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AFEHC : diccionario : CÁRCAMO Y VALDÉS, Catalina de : CÁRCAMO Y VALDÉS, Catalina de

Ficha n° 4261

Creada: 02 mayo 2016
Editada: 02 mayo 2016
Modificada: 02 mayo 2016

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Editor de la ficha:

Stephen WEBRE

Información:

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

CÁRCAMO Y VALDÉS, Catalina de

Dinamismo de una viuda analfabeta en asuntos administrativos y financieros, y su lucha por conservar el abundante patrimonio que ella y su marido levantaron.
Palabras claves :
Mujeres, Historia social, Vida cotidiana, Siglo XVII, Finanzas, Censo reservativo
Casó:

1Don Pedro de Lira

Nació:
En marzo de 1593 en Santiago de Guatemala
Murió:
En 1663 en Santiago de Guatemala
Padres:

1Don Francisco Díaz del Castillo y doña Isabel de Cárcamo.

Resumen:

1Doña Catalina de Cárcamo y Valdés fue bautizada el 11 de marzo de 1593, en la parroquia de El Sagrario de la ciudad de Guatemala. Sus padrinos fueron Alonso de Vargas Lobo y su mujer doña Clara Becerra (hija de Bernal Díaz del Castillo), quienes habían sido los padrinos de sus 3 hermanos mayores. Fue la primera hija de Francisco Díaz del Castillo y doña Isabel de Cárcamo (casados en 1583) y la cuarta de 9 hermanos.

2En 1614, doña Catalina contrajo matrimonio con un personaje económica y socialmente poderoso, don Pedro de Lira, quien fue, además de comerciante, ministro del Santo Oficio y regidor de la ciudad de Santiago de Guatemala. Para don Pedro fue el cuarto matrimonio.

3De este enlace hubo 9 hijos: José, que llegó a ser canónigo tesorero de la catedral de Guatemala; María, casó con Sancho Ruiz de Ayala y murió a los 18 años de edad; Manuel, fue sacerdote; Francisco, ocupó el cargo de correo mayor del Reino; Jerónima, se convirtió en monja y luego abadesa del convento de la Concepción, conocida como Jerónima de San Pedro; Ana, fue religiosa del mismo convento, también conocida como Ana de la Natividad; Nicolás, casó con doña María Nuñez de Salazar; Pedro, religioso de la Orden de La Merced, y Catalina, quien a los 50 años de edad (1675) todavía estaba sin casarse.

4El matrimonio vivió en uno de los lugares privilegiados de la ciudad de Santiago de Guatemala, en la calle de Santo Domingo. Fueron vecinos del regidor de la ciudad Pedro Zapata de Cárdenas y el convento de Santo Domingo.

5Dado el carácter prolífico de las actividades de su marido, quien murió en 1634, doña Catalina tuvo que hacer frente, con apoyo de sus hijos mayores, a las vicisitudes propias de un comerciante y de la administración de sus numerosos bienes inmuebles, realizando transacciones de compra y venta de ellos, así como la resolución de los problemas propios del albaceazgo de su difunto marido y la tutoría y curaduría de sus hijos menores de edad, Ana, Nicolás, Pedro y Catalina. Fue coheredera testamentaria de los bienes de su madre, junto con su hermana Clara y los hijos del hermano de ambas Juan del Castillo, ya difunto en el año de 1634, y de doña Inés de Castellanos.
Esta mujer viuda participó activamente en diversas diligencias administrativas, económicas y sociales propias de su tiempo, acompañando a su marido en ellas, como albacea de este y como la responsable del resguardo y aumento de los bienes de sus hijos menores de edad.

6Un hecho que ilustra significativamente la capacidad económica del matrimonio de doña Catalina con don Pedro se muestra con el gesto de condonación de una deuda a un yerno suyo.

7El 20 de abril de 1634, don Pedro y doña Catalina otorgaron carta de pago a su yerno el capitán Sancho Ruiz de Ayala y Villela por la cantidad de 8.367 tostones, que éste les devolvió en joyas, ropa y esclavos, con el mismo valor y las mismas condiciones en que los recibió de ellos cuando contrajo matrimonio con doña María de Lira y Cárcamo, hija de los otorgantes, quien había fallecido en febrero del mismo año. Hacía dos años que Sancho Ruiz había recibido la dote de 20.000 tostones y 10.000 tostones de arras. Pero, por haber fallecido doña María sin haber tenido hijos, la dote y las arras correspondía a sus padres. Por lo tanto, Sancho Ruiz debió devolver lo que recibió. Así, en esta fecha, pagó 8.367 tostones y quedó pendiente la cantidad de 11.633 tostones de la dote, no así lo correspondiente a las arras, que le fue condonada la devolución.

