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AFEHC : transcripciones : Sermón XXII Santa Catalina Mártir Guatemala, 1594. : Sermón XXII Santa Catalina Mártir Guatemala, 1594.

Ficha n° 4269

Creada: 17 mayo 2016
Editada: 17 mayo 2016
Modificada: 17 mayo 2016

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Autor de la ficha:

Rodolfo HERNANDEZ MENDEZ

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Sermón XXII Santa Catalina Mártir Guatemala, 1594.

Este sermón podria ser el más antiguo que se halla pronunciado y conservado en Guatemala. Nos llegó en un cuaderno de 40 sermones mexicanos manuscritos y la versión digital se puede consultar en la Biblioteca Nacional Española.
1385
Palabras claves :
Sermón, Predicación, Santidad, Festividad
Autor:
Anónimo
Ubicación:
Biblioteca Nacional Española
Fecha:
1594
Paginas:
fol. 143-150
Texto íntegral:

1f. 143 «Ne fortè non sufficiat nobis, et vobis. Mathei. Cap. 25.

2Buscaba el cuidado para el elogio entre las vírgenes prudentes del evangelio a la prudentísima Santa Catarina [entre renglones: virgen] y mártir, mas o el alcance de la advertencia es corta, o ninguna de esas vírgenes es la nuestra. Cuál de los dos extremos sea lo más cierto, desde luego confieso que lo primero. Mas por que no quede a la diligencia escrúpulo, siga el que quisiere conmigo a Santa Catarina los pasos, y observe de las vírgenes las acciones, para que así o me advierta la semejanza que no alcanzo, o no se juzgue menos el desvelo de la atención. Exierunt, dice la parábola, exierunt obviam sponso et sponsae; a recibir al esposo salieron aquellas vírgenes, qué lejos estuvo santa Catarina de salir a recibir a Cristo, o por mejor decir, no tuvo Cristo sufrimiento para esperar que le saliese santa Catalina al encuentro; por sus puertas se le entra una y dos veces. Una, siendo Catalina gentil, que ya desde entonces le robaba a Dios las aficiones; otra, ya bautizada apareciéndole en su retrete donde se abrazaba el corazón [al margen: en deseos] de conocer en persona al que había conocido por su imagen. Dormitaverunt omnes et dormierunt, prosigue el texto, quedaron todas a la pesadez del sueño rendidas hasta que al clamor que ya llega, sacudieron diligentes la pereza. Tunc surrexerunt omnes virgines illae, despertaron las vírgenes [entre renglones: ilegible] para entrar a las bodas y para celebrar [tachado: Santa Catalina; entre renglones: la nuestra] las suyas duerme. Dormida estaba cuando se desposó Cristo con ella, dejándola para cuando despertase, un anillo riquísimo en un dedo que como arras de su desposorio le certificase, despierta, lo que había visto dormida. En clausura quedaron las prudentes, intraverunt cum eo ad nuptias et clausa est ianua, y si quedaría dentro con ellas santa Catalina? Eso no preguntará quien la admirare, ya en el tem [f. 143v. sic] templo, afeando fervoroso sus abominables idolatrías a Maximino; ya en el palacio, resistiendo constante a las detestables pretensiones de aquel sacrílego Monarca; ya en la plaza pública de Alejandría, a vista del mayor teatro que vio jamás Egipto, convenciendo eficaz de sus falsas sectas a los [tachado: presumidos; entre renglones: engañados] sabios. Negaban las prudentes el óleo que les pedían las necias, temiendo que si se dividía el que tenían, a ningunas bastase el que quedase. Date nobis de oleo vestro, responderunt prudentes dicentes ne forte non sufficiat nobis et vobis. O liberalísima virgen Santa Catalina! con qué abundancia corre y mana, a vista de la escasez de las vírgenes, óleo fragantísimo de tu virgíneo cuerpo; o para conservar la luz de las muchas lámparas que arden en tu sepulcro, o para eficaz medicina de incurables dolencias, ¿en qué número, pues, de vírgenes te contaremos? en las del evangelio? Lo contradice el óleo; pues cuando las prudentes lo niegan temerosas de que les falte, lo comunicas en perenne manantial a todos. Cuando ellas velan, duermes; sales a plaza cuando ellas se retiran a su clausura; a ti te busca el esposo, ellas a recibirle salen; a ti te sobra lo que a ellas falta; en ellas fue prudencia negar, en ti no lo fuera no conceder. Pues dónde están tus excelencias descifradas? Quizá estarán como Cristo en la eucaristía, tan ocultos en las alusiones tan sacramentadas, en los misterios de las cláusulas que solo por fe sabemos que están en el Evangelio, pues te lo aplica nuestra Madre, la Iglesia? Sino es, ya que me sucede lo que a Santa Catalina con Cristo. Estaba aún esta virgen en las densas tinieblas de la gentilidad; aparecióle la virgen de las vírgenes, María, con el único benditísimo fruto de su vientre en los brazos; admiró la beldad de la Madre; quiso, después, emplear la vista en la tierna, agraciada hermosura del niño; este, entonces, recataba el rostro a Catarina, o ya escondiéndolo en el pecho de su madre, o ya ocultándolo con su manto; preguntóle amorosa María, por qué hijo niegas, esquivo, el rostro a quien ansiosa te busca? Cómo quieres, respondió el niño, Madre mía que permita a Catalina el verme si aún le falta la gracia. Cómo pretendes puede decirme a mí Santa Catalina, enseñada de Cristo, verme entre tantos misterios como el Evangelio tiene, sino has impetrado de María Santísima la gracia, no tengo más que responder sino pedirla pues pidámosla.
Ave María.»

