor, a veces en contra.
Palabras claves :
Fiebre amarilla, Enfermedades, Transformaciones ambientales, Caribe, Limón
Autor(es):
Allan José Víquez Mora
Fecha:
Septiembre de 2015
Texto íntegral:

1Al finalizar la década de 1890, varias zonas del territorio costarricense experimentaron la presencia de la fiebre amarilla. Nunca antes se habían registrado tantos casos de este padecimiento, como ocurrió durante el fin de siglo y la década que le sucedio1. Para el momento en que aparecieron los primeros signos de epidemia en el Pacífico seco alrededor de 1898, el “vomito negro” había tenido una amplia difusión a través del Caribe americano durante casi dos siglos. No debe sorprender, dado que el medio ambiente y la influencia del ser humano en la modificación de las condiciones ecológicas de la región desde el arribo de los europeos crearon un entorno ideal para la reproducción del vector que lo transmite. Sin embargo, a partir del siglo XIX la formación de vínculos con el mercado mundial por medio de la agroexportación, aceleró la transformación del entorno geográfico. ¿Acaso este último proceso hizo de la región un hogar habitable para el medio transmisor de la fiebre amarilla?

2Este artículo explora cómo las transformaciones ambientales en el espacio geográfico caribeño al finalizar el siglo XIX contribuyeron a la difusión de una de las causas de muerte que más azotaron la región durante más de un siglo. Los cambios en el espacio de orden antropogénico – junto con condiciones naturales favorables para la reproducción del vector – ofrecieron un ambiente ideal para la existencia de la fiebre amarilla o “vómito negro”, padecimiento que resultó letal para piratas, conquistadores y colonizadores del Caribe. El lector podrá preguntarse, ¿por qué no abordar otras afecciones con el mismo medio de transmisión, tales como la malaria? Aunque ambas enfermedades se desarrollan en ambientes similares y presentan síntomas análogos, como temperatura e ictericia, la fiebre amarilla puede producir sangrado por la nariz y oídos, y en otros casos se manifiesta por el vómito de coágulos de sangre de color oscuro. Evidentemente, esto facilitaba al médico discernir entre ambas enfermedades, y le permitía documentar los casos, lo cual nos brinda a los historiadores la oportunidad de abordar el fenómeno. Específicamente, analiza la relación entre ecología y enfermedad en el Caribe costarricense durante la década 1898-1909, en la cual se registró la mayor cantidad de casos y defunciones a causa de esta enfermedad.

3El artículo se basa en el estudio hecho por John R. McNeill en torno a cómo la geopolítica del Gran Caribe desde el siglo XVII fue en parte moldeada por la presencia de enfermedades transmitidas por la picadura de mosquitos. Las potencias trasatlánticas que compitieron entre sí por el control de la región tuvieron éxito en la medida en que soldados, piratas y colonizadores adquirieron inmunidad o algún tipo de resistencia frente a la enfermedad, o lograron controlar su difusión. Al mismo tiempo, el desarrollo de actividades tan lucrativas como el comercio de esclavos y las plantaciones tropicales – principalmente, caña de azúcar – transformó la ecología de la región, creando un ambiente adecuado para la reproducción de agentes vectores de la fiebre amarilla y la malaria2.

4A nivel metodológico, este estudio examina las transformaciones del medio ecológico y sus efectos por medio de diversas fuentes documentales. Los reportes médicos de la marina norteamericana constituyen una fuente muy rica de información para el estudio de las enfermedades a nivel mundial y proveen datos complementarios a las estadísticas oficiales, pues registran el número de casos y defunciones a causa de diversas enfermedades; no obstante, el investigador debe manejarse con cautela a través de estos informes, dados los errores que cometían las autoridades de salud norteamericanas al confundir nombres de pueblos y ciudades, únicamente explicado por el comprensible desconocimiento de la geografía y toponimia básicas del lugar. Otra limitación de esta fuente se refiere a la escasa coordinación entre las autoridades estatales y las de la marina – que muchas veces se fiaba de informes brindados por la prensa – en lo que respecta a las estadísticas de casos y defunciones. No obstante, los informes reflejan que el fenómeno mereció la atención por parte del gobierno y los médicos foráneos. Adicionalmente, se cuenta con diversos estudios que permiten observar la dinámica del cambio medio ambiental en la región a partir de la ampliación de la red de transportes, la producción agrícola para la exportación y el crecimiento de la población. La exposición se divide en cuatro partes: inicia con una sucinta caracterización del origen, reproducción y comportamiento de la enfermedad. La segunda parte analiza la forma en que las transformaciones ambientales y la acción humana dieron origen al carácter epidémico de la fiebre en el Caribe durante el periodo 1898-1909. A continuación, esboza brevemente la respuesta de las autoridades costarricenses frente al fenómeno; finalmente presenta algunas consideraciones finales en torno a la exposición.

5El virus de la fiebre amarilla y el vector que lo transmite son originarios del continente africano. Dado que existen similitudes genéticas entre el virus presente en América y aquél de África occidental, es posible aseverar que vector Aedes aegypti hembra logró sobrevivir la travesía trasatlántica hacia el Nuevo Mundo – unas seis u ocho semanas – a bordo de los barcos utilizados para el comercio de esclavos3. El medio de transmisión del virus fue desconocido hasta finales del siglo XIX, cuando el fenómeno recibió mayor atención por la ciencia médica. El médico cubano Carlos Finlay expuso en 1881 la hipótesis de la transmisión por medio del A. aegypti, con muy poca recepción entre la comunidad científica. La idea de que los insectos podían ser agentes portadores de enfermedades, en ese momento era poco discutida4. Los resultados de Finlay fueron retomados por una comisión norteamericana encabezada por el médico Walter Reed, quien viajó a Cuba para poner a prueba la teoría. Las pruebas hechas por Reed con el apoyo del ejército norteamericano dieron como resultado el control del mosquito alrededor de la isla.

