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AFEHC : articulos : La historiografía centroamericana a inicios del siglo XX: Antonio Batres Jáuregui y La América Central ante la Historia : La historiografía centroamericana a inicios del siglo XX: Antonio Batres Jáuregui y La América Central ante la Historia

Ficha n° 4192

Creada: 25 enero 2016
Editada: 25 enero 2016
Modificada: 18 febrero 2017

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Autor de la ficha:

Selvin CHIQUÍN

Editor de la ficha:

José Edgardo CAL MONTOYA

Publicado en:

ISSN 1954-3891

La historiografía centroamericana a inicios del siglo XX: Antonio Batres Jáuregui y La América Central ante la Historia

Este artículo analiza la producción historiográfica de Antonio Batres Jáuregui, centrándose especialmente en La América Central ante la Historia, obra extensa, aunque olvidada por los estudios historiográficos actuales. En este sentido, se busca hacer una lectura crítica de la obra a partir de una revisión biográfica, así como el entorno social en que se desarrolló el autor. Por otra parte, también se realiza un acercamiento al discurso historiográfico que promulgó y a las motivaciones que le permitieron hacer una historia de América Central. Al respecto, se propone un análisis en función de que se permita enmarcar a Batres Jáuregui como figura esencial para comprender el desarrollo de la historiografía en Centroamérica a principios del siglo XX. Finalmente, se desentraña el discurso que permea la obra, relacionándolo con los intereses y la agenda política de Antonio Batres Jáuregui.
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Palabras claves :
Discurso, Elite, Intelectual
Autor(es):
Selvin Chiquín
Fecha:
Diciembre de 2015
Texto íntegral:

Introducción

1Aunque varios “intelectuales orgánicos” del siglo XIX y principios del XX han sido ya estudiados, la figura de Antonio Batres Jáuregui , tiene un lugar especial dentro de la historiografía1. Sin embargo, varios de esos estudios han girado en torno a su obra, publicada en 1894, Los indios, su historia y su civilización2. Esto es, sin duda, un referente para que Batres Jáuregui atraiga a los estudiosos de la construcción de la nación y su relación con la etnicidad3.

2Sin embargo, esto presenta una problemática, pues pareciera que su restante y extensa producción escrita4 ha sido olvidada por los estudios historiográficos actuales, en tanto la revisión de su figura y obra pudieran dar paso a nuevas interpretaciones y aportes para continuar con el estudio del papel jugado por los intelectuales a inicios del siglo XX, al menos para el caso centroamericano.

3En este sentido, como Annick Lempérière menciona para el caso de la primera mitad del siglo XX en México, el rescate y análisis de estos intelectuales puede ayudar a responder cuestionamientos relacionados con la metamorfosis del modelo de intelectual, los discursos sobre la nación y cómo estos influyen en la construcción de la misma, así como las diversas creaciones ideológicas, en particular la formación de los partidos conservadores y liberales5.

4Al respecto, el caso de Antonio Batres Jáuregui es fundamental debido a la amplitud de su producción escrita, buena parte de ella dedicada a temas relacionados con la historia6. De tal cuenta, la lectura crítica de su obra más extensa, La América Central ante la Historia, puede ayudar a comprender, mediante el análisis de su concepción sobre la historia y los planteamientos metodológicos y teóricos, el pensamiento historiográfico en la Centroamérica de inicios del siglo XX.

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Obras de Antonio Batres Jauregui
Obras de Antonio Batres Jauregui

6Por tanto, lo primero que puede decirse de La América Central es que se trata de una obra que, en tres tomos y alrededor de 1800 páginas, se propone hacer un recuento histórico del istmo centroamericano, iniciando con una revisión de los elementos naturales – y la formación de los mismos- de la región, hasta llegar a inicios de la década de 1920. La obra fue publicada entre 1915 y 1949, siendo los dos primeros tomos publicados en vida, en 1915 y 1920, respectivamente, mientras que el último de ellos fue publicado hasta 19497. Los primeros dos tomos se sustentan en una gran cantidad de bibliografía escrita entre el siglo XIX y principios del siglo XX, mientras que el tercer tomo es, también, escrito a partir de bibliografía, pero, fundamentalmente, la memoria de Batres Jáuregui.

El entorno social del autor

7Para referirse a Antonio Batres Jáuregui, varias fuentes ya mencionadas en la introducción son valiosas para una reconstrucción biográfica, principalmente para el periodo posterior a 1920, pues es interesante observar que el mismo Batres Jáuregui, en el tomo III de La América Central, dejó constancia de su recorrido vital hasta inicios del siglo XX8. Debido al poder económico y simbólico de su familia, tuvo acceso a diversos centros educativos, entre los que resaltan la escuela de Belén, el colegio de San Buenaventura y, posteriormente, la Escuela de Derecho, en la Universidad Pontificia de San Carlos Borromeo, hoy Universidad de San Carlos de Guatemala9.

