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AFEHC : articulos : La región de occidente en la Historia de Guatemala : La región de occidente en la Historia de Guatemala

Ficha n° 4183

Creada: 15 enero 2016
Editada: 15 enero 2016
Modificada: 15 enero 2016

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Autor de la ficha:

Jorge GONZALEZ ALZATE

Editor de la ficha:

José Edgardo CAL MONTOYA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La región de occidente en la Historia de Guatemala

En este ensayo se examina a grandes rasgos el desarrollo de la investigación histórica que se ocupa de la evolución socio-económica, política y cultural de la región de occidente durante la colonia y primer siglo de vida independiente. Dicha consideración nos revela que la historiografía nacional ha tendido a privilegiar los trabajos generales de síntesis, razón por la cual la experiencia histórica de regiones como occidente, pese al papel central que ha desempeñado a través del devenir histórico de Guatemala, no ha recibido la atención que merece de los estudiosos del pasado guatemalteco. Es sólo en años recientes que la región ha comenzado a ser objeto de estudio sistemático de un corto grupo de investigadores, quienes han comenzado a producir estudios que iluminan una gran variedad de aspectos del pasado de la región. No obstante, aún quedan por realizarse trabajos que exploren, en particular, las relaciones de género y la gradual configuración de las estructuras culturales de occidente, tanto durante la colonia como en el período independiente.
1330
Palabras claves :
Occidente, Altos, Historiografía
Autor(es):
Jorge González Alzate
Fecha:
Diciembre de 2015
Texto íntegral:

1

Introducción

2A lo largo del siglo XIX, la región de occidente, conformada por los departamentos de Huehuetenango, Totonicapán, Quetzaltenango, San Marcos, Retalhuleu, Suchitepéquez y Sololá, desempeñó papel preponderante en los más relevantes procesos sociales, económicos y políticos que desembocaron en la transición al capitalismo agrario dependiente y la creación del estado nacional guatemalteco.

3La élite ladina de la región, en los años que siguieron a la independencia, lideró un movimiento federalista cuyo objetivo era emancipar a los distritos de occidente del control administrativo y político de Ciudad Guatemala. Dicho proyecto secesionista fructificó en 1838, y por corto tiempo en 1848, cuando Quetzaltenango, el centro comercial y político más importante del altiplano occidental, actuó como la capital del Estado de Los Altos, el sexto de la Federación Centroamericana1. Desafortunadamente para los impulsadores del movimiento separatista, el caudillo conservador Rafael Carrera (1814-1865) se opuso tajantemente a la erección y consolidación de dicho estado y con el apoyo de muchos indígenas de la región logró reincorporar el efímero sexto estado a la recién creada república de Guatemala.

4De 1850 en adelante, la región de Occidente inició una nueva etapa en su evolución socio-económica y política. Por lo que hace a la población indígena , el largo período de dominio conservador (1839-1871) resultó ser una época de relativo florecimiento político y cultural. Con el respaldo del caudillo Carrera, las comunidades lograron obtener protección para sus tierras comunales y reconquistar muchos de los privilegios corporativos que les habían sido arrebatados bajo los primeros gobiernos liberales.

5Por su lado, la élite ladina, con sus anhelos de autonomía política truncados, decidió concentrar todos sus esfuerzos en el desarrollo y promoción de un nuevo sector de exportación: el café. Las tierras de occidente ubicadas en la boca costa pacífica resultaron ser óptimas para el cultivo de la valiosa planta. En consecuencia, fincas de mediana y grande extensión surgieron en dicha zona, a la par de un gran número de plantaciones de pequeña escala, establecidas por un creciente número de familias, en su mayoría ladinas, provenientes de las tierras altas. Pero la falta de apoyo por parte del régimen conservador, especialmente en lo concerniente al desarrollo de la infraestructura de transporte vial y marítimo, indispensable para afianzar la naciente industria, motivó a los sectores ladinos a brindar apoyo militar y político al movimiento de oposición liberal que surgió a mediados de la década de 1860.

