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AFEHC : articulos : Rambo pinolero y Robocop guanaco: La novela del desmovilizado en la literatura centroamericana de posguerra. : Rambo pinolero y Robocop guanaco: La novela del desmovilizado en la literatura centroamericana de posguerra.

Ficha n° 4293

Creada: 20 julio 2016
Editada: 20 julio 2016
Modificada: 21 julio 2016

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Autor de la ficha:

Sophie ESCH

Editor de la ficha:

Alexandra ORTIZ WALLNER

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Rambo pinolero y Robocop guanaco: La novela del desmovilizado en la literatura centroamericana de posguerra.

Los miles de ex-combatientes, del ejército o de las guerrillas, son uno de los vestigios más directos del período bélico en Centroamérica (1960-1996) y abundan como protagonistas de novelas de los años 90 e inicios del siglo XXI. En este artículo propongo concebir esta presencia literaria del ex-combatiente en forma de un subgénero que llamo novela del desmovilizado. Presento mi caracterización del subgénero de acuerdo a varios elementos temáticos y estilísticos y, a partir de Managua, salsa city (¡Devórame otra vez!) e Y te diré quién eres (Mariposa traicionera) de Franz Galich y El arma en el hombre de Horacio Castellanos Moya como ejemplos, arguyo que se emplea la figura paradigmática del desmovilizado para hacer una revisión crítica de la (pos)guerra. A través de los desmovilizados se critica la guerra al subrayar tanto su subjetividad bélica como su trauma y al burlarse del lenguaje político del periodo bélico. Se critica la posguerra haciendo hincapié en la violencia omnipresente (personificada en estos desmovilizados violentos) y la precariedad de estas figuras dentro de un régimen neoliberal. Además, las referencias intertextuales a películas de acción a través del uso de apodos como Rambo y Robocop ocupan una función central en las novelas. Como materialización de la guerra, del militarismo y del potencial violento del ser humano sirven para enfatizar varias preocupaciones de las novelas. Argumento que las novelas de desmovilizados son un paso importante en el proceso literario de la posguerra, intentos de tratar el legado bélico, pero que también son representaciones problemáticas. Individualizan la violencia, reafirman la misoginia de sus personajes y a menudo ofrecen una representación unidimensional del soldado de derecha (Castellanos Moya) o una representación no desmitificante del soldado-guerrillero (Galich). Todo ello dificulta que la sociedad de posguerra enfrente el militarismo/machismo como un problema colectivo.
Palabras claves :
Desmovilizados, Posguerra, Militarismo, Horacio Castellanos Moya, Franz Galich
Autor(es):
Sophie Esch
Fecha:
Junio de 2016
Texto íntegral:

1Los conflictos armados de los años setenta y ochenta han dejado un legado complejo en Centroamérica: las leyes de amnistía y las comisiones de verdad, guerrillas convertidas en partidos políticos y generales genocidas en candidatos presidenciales1. Uno de los vestigios más directos del periodo bélico es el gran número de combatientes regulares e irregulares que fueron desmovilizados como parte de los Acuerdos de paz. Las figuras de los desmovilizados también abundan en novelas que retratan el periodo de la posguerra. Propongo concebir esta presencia literaria del ex-combatiente en forma de un subgénero que llamo novela del desmovilizado. En este artículo presento mi caracterización del subgénero de acuerdo a varios elementos temáticos y estilísticos y, a manera de ejemplo, discuto las novelas Managua, salsa city (¡Devórame otra vez!) (2000) e Y te diré quién eres (Mariposa traicionera) (2006) de Franz Galich y El arma en el hombre (2001) de Horacio Castellanos Moya.

2 Arguyo que en estas tres novelas se utiliza la figura paradigmática del desmovilizado para hacer una revisión crítica tanto de la guerra como de la posguerra, tanto recalcando la subjetividad bélica y el trauma del desmovilizado como burlándose del lenguaje político de los conflictos armados de antaño y subrayando la violencia y la precariedad de la posguerra. Además, las referencias intertextuales a películas de acción a través del uso de apodos como Rambo y Robocop ocupan una función central en estas novelas: son la materialización de la guerra, del militarismo y del potencial violento del ser humano. En estas novelas se intenta llegar a una revisión crítica de la guerra y del militarismo, pero en el caso de Galich nunca se desmitifica completamente el ideal del guerrillero, y en el caso de Castellanos Moya se presenta al soldado como un ser unidimensional sin humanidad. Además las novelas reafirman la masculinidad y sexualidad agresiva y heteronormativa de sus protagonistas. Estas representaciones dificultan que la sociedad de posguerra realmente enfrente el militarismo/machismo como un problema colectivo.

El desmovilizado como figura paradigmática de la posguerra

3 Los conflictos armados provocaron una militarización profunda del Istmo: tan sólo en los años ochenta, la década de la violencia contrainsurgente más atroz, los ejércitos centroamericanos crecieron de 48 000 a 200 000 integrantes y distintas organizaciones guerrilleras contaban con miles de integrantes2. En el contexto de los diferentes acuerdos de paz – 1990 en Nicaragua, 1992 en El Salvador, 1996 en Guatemala– se desmovilizaron combatientes en los tres países de mayor confrontación: en Nicaragua, 65 000 soldados del ejército sandinista y 23 000 contras; en El Salvador, 30 000 soldados del ejército y 8 000 de la organización guerrillera Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional; en Guatemala, 24 000 llamados comisarios militares y aproximadamente 3 600 guerrilleros de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca3.

4 En algunos casos, los desmovilizados recibieron algún tipo de indemnización o de apoyo, pero éste fue muchas veces mínimo. En el contexto de posguerra y de implementación de políticas neoliberales en la región, para muchos desmovilizados fue difícil encontrar empleo. Muchos terminaron encontrándolo en el sector de seguridad privada. De hecho, se estima que, para el año 2000, en Centroamérica había más personas trabajando en seguridad privada que en seguridad pública4. Después de la desmovilización, algunos ex-combatientes se organizaron en grupos de veteranos (a veces incluyendo miembros de ambos bandos del espectro político). Otros ex-combatientes, especialmente en el norte de Nicaragua en los años noventa, se alzaron nuevamente en armas — en forma de recompas, recontras o revueltos5.

5 Con más de 150 000 desmovilizados como residuo directo de las guerras y como posible fuente de violencia en la posguerra, el desmovilizado también se volvió una figura central en la literatura centroamericana reciente. La figura del desmovilizado es tan recurrente que hasta se podría hablar de un subgénero específico de la literatura de posguerra centroamericana: la narrativa o la novela del desmovilizado ( demobilized combatant novel , en inglés). He identificado varios elementos temáticos y estilísticos constituyentes de la novela del desmovilizado. Las características temáticas de este subgénero son: 1) la presencia de por lo menos un protagonista que es un ex-combatiente, sea de derecha o de izquierda, muchas veces de tropas especiales; 2) la centralidad de la relación del protagonista con las armas; 3) la manifestación de un trauma explícito o subyacente en la trama; 4) la existencia de una dimensión trans- o posnacional, es decir, la novela se desarrolla en varios países centroamericanos y/o en la diáspora, y/o muchas veces la nación ya no es un referente importante; 5) el predominio de pasiones negativas (como ira o venganza) en los protagonistas; 6) el predominio de una masculinidad y/o sexualidad agresivas y heteronormativas; y 7) la presencia de temas como delincuencia, narcotráfico y/o élites criminales. Aunque mi definición es principalmente temática, también he identificado algunas características formales y estructurales de este subgénero. Éstas incluyen: 1) una marcada oralidad que se plasma en un registro oral y/o coloquial y el uso de narraciones en monólogo o diálogos que crean una sensación de inmediatez y que permiten que el lector se adentre en la mente del excombatiente; y 2) una estética de película de acción, especialmente un final en forma de show-down violento.

6 Estas narrativas del desmovilizado también comparten rasgos con la novela negra o la nueva novela policíaca latinoamericana – a veces el desmovilizado se convierte en la persona que revela complots o expone élites criminales –. Lo que Kokotovic llama “neoliberal noir centroamericano” coincide a grandes rasgos con lo que yo llamo la novela del desmovilizado6. Según Kokotovic, la actual novela negra centroamericana se caracteriza por desarrollarse en un contexto social corrupto, sin detectives clásicos y sin solución, y con una fuerte crítica al neoliberalismo7. Por lo mismo, se podría decir que la novela del desmovilizado es tanto un subgénero de la literatura de posguerra centroamericana como la vertiente centroamericana de la reciente vitalización de la novela negra y policíaca en América Latina.