8Durante su vida universitaria, conoció y entabló amistad con distintos personajes que tenían, o posteriormente tendrían, influencia en la vida nacional de Guatemala. Dentro de esta red social destacan al escritor José Milla (1822-1882), en tanto profesor de Batres Jáuregui; el jurista y político Salvador Falla, el arzobispo Ricardo Casanova y Estrada (1844-1913), el abogado Fernando Cruz, el político hondureño Marco Aurelio Soto (1846 – 1908), el destacado escritor liberal Ramón Rosa (1848-1893), entre otros. Posteriormente, en distintos viajes logró conocer a los escritores Antonio José de Irrisari (1786-1868), José Martí (1853-1895), el médico y político salvadoreño Rafael Zaldivar (1834-1903), el político nicaragüense Joaquín Zavala, entre otros10.

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La red social de Antonio Batres Jauregui: José Milla, Ricardo Casanova y Estrada, Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa
La red social de Antonio Batres Jauregui: José Milla, Ricardo Casanova y Estrada, Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa

10Jurista de formación, Antonio Batres Jáuregui se desempeñó en diversos cargos y actividades, de tal cuenta que puede resaltarse como un intelectual íntegro para aquel momento, perfil bastante común en Hispanoamérica para inicios del siglo XX11. Este hecho puede confirmarse con la forma en que se presenta a Antonio Batres Jáuregui en las primeras páginas del tomo III:

11Individuo de la Facultad de Derecho de Guatemala. Abogado honorario de Brasil. Miembro de la Facultad de Ciencias y Letras de Chile. Correspondiente de la Real Academia Española. De la Matritense de Jurisprudencia y Legislación. De la Sociedad Diplomática de París. De la Sociedad de Derecho Comparado de Francia. Del Instituto Smithsoniano de Washington. Correspondiente del Instituto Arqueológico Pernambucano. Socio del Ateneo de México. Individuo de la Unión Iberoamericana. Fundador del Instituto Americano de Derecho Internacional. Individuo del Mundo Latino. Honorario de la Asociación Suiza de Prensa. Miembro de la Sociedad de Naciones. Internacional de Ginebra. De la Sociedad de Geografía de los Estados Unidos. De la Asociación de Derecho Internacional de Londres. De la Asociación de Abogados de Ginebra. Socio Honorario de la “Società Internazionale degl’Intelletuali di Roma”. Miembro correspondiente de la Sociedad de Abogados de Lisboa. Académico de Mérito de la Academia Hispanoamericana de Cádiz. Del Ateneo de El Salvador. Honorario del Instituto Histórico del Perú. Correspondiente de la Sociedad Geográfica de Lima. Presidente de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. Correspondiente de la Sociedad de Geografía e Historia de Argentina. De la del Ecuador. De la de Chile. Condecorado con la Gran Cruz del Sol de Perú. Con el Busto de Bolívar, de la 1ª. Clase, y con la de la Corona de Prusia, etcétera12.

12Debe recordarse que la formación de abogado estaba estrechamente vinculada al poder. Como señala Juan Rafael Quesada Camacho, el papel del abogado era, en Centroamérica, un elemento heredado de la colonia en toda América Latina. El respeto casi supersticioso en estos personajes, precursores de la disciplina histórica, conllevó a que su figura en la sociedad fuera elevada, y se les diera más posibilidades de participación en la esfera política13. Para el caso de Guatemala, además de Batres Jáuregui, resaltan los abogados Virgilio Rodríguez Beteta (1885-1967), Adrián Recinos (1886-1962) y José Antonio Villacorta (1877-1964), que a pesar de haber sido juristas de profesión, incursionaron en el terreno de la historia guatemalteca14.

Por otro lado, y como menciona Teresa García Giráldez , Antonio Batres fue uno de los liberales más importantes en el siglo XIX, junto al periodista y escritor José Cecilio del Valle, quienes podrían ser considerados los dos intelectuales orgánicos del liberalismo centroamericano. Por otra parte, tanto la obra de Valle como la de Batres Jáuregui fueron marcadas por el debate de la integración étnica, en función de un proyecto nacional15. Fue el autor de La América Central, además, fiel seguidor de las ideas europeas relacionadas con el positivismo y el evolucionismo social, teniendo en cuenta a autores como Gustave Le Bon y Herbert Spencer16. Esto, como se verá adelante, también se encuentra presente en su producción histórica, dado que su visión historiográfica estuvo ampliamente marcada por las mencionadas corrientes de pensamiento, aunque claramente, con elementos únicos.

13A pesar de que Antonio Batres Jáuregui participó activamente en los asuntos políticos guatemaltecos y de Centroamérica durante la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo después de 187117, resalta el hecho de que en los primeros años del régimen de Manuel Estrada Cabrera, fue excluido debido a la relación estrecha que Antonio Batres guardaba con el ex presidente José María Reyna Barrios18. Sin embargo, no se descarta la posibilidad de que él mismo buscara inmiscuirse dentro de la vida política, lo cual puede sustentarse con la dedicatoria que hace en el primer tomo:

14Al Excelentísimo Señor Licenciado
Don Manuel Estrada Cabrera
Benemérito de la Patria y Presidente Constitucional de la República de Guatemala
etc., etc., etc.
Homenaje
de admiración, respeto y alto aprecio
Antonio Batres Jáuregui19

