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AFEHC : diccionario : CASTRO Y RUIZ, Bernardo : CASTRO Y RUIZ, Bernardo

Ficha n° 4158

Creada: 17 diciembre 2015
Editada: 17 diciembre 2015
Modificada: 17 diciembre 2015

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Jorge H GONZALEZ ALZATE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

CASTRO Y RUIZ, Bernardo

Principales aspectos de la vida de Bernardo de Castro y Ruiz quien actuó como secretario del arzobispo Ramón Casaus y Torres entre 1817 y 1824.
Palabras claves :
Secretario, Insurgencia, Arzobispo
Cargo o principal ocupación:
Secretario del arzobispo (1817-1824)
Nació:
En 1777 en Mérida, Yucatán.
Murió:
El 25 de junio de 1832 en La Gomera, Guatemala.
Padres:

1Don José de Castro y doña Felipa Ruiz naturales ambos de Mérida

Resumen:

1 Cuando se considera el papel del arzobispo de Guatemala Ramón Casaus y Torres durante el periodo de la Independencia en Guatemala se suele hablar de su carrera anterior (su actuación como implacable enemigo del insurgente Miguel Hidalgo), de su carácter (obstinado como todos los aragoneses) y de su conservatismo político (su fidelidad a la monarquía y a los intereses de las familias de poder de la capital). Sin embargo, si uno quiere entender cómo este individuo logró implementar su eficaz política de control social durante su periodo de gobierno resulta necesario ampliar el análisis de su poder al círculo de sus subordinados que lo apoyaban incondicionalmente. Dicho de otro modo, ¿quienes eran los encargados de ejecutar su política gubernamental en la diócesis de Guatemala? Dentro de este grupo de individuos, que podríamos calificar de clave, figuraba el casi desconocido Bernardo de Castro y Ruiz, hombre de trayectoria más bien oscura y que sin embargo llegó a desempeñarse como secretario del arzobispo entre 1817 y 1824 y en consecuencia estuvo encargado de implementar una parte substancial de la carga de trabajo que se suele atribuir únicamente a Casaus y Torres.

2Los pocos datos que hemos logrado recabar sobre la vida de Bernardo de Castro y Ruiz resultan además interesantes pues arrojan luz sobre la política metódica y sistemática de reclutamiento que Casaus y Torres fomentaba con el afán de rodearse de personas de confianza y con cierta capacidad de trabajo. El padre Castro y Ruiz aparece por primera vez en la ciudad de Guatemala en 1817 ocupando formalmente el puesto de secretario de cámara del arzobispo Casaus y Torres y pensamos que permaneció a su lado hasta el año de 1824 cuando fue reemplazado por el presbítero José Mariano Herrarte. Sin relación de parentesco con la élite local y comprometido abiertamente con la política de guerra contra los insurgentes, el padre Castro y Ruiz representaba el hombre de confianza perfecto que en ese entonces buscaba el arzobispo.

3Castro había arribado de Ciudad Real, ciudad que había dejado a finales de 1815 tras el fallecimiento de Ambrosio Llano , obispo de Chiapas. Al llegar a la Ciudad de Guatemala, Casaus y Torres lo tomó bajo su protección quizás porque había prometido hacerlo a su amigo Llano o porque éste le había dicho que Castro y Ruiz era el individuo mas idóneo para servirle como secretario. Castro y Ruiz hizo entonces imprimir en Madrid su relación de méritos y servicios, lo cual demuestra que estaba aconsejado por el prelado y que estaba decidido a sacar adelante su carrera. Dicha relación de méritos, como suele ser el caso, nos revela detalles sobre su periodo de formación y el papel oficial que se le reconocía en ese entonces como defensor del Rey, es decir, de la famosa “justa causa”.