6Fue así como la región de occidente, bajo el liderazgo de las élites hispanas de Quetzaltenango y San Marcos, y con el respaldo de la población ladina y muchos indígenas, desempeñó papel decisivo en la llamada revolución liberal de 1871 (también conocida como La Reforma). Esta vez su objetivo no era la autonomía regional sino la conquista del estado nacional mismo. Dos años después, el caudillo liberal de San Marcos, Justo Rufino Barrios (1835-1885), asumió el mando militar y político del nuevo régimen. Con el apoyo decidido de las familias principales – tales como los Aparicio, los Gálvez, los Robles, los López, los Alejos, entre otras – así como de los sectores populares ladinos y muchos indígenas, Barrios procedió a imponer y consolidar un orden socio-político enteramente dominado por la nueva oligarquía cafetalera ladina, fundamentado en un modelo de desarrollo capitalista agrario dependiente y la subordinación política así como gradual ladinización de la mayoría indígena. En los cincuenta años después de la victoria liberal, cuatro caudillos altenses, dos naturales de San Marcos (Justo Rufino Barrios y José María Reina Barrios, 1854-1898) y dos de Quetzaltenango (Manuel Lisandro Barillas , 1845-1907 y Manuel Estrada Cabrera, 1857-1924), sostuvieron las riendas del poder en Guatemala. Ese marco socio-político y modelo económico implantado por los finqueros liberales altenses continúa hasta hoy en día condicionando de manera decisiva el desarrollo histórico de Guatemala.

7Como esta apretada síntesis demuestra, la región de occidente ha jugado un papel central en el devenir histórico de Guatemala. Aún así, la región no ha recibido la atención que merece de los estudiosos del pasado guatemalteco. Es sólo en años recientes que un corto grupo de investigadores ha comenzado a producir estudios que iluminan una gran variedad de aspectos del pasado de la región. Pero aún quedan por emprenderse estudios monográficos detallados que describan y analicen el desarrollo social, económico, político, étnico y cultural de la región. En lo que sigue del presente ensayo, examinamos a grandes rasgos el desarrollo de la investigación histórica que se ocupa de la evolución socio-económica y política de la región de occidente durante la colonia y primer siglo de la independencia.

Las síntesis históricas tradicionales

8Iniciando el presente ensayo con un somero repaso a lo que podríamos llamar historias tradicionales de Guatemala advertimos que un buen número de ellas de hecho contienen referencias a varios aspectos de la evolución histórica de la región de occidente. Pero el tratamiento es por lo general episódico y disparejo, enfatizando más que todos los sucesos políticos y militares relacionados con la campaña dirigida a establecer el Estado de Los Altos en las primeras décadas del siglo XIX.

9Las obras de historiadores norteamericanos tales como Hubert Bancroft, Chester Lloyd Jones y Ralph Lee Woodward , por ejemplo, usualmente incluyen una breve referencia al tema del sexto estado, pero sin tener en cuenta los antecedentes históricos que dieron origen al movimiento secesionista. Además, dichos trabajos no hacen la más mínima mención del hecho de que occidente surgió a comienzos del siglo XIX como un destacado centro federalista y que subsecuentemente desempeñó papel decisivo en la llamada revolución liberal de 1871, así como en el proceso de reforma que le siguió y que marcó la transición al capitalismo agrario dependiente en base al cultivo del cafe2.

10En su monumental obra acerca de los años de dominio conservador (1839-1871), Woodward ha expandido substancialmente su cubrimiento sobre el movimiento federalista de occidente. Pero su tratamiento, basado predominantemente en periódicos y la literatura histórica sobre dicho tema, tiende aún a reflejar la perspectiva de Ciudad Guatemala, en detrimento de los desarrollos y puntos de vista de los actores sociales de la región misma. Un análisis más balanceado y veraz sólo se puede lograr con la utilización de fuentes de archivo locales y regionales3.

11Las historias tradicionales de investigadores centroamericanos igualmente presentan un tratamiento limitado y fragmentario sobre la región de occidente. Por lo general, el tratamiento de los acontecimientos relacionados con el movimiento secesionista es más extenso, pero el análisis tiende a enfatizar los aspectos políticos y militares en detrimento de los orígenes socioeconómicos del movimiento regionalista. Adicionalmente, estas obras tienden a ser marcadamente influenciadas por las perspectivas partidistas de la época. La perspectiva “liberal” fue articulada inicialmente por el influyente historiador Lorenzo Montúfar. En su Reseña Histórica, Montúfar incluye una narrativa más o menos detallada de los eventos político-militares asociados con la creación del sexto estado, argumentando que la existencia de dicha entidad política sólo se justificaba en el contexto del proyecto federal centroamericano. La creación del Estado de Los Altos, según Montúfar, le restaba influencia al estado de Guatemala, lo que contribuía a una estructura federal mucho más balanceada y, por tanto, menos conflictiva. Pero aparte de lo anterior, Montúfar no muestra interés alguno en rastrear las raíces socio-económicas de los sentimientos separatistas en occidente. Ignora completamente las dimensiones regionales y las inveteradas quejas de los dirigentes altenses en contra de lo que ellos consideraban las actitudes desdeñosas y tiránicas de la élite política y económica de Ciudad Guatemala. Con todo, la obra de Montúfar contiene una enorme cantidad de documentación primaria relacionada con ese notable episodio de la historia de occidente que puede resultar útil a los investigadores de dicha temática4.