Un acercamiento crítico a la obra

15En cuanto a condiciones contextuales de escritura, La América Central tuvo como antecedente histórico en Centroamérica el hecho de que, a partir de finales del siglo XIX, el istmo se subordinó hacia el modelo cultural europeo y estadounidense, primando la construcción de una sociedad vinculada al mercado mundial, antes que una sociedad integrada internamente20. En este sentido, resalta el hecho de que, específicamente, a partir de 1898 Manuel Estrada Cabrera tomó el cargo presidencial en Guatemala, dejándolo solo 22 años después. Al respecto, este régimen se caracterizó, en la primera década del siglo XX, por otorgar concesiones en beneficio de la International Railways of Central America – IRCA- y la United Fruit Company – UFCo.-, lo cual benefició, en buena medida, al capital norteamericano. Esto marcó, sin duda, a la sociedad guatemalteca de aquel momento21. De hecho, la misma obra, en el tercer tomo, denuncia que:

16Una de las más largas e intensas autocracias que hubo en Guatemala, fue la que estableció, durante su mando el licenciado Manuel Estrada Cabrera, teniendo por peldaño de su ascensión al poder, el asesinato cometido en la persona del Presidente Reyna Barrios.

17Sin embargo, como se mencionó arriba, muchas de estas opiniones debieron haberse debido a que Estrada Cabrera no lo tomara en cuenta dentro de la vida política. De hecho, más adelante, en uno de los pasajes finales de la obra, Batres Jáuregui narra cómo el presidente Cabrera no solo le impidió la incidencia política, sino que también le imposibilitó fungir como albacea de la testamentaria de un amigo en 191822.

18Por otro lado, en cuanto a estructura de la obra, Antonio Batres Jáuregui decide dividir, a modo de periodización, la historia de Centroamérica en tres grandes bloques, que a la vez son los nombres que desea darle a cada tomo:

191. Tiempos precolombinos: que abarca desde la formación biológica y geológica del istmo hasta finales del siglo XV, siendo diversas las temáticas que aborda, yendo desde tiempos “prehistóricos”, así como los elementos naturales de la región. Además, también aborda diferentes aspectos arqueológicos y antropológicos de las sociedades anteriores al contacto con Europa23.

202. Época colonial, el Reino de Guatemala: que parte desde el descubrimiento de América y, específicamente, el primer contacto colombino con Centroamérica, hasta llegar a la Independencia de la misma. Este tomo resalta por una buena cantidad de biografías, así como de la preponderancia que le da a la provincia de Guatemala como centro y artífice de la historia de la región centroamericana24.

213. Memorias de un Siglo: que toma como punto de partida los primeros años del siglo XIX y termina con una breve sinopsis del mandato de Manuel Estrada Cabrera. Este tomo es característico por contar en primera persona varios de los acontecimientos acaecidos en Centroamérica desde 1821 hasta 1921. Finalmente, incluye un apéndice con impresiones de la prensa nacional e internacional sobre La América Central25.

22Esta forma de periodizar se asemeja, en buena medida, a la que historiadores del siglo XIX establecieron respecto a la historia nacional de Guatemala y que, posteriormente, otros estudiosos de la historia continuaron en el siglo XX26.

23Cabe resaltar que, a pesar de que La América Central se propone hablar del istmo, en general, dentro de sus páginas, es el actual territorio de Guatemala el que mayoritariamente resalta en su narración, lo que da cuenta de la concepción centralista que el autor poseía.

24La obra se encuentra escrita con base en una gran cantidad de libros y autores, dependiendo, en buena medida, de la temática que aborde. En este sentido, de hecho, en el primer tomo establece una bibliografía histórica sobre la América española, conteniendo obras contemporáneas para aquel momento, así como una gran cantidad de autores coloniales y fuentes prehispánicas27.

25Dentro de la gran cantidad de autores que consigna para los diferentes tomos, se encuentran, principalmente:

26Para el caso del primer tomo, son usuales las referencias al historiador Hubert Bancroft (1832-1918), al polígrafo Ephraim Squier (1821-188), al defensor de la teosofía Scott Elliot (1849-1919), al viajero alemán Karl Sapper (1866-1945), al médico Daniel Brinton (1837-1899), al antropólogo Carl Berendt (1817-1878), al americanista francés Brasseur de Bourbourg, al entomólogo norteamericano Cyrus Thomas (1825-1910), al científico francés León de Rosny (1837-1914), entre otros. En cuanto al segundo tomo, quizás se trate de una selección de fuentes más heterogénea, pues hace uso de algunas (escasas) fuentes primarias; además, también se remite a cronistas coloniales como Bernal Díaz del Castillo (1486-1584), Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán (1643-1700), el dominico Antonio de Remesal (1570-1619), Francisco Ximénez (1666-1729), Domingo Juarros (1753-1821), entre otros, como también hace uso, en buena medida, de la obra escrita por el arzobispo Francisco García Peláez (1785-1867), Memorias para la Historia del Antiguo Reyno de Guatemala. Finalmente, el tercer tomo contiene una cantidad menor de autores, siendo Alejandro Marure (1806-1851) y Lorenzo Montufar (1823-1898) los dos historiadores que le fueron útiles para narrar los acontecimientos que van desde inicios del siglo XIX hasta el nacimiento del autor.