7 Existen varios ejemplos de la novela del desmovilizado. Que me maten si … (1997) de Rodrigo Rey Rosa trata de los quehaceres de ex-militares y ex-guerrilleros en Guatemala y Belice y de crímenes de la guerra y la posguerra. The Tattooed Soldier (1998) de Héctor Tobar trata del encuentro letal en Los Ángeles de dos guatemaltecos: uno civil y el otro militar, responsable del asesinato de la esposa e hija del primero. Textos como Tu fantasma, Julián (1992) de Mónica Zalaquett, “La noche de los escritores asesinos” (1997) de Jacinta Escudos y Verano rojo (2010) de Daniel Quirós cuentan también con algunos elementos de la novela del desmovilizado. Más aún, las novelas Managua, salsa city (¡Devórame otra vez!) (2000) e Y te diré quién eres (Mariposa traicionera) (2006) de Franz Galich y El arma en el hombre (2001) de Horacio Castellanos Moya son textos ejemplares de la novela del desmovilizado y se analizarán a más detalle en lo que sigue.

8 El arma en el hombre presenta una narración sucinta en primera persona de un ex-soldado apodado Robocop. Midiendo 190 centímetros y siendo de estatura fuerte, fue reclutado de manera forzada en 1983 al ejército salvadoreño, en el que ascendió rápidamente al rango de sargento. Fue entrenado en la Escuela de las Américas y formó parte de un cuerpo de élite. La novela empieza en el momento de la desmovilización y narra las diferentes acciones y empleos que Robocop desempeña después de ésta. Empieza como ladrón de automóviles, y asesino a sueldo y luego ocupa varios puestos de seguridad privada, empleado por ex-militares y narcotraficantes. Por el perfil político de algunos de sus asesinatos, Robocop varias veces tiene que salir del país. Habiéndose vuelto un peligro ya que se reconoce tan fácilmente su estatura extraordinaria, las corporaciones para las que trabaja intentan matarlo. Sobrevive el atentado contra su vida y encuentra su idilio militar en la frontera Guatemala-México vigilando una plantación de amapola junto con ex-guerrilleros. La novela termina con Robocop gravemente herido después de un ataque contra la plantación y la DEA ofreciendo curarlo si se convierte en agente especial.

9 Presentada como testimonio de un ex-soldado, El arma en el hombre tiene la oralidad que caracteriza las novelas del desmovilizado. También la relación del protagonista con las armas es central; lo único que le queda a Robocop después de ser desmovilizado son: dos AK-47, una M-16, ocho granadas, munición y una pistola. Su arsenal es un leitmotiv en la novela. Robocop vuelve a él, consigue nuevas armas y duerme abrazado a un AK-478. La omnipresencia de las armas combina con la estética de película de acción de esta “action novel9” que culmina en el desenlace violento durante el cual Robocop y sus colegas defienden la plantación con explosivos y lanzacohetes10. La novela se desarrolla en un entorno marcadamente trans- y posnacional: trabajando para diferentes élites criminales, Robocop constantemente cruza fronteras, y El Salvador como nación deja de tener relevancia para el ex-soldado convertido en mercenario. Robocop se caracteriza por ira y agresión y por constantemente reafirmar su masculinidad heteronormativa, misógina y agresiva11. Aunque por lo general es representado como una dura máquina de guerra insensibilizada, esporádicamente se nota un toque de trauma en el protagonista.

10 Managua, salsa city e Y te diré quién eres en su conjunto también cuentan con todos los elementos de una novela del desmovilizado. Su protagonista es un desmovilizado de izquierda, Pancho Rana, de las tropas especiales del Ejército Popular Sandinista. La trama de Managua, salsa city se desarrolla en una sola noche violenta en Managua y es una historia de continuos engaños: Una mujer y un hombre se conocen en un bar y pretenden ser otros: la Guajira, una prostituta-pandillera, pretende ser una niña inocente; y Pancho Rana, el desmovilizado convertido en vigilante de la casa de una pareja rica, usa las pertenencias de sus empleadores para pretender ser rico. Ambos se enamoran sin quererlo, pero luego son asaltados por la pandilla de Guajira – comandada por un ex-contra – y luego por unos recién regresados de Miami, quienes quieren violar a la Guajira. Al final, parece que sólo la Guajira y el nicaragüense-estadounidense Cara de Ratón sobreviven la balacera, y Cara de Ratón se queda con la Guajira y con los diamantes que Pancho Rana trataba de robar. La novela representa también una “fábula bastante sencilla”, como apunta Silvia Gianni12. En la construcción alegórica de la novela, La Guajira es Nicaragua, la nación o la riqueza codiciada, y los bandos (sandinistas y contras) mueren en el intento de salvarla u obtenerla, mientras que la oligarquía que había huido a Miami después del triunfo se lleva el botín.

11En Y te diré quién eres (Mariposa traicionera), secuela de Managua, salsa city, el lector se entera de que Pancho Rana sobrevivió el ataque. La secuela es una novela estructuralmente más compleja, con una trama que se desarrolla a través de más de un año y a partir de diferentes personajes y perspectivas. El protagonista, nuevamente Pancho Rana, intenta recuperar a la Guajira, quien primero es violada múltiples veces por Cara de Ratón y luego, junto con su violador, se convierte en proxeneta y líder en la trata de mujeres en Centroamérica. La familia rica (estadounidense-nicaragüense con lazos somocistas) para la cual Pancho Rana ha estado trabajando desde Managua, salsa city resulta ser una pareja criminal que se dedica al contrabando de diamantes. Pancho Rana logra convencerlos de que él heroicamente defendió la casa contra unos asaltantes, de modo que la pareja continúa empleándolo como guardaespaldas y detective. Oficialmente, Pancho Rana es el encargado de recuperar los diamantes robados, pero él usa este trabajo para intentar encontrar a la Guajira. Esta búsqueda lo lleva por diferentes países de Centroamérica, a veces en compañía de diferentes aliados: la travesti Chobi-Xaquira y un compañero de armas, El Brujo, ex-guerrillero guatemalteco. Sin lograr encontrar a la Guajira, su búsqueda se convierte más bien en el descubrimiento de una red política-económica de élites criminales y actos de venganza en contra de ellas, efectuadas con un arsenal de alto poder.

12 Ambas obras exhiben elementos de una novela de desmovilizado. Tienen una gran oralidad a la que contribuye la música popular que da título y ritmo a ambas novelas, desde la salsa “Devórame otra vez” de Lalo Rodríguez a la canción pop “Mariposa traicionera” de Maná. La música popular crea una sensación afectiva de sensualidad, nostalgia y sumersión en un inframundo urbano de mercados, clubes y burdeles13. Al igual que en El arma en el hombre, la relación con las armas es elemento central. La batalla final de Managua, salsa city se da con revólveres, rifles y granadas, y en Y diré quién eres, Pancho Rana se ocupa constantemente de conseguir nuevas armas y de acceder viejos “buzones”, arsenales de armas. La novela termina con un show-down masivo de ataques simultáneos a la Asamblea Legislativa, un avión, y la embajada estadounidense por parte de seis desmovilizados, que se efectúan con rifles de asalto, lanzagranadas, morteros, y hasta misiles antiaéreos14. Mientras que Managua, salsa city se desarrolla sólo en la capital nicaragüense, Y te diré quién eres explora plenamente la dimensión transnacional en las andanzas de Pancho Rana, alias el Rambo nicaragüense, que lo llevan por Honduras, El Salvador y Guatemala, pero siempre con una conciencia muy fuerte de los nacionalismos nicaragüenses, salvadoreños y guatemaltecos (de modo que no se puede hablar de una dimensión posnacional en la novela). El trauma se manifiesta en que Pancho Rana tiene sueños recurrentes relacionados con la guerra y en que en los actos armados siempre le sudan la manos15. Lo que guía a Pancho Rana es una ira profunda contra las élites y un deseo de venganza.