3f. 144 «Ne forte non sufficiat nobis, et vobis. Mat. vbi supra.

4En pedir y negar está hoy el yerro de las necias, y el acierto de las prudentes vírgenes; pedían las unas porque les faltó, negaron las otras porque no les faltase el óleo, a cuyo fomento ardiese de sus lámparas la llama —Ne forte non sufficiat nobis, et vobis— y si bien atendemos de las unas la petición, no parece que desde luego merecen la calificación de necias. Pedir lo que falta es buscar a la necesidad el remedio, diligencia que la misma naturaleza, como acertada maestra, enseña; que si así no fuera, hubieran todos los que buscan lo necesario de incurrir la nota de necios, y más cuando no solo fue diligencia, pero aun providencia, antes que se apagaran las luces buscaban óleo porque no se apagasen, —date nobis de oleo vestro quia lampades nostrae extinguntur— Socorrednos con parte de vuestro óleo porque ya ya se apagan nuestras luces. Es así todo, pero no estuvo el yerro en pedir, sino en pedir a las otras vírgenes: hoc stultitiae fuit, dice Eutimio, sperasse sibi oleum adornatum acupturas quod aballis posideretur. [sic] Pues, en qué estuvo el yerro? si las otras vírgenes tenían óleo? en que aunque lo tenían, lo habían menester para sus lámparas y pedirle a otro lo que él ha menester, qué mayor necedad? Por eso fue prudencia en las otras el negarlo, porque negar lo que se ha menester, y en materia tan importante como tener prevenidas las lámparas, es prudencia. [Al margen izquierdo: texto ilegible] Negaron pues, [tres líneas tachadas: ilegible] la disculpa que dieron negando fue nuestro tema, Ne forte non sufficiat nobis, et vobis. Si partimos con vosotras, le dicen, del óleo que tenemos ni os remedias vosotras y nos perdemos todas, porque ni el que os diéremos os bastará, ni el que nos quedare nos será suficiente. Como si les dijeran, el óleo que tene [sic] [f. 144v.] tenemos es tan tasado que solo para nosotras hay, y si queremos ostentar liberalidades nos hará falta. Aquí comienzo ya a descubrir la excelencia de nuestra esclarecida virgen y mártir. En ese óleo, que unas pedían y otras negaban, se significa la caridad, la virtud, la santidad cuyo aliento vive la llama de la fe. Así es la común exposición. Las vírgenes necias no tenían santidad [Al margen izquierdo: porque no tenía óleo]; las prudentes [entre renglones: tenían] una santidad para sí [al margen: porque solo tenían óleo para sí solas] y a vista de ellas reluce la santidad de santa Catalina, [texto tachado: ilegible] no era santa solo para sí [texto tachado: ilegible] era santa para todos, tenía óleo no solo suficiente [entre renglones: y para sí] sino abundante [tachado: ilegible] y para todos. Aun desde los primeros pasos de la santidad, mostró Dios que no había de ser Santa Catalina, santa para sí sola, sino santa del espíritu apostólico que con su santidad hiciese a muchos santos. Contó nuestra [tachado: ilegible; entre renglones: esta ilustre] mártir a su madre aquella visión que dije, en que María Santísima, con el niño Dios en los brazos, le aparecieron negando el hijo el rostro a quien aún no le era del todo agradable por la falta del Bautismo. Bien entendió Catalina el sueño [entre renglones: la visión] mas por lograr los deseos que desde entonces ardieron en su corazón del Cristianismo, persuadió a su madre que el intérprete de aquel sueño fuese un monje que, desde los desiertos de Egipto que habitaba, llenaba de su santa opinión a todo Alejandría. Llegaron a la celda, o cueva, del monje, refirióle Catalina el sueño y pidióle el bautismo declarándose a despecho de su madre cristiana; recibió de mano del monje el bautismo en el desierto. Catalina, buen campo te ofrece el cielo para una santa vida, detestado has ya los tesoros gentílicos, en la soledad te hallas, quédate en ella para desplegar sin estorbo a las penitencias las velas, para levantar sin impedimento de la contemplación las alas. Eso no dice Dios, deja el desierto, vuélvete a tu palacio, restitúyete a Alejandría. Así fue que dio la vuelta a su ciudad, pues señor, no dijiste de vuestra querida que la llevaríais [entre renglones: de las cortes] a la soledad donde, sin el bullicio de las [ilegible] le hablaríais bien al alma, ducam eam in solitudinem et loquar ad cor eius. Pues cómo ahora sacáis de la soledad para la Corte a vuestra querida Catalina, porque no la quiero, dice Dios»

