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AFEHC : transcripciones : Carta pastoral del arzobispo de Guatemala Ramón Casaus y Torres a sus diocesanos : Carta pastoral del arzobispo de Guatemala Ramón Casaus y Torres a sus diocesanos

Ficha n° 4103

Creada: 29 octubre 2015
Editada: 29 octubre 2015
Modificada: 29 octubre 2015

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Autor de la ficha:

Mario CIFUENTES

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Carta pastoral del arzobispo de Guatemala Ramón Casaus y Torres a sus diocesanos

Dicha carta se redactó en el contexto histórico de la guerra civil entre liberales y conservadores. El arzobispo llama al pueblo de Centroamérica a la unidad en estos tiempos de conflictos.
1096
Palabras claves :
Carta pastoral, Guerra civil, Arzobispo
Autor:
Ramón Casaus y Torres
Fecha:
1827-08-31
Paginas:
3 fols.
Texto íntegral:

1Fr. Ramón Francisco Casaus y Torres; por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica. Arzobispo de Goatemala.

2A nuestros amados diocesanos salud, paz y unidad en J.C.

3Os ruego por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos digáis una misma cosa, y que no haya cismas entre vosotros: antes bien sed perfectos en un mismo ánimo y en un mismo parecer. Quando se trata de religión y del interés más precioso, qual es el de asegurar la salvación eterna de nuestras almas, es de la mayor importancia oir y cumplir lo que el Apóstol S. Pablo encargaba à los de Corinto; que no hubiese contiendas ni partidos y cismas entre ellos: sino que viviesen perfectamente unidos en una misma creencia, en un mismo modo de pensar con un estrecho vínculo de caridad, como deben estar los miembros de un mismo cuerpo, animados de un mismo espíritu. La divina religión que profesamos en el seno de la Iglesia católica, apostólica romana,, exije esencialmente este lazo de unidad de los miembros con la cabeza invisible que es J.C. y con la visible, que es su Vicario, el Romano Pontífice: ecsije que los fieles de cada Diocesi estén unidos con los pastores legítimos y estos con el Pastor supremo de quien recivieron la institución canónica. Así se enlazan y comunican las Iglesias particulares entre sí, y con la Madre y Maestra de todas las Iglesias que es aquella en que reside el sucesor de S. Pedro. El que sale de esta comunicación y unidad es cismático, y queda privado del don más magnifico que el cielo ha podido hacer à la tierra, la religión, que es el carácter glorioso por cuyo medio la débil inteligencia de los hombres se acerca en cierto modo a la inteligencia divina y se une à ella con un culto fundado sobre el amor, respeto, gratitud, sumisión y confianza. Los católicos más sencillos, y los más infelices en la estimación del mundo, obtienen, si se conservan en la unidad de la fé, esta dignidad, esta gloria y prerrogativa sublime superior à todas las terrenas. Al contrario el hombre sin religión, sin fé, sin Dios en este mundo; es una mancha y oprobio de su especie, que sino busca y encuentra la Iglesia verdadera, perecerá eternamente. El cismático, el orgulloso y rebelde à la autoridad de esta Iglesia sacrosanta, el que la abandona, o es arrojado de ella, aunque presuma y parezca ser sugeto de importancia entre los de su partido, será ante Dios una rama estéril, cortada del árbol de la vida y destinada al fuego eterno: ¿Qué ha sido y qual es en la eternidad la suerte de los cismáticos protervos? ¿Venerais acaso y buscais el amparo de esa ruin gavilla de ambiciosos Ministros, que por hacer ruido y figura en un teatro miserable, se elevaron y entronizaron à si mismos en sillas episcopales, perdieron su honor y dignidad antigua, perdieron sus almas, pervirtieron a gentes incautas, y las sepultaron en los infiernos? ¡O Nombres espantosos de los Arrios, Aerios, Coluthos, Donatos, Focios, Cerularios, Lucaris, y cien mas, que fuisteis las teas incendiarias (con vuestra loca ambición) de la culta Grecia y de otras naciones dichosas que aún gímen aherrojadas en las cadenas que les puso el justo cielo en castigo a un cisma obstinado! Videte ¡Quam mali sint homines quit volunt esse divisi! Miradlos os dire con S. Agustín, ved “quan malos son los hombres que quieren estar divididos!... El que deja la unidad eclesiástica, viola la caridad; y cualquiera que viola la caridad, aunque tenga algo de grande, él es una nada::: ¿qué cosa es negar à Dios con los hechos? Ensorberbecerse y hacer cismas: gloriarse, no en Dios, sino en el hombre miserable” ¿ Y acaso el autor de un cisma ha sido redentor de los oprimidos? ¿Por ventura ha dado su vida, ò al menos sus bienes para salvarlos? Al contrario los autores y fautores de cismas ¿no han sido siempre los azotes de los pueblos, sus verdaderos tiranos, y los que con la anarquía a eclesiástica, han preparado la anarquía política, que es el mayor mal de las sociedades humanas? Aunque me había propuesto llorar solo vuestros males, y no publicar jamás los motivos de mi dolor, por no parecer que me quejaba de las calumnias y persecuciones que hace años me están levantando y moviendo algunos eclesiásticos insolentes, é insubordinados; viendo ahora, que sus maquinaciones no cesan, que las almas se pierden, y que la religión de algunos pueblos está espuesta à un naufragio, rompo el silencio, por que busco vuestra salvación, y hablo aun à los extraviados, y enemigos de mi persona, que vale poco, y de mi dignidad que vale, é importa mucho, para el bien de vuestras almas. La foi en peril n’a plus de scandale a craindre que celui du silence. Me hallo en las circunstancias mismas en que se vieron 130 obispos de Francia, quando para evitar el cisma que destruyó aquellas Iglesias por muchos años, profirieron esta sentencia memorable contra los tiranos de la asamblea y convención que bajo pretestos de política terrena, querían que enmudeciesen y recibieran a los intrusos e invasores.