13 Aunque hay algunos intentos de romper el marco heteronormativo y machista — en Managua, salsa city es la Guajira la que lidera la pandilla y, en Y te diré quién eres, la travestí Chobi-Xaquira es una figura importante — en última instancia la figura de Pancho Rana reafirma una masculinidad agresiva. Las descripciones de sexo están llenas de placer y gozo fálico y, mientras al comienzo la Guajira parece una mujer independiente (14), a través de la narración pierde cualquier agencia. Tanto El arma en el hombre y Y te diré quién eres contienen escenas brutales de asesinatos de mujeres. Robocop mata a la prostituta Vilma después de contarle toda su historia y de tener sexo con ella, y Pancho Rana mata a la prostituta la Gata durante el acto: eyaculando en ella y quebrándole el cuello.

El desmovilizado, el hombre desencantado, la máquina herida: crítica de la guerra

14En plena guerra en los años ochenta se dio un curioso éxito cinematográfico en Nicaragua: las películas de Rambo16. Curioso porque Nicaragua se encontraba en guerra con los Estados Unidos. Mientras la guerra de la Contra azotaba el país, la juventud nicaragüense al parecer se entusiasmó con un héroe anticomunista, asesino de guerrilleros vietnamitas, máquina de guerra hecha en EEUU. Pero esto tal vez no resulta tan extraño si uno piensa en los procesos de militarización por los cuales pasó la sociedad nicaragüense durante la dictadura somocista como en los muchos años de guerra. Es menos extraño aún si se considera que Rambo cumple en muchos sentidos con el ideal de masculinidad propagado por el discurso sandinista: Rambo es entrenado para luchar con métodos guerrilleros y sobrevivir en la montaña, además de ser una figura contracultural en el contexto estadounidense por su apariencia de vagabundo.

15 Distintas figuras guerreras de películas de Hollywood de los años ochenta también aparecen en la literatura centroamericana de posguerra. En las novelas de Galich y Castellanos Moya, Rambo y Robocop se usan como apodos y nombres de guerras de ex-soldados que, al igual que Rambo, están profundamente marcados por la guerra y la institución castrense y tienen dificultad para reintegrarse a la vida civil. Su subjetividad bélica y su trauma son puntos de partida para formular una crítica de la guerra. Es curioso y a la vez pertinente que se haga esto a partir de dos películas que ofrecen una representación del estado policiaco-militarista estadounidense.

16 RoboCop (1987) es una película futurista que trata de una compañía que infructuosamente intenta crear policías robóticos para frenar la ola de violencia que azota la sociedad. Cuando un policía humano resulta mortalmente herido, es convertido en un organismo cibernético, mitad hombre, mitad máquina, volviéndose un arma poderosa contra la delincuencia. La novela de Castellanos Moya hace una vaga referencia a la película a través del apodo de su protagonista, pero en sí tiene poco que ver con la trama de la película (sólo el final de la novela se le parece, cuando la DEA quiere convertirlo en cyborg). Más bien, la referencia tiene una sola función, la de señalar que esta novela trata de una máquina de guerra, que es una exploración de la violencia en el ser humano. “El arma en el hombre”— desde su paratexto, la novela de Horacio Castellanos Moya anuncia claramente esta intención. La portada muestra una fotografía de la estatua futurista Formas únicas de continuidad en el espacio (1913) de Umberto Boccioni (dependiendo de la edición se muestra toda la figura o sólo la cabeza). Violenta, fuerte, angular, dinámica y tallada en bronce, es una estatua de un ser superhumano, su beligerancia señalada por algo parecido a un casco de soldado. Una muestra de la fascinación con la guerra y la tecnología del futurismo italiano es la amenazante figura de un ser-máquina, un hombre-hierro, expresión de una acción pura y una violencia apenas contenida — sus enormes muslos avanzando con determinación.

17 El tema es continuado en el epígrafe de la novela: “En la lanza tengo mi pan negro, en la lanza mi vino de Ismaro, y bebo apoyado en la lanza”. Éste es un famoso poema de Arquíloco (711-664 a. C.) que trata de la experiencia del poeta como soldado. Anuncia la idea del trabajador de la violencia, él quien se gana su pan con el arma, el mercenario. También anuncia la simbiosis entre arma y hombre, tan así que se vuelve su prótesis y ya no se puede deshacer del arma. Todas sus actividades pasan apoyadas en el arma, intoxicadas con y sobre el arma. Existe a través del arma — como el Robocop salvadoreño. Su visión del mundo es bélica y militarista. Para él, el ejército no sólo fue un empleador sino también su figura paternal, quien lo educó y nombró, borrando su ser anterior — sólo una vez los lectores se enteran de que el nombre real de Robocop es Juan García Peralta17. La referencia intertextual a la película de RoboCop sirve para formular una crítica al militarismo estadounidense, tanto cultural como político18, y para enfatizar la falta de humanidad de Robocop. Es un hijo del ejército que quedó huérfano con la desmovilización. Mientras que en la película su humanidad salva al hombre-máquina, en la novela su nombre es señal de lo que la guerra y el ejército han hecho a este hombre: le han quitado gran parte de su humanidad19. En la última sección volveré sobre los problemas de esta representación, pero por lo pronto es importante señalar que la idea de la máquina de guerra es central para la crítica de la guerra que se formula.

18En el caso del protagonista de las novelas de Galich, también aparece un ser con una subjetividad bélica, un ser marcado por el entrenamiento militar, otra vez recalcado con referencias a Hollywood. Por su actuar violento en la posguerra, Pancho Rana se gana la fama de Rambo, de “Rambo Pinolero” y “Rambo centroamericano20”. Es hábil con las armas y añora los tiempos de guerra: “una época en la que se sentía poderoso con su Aka plegable, los magazines y su Makarov21”. Así, el soldado de muchos nombres, también sólo una vez nos enteramos de su nombre civil, Francisco de Jesús González Macís, pasa de Chico Chú, Pancho Rana, ridiculizado como Pancho Sapo, a ser regionalmente conocido como Rambo.

19 Este Rambo centroamericano tiene más en común con el Rambo de película que el Robocop salvadoreño con el RoboCop de película, pero también hay algunas diferencias. Rambo-Stallone es una manifestación de la guerra de Vietnam en los EE.UU. y su figura ni es una clara defensa ni una condenación de la guerra. De hecho, especialmente la primera película, First Blood (1982), tiene un argumento más complejo de lo que generalmente se asocia con la figura de Rambo. Trata de un veterano de Vietnam quien se ve acosado por policías en un pueblo estadounidense, a donde llega a visitar a su compañero de armas (que, sin su conocimiento, ya murió por efectos del Agente Naranja), y su maltrato a manos de la policía actúa como detonante de su trauma por las torturas sufridas como prisionero de guerra. Es por eso que ataca a los policías y huye al monte. La subsiguiente guerra entre policías fascistas y Rambo, el soldado de élite entrenado en tácticas guerrilleras y contrainsurgentes, resulta en varios muertos y destrucción en el pueblo, y termina con Rambo, la máquina de guerra, sollozando en el hombro de su superior diciendo que no logra adaptarse a la vida civil y que nadie lo entiende. La película tiene varios tropos comunes de narrativas de posguerra: el retorno del combatiente, el potencial violento del veterano, el rechazo de éste por parte de la sociedad. Rambo recalca el trauma del veterano a la vez que, como muestra McClancy, problemáticamente lo exculpa de las atrocidades cometidas durante la guerra al omitir sus víctimas (vietnamitas) y convertirlo a él en la víctima de la guerra22.