6La presencia de la fiebre amarilla depende de una combinación de factores ambientales y humanos. Usualmente, las condiciones cálidas y húmedas de las regiones tropicales contribuyen a la reproducción del mosquito transmisor. La temperatura promedio que le permite evolucionar y alimentarse se encuentra en el rango 27°-31° C., lo cual implica que solo puede sobrevivir a cierta altitud, especialmente en las tierras bajas. A diferencia de la malaria, el vector de la fiebre amarilla necesita de agua estancada limpia – facilitada por las abundantes lluvias – a una temperatura cálida para su evolución. Los huevecillos permanecen en las paredes de los recipientes hasta el momento en que brotan sus larvas. Una mayor población de mosquitos hembra asegura la reproducción del vector y aumenta la probabilidad de adquirir el virus por medio de la alimentación en una persona infectada. El tamaño de la población humana también juega un importante rol en la transmisión de la enfermedad, pues una mayor cantidad de humanos portadores del virus lo transmitirán al vector, y éste a otros individuos no inmunes alimentándose por medio del torrente sanguíneo. En ello reside el carácter urbano de la enfermedad.
Otros factores aumentan la susceptibilidad de sufrir la fiebre amarilla. Aún antes de conocerse la forma de transmisión del virus y su comportamiento, el médico cubano Manuel González de Ponte observaba en 1860 dos posibles factores que influían en la posibilidad de enfermar:

7“parece que la fiebre amarilla se complace en destruir la juventud, pues los más comúnmente atacados son los individuos de doce a cuarenta años, y si bien en las demás edades no se está libre de padecer, hay muchas menos probabilidades. Respecto al sexo, resulta de los datos estadísticos que el número de los hombres atacados es al de las mujeres 9:5 como si la prerrogativa que disfruta el bello sexo en todos los actos de la sociedad se hubiera de hacer estensiva a el padecimiento de las afecciones5.”

8Efectivamente, mientras los niños presentan una respuesta inmunológica más fuerte, los de edad más avanzada posiblemente adquieren inmunidad gracias a un mayor tiempo de exposición, lo cual deja a los individuos entre la adolescencia y la adultez entre la población más vulnerable. Adicionalmente, existe mayor susceptibilidad entre los varones debido a ciertas características fisiológicas como una mayor sudoración – pues el A. Aegypti hembra es atraído por el amonio y el ácido láctico presente en el sudor humano – y a una mayor exposición al virus en sitios de trabajo que requieren fuerza física, y aún más en lugares con condiciones insalubres. Como puede verse, todo apunta a que las probabilidades de adquirir la fiebre amarilla aumentan en entornos urbanos, cada vez más intervenidos por la acción humana, lo cual permite establecer los parámetros para explicar el caso del Caribe costarricense durante el cambio de siglo y la primera década del nuevo.

9La fiebre amarilla reportó la mayor cantidad de casos en Costa Rica durante el periodo 1898-1909. El mayor impacto de la enfermedad se produjo sin duda al despuntar el siglo en la ciudad Limón y sus alrededores, llegando a representar entre 25 y 50 por ciento de los decesos durante el trienio 1901-1903. Después de la epidemia de El Llano de Alajuela en 1899, la alerta de Limón constituyó la mayor manifestación de la enfermedad en los registros de la época. Como puede observarse en el Cuadro 1, las estadísticas oficiales manifiestan un incremento en las defunciones durante el cambio de siglo en todo el territorio, y un descenso al finalizar la década. Dichas fluctuaciones corresponden, respectivamente, a la etapa en que las autoridades de salud desconocían la forma de transmisión del virus – lo que dejaba un reducido marco de acción en la forma de evitar su propagación – y la fase posterior a 1904 cuando se conocieron el funcionamiento y la forma de transmisión del virus. Respecto a esto último, en el Caribe se difundió un método de control del mosquito, de manera que permitió desarrollar mecanismos para el control del mismo. La vigilancia de los casos y las medidas de prevención estuvieron a cargo de las autoridades locales – el capitán de puerto y el gobernador de la provincia – en asocio con los médicos de los centros de salud pertenecientes a la compañía bananera y del ferrocarril y un cirujano asignado por la marina norteamericana.

10Es posible que el aumento en el número de casos y defunciones tuviera relación con un mayor movimiento marítimo alrededor del Caribe, asociado al incremento en la actividad comercial. Desde las travesías trasatlánticas que dieron vida al tráfico de esclavos, el A. Aegypti hembra demostró ser un diminuto polizón capaz de viajar a bordo en los recipientes de agua – en su estado embrionario – o entre los cargamentos, alimentándose de la tripulación. Sin embargo, la supervivencia y reproducción del vector dependió en gran medida de un entorno propicio para llevar a cabo estos procesos. Copiosas lluvias y temperaturas elevadas fueron solo necesarias para hacer de la zona un lugar confortable para estos pequeños agentes. Los cambios ecológicos que la construcción del ferrocarril a Limón puso en marcha durante el último tercio del siglo XIX hicieron más favorable la presencia de la fiebre amarilla, como veremos a continuación.

11Cuadro 1: Defunciones causadas por fiebre amarilla en Costa Rica y Limón, 1898-1909

12
Fecha Costa Rica Limón
1898 7
1899 1
1900 2
1901 44 22
1902 52 13
1903 74 40
1904 17 1
1905 1 0
1906 0 0
1907 0 0
1908 2 1
1909 3 1

13Fuente: Association of Schools of Public Health, “Cholera, Yellow Fever, Plague, and Smallpox”, Public Health Reports vol. 13 [35 (Setiembre 2, 1898): 951-956; 37 (Setiembre 16, 1898): 1019-1024; 38 (Setiembre 23, 1898): 1047-1052)]; vol. 14 [34 (Agosto 25, 1899): 1379-1381; 38 (Setiembre 22, 1899): 1582-1584]; vol. 15 [20 (Mayo 18, 1900): 1230-1234; 34 (Agosto 24, 1900): 2129-2132]; República de Costa Rica, Resúmenes estadísticos 1883-1910 (Sin pie de imprenta): 70.

