Erreur. problème dans l'exécution de la requête : INSERT INTO _logbots (IP, useragent, action) VALUES ('23.20.192.147', 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)', 'lectureFiche')
Erreur. MySQL proteste : Duplicata du champ 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)-lectureFiche' pour la clef 'agentAction'
AFEHC : articulos : Claudia Hernández y la escritura de la precariedad : Claudia Hernández y la escritura de la precariedad

Ficha n° 4297

Creada: 24 julio 2016
Editada: 24 julio 2016
Modificada: 24 julio 2016

Estadísticas de visitas

Total de visitas hoy : 0
Total de visitas : 576

Autor de la ficha:

Ignacio SARMIENTO

Editor de la ficha:

Alexandra ORTIZ WALLNER

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Claudia Hernández y la escritura de la precariedad

El presente artículo analiza el tratamiento que el fenómeno de la precariedad ha tenido en la producción narrativa de la salvadoreña Claudia Hernández. Para esto, se abordan tres cuentos, “Hoy (por la mañana)”, incluído en Otras ciudades (2001), “Fauna de alcantarilla”, publicado en Mediodía de frontera (2002), y “La han despedido de nuevo”, que forma parte de Olvida uno (2005). Se propone que la precariedad es un elemento transversal en gran parte de la obra literaria de Hernández y que sus diversos cuentos ofrecen aproximaciones heterogéneas a dicho fenómeno. No obstante, las variadas manifestaciones de la precariedad tienen como base la precarización total de la vida, la que tiene lugar a partir de las transformaciones subjetivas introducidas por el neoliberalismo. De esta forma, se evidencia una mutación sustancial en la valoración de la vida y la muerte, circunscribiéndolas a un ámbito privado y quitándoles toda significancia política.
Palabras claves :
Claudia Hernández, Precariedad, Neoliberalismo, Postguerra
Autor(es):
Ignacio Sarmiento
Fecha:
Junio de 2016
Texto íntegral:

1
La obra de Claudia Hernández es probablemente una de las más atractivas e innovadoras de la producción centroamericana – y latinoamericana – contemporánea. En su escritura se encuentra no sólo una producción rica y renovadora de la narrativa regional, sino también, un espacio fértil para la reflexión crítica. A lo largo de sus breves relatos, Hernández nos conduce por algunos de los problemas más relevantes en el marco del pensamiento contemporáneo, tanto en el contexto salvadoreño y centroamericano, como global. En el presente artículo, indagaré en las diversas exploraciones y manifestaciones de un elemento muy recurrente en su producción cuentística: la precariedad. El objetivo es analizar el rol que este elemento juega en su obra, y a partir de allí, reflexionar sobre sus usos e implicancias.

2 Recientemente, el concepto de precariedad ha recibido bastante atención dentro de la reflexión crítica, principalmente a raíz de las transformaciones socioeconómicas introducidas a nivel global de la mano del neoliberalismo1. La mayoría de estos trabajos, no obstante, centran su atención en la experiencia de los países de Europa occidental y de los Estados Unidos, donde la privatización indiscriminada de bienes y servicios, junto con la reducción de beneficios sociales, trajo consigo una notoria mutación en las condiciones de vida de la población. En El Salvador, y en Centroamérica en general, el problema de la precariedad obliga a ser abordado de forma diferente, y quizás, de manera más subterránea. Principalmente, porque a diferencia de los países del llamado “primer mundo”, en la mayoría de los países que componen el Istmo jamás existió algo cercano a un “Estado de bienestar” que asegurara un mínimo de condiciones salariales y de calidad de vida en general (con la excepción de la Costa Rica de la segunda mitad del siglo XX). Lo anterior no implica, sin embargo, que la implementación del neoliberalismo como ente rector de la política y la economía en la región no haya traído consigo un fenómeno de precarización, sino más bien, que este no ha seguido las mismas pautas que en otras partes del globo.

