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AFEHC : bibliografia : Patronazgo y educación: Los proyectos de la Real Universidad de San Carlos de Guatemala, 1619-1687 : Patronazgo y educación: Los proyectos de la Real Universidad de San Carlos de Guatemala, 1619-1687

Ficha n° 4193

Creada: 26 enero 2016
Editada: 26 enero 2016
Modificada: 26 enero 2016

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Autor de la ficha:

Leonardo HERNANDEZ

Editor de la ficha:

Laura MATTHEW

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Patronazgo y educación: Los proyectos de la Real Universidad de San Carlos de Guatemala, 1619-1687

Libro sobre la política de la fundación de la universidad, entre individuos, corporaciones, y la corona española.
1343
Palabras claves :
Educación, Universidad, Urbanización, Política
Categoria:
Libro
Autor:

Adriana Álvarez Sánchez

Editorial:
UNAM/Facultad de Filosofía y Letras
Fecha:
2014
Reseña:

1Toda discusión sobre la educación universitaria en Guatemala siempre se remonta a los origines coloniales de la Universidad de San Carlos, fundada en 1676. El hecho se presenta como momento clave en la historia colonial de Guatemala. Se le destaca por un supuesto trasfondo identitario, es decir un escaño más en el desarrollo de una cultura propia o criolla. Fue así parte de una narrativa de confrontación cultural entre la metrópolis y las colonias. Además, se le otorga a este acontecimiento una antigüedad todavía mayor al repetir la errónea afirmación que este centro de estudios fue establecido en 1562 por el obispo Francisco Marroquín. De esta manera se resaltan los nexos locales o guatemaltecos y se dejan por un lado las circunstancias imperiales que le dieron vida a la universidad.

2La obra de Álvarez Sánchez viene a desmoronar, o al menos a plantear que revisemos tales supuestos histórico-culturales. La cobertura cronológica de la obra no es la que se esperaría dado el título de la misma. En vez, la autora se enfoca en la entraña de intereses y debates tanto en Guatemala como en España que encaminaron el proyecto universitario y obtuvieron la sanción real a finales del siglo XVII. El desarrollo institucional y académico posterior al siglo XVII la autora nos dice constituirá otra investigación.

3¿Por qué solo investigar parte de los origines de la Universidad de San Carlos? Primeramente, fue en el siglo XVII cuando intereses y grupos residentes o ubicados en la capital administrativa del istmo obtuvieron el fin de su causa (capítulos I y II). En 1676 la ciudad de Guatemala es beneficiaria de una institución académica de grandísima importancia no solo para el fortalecimiento académico, sino también para el plantel administrativo de la región (capitulo III). Álvarez Sánchez dedica el restante de su monografía (capítulos IV, V, y epílogo) a los primeros años del funcionamiento y vida académica de la nueva universidad. En estos capítulos vemos como los pasos iniciales de la universidad continúan siendo fraguados por cuestiones y antecedentes externos a la misma. La importancia del patronazgo real en el proyecto universitario, las a veces tensas relaciones entre iglesia y estado por mayor control de la universidad, la falta de un claustro universitario, y las dificultades en atraer un buen profesorado vienen a mente.

4Como ejemplo de las dificultades en establecer una universidad en el istmo centroamericano veamos con cierto detalle la verdadera fecha de la fundación de la Universidad de San Carlos. En primer lugar, como Álvarez Sánchez nos dice fueron los cabildos o ayuntamientos de las ciudades quienes tendían a gestionar por centros de estudios de alto nivel. Ya antes que el obispo Marroquín respaldara la creación de un “colegio” para hijos de españoles en 1562, el ayuntamiento de la ciudad de Guatemala había tomado cartas en el asunto y lo hizo con vistas a crear una universidad. (27)

5El intento por crear un colegio según la voluntad de Marroquín, sin embargo, queda en el olvido por varias décadas. No fue hasta 1620 que el colegio de Santo Tomás comienza a ofrecer clases. Pero el inicio de actividades escolares no corresponde a un nuevo activismo en rescatar la obra de Marroquín. Fueron las pugnas entre las distintas corporaciones religiosas y la jerarquía católica urbana quienes fueron responsables por este suceso. No hay pues manera de decir que el colegio de Santo Tomás se funda en el siglo XVI. Lo que sí ventila con esta corta reseña es el ambiente competitivo al seno de las instituciones religiosas por acaparar un plano central en la educación de la elite urbana.