14Hacia la segunda mitad del siglo XIX, el Caribe costarricense constituía una de las principales áreas vacías del territorio. Si el censo de 1864 reveló que sus habitantes constituían apenas un 0,5% de la población total del territorio6, podemos inferir que la región se caracterizaba por la presencia de unos pocos asentamientos, con explotaciones para la subsistencia. Desde el periodo colonial hubieron intentos de explorar y vincular esta región con la Meseta Central por medio de un camino que pudiera ser transitado la mayor parte del año, pero la atención se dirigió hacia el Pacífico, que proporcionaba condiciones más secas para el transporte del tabaco, y más tarde el café. Sumado a esto, la presencia de la malaria y otras enfermedades particulares de las tierras bajas tropicales posiblemente frenaron la ocupación temprana de esta región. Gran parte del carácter “mortífero” o “pestilente” sin duda se debió a que las condiciones climáticas hacían del Caribe un espacio propicio para la propagación de estos padecimientos.

15La vertiente Caribe costarricense recibe anualmente un promedio total de precipitaciones que excede los 2000 mms, y adicionalmente constituye la región que posee menor número de meses secos. Los vientos alisios mantienen un régimen de abundantes lluvias a lo largo del año, mientras que otros fenómenos como frentes locales y disturbios ciclónicos contribuyen al incremento de las mismas7. La presencia de anomalías como El Niño y La Niña producen importantes cambios atmosféricos que también modifica el régimen de precipitaciones. Este es un elemento importante a tomar en cuenta, dado que cualquier variación en la cantidad de lluvia afecta de una u otra forma la reproducción del vector.

16En las llanuras y secciones más próximas a la costa – a menos de 100 metros sobre el nivel del mar – confluyen además los elementos meteorológicos básicos para la presencia de la fiebre amarilla. Si los patrones de precipitación y temperatura en dicha zona se mantuvieron con escasas variaciones a lo largo del siglo XX, con base en registro meteorológicos más recientes podemos reconstruir de forma parcial las condiciones climáticas de Limón en el momento de la epidemia: una estación lluviosa que arrecia entre julio y diciembre, cuyo promedio de precipitación en conjunto (334,90 mm) supera al anual (297,28); y una temperatura promedio anual de 32,6 °C8. No obstante, en algunos casos el aumento en el número de casos no necesariamente está correlacionado con la entrada de la estación lluviosa, pues en lugares sin sistemas de acueducto y bombas de agua modernos, los periodos secos motivan la acumulación de agua en recipientes.

17Las abundantes precipitaciones y temperaturas cálidas, sin duda contribuyen a la rápida reproducción y propagación del A. aegypti, no obstante la evolución del espacio caribeño y sus condiciones ecológicas potenció el proceso. Sin duda, el afán de establecer vínculos trasatlánticos por medio de la construcción del ferrocarril y la consecuente irrupción del la agricultura comercial aceleraron el ritmo de los cambios ambientales sobre el Caribe costarricense, gracias a la presencia cada vez mayor de asentamientos humanos y zonas de cultivo, y a la consiguiente desaparición de la cobertura boscosa.

18El momento de la verdadera transformación del Caribe costarricense sobrevino con la ocupación del espacio para la construcción del ferrocarril y más tarde la producción bananera. Si bien durante el periodo colonial y parte del republicano la producción de cacao implicó cierta extensión del área cultivada, el fruto no constituyó un cultivo permanente, dada la falta de interés – inclusive – de atender los plantíos en las “mortíferas” tierras del Caribe por parte de los cacaoteros. La construcción del gigante de hierro y carbón materializó los anhelos de los sectores económicos poderosos, pero atrajo intereses extranjeros al espacio caribeño. Después de que Henry Meiggs – contratado por el gobierno de Costa Rica durante la década de 1870 para emprender la obra – se declarase en banca rota, el proyecto fue retomado por el empresario Minor Cooper Keith, sobrino de Meiggs, quien recibiría a cambio una serie de exenciones fiscales, la administración la obra por 99 años y la concesión de 800,000 acres de tierras baldías en cualquier parte del territorio9.

19La producción de banano para la exportación en el Caribe costarricense sin duda fue un efecto colateral de la finalización del ferrocarril al Atlántico. Keith, y luego la United Fruit Co., obtuvieron gran cantidad de tierras para dedicarlas a este cultivo, aunque productores nacionales y extranjeros también adquirieron extensiones de tamaño variable que dedicaron a otras explotaciones. Evidentemente, la dinámica de explotación agrícola consistía en aumentar el área de cultivo a fin de elevar la producción, dado el rápido agotamiento de los suelos y la presencia de enfermedades en los cultivos. Como se observa en el Cuadro 2, ocurrió un importante incremento del área cultivada que guarda relación con el auge de las exportaciones de la región durante la primera década del siglo XX. Durante esa época, las explotaciones bananeras se difundieron alrededor de los ríos Matina, Reventazón y Banano. Posiblemente, el agotamiento de los suelos y la aparición de enfermedades como el mal de Panamá obligaron al traslado de las operaciones de la UFCo hacia otras tierras, lo que se refleja en el creciente número de hectáreas ocupadas. Paralelo a la industria bananera, el renacer del ciclo cacaotero durante la década de 1880 contribuyó a la extensión del área ocupada: de 1870,12 hectáreas cultivadas en 1905, la provincia de Limón representaba el 72,87 por ciento, mientras que de 2604,05 hectáreas en 1915, la provincia alcanzó a ocupar el 82,48 por ciento10. Si bien la agricultura comercial es la responsable de la deforestación en el Caribe, el proceso había iniciado desde la construcción del ferrocarril.

20Cuadro 2: Evolución de las exportaciones de banano y crecimiento del área de cultivo en Limón, 1893-1915.