12La interpretación “conservadora-nacionalista” de la historia guatemalteca adolece de problemas similares. Las pocas referencias a occidente en estas obras están dedicadas a una descripción muy breve de los sucesos relativos a la creación del sexto estado, desde una perspectiva marcadamente partidista. Los autores más representativos de esta corriente historiográfica, Clemente Marroquín Rojas, Luis Beltranena Sinibaldi y Manuel Coronado y Montúfar coinciden en interpretar la idea de un sexto estado como un siniestro proyecto del caudillo liberal Francisco Morazán (1792-1842), con el específico fin de aniquilar el poderío guatemalteco. Y, al igual que Montúfar, ninguno de estos estudiosos manifiesta interés alguno en considerar las raíces regionales del movimiento separatista. Es por ello que, al centrar el análisis en los sucesos político-militares, ellos pasan por alto el hecho clave de que el Estado de Los Altos en realidad representaba la culminación de una larga lucha regionalista, con raíces sociales y económicas en las primeras décadas del siglo XIX, en oposición a las que se percibían como políticas absolutistas y monopolistas de la élite mercantil guatemalteca. Igualmente importante es el hecho de que ninguna de estas historia tradicionales, liberal o conservadora, presta atención a las conflictivas relaciones entre la élite de occidente y el caudillo conservador Rafael Carrera, durante el periodo 1851-1865, así como a la decisiva participación de occidente en la transición al régimen liberal en los años 1870. No cabe duda que ha sido la carencia de estudios monográficos detallados sobre esta problemática lo que ha impedido que tan distinguidos estudiosos del pasado guatemalteco hayan podido incorporar la experiencia histórica de occidente en sus respectivas narrativas5.

Las interpretaciones de Mario Rodríguez y Hazel Ingersoll

13Los investigadores norteamericanos Mario Rodríguez y Hazel Ingersoll fueron los únicos estudiosos de su generación que se ocuparon en estudiar más a fondo una variedad de aspectos de la historia moderna de occidente, aunque ninguna de sus obras enfoca exclusivamente la historia de la región. Rodríguez trata indirectamente algunos aspectos relacionados con la creación del sexto estado y el papel clave que dicha entidad política desempeñó en los convulsionados procesos que culminaron en la disolución del pacto federal centroamericano. Este historiador también señala de paso algunas de las reivindicaciones políticas y económicas que los dirigentes del movimiento secesionista aducían como justificación de sus sentimientos anti-chapines. En su excelente estudio sobre el llamado “Experimento de Cádiz”, Rodríguez asimismo incluye referencias valiosas a los orígenes coloniales del movimiento separatista altense. Pero debido a que su interés principal es el período que abarca la primera mitad del siglo XIX, el autor no incluye consideración alguna sobre occidente bajo el régimen conservador y la reforma liberal de los años 1870s6.

14La tesis doctoral de Hazel Ingersoll, The War of the Mountain (la guerra de la montaña), incluye un extenso análisis de la campaña separatista de occidente. Ella es sin duda una de las primeras investigadoras en utilizar una gran variedad de documentación primaria relacionada con el sexto estado, especialmente los materiales pertenecientes a la colección de Arturo Taracena Flores (tanto publicaciones periódicas como documentos de archivo), un descendiente directo de una familia notable de occidente. En contraste con los trabajos mencionados anteriormente, Ingersoll incursiona en los orígenes coloniales del movimiento altense y señala su significado en la trayectoria histórica de Guatemala. Sin embargo, el tema central de su obra es el movimiento de la montaña liderado por el caudillo campesino Rafael Carrera. Es por ello que la autora sólo se refiere a occidente en el contexto del ascenso al poder del caudillo y su eventual campaña por aniquilar el sexto estado. Con todo, el breve bosquejo sobre el rol de occidente en la revolución liberal de 1871 resulta bastante valioso, ya que es la primera investigadora en señalar la sugerente idea de que “de muchas maneras, el triunfo de la revolución de 1871 en realidad constituyó el resurgimiento de occidente, pero esta vez no un occidente buscando emanciparse de Guatemala, sino más bien decidido a conquistar el control sobre el aparato estatal nacional mismo7.”

