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AFEHC : articulos : La historia política chiapaneca de la primera república federal (1825-1835). Análisis historiográfico. : La historia política chiapaneca de la primera república federal (1825-1835). Análisis historiográfico.

Ficha n° 4184

Creada: 15 enero 2016
Editada: 15 enero 2016
Modificada: 15 enero 2016

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Autor de la ficha:

Amanda Úrsula TORRES FREYERMUTH

Editor de la ficha:

José Edgardo CAL MONTOYA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La historia política chiapaneca de la primera república federal (1825-1835). Análisis historiográfico.

El artículo analiza las diversas investigaciones históricas que se han realizado, desde mediados del siglo pasado, en torno a la historia política de Chiapas durante la Primera República Mexicana (1824-1835). El objetivo de dicho examen es vislumbrar de qué manera se ha abordado la problemática política entre grupos de poder, cuáles han sido los aportes de cada uno de los trabajos y qué falta por investigar al respecto.
Palabras claves :
Historiografía, Historia Política, Chiapas, Primera República Federal.
Autor(es):
Amanda Ursula Torres Freyermuth
Fecha:
Diciembre de 2015
Texto íntegral:

1
La inestabilidad política que caracterizó al siglo XIX mexicano, resultado del conflicto entre grupos políticos antagónicos con intereses específicos, cambios abruptos de gobierno y levantamientos militares recurrentes también caracterizaron a la historia chiapaneca.

2En Chiapas, este choque entre facciones se dio por primera vez en 1823, cuando la provincia se encontró en la disyuntiva de decidir a qué territorio pertenecer, entre México y Centroamérica, la división se dio entre los que estaban a favor de anexarse a México y los que tenían preferencia por la República centroamericana.

3Dicha pugna fue frecuente a lo largo de la Primera República Federal (1825-1835). Es por ello que la historiografía ha interpretado el devenir político de la provincia como el resultado del choque entre dos grupos. Los conflictos, producto de dicha confrontación, han causado gran interés en los estudiosos de la historia mexicana y chiapaneca.

4Los grupos antagónicos han sido descritos de distintas formas: “liberales” y “conservadores”, “mexicanistas” y “chiapaslibres”, “finqueros” y “hacendados”, tuxtlecos y sancristobalenses, yorkinos y escoceses, “reformistas” y “retrógradas”, élites de los valles centrales y élites de los altos, “clericales” y “anticlericales”. El motor de la historia ha sido la confrontación entre dos facciones con intereses específicos.

5En el presente trabajo ofrezco un recorrido por los autores y obras de historia más significativos, con el objetivo de repasar a grandes rasgos los giros operados en la historiografía política a partir de los años cuarenta del siglo XX y de ofrecer un panorama de la producción historiográfica en las primeras décadas del siglo XXI. Todas éstas enfocadas a la historia política de la Primera República Federal (1825-1835), periodo en que inició la gestación del Estado en la provincia, tras la independencia de España y la anexión a la República mexicana.

Las interpretaciones clásicas de Gustavo López Gutiérrez y de Manuel B. Trens

6En 1942 Gustavo López Gutiérrez publicó su libro Chiapas y sus epopeyas libertarias. La obra está dedicada a rememorar los movimientos armados en Chiapas que buscaron “conquistar su liberación en todos los órdenes”. Para ello el autor compiló gran número de planes y pronunciamientos. La porción de esta obra que es de nuestro interés, es la correspondiente a la cuarta etapa, que comprende el siglo XIX y el siglo XX. En ésta, el autor delinea muy claramente a los grupos políticos chiapanecos que luchaban por el poder: por un lado, los conservadores centralistas, y por el otro los liberales federalistas. Los liberales abogaban por el bien de los marginados, mientras los conservadores eran “retrógrados” que velaban por los intereses de la iglesia. Ambos grupos establecieron alianzas con facciones políticas que se constituyeron en la capital de la república y que esparcieron su radio de influencia por todo el territorio mexicano: los masones yorkinos y escoceses1. Los yorkinos representaban a los revolucionarios y los escoceses a la reacción clerical. Fue así como la pugna yorkina y escocesa en Chiapas no cesaba: López señala: “eran dos fuerzas que se debatían por conservar el poder; más es justo concebir que los yorkinos deseaban controlar ese poder, porque pretendían crear leyes de acuerdo con las supremas aspiraciones de mejoramiento social para las clases desheredadas de la fortuna; en cambio los del bando contrario clamaban por el retroceso2“. Como el lector podrá apreciar, para López Gutiérrez la historia política chiapaneca se redujo a una lucha entre el bien y el mal. El mal representado por los conservadores, centralistas, reaccionarios clericales, escoceses, por hombres oriundos de San Cristóbal. El bien representado por los liberales, federalistas, revolucionarios encabezados por el caudillo tuxtleco Joaquín Miguel Gutiérrez. Es muy probable que a esta visión se deba que 21 años después el mismo autor publicara el libro Gutiérrez. Coloso federalista chiapaneco, biografía de Joaquín Miguel Gutiérrez. Calificado por el autor como “un ideólogo defensor de los principios de la democracia; pero también un sociólogo que luchaba porque los pueblos no solamente gozaran de los atributos sagrados de su soberanía, sino también porque tuviesen leyes de carácter económico social que les otorgase un estándar de vida que biológicamente los alimentara con el pan cotidiano para vivir felices en sus hogares alejando para siempre la miseria3“.