21
Fecha Exportaciones (miles de racimos) Área de cultivo estimada (hectáreas)
1893 1279 2238
1898 2331 4079
1900 3420 5985
1905 7283 12745
1910 9097 15290
1913 11117 19813
1915 10522 18414

22Fuente: Ronny Viales H., “La coyuntura bananera, los productos ¨complementarios¨ y la dinámica productiva empresarial para la United Fruit Company en el Caribe costarricense, 1883-1934”, Revista de Historia 44 (2001), pág 71.

23La pérdida de la cobertura vegetal provoca otros cambios ecológicos que ponen en peligro la existencia de diferentes especies de flora y fauna, pero al mismo tiempo permite que otros agentes prosperen en ambientes libres de vegetación. Los bosques albergan gran cantidad de fauna depredadora de huevecillos y larvas de los mosquitos – tales como las aves y algunos insectos –, por lo cual si se priva de éstos, crecen las probabilidades de que el vector se reproduzca con mayor rapidez. Warren Dean argumenta que a medida que crecieron los pueblos de la frontera agrícola en expansión durante los siglos XVIII y XIX en el bosque Atlántico – ocupados por caboclos o caipiras – las referencias a padecimientos como la malaria y la fiebre amarilla se encontraban con mayor frecuencia en la documentación. La fiebre se había vuelto endémica en los centros urbanos, como Sao Paulo, alrededor de 1850, lo cual motivó a los miembros de la elite a emigrar hacia las partes altas, en donde posteriormente se tomó la iniciativa de reforestar y de mejorar las condiciones sanitarias en general11. Un proceso similar de urbanización y uso controlado del espacio, acompañado de una acelerada deforestación, tuvo lugar en el Caribe costarricense durante el último tercio del siglo XIX.

24Era de esperarse que la colonización agrícola en la zona motivara movimientos migratorios, cuyos patrones fueron divergentes con respecto a los del resto del territorio nacional. Según demostró Putnam, ello debe entenderse en términos del crecimiento de una economía regional que se extendía a lo largo de todo el Caribe. La construcción del ferrocarril al Atlántico y posteriormente el desarrollo de las plantaciones bananeras atrajo inmigrantes de una gran variedad de nacionalidades, en su mayoría jamaiquinos. Muchos de ellos vinieron a través de contratos adquiridos con la United Fruit Company, principal productor y exportador de la fruta a lo largo del istmo. El proceso se intensificó con la amplia demanda de obreros requeridos para la construcción del Canal Francés en Panamá (1882-1888), el cual atrajo miles de trabajadores de las Antillas hacia el istmo. El fracaso del proyecto a causa de la guerra civil en ese país provocó un éxodo hacia las islas, y a la vez redirigió el flujo migratorio hacia el Caribe costarricense, donde fueron bienvenidos a trabajar en las labores del ferrocarril y el cultivo del banano12. De la misma forma, durante la construcción del Canal de Panamá (1904-1913), muchos de los foráneos que no obtuvieron empleo se unieron a las filas de trabajadores en las plantaciones13.

25Estos procesos de migración desembocaron en la fundación de Limón, cuya construcción en la década de 1880 tuvo como fin albergar los asentamientos de obreros y administrativos del complejo bananero, lo cual también implicó eliminar algunas áreas boscosas. Según Casey, Limón registró el incrementó poblacional intercensal más alto con respecto al resto del territorio: en menos de una década (1883-1892), la población creció a un ritmo anual de 16,7 por ciento, lo cual refleja a la vez la importancia de la industria bananera y la masiva migración hacia la región14. La administración de las operaciones – desde la producción y/o compra de la fruta hasta su embarque hacia los puertos extranjeros – requirió de la modernización de la infraestructura, por lo que la ciudad “ostentó las primeras calles de macadam y los mejores sistemas de aguas y alcantarillados en Costa Rica15. La existencia de una creciente población en Limón también puede observarse a través de la gradual intervención del estado en asuntos civiles y judiciales: de 5 agencias de policía vigentes en 1890 se pasó a 11 en el cambio de siglo y a 36 para la década de 192016.

26Los cambios arriba descritos sin duda atribuyeron un carácter más urbano a la región. Una densidad cada vez mayor de la población quizá aumentó la probabilidad de que el virus se transmitiera con mayor rapidez por medio del ciclo mosquito – a humano – a mosquito. Es posible que una mayor cantidad de individuos también desarrollara las condiciones necesarias para la reproducción del mosquito tales como el abasto de agua en recipientes, como se infiere de la orden que giró el jefe de policía de Limón en 1904 estableciendo sanciones por desacato de normas para prevenir la fiebre, tales como evitar dejar agua estancada, cubrir con redes los barriles y llenar hoyos con materiales17. A pesar de poseer una infraestructura acorde con los requerimientos del transporte y embarque de la fruta, los alrededores de Limón ofrecían condiciones descritas por los médicos norteamericanos como insalubres:

27“The sanitary conditions are poor, not only in the city of Limon, but also in the surrounding territory. Many of the cases reported from this city are brought from plantations in the interior and from the stations on both the Costa Rican and Northern railroads […] The houses in most cases are of wood, built low to the ground, and they cover stagnant pools from which noxious odors rise […] The city is divided into squares. Many of them are unimproved and below the street level. They are without drainage, and after a rain the water collected remains until absorbed18.”

28Por otra parte, los pobladores de Limón y sus alrededores poseían un mayor riesgo de exposición a contraer fiebre amarilla. Con base en los cálculos de Casey, la población limonense se compuso en su mayoría por hombres entre los grupos de edad económicamente activa. Los índices de masculinidad en Limón, aunque declinaron conforme avanzó el siglo XX, sobrepasaron a los del resto del territorio, según lo evidencian los censos de 1883, 1892 y 1927. La masiva migración que recibió el Caribe costarricense durante los últimos veinte años del siglo XIX se compuso de individuos entre los veinte y cincuenta años de edad, edad propicia para el desempeño de las extenuantes jornadas laborales, propias de la industria bananera19. Como se mencionó anteriormente, estas características aumentan el riesgo de exposición porque los mosquitos son atraídos por sustancias que el cuerpo humano segrega.