20El tema del trauma también aparece en las novelas de Castellanos Moya y Galich. La guerra ha dejado cansancio y trauma en estos desmovilizados. En algún momento, Robocop explica que “me la pasaba durmiendo, profundamente, como si me estuviera reponiendo de una fatiga de años23”. El trauma está tan reprimido que sólo sale a la luz bajo la influencia de drogas de tortura cuando es encarcelado; de pronto siente “una ansiedad que me hacía temblar, como si hubiera perdido el control de mis nervios24”. Robocop empieza a alucinar que su madre y su hermana le piden que mate a su padre25. Esta invitación al parricidio por parte de sus familiares es una muestra de su culpa interiorizada. No puede expresar esa culpa y se rehúsa a hablar de la guerra pero, al parecer, los actos que cometió durante la guerra fueron tan horríficos que él mismo piensa que su familia no dudará de su capacidad para romper ese último tabú. Pancho Rana también sabe matar con frialdad pero, igualmente, las imágenes de la guerra lo persiguen. Sueña con la guerra y, a la hora del ataque a la casa residencial en Managua en la primera novela, mezcla imágenes de guerra con esta escena de batalla de la posguerra, y hasta cuando tiene sexo, sólo puede concebirlo en metáforas de guerra26. El trauma también se manifiesta en sus reacciones físicas a la violencia, suda profusamente, y en su ira incontenible contra las élites que se han enriquecido con la guerra mientras que a él sólo le queda el trabajo precario de la violencia directa. Así, las figuras novelescas se parecen al Rambo de película en el sentido de que son veteranos que no logran adaptarse a la vida civil.

21Lo que los diferencia es probablemente la retrospectiva sobre la guerra. Mientras que en First Blood no se condena la guerra de Vietnam en un sentido político, en las novelas de posguerra de Centroamérica hay un claro rechazo a la justificación ideológica de las guerras de los años ochenta. Una profunda sensación de desilusión permea las páginas de estas novelas, y las guerras se presentan como empresas sin sentido. Esta frustración se refleja en la mofa del lenguaje político de la guerra (tanto el de derecha como el de izquierda). En el El arma en el hombre, por ejemplo, Robocop varias veces se apropia en la posguerra de símbolos revolucionarios de la izquierda. En una toma simbólica de la Asamblea Legislativa por parte de un grupo de desmovilizados (para demandar más ayuda de la proporcionada), Robocop, el ex-soldado, reaccionario, brutal y racista, usa el pasamontañas de los guerrilleros indígenas neozapatistas de Chiapas y los medios se enfocan en él como antes lo hicieron con líderes de comandos guerrilleros27. Luego, durante una misión en Guatemala, Robocop grita “Que se rinda tu madre28”, que es exactamente lo que el poeta-guerrillero nicaragüense Leonel Rugama dijo antes de morir acribillado por la Guardia Nacional en 1970. Éste es el extraño nuevo orden de la posguerra: el soldado reaccionario al parecer convertido en el nuevo guerrillero. Las líneas divisorias de la guerra se hacen cada vez más borrosas en el contexto de la posguerra – si no siempre lo fueron –. Así, la novela insinúa que tal vez ambos lados nunca fueron tan diferentes, hablando desde las profundidades del desencanto centroamericano.

22 Pero no es sólo el lenguaje político de izquierda el que está en crisis, sino también el de derecha. Esto se manifiesta en el hecho de que Robocop básicamente nunca habla de patria ni de honor29. La ausencia de estos códigos militares esenciales cuestiona su validez30. Al parecer, estos códigos no le ayudan en el contexto globalizado y neoliberal de la posguerra y del desprecio que enfrenta por parte de la sociedad. Robocop pasó de ciudadano ejemplar, el soldado como ‘defensor de la patria’ en el discurso militar-nacionalista, a ciudadano abyecto, desechado y rechazado. Sus actos no son tan diferentes a los de la guerra, pero los signos han cambiado.

23 También en las dos novelas de Galich destaca la burla del lenguaje político. Unas de las líneas más importantes de las letras recientes para expresar el desencanto centroamericano se encuentra en la segunda página de Managua, salsa city. Anteriormente, Sandino y luego los sandinistas parecían marcar un hito en la historia, una esperanza, pero nada ha cambiado y ahora las personas tienen que enfrentar la violencia estructural y el abandono político de la posguerra:

24aquí en el infierno, digo Managua, todo sigue igual: los cipotes piderreales y huelepega, los cochones y las putas, los chivos y los políticos, los ladrones y los policías (que son lo mismo que los políticos, sean sandináis o liberáis o conservaduráis, cristianáis o cualquiermierdáis, jueputas socios del Diablo30

25Este lenguaje violento tiene poco que ver con géneros anteriores de crítica social como el testimonio. Aquí, la denuncia no apela a un lector simpatizante o solidario ni quiere obtener empatía; más bien se enuncia desde la furia. La novela desarrolla su propia estética a partir de su “parresia”, de su lenguaje franco e irreverente, como ha argumentado Magdalena Perkowska31. Las ideologías que han marcado la historia de Nicaragua no importan; las luchas por ellas son empresas sin sentido.

En Y te diré quien eres hay diatribas constantes contra “esa guerra estúpida” y contra las élites (especialmente las sandinistas) que se enriquecieron con la revolución mientras los pobres quedaron en la miseria32. Pancho Rana sólo reacciona con sarcasmo cuando ve el Monumento al Soldado, la estatua gigante en Managua de un hombre fornido que alza un AK-47 al cielo, cuya estética es marcada por el realismo social de la Unión Soviética y la cual la gente ha renombrado de manera irreverente “el Muñecón” o “Hulk”. También se burla de lemas de la revolución. El llamado y respuesta de los simpatizantes del Frente Sandinista “Dirección Nacional – ordene” es ridiculizado al convertirlo en “Dirección Nacional – ordeñe”, una burla del autoritarismo militarista de los sandinistas33.

26 Las novelas de Galich citan también varias canciones revolucionarias de Carlos Mejía Godoy como referencias intertextuales que se ubican entre el homenaje nostálgico y la burla. Llama la atención que tanto Managua, salsa city como Y te diré hacen referencia a “No se me raje mi compa34”, una de las canciones más violentas y más militaristas de Carlos Mejía Godoy y que combina bien con la masculinidad guerrera celebrada en las novelas y con la sensación de que hay que seguir luchando o sobreviviendo en el infierno que es la posguerra.

El desmovilizado, el precario trabajador de la violencia: crítica de la posguerra

27El desmovilizado es una figura paradigmática de la literatura centroamericana reciente ya que en él se cruzan varias coordenadas de la posguerra centroamericana: precariedad dentro de un régimen neoliberal; fenómenos transnacionales de globalización como migración y delincuencia; trauma y el legado difícil de la guerra, muchas veces reprimido; un entorno violento y misógino.

28 La precariedad en el régimen neoliberal – privatización de servicios públicos, procesos descontrolados de globalización e ideologías de responsabilidad individual en vez de colectiva-, se plasma en la figura de Robocop y su estatus de desmovilizado. Sólo recibe tres meses de sueldo como indemnización y, sin ningún entrenamiento más que el del oficio de la guerra, tiene que usar sus habilidades con las armas para sobrevivir. Seguridad privada, delincuencia o conversión en mercenario son sus únicas opciones. Muy pragmática y dinámicamente, Robocop se adapta a ese régimen y vende su mano de obra en el mercado transnacional. Ofrece sus servicios en El Salvador y Guatemala y termina en Estados Unidos. Aquí radica la crítica del orden neoliberal de la novela: el estado está ausente y reina una única ideología empresarial y precarizante.

29 En las novelas de Galich, la pobreza, la desigualdad y el abandono político hacen que todas las figuras individualmente intenten sobrevivir con violencia35. En Y te diré quién eres aparece por ejemplo El Brujo, ex-guerrillero guatemalteco que primera se dedica a la venta de arsenales escondidos de la guerra, luego a la seguridad privada y luego al secuestro – hasta que se une a Pancho Rana en su plan de venganza. Pancho Rana vaga entre insurgencia, empleo precario y delincuencia. Estuvo entre los recompas que se alzaron nuevamente en los años noventa- una referencia al asalto real ocurrido en Estelí en 199336. Luego se dedica a la seguridad privada y, en sus andanzas por Centroamérica, se convierte en detective y secuestrador (semi-forzado por la mara y una organización detrás de la pandilla). Está al servicio de diferentes élites, pero mantiente más independencia que Robocop al usar sus encargos para saldar cuentas de la guerra, especialmente en relación a desertores y “traidores” de los tiempos de guerra, y ataca dos veces las mismas redes de élite que lo emplean. Pancho Rana y Robocop son “violence workers37” -soldados de élite, delincuentes a sueldo, mercenarios – sólo ocupan un lugar no alienado del trabajo cuando como vengadores actúan por su propia cuenta.