Historias generales modernas

15Las obras de corte general más recientes se ocupan exclusivamente de los procesos sociales y económicos, en agudo contraste a las mencionadas historias tradicionales que tienden a privilegiar los sucesos político-militares. No obstante, en todas ellas el análisis del rol de occidente en el desarrollo histórico de Guatemala también adolece de fuertes limitaciones. En estos trabajos, la experiencia colonial de la región de occidente por lo general no amerita más que un breve bosquejo, usualmente describiéndola como una región pobre y periférica, habitada por unos cuantos colonos no indígenas y una mayoría indiferenciada de comunidades indígenas dedicadas a la producción de subsistencia, social y económicamente homogéneas, viviendo al margen del resto de la sociedad y economía coloniales.

16Un caso típico es la obra de David McCreery, Rural Guatemala, una síntesis general de la evolución histórica del universo rural guatemalteco durante el período 1760-1944. En este trabajo, el autor describe al altiplano occidental como “ante todo el dominio del indígena. La pobreza generalizada de la región limitó la presencia española y ladina… De hecho, habían muy pocos incentivos para los ladinos pobres en ir en busca de fortuna en esta región, caracterizada por ofrecer pocas oportunidades de ganancia y donde no sólo los indígenas sino también la iglesia y el estado hacían muy precaria la vida de todo forastero … las poblaciones ladinas históricamente eran más numerosas en las zonas orientales del país, pero al iniciarse la producción de café en grande escala [hacia finales del siglo XIX], miles de ellos emigraron hacia la boca costa y el altiplano occidentales .” McCreery añade que “la participación [de las comunidades indígenas] en la economía de mercado se reducía al trueque o un apocado comercio en mercados locales o a una compra ocasional hecha con plata ahorrada con mucho sacrificio o a través del comercio coercitivo de los funcionarios reales diseñado con el fin de despojarlos de sus escasos recursos8.”

17
Una caracterización similar se encuentra en la obra de Miles Wortman, Government and Society, una de las historias generales sobre la colonia centroamericana más citadas: “áreas como Verapaz y Quezaltenango tenían entre ellas menos de 100 colonos [españoles], la mayoría de los cuales eran demasiado pobres como para entablar empresas de envergadura. En tales áreas, los funcionarios reales eran los agentes comerciales más poderosos, junto, tal vez, con los representantes del clero9.”

18Lo mismo ocurre en la obra, Catholic Colonialism (Colonialismo Católico), de Adriaan van Oss. Al referirse a la región de occidente en el contexto de la historia colonial guatemalteca, el autor utiliza el mismo lenguaje que los anteriores textos: “a partir del siglo XVI, emergieron dos sistemas económicos distintos. En el altiplano occidental, el sistema tradicional indígena de milpa, suplementado por mercados locales y regionales, dominaba lo que llegó a constituir un patrón de vida esencialmente autosuficiente y estático. En las tierras bajas de oriente, por el contrario, un sistema más dinámico, centrado en la agricultura comercial—especialmente el cultivo de añil para la exportación y la crianza de ganado—marcó la pauta.”

19No obstante, resulta importante señalar que el trabajo de van Oss constituye un extraordinario logro investigativo como obra pionera en el estudio del campo cultural, concretamente en el poco estudiado tema del importante rol, no solo espiritual sino también político, que la iglesia católica jugó en la diócesis de Guatemala a lo largo del periodo colonial. Sin embargo, aunque el trabajo incluye numerosas referencias a varias comunidades indígenas de occidente, el carácter general de la obra no permite a van Oss ahondar en detalle en lo que concierne esa relevante dimensión de la historia cultural de la región. Tales referencias sólo sirven el propósito de ilustrar o reforzar los argumentos centrales de la obra10.

20Como se señaló anteriormente, está claro que la carencia de estudios monográficos dedicados a la investigación sistemática de la evolución histórica de occidente, ha impedido a estos destacados investigadores del pasado guatemalteco elaborar una narrativa histórica más veraz y matizada de los procesos de cambio que la región experimentó a lo largo de la época colonial y primer siglo de vida independiente. Lo que tales caracterizaciones ignoran, más concretamente, son los significativos cambios demográficos, económicos y sociales que la región experimentó con cada vez mayor intensidad a partir de las últimas décadas del siglo XVII. De hecho, las descripciones de McCreery, Wortman y van Oss simplemente hacen eco a las interpretaciones de Murdo MacLeod, quien en su influyente trabajo, Historia socio-económica de la Centroamérica española, y con una base documental muy limitada, definió a occidente como predominantemente el dominio del indígena, zona dedicada mayoritariamente a la producción de subsistencia y en general viviendo al margen de los desarrollos políticos de la colonia, en contraste con oriente, región con una economía más desarrollada y dinámica, orientada a la producción de exportación y con población mayoritariamente ladina11.