29Adicionalmente, otro factor a tomar en cuenta es que Limón se convirtió en la puerta de entrada a las embarcaciones de todo el Caribe, por lo que la presencia de la fiebre amarilla era más latente en la medida en que algún visitante portador del virus – al menos su torrente sanguíneo – sirviera de alimento a la creciente población de mosquitos que los médicos norteamericanos reportaban durante la estación lluviosa. Aunque no contamos con una estadística general del número del movimiento marítimo en el Caribe para toda la década, sabemos que entre 500 y 700 embarcaciones anuales visitaban puerto Limón entre 1907 y 190920. No era por nada que los franceses se referían a la fiebre amarilla como mal des matelots, o mal de los marineros: los barcos bien podían transportar tanto agua estancada como individuos infectados por el virus21.

30La fiebre amarilla en el Caribe no tomó por sorpresa a las autoridades costarricenses durante la primera década del siglo XX. Durante el segundo semestre de 1899 azotó El Llano de Alajuela en 1899 y cobró la vida de 35 personas de agosto a enero. La prensa atestigua la alarma que motivó entre la población y las autoridades22. La inquietud – infundada, dado el reducido impacto demográfico – quizá se debió a que la fiebre amarilla siempre se mantuvo en la costa, como lo manifestaron los miembros de la Facultad de Medicina:

31“Decididamente este año es fatal para nuestra patria: la tos ferina que empezó en Cartago el año próximo pasado… nos ha quitado multitud de niños; la fiebre tifoidea nos ha arrebatado preciosas existencias, la tisis ha sumido en el más profundo dolor a varias familias; luego vino el beriberi a sembrar la muerte en los habitantes de nuestro más hermoso Asilo de beneficencia y, para colmo de males, la fiebre amarilla, este azote de América, ha trepado las alturas por la primera vez en Costa Rica y ha asomado su horrible faz en Alajuela23.”

32Las políticas de salubridad de la época ponen de manifiesto el carácter incipiente de la práctica médica – científicamente hablando – en la Costa Rica de finales del XIX. Las prevenciones que tomaron las autoridades ante la presencia del “vómito negro” en Alajuela evidencian la creencia en la teoría miasmática: aislamiento del convaleciente, establecimiento de cordones sanitarios, incineración de efectos y sacrificio de animales domésticos. Las medidas de salubridad en el Caribe formaban parte de la misma lógica de enclave: los obreros de las plantaciones y habitantes de la ciudad eran atendidos en el centro hospitalario de la compañía; inclusive, un médico cirujano del Servicio Médico de la Marina norteamericana era asignado cada año al puerto de Limón para atender diversos padecimientos y reportar las condiciones de salud a las autoridades del norte, con base en una ley del Congreso de los Estados Unidos de 15 de febrero de 189324.

33Posiblemente las autoridades quisieron evitar que la enfermedad se propagara hacia el interior, como sucedió en Alajuela y estaba ocurriendo en otras partes del Valle Central. De esta manera, el gobierno decidió intervenir esta vez en el Caribe imponiendo cuarentenas a las embarcaciones provenientes de otros puertos que hubieran sido comprometidos por alguna enfermedad. Como se puede observar en el cuadro 3, el gobierno costarricense mantuvo estados de cuarentena en el puerto Limón, principalmente durante la estación lluviosa, para prevenir la introducción de individuos portadores de enfermedades provenientes de otras latitudes. La fiebre amarilla no era la única preocupación para las autoridades costarricenses y norteamericanas, pues el fantasma de la peste bubónica azotaba las costas Caribe y Pacífica.

34Cuadro 3 : Cuarentenas frente embarcaciones provenientes de puertos caribeños, 1905-1907.

35
Fecha Puertos a los que se aplicó restricción Motivo de la restricción
10-02-1905 Colón, Panamá, Bocas del Toro Fiebre amarilla
Marzo, 1905 Guayaquil Peste bubónica
26-06-1905 Puertos de Panamá Peste bubónica
Julio, 1905 Nueva Órleans N/I
28-07-1905 Nueva Órleans Fiebre amarilla
Agosto, 1905 Colón, Nueva Órleans Peste bubónica
Agosto, 1905 Puertos de Panamá Peste bubónica
Agosto, 1905 Bocas del Toro Fiebre Amarilla
Junio, 1906 Colón, Habana N/I
Agosto, 1907 Cuba Fiebre amarilla

36Fuente: Association of Schools of Public Health, Public Health Reports (1896-1970) 20 [11 (Mar. 17, 1905), pág. 468; 28 (Jul. 14, 1905), p. 1429; 33 (Aug. 18, 1905), pág. 1715; 34 (Ausg. 25, 1905), págs. 1780-1781; 35 (Sep. 1, 1905), pág. 1848; 37 (Sep. 15, 1905), pág. 1960] 21 [No. 26 (Jun. 29, 1906), pág. 728]; 22 [38 (Sep. 20, 1907), pág. 1326] 23 [17 (Apr. 24, 1908), pág. 531-532].

37Como se puede observar en el cuadro anterior, la alarma que originó la fiebre amarilla trascendía las fronteras nacionales. En 14 de octubre de 1905, Costa Rica firmó un tratado multilateral a fin de combatir la fiebre amarilla, la peste bubónica y el cólera. Las medidas que suscribieron los países firmantes reflejan el paulatino avance en las formas de organización regional en el área de la salud: notificar a los otros gobiernos por sus consulados la aparición de algunas de las enfermedades; informar lugar, fecha, casos, defunciones, presencia de Stegomiya fasciata y medidas aplicadas en el tratamiento. En el caso de la fiebre amarilla, las autoridades debían intervenir las embarcaciones para desinfectar equipajes y mercancías en caso de ser susceptibles de transportar mosquitos. Además, recomendaban mantener servicio medico regular en los puertos con instalaciones apropiadas y laboratorios bacteriológicos, protegidos con mallas y alambres, y servicio de agua potable25. La medida complementaba los informes que debían rendir los cónsules en el extranjero, quienes tenían instrucciones del gobierno de reportar cualquier eventualidad que arriesgara la seguridad nacional. Esto es lo que se extrae del informe que rindió el cónsul en Barranquilla a la Secretaría de Estado en el Despacho de Guerra y Marina en 11 de julio de 1900, en el cual comunicó que en esa ciudad habían fallecido varios que se estacionaban en ese lugar a causa de la “mortífera fiebre26”.