4Castro y Ruiz había hecho sus estudios en el Seminario Tridentino de la ciudad de Mérida y se había ordenado de presbítero el 10 de octubre de 1802. Fue destinado a servir primero de cura coadjutor de la parroquia de Macuspana en la provincia de Tabasco. Eficaz en su trabajo, fue después honrado por el prelado de Yucatán con el título de vicario foráneo y juez eclesiástico de Tepetitlán. De allí, con letras testimoniales y comendaticias muy honorifícas, se trasladó a Chiapas, donde el obispo Ambrosio Llano lo destinó al servicio interino de cura del pueblo de Xinacatán. Tras el fallecimiento del cura de Palenque, Manuel Landero, Bernardo de Castro y Ruiz obtuvo en enero de 1807 el beneficio de la parroquia de Santo Domingo Palenque, en la que sirvió durante nueve años, mostrándose incluso capaz de apaciguar por sí mismo y sin necesidad de violencia física un motín de los vecinos “indios y pardos” de su parroquia. Al parecer bien estimado dentro de su parroquia, el padre Castro y Ruiz supo defender la real jurisdicción durante los tiempos más difíciles, actitud sin duda que le granjeó buenos informes del prelado Llano, el cual estaba regularmente en contacto por cartas con el arzobispo Casaus y Torres. Según aparece en su relación de méritos y servicios, mantuvo “entre sus feligreses el buen orden” y supo desterrar “hasta los menores asomos de división” y por fin “logró con sus eficaces persuasiones el que su feligresía se distinguiese en la contribución de donativos para la defensa de S. M. y de la Patria”. Más original aún y digno de elogio ante los ojos de sus superiores fue su actuación en la organización de una milicia de voluntarios: “ayudó a la creación, en su curato, de una escogida y lucida compañía de Milicias Urbanas, con el honroso título de voluntarios del Señor Don Fernando VII, proponiendo al Gobierno Militar los más aptos para oficiales y sargentos y procurando su instrucción por medio de un veterano que trajo de Campeche y mantuvo a su costa y contribuyó además con ciento setenta y quatro pesos y siete reales de donativo voluntario para sostener la guerra contra Napoleón y sus secuaces”.

5A principios de mayo de 1813, Castro y Ruiz fue uno de los que más contribuyó a liberar la Provincia de Chiapas, la cual había sido invadida por los insurgentes (posesionados de Oaxaca) por el punto de Tonalá, a donde entraron después de haber dispersado las tropas de la frontera. Castro y Ruiz alentó a los intimidados vecinos a despreciar los pliegos seductores y amenazadores del cabecilla Matamoros, proponiendo recursos de defensa y ayudando al Gobierno en las medidas y providencias concernientes a este fin, cuyos servicios enérgicos fueron públicos y notorios y muy apreciados. En 1813, Ambrosio Llano, quien estaba practicando su visita pastoral, lo nombró secretario de visita en la Provincia de Zendales. Después lo mantuvo a su lado hasta su fallecimiento haciendo de él su secretario de cámara. En 27 de octubre de 1814, Castro y Ruiz predicó un sermón con el mayor entusiasmo y gozo por la feliz restitución del Rey don Fernando VII cuya oración se imprimió en Mérida, Yucatán. En 29 de mayo de 1815, fue presentado para el beneficio de la Sacristía mayor de Ciudad Real que sirve con el empleo de capellán de coro.

De vuelta en Ciudad de Guatemala, el padre Castro y Ruiz aparece en 1820 comprando una casa que le costó 2200 pesos y que pagó al contado. Rosa Perez y Marcos Loronca, albaceas de Josefa Rivera, le vendieron dicha casa en la calle que sale del Palacio a la plazuela de San Sebastián cuyo sitio se componía de 20 varas de frente y 40 de fondo, lindante por el oriente con la casa del Maestro Rivas, por el poniente con Margarita Fuentes, por el norte con casa que fue de Miguel Rivera y por el sur calle de por medio con muros del convento de Concepción, del presbítero Antonio Cañas y su hermana María Gertrudis Cañas. Casaus y Torres seguía apoyándolo porque en una lista de pretendientes a la dignidad de arcediano vacante en Guatemala, hecha el 22 de septiembre de 1821, por fallecimiento del canónigo Domingo Galisteo , Castro y Ruiz tenía el noveno lugar y era examinador sinodal. En una fecha que no conocemos, el prelado Casaus y Torres lo colocó al servicio de la parroquia de Ciudad Vieja, cargo que asumió hasta su renuncia el 21 de enero de 1825 por razones que ignoramos.

6 El 25 de junio de 1832, el juez de Instancia de Sacatepéquez informó a la secretaría general del gobierno, haber depositado los bienes que quedaron al fallecimiento del presbítero don Bernardo de Castro y Ruiz quien murió en la villa de Gomera el 25 de junio, sin dejar un testamento. Sus bienes fueron subastados y se obtuvieron la cantidad de 500 pesos, dinero que fue entregado, según el receptor de alcabalas de Sacatepéquez, al subteniente José María Alvarez.

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