Un acercamiento a su discurso historiográfico

27Cuando un historiador escribe una obra, generalmente sale a flote la pregunta por su concepción y explicación del pasado28. En este sentido, la pregunta es válida: ¿qué entiende Batres Jáuregui por Historia? Al respecto, dentro de las páginas de La América Central pueden encontrarse algunos indicios para sintetizar su pensamiento historiográfico. De hecho, hay referencias que lo explicitan:

28La historia, identificándonos con todos los tiempos, dilata el breve suspiro que en este mundo nos toca en suerte, y nos presenta la patria como el ara santa en que debe arder el fuego de nuestro corazón29.

29Es necesario referir que, dentro de la historiografía occidental, las naciones iniciaron a adoptar un papel protagónico dentro de la Historia científica, consolidada en el siglo XIX, lo cual implica, además, que fueron entendidas como sujetos sociales e históricos. Y, por otro lado, fue también un retorno a la búsqueda por los personajes protagónicos que, dentro de su itinerario, debían demostrar la conducción e internalización del espíritu nacional30.

30Fue, precisamente, la búsqueda por encontrar esos personajes lo que condujo a Batres Jáuregui incluir, dentro de la obra, una serie de biografías de personajes que, a su parecer, habían tenido un papel preponderante en la historia centroamericana. Así, por ejemplo, el tomo II dedica capítulos enteros para referirse a personajes como el conquistador Pedro de Alvarado (1485-1541), al cronista Bernal Díaz del Castillo (149?-1584), al dominico Bartolomé de las Casas (14??-1566), al obispo Francisco Marroquín (1499-1563), entre otros. Mientras que el tomo III dedica varias páginas a hombres como los caudillos Rafael Carrera (1814-1855) y Justo Rufino Barrios (1835-1885), Antonio José de Irisarri, etc31.

31Sin embargo, una de las preocupaciones de Batres Jáuregui era el hecho de que no existiera un alma nacional que, en todo caso, hacía referencia a una unidad en cuanto al istmo centroamericano primeramente, y, América hispana en segundo punto. La responsabilidad se la deja a los antecedentes históricos de, incluso, los tiempos prehispánicos, pasando por la colonia y la vida republicana32.

32Por otra parte, siguiendo los postulados de la historia científica decimonónica, el proceso histórico visto en su totalidad tomó especial relevancia, por lo que recalcar que todo era producto de una cadena de hechos históricos fue esencial para el oficio de historiador, lo cual tuvo, además, influencia en las concepciones hegelianas de la historia, explicando que la verdad filosófica se encontraba en el estudio histórico33. Algo similar puede encontrarse en Batres Jáuregui:

33Hay atavismos en los órdenes de la naturaleza. Hay encadenamiento en todos los sucesos. Hay lógica en la Historia: ‘Está en la tierra y en el cielo escrito. ¡Ay! ¡Que el delito, engendrará delito34!...’

34Continuando con la argumentación, y buscando la objetividad y cientificidad en su obra, Batres Jáuregui no vaciló en exponer que:

35La historia es, o bien un camposanto piadoso, o un laboratorio de investigación paciente, provechosa y objetiva, a cuyo augusto recinto hay que acercarse limpio de fanatismo y preocupaciones, sin echar en olvido que toda culminación es envidiada35.

36Y, continuando en ese afán por mostrar objetividad y hacer honor a los principios científicos de la historia, el autor incluyó algunas opiniones referentes al vicio de juzgar los hechos del pasado con los ojos del presente. Esto, por ejemplo, lo hizo para referirse a la época colonial:

37Aplicando el criterio del siglo XX, es cosa hacedora y fácil criticar con amargura el régimen colonial, como si en aquellos remotos tiempos todo el mundo hubiérase regido por los cánones del derecho moderno y solo España hubiese aplicado los procedimientos conocidos en los siglos XVI, XVII y XVIII, a sus colonias ultramarinas36.

38Por otro lado, con el espíritu ciceroniano de la historia premoderna, en el sentido de que la historia era “maestra de vida37”, también Antonio Batres Jáuregui se hizo creyente del potencial pedagógico de la historia38. Sin embargo, en sus consideraciones no se encuentra a la historia como cíclica, sino que, antes bien, un proceso de continuo progreso y evolución, como se muestra en el siguiente pasaje:

39La historia de la humanidad es un capítulo de la de los seres vivientes, de tal modo que, en el desenvolvimiento universal, el pasado no puede juzgarse por las conquistas del presente, por las últimas transformaciones del progreso, sino a la luz de las ideas que la fórmula evolutiva ha venido esparciendo al través de los siglos. El tiempo va arrojando al sepulcro las generaciones como el segador arroja al surco las espigas39.

40En este sentido, si la historia es maestra de vida, no lo es porque la historia se repita, sino que se ve como una posibilidad de seguir evolucionando en la línea de tiempo. De tal cuenta, dentro de las páginas de la obra se encuentran algunas referencias a Herbert Spencer y a Gustave Le Bon que, como arriba se mencionó, ejercieron gran influencia sobre el autor de La América Central. Por ejemplo, al referirse a la federación centroamericana, hace alusión a Spencer de la siguiente manera:

41La Federación dejó a Guatemala, y a los demás Estados, en un modo de ser harto deplorable. Al juzgar Spencer la forma de gobierno confederado, democrático, representativo, afirma: “que es el mejor, para hacer el bien – cuando está perfectamente establecido- y el peor para causar el mal, si no cuenta con un pueblo preparado convenientemente40”.