Acercamientos etnohistóricos y geográficos

21Sin embargo, a partir de los años 1980s, una nueva generación de etno-historiadores y científicos sociales (la mayoría geógrafos) comenzó a utilizar un acercamiento mucho más dinámico en el estudio de la cultura y sociedad indígenas. Inspirados por tendencias intelectuales en México y Sur América, áreas donde los estudios locales y regionales multidisciplinarios habían predominado desde los años 1970s, dichos investigadores han producido un buen número de valiosos estudios monográficos enfocados en la experiencia histórica de las comunidades Maya de occidente. Centrados principalmente en el período colonial, estos trabajos arrojan luz sobre una gran variedad de aspectos asociados a la evolución histórica de las sociedades indígenas de la región de occidente. Tales hallazgos e interpretaciones resultan enormemente valiosos sobre todo para aquellos historiadores interesados en incorporar las vivencias y contribuciones de los pueblos indígenas a sus investigaciones sobre el pasado tanto de occidente como de Guatemala12.

22En consecuencia, una visión marcadamente diferente de occidente ha comenzado a surgir, visión que contrasta en mucho con la que ofrecen las historias generales consideradas anteriormente, en particular en lo que atañe la caracterización de las numerosas comunidades indígenas como estáticas, herméticas y aisladas del resto de la vida nacional. Por el contrario, estos trabajos describen de manera convincente a las comunidades indígenas como enormemente complejas y dinámicas, diferenciadas en términos sociales y económicos y plenamente integradas a la economía nacional, al tiempo que constantemente involucradas en los asuntos políticos tanto coloniales como nacionales. Los hallazgos e interpretaciones de estos estudiosos son, por lo tanto, muy valiosos en tanto que alentarán a futuras generaciones de historiadores de Guatemala a incorporar en sus investigaciones un análisis más preciso y matizado de las sociedades indígenas y sus experiencias históricas.

Hacia una nueva lectura de la historia de occidente

23Con el propósito de aplicar dichas metodologías y marcos conceptuales novedosos, y apoyado en una enorme base documental de archivos, emprendí en mi tesis doctoral el primer estudio de longue-durée de la región de occidente, enfocando el período 1750-188513. En la primera parte del trabajo, me centré en el poco investigado tema de la presencia española y ladina, en especial los orígenes y formación gradual de un grupo élite en Quetzaltenango, una red de familias acaudaladas y políticamente ambiciosas que llegaron a amasar altos niveles de capital económico y político a lo largo de los siglos XVIII y XIX14. La mayor parte del estudio, sin embargo, lo dediqué a demostrar en detalle el destacado papel que Quetzaltenango, y en especial su élite hispana, jugó en el prolongado y conflictivo proceso que culminó en la construcción del estado nacional guatemalteco y la transición del país al capitalismo cafetalero a mediados del siglo XIX. Es por ello que los procesos de los años iniciales de la colonia no recibieron la atención que ameritan, con sólo unos cuantos aspectos importantes considerados, esencialmente como antecedentes a los temas principales del trabajo15.

24Un esfuerzo similar ha sido emprendido por el historiador guatemalteco Arturo Taracena Arriola en su libro Invención criolla, en el cual ofrece una detallada y excelente síntesis de la experiencia histórica de occidente durante el período de 1740 a 1850.

25 El tema central de la obra es el surgimiento de un sentimiento de pertenencia regional o de “regionalismo” por parte de la élite criollo-ladina de occidente y la gradual ascendencia a la cima del poder económico y político de dicha élite a nivel nacional, así como la tenaz resistencia de la población indígena a dicho proceso, el que veían como lesivo a su integridad cultural. En base a esto, Taracena plantea la que considero una tesis importante. En su opinión, el modelo de nación que ha caracterizado a Guatemala hasta el presente, en el cual se privilegia la cultura ladina y se excluye la indígena, surgió inicialmente entre los ladinos altenses en el contexto de su “patria chica”. Luego, tras el triunfo de los liberales altenses en 1871, dicho modelo de “nación” regional se convirtió en el modelo nacional al imponer los nuevos líderes su ideología política y modelo económico sobre el resto del país16.