3 En el presente artículo me detendré en tres cuentos de Claudia Hernández que ilustran de manera efectiva una constante preocupación y reflexión sobre este problema. Estos relatos son “Hoy (por la mañana)”, incluído en Otras ciudades (2001), “Fauna de alcantarilla”, publicado en Mediodía de frontera (2002), y “La han despedido de nuevo”, que forma parte de Olvida uno (2005). En ellos, la noción de precariedad no sólo se limita a una disminución de las condiciones laborales y de los beneficios y derechos sociales, sino también, a una desvalorización completa de la vida. No obstante, la precariedad de la vida no es abordada de igual forma en los diversos relatos. Así, esta selección de cuentos nos permitirá introducirnos en problemas como la ética, la construcción de la comunidad y la inmigración, entre otros. Mediante el análisis de este problema, se buscará indagar en torno a las transformaciones en la subjetividad introducidas en la postguerra, principalmente, de la mano de la implementación del neoliberalismo en el país centroamericano.

4 Decir que la vida es precaria en El Salvador no reviste mayor originalidad. Este no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de las últimas décadas, y un breve repaso por la historia del siglo XX nos daría suficientes luces al respecto. Sin embargo, existe a mi juicio una diferencia sustancial entre la violencia y el terrorismo de Estado ejercido desde la fundación de la república y la situación actual. Esta diferencia es de carácter teleológico. Si pensamos puntualmente en el conflicto interno de los años 80, entendemos que lo que estaba en juego era el propio Estado. El asalto al poder por parte de los revolucionarios justificaba tanto la violencia infringida como la recibida. Es por esto que algunas víctimas de la represión estatal pudieron convertirse en héroes o mártires de la revolución, destacando figuras como Eugenia (inmortalizada en el libro No me atrapan viva de Claribel Alegría) y Norma Guirola de Herrera ( cuyo pensamiento de reúne en Norma, vida insurgente y feminista2 ). Por su parte, el Estado salvadoreño recurrió a las más terribles atrocidades con tal de mantener el status quo en el país y conservar así los privilegios de la elite. Cada soldado que moría lo hacía, desde su visión, en defensa de la patria y en combate contra el enemigo externo del comunismo3. A consecuencia de lo anterior, se puede entender que incluso las víctimas inocentes de la guerra eran susceptibles de ser inscritas dentro de las narrativas revolucionarias o reaccionarias. Por lo tanto, si bien la guerra dejó en evidencia el absoluto carácter precario de la vida de las personas, muchas de sus víctimas tuvieron, al menos parcialmente, algún tipo de comunidad que los llorara sin importar el bando al que perteneciese.

5 Sin embargo, con la firma de los Acuerdos de paz (1992) no sólo se experimentó el cese al fuego oficial, sino también, comenzó a modelarse paulatinamente una nueva subjetividad de la mano del neoliberalismo. El neoliberalismo debe entenderse como una reformulación total de las formas de vida. Como ha señalado David Harvey, se inscribe como una desarticulación de casi todos los poderes e instituciones previamente existentes, el Estado, la soberanía, la división del trabajo, la reproducción y las formas de vida y pensamiento, entre otras4. Siguiendo a William Davies, lo anterior tiene lugar por medio de la introducción de un elemento orientado a la despolitización, y que podría traducirse en una sentencia: el reemplazo del juicio político por la evaluación económica5. Sin embargo, mientras que los defensores del neoliberalismo defienden el profundo carácter anti-idelógico de este, y la importancia de alejarse del debate político para centrarse en la realidad indiscutible del mercado, Davies deja muy en claro que tras la implementación del neoliberalismo se encuentra un profundo sentido de autoridad, ¿Sobre qué base – sino es política – el Estado neoliberal puede obligarnos a obedecer6?. Así, debe quedar en claro que tras la implementación del neoliberalismo en El Salvador – o en cualquier otro país – se haya una profunda voluntad política por reconfigurar las subjetividades de los ciudadanos y orientarlos hacia una pseudo-despolitización.