5f. 145 «dios, [sic] con el hecho para santa, solitaria no la quiero, santa en una cueva donde viva para sí sola; quiero la santa en palacio, donde sea santa para todos, queden los yermos para las Paulas, para las taydes, para las egipciacas, que para Catalina son las ciudades y los teatros. Por la misma razón no la dejó Dios en las asperezas del monte adonde, huyendo de Maximino que ya con menos pureza la miraba, se retiró. Porque como sabia a lo del cielo, conocía que la victoria de tan peligroso enemigo es la fuga. O, que viva enseñanza se nos propone, que Santa Catalina haga rostro a Maximino cuando más cruel, y le vuelva la espalda cuando más halagüeño; que huya Santa Catalina la ocasión y que, quién no es tan santo como santa Catalina, la busque! Huyó pues al monte y la dejó dios en él? A no mucha diligencia la hallaron los ministros de Maximino y aunque hallaron en el monte otros cristianos, a solo Catalina prendieron. Mucho fue cuando pretendían extinguir la cristiandad, pero juzgo que fue así por dos razones, una de parte de los ministros y otra de parte de dios; de parte de los ministros, porque en una sola presa lograban muchos lances, juzgaban que como al fomento del óleo de Catalina ardían tantas lámparas de la fe, así pervertida como pretendían, esta apostólica virgen se seguiría de todos los católicos la apostasía. De parte de Dios porque no quería que fuese [entre renglones: santa] en los montes para sí sola, sino en los poblados para logro de muchos, como le sucedió a Moisés. Apacentaba este, en los desiertos y montes de Madian, unas ovejas de su suegro, cumque minasset gregem ad interiora deserti, y apacentaba a un mismo tiempo, dice nuestro Cornelio, con el pasto el ganado y con la oración y contemplación retirada, el alma. Sessecis Moises in intimam exemum orationis, et contemplationis silentioris studio. [sic] Cuando más empeñado, pues, en el desierto se le declara Dios en aquella admirable y repetida visión, en que con voces de fuego y lenguas de llamas le habla de esta manera, mitamte ad faraonem ut educas populus meum de egipto [sic]: sábete Moises que no te quiero para solitario, quiero ese tu espíritu no menos que para una nación entera, deja ese desierto, sal de esos montes, ve a Egipto a pe [sic] [f. 145v.] pelear y vencer a faraón, y libertar mi pueblo. O Catalina, o Moisés de la ley de gracia del desierto, adonde recibió el Bautismo del monte, adonde había retirádose como a sagrado! De la pureza la saca Dios para [tachado: la metrópoli; entre renglones: Alejandría] de Egipto [entre renglones: porque lo quería] en su causa para vencer a faraón, cual era Maximino, y libertar muchas almas de su tiránica opresión, porque el espíritu de Catalina no era [entre renglones: ilegible] óleo que se contenía [entre renglones: ilegible] en un vaso, sino óleo que se difundiese para muchos [entre renglones: Diose perentendida ][sic] de lo que Dios quería de ella y ya[tachado: a su Madre] a que se bautizase. Pues no [tachado: trataba] buscaba primero [tachado: de] la justificación propia que de la ajena. No tratará primero de bautizarse y después atendiera y entendiera en el Bautismo de su Madre? Parece que no son tan fervorosos ya los deseos, pues retarda su ejecución? No. Si recibiera el bautismo antes que su madre, tuviera aquella santidad ella sola, al menos cuanto tardase en reducirla, y no quiere esa justicia y santidad bautismal [entre renglones: ni un instante] para sí sola, quiere que se difunda; no sufre ver que, a vista de su madre, tenga ella sola [entre renglones: ser cristiana] el nombre de Cristo, no quiere defraudar ese nombre del elogio en que la esposa explicaba su propiedad, en términos del evangelio y de mi asunto. Oleum efusum, le dice, oleum efussum nomen tuum, [sic] es tu nombre, no óleo de escaseces, sino óleo de difusión, es óleo que reboza y se comunica, y dónde se comunica? en los siete sacramentos de la Iglesia, explicó nuestro Flores [sic] donde, como en vasos ungüentarios se contiene para participarse a septem sacramentis ecclesiae quasi a vasculis vnguentarisi vnguentum incruce efussuz accervat vt sepe sepius in salutem animarum [sic]: [al margen: texto ilegible] el nombre de Cristo que por cristiana es mío, discurría Catalina, no ha de ser tan propia que me quede con él, que lo quiera para mí sola, no ha de ser [entre renglones: el nombre] óleo estancado, es óleo difundido [al margen: texto ilegible] Y así, no puedo sola bautizarme, extiéndase cuanto aquí puede este nombre, bautizándonos las dos. Y aunque así procedía aquesta santa virgen o»