42En un sentido parecido, Antonio Batres Jáuregui también incluyó algunas reflexiones de Gustave Le Bon para explicar el proceso histórico en Centroamérica y, en específico, las consecuencias que había tenido la aplicación de códigos y sentimientos inadecuados para una sociedad que, a consideración de Batres Jáuregui, no se encontraba preparada para adoptar formas que fueran tan “socialmente desarrolladas41”.

43Finalmente, sobre todo en el tomo III, Batres Jáuregui se vio influenciado por elementos del modernismo, en especial aquel promulgado por el ensayista uruguayo, José Enrique Rodó. Recalca Batres Jáuregui, de Rodó, el hecho de que este último había sido promotor y portavoz de la unión americana42. Al referirse al mencionado escritor43, Antonio Batres Jáuregui lo caracteriza de la siguiente manera:

44Este esclarecido escritor fue la más pura autoridad del mundo en formación; el portavoz de veinte naciones americanas. Una de las legítimas glorias del siglo XX.

Sus motivaciones para escribir una historia de América central

45A pesar de que La América Central no fue una obra de encargo, como sí lo fueron varias de las obras producidas por historiadores del siglo XIX, como Alejandro Marure, José Milla y Lorenzo Montufar44, surge el cuestionamiento por las motivaciones que pudieron mover a Antonio Batres Jáuregui para adentrarse en una empresa de esa envergadura. Para este punto, vale la pena señalar que su intención no era, ni mucho menos, legitimar un régimen. De hecho, para clarificar un poco más este punto, vale la pena remitirse a la obra misma:

46Hemos de probar que nuestra raza tiene las energías latentes de toda grande originalidad no ejercitada, y que una vez lanzadas a la actividad esas energías, la ponen en aptitud de hacer todo lo que en la civilización y en el progreso han realizado y realizan las razas más veteranas. (…). Nuestra historia es nuestra vida pasada. Es la vida de nuestros padres; es el complemento de nuestra propia existencia; es el arca que guarda los fastos de todo lo grande y caro que nos ha precedido en el tiempo45.

47El anterior pasaje inicia a clarificar las motivaciones, influenciadas en buena medida por las ideas de civilización y progreso, ampliamente difundidas a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Incluso, este punto podría ayudar a comprender mejor Los indios, su historia y su civilización, dada la idea de que, en efecto, para Jáuregui debía existir un proceso de integración de los indígenas a la nación46. En este sentido, a pesar de que se encontraba influido por las ideas evolucionistas, Jáuregui no creía que existieran razas superiores o inferiores. De hecho, es interesante observar cómo, a pesar de que no se desliga del concepto de raza, usual para la época, vincula a este con condicionamientos históricos, dejando en último caso a la cuestión étnica como determinante47.

48Sin embargo, debe resaltarse el hecho de que en la década de 1890, Batres Jáuregui se encontraba ampliamente vinculado al poder en Guatemala, lo cual lo incluía dentro de los procesos de construcción de una nación, mientras que sus circunstancias en las primeras dos décadas del siglo XX no eran, ni mucho menos, parecidas, al menos en el ámbito nacional. Por tanto, la escritura de La América Central tuvo que estar sujeta a otras motivaciones. Para seguir respondiendo esto, es necesario seguir la lectura con atención:

49La zona fecunda, del admirable istmo Centro-americano, ha de alcanzar muy presto, todo el desarrollo a que está llamada, merced a su posición y recursos. Se aproxima una época nueva para esta tierra, con la unión de ambos océanos, por medio del canal. Ha de llegar a ser emporio de riqueza el suelo en que crecen las palmas, se erizan los cactus, mecen sus cabelleras los pinos, ostentan rubíes los cafetos, yérguense orgullosas las azucaradas cañas, y semejan los maizales blondos escuadrones de verdes alfanjes; en donde las gasas argentadas de caprichosas nubes cubren amorosas las cabezas calvas de los airados volcanes; en donde las ardientes regiones tropicales, las tibias mesetas, los frescos valles y las frías crestas de los montes, ofrecen todos los climas, con variados frutos; en donde la naturaleza deja oír desde las salmodias del romance morisco, desde la algarada del flamenco cantar, hasta la tristeza osiánica, la nota repetida, de la marimba indiana; desde el rumor del río hasta el retumbar de la cascada; en donde el tipo andaluz de la mujer más bella, forma contraste con el bronceado color de la india pura, sin vencer, en los florales juegos, a la cuarterona de ojos de almendra, marfilino color, talle de nombre y corazón apasionado48.

50Esta descripción de los recursos naturales y su potencial aprovechamiento, aumentada en los capítulos posteriores, no es arbitraria, y en todo caso es parte de algo más grande que se deja ver a continuación:

51El momento histórico que levante a la América sobre el orbe entero, no está lejano. Al partir la civilización el istmo, se ha ensanchado el tráfico; pero más aún se ensanchará el pan-americanismo. La influencia de la Gran República es incontrastable; pero también la virilidad de la América latina es de pueblos jóvenes, que tienen un comercio anual de 2,810.000,000 de dólares49.