8Son numerosas e interesantes las transacciones y actividades administrativas que realizó la viuda, doña Catalina. El siguiente caso muestra la relación comercial de la familia. En enero de 1636, doña Catalina actuó por sí misma y como tutora y curadora de los bienes de sus hijos legítimos don José, don Manuel, don Francisco, doña Ana, don Nicolás, don Pedro y doña Catalina, y otorgó poder al capitán don Antonio de Leguía, dueño de las encomiendas de los puertos del Golfo Dulce y Santo Tomás de Castilla. Este representante debía cobrar a los dueños de las embarcaciones, a los capitanes y maestres de ellas así como a cualquier otra persona, las mercaderías, fardos, botijas de vino y de aceite, hierro, géneros de Castilla y cualquier cosa que llegara de España consignada a su difunto marido, a ella o a alguno de sus hijos.
Por convenir a sus intereses y los de su familia, participó en diversas actividades financieras de la época. Fue acreedora y deudora en varias oportunidades. Como acreedora, en abril de 1638 la viuda refirió, en una escritura de redención de censo, que el convento de la Merced compró a don Pedro de Lira el molino que estaba situado en el camino real que, de la ciudad de Santiago, conducía al pueblo de Yssapa. Esta transacción se hizo ante el escribano público Juan Palomino el 17 de enero de 1630, por un valor de 3.400 tostones, que se cargó a censo sobre el mismo molino. De esta cantidad, el dicho convento pagaba anualmente 170 tostones de rédito. En esta fecha, (1638), el comendador del mencionado convento, fray Diego de Chávez, redimió tal censo y pagó en efectivo los 3.400 tostones a doña Catalina ante el escribano público Sebastián Ramírez. Además del principal, ella recibió 46 tostones y 2 reales de réditos atrasados. Y como doña Catalina no sabía firmar, lo hizo su hijo Francisco de Lira y Cárcamo, regidor de la ciudad. Con el dinero recibido compró un terreno de 3½ caballerías que tenía casas y trojes, y en él pastaban 92 yeguas, mansas y cerreras, 4 caballos, 10 mulas, 1 macho, 2 burros, 14 yuntas de bueyes, 14 rejas grandes de arado, 22 hoces, 1 hachuela, 2 escoplos, 1 hacha, 1 sierra grande y otros objetos. Se incluyeron 25 indios de repartimiento que tenía asignados la labor, de los pueblos de San Juan Sacatepéquez y Santo Domingo Sinaco. Esta propiedad la vendió tres meses después.

9A principios de 1654, como deudora, solicitante de crédito, doña Catalina tomó a censo 1.000 tostones del convento de Santo Domingo; los cargó sobre la hacienda y un ingenio que poseía en el valle de Salamá, llamado San Jerónimo; se incluyeron más de 150 esclavos negros, hombres y mujeres de diferentes edades, y el ganado que había en ella. Otras garantías que dio por dicha cantidad de dinero fue una labor de trigo situada en el valle de Mixco y un molino de trigo que estaba situado adelante del pueblo de Jocotenango, en el camino que de este pueblo conducía a San Luis de las Carretas, Chimaltenango e Itzapa, con su casas y edificios con techos de teja.
Doña Catalina no estuvo exenta de los problemas familiares. En noviembre de 1661, don José de Fuentes y Guzmán y su esposa doña Juana Ruiz de Ayala y Villela presentaron una demanda contra los bienes del difunto Pedro de Lira. Doña Juana reclamó parte de su herencia que le correspondía por ser hija legítima, según ella, de Sancho Ruiz de Ayala y doña María de Lira y Cárcamo (hija de doña Catalina).

10Doña Catalina no contestó jurídicamente a la demanda pero dijo que doña Juana no era hija de doña María, quien había fallecido en 1635 sin sucesión, e hizo constar que cuando esta casó con Sancho Ruiz de Ayala se le entregaron a este 20.000 tostones como dote, y que cuando doña María falleció el mismo Ruiz de Ayala devolvió la dote a sus suegros. Doña Catalina también presentó constancias de que en la parroquia de El Sagrario no aparecía ningún bautismo de algún hijo legítimo de doña María; además señaló que Ruiz de Ayala falleció bajo testamento donde indicó no tener hijos legítimos, y que en última instancia la demanda debía hacerse contra los herederos de Pedro de Lira. Luego de muchos trámites y reconvenciones, se convino en que doña Catalina y sus hijos dieran a don José de Fuentes y Guzmán y su esposa doña Juana Ruiz de Ayala y Villela, la cantidad de 9.000 tostones, fraccionado en dinero en efectivo y varios censos a favor de los primeros. Luego de la transacción ambas partes hicieron un pacto: se dieron finiquito recíprocamente y se comprometieron a no demandarse en el futuro.

11A doña Catalina se le conoció también como Catalina de Valdés y Cárcamo, Catalina de Cárcamo y Castillo; Marta Elena Casaús la identifica como Catalina Díaz del Castillo y Cárcamo, que murió en 1663 a la edad de 70 años.

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