6A toda esta serie de complicaciones hay que agregar también la estampa personal de un particular individuo. En 1646 el correo mayor Pedro Crespo Suárez ofrece una cuantiosa cantidad para la fundación de una obra pía. Los jesuitas muestran poco intereses, no así los dominicos. De la reunión entre esta orden religiosa y Crespo nace—o se renueva, si se quiere—un proyecto de “universidad y colegio.” (15) Con esto se vería culminado el legado de Marroquin y se dejarían a un lado los colegios existentes ya que Crespo buscaba crear una universidad con estudios en las cinco facultades y el privilegio de otorgar grados. El patronato seria compartido entre Crespo, los antiguos patronos del Colegio de Santo Tomás, y otros particulares, incluyendo sus parientes—el visto bueno del estado indicaría su participación como co-patrono. Las órdenes religiosas de gran peso estarían representadas de una u otra manera en la lectura de cátedras. En fin, como nos dice Álvarez Sánchez el proyecto universitario a estas alturas consiste de una “institución hibrida entre un Estudio General real y un colegio de fundación particular.” (15)

7No obstante, los obstáculos para fundar la nueva obra se materializan pronto, incluyendo el corto plazo—inicialmente de cuatro años—que Crespo fija para gestionar la ratificación del estado. Tras la muerte de Crespo y la posibilidad que los fondos no llegasen a ser utilizados como era debido, el estado y las autoridades municipales deciden intervenir en la creación de una universidad. Hablamos ya de la segunda mitad de la década de los 1650, cuando la corona consulta al virrey novohispano si la fundación de un Estudio General guatemalteco perjudicaría a la Real Universidad de México. Por su parte, el cabildo guatemalteco ahora emplea como argumento principal la lejanía de la ciudad de México en su gestión por una universidad. Ya para la siguiente década (1660) la Audiencia estaba en control de negociar el establecimiento de una universidad.

8Es evidente que el proceso había sido largo y complejo cuando en 1676 la corona otorga las licencias necesarias para fundar la nueva universidad. La supuesta fundación de la Universidad de San Carlos en 1652 es pues una falsedad. Inicialmente no hubo una voluntad unánime por una universidad y al correr del tiempo fueron varios los interesados, incluyendo la metrópolis quienes llegan a apropiarse del proyecto universitario.

9Cabe recalcar este último punto. Al margen del proyecto universitario siempre vemos otros proyectos que resaltan la naturaleza sectaria de los orígenes de la educación universitaria en Guatemala. Los había de corte individual, institucional, y hasta metropolitanos. El estado no desistía su mando en gestionar espacios para crear una burocracia leal. Distintos representantes y corporaciones religiosas de la Iglesia católica pugnaban entre si el liderazgo académico en su búsqueda por una supremacía sobre otras autoridades religiosas y civiles. La apariencia de individuos como el correo mayor Crespo delata un enjambre de intereses no del todo ajenos a la participación de cualquier persona con el caudal necesario para crear un desbalance de fuerzas.

10En fin, la obra de Álvarez Sánchez constituye otro escalón más en crear en Guatemala una narrativa histórica basada en documentación de archivo y ajena a proyectos nacionalistas. En el pasado eso resulto en afirmaciones parciales o hasta excluyentes. La obra de Álvarez Sánchez retrata una sociedad llena de personajes e intereses con propósitos propios aunque estos no se alinearan a la perfección. Cierto, el resultado fue que la Universidad de San Carlos ha tenido “un funcionamiento irregular desde sus inicios.” (23) Las razones por lo cual esto es cierto obtienen una excelente introducción en el libro de Álvarez Sánchez.

11Leonardo Hernandez

12SUNY-Oswego

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