7Manuel B. Trens publicó una obra de consulta obligada Historia de Chiapas. Desde los tiempos más remotos hasta la caída del Segundo Imperio, al mismo tiempo que López Gutiérrez publicaba Chiapas y sus epopeyas libertarias. Se trata de un trabajo de corte positivista que narra, a manera de crónica, hechos que definen y modelan la evolución de la sociedad chiapaneca. El autor afirma en su introducción al libro que “procura mantenerse siempre apegado a la verdad”, que estudió detenidamente los acontecimiento históricos que se presentan en la obra y los “despojó de mentiras y exageraciones para exponerlos escuetamente y desprovistos de ficciones oropelescas4“. Cierto es que el texto de Trens es más “objetivo” que los trabajos de López Gutiérrez, pues el autor utiliza pocos adjetivos para describir a los grupos políticos en pugna, sobre todo en un primer momento. En la coyuntura de la independencia de Chiapas, identifica una oposición entre aquellos interesados en la anexión de Chiapas a México y los que apoyaban la unión a Centroamérica, seguida de un enfrentamiento entre los primeros y aquellos que apoyaron el Plan Chiapa Libre. Después, ya anexado el Estado a la república mexicana, el autor identifica a dos grupos: el de la logia yorkina liderado por Joaquín Miguel Gutiérrez, “qujotesco político”, que había desarrollado una labor “con el fin de encauzar al Estado por los senderos reformitas” y los “jalapistas” quienes pretendían imponer “una era de retardarismo [Sic.] que sometiera a los chiapanecos al poder de los retrógrados y del clero5“, este segundo grupo compuesto por las “oligarquías bustamantistas” del Estado, el clero local y religiosos emigrados de Centroamérica6. Como se puede observar, el autor vislumbró el antagonismo entre la instauración de la modernidad y el estancamiento, el reformismo y el poder de la Iglesia, pues lamenta Trens que la sociedad chiapaneca estaba en su mayoría “supeditada al clero y fiel tradicionalista de sus rancias e inveteradas costumbres7“.

8Las fuentes presentadas y transcritas a lo largo de las obras de ambos autores son de índole oficial: actas de cabildo, pronunciamientos, padrones de población, entre otros. Son documentos creados por distintas corporaciones gubernamentales en momentos específicos. Es por ello que, si bien es cierto, las interpretaciones históricas que en sus libros se presentan han sido superados, ambos textos constituyen referentes documentales de gran importancia para los estudiosos de la historia regional.

El peso de la economía en los trabajos de Antonio García de León y de Thomas Benjamin

9Una interpretación histórica muy distinta a la de los clásicos de Trens y de López Gutiérrez, fue la que presentó Antonio García de León en su afamado libro, de corte marxista, Resistencia y Utopía. Memorial de agravios y crónicas de revueltas profecías acaecidas en la provincia de Chiapas durante los últimos años publicado en 1989. En dicha obra, muestra a Chiapas como una región que se ha mantenido, a lo largo de los años, aislada y alejada del resto de la nación. Por ello, su historia nunca ha estado en concordancia con la historia nacional:

10[…] en esta república frustrada (y gracias al aislamiento) el sistema colonial estaba tan vivo [en el siglo XX] como doscientos años antes. También, el hecho de que ahí nunca había pasado nada decisivo para la historia de Guatemala, y luego para México, hizo de este Chiapas una especie de animal nocturno y de costumbres extrañas; cuando debía haber paz, porque ésta reinaba en todo el país, los chiapanecos se dedicaban a la guerra […]. Y al revés8.

11Lo que el autor pretendió, como él mismo expresa en Resistencia y Utopía, fue hacer una historia de las mentalidades; a través del estudio de la larga duración, de la lucha de clases, identificar las estructuras políticas, económicas y sociales. En el primer tomo trata el periodo que nos interesa. García de León vislumbra, en la historia política de Chiapas, “cuatro aldeas patriarcales” – Chiapa, Comitán, San Cristóbal y Tuxtla – en torno a las cuales se situaron los linajes de la clase política-terrateniente, entre las que se presentó “la rotación del poder de cada grupo, personificado casi siempre en la figura del gobernador9“. Sin embargo, las pugnas por el poder se redujeron a dos fuerzas contrapuestas: la “conservadora”, a la que pertenecían las familias criollas de San Cristóbal, “heredera natural del repartimiento […] y que caminaría desde el latifundio atrasado hasta la pura intermediación y el pillaje de la fuerza de trabajo indígena […] y una acumulación primitiva10”; y la “liberal”, conformada por las familias tuxtlecas y su clase propietaria “con ganado de exportación y comercio floreciente, que jugó aquí el papel de los “vaqueros buscadores de mercado” y que sirvió de puntal y cuña para la intromisión posterior del capital extranjero11“. Es decir, lo que diferenciaba a estos dos grupos era la cuestión económica, la contraposición entre la plantación moderna y la finca tradicional. Misma que se expresó en la lucha política entre San Cristóbal y Tuxtla. En su texto se puede concluir que el motor de la política en el territorio eran los intereses económicos, por lo tanto la clase propietaria era a su vez la clase política. A pesar de sus diferencias, ambas fuerzas constituyeron lo que el autor llama “la familia chiapaneca”, para someter y controlar a la mano de obra indígena y velar por los intereses regionales ante fuerzas externas. Esta “familia chiapaneca” constituyó la unidad formal de la clase propietaria, unidad que estuvo por encima de sus pugnas internas. El trabajo de Antonio García de León fue, sin lugar a dudas, novedoso y un gran aporte a la historiografía de la región, en el momento de su publicación. Sin embargo, dado el marco teórico utilizado por el autor ( el materialismo históricos) para la interpretación histórica, las fuentes utilizadas no respaldan del todo algunas de las tesis: como el hecho de que las haciendas chiapanecas funcionaran como los feudos medievales, e inclusive la diferencia entre un grupo económico y el otro. Lamentablemente, en el estudio no se hace una comparación exhaustiva entre las propiedades de los finqueros y los hacendados y sus características como áreas de producción, de hecho ni siquiera son nombradas.