6 En El Salvador, este proceso se articuló bajo los sucesivos gobiernos de ARENA entre 1989 y el 2004, los que, como bien señaló Irene Lungo Rodríguez, marcan el retorno de la elite económica al control directo del Estado7. La imposición del neoliberalismo en El Salvador dictaminó, como ha señalado Ricardo Roque Baldovinos, que el gran ganador del conflicto bélico en el país no fuera otro que el capital8. Así, durante los años noventa no sólo comenzó una rearticulación económica y política como camino hacia la reconfiguración social en el marco de la postguerra, sino también, empezó a ponerse en marcha una transformación en la dominación soberana que terminaría por introducir una nueva ética al interior de la sociedad. Esta nueva ética, como señala Trent Hamman, se constituye bajo la constitución de un “nuevo hombre”, un homo economicus, que somete a una evaluación económica todas las decisiones de su vida. Este sujeto se concibe a sí mismo como un ente autónomo, atomizado, que circula por la sociedad realizando constantemente cálculos de costo-beneficio9.

7 De las diversas transformaciones introducidas por el neoliberalismo, la que puntualmente me interesa aquí es la valoración de la vida. A mi juicio, lo que comienza a operar al interior de El Salvador es precisamente un mecanismo de precarización de la vida, que termina por quitarle todo valor a esta y la sentencia a la más absoluta desprotección. En base a esto, se puede afirmar que con el fin de la guerra, y la transformación en la violencia experimentada en el país, comenzó una des-teleologización de la muerte. Este mecanismo operó en una doble dimensión, por un lado, por medio de la negación sistemática de todo acto reparatorio o de justicia hacia las decenas de miles de víctimas de la guerra civil, incluyendo a los torturados y desplazados; y por otro, por medio de la negación de cualquier potencial transformador al acto de morir de una persona. De esta forma, y ya pensando exclusivamente en la violencia que se vive actualmente en el país, la precariedad de la vida ha pasado a convertirse en un asunto privado. A una interacción entre sujetos autónomos e individuales. En otras palabras, lo que hace el neoliberalismo por medio de la inscripción de una nueva subjetividad es precisamente el de – en apariencia – despolitizar la muerte. Por medio de esta despolitización, sustentada en la visión de los ciudadanos como entes autónomos que interactúan libremente en el mercado, no sólo se intenta reprimir de forma permanente cualquier tipo de flujo liberador que se escape de las nuevas normas soberanas, sino también, negar cualquier tipo de valor a las vidas que, a juicio del poder, no merecen ser vividas.

8 Siguiendo esta línea, Judith Butler ha propuesto dos conceptos importantes que aportan en esta reflexión: precariedad ( precariousness ) y precaridad ( precarious10 ). El primero, señala Butler, corresponde a la precariedad inherente a toda vida. Vale decir, a la posibilidad de ser arrebatada sin mayores esfuerzos, ya sea por un accidente o como una acción realizada a voluntad. La precariedad, en otras palabras, es “algo coincidente con el nacimiento mismo11”. Por otra parte, la idea de precaridad ( precarious ) designa “la condición políticamente inducida en la cual ciertas poblaciones sufren la falla de las redes de apoyo sociales y económicas, lo que las expone al daño, la violencia y la muerte12”. Esto implica, en otras palabras, que la condición de precariedad ( precariousness ) es algo compartido por toda la humanidad. Sin embargo, existe una división entre aquellas personas que “están vivas”, puesto que no todas logran ser calificadas como “vida”. Siguiendo este argumento, Butler señala que aquellas vidas que son catalogables como precarias ( precarious ) son precisamente aquellas sobre las cuales no opera el lamento ni el trabajo del duelo13. En otras palabras, dado que sus vidas nunca tuvieron valor, su muerte no merece tampoco ningún tipo de deferencia ni reconocimiento. Para Butler, lo que opera en el centro de la constitución de la precaridad ( precarious ) de la vida es la falla de la ética, la que, siguiendo a Levinas, debe entenderse como la capacidad de reconocer en el Otro un rostro, que metaforiza la humanidad de todo sujeto14.