4Como aquellos venerables obispos he dado cuenta a la Santa Sede de todo lo ocurrido en la erección de obispado en San Salvador y de la elección y posesión del Dr. José Matías Delgado. Aquel gobierno, y este párroco ocurrieron igualmente al Papa, enviando con Fr. Victor Castrillo sus decretos, cartas y peticiones, quejándose de mi, por que no había aprobado lo que habían hecho y no había cedido, o abdicado mi jurisdicción episcopal en aquella parte de mi Diocesi. Su Santidad por segunda vez me ha contestado, aprobando mi resistencia a tan sacrílegas invasiones. Su Santidad contesta también al jefe de S. Salvador y al Dr. Delgado reprobando todo lo que han hecho con infracción de los derechos de la Santa Sede en la erección y elección. Al dicho párroco lo exsorta à que se arrepienta y salve su alma; le fija el término de 50 días, desde que reciba su respuesta (que ya la recivió) para que abra los ojos, y entre en razón y juicio, por que de no hacerlo, lo publicará excomulgado y cismático contumaz, separándolo de toda la Iglesia católica.Declara nulos é irritos todos los actos de jurisdicción que haya ejercido ó ejerciere en adelante. “Con esta decisión de la Santa Sede debe quedar cortado el cisma, puede desengañarse los halucinados en esta materia. Como este es mi ardiente deseo, (ya que debo permanecer entre vosotros, por que su Santidad no ha accedido à mi súplica é instancia de poder dejar lícitamente el cargo pastoral), será mi mayor consuelo ver que vuelven todos á la unidad eclesiástica, y que se restablece la administración recta, lícita y valida de los sacramentos en toda la Diocesi. Con el amor y ternura de padre os hablaria mi corazón, si pudiese hacerlo con cada uno boca à boca en particular. Si quereis saber lo que pienso y lo que haré traed à la memoria lo que dice el Evangelio del modo con que fue recibido, acariciado y obsequiado el hijo pródigo. Si los eclesiásticos desean saber lo que ejecutaré, lean lo que S. Cipriano y S. Agustín escribían, convidando a los mismos que los habian ofendido, y usurpado su jurisdicción. Amor, indulgencia, olvido de todo lo pasado, conservación de los grados y honores, adquiridos antes canónicamente, supuesta una conversión sincera, y un deseo eficaz de salvar sus almas, y de reparar en lo posible el daño espiritual ageno, y el escándalo de los pueblos, que los vieran prevaricar. Todo el mes de setiembre estaràn abiertas de par en par las puertas del perdón y misericordia, para recibir la absolución de censuras, y las dispensas necesarias pidiéndolas de buena fé, de palabra, ò por escrito.

5Si mas pudiere hacer en su beneficio, mas haré por remediar sus yerros ò enjugar sus lagrimas. Mis obejas amadas pueden estar ciertas de que en este tiempo encontrarán en mi un pastor que las acariciará y cargará sobre sus hombros; pero que pasado este término, se verá en la triste y dura obligación y necesidad de castigarlas con el báculo pastoral. No llegue este caso, queridos hijos extraviados; volved al redil: asegurad vuestras conciencias; salvad vuestras almas. Non sint in cobis schismata.

6Dado en Nuestro Palacio de Goatemala, à 31 de agosto de 1827.

7Fr. Ramón; Arzobispo de Goatemala.

Fuentes :

Mario Cifuentes, “Fray Ramón Casaus y Torres: una revisión documental y bibliográfica (1765-1844)”, Tesis de licenciatura inédita, Guatemala, 2014, pág. 343-345 (anexo 10).