26 Ambos trabajos constituyen sólidos aportes a la historiografía de occidente en el siglo XIX y al mismo tiempo arrojan nueva luz sobre los orígenes históricos de la nación-estado de Guatemala. Sin embargo, en lo que atañe al período colonial, el tratamiento no va más allá de un breve bosquejo, elaborado principalmente como antecedente a la temática central. Este es también el caso de los estudios de los historiadores Alvis Dunn y Greg Grandin, los únicos trabajos que hasta la fecha se han ocupado exclusivamente de Quetzaltenango, el núcleo urbano y comercial más importante de occidente. La tesis doctoral de Dunn se ocupa en gran detalle de sólo un episodio notable: el tumulto indígena acaecido en abril de 1786, mientras que la excelente monografía de Grandin, centrada en el importante papel que los principales Kiches de Quetzaltenango han desempeñado en los procesos de construcción del estado guatemalteco, ofrece sólo un breve resumen sobre la historia de Quetzaltenango durante las décadas finales del dominio español17.

27En mi trabajo, La experiencia colonial y transición al periodo independiente en el occidente de Guatemala (que será publicado por UNAM, Mérida en 2016) me propongo contribuir a una mejor comprensión de la época colonial, ofreciendo una reconstrucción y análisis pormenorizado de dicho período y los primeros años de vida independiente, con un énfasis especial en la ciudad de Quetzaltenango. Apoyado en mi trabajo de tesis, así como una enorme base documental adicional, mi propósito principal, en términos más concretos, es arrojar luz sobre ese prolongado, complejo y a menudo conflictivo, proceso que vio a Quetzaltenango y su hinterland transformarse gradualmente a lo largo del siglo XVIII en una populosa metrópoli multi-étnica, el núcleo comercial y político más importante de occidente, albergue de una numerosa y dinámica población Maya-Kiche así como un sector ladino en vías de expansión junto con una acaudalada y poderosa élite española/ladino. En consecuencia, nuestra comprensión de por qué y cómo la ciudad llegó a jugar tan decisivo papel en el desarrollo económico y político de Guatemala en las décadas después de la independencia será considerablemente iluminada.

28Otro importante objetivo del trabajo consiste en incorporar a la narrativa histórica de Guatemala las voces y perspectivas de los actores indígenas y ladinos, con el propósito de corregir suposiciones y estereotipos comunes respecto a ambos grupos. Es decir, intento avanzar la investigación histórica más allá de lo que Greg Grandin llama “la tendencia tradicional de la literatura histórica y antropológica guatemalteca a considerar a los Maya como viviendo aparte de los procesos históricos del país….la creencia de que la cultura Maya existe aparte del devenir nacional… al margen de los procesos de formación estatal y económica18.”

29 Contrario a las descripciones de McCreery, Wortman y van Oss, la evidencia consultada me permite caracterizar a la sociedad kiche no como estática sino más bien como enormemente dinámica, no como aislada, sino como activamente vinculada a los procesos tanto económicos como políticos de la colonia, no como homogénea y unificada sino como estratificada en términos socioeconómicos y diversa en términos culturales, no como estable en términos políticos sino más bien como en constante efervescencia e involucrada en procesos de negociación frente al estado colonial y sus agentes.

30Adicionalmente, intento explorar la índole y la trayectoria del asentamiento de españoles y ladinos en la región de occidente, rastreando en cierto detalle el proceso de ascendencia demográfica, económica y política de tales comunidades. Dedico atención especial a rastrear los orígenes de ese grupo privilegiado de familias españoles acaudaladas y políticamente ambiciosas que llegaron a asumir el control casi total sobre las instituciones de gobierno y recursos económicos tanto de Quetzaltenango como del resto de la región de occidente hacia finales del periodo colonial.

31Y en lo que concierne las relaciones entre kiches, ladinos y criollos, también me esfuerzo en elaborar un retrato más complejo, es decir, una descripción que evite la codificación tradicional de los indígenas como víctimas indefensas y de los ladinos como opresores. Porque como la documentación consultada demuestra, las relaciones étnicas en occidente eran (y siguen siendo) marcadamente complejas, caracterizadas a menudo por la cooperación tanto como por el conflicto, y en todo momento distinguidas por la interacción y negociación constantes entre los diversos grupos, aunque, sin lugar a dudas, dentro de un contexto de desigualdad socioeconómica y subordinación política.

32De tal forma, al integrar la experiencia histórica de las gentes de occidente (tanto Indígenas como ladinas) a la narrativa histórica de Guatemala, espero poder contribuir a la muy loable y relevante tarea de construir una comprensión de la evolución histórica de Guatemala mucho más completa y veraz y al mismo tiempo adelantar esa vital empresa de forjar una narrativa nacional que refleje las visiones, luchas y contribuciones de todos los guatemaltecos, no sólo las de los de la minoría privilegiada sino también las de los sectores populares mayoritarios.