12A partir de la interpretación de Antonio García de León, también surge una duda: si el juego político estaba en manos de los propietarios de fincas o de plantaciones, ¿en qué aspecto figuraban otros sectores de la sociedad – como la Iglesia, la milicia o el mismo campesinado – en las pugnas políticas?

13En el mismo año que García de León publicó su libro, en Estados Unidos Thomas Benjamin publicó A Rich Land, A Poor People. Politics and Society in Modern Chiapas12. En el prólogo, “El sentimiento del localismo está muy arraigado (1820-1889)”, el autor afirma que el siglo XIX se vio marcado por una ruptura al interior de la familia terrateniente chiapaneca en perjuicio de la población local, cuya fuerza de trabajo y tierras fueron el foco de disputa. Para él son dos las facciones en pugna, la de los comerciantes y agricultores de los valles centrales y la de la oligarquía colonial sobreviviente de los Altos – clero, terratenientes y comerciantes- que habitaban en la capital. Ambos grupos luchaban por el control de la población indígena: la oligarquía colonial porque subsistía de la producción excedente de este sector y los agricultores de los valles centrales porque la necesitaban para cultivar sus propiedades. Además, los agricultores – codiciosos de las tierras de la Iglesia-, aspiraban al poder gubernamental para promover reformas que transfirieran esos recursos a manos productivas.

Los nuevos aportes de la historia regional

14Cinco años después, María Esther Pérez Salas y Diana Guillén sacaron a la luz el libro Chiapas, una historia compartida. Dicho texto tiene como propósito contribuir al acercamiento y difusión de la historia regional de Chiapas, estado al que “se busca ubicar dentro del contexto histórico nacional al tiempo que se destacan las características particulares que le confirieron vida propia13“. La parte de la obra enfocada al periodo de interés, es el tercer capítulo titulado “Esfuerzos por configurar el carácter del estado: propuestas federalistas y centralistas” que abarca el periodo 1824-1854. Desde el punto de vista de las autoras, en este periodo se presentaron acontecimientos importantes que hicieron evidente los intereses locales de los grupos políticos, así como su identificación con movimientos a nivel nacional que tuvieron mayor alcance. Se presentó así como un periodo en el que la lucha por el poder fue una constante. En esta etapa se formaron dos “grandes grupos opositores”, que lucharon en pos de sus intereses regionales y familiares. Uno de ellos fue el de los “conservadores”, miembros del clero y terratenientes que dominaban la región de los altos con San Cristóbal a la cabeza. El otro fue el de los “liberales” formado por finqueros del centro del Grijalva medio – avecindados en Tuxtla y Chiapa- quienes se identificaron con los federalistas. La lucha entre liberales y conservadores giró en torno a los intereses del clero. Los primeros querían terminar con los privilegios y posesiones de la Iglesia, mientras los segundo se esforzaban por mantener el estatus de dicha institución. Esta ruptura entre la clase política se presentó dado que la iglesia católica “era la que concentraba el poder político y cultural de la región14“. En este trabajo, al igual que en los primeros textos que analizamos, Joaquín Miguel Gutiérrez aparece como personaje relevante del periodo, representando al caudillo liberal opositor del grupo político “conservador” sancristobalense y de la iglesia católica.

