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AFEHC : transcripciones : Volante sobre la candidatura de Rafael Yglesias Castro (1861-1924) a la Presidencia de la República. : Volante sobre la candidatura de Rafael Yglesias Castro (1861-1924) a la Presidencia de la República.

Ficha n° 4152

Creada: 11 diciembre 2015
Editada: 11 diciembre 2015
Modificada: 12 diciembre 2015

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Autor de la ficha:

Esteban SANCHEZ SOLANO

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Volante sobre la candidatura de Rafael Yglesias Castro (1861-1924) a la Presidencia de la República.

El documento apareció en el momento en que Rafael Yglesias, Secretario de Guerra y Marina del presidente José Joaquín Rodríguez Zeledón (quien era además su suegro) decidió formalmente presentar su candidatura para la presidencia de la República. Estuvo durante dos periodos consecutivos en el poder (1894-1898 y 1898-1902).
1318
Palabras claves :
Rafael Yglesias, candidatura, volante
Autor:
Rafael Yglesias Castro
Fecha:
1893-12-12
Texto íntegral:

1AL PÚBLICO

2Con motivo de habérseme iniciado privadamente por varios de mis amigos como candidato a la Presidencia de la República en el próximo periodo constitucional, se han desplegado, por la prensa y de palabra, ataques a la presente Administración y a mi persona, con el deliberado objeto de procurar la discordia entre los miembros del Gobierno, de infundir desconfianza en la generalidad y de aunar en consecuencia, contra el Poder Público, la acción de los partidos.

3No me preocupo de los ataques personales; pero consecuente con el puesto oficial que desempeño, si creo de mi deber, hacer las aclaraciones que dejen las sospechas de los partidos militantes y contribuyan al buen nombre y prestigio de las instituciones patrias.

4Se ha dicho en diversos conceptos que es la ambición mi temperamento habitual y que en ella se informan a todos los actos de mi vida pública. Ciertamente; aspiro por medios lícitos y para fines nobles; aspiro como el que más, a la gloria de hacer el bien a mis compatriotas y al honor de gobernar a la Nación. Esto lo confieso sin ambajes ni escrúpulos que sólo conducen a enervar la propia energía o que revelan que no se tiene conciencia plena de poseer una aspiración legítima y honrada. Pero esta manera de sentir y de pensar, prueba a la vez, de modo evidente, que no estoy poseído de ambiciones desautorizadas que ofuscan, ni se alberga en mi ánimo medio artero y corruptor para satisfacerlas.
Consecuente con las ideas que expuse de una manera franca y espontánea en la pasada lucha electoral al procurar el triunfo de la presente Administración, no he llegado a concebir, ni por un momento, la idea de abusar, en mi provecho, de la autoridad que me ha confiado el superior.- Comprendo que mi posición oficial, si llegara a lanzarse mi candidatura y dados los antecedentes políticos del país, no se compadecería con la delicadeza que es de desearse de quien, si tiene noble propósito, debe alejar de sus actos y de la conciencia de sus conciudadanos hasta la más ligera sombra de imposición. Mi permanencia en el gobierno sería, pues, en aquel caso, antes que estímulo a mis aspiraciones, verdadera dificultad para realizarlas.

5No reconozco como justas las razones apasionadas que mis detractores arguyen para eliminarme del concierto electoral bajo el pretexto de simpatías de Gobierno y de familia con el Jefe de la Nación, pues tratándose de un pueblo libre y de un gobernante honrado, la distancia entre el candidato y el Poder Público no se mide por las influencias que aquel tenga con el mandatario ni por lo vínculos de familia que entre ellos existan, sino por la concurrencia del mayor número de voluntades libres que se interesen en la contienda; y si las contrarias opiniones exigieran, en buena práctica republicana, completa garantía contra la supuesta influencia del parentesco, recurso y muy legal quedaría entonces, para que el Jefe de la Nación, llamase a ejercer el Gobierno de la República a cualquiera de los individuos designados por la ley. Véase pues, si a existir algún deseo manifiesto en mi presente candidatura, habrían de faltar medios legales y honrados que salvando las instituciones, las librasen de una oposición sistemática que hiciera dudoso su triunfo.

6No hay por tanto motivo para que se sospeche de la rectitud de mis procedimientos e intenciones. No soy, ni por temperamento ni por educación, el aspirante vulgar que mis detractores se suponen;- no abrigo sentimientos contrarios a la dignidad bien entendida de mis conciudadanos, ni al buen nombre y prestigio de la Administración a que sirvo, ni mucho menos, al porvenir honroso a que aspiro. Mi deber está hoy, como funcionario público, circunscrito al estricto cumplimiento de la ley y mi voluntad empeñada exclusivamente al servicio de la Nación.

7No es del caso, por otra parte, renunciar a una candidatura que exista apenas en el ánimo de mis amigos, quienes inspirados en un patriotismo bien entendido, han resuelto no traer ya con ella, más divisiones a la contienda electoral. Pero sí puedo y es mi deber, coadyuvar con el concurso de mis relacionados a fin de que terminen las divisiones existentes por ser ellas posible amenaza para una elección pacífica, y grave obstáculo para la buena marcha de la administración futura.

8San José, 12 de diciembre de 1893

9Rafael Iglesias

Fuentes :

ANCR, Presidencia no. 1050, Volante sobre candidatura de Rafael Yglesias Castro a la Presidencia de la República, f. 1