Conclusión

33En conclusión, como esta breve consideración de la literatura más representativa nos revela, la tradición historiográfica del siglo XX tendió a privilegiar los trabajos de corte general, razón por la cual hasta hace poco las experiencias regionales no habían recibido la atención que ameritan. Este es el caso de la región de occidente, la cual, pese a su enorme importancia, sólo en años recientes ha comenzado a ser objeto de estudio sistemático de un pequeño grupo de estudiosos. El objetivo central de estos estudios ha sido el de reconstruir y analizar, en base a documentación de archivos, el desarrollo socio-étnico, económico y político de la región de occidente, aportando de tal manera una explicación más completa, dinámica y matizada del vital papel que la región llegó a desempeñar ( y sigue desempeñando) en el devenir moderno de Guatemala. Finalmente, cabe señalar que quedan por realizarse investigaciones de síntesis que complementen y resuman lo que ya se ha logrado, así como trabajos que exploren las relaciones de género y la configuración de las estructuras culturales en occidente, tanto durante la colonia como en el período independiente. Por lo tanto, es de esperar que futuras generaciones de estudiosos continuen a cultivar y hacer florecer este fascinante campo de la historia guatemalteca.

34Notas de pie de páginas

351 Hacia finales de la colonia, Quetzaltenango ya figuraba como el segundo núcleo urbano de la provincia de Guatemala, con una población de aproximadamente 11 mil habitantes. Por esos años, La Nueva Guatemala albergaba unos 25 mil residentes. Véase Domingo Juarros, Compendio de la historia del Reino de Guatemala (Guatemala: Editorial Piedra Santa, 1981), págs. 42, 51. En 1850, el misionero protestante Frederick Crowe estimó la población de Quetzaltenango en no menos de 20 mil. Frederick Crowe, The Gospel in Central America (London: Charles Gilpin, 1850), pág. 16.

362 Hubert H. Bancroft, History of Central America, 3 vols. (San Francisco: The History Company, 1886 87); Chester Lloyd Jones, Guatemala, Past and Present (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1940); Ralph Lee Woodward, Central America, a Nation Divided, 2d ed. (New York: Oxford University Press, 1985).

373 Ralph Lee Woodward, Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Athens: University of Georgia Press, 1993), págs. 113-122, 210-211, 223-226. El Archivo General de Centroamérica alberga una enorme cantidad de materiales sobre la historia de occidente. Abundante documentación adicional se encuentra en los archivos municipales, de gobernación y eclesiásticos de las poblaciones principales de occidente, tales como los Archivos Históricos, de Gobernación y parroquiales de Quetzaltenango,Totonicapán y San Marcos. Véanse también las publicaciones de Rainer Hostig, Esta tierra es nuestra, 3 tomos (Quetzaltenango: Centro de Capacitación e Investigación Campesina, 1993, 1998) y (Totonicapán: CDRO, 1998).

384 Lorenzo Montúfar, Reseña Histórica de Centro América, 7 vols. (Guatemala: Tipografía El Progreso, 1878-1887), 7, págs. 113-122, 210-211, 223-226.

395 Clemente Marroquín Rojas, Francisco Morazán y Rafael Carrera (Guatemala: Tipografía Nacional, 1965); Historia de Guatemala (Guatemala: Tipografía Nacional, 1971) , págs. 181-186; Luis Beltranena Sinibaldi, Fundación de la República de Guatemala (Guatemala: Tipografía Nacional, 1971), págs. 98-103; Manuel Coronado Aguilar, Apuntes históricos-guatemalenses (Guatemala: Editorial José de Pineda Ibarra, 1975), págs. 138-139; 254-255.

406 Mario Rodríguez, A Palmerstonian Diplomat in Central America, Frederick Chatfield, Esq. (Tucson: University of Arizona Press, 1964); The Cadiz Experiment in Central America (Berkeley: University of California Press, 1978).

417 Hazel Ingersoll, The War of the Mountain, a Study of Reactionary Peasant Insurgency in Guatemala, 1837 1873 (Tesis doctoral, The George Washington University, Washington, 1972), págs. 212-214, 222-225.

428 David McCreery, Rural Guatemala (Stanford: Stanford University Press, 1994), págs. 9, 40-44.

439 Miles L. Wortman, Government and Society in Central America, 1680 1840 (New York: Columbia University Press, 1982), pág. 27.

4410 Adriaan van Oss, Catholic Colonialism: A Parish History of Guatemala, 1524-1821 (Cambridge: Cambridge University Press, 1986), pág. 130.

4511 Murdo MacLeod, Historia socio-económica de la América Central Española, 1520-1720 (Guatemala: Editorial Piedra Santa, 1980), pág. 308.