6f. 146 «obligada del nombre de cristiana era también movida de su espíritu, cuyo [entre renglones: óleo de] santidad se extiende a todos. O cuántas lámparas arden para desempeño de tanta santidad en el propiciatorio de la Beatísima trinidad, al fomento de tu óleo encendidas, liberalísima virgen; cuántos fueron mártires por tu muerte; cuántos católicos por tu bautismo; [al margen derecho: Cuántas vírgenes por tu padecer?] con millares de paganos se celebraban tus triunfos; si te oían disputaren público, [sic] se aclamaba por verdadera con universales víctores [vítores] tu ley; si en el palacio te opones resuelta a Maximino, admirados de tu constancia se convierten sus grandes y familiares [al margen derecho: y hasta la /ilegible/ de Maximino] si en la cárcel inocente padeces, doscientas guardas con su capitán se reducen a vista de tu paciencia; porque ni la constancia en el padecer, ni la sabiduría en el controvertir, ni la entereza en reprender a un tirano eran virtudes para ti sola; con tu constancia fortificas a unos, con tu valor alientas a otros; con tu sabiduría enseñas a aquellos y con tu santidad haces, a todos los que te atienden, santos; porque aunque tu santidad era tuya, era de todos, o para todos.
Era como es el cuerpo de Cristo en aquella sagrada mesa, de quien es la carne y sangre que allí adoramos? de Cristo, y tan de Cristo que a boca llena le llama suya, Caro mea, sanguis meus y es tan de Cristo esa carne y esa sangre, que solo para Cristo son? Oígase lo que el mismo señor nos dice accipite, et manducate ex hoc omnes, bibite exco omnes [sic] Comed todos, bebed todos de esta que es mi carne y de esta que es mi sangre, porque aunque mía no la quiero tan para mí, que no haya de ser comida y bebida de todos y para todos, O generosidad de Dios sacramentado! O liberalidad de santa Catalina, que siendo uno su espíritu se extienda a todos! Bien admiró esto Alejandría, en aquella célebre milagrosa disputa, con aquellos cincuenta filósofos que convenció; quien no hubiere leído el caso juzgará que con cada uno de aquellos sabios disputó, multiplicando los triunfos, cuantos eran los argumentos; pues no fue así, en uno quedaron convencidos todos, uno solo le argüía; y siendo uno solo el que respondía, [entre renglones: a uno] se rindieron a sus razones, cincuenta; grande milagro! eran aquellos los más señalados en [f. 146v.] ciencia que veneraba Egipto; y siendo tales a los que había de responder Santa Catalina, claro está que serían las dificultades agudas, bien pensadas las razones, cada uno de ellos discurriría diverso medio,[tachado:odo; entre renglones: edio] con que probar la verdad de sus dioses, no [tachado: habían de estar todos comprometidos en uno que fuera ocioso llamar cincuenta; entre renglones: es creíble que las dificultades de uno fuese la dificultad de los /tachado: cincuen/ cuarenta y nueve] pues si así sería como oída la respuesta que dio a uno solo, se dieron por respondidos todos? Porque el espíritu de sabiduría, [al margen izquierdo: con que santa Catalina los hacía entender la verdad] de santa Catalina no era para uno, era para todos porque era universal.
Qué bien explicó esto Salomón, y parece que mirando nuestro suceso est enim in illa, [sic] dice hablando de la sabiduría, [tachado: ilegible] spiritus inteligentis santus, vnicus, multiplex, [sic] el espíritu [al margen izquierdo: Sap. 1.22] de inteligencia que hay en ella es único, pero muchos nada más [palabra ilegible] a la unidad que la multiplicidad, pues si ese espíritu es uno, y tan uno que es único, vnicus, cómo es tantos, multiplex? porque es universal, uno en muchos, o para muchos. Una era la inteligencia [entre renglones: con] que a efectos del espíritu de Santa Catalina entendió, uno de aquellos filósofos, la verdad; mas con la inteligencia que ese uno recibió, entendieron todos. La inteligencia era una, spiritus intelligentis vnicus, pero los que entendían, [entre renglones: con clara inteligencia] muchos, y mucho lo entendido; por eso una respuesta bien entendida fue, a muchas dificultades, solución. [al margen izquierdo: Por eso respondiendo a uno satisfizo a los cuarenta y nueve.] Spiritus intelligentis vnicus multiplex. [Agregado a continuación: No solo tenía inteligencia suficiente para uno, sino abundante para todos.]
Sucedióle a Santa Catalina con su respuesta lo que a David con la suya, mofaban de la santa aquellos filósofos desdeñándose [entre renglones: de medir su ciencia; tachado: de argumentar] con una niña de trece años; llenaban de oprobios a David sus contrarios; piensa David lo que había de responder y dice et veniat super me misericordia tua, et salutare tuum, et respondebo exprobrantibus mihi [al margen izquierdo: verbum] Venga tu misericordia, señor, y yo me entenderé con los que me ignominian, a todos he de dar una misma respuesta, respondebo exprobrantibus mihi verbum. De suerte, David, que han de ser muchos los que aprobarán [¿aprueben?] y ha de bastar a todos una»