30 El orden neoliberal de la posguerra que representan las novelas es sumamente violento. Werner Mackenbach y Alexandra Ortiz Wallner han argumentado que, por lo general, la violencia representada en la literatura reciente carece de la justificación política o ética de las narrativas de la guerras y revoluciones, mientras que Beatriz Cortez ha resaltado Y te diré quién eres como un texto en el cual a “diferencia de otros textos, la violencia … no es gratuita sino una extensión directa de la guerra38”. Lo que es seguro es que en las novelas de la posguerra, Centroamérica muchas veces se presenta como un campo de batalla con una violencia omnipresente: asesinatos en plena calle, tropas irregulares fuertemente armadas, torturas, embates con granadas y lanzacohetes. Parece que la guerra sigue, sólo que bajo otros nombres. Esa violencia se personifica en Robocop, quien en sí ni se desmoviliza ni se desarma, sino que sigue su oficio de violencia llevándola por toda la región. Trabaja nominalmente para otras instituciones pero estas no son tan diferentes: los ex-militares y las corporaciones criminales son los mismos militares y élites de antaño. Algo parecido sucede en las novelas del Galich, donde Centroamérica aparece como un campo de batalla en el cual diferentes bandos se enfrentan con armas de alto poder. La violencia permea todas las relaciones sociales y el coqueteo es a la vez un engaño, un robo, un enamoramiento, un trato económico y una violación. Las violencias estructurales y directas crean una sensación de miedo y precariedad en la que el “miedo lo invadía todo: miedo a la muerte que los rodeaba y miedo a la vida que los esperaba39”.

31 En esta representación de la violencia, Robocop y Pancho Rana resultan ser figuras problemáticamente alegóricas. Condensar parte de la historia violenta y militarista de los años ochenta y noventa en un solo personaje es obviamente parte de la configuración de estos personajes, pero es problemático porque hace aparentar que un solo individuo violento puede ser el responsable de la violencia que ha azotado la región en la guerra y en la posguerra. La figura de Robocop es una amalgama de la historia reciente de El Salvador. Su batallón, llamado Acahuapa, se parece al infame Batallón Atlácatl, responsable de varias masacres de la guerra en El Salvador. Sus actos (insinuados) de la transición y la posguerra están entre los más infames: el asesinato del comandante guerrillero Antonio Cardenal en 1991, justo antes de la firma de los acuerdos de paz en El Salvador, y el asesinato de un ex-guerrillero llamado Célis, que recuerda el asesinato de Francisco Velis en 1993, acribillado mientras dejaba a su hija en el kinder, y que por lo general es visto como un ajuste de cuentas en la posguerra o como un intento de desestabilización40. Y luego sigue el paso arrasador de Robocop por Centroamérica. En la misma vertiente, Pancho Rana aparece como el responsable de actos violentos de la guerra, de violencia insurgente de los recompas y luego de una ola de violencia posbélica en Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.

32 Parece que hay un deseo de la literatura de posguerra de ubicar la violencia difusa de la posguerra en unas pocas personas, y el desmovilizado se vuelve el fácil chivo expiatorio. Ambas novelas apuntan a las élites criminales detrás de los desmovilizados, pero son estos individuos quienes cometen la violencia. Además, éstos no siempre ejercen violencia al mando de las élites41. Individualizar la violencia de tal manera exculpa a la sociedad de su complicidad y de la culpa colectiva de la guerra y su legado en la posguerra.

El soldado, el Otro, el guerrillero, el héroe: La difícil crítica del legado militarista

33La problemática relación entre violencia individualizada y colectividad también se hace evidente si se analiza cómo las novelas intentan abordar críticamente el tema del militarismo. El militarismo es la organización del estado y la sociedad de acuerdo a ideales, valores y categorías militares y bélicas tales como la jerarquía, la obediencia, la disciplina, la belicosidad y la ley del más fuerte, lo que también se plasma en la glorificación de la cultura militar a través de marchas, uniformes y armamento42. En las novelas hay un intento de abordar el militarismo críticamente, pero este intento se queda corto de su potencial, en el caso de Castellanos Moya por el poco desarrollo del personaje, y en el caso de Galich porque nunca se deconstruye realmente el ideal del guerrillero machista.

34 Mencioné antes cómo se usan referencias intertextuales a películas de acción de Hollywood para subrayar la perdida de humanidad de Robocop, su constitución como máquina inhumana de guerra. Pero cabe preguntar si Robocop realmente tuvo humanidad en algún momento. Aparte de breves referencias a la infame School of the Americas, ni sabemos cómo Robocop llegó a este punto de ser máquina de guerra, ni sabemos cómo era él antes.

35 Robocop como personaje literario aparece por primera vez en la novela La diabla en el espejo (2000) de Castellanos Moya, como el asesino de la amiga de la narradora. Es sorprendente que en El arma en hombre casi no evoluciona de su descripción inicial en La diabla en el espejo, donde una testigo lo describe como “un tipo alto y fornido, un grandulón que no usaba barba ni bigote, con el pelito corto, como si fuera cadete, [. . .] caminaba como Robocop, ese robot policía que aparece en la televisión”. Luego es descrito como un “energúmeno que lo único que sabe hacer es matar43”. Después de leer El arma en el hombre tampoco se sabe mucho más sobre Juan García Peralta antes de su transformación en Robocop (fue vigilante en una fábrica de ropa femenina y sólo fue a la escuela por unos años). Por lo mismo, su perversión y la resultante inhumanidad no generan una sensación de pérdida y tragedia para el lector.

36 Tal vez el punto de Castellanos Moya sobre “el arma en el hombre” es precisamente éste: que el soldado no tiene profundidad, que es pura acción y ha perdido su humanidad, si es que acaso la tuvo. Pero esta representación simplista es lo que últimamente destruye la propuesta más radical de la novela: aceptar y enfrentar el legado militarista como elemento de la nación o la sociedad. En la novela se plasman diferentes posiciones frente al militarismo (alegóricamente simbolizado por Robocop). Por ejemplo, Guadalupe, la esposa del primo de Robocop, manifiesta las tendencias de la sociedad salvadoreña que veneran lo militar. Durante la guerra, Guadalupe siempre lo había tratado con deferencia pero, ahora en la posguerra, desea y logra vehemente acostarse con Robocop. Esta atracción que Guadalupe siente por Robocop simboliza la fascinación que tiene una parte de la población por la fuerza del ejército y sus políticas de mano dura, el anhelo de un hombre fuerte. Mientras tanto, el rechazo que sienten hacia Robocop su familia y algunos miembros de la élite (Laura en La diabla en el espejo) hace referencia a otra parte de la nación que desprecia lo militar, sea por razones ideológicas o clasistas, o ambas. La novela apunta hacia la necesidad de revisar estas posturas y la necesidad de imaginar la nación más allá del militarismo44.

37 Para provocar una revisión crítica del militarismo en relación a la nación, la novela propone un testimonio ficcional y alegórico de un soldado, rompiendo con convenciones del género literario del testimonio y problematizando la idea de subalternidad45. De hecho, el texto no nos presenta con un testimoniante típico oprimido o revolucionario sino con un ex-soldado de derecha, sumamente violento pero también víctima. William Castro, en una de las lecturas más interesantes de la novela, argumenta que así la novela confronta los debates sobre el testimonio “with what would be (one of) its abject subjects”. Según él, la novela propone una democracia radical en la cual se puede aceptar al Otro: “I claim that by incorporating the radically differentiated Other – in a word the abject of testimonio criticism –, the novel instantiates solidarity _in itself_”. Explica que “this strategy insists on ‘solidarity’ as an instrument of radical inclusion, of unification across difference, and not merely across sameness or political affinity46”. Su lectura va en contra de la de otros críticos que dicen que la novela carece de idealismo y que no ofrece salidas47.