38El presente es un trabajo exploratorio que incursiona en el análisis de los efectos que produce la transformación del espacio sobre la dinámica social. Tal carácter experimental, aunque susceptible a la crítica de los expertos en el campo, intenta señalar una arista poco explorada en los estudios ambientales centroamericanos. Al respecto, el balance más reciente en el campo de la historia ambiental para el caso de Costa Rica parece reflejar más las preocupaciones de la economía ecológica: la presión de la agricultura comercial y del crecimiento poblacional sobre los recursos naturales (bosques, fuentes de agua, suelos), pero que también integra problemáticas como los fenómenos ambientales y el cambio tecnológico27. Quizá, la inquietud básica del análisis se dirigía hacia la comprensión de un fenómeno más social que económico: la enfermedad misma.

39¿Qué sucede cuando la transformación del medio ambiente, a favor del celebrado progreso, beneficia la reproducción de un enemigo tan mortal? Sin duda, la intervención cada vez mayor del ser humano sobre el espacio caribeño contribuyó con la reproducción y propagación del vector A. aegypti. En Limón concurrieron todos los elementos para la aparición de la fiebre amarilla: una ciudad portuaria con una densidad de población que favoreció la veloz reproducción y propagación del virus, procesos atizados por las condiciones meteorológicas propias de la región caribeña. El estudio de estos minúsculos agentes – que también forman parte de las comunidades naturales poco estudiadas – es preciso abordarlo en términos del peso o impacto que ejercen sobre el conjunto social. Dicha injerencia se tradujo en el desarrollo de políticas gubernamentales destinadas a contener los efectos de estos pequeños invasores.

40Resulta obvio que entre los objetivos del artículo no se encontraba explorar a fondo las respuestas del estado costarricense frente a la enfermedad, pero la información presentada evidencia un complejo proceso de avance en la organización de la disciplina médica en la región que se relaciona con la intervención norteamericana característica del periodo en Centroamérica. Afortunadamente, el aporte de Malavassi sobre la injerencia de la Fundación Rockefeller en la lucha contra la anquilostomiasis, ya ha avanzado trabajo en esa dirección28.

41Así como plantean Putnam y otros autores, el Caribe no se puede comprender en función de los procesos que afectan a un estado, sino a partir de procesos que afectan a toda la región. El uso de cuarentenas frente embarcaciones de otros puertos y la discusión de un tratado multilateral confirman la presencia de enfermedades provocadas por condiciones ambientales similares. De este modo, el comportamiento de la fiebre amarilla en las costas del Caribe refleja la presencia de las amplias transformaciones ambientales en las tierras bajas del Caribe durante el periodo, a saber: el incremento cada vez mayor del área de cultivo del banano debido al traslado de las operaciones a otros territorios, causado por enfermedades y agotamiento de suelos en Centroamérica, el crecimiento del complejo azucarero en Cuba y la construcción del canal de Panamá son algunos ejemplos. Esto debería motivar a repensar el impacto de estos cambios sobre la dinámica social centroamericana a partir de otros enfoques y fuentes.

Bibliografía

42Association of Schools of Public Health. “Measures adopted to prevent importation of yellow fever from fruit ports of Central and South America”, Public Health Reports (1896-1970) 14-13 (Marzo 31, 1899), pág. 417.

43—————————. “Costa Rica: Sanitary Conditions at Limon. Proposed Improvements. Yellow Fever, Malaria Diseases, and Tuberculosis. Compulsory Vaccination Public”, Health Reports (1896-1970) 18-20 (Mayo 15, 1903), pág. 750.

44—————————. “Costa Rica: Report from Limon, Fruit Port. Quarantine against Panaman Ports and New Orleans”, Public Health Reports (1896-1970) 20-33 (Agosto 18, 1905), pág. 1715.

45—————————. “Costa Rica: Reports from Limon, Fruit Port. Quarantine against New Orleans. Enteric Fever”, Public Health Reports (1896-1970) 20-34 (Agosto 25, 1905), págs. 1780-1781.

46—————————. “Costa Rica: Reports from Limon, Fruit Port. Quarantine against Bocas del Toro”, Public Health Reports (1896-1970) 20-35 (Septiembre, 1905), pág. 1848.

47—————————. “Costa Rica: Reports from Liman,Fruit Port. Quarantine against New Orleans and Ports in Panama. Yellow Fever Noted on Bill of Health from Barranquilla” Public Health Reports (1896-1970) 20-37 (Setiembre 15, 1905), pág. 196.

48—————————. “Costa Rica: Report from Limon, Fruit Port. Quarantine against Colon and Habana”, Public Health Reports (1896-1970) 21-26 (Junio 29, 1906), pág. 728.

49—————————. “Costa Rica: Report from San Jose. Quarantine of Vessels Arriving from Cuba”, Public Health Reports (1896-1970) 22-38 (Septiembre 20, 1907), pág. 1326.

50—————————. “Costa Rica: Report from San José. Quarantine Declared at Punta Arenas against Guayaquil on Account of Plague”, Public Health Reports (1896-1970) 23-17 (Abril 24, 1908), págs. 531-532.

51—————————. “Costa Rica: Reports from Limon, Fruit Port. Anopheles and Stegomyia Calopus Present” Public Health Reports (1896-1970) 23-46 (Noviembre 13, 1908), pág. 1655.

52—————————. “Costa Rica: Report from Limon, Fruit Port. Measures against Rats. Stegomyia Calopus Present”, Public Health Reports (1896-1970) 23-30 (Julio 24, 1908), pág. 1073.