7f. 147 «una sola respuesta? Sí. Pues, qué respuesta es esa que siendo una ha de bastar a todos? la que digo Verbum, el Verbo que es Cristo, dice el incógnito per Christum, esta fue la causa por qué la respuesta de David sirvió a todos, pues la misma fue en santa Catalina; qué poeta, qué orador, le decía el filósofo muy presumido de leído, ha hecho mención de vuestro crucificado, juzgando que quien fue afrentosamente muerto nada podía tener de Dios. Qué poetas? qué oradores, me preguntas? respondió Catalina, pues cuál de las sibilas, que aun vosotros veneráis, no está llena de claras y expresas profecías de Cristo, verdadero Dios. Citaba, Catalina, los libros con tal fidelidad que no pareció que decía lo que había leído, sino que iba leyendo lo que decía, así que con Cristo, que con el Verbo responde Catalina, pues sea una para todos lo que le oprobian la respuesta, et respondebo exprobrantibus mihi verbum. Sea una la luz que llene de claridad todos esos entendimientos.
Digo luz, porque Santa Catalina por santa y por doctora era como una luz; por doctora, porque ese es el símbolo que a los doctores dio Cristo, neque accendunt lucernam, et ponunt eam sub modio, id supra candelabrum; por santa, porque a los justos manda Cristo tener antorchas en las manos, et lucernam ardentes in manibus vestris. Y qué cosa más para todos [entre renglones: que la luz] que nada abara [sic] de sus resplandores, comunica liberal sus claridades, arde una [tachado: ilegible; al margen derecho tachado: lámpara; entre renglones: antorcha] y mientras arde sola parece que su luz es de una, [tachado: sola] enciéndense en su llama otras antorchas y comunícase a muchos la luz, que parecía de una sola. [Tachado: arde; entre renglones: Luce] en la noche una [tachado: antorcha; al margen derecho: lámpara] y difunde su claridad hasta una proporcionada distancia a todos los que entran donde esta alumbra. Siendo una, a todos sirve, más que a costa suya? Para alumbrar, arde; para arder, se consume. No era el alumbrar de Catalina, a menos costo que el de consumirse; quien no la considera como una lámpara [entre renglones: suspensa] cuando pendiente de los cabellos, por el dilatado espacio de dos horas [tachado: en el; al margen derecho: llagado] [f. 147v.] [al margen izquierdo: y casi] deshecho [entre renglones: tachado ilegible] al rigor de los azotes, su cuerpo ardía consumiéndose, [al margen izquierdo: para alumbrar] mas cuando parece que esta lámpara se apagaba, para que muchos no quedasen en tinieblas, la fomentaba el cielo como se fomenta una lámpara, [tachado: quedó llagada lastimosamente de los azotes, y la curación de ellos fue arrojarla en la cárcel; mas qué importa que la tiranía pretenda apagarla, si el cielo quiere que arda? al margen izquierdo: porque] bajaron a la prisión ángeles [tachado: que; entre renglones: y] ungiéndola con [tachado: un] óleo celestial, qued [tachado: ando; entre renglones: ó] mucho más hermosa que hasta entonces lo había sido, dándole allí el cielo óleo que pudiese comunicar a muchos.
Para tantos, que el óleo de la santidad de Santa Catalina no solo fue para los paganos, consiguiéndose por ella su reducción. Hasta el mismo Cristo se difundió, librando Cristo en esa santidad su triunfo contra la idolatría. Caso prodigioso padecían los padres de aquesta gloriosa virgen, una larga esterilidad; acudieron engañados a sus fingidas deidades con supersticiosos sacrificios y vanas peticiones para el remedio de su infecundidad, pero como eran ningunos los dioses cuyas aras frecuentaban era ninguno el fruto que conseguían; cansados ya de pedir a los dioses, acudieron a los hombres. Consultaron a un filósofo el remedio. Respondió este que, pues toda aquella máquina de dioses que adoraban, no se daba [tachado: n] por entendido, [tachado: ilegible] labrasen una imagen de oro y la dedicasen al que fuera verdadero dios entre todos. Encomendaron la obra al artífice, dispuso este sus moldes, acrisoló el metal, vació en las cajas, y siendo el molde muy diverso salió, O altísimos consejos de la eterna sabiduría como no pueden prevalecer contra ti [tachado: ellos] los humanos artes, salió, digo, con toda perfección vaciada la imagen de Cristo crucificado; atónito con el suceso, dio cuenta el artífice a los dueños, quisieron estos fundir la imagen y que se vaciase otra, como si el que la primera vez salió contra los moldes, no pudiera no ajustarse a ellos otras muchas. Ciegos, pues aun en la misma luz quisieron deshacerla, eso no, dijo el filósofo por cuyo consejo se hecho la imagen, llévese al templo y dedíquese al dios que fuere verdadero; lleváronla al templo de»