38 En la lectura de Castro, la borrosidad de los signos en la posguerra no es una señal de cinismo sino del gesto radicalmente inclusivo de la novela. Castro argumenta que la novela borra la línea entre subalternidad real y representacional; en su lectura, Robocop es simplemente un alias, sin intención de representar algo ‘real48’. Pero ahí también radica el problema. A mi juicio, Robocop carece de la complejidad de una figura literaria necesaria para tal obra radical de inclusión. Concuerdo con Castro en que sí hay una intención en El arma en el hombre de acercarse e incluir al Otro militarizado, derechista, pero la ejecución literaria de ese gesto se queda corta por la unidimensionalidad de Robocop. Puede ser que El arma en el hombre muestre una vez más el dilema del letrado al querer representar subalternidad, pero más bien parece que el autor no es capaz de, o no está dispuesto a, imaginarse al Otro militarista, violento, como un sujeto genuino que realmente tiene humanidad.

39 Obviamente, siendo Rococop una representación de unos de los elementos más brutales de la guerra en El Salvador, el Batallón Atlácatl, responsable de crímenes de lesa humanidad, es sumamente difícil imaginarse a esos soldados e incluirlos en la memoria de la nación pero, creo, siguiendo la línea de argumentación de Castro, es justo lo que Castellanos Moya, el autor siempre dispuesto a rechazar “historical pieties49”, pretende hacer. Creo que hay en la novela una intención de acercarse al soldado que vuelve al espacio civil, pero la novela no lo logra porque lo mantiene en el rol de Otro. El militarismo queda como algo ajeno y abstracto y, así, el lector nunca tiene que enfrentar el militarismo como algo propio. Como es tan abstracto, no es necesario aceptarlo como parte de la sociedad y de la modernidad que hemos creado a partir de la organización de guerras50. No tenemos que aventurarnos al acto de inclusión y solidaridad radicales. La idea de “el arma en el hombre” se puede quedar fácilmente en el registro de película de acción y de seres abyectos e incultos dados a la violencia.

40 La falta de complejidad no es necesariamente el problema de la figura de Pancho Rana. También es cruel máquina de muerte como Robocop, pero a la vez es más que eso; expresa su enojo, disfruta la vida, es ingenioso, es hábil con la palabra. Éste de hecho es un gran contraste en la constitución de ambas figuras. Robocop es monosilábico y refrenado, mientras que el lenguaje de Pancho Rana y sus compañeros de armas es exuberante, lleno de albures. Sin embargo, sorprende que, muy a pesar de todo el desencanto plasmado en la novela, nunca se deconstruya realmente el ideal guerrillero sandinista51. A pesar de sus defectos machistas y violentos, Pancho Rana sigue siendo el héroe de la narración: el vengador, el bandido social que ayuda a los oprimidos.

41 Una cierta nostalgia permea las novelas de Galich, una esperanza del retorno del héroe, un deseo de volver a los tiempos revolucionarios – a pesar de las declaraciones iniciales del narrador sobre los sandinistas como “socios del Diablo”. Pancho Rana se imagina a la Guajira con “armas al hombro52” – parecido a la famosa imagen de “La mililiciana de Waswalito”, una mujer sonriente dando pecho con un rifle al hombro. Aunque hay un rechazo a los discursos políticos de izquierda del siglo XX, tampoco quiere tener nada que ver con los neozapatistas: “No, a mí ya no me interesa nada de eso, me vale un saco de turcas los Zapateros, ahora soy sólo yo y lo que tengo en la bolsa”, y un rechazo a la ideologización de la acción armada -”no hombres, esto no es nada político, eso ya pasó, pertenece al pasado. Es simple y crudamente, una venganza53” -. La novela termina con otra insurgencia: contra la embajada y la Asamblea, blancos no tan diferentes a los de los comandos sandinistas de los setenta. La novela formula críticas del militarismo y del autoritarismo mofándose de los lemas de la revolución, pero nos presenta con un protagonista que nostálgicamente recuerda los desfiles militares de los sandinistas en los años ochenta: la artillería desfilando, la gente llena de júbilo y gritando “Un solo ejército” y la sensación de poder erizándole la piel54. Así, la novela echa abajo los ideales políticos de la revolución pero no se despide realmente del militarismo que acompañaba la lucha armada.

42 En este sentido también es revelador que las novelas no sólo retraten sino también perpetúen una profunda misoginia. Robocop es un militar misógino y la vida que más desprecia es la de la mujer. En las tres novelas, la mujer ocupa principalmente el lugar de “puta” y de “traidora”, tropos clave de la misoginia.

Existe una relación intrínseca ente guerra y género. En su estudio monumental War and Gender. How Gender Shapes the War System and Viceversa (2001), Joshua Goldstein llega a la simple pero contundente conclusión de que, a través de la historia y diferentes culturas, guerra y género siempre se han influenciado mutuamente, creando la idea de que ser hombre es ser valiente (con el objetivo de empujar a los hombres a ir en contra de su reticencia y arrojarse a la batalla55). Robocop y Pancho Rana son epítomes de este arrojo y de esta concepción de masculinidad. El machismo fue uno de los problemas graves del sandinismo, y Pancho Rana es continuación ininterrumpida de este machismo revolucionario56 toda vez que su masculinidad constantemente se afirma como la deseada. La Guajira lo ve como “un verdadero hombre”, con la Choby-Xaquira queda claro que él es el “macho-macho”, y Pancho Rana muere convencido de que el mundo necesita más “machos como nosotros campeones arrechos57”. Sin embargo, para llegar a una comprensión más profunda de la guerra y su legado en Centroamérica, hay que enfrentar el militarismo/machismo. Las novelas del desmovilizado logran retratarlo pero no desarticularlo.

Más allá de la otredad y la nostalgia

43 Las novelas del desmovilizado forman parte de un proceso de la literatura de posguerra parecido – pero también diferente – a la Heimkehrerliteratur, la literatura del retornado que se dio en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. A veces patriótica y nostálgica, a veces crítica, esta literatura es muestra del complicado legado de la guerra y del fascismo. Muchas veces trata del viaje glorificado o del retorno difícil de soldados – hombres casi desconocidos después de años de ausencia por estar en el frente y luego en prisiones de guerra- y su difícil regreso a la vida civil o familiar. Lidiar con los ex-combatientes es un primer paso, pero la inspección más profunda sobre el legado militarista (o fascista) empieza después, cuando la inmediatez de la guerra y la desmovilización han pasado. En Centroamérica, algunas escritoras, Claudia Hernández y Jacinta Escudos en particular, ya han empezado este trabajo de indagación de segundo paso: ¿Cómo imaginarse las sociedades centroamericanas más allá del militarismo/machismo? ¿Cómo imaginarse la humanidad y cómo expresar culpa y compasión después de la guerra?

Bibliografía

44Astvaldsson, Astvaldur. “In War and in Peace: Representations of Men of Violence in Salvadoran Literature.”, en Bulletin of Spanish Studies 89:3 (2012), págs. 435–454.

45Castellanos Moya, Horacio. El arma en el hombre (México, D.F., Madrid: Tusquets Editores, 2001).

46—-. La diabla en el espejo (Orense: Linteo, 2000).

47Castro, William. “The Novel After Terrorism: On Rethinking the Testimonio, Solidarity, and Democracy in Horacio Castellanos Moya’s El arma en el hombre.”, en Revista Hispánica Moderna 63:2 (2010), págs. 121–135.

48Cortez, Beatriz. Estética del cinismo. Pasión y desencanto en la literatura centroamericana de posguerra (Guatemala: F& G Editores, 2010).

49d’Amonville Alegría, Nicole. “‘La mutación de la lengua se produce en América Latina.’”, en Literarca (en línea, N.p., 2001).

50Esch, Sophie “¿El arma en la sociedad? La novela del desmovilizado, militarismo e introspección en la obra de Castellanos Moya,”en Magdalena Perkowska y Oswaldo Zavala, editores, Tiranas ficciones (en prensa).

51Escudos, Jacinta. “La noche de los escritores asesinos.”, en Cuentos sucios (San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, 1997), págs. 83–123.

52Galich, Franz. Managua, salsa city (¡Devórame otra vez!) (1a ed., Panamá: Editora Géminis, 2000).

53—-. Y te diré quién eres (Mariposa traicionera) (Managua: Anamá Ediciones, 2006).
García Huezo, Oscar. “Guerrilleros de papel: La representación del guerrillero en seis novelas centroamericanas de los años setenta y ochenta.” (Tesis de doctorado, Stockholm University, 2010).