52Para este punto, es innegable la influencia que Batres Jáuregui tuvo del panamericanismo, cuya relevancia se inició a adoptar desde el siglo XIX, y concretado en materia de política económica por Estados Unidos en el siglo XX50. De hecho, como él mismo narra, en 1906 asistió a la III Conferencia Panamericana en Río de Janeiro, representando a Guatemala51. Incluso, el marcado panamericanismo lo confirma la referencia, hecha arriba, hacia el canal de Panamá.

Conclusión

53Rescatar la figura de Antonio Batres Jáuregui como intelectual, pero, fundamentalmente, como estudioso de la historia, implica adentrarse directamente dentro de su producción historiográfica. En este sentido, es La América Central ante la historia un referente importante, no solo por su magnitud, sino por la riqueza discursiva que se encuentra dentro de ella, siendo una obra que integra distintas corrientes de pensamiento y, desde luego, intereses que responden al itinerario de Batres Jáuregui.

54La América Central es una obra extensa, cuyo propósito – sino es que uno de varios- bien podría ser el resaltar a Centroamérica como una región clave para la realización de un proyecto de unificación panamericana. Al respecto, los medios que utiliza, es decir, tanto los elementos metodológicos y teóricos que subyacen en la obra, pudieron haber sido de gran utilidad para explicar una historia cuyo discurso sobrepasa los límites de los estados nacionales del istmo.

55La visión de la historia centroamericana para Antonio Batres Jáuregui está ampliamente vinculada a su contexto político. Así, pueden encontrarse algunos virajes de intereses entre su obra más conocida, Los indios, su historia y su civilización, hasta llegar a su obra más extensa, La América Central ante la Historia. Es Batres Jáuregui muestra de que el pensamiento no es uniforme y estático, sino antes bien, responde en muchas ocasiones a las aspiraciones y deseos que, generalmente, están íntimamente ligados a la historia política. Es por ello que, como se mencionó al principio, parafraseando a Annick Lempérière, el estudio de estos personajes puede ayudar a resolver cuestionamientos relacionados con la metamorfosis del modelo de intelectual, los discursos sobre la nación y cómo estos influyen en la construcción de la misma, así como las diversas creaciones ideológicas.

Bibliografía

56Acuña Ortega, Víctor Hugo (ed.), Las Repúblicas agroexportadoras, (San José: FLACSO, 1994).

57Acuña Ortega, Víctor Hugo. “La historiografía liberal centroamericana: La obra de Lorenzo Montúfar (1823-1898)”, en Revista Historia y Sociedad 12 (2006): 29-59.

58Altamirano, Carlos (ed.). “Los avatares de la ciudad ‘letrada’ en el siglo XX”, en Historia intelectual de América Latina, tomo II, (Madrid: Katz Editores, 2010).

59Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, tomo I, Guatemala: Marroquín Hermanos, “Casa Colorada”, 1915.

60Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, tomo II, Guatemala: Sánchez & De Guise, 1920.

61Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, tomo III, Guatemala: Tipografía Nacional, 1949.

62Batres Jáuregui, Antonio. Los indios, su historia y su civilización, (Guatemala: Tipografía La Unión, 1894).
Casaús Arzú, Marta Elena. “Los proyectos de integración social del indio y el imaginario nacional de las elites intelectuales guatemaltecas, siglos XIX y XX” Revista de Indias 59 (1999): 775-813.

63Casaús Arzú, Marta Elena y García Giráldez, Teresa. Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales (1820-1920), (Guatemala: F&G Editores, 2005).

64Díaz Romeu, Guillermo. “El licenciado Antonio Batres Jáuregui: su vida y su participación en la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala” (trabajo de ingreso), Anales de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala 66 (1990): 309-338.

65García Giraldéz, Teresa. “El pensamiento político liberal centroamericano del siglo XIX: José Cecilio del Valle y Antonio Batres Jáuregui”, Revista Complutense de Historia de América 35 (2009): 23-45.

66García Giráldez, Teresa. “Antonio Batres Jáuregui” en “Diccionario Biográfico Centroaméricano”, Boletín de la Asociación para el Fomento de Estudios Históricos en Centroamérica 65 (2015).

67Koselleck, Reinhart. Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos, (Barcelona: Paidós, 1993).

68Lempérière, Annick. Intellectuels, Etats et Société au Mexique: les clercs de la nation (1910-1968), (Paris: L’ Harmattan, 1992).

69López Marroquín, Ruben. Historia moderna de la etnicidad en Guatemala. La visión hegemónica: cuatro autores estudian a los indios. (Guatemala: Universidad Rafael Landívar, Instituto de Investigaciones Económicas y sociales, 2001).

70Miller, Nicola. In the Shadow of the State: Intellectuals and the Quest for National Identity in Twentieth-Century Spanish America, (Londres y Nueva York: Verso, 1999).

71Quesada Camacho, Juan Rafael. Historia de la historiografía costarricense (1821-1940), San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2003.

72Palma Murga, Gustavo. “Identidad nacional e Historia en Guatemala”, Estudios Interétnicos 1 (1993): 39-50.

73Palma Murga, Gustavo. “La Sociedad de Geografía e Historia y la Historia en Guatemala”, Revista de Historia 31, (1995): 7-37.