53—————————. “Costa Rica: Report from Limon, Fruit Port. Stegomyia and Anopheles Present”, Public Health Reports (1896-1970) 23-36 (Setiembre 4, 1908), pág. 1270.

54—————————. “Costa Rica: Report from Limon, Fruit Port. Increase of Stegomyia and Anopheles” Public Health Reports (1896-1970) 23-38 (Setiembre 18, 1908), pág. 1342.
—————————. “Costa Rica: Report from Limon, Fruit Port”, Public Health Reports (1896-1970), Vol. 24-33 (Agosto 13, 1909), pág. 1173.

55—————————. “Costa Rica: Report from Limon, Fruit Port. Stegomyia Present”, Public Health Reports (1896-1970) 24-39 (Setiembre 24, 1909), pág. 1420.

56Casey, Jeffrey. “El ferrocarril al Atlantico en Costa Rica 1871–1874”, Anuario de Estudios Centroamericanos 2 (1976), págs. 291-344.

57—————————. Limón: 1880-1940. Un estudio de la industria bananera en Costa Rica (San José: Editorial Costa Rica, 1979).

58Dean, Warren. With Broadax and Firebrand. The Destruction of the Brazilian Atlantic Forest (California: University of California Press, 1995).

59Díaz, David; Viales Ronny y Molina, Iván. La historiografía costarricense en la primera década del siglo XXI: Tendencias, avances e innovaciones (San José: EUCR, 2014).

60Facultad de Medicina, Cirugía y Farmacia, “Actas de la Junta General”, Gaceta Médica de Costa Rica IV-1 (agosto, 1899).

61Gil, José Daniel. “Controlaron el espacio hombres, mujeres y almas. 1880-1941”,Diálogos Revista Electrónica 2-4 (2001): snp.

62Goebel Mc Dermott, Anthony. “Una lluvia de males: El régimen de precipitaciones en la Costa Rica del «Progreso». Trayectoria, representaciones sociales e impacto socioeconómico (1860-1940)”, Revista de Historia 59-60 (enero-diciembre, 2009), pág. 57-97.

63González de Ponte, Manuel. Memoria sobre la fiebre amarilla, o sean ventajas del tratamiento homeopático para combatir dicha enfermedad (La Habana: Imprenta Nacional y Estrangera, 1860).

64Hall, Carolyn. Costa Rica. Una interpretación geográfica con perspectiva histórica (San José: Editorial Costa Rica, 1983).

65Le Roy Ladurie, Emmanuel. The Territory of the Historian (Sussex: The Harvester Press Ltd y The University of Chicago Press, traducción de Ben y Sian Reynolds, 1979).

66Malavassi, Ana Paulina. “El encuentro de la Fundación Rockefeller con América Central, 1914-1921”,Diálogos Revista Electrónica 7-1 (2006), pág. 117-149.

67McNeill, John R. Mosquito Empires. Ecology and War in the Greater Caribbean,1620-1914 (New York: Cambridge University Press, 2010).

68Oficina Nacional de Estadística. Anuario Estadístico 1907 (San José: Tipografía Nacional, 1908).

69Oficina Nacional de Estadística. Anuario Estadístico 1909 (San José: Tipografía Nacional, 1910).

70Pérez Brignoli, Héctor. La población de Costa Rica 1750-2000. Una historia experimental (San José: EUCR, 2010).

71Putnam, Lara. The Company They Kept. Migrants and the Politics of Gender in Caribbean Costa Rica,1870-1960 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2002).

72República de Costa Rica, Resúmenes estadísticos 1883-1910 (Sin pie de imprenta).

73Viales H., Ronny. “La coyuntura bananera, los productos «complementarios» y la dinámica productiva empresarial para la United Fruit Company en el Caribe costarricense, 1883-1934”, Revista de Historia 44 (2001).

74

  • Notas de pie páginas*

El autor es bachiller en Historia por la Universidad Nacional, actual tesiario de la Maestría Académica en Historia del Programa de Posgrado en Historia, Universidad de Costa Rica. El suscrito tiene entre sus publicaciones “La consolidación de una empresa cooperativa frente a la actual crisis del mercado cafetero. El caso de CoopeLibertad R.L. (2000-2006)”, _Diálogos Revista Electrónica _ Número Especial (2008); y “«La Virgen de los Ángeles es la Princesa de la Paz y no la Diosa de la Guerra»”: Religión, política y guerra en Costa Rica (1812-1858). », Boletín AFEHC N°61, publicado el 04 junio 2014, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action*fi_aff&id*3786

751 Pocos casos de fiebre amarilla fueron registrados previamente en territorio costarricense, pero sin duda la presencia de la enfermedad predominó en el Pacífico. En enero de 1816, Benito Alvarado indicó al gobernador interino José Santos Lombardo que dos individuos perecieron a bordo de la goleta “Palmera”, proveniente de Panamá, mientras que otro tripulante se encontraba convaleciente en el puerto de Puntarenas a causa de “calentura amarilla”. Según manifestó Alvarado, los difuntos “se pusieron de color amarillento, siendo del mismo el orini”, mientras que el sobreviviente no presentaba otro síntoma más que “tener la lengua muy sucia de color pardo”. Alvarado dudaba que fuera este tipo de enfermedad, pues no tenía noticias de la presencia de la fiebre en Panamá, pero sin duda evidencia el movimiento de la enfermedad en el Pacífico. Véase ANCR Complementario Colonial 3475, fols. 9-10v. Lachner señala varios años en que se presentó la fiebre en Puntarenas, aunque manifiesta dificultad para diferenciar esta afección entre otras “fiebres perniciosas”; véase Vicente Lachner, “Apuntes de higiene pública”, Revista de Costa Rica en el siglo XIX (San José: Tipografía Nacional, Tomo I, 1902), pág. 197. En un estudio, aún por publicar, quien suscribe abordó la presencia de la fiebre en “El Llano” de Alajuela y su impacto social y demográfico, la cual pudo deberse al tráfico constante entre el Valle Central y el puerto de Puntarenas y a las migraciones hacia el oeste en búsqueda de fuentes de trabajo, quizá en las plantaciones de caña de azúcar. Allan J. Víquez Mora, Confinados en medio de la peste: el impacto de la fiebre amarilla en la ciudad de Alajuela, 1899 (Inédito, 2012).