15La historiadora Rocío Ortiz Herrera publicó en 2005 el libro Pueblos indios, Iglesia Católica y élites políticas en Chiapas, 1824-1901. En dicho trabajo, la autora discute con la historiografía que plantea que la mayor parte de los grupos indígenas del país, durante el siglo XIX, mantuvieron una actitud pasiva ante las presiones de las élites políticas. Esboza en cambio, que los grupos indígenas tuvieron un papel preponderante en la vida política del país a partir de sus alianzas con grupos políticos y que contribuyeron en la construcción del nuevo estado-nación15. Es decir, contradice a la historia mexicana decimonónica que entiende la construcción del Estado nación a partir de la pugna entre élites políticas, misma que deja de lado los movimientos sociales en los que participaron campesinos indios y mestizos de las distintas regiones del país. El trabajo muestra cómo distintos pueblos de los altos de Chiapas, desde principios del siglo XIX, se opusieron al poder del clero y establecieron alianzas con los políticos liberales del estado, con lo que consiguieron recuperar el control de su vida religiosa y establecieron espacios autónomos de poder local. Contrariamente a los grupos indígenas de los valles centrales, quienes defendieron al clero y estuvieron dispuestos a oponerse abiertamente al Estado. En este mismo sentido, Ortiz Herrera parte de la idea de que las élites gobernantes “fueron las que en su mayoría obtuvieron las mayores ventajas de las alianzas que establecieron con los indios16“. Gracias a estas alianzas lograron consolidar sus posiciones políticas, controlar regiones estratégicas y establecer negociaciones favorables con los caciques. Es decir, los grupos políticos sólo pudieron consolidarse en el poder en la medida en que contaran con el apoyo de estos pueblos. Es así, que la autora reconoce que los indígenas “eran capaces de negociar con las élites gobernantes, establecer límites de su influencia y crear espacios de poder propios17“. Por ello, el manejo del poder “dejó de considerarse una atribución exclusiva de las élites políticas y comenzó a aparecer también como una facultad de los dirigentes indios18“.

16Ahora bien, en el caso chiapaneco, ¿cuáles son estas élites gobernantes de las que nos habla la autora? Desde finales del siglo XVIII la élite chiapaneca había comenzado a dividirse en dos grupos antagónicos que se convirtieron en facciones políticas opuestas. Por un lado se encontraba la élite terrateniente de los valles centrales, conformada por dueños de productivas haciendas agrícolas y ganaderas, y por el otro la élite de las tierras altas, formada por funcionarios civiles y por miembros del clero. Las diferencias entre ambos grupos eran a causa de la competencia por la tierra y la fuerza laboral indígena. Las élites de los valles centrales carecían de la mano de obra necesaria para poner en marcha sus proyectos económicos, además de que la demanda de producción los obligó a extender sus propiedades, hecho que los pondría en una posición conflictiva con la iglesia que poseía las mejores tierras para ese propósito. Por su parte, los grupos dominantes de las tierras altas tenían el dominio del tributo y de la mano de obra indígena, por estar situados en la región del estado poblada en su mayoría por población originaria. Ambas élites estuvieron aliadas con grupos o facciones a nivel nacional. Las de los valles centrales con los liberales del centro del país y asumieron ideas anticlericales con el fin de restar el poder económico a la iglesia. Las élites de los altos y el clero defendieron ideas conservadoras que apoyaban el gobierno centralista y los fueros de la Iglesia. Fue a partir del contexto anticlerical promovido por las élites de los valles centrales que los indios de los altos emprendieron una ofensiva contra el clero con el fin de recuperar el control sobre su vida social, política y religiosa. A partir de la alianza de los pueblos indios y las élites de los valles centrales, consiguieron el desmantelamiento del poder de la Iglesia y de las élites de los altos con lo que los indios obtuvieron la autonomía comunitaria de sus pueblos. El trabajo de Ortiz Herrera es una importante contribución para la historiografía chiapaneca, especialmente para el estudio de la Primera República Federal. Constituye una investigación con un aparato crítico riguroso, rico en trabajo documental, con una redacción clara y sobre todo importante por ser el primero que hizo énfasis en el importante papel de la población indígena en los juegos de poder al interior del estado. Sin embargo, en cuanto a las élites chiapanecas corresponde, después de su lectura surgen varias dudas: ¿cuál era la composición social de los grupos políticos que menciona?, entre la élite de los altos, ¿no había hacendados?, ¿la pugna entre ambos grupos se debía solamente a diferencias económicas?, ¿por qué razones las élites de los altos apoyaban a la iglesia?

Los aportes más recientes: Jan De Vos, Mario Vázquez Olivera, María Eugenia Claps Arenas y Sergio Nicolás Gutiérrez