74Palmer, Steven. “Racismo intelectual en Costa Rica y Guatemala, 1870-1920”, Mesoamérica 31 (1996): 99-121.
Regalado de Hurtado, Liliana. Historiografía occidental: un tránsito por los predios de Clío, Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2010

75Rodríguez Beteta, Virgilio. “Biografía de Antonio Batres Jáuregui”, Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala 39 (1966): 77-95.

76Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. “El fallecimiento del Lic. Don Antonio Batres Jáuregui”, Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala 5 (1929): 359-369.

77Taracena Arriola, Arturo. Etnicidad, estado y nación en Guatemala, 1808-1944, tomo I, Guatemala: Nawal Wuj, 2002.

78Taracena Arriola, Arturo. “Liberalismo y poder político en Centroamérica (1870-1929)”, en Acuña

79Zea, Leopoldo (ed.). América Latina en sus ideas. (México, D.F.: Siglo XXI, 2006).

80Notas de pie de páginas

811 Véase Marta Elena Casaús Arzú y Teresa García Giráldez, Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales (1820-1920), (Guatemala: F&G Editores, 2005).

822 Antonio Batres Jáuregui, Los indios, su historia y su civilización, (Guatemala: Tipografía La Unión, 1894). Véase Marta Elena Casaús Arzú, “Los proyectos de integración social del indio y el imaginario nacional de las elites intelectuales guatemaltecas, siglos XIX y XX” Revista de Indias 59 (1999): 775-813., que estudia la posición excluyente de Antonio Batres Jáuregui y su alcance.

833 Para algunos estudios exhaustivos sobre la relación entre Antonio Batres Jáuregui, la construcción de la nación y la etnicidad, véase Steven Palmer, “Racismo intelectual en Costa Rica y Guatemala, 1870-1920”, Mesoamérica 31 (1996): 99-121, que, más allá de tomar en cuenta a Jáuregui como figura principal, establece, mediante un análisis comparativo, los principales discursos de las élites intelectuales en esos 50 años; véanse también a Rubén López Marroquín, Historia moderna de la etnicidad en Guatemala. La visión hegemónica: cuatro autores estudian a los indios (Guatemala: Universidad Rafael Landívar, Instituto de Investigaciones Económicas y sociales, 2001); Arturo Taracena Arriola, Etnicidad, estado y nación en Guatemala, 1808-1944, tomo I (Guatemala: Nawal Wuj, 2002); Marta Elena Casaús Arzú y Teresa García Giráldez, Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales (1820-1920) (Guatemala: F&G Editores, 2005); Teresa García Giraldéz, “El pensamiento político liberal centroamericano del siglo XIX: José Cecilio del Valle y Antonio Batres Jáuregui”, Revista Complutense de Historia de América 35 (2009), págs. 23-45.

844 Gran parte de su obra ha sido consignada en discursos y escritos plasmados en algunas páginas de la revista Anales, tanto en su época de Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, como en la actual Academia de Geografía e Historia de Guatemala. Véase: “El fallecimiento del Lic. Don Antonio Batres Jáuregui”, Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala 5 (1929), págs. 359-369; Virgilio Rodríguez Beteta, “Biografía de Antonio Batres Jáuregui”, Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala 39 (1966), págs 77-95; Guillermo Díaz Romeu, “El licenciado Antonio Batres Jáuregui: su vida y su participación en la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala” (trabajo de ingreso), Anales de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala 66 (1990), pág. 309-338.

855 Annick Lempérière, Intellectuels, Etats et Société au Mexique: les clercs de la nation (1910-1968) (París: L’Harmattan, 1992), pág. 19.

866 En cuanto a su producción escrita, pueden contabilizarse 12 obras, alrededor de 50 artículos periodísticos y aproximadamente 15 artículos en la publicación Anales de la Sociedad de Geografía e Historia. Véase: Guillermo Díaz Romeu, “El licenciado Antonio Batres Jáuregui…”, págs. 330-335.

877 Antonio Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, III tomos; Tomo I, (Guatemala: Marroquín Hermanos, “Casa Colorada”, 1915); Tomo II, (Guatemala: Sánchez & De Guise, 1920); y, Tomo III, (Guatemala: Tipografía Nacional, 1949).

888 El licenciado Antonio Batres Jáuregui nació el 11 de septiembre de 1847 y murió el 12 de abril de 1929. Sus padres fueron Cayetano Batres Díaz del Castillo y Beatriz Jáuregui. Véase Teresa García Giráldez, “Antonio Batres Jáuregui en “Diccionario Biográfico Centroaméricano” (Christophe Belaubre y Stephen Webre (ed.), publicado en Boletín de la Asociación para el Fomento de Estudios Históricos en Centroamérica Núm. 65 (2015).

899 Guillermo Díaz Romeu, “El licenciado Antonio Batres Jáuregui…”, pág. 311.

9010 Guillermo Díaz Romeu, “El licenciado Antonio Batres Jáuregui…”, pág. 312-316.

9111 Nicola Miller, In the Shadow of the State: Intellectuals and the Quest for National Identity in Twentieth-Century Spanish America (Londres y Nueva York: Verso, 1999), pág. 95-96.

9212 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo III, pág. 2.

9313 Juan Rafael Quesada Camacho, Historia de la historiografía costarricense (1821-1940) (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2003), págs. 136-137.