54Gianni, Silvia. “El turno de los ofendidos.”, en Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos (en línea, N.p., 2007).

55Godnick, William. “Stray Bullets: The Impact of Small Arms Misuse in Central America.” (en línea, Oct. 2002).

56Goldstein, Joshua War and Gender: How Gender Shapes the War System and Vice Versa (Cambridge: Cambridge University Press, 2001).

57Huggins, Martha K., Mika Haritos-Fatouros, and Philip G. Zimbardo, eds.Violence Workers: Police Torturers and Murderers Reconstruct Brazilian Atrocities (Berkeley and Los Angeles, California: University of California Press, 2002).

58Kingma, Kees. “Post-War Demobilization and the Reintegration of Ex-Combatants into Civilian Life.” (Bonn: Bonn International Center for Conversion, 1997).

59Klein, Martina, y Klaus Schubert. “Militarismus.”, en Das Politiklexikon (2006), pág. 196.

60Kokotovic, Misha. “After the Revolution: Central American Narrative in the Age of Neoliberalism.”, en A Contracorriente: Una revista de historia social y literatura de América Latina/A Journal of Social History and Literature in Latin America 1:1 (2003), págs. 19–50.

61—-. “Neoliberalismo y novela negra en la posguerra centroamericana.”, en Beatriz Cortez, Alexandra Ortiz Wallner, y Verónica Ríos Quesada, editores, Versiones de la modernidad. Literaturas, identidades y desplazamientos (Guatemala: F&G Editores, 2012), pág. 185–209.

62—-. “Neoliberal Noir: Contemporary Central American Crime Fiction as Social Criticism.”, en Clues: A Journal of Detection 24:3 (2006), págs. 15–29.

63Kotcheff, Ted. First Blood. (Orion Pictures, 1982).

64Kruijt, Dirk. Guerrillas. War and Peace in Central America (London, New York: Zed Books, 2008).

65Lancaster, Roger. Life Is Hard. Machismo, Danger, and the Intimacy of Power in Nicaragua (Berkeley, Los Angeles, Oxford: University of California Press, 1992).

66Leyva Carias, Héctor Miguel. “La novela de la revolución centroamericana (1960-1990): Narrativa de los procesos revolucionarios centroamericanos 1960-1990.” (Tesis de doctorado, Universidad Complutense de Madrid, 1995).

67McClancy, Kathleen. “The Rehabilitation of Rambo: Trauma, Victimization, and the Vietnam Veteran.”, en Journal Of Popular Culture 47, no. 3 (Junio 2014), págs. 503-519.
Moreiras, Alberto. “The Question of Cynicism A Reading of Horacio Castellanos Moya’s La Diáspora (1989).”, en Nonsite (en línea, 13, 2014).

68Ortiz Wallner, Alexandra. El arte de ficcionar: la novela contemporánea en Centroamérica (Madrid, Frankfurt: Vervuert, Iberoamericana, 2012.).

69Ortiz Wallner, Alexandra, y Werner Mackenbach. “(De)formaciones: violencia y narrativa en Centroamérica”, en Iberoamericana. América Latina – España – Portugal VIII (2008), págs. 81–97.

70Pearce, Jenny. “From Civil War to ‘Civil Society’: Has the End of the Cold War Brought Peace to Central America?”, en International Affairs 74:3 (1998), págs. 587–615.

71Perkowska, Magdalena. “La infamia de las historias y la ética de la escritura en la novela centroamericana contemporánea.”, en Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos. (en línea, N.p., Junio 2011).

72Pezzè, Andrea. “Una action novel en Centroamerica. “El Arma en el Hombre” de Horacio Castellanos Moya” (Documento de trabajo, Università degli Studi di Napoli “L’Orientale.”, sin fecha).

73Quirós, Daniel. Verano rojo. San José: Editorial Costa Rica, 2010.

74Rey Rosa, Rodrigo. Que Me Maten Si… (Barcelona: Seix Barral, 1997).
Rodríguez, Ileana. Women, Guerrillas, and Love. Understanding War in Central America (Minneapolis, London: University of Minnesota Press, 1996).

75Rueda Estrada, Verónica. Recompas, recontras, revueltos y rearmados. Los desmovilizados de Nicaragua: Una historia viva (Tesis de doctorado, Universidad Nacional Autónoma de México, 2009).

76Tobar, Héctor. The Tattooed Soldier (New York: Penguin Books, 1998).

77Verhoeven, Paul. RoboCop (Orion Pictures, 1987).

78Virilio, Paul. Speed and Politics (Los Angeles, CA: Semiotext(e), 2006).

79Zalaquett, Mónica. Tu fantasma, Julián (Managua: Editorial Vanguardia, 1992).

80Notas al pie de páginas

811 Partes de este artículo aparecerán publicadas en: Sophie Esch, “¿El arma en la sociedad? La novela del desmovilizado, militarismo e introspección en la obra de Castellanos Moya,”en Magdalena Perkowska y Oswaldo Zavala (eds.), Tiranas ficciones (en preparación).

822 Véase Jenny Pearce, “From Civil War to ‘Civil Society’: Has the End of the Cold War Brought Peace to Central America?”, en International Affairs 74:3 (1998), pág. 594.

833 Véase Kees Kingma, “Post-War Demobilization and the Reintegration of Ex-Combatants into Civilian Life” (Bonn: Bonn International Center for Conversion, 1997), pág. 2.

844 Véase William Godnick, “Stray Bullets: The Impact of Small Arms Misuse in Central America.” (en línea, Oct. 2002), pág 3.

855 Véase Verónica Rueda Estrada, “Recompas, recontras, revueltos y rearmados. Los desmovilizados de Nicaragua: Una historia viva” (Tesis de doctorado, Universidad Nacional Autónoma de México, 2009).

866 Véase Misha Kokotovich, “Neoliberal Noir: Contemporary Central American Crime Fiction as Social Criticism.”, en Clues: A Journal of Detection 24:3 (2006), pág. 15. De hecho, Misha Kokotovic examina casi los mismos textos que yo en lo que sigue, pero con un enfoque diferente. Kokotovic discute Managua, salsa city, Que me maten si..., El arma en el hombre y su precursor La diabla en el espejo, y “La noche de los escritores asesinos.”

877 Véase Misha Kokotovich, “Neoliberalismo y novela negra en la posguerra centroamericana”, en Beatriz Cortez, Alexandra Ortiz Wallner y Verónica Ríos Quesada, editores, Versiones de la modernidad. Literaturas, identidades y desplazamientos, (Guatemala: F&G Editores, 2012).

888 Véase Horacio Castellanos Moya, El arma en el hombre (México, D.F., Madrid: Tusquets Editores, 2001), págs. 9, 22, 24-25, 46, 86, 90, 92, 107, 127.

899 Véase Andrea Pezzè, “Una action novel en Centroamerica. “El Arma en el Hombre” de Horacio Castellanos Moya” (Documento de trabajo, Università degli Studi di Napoli “L’Orientale.”, sin fecha), pág. 99.

9010 Véase Castellanos Moya, El arma, pág. 123.

9111 Opera desde un punto de vista falocéntrico en el cual las mujeres son traidoras y él es un hombre viril que descarga en cuerpos femeninos desechables. A lo largo de la novela es él quien penetra y nunca permite ser penetrado; aunque se ve amenazado de muerte, se niega a someterse a una revisión rectal en busca de dispositivos de vigilancia. Véase Castellanos Moya, El arma, págs. 15, 17, 67, 78, 102.

9212 Véase Silvia Gianni, “El turno de los ofendidos.”, en Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos (en línea, N.p., 2007), s.p.

9313 Véase Alexandra Ortiz Wallner y Werner Mackenbach. “(De)formaciones: violencia y narrativa en Centroamérica”, en Iberoamericana. América Latina – España – Portugal VIII (2008), pág. 87.

9414 Véase Franz Galich, Y te diré quién eres (Mariposa traicionera) (Managua: Anamá Ediciones, 2006), págs 39, 47, 91, 176, 186.

9515 Véanse Franz Galich, Managua, salsa city (¡Devórame otra vez!) (1a ed., Panamá: Editora Géminis, 2000), pág. 51, y Galich, Y te diré , págs. 16-17.