17En el año 2010 Jan de Vos publicó el libro Vienen de lejos los torrentes. Una historia de Chiapas. El libro está titulado así pues concibe a la historia de Chiapas como corrientes y torrentes de un rio, que tienen grandes consecuencias en el presente. Vislumbró en la historia de la provincia cinco grandes corrientes que se convirtieron en torrentes, es decir en “turbulencias espectaculares que conmovieron la sociedad chiapaneca en cinco momentos” y entre torrente y torrente se encuentran las corrientes, caracterizadas por ser “apacibles19“. Este autor afirma que, dado que para buena parte de la población chiapaneca la historia de su estado sigue siendo un libro cerrado, pretendió abrirlo nuevamente para dar a conocer el acontecer histórico de la región. Los libros hasta el momento escritos de historia de Chiapas, en su mayoría se han limitado a hablar de un episodio determinado de una sola región o de un tema en específico. Son pocas las síntesis históricas “donde todas las dimensiones temporales y espaciales del proceso histórico están tomadas en cuenta20“. Se propuso por ello hacer esta síntesis histórica, que no pretendió ser completa, pero que sí intentó explicar de mejor manera la marginación en la que vive la mayor parte de la población del estado. Ofrece una mirada panorámica de la historia chiapaneca, “escrita desde abajo” y con un enfoque social. En este sentido, el desarrollo económico y los vaivenes políticos son tratados sólo en la medida en que hayan incidido en la convivencia de los diferentes sectores que componen a la sociedad. El trabajo reconstruye el pasado desde las primeras décadas del siglo XVI hasta 1994, con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Dado el enfoque de este texto, la vida política está situada en un segundo plano. A pesar de ello, uno de los torrentes posee una interpretación interesante respecto a las pugnas políticas en el estado. El tercer torrente “Los chiapanecos se tornan mexicanos” relata y analiza lo sucedido desde la independencia de Chiapas de España en 1821 hasta su anexión a México en 1824. Para este periodo se presenta una contraposición entre aquellos a favor de la anexión de la provincia a México, liderada por la “oligarquía coleta” – de Ciudad Real, la capital – y los que estaban a favor de la unión a Centroamérica – la élite de Tuxtla. Posteriormente, se presentó el enfrentamiento entre los “mexicanistas” y los “chiapaslibres”, es decir, la “oligarquía coleta” versus la élite tuxtleca y de la villa de Comitán que firmaron y apoyaron el Plan Chiapa Libre. Al decidirse que la anexión se resolvería a partir de un plebiscito, los dos poblados, Tuxtla y Ciudad Real21, empezaron a mover sus hilos políticos. La unión a una u otra nación se convirtió en una lucha entre ambas localidades por demostrar su hegemonía en la región. Tuxtla contaba con el apoyo de Chiapa, Tonalá e Ixtacomitán, mientras Ciudad Real tenía influencia sobre todos los poblados indígenas de los altos y contaba con el voto de Comitán. La rivalidad de ambos poblados no se originó a partir de esta coyuntura política. De Vos afirma que tal animadversión tuvo su origen en el siglo anterior. En 1768 se crearon en la provincia dos alcaldías mayores, una de ellas tenía su capital en Ciudad Real y la otra en Tuxtla. Con la creación de la intendencia y la desaparición de las alcaldías mayores, en 1786, Tuxtla dejó de ser capital y se convirtió en cabecera de distrito, concentrándose el poder político en la capital, Ciudad Real. Tal cambio de estatus de Tuxtla dejó a su élite fuera del juego político. Así es que con la independencia y la creación de ayuntamientos constitucionales, los tuxtlecos vieron la oportunidad de reposicionarse políticamente en la provincia. He ahí el origen de la pugna que caracterizó el siglo XIX chiapaneco. Con respecto de la unión a una u otra nación concierne, el autor refiere cómo el plebiscito fue fraudulento, de qué manera la anexión a México y el triunfo de la “oligarquía coleta” sobre Tuxtla fue ilícito. A pesar de ello, los tuxtlecos se mostraron conciliadores pues pretendieron con ello mantener la unión de la región para poder enfrentar los peligros externos, en este caso, la posible reconquista del territorio por parte de España. En la cuarta corriente “Vivir al margen del acontecer nacional” que contempla el periodo 1824-1914, las pugnas entre grupos políticos están ausentes. En este apartado De Vos presenta el devenir histórico como un enfrentamiento entre el Estado y los pueblos indios que lucharon por resistir al despojo y la explotación.