4612 Véanse, por ejemplo, los trabajos de Thomas T. Veblen, The Ecological, Cultural and Historical Bases of Forest Preservation in Totonicapán, Guatemala (Tesis doctoral, University of California, Berkeley, 1975); Anne Collins, Colonial Jacaltenango, Guatemala: The Formation of a Corporate Community (Tesis doctoral, Tulane University, New Orleans, 1980); Elías Zamora, Los Mayas de las tierras altas en el siglo XVI: tradición y cambio en Guatemala (Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla, 1985); Robert Hill, Continuities in Highland Maya Social Organization: Ethnohistory in Sacapulas, Guatemala (Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 1987); Jean Piel, Sajcabajá: Muerte y Resurrección de un pueblo de Guatemala, 1500-1970 (Guatemala, Seminario de Integración Social Guatemalteca, 1989); Robert M. Hill, Colonial Cakchiquels: Highland Maya Adaptation to Spanish Rule 1600-1700 (New York: Harcourt Brace Jovanovich, Publishers, 1992); George Lovell, Conquest and Survival in Colonial Guatemala: A Historical Geography of the Cuchumatán Highlands, 1500 1821 (Kingston: McGill Queens University Press, 1985) ; René Reeves, Ladinos with Ladinos, Indians with Indians: Land, Labor, and Regional Ethnic Conflict (Stanford: Stanford University Press, 2006); Aaron Pollack, Levantamiento Kiche en Totonicapán, 1820: Los lugares de las políticas subalternas (Guatemala: Avancso, 2008).

4713 Jorge H. González, “A History of Los Altos, Guatemala: A Study of Regional Conflict and National Integration, 1750-1885” (Tesis doctoral, Tulane University, Nueva Orleans, 1994). Mi interés en los estudios locales y regionales fue principalmente influenciado por los trabajos de la llamada tercera generación de la escuela francesa de los Annales, en especial los historiadores Emmanuel Le Roy, Pierre Deyon, Maurice Garden y Jean –Claude Perrot, quienes dedicaron sus carreras al estudio multidisciplinario de los centros provinciales secundarios y sus hinterlands. En cuanto al concepto longue-durée (largo plazo), fue Fernand Braudel, el más importante historiador de la segunda generación de los Annales, quien en su obra pionera sobre el Mediterráneo teorizó y aplicó dicho concepto por primera vez. Fernand Braudel, La Méditerranée et le monde méditerranéen à lépoque de Philippe II, 2 vols. (Paris, 1966).

4814 En el Diccionario Biográfico Centroamericano, ubicado en el sitio de internet AFEHC (Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos Centroamericanos) se pueden consultar breves biografías de los más destacados miembros de dicha élite regional: Prudencio Cozar , Encarnación Guelle , José Domingo Hidalgo , Juan Antonio López , Domingo Gutiérrez Marroquín , Benito Robles e Ignacio Urbina .

4915 Véanse también mis artículos siguientes: “El Estado de Los Altos” en Historia General de Guatemala, Jorge Luján Muñoz, editor general (Guatemala: Asociación de Amigos del País, 1995), vol. 4, págs. 85-96; “State Reform, Popular Resistance, and Negotiation of Rule in Late Bourbon Guatemala: The Quetzaltenango Aguardiente Monopoly, 1785-1807.” en Jordana Dym and Christophe Belaubre, eds., Politics, Economy and Society in Bourbon Central America, 1759-1821 (Boulder: Colorado University Press, 2007), págs. 129-155; “Reforma militar borbónica, etnicidad y la formación de la élite hispana de Quetzaltenango, 1766-1806.” en La época colonial en Guatemala: Estudios de historia cultural y social, Robinson Herrera y Stephen Webre, editores (Guatemala: Universidad de San Carlos, 2013), págs. 99-131.

5016 Arturo Taracena, Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena: Los Altos de Guatemala: de región a estado, 1740-1850 (Antigua, Guatemala: CIRMA, 1997).

5117 Alvis Dunn, “Aguardiente and Identity: The Holy Week Riot of 1786 in Quezaltenango, Guatemala” (Tesis doctoral, The University of North Carolina at Chapel Hill, 1999); Greg Grandin, La sangre de Guatemala: raza y nación en Quetzaltenango, 1750-1954 (Antigua Guatemala: Cirma, 2007).

5218 Greg Grandin, La sangre de Guatemala, pág. 10-11.

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Para citar este artículo :

Jorge González Alzate, « La región de occidente en la Historia de Guatemala », Boletín AFEHC N°67, publicado el 04 diciembre 2015, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4183

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