9616 No se pasaban en los cines del país, pero la gente las veía en vídeo. ((Lancaster 191).)

9717 Véase Castellanos Moya, El arma, pág. 69.

9818 Con la referencia a la película RoboCop se hace una crítica de la exportación de la cultura militarista estadounidense a través de Hollywood y también de la expansión militarista en América Latina. El personaje de Robocop en la novela fue entrenado en la infame School of the Americas (SOA), conocida por enseñar los métodos contrainsurgentes más brutales a los militares latinoamericanos. También a través de sus personajes la novela hace una crítica de cómo la llamada “guerra contra las drogas” sirve a los Estados Unidos para mantener su presencia militar en la región. Antes eran los militares, las élites y la SOA, ahora lo son las corporaciones mantenidas por los ex-militares, las élites y la DEA. Es la DEA quien recoge a Robocop al final de la novela a cambio de su testimonio y su cuerpo. Es un fin irónico, como apunta Kokotovic, ya que hasta cierto punto Robocop ha sido un agente de los Estados Unidos toda su vida. Véanse Castellanos Moya,El arma, págs. 131-132 y Misha Kokotovic, “After the Revolution: Central American Narrative in the Age of Neoliberalism.”, en A Contracorriente: Una revista de historia social y literatura de América Latina/A Journal of Social History and Literature in Latin America 1:1 (2003), pág. 39.

9919 Véase Cortez, Beatriz. Estética del cinismo. Pasión y desencanto en la literatura centroamericana de posguerra (Guatemala: F& G Editores, 2010), pág. 94.

10020 Véase Galich, Y te diré , págs. 23, 40 130-131, 136, 139.

10121 Véase Galich, Managua, pág. 26.

10222 Véase Kathleen McClancy, “The Rehabilitation of Rambo: Trauma, Victimization, and the Vietnam Veteran.”, en Journal Of Popular Culture 47, no. 3 (Junio 2014), págs. 503-519.

10323 Véase Castellanos Moya, El arma, pág. 48.

10424 Véase Castellanos Moya, El arma, pág. 63.

10525 Véase Castellanos Moya, El arma, pág. 65.

10626 Véase Galich, Managua, págs. 64, 84.

10727 Véase Castellanos Moya, El arma, pág. 21.

10828 Véase Castellanos Moya, El arma, pág. 94.

10929 Solo se menciona “patria” en el discurso de desmovilización, al lado de la afirmación de “lo que significábamos [nosotros, los soldados] para las Fuerzas Armadas” (Véase Castellanos Moya, El arma, pág. 10), lo que ironiza la idea de patria ya que, a partir de ese momento, los desmovilizados serán abandonados a su suerte.

11030 Lo que sí todavía usa parte del discurso ideológico y castrense son palabras como “subversivos” y “terroristas” para referirse a personas de izquierda. Pero, como apunta acertadamente Castro, las acciones de Robocop constantemente socavan su discurso antiterrorista, ya que él es el único “terrorista” de la historia, el que con sus actos causa miedo y terror. Véase William Castro, “The Novel After Terrorism: On Rethinking the Testimonio, Solidarity, and Democracy in Horacio Castellanos Moya’s El arma en el hombre.”, en Revista Hispánica Moderna 63:2 (2010), pág. 127.

11131 Véase Galich, Managua, pág. 2.

11232 Véase Perkowska, “La infamia”, pág. 18.

11333 Véase Galich, Y te diré , págs. 49, 93, 168, 178.

11434 Véase Galich, Y te diré , pág. 48. Y el Servicio Militar Patriótico, el controvertido servicio obligatorio implementando por los sandinistas en los años ochenta como resultado de la guerra de Contra, es convertido en “Servicio Sexual Patriótico” para referirse a un burdel. Véase Galich, Y te diré , pág. 82.

11535 Véanse Galich, Managua, pág. 68, y Galich, Y te diré , pág. 170.

11636 Véanse Kokotovic “After the Revolution: Central American Narrative in the Age of Neoliberalism.” pág. 26, y Gianni, “El turno de los ofendidos.”, s.p.

11737 Véase Galich, Y te diré , pág. 58, 61.

11838 Veáse Huggins, Martha K., Mika Haritos-Fatouros, and Philip G. Zimbardo, eds.Violence Workers: Police Torturers and Murderers Reconstruct Brazilian Atrocities (Berkeley and Los Angeles, California: University of California Press, 2002).

11939 Véanse Ortiz Waller y Mackenbach, “(De)formaciones”, pág. 85, y Cortez, Beatriz. Estética del cinismo. Pasión y desencanto en la literatura centroamericana de posguerra (Guatemala: F& G Editores, 2010), pág. 39.

12040 Véase Galich, Managua, pág. 90

12141 Véase Castellanos Moya_El arma_, págs. 30, 38

12242 Los asesinatos de mujeres, por ejemplo, los cometen por cuenta propia; en su misoginia desconfían de ellas, haciendo a la mujer el cuerpo más precario y desechable de la posguerra.

12343 Véase Klein, Martina, y Klaus Schubert. “Militarismus.”, en Das Politiklexikon (2006), pág. 196.

12444 Véase Horacio Castellanos Moya, La diabla en el espejo (Orense: Linteo, 2000). págs 16, 35.

12545 El militarismo es un tema clave en la obra de Castellanos Moya. Véase también Sophie Esch, “¿El arma en la sociedad? La novela del desmovilizado, militarismo e introspección en la obra de Castellanos Moya,”en Magdalena Perkowska y Oswaldo Zavala, editores, Tiranas ficciones

12646 Véanse Cortez, Estética del cinismo. pág. 92., y Kokotovic, “After the Revolution: Central American Narrative in the Age of Neoliberalism.” pág. 33.

12747 Véase Castro, “The Novel After Terrorism”, págs. 123-124 (cursivas en el original).

12848 Véanse Kokotovic, “After the Revolution: Central American Narrative in the Age of Neoliberalism.” pág. 39, y Astvaldur Astvaldsson, “In War and in Peace: Representations of Men of Violence in Salvadoran Literature.”, en Bulletin of Spanish Studies 89:3 (2012), pág. 446.

12949 Véase Castro, “The Novel After Terrorism”, págs. 128, 131.

13050 Véase Alberto Moreiras, “The Question of Cynicism A Reading of Horacio Castellanos Moya’s La Diáspora (1989).”, en Nonsite (en línea, 13, 2014).

13151 Véase Paul Virilio, Speed and Politics (Los Angeles, CA: Semiotext(e), 2006). págs. 7, 90.

13252 Para un trabajo futuro sería interesante trazar el desarrollo de la figura del guerrillero en relación con la del desmovilizado. Las tesis de Héctor Miguel Leyva Carias (“La novela de la revolución centroamericana (1960-1990): Narrativa de los procesos revolucionarios centroamericanos 1960-1990.” (Tesis de doctorado, Universidad Complutense de Madrid, 1995)) y de Oscar García Huezo (“Guerrilleros de papel: La representación del guerrillero en seis novelas centroamericanas de los años setenta y ochenta.” (Tesis de doctorado, Stockholm University, 2010)) ofrecen estudios extensos sobre las novelas de guerrilleros, novelas disidentes y narrativas testimoniales, y abarcan temas como colectividad, individualidad y masculinidad.

13353 Véase Galich, Managua, pág. 8.

13454 Véase Galich, Y te diré , págs. 169, 187-188.

13555 Véase Galich,Y te diré, pág. 62.

13656 Véase Joshua Goldstein, War and Gender: How Gender Shapes the War System and Vice Versa (Cambridge: Cambridge University Press, 2001), págs. 9-10.

13757 Sobre el tema del machismo y el militarismo sandinistas véanse Ortiz Waller y Mackenbach, “(De)formaciones”, pág. 84 e Ileana Rodríguez, Women, Guerrillas, and Love. Understanding War in Central America (Minneapolis, London: University of Minnesota Press, 1996).

13858 Véanse Galich, Managua, pág. 26, y Galich, Y te diré , pág. 207.

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Para citar este artículo :

Sophie Esch, « Rambo pinolero y Robocop guanaco: La novela del desmovilizado en la literatura centroamericana de posguerra. », Boletín AFEHC N°69, publicado el 04 junio 2016, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4293

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