18Ese mismo año, Mario Vázquez Olivera publicó Chiapas, años decisivos. Independencia, unión a México y Primera República Federal. La obra, como su título indica, examina una etapa “crucial” de la historia chiapaneca, que abarca la independencia de España, la anexión a la federación mexicana y el tránsito en la primera república federal. Desde la perspectiva del autor estos años fueron tiempos “críticos”, pues en ellos Chiapas experimentó dos grandes rupturas: la independencia, que permitió a las élites locales “reestructurar las relaciones sociopolíticas internas con alto grado de autonomía “, y la unión a México que se tradujo en un “replanteamiento radical de las relaciones externas” del estado22. Este trabajo es la respuesta a la ausencia de estudios recientes enfocados a este periodo de la historia: “no existen suficientes trabajos acerca de la sociedad, la política y la economía chiapaneca durante los últimos tiempos del periodo colonial que nos permitan tener una mejor comprensión tanto de aquellos eventos específicos como el desarrollo político de Chiapas en los años que siguieron23“. Para Vázquez existen tres momentos clave para entender las rupturas de la élite chiapaneca: 1) la declaración de independencia en 1821; 2) el momento de decidir a qué nación pertenecer, entre 1823 y1824; y 3) las pugnas que se presentaron en la primera república, entre dos facciones definidas. En 1821 se establecieron en Chiapas los primeros ayuntamientos constitucionales. Esto permitió que diversos poblados tuvieran al fin dicho órgano de representación, pues hasta entonces tan sólo había un ayuntamiento en la región, el de la capital. Según afirma el autor, estas instituciones permitieron, a varias localidades, tener mayor participación en el juego político. Esta nueva dinámica se vio claramente en la independencia de España, cuando el ayuntamiento de Comitán declaró su separación de la madre patria sin respetar el liderazgo de la capital regional. El segundo momento de ruptura fue el correspondiente a la disyuntiva del estado, después de la caída del imperio de Iturbide, en 1823, de a qué nación pertenecer: México o Centroamérica. En un primer momento la dirigencia local se dividió en dos bandos, los que estaban a favor de la anexión a Guatemala y los que estaban a favor de la anexión a México. Posteriormente, tras la intromisión del gobierno mexicano en el proceso de elección, las élites chiapanecas se dividieron en “mexicanistas”, aquellos en pro de la unión a México, y en “chiapaslibres”, que abogaban por la libertad de los chiapanecos de decidir su destino sin la intervención de externos. Fue en esta coyuntura cuando el equilibrio del juego político se vio trastocado dada la superioridad militar de algunas cabeceras de partido – Tuxtla, Comitán e Ixtacomitán- que cuestionaron la hegemonía de las élites tradicionales de San Cristóbal. Finalmente, Chiapas se anexó al estado mexicano, hecho que reafirmó la hegemonía de la élite coleta. Sin embargo, “aunque no se alteraron de fondo las jerarquías tradicionales y los principales cargos gubernativos continuaron en manos de la antigua élite, sí variaron los términos de acuerdo político a nivel estatal24“. Afirma el autor que fue a partir de este contexto que los grupos de poder local articularon alianzas con otros grupos a nivel nacional: los “mexicanistas” establecieron relaciones estrechas con Lucas Alamán y el “partido” escocés. Posteriormente, Joaquín Miguel Gutiérrez aglutinó a los antiguos partidarios de la anexión a Centroamérica y opositores a la capital del estado, mejor conocidos como “chiapaslibres” para fundar una “columna” yorkina25. Estos dos grupos fueron los que pugnaron por el poder durante la primera república federal, la tercera etapa de ruptura. Los “mexicanistas”, miembros de la élite tradicional (colonial) sancristobalenses, enfrentados a los “yorkinos”, antes “chiapaslibres”, liderados por el tuxtleco Joaquín Miguel Gutiérrez. Las “plazas fuertes” de la logia yorkina fueron Tuxtla y algunos poblados de los valles centrales del estado, aunque también ganó adeptos entre sectores “no hegemónicos” de la capital. Mientras tanto, las élites coletas dominaban la región de los altos: la capital y los pueblos indios que la circundaban. En este sentido, el autor hace especial énfasis en la relación contradictoria que mantenía la élite de la capital con los pueblos originarios de su región de dominio, si bien es cierto que éstos “constituían su esfera de influencia inmediata y en distintas ocasiones los dirigentes coletos recurrieron a su apoyo [...] sólo cuando contribuía a legitimar la imposición castrense26“, expresaban hacia éstos desprecio y gran temor. Se trataba entonces de una clientela problemática. Vázquez Olivera afirma que el enfrentamiento entre Tuxtla y San Cristóbal expresaba el desacuerdo entre grupos regionales, pero también considera al movimiento yorkino como una expresión política de los grupos “no hegemónicos” del estado, principalmente de sectores mestizos.

19En 2013 se publicó el libro Formación y gestión del Estado en Chiapas coordinado por María Eugenia Claps Arenas y Sergio Nicolás Gutiérrez. En dicho libro se reunieron trabajos que se ocupan de algunos aspectos del estado en Chiapas “desde diferentes ópticas y fuentes históricas27”. Para los fines de este artículo los trabajos que me interesa analizar de este libro son dos: el capítulo de Sergio Nicolás Gutiérrez, “De la intendencia de Ciudad Real al estado federal chiapaneco, 1796-183528”, y el de María Eugenia Claps, “Los semanarios chiapanecos y los intereses de los grupos políticos en la entidad durante la Primera República Federal Mexicana29”. En el primero, Gutiérrez Cruz vislumbra la pugna entre grupos de interés por el poder en la provincia, que fueron cambiando dependiendo del contexto histórico. Durante los años de la independencia de España (1821-1822) vislumbra la aparición de actores nuevos en el escenario político representados por los ayuntamientos de Comitán, Tuxtla, Tonalá, Tapachula y Palenque que debilitaron la hegemonía del grupo capitalino representado por el ayuntamiento de Ciudad Real. Para los años 1823-1824, surgen primero dos facciones: aquella que estaba a favor de la anexión de la provincia a Centroamérica y aquellos partidarios de la integración a México. Asimismo, en este momento aparece una tercera fuerza, la de los adheridos al Plan Chiapa Libre, que pugnaba por la autonomía provincial y en contra de los “mexicanistas”, cuyo aspecto no implicaba forzosamente que se buscara la agregación a Centroamérica. Para el periodo que comprende la Primera República (1825-1835) el autor hace especial énfasis en la presencia de grupos de poder que tenían posturas políticas distintas. Llama la atención que el autor tiene especial cuidado en no adjetivar a los grupos. No hace referencia a sus aspectos ideológicos, económicos ni de origen como lo han hecho otros historiadores. Aparece claramente la figura de Joaquín Miguel Gutiérrez, miembro de la logia yorkina, ligado a Vicente Guerrero – en un primer momento- y a Valentín Gómez Farías; por otro lado, José Ignacio Gutiérrez quien era cercano al gobierno de Anastacio Bustamante. El autor nombra a los gobernantes y liga su actuación al proceder de los gobiernos centrales. El trabajo de Claps Arenas analiza las tendencias políticas de los grupos que elaboraron los primeros semanarios en Chiapas: La Campana Chiapaneca (1827-1830), El Pararrayo de la Capital de Chiapas (1827-1830), Avisos al Pueblo (1830-1832), El Iris de Chiapas (1832-1835) y El Triunfo de la Justicia (1835). Ello debido a que, desde su perspectiva, “resultan muy claras las inclinaciones políticas de quienes elaboraban el material hemerográficos, pues todos ellos pertenecieron a los grupos de poder activos en la entidad30”. Tras el riguroso examen de los semanarios, la autora llega a la conclusión de que existían dos grupos antagónicos en el territorio: la facción ilustrada que coincidía con el liberalismo moderado y que era políticamente poderosa. Ésta “predicaba el orden y la existencia de un Estado que se limitara a garantizarlo y que permitiera la libre actuación de los otros elementos de la sociedad31”. En contrapartes estaba un grupo emergente de políticos con aspiraciones al poder, sector que se alió a la logia yorkina que abanderaba y legitimaba sus pretensiones.