9414 No debe olvidarse el papel preponderante que la Sociedad de Geografía e Historia tuvo en la creación de la historia como disciplina científica. Esta fue fundada en 1923 por varios intelectuales, entre los que se cuentan a los anteriormente mencionados. Véase Gustavo Palma Murga, “La Sociedad de Geografía e Historia y la Historia en Guatemala”, Revista de Historia 31, (1995), págs. 7-37.

9515 Véase Teresa García Giraldéz, “El pensamiento político liberal centroamericano del siglo XIX…”.

9616 Teresa García Giráldez, “Antonio Batres Jáuregui”.

9717 Por ejemplo, tuvo participación como representante de Guatemala y Centroamérica en más de una ocasión ante Estados Unidos. Véase Guillermo Díaz Romeu, “El licenciado Antonio Batres Jáuregui…”.

9818 Guillermo Díaz Romeu, “El licenciado Antonio Batres Jáuregui…”, pág. 316. Por otra parte, “después de la muerte del Presidente, general Reyna Barrios, no me era posible permanecer en mi país, porque a mí particularmente, tenían me un odio mortal Estrada Cabrera y sus secuaces. Sabían bien que yo iba a ser designado a la Presidencia de la República, y ya estaba muy próxima la apertura de la Asamblea”. Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo III, pág. 620.

9919 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo I.

10020 Arturo Taracena Arriola, “Liberalismo y poder político en Centroamérica (1870-1929)”, en Víctor Hugo Acuña Ortega (ed.), Las Repúblicas agroexportadoras (San José: FLACSO, 1994), pág. 172.

10121 Arturo Taracena Arriola, “Liberalismo y poder político en Centroamérica (1870-1929)”, en Víctor Hugo Acuña Ortega (ed.), Las Repúblicas agroexportadoras (San José: FLACSO, 1994), págs. 212-215.

10222 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo III, pág. 676.

10323 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo I.

10424 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo II.

10525 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo III.

10626 Véase Gustavo Palma Murga, “Identidad nacional e Historia en Guatemala”, Estudios Interétnicos 1 (1993), págs. 44-45.

10727 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo I., págs. 26-55.

10828 Liliana Regalado de Hurtado, Historiografía occidental: un tránsito por los predios de Clío (Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2010), pág. 25.

10929 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo I., pág. 5.

11030 Liliana Regalado de Hurtado, Historiografía occidental …, pág. 228.

11131 De hecho, Antonio Batres Jáuregui escribió algunas biografías, entre las que resaltan Antonio Batres Jáuregui, Literatos guatemaltecos –Landívar e Irisarri- (Guatemala: Tipografía Nacional, 1896); Antonio Batres Jáuregui, José Batres Montufar. Su tiempo y sus obras (Guatemala: Sánchez & De Guise, 1910); y, Antonio Batres Jáuregui, El doctor Mariano Gálvez y su época, (Guatemala: Sánchez & De Guise, 1925).

11232 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo II., págs. 259-261.

11333 Liliana Regalado de Hurtado, Historiografía occidental …, pág. 190.

11434 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo II., pág. 35.

11535 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo III., pág. 49.

11636 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo II., pág. 21.

11737 Una clara exposición de lo que es la historia como maestra de vida, o historia magistra vitae, se encuentra en Reinhart Koselleck, Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos, (Barcelona: Paidós, 1993).

11838 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo III., pág. 135. Por otra parte, también puede encontrarse el discurso de la historia como maestra de vida en obras como la de Lorenzo Montufar. Véase Víctor Hugo Acuña Ortega, “La historiografía liberal centroamericana: La obra de Lorenzo Montúfar (1823-1898)”, en Revista Historia y Sociedad 12 (2006), pág. 29-59.

11939 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo I., pág. 5.

12040 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo III., pág. 109.

12141 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo III, pág. 135.

12242 Para una amplia discusión sobre el papel y la influencia de José Enrique Rodó en las élites intelectuales latinoamericanas, véase Nicola Miller, In the Shadow of the State …; y, Carlos Altamirano (ed.), “Los avatares de la ciudad ‘letrada’ en el siglo XX”, en Historia intelectual de América Latina, tomo II, (Madrid: Katz Editores, 2010).

12343 Que, cabe resaltarlo, había fijado el modelo de intelectual maestro, con varias calidades y actividades dentro del ámbito público. Véase Nicola Miller, In the Shadow of the State …, pág. 96.

12444 Gustavo Palma Murga, “Identidad nacional…”, págs. 41-42.

12545 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo I., págs. 22-23.

12646 Marta Elena Casaús Arzú y Teresa García Giráldez, Las redes intelectuales centroamericanas …, pág. 39.

12747 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo I., pág. 87.

12848 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo I., pág. 23.

12949 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo I., pág. 23.

13050 Para una discusión sobre el panamericanismo, ver Leopoldo Zea (ed.), América Latina en sus ideas (México, D.F.: Siglo XXI, 2006).

13151 Antonio Batres Jáuregui, La América Central …, tomo III., pág. 622.

Para citar este artículo :

Selvin Chiquín, « La historiografía centroamericana a inicios del siglo XX: Antonio Batres Jáuregui y La América Central ante la Historia », Boletín AFEHC N°67, publicado el 04 diciembre 2015, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4192

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