8f. 148 «de Serapis. Y al entrar por la puerta, o[h] argumento eficaz de nuestra Católica fe, no aguardó [tachado: Cristo] [entre renglones: la imagen] a que la pusiesen en el altar para renovar [tachado: en parte] el milagro del arca, lo mismo fue entrar que caer precipitadas en tierra las estatuas, y simulacros de falsos dioses que adornaban el templo. Qué es esto sino, decía Cristo, por su imagen que en Catalina libraba el triunfo [al margen izquierdo: contra] [entre renglones: contra] de los mentidos [sic] dioses, aun antes que naciese, escogiéndola tan para todos que hasta el mismo Cristo fuese interesado en la santidad de la que había de nacer. Antes de ser ya tenía Cristo escogida aquella vida, no tanto para Catalina, cuanto para sí mismo. Entre ahora San Pablo escribiendo a los Romanos y Gálatas, que Santa Catalina es en este suceso, clara prueba de su sentencia y sagrada emulación de su apostolado. [Al margen izquierdo: texto ilegible] Ninguno de nosotros vive para sí, les dice a los romanos, ni muere para sí, [al margen derecho: nemo enim nostrum sibi vivit et nemo sibi moritur] ni la vida que goza, ni la muerte que padece ha de llamarla suya porque no es para sí, pues para quién? sive enim vivimus Domino vivimus, sive morimur Domino morimur; vivimos para el señor, qué señor? ya se explica, in hoc enim Christus et mortuus est et resurrexit ut et vivorum, et mortuorum dominetur. Con su muerte y resurrección ganó Cristo el Señorío de vivos y muertos para que, quien viviere, viva para Cristo. Tan para Cristo vivió Santa Catalina que, aun antes que viviese, había Cristo embargádole la vida para que la emplease en el triunfo [tachado: de Cristo] contra la falsa chusma de los dioses. Y de qué modo había de lograrse ese triunfo en los Alejandrinos? Como lo pretendía lograr San Pablo en los de Galacia, y como pronosticó el suceso de la imagen. filioli mei, decía San Pablo, quos iterum parturio donec formetur Christus in vobis, o[h] lo que me costáis de dolores, eso quiere decir parturio, Gálatas míos, hasta que se forme Cristo en vosotros, donec formetur Christus in vobis. Lo que deseaba San Pablo, por logro de su apostólico afán, se vio en Santa Catalina como profecía de su apostólico celo y pronóstico de sus admirables hechos; ver formado a Cristo desea San Pablo, y formado a Cristo se vio [tachado: en] [entre renglones: por] Catalina. Mas eso, me dirán, que fue [f. 148v.] que fue en los moldes, y San Pablo lo que pretendía era en los corazones, in vobis, sí pero formarse ahora en los moldes [al margen izquierdo: a fuerza de plegarias, de milagros] para estamparse después en los corazones [tachado: pero] a costa de [tachado: cuantos] dolores [tachado: tormentos, cárcel y muerte] parturio donec formetur Christus in vobis; [tachado: ilegible] [entre renglones: Y] qué bien se lograron esos dolores? Mucho mejor que los de San Pablo. [al margen izquierdo, tachado: a costa de] [tachado texto de cinco líneas: tan bien formado quedó Cristo … hecha por San Pablo] formó a Cristo, San Pablo, en los gálatas pero, O[h] desgracia, O[h] inconstancia del corazón humano, borróse aquella imagen porque apostataron torpemente del Cristianismo, y pretende, segunda vez, San Pablo en este lugar formar o reformar esa imagen, por eso dice iterum parturio [al margen izquierdo: filioli mei quos /ilegible/ dijo tan sólido como siempre nuestro Cornelio Alapide] otra vez vuelvo a formar [entre renglones: lo que se borró] repito los dolores, porque quiero repetir la formación. Mas en cuál de los que estampó Catalina esta imagen se borró? Las historias no lo dicen, lo que sabemos es que se les imprimió tan bien que daban la vida porque no se borrase. Coronábanse innumerables con el laurel de santos mártires [entre renglones: a costa de los dolores de Santa Catalina] verificándose [tachado: en Santa Catalina] lo que San Pablo escribe, y el grande San Gregorio enseña. Nemo nostrum sibi vivit, escribió el apóstol; sibi santi, comentó el Pontífice, nec vivunt, nec moriuntur, sibi non vivunt quia ad lucra spiritualia anhelant at que orando, predicando, bonis operibus insistendo celestis patrium cives multiplicare desiderant. [sic] Viven los justos, no para sí sino [entre renglones: Cristo] [tachado: ilegible] Lleno [tachado: ilegible] de bien aventurados el cielo, quién podrá contar los que Catalina trasladó de la tierra al cielo? [Tachado: ilegible]
Vivió, pues, no para sí sino para todos. Nemo nostrum sibi vivit. Y cómo murió? Como vivió y como dijo San Pablo, nemo sibi moritur. Murió Santa Catalino como mueren los justos, para vivir aquella vida eterna de la bienaventuranza para poseer aquel inefable gozo de la gloria, y muriendo para»