Consideraciones finales

20Como se puede observar a lo largo de estas páginas, la historiografía chiapaneca ha interpretado el devenir político de la provincia como el resultado del choque político entre dos grupos antagónicos. Descritos de distintas formas por la historiografía: “liberales” y “conservadores”, “mexicanistas” y “chiapaslibres”, “finqueros” y “hacendados”, tuxtlecos y sancristobalenses, yorkinos y escoceses, “reformistas” y “retrógradas”, élites de los valles centrales y élites de los altos, “clericales” y “anticlericales”.

21Otro aspecto que la mayoría de las obras tienen en común es la aparición de Joaquín Miguel Gutiérrez como figura relevante en el periodo de nuestro interés. Curioso es que no se ha estudiado y no se menciona a ningún político del grupo opositor. El grupo “conservador”, de “finqueros tradicionales”, “oligarquía coleta”, sancristobalenses, escoceses, “clericales”, élite de los altos, de Chiapas ha sido descuidado. Hay una ausencia de análisis de este grupo político porque como vimos, a lo largo de la historiografía, se les ha clasificado como un grupo retrógrada. Probablemente es por ello que ha existido cierta reticencia entre los historiadores a profundizar en este grupo político, como si ello implicara verse identificados con su ideología.

22Sin lugar a dudas, los trabajos más recientes y que más se ha interesado en analizar las dinámicas políticas, lanzando interesantes cuestionamientos, son los de Mario Vázquez y María Eugenia Claps. Pero éstos no son trabajos acabados, constituyen acercamientos que motiva a adentrarse en la historia para tratar de entender qué hay detrás de los grupos políticos.

23Me parece importante recalcar lo novedosoa que resulta el trabajo de Sergio Nicolás Gutiérrez quien no adjetiva a los grupos y que se refiere más bien a los individuos. Sin embargo, los individuos no pueden hacer nada sin el apoyo de una clientela o un grupo político que lo respalde. Por ello, no podemos tampoco centrarnos en los individuossujetos.

24Todavía quedan muchas preguntas por responder: ¿quiénes constituían los grupos políticos antagónicos?, ¿cuál era la “calidad” de los sujetos que las integraban?, ¿a qué sectores sociales – milicia, propietarios, abogados, clero- pertenecían los actores políticos?, ¿con qué clientelas contaban los grupos políticos?, ¿qué aspecto unía de manera tan íntima a la iglesia y a la élite de los altos?, ¿los actores eran propietarios -como lo afirma García de León?, ¿manejaban la política de manera distinta?, ¿cuáles eran sus intereses? y ¿de qué manera actuaban en un momento de crisis política?

25Desde mi perspectiva, para entender mejor la historia política de Chiapas durante la Primera República deben realizarse investigaciones que hagan un seguimiento más riguroso de la actuación de los individuos parte de un grupo, para definir si se puede hablar o no de facciones delimitadas por sujetos específicos que tienen una ideología política común, o si pertenecen a un mismo sector económico y social.

26También es importante que se siga explorando la participación de los grupos subalternos en la política, como ha empezado a hacerlo Rocío Ortiz Herrera, así como su relación con las élites en el poder.

27Notas de pie de páginas

281 En México, estas agrupaciones se establecieron entre 1813 y 1820. No se sabe a ciencia cierta quiénes las fundaron, pero se atribuye su establecimiento a la llegada de extranjeros y del contacto que con ellas tuvieron los diputados a Cortes. Estas asociaciones fueron atacadas por las autoridades estatales y eclesiásticas por varios aspectos: su carácter secreto, considerado malo por ser contrario a la religión y porque pudieran convertirse en espacios para la conspiración; por arrogarse atribuciones que no les correspondían como crear leyes propias y ejercer justicia; y por el hecho de que sus miembros superponían las obligaciones masonas a las que tenían con las autoridades legítimas. Sabemos que en México hubieron dos logias: la yorkina y la escocesa. La primer ha sido calificada como liberal y la segunda tenía posturas más conservadoras, entre los personajes conocidos yorkinos se encuentra Vicente Guerrero y en la escocesa Nicolás Bravo. En Chiapas tenemos conocimiento de que fue la logia yorkina la única instituida, en contraparte a este grupo estaba la Sociedad Económica de Amigos del país, que desde nuestro punto de vista funcionó como agrupación política. Para mayor información Ver Genaro Bermúdez González, “La masonería en el inicio de la vida independiente de México”, [Publicado en línea]. Disponible desde internet en: http://www.fundacionpreciado.org.mx/biencomun/bc151/masoneria.pdf > [con acceso el 12 de enero de 2016].