762 John R. McNeill, Mosquito Empires. Ecology and War in the Greater Caribbean, 1620-1914 (New York: Cambridge University Press, 2010).

773 Cabe indicar que existe un tipo de fiebre amarilla “selvática” presente en el continente americano, transmitido por la variedad del vector Haemagogus, que comúnmente se propaga entre los primates y que solo afecta a los seres humanos que entran en contacto con estas poblaciones, principalmente en la región amazónica. Véase J. R. McNeill, Mosquito Empires, pág. 47.

784 John R. McNeill, Mosquito Empires, pág. 306-307.

795 Manuel González de Ponte, Memoria sobre la fiebre amarilla, o sean ventajas del tratamiento homeopático para combatir dicha enfermedad (La Habana, Imprenta Nacional y Estrangera, 1860), pág. 5-6.

806 Héctor Pérez Brignoli, La población de Costa Rica 1750-2000. Una historia experimental (San José: EUCR, 2010), pág. 42.

817 Carolyn Hall, Costa Rica. Una interpretación geográfica con perspectiva histórica (San José: Editorial Costa Rica, 1983), págs. 35-36.

828 Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza, Totales mensuales de precipitación. Estación Meteorológica La Lola, Bataan, 28 millas, Limón, Costa Rica; Temperaturas máximas absolutas (ºc). Estación Meteorológica La Lola, Bataan, 28 millas, Limón, Costa Rica.

839 Un recuento completo sobre el proceso de construcción del ferrocarril se encuentra en Jeffrey Casey, Limón: 1880-1940. Un estudio de la industria bananera en Costa Rica (San José: Editorial Costa Rica, 1979), pág. 215-216.

8410 Ronny Viales H., “La coyuntura bananera, los productos ¨complementarios¨ y la dinámica productiva empresarial para la United Fruit Company en el Caribe costarricense, 1883-1934”, Revista de Historia 44 (2001), pág. 104-105.

8511 Caboclos y caipiras son nombres peyorativos para habitantes de la frontera, que literalmente significan habitantes en casas de blancos y taladores, respectivamente. Véase Warren Dean, With Broadax and Firebrand. The Destruction of the Brazilian Atlantic Forest (California: University of California Press, 1995), pág. 102 y 224.

8612 Lara Putnam, The Company They Kept. Migrants and the Politics of Gender in Caribbean Costa Rica, 1870-1960 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2002), pág. 43-45.

8713 Lara Putnam, The Company They Kept, págs. 60-64.

8814 Jeffrey Casey, Limón: 1880-1940., págs. 215-216.

8915 Carolyn Hall, Costa Rica. Una interpretación geográfica…, pág. 190.

9016 José Daniel Gil, “Controlaron el espacio hombres, mujeres y almas. 1880-1941”, Diálogos Revista Electrónica 2-4 (2001), snp.

9117 Association of Schools of Public Health, “Costa Rica: Report from Limon, Fruit Port”, Public Health Reports (1896-1970) 19-37 (Septiembre 9, 1904), pág. 1844.

9218 Association of Schools of Public Health, “Costa Rica: Sanitary Conditions at Limon. Proposed Improvements. Yellow Fever, Malarial Diseases, and Tuberculosis. Compulsory Vaccination”, Public Health Reports (1896-1970) 18-20 (Mayo 15, 1903), pág. 750.

9319 Para una discusión sobre la población limonense durante el periodo, véase Jeffrey Casey, Limón: 1880-1940., págs. 213-278.

9420 Oficina Nacional de Estadística, Anuario Estadístico 1907 (San Jose: Tipografía Nacional, 1908), pág. 170; del mismo autor, Anuario Estadístico 1909 (San Jose: Tipografía Nacional, 1910), pág. 53.

9521 John R. McNeill, Mosquito Empires, pág. 51.

9622 La alarma incluso motivó el traslado de la población y el abandono de bienes inmuebles. Véase La Prensa Libre, “Fiebre amarilla Heredia”, 22 de setiembre 1899, fol. 3.

9723 Facultad de Medicina, Cirugía y Farmacia, “Actas de la Junta General”, Gaceta Médica de Costa Rica IV-1 (agosto, 1899), fol. 13.

9824 La presencia de la enfermedad en el Caribe alertó a las autoridades norteamericanas, dado el activo comercio marítimo que mantenía con el istmo centroamericano. La medida aplicaba para el puerto de Limón, Livingston, Ceiba, Belize, Puerto Cortés, Honduras Británica, Bluefields y Bocas del Toro. Véase Association of Schools of Public Health , “Measures adopted to prevent importation of yellow fever from fruit ports of Central and South America”, Public Health Reports (1896-1970) 14-13 (March 31, 1899), pág. 417.

9925 El tratado se ratificó en Costa Rica en 17 de agosto de 1906. Los países firmantes fueron Costa Rica, Chile, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Nicaragua, Perú, República Dominicana y Venezuela. ANCR Relaciones Exteriores 16815.

10026 ANCR Guerra y Marina 10229.

10127 Gertrud Peters, “Balance historiográfico de la historia económica en Costa Rica en la primera década del siglo XXI”, en David Díaz, Ronny Viales e Iván Molina, La historiografía costarricense en la primera década del siglo XXI: Tendencias, avances e innovaciones (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2014), págs. 165-169.

10228 Ana Paulina Malavassi, “El encuentro de la Fundación Rockefeller con América Central, 1914-1921”, Diálogos Revista Electrónica 7-1 (2006), págs. 117-149.

Para citar este artículo :

Allan José Víquez Mora, « Transformaciones ambientales y fiebre amarilla en el Caribe de Costa Rica, 1898-1909 », Boletín AFEHC N°66, publicado el 04 septiembre 2015, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4097

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