9f. 149 «para poseer la gloria, murió para todos porque aun la gloria que por medio de la muerte posee no la quisiera para sí sola, quisiera comunicarla y difundirla a todos. [tachado: pues cómo ha ser esa comunicación de gloriosa? Con] [entre renglones: Bien] se lo dio a entender la santa a otra santa. Tuvo aquella sapientísima virgen aquella alma singularmente favorecida del cielo, Santa Gertrudis; digo la siguiente visión. Vio a Santa Catalina en el cielo, colocada en un Majestuoso trono, en cuya presencia inclinaban las coronas, que como insignias de su triunfo [tachado: coronaban] [entre renglones: ceñían] la [sic] sienes aquellos cincuenta filósofos precursores, dichosísimos de su martirio y felicísimas primicias de su apostolado, con los cetros que en las manos tenían le bordaban en el vestido un finísimo recamado; salía del trono un hermosísimo resplandor que llegaba hasta la tierra, y se extendía hasta llenar de luz a sus devotos. Interpreten otros, como quisieren, la visión que yo diré que [tachado: ilegible] la Majestad de ese trono, [tachado: el acatamiento de los filósofos] y la claridad que de él resulta, significa la grande gloria de Santa Catarina, y difundir[tachado: la] hasta sus aficionados esa celestial claridad, es decir, que toda esa gloria no la quisiera para sí sola, sino que quisiera comunicarla; no con otra frase enseñó Cristo a Catalina toda esta liberalidad en comunicar la gloria significada en claridad. Claritatem, dice Cristo, rogando al padre por nosotros, quam dedisti mihi dedi eis, la claridad que me distes esa misma les di, y qué claridad es esa? La gloria [tachado: explica luego, y la mayor gloria que tuvo Cristo] y la mayor gloria de Cristo es ser hijo de dios; y fue Cristo tan para nosotros todo, que esa tan subida gloria no la quiso para sí [entre renglones, tachado: sino] solo, [entre renglones: sino] participola también a todas las almas que son suyas: claritatem quam dedisti mihi dedi eis ut sint unum sicut et nos unum sumus, ego in eis et tu in me ut sint consummati in unum; toda mi mayor gloria, dice Cristo, está en ser el mismo que mi Padre; pues yo haré que los hombres sean unos conmigo, para que siendo yo el medio sean unos con el Padre, siendo hijos del padre por adopción, como yo lo soy por naturaleza; ego enim claritatem sive gloriam filios [sic] [f. 149v.] Dei naturalis, quam dedisti mihi quia tume genuisti? dedi christianis quia dedicis oc filios dei non quidem naturalis, id per adoptionem, [sic] explicó nuestro Barradas. O magnificencia digna de un dios, o imitación de una admirable virgen; toda la gloria que del triunfo de los sabios, vencimiento de Maximino, de la constancia en los tormentos me resulta me resulta, no la quiero para mí sola, no ha de ser gloria de uno, sino [tachado: de todos] [al margen izquierdo: sino claridad de todos los que son míos, claritatem quam dedisti mihi dedi eis.] [entre renglones: los que son míos] y que bien se experimenta, si en la claridad se significa la gloria, se repre[tachado: ilegible] [al margen derecho: senta] ca [sic] también la protección y piedad, illuminet [tachado: super nos] vultum Tuum super nos, et miseatur [entre renglones: re] nostri vt cognoscamus in terra viam tuam in omnibus gentibus salutare tuum. [sic] Para todos es la gloria de Santa Catalina, porque subió a ella para no dejar trabajo, de que no se apiadase; para no dejar aflicción, que no consuelara [sic] si son enfermedades consigue la salud; si son guerras, alcanza la victoria; si son riñas entre domésticos o casados, las sosiega. Y finalmente es observación de [tachado: ilegible] [entre renglones: algunos afectos las /ilegible/] [al margen derecho: ilegible] veces que ha aparecido la santísima virgen para alivio o remedio de algún alma piadosa, ha sido acompañada de aquesta esclarecida virgen y mártir; argumento ya de la grande gloria de su alma, ya de la universalidad de su patrocinio, siendo para todos su gloria.
Y si para tantos es la gloria, mucha debe de ser; pues para todos hay o quién podrá explicarla; no hay coro de santos donde no tenga asiento Santa Catalina, los Ángeles la miran tan como suya, que apenas muere cuando se apoderan del cuerpo para subirlo al monte donde Moisés hablaba familiarmente con dios, para que sepamos que aun la gloria de los antiguos Padres no le faltó a esta virgen; entre los apóstoles campea el fervoroso celo de la propagación del Evangelio; entre los doctores luce su profunda sabiduría; entre las vírgenes resplandece su virgínea integridad; entre los mártires colorea su sangre, de suerte que como fue para todos, todos la quisieran pa»