292 Gustavo López Gutiérrez, Chiapas y sus epopeyas libertarias. Historia general¬, (Tuxtla: Edición del autor, 1942), pág. 32.

303 Gustavo López Gutiérrez, Gutiérrez. Coloso federalista chiapaneco, (Tuxtla Gutiérrez: Edición del autor, 1965), pág. 12.

314 Manuel Bartolome Trens, Historia de Chiapas. Desde los tiempos más remotos hasta la caída del Segundo Impero, 2 tomos, (Tuxtla Gutiérrez: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas, 1999), I, pág. XXXIII.

325 Manuel Bartolome Trens, Historia de Chiapas. II, pág. 328.

336 Manuel Bartolome Trens, Historia de Chiapas. II, pág. 318.

347 Manuel Bartolome Trens, Historia de Chiapas, II, pág. 318.

358 Antonio García de León, Resistencia y Utopía. Memorial de agravios y crónica de revueltas y profecías acaecidas en la provincia de Chiapas durante los últimos quinientos años de su historia, 2 tomos, (México: Ediciones Era, 1989), I, pág. 16.

369 Antonio García de León, Resistencia y Utopía, I, pág. 144.

3710 Antonio García de León, Resistencia y Utopía, I, pág. 146.

3811 Antonio García de León, Resistencia y Utopía, I, pág. 146.

3912 Este libro se publicó en español en 1995.Véase Thomas Benjamin, Chiapas. Tierra rica, pueblo pobre, (México: Grijalbo, 1995).

4013 María Esther Pérez Salas y Diana Guillén, Chiapas, una historia compartida, (México: Instituto Dr. José María Luis Mora, 1994), pág. 7.

4114 María Esther Pérez Salas y Diana Guillén, Chiapas, pág. 78.

4215 Rocío Ortiz Herrera, Pueblos indios, iglesia católica y élites políticas en Chiapas (1824-1901). Una perspectiva comparativa, (Tuxtla Gutiérrez: Gobierno del Estado de Chiapas/ Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas, 2003), págs. 11-12.

4316 Rocío Ortiz Herrera, Pueblos indios, iglesia católica, pág. 15.

4417 Rocío Ortiz Herrera, Pueblos indios, iglesia católica, pág. 16.

4518 Rocío Ortiz Herrera, Pueblos indios, iglesia católica, págs. 16-17.

4619 Jan De Vos, Vienen de lejos los torrentes. Una historia de Chiapas, (Tuxtla Gutiérrez: Consejo Estatal para las Culturas y las Artes, 2010), pág. 12.

4720 Jan De Vos, Vienen de lejos los torrentes, pág. 15.

4821 Ciudad Real cambió de nombre en 1829, cuando fue nombrada San Cristóbal. Ver Nombramiento de la capital del estado como San Cristóbal, Capital del Estado, 27 de julio de 1829, Biblioteca Orozco y Berra, Fondo Chiapas, Tomo III, doc. 57.

4922 Mario Vázquez Olivera, Chiapas, años decisivos. Independencia, unión a México y Primera República Federal, (Tuxtla Gutiérrez: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, 2010), pág. 11.

5023 Mario Vázquez Olivera, Chiapas, años decisivos, pág. 11.

5124 Mario Vázquez Olivera, Chiapas, años decisivos, pág. 92.

5225 Mario Vázquez Olivera, Chiapas, años decisivos, págs. 124-125.

5326 Mario Vázquez Olivera, Chiapas, años decisivos, pág. 159.

5427 María Eugenia Claps Arenas y Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz, Formación y gestión del Estado en Chiapas, (México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, 2013), pág. 12.

5528 Véase Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz, “De la intendencia de Ciudad Real al estado federal chiapaneco”, en María Eugenia Claps Arenas y Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz, Formación y gestión del Estado en Chiapas, (México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, 2013), págs. 11-41.

5629 Véase María Eugenia Claps Arenas, “Los semanarios chiapanecos y los intereses de los grupos políticos en la entidad durante la Primera República Mexicana”, en María Eugenia Claps Arenas y Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz, Formación y gestión del Estado en Chiapas, (México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, 2013), págs. 45-62.

5730 Claps, “Los semanarios chiapanecos”, pág. 45.

5831 Claps, “Los semanarios chiapanecos”, pág. 61.

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Para citar este artículo :

Amanda Ursula Torres Freyermuth, « La historia política chiapaneca de la primera república federal (1825-1835). Análisis historiográfico. », Boletín AFEHC N°67, publicado el 04 diciembre 2015, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4184

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