10f. 150 «para sí; y como en un tiempo varias naciones competían por la patria de Homero, queriendo cada una que a ella perteneciese, así podían los Coros de los santos en sagrada competencia alegar derecho a Santa Catalina. Los Apóstoles dirán que fue coapóstol suyo, a que se espíritu [sic]. Los Mártires, que no solo fue mártir sino cabeza de muchos Mártires. Las vírgenes, que no solo es virgen sino Madre de vírgenes, pues [tachado: ilegible] son muchos los monasterios que a su patrocinio florecen, y de todos baste solo acordarme ahora de [tachado: ilegible] dos, uno de aquí y otro de Roma; el de aquí es este religiosísimo convento, cuyas creces en el espíritu, cuyo fervor en la observancia tiene a su cuidado nuestra esclarecida virgen y mártir. El de Roma es aquella casa que fundó mi glorioso padre San Ignacio de Loyola, para que en ella se asegurasen las doncellas que en el mundo peligraban, dedicándola a Santa Catalina Virgen y Mártir, para que a su protección se lograsen aquellas Almas

11[Texto agregado con grafía diferente y color de tinta:]
como se logra hoy y logran otras muchas; porque Santa Catalina no fue como las vírgenes del evangelio [al margen derecho: que no tuvieron óleo para las otras vírgenes] [tachado: ilegible] a vista suya sobresalía de abundancia la santidad, ellas tenían óleo suficiente y no más, neforte non sufficiat Santa Catalina abundante, [al margen izquierdo: texto ilegible] ellas para sí solas, [tachado: ilegible] neforte no sufficiat nobis, Santa Catalina para todos; para todos nació y para todos murió, era su vida y muerte como una luz, a cuya claridad [tachado: ilegible] [entre renglones: salieron] muchos de las tinieblas de la culpa, a los resplandores eternos de la gloria.»

Fuentes :

http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id*0000104675&page*1