9 Para comenzar a analizar la forma en que Claudia Hernández dialoga y se relaciona con la discusión antes expuesta, me detendré en primer lugar en el cuento “Hoy (por la mañana)” ( Otras ciudades [2001]). Esta historia nos narra un breve acontecimiento: Un joven toca la puerta de la narradora y le pide que lo esconda en su casa, puesto que lo persiguen para matarlo. La mujer, sin embargo, le responde que lo lamenta mucho pero que está con niños a su cuidado. El hombre se aleja de la casa y a los pocos metros es alcanzado por dos balazos. Luego, los vecinos se reunen a su alrededor y lloran su muerte. Pese a que los hechos que acontecen en la historia son pocos, más de la mitad de la narración se orienta a reflexionar en torno a un escenario alternativo. Así, casi toda la segunda mitad del cuento se narra en condicional diciendo las cosas que habrían sucedido si el muchacho hubiese tocado la puerta de otra vecina y no la de la mujer que cuidaba los niños. El cuento cierra con una visión colectiva del hecho, donde se reconoce que el barrio acaba de adquirir su primera culpa. Así, no obstante su brevedad, este relato se constituye como una importante reflexión tanto sobre las transformaciones éticas introducidas por el neoliberalismo como con respecto al problema de la precariedad.

10 En primer lugar, este cuento nos introduce en una atmósfera sobre la cual la narradora parece lamentarse. En las breves páginas que componen el relato nos queda absolutamente claro como lectores de que estamos inmersos en un escenario en el cual las cosas han cambiado recientemente, y en el que nadie parece estar muy orgulloso de lo que ocurre. Uno de los primeros recursos para manifestar esto lo encontramos en las líneas que abren el cuento: “El hombre era en realidad un muchachito, ventiuno o veintidos años, no más, pero hablaba como si tuviera más de treinta15”. Estas primeras palabras de la narradora nos dejan en claro que el espacio que habitan los personajes es uno en que la juventud y la infancia se posicionan casi como etapas perdidas, puesto que la situación obliga al envejecimiento prematuro. Lo mismo ocurre con la narradora, quien al escuchar su petición piensa “a mí, que no soy tan mayor, apenas unos años más que él16”. Por medio de este recurso, la narración nos ubica en un espacio en el cual la juventud, más que ser una etapa de formación o de diversión, es un momento en que la propia vida ya se encuentra en juego. En otras palabras, el ser joven no es considerado como una posición privilegiada en la cual “se tenga toda la vida por delante”, sino más bien, es sinónimo de estar expuesto a todos los peligros que su situación de marginalidad les ofrece.

11 Pero lo que pone en peligro la vida de las personas ya no es la represión militar ni el terrorismo de Estado, sino más bien, el rostro anónimo de la privatización y el mercado. El joven que huye no lo hace por motivos políticos, sino más bien, como el cuento deja en claro, porque se debe haber metido en algún lío. Al meterse en problemas de forma individual, no le queda otra que huir ante la total desprotección en la que se encuentra. Dado que no existe ninguna institución que pueda garantizar su seguridad, el joven sólo tiene la posibilidad de pedir refugio y protección a los miembros de su barrio, de su comunidad, a los que son iguales que él.

12 La violencia sin rostro que lo persigue se metaforiza en las balas que corren tras sus pasos. Como vemos en el cuento, en ningún momento se menciona a quiénes lo buscan, ni mucho menos se les describe o se les nombra. Muy por el contrario, el joven es perseguido simplemente por balas anónimas “en busca de sus huellas17”, las que finalmente “lo detuvieron18” al llegar a la esquina de la cuadra. Si bien esto podría ser fácilmente atribuible a la violencia actualmente ejercida por las maras que dominan gran parte del país, también es cierto que las balas que circulan libremente por la narración en busca de su víctima pueden ser entendidas bajo la noción de “violencia objetiva” que nos ofrece Slavoj Žižek. Para el filósofo esloveno, esta idea debe ser entendida como la violencia inherente al estado normal de las cosas, y por ende, resulta muchas veces invisible. Junto con esto, la violencia objetiva se caracteriza por ser la violencia sistémica fundamental del capitalismo transnacional, la que ya “no es atribuíble a ningún individuo concreto o sus “perversas” intenciones, sino más bien es puramente “objetiva”, sistémica, anónima19”. Siguiendo esta línea, si identificamos en las balas sin armas ni tiradores que persiguen al muchacho de la historia a la represión y violencia ejercida por el mercado transnacional y a su control por sobre toda entidad de administración local, debemos a su vez entender que esto grafica una profunda transformación a nivel social, la que no deja de afectar directamente las subjetividades de los individuos inmersos en dicha dominación. Esta violencia objetiva termina siendo, en última instancia, la responsable de todo tipo de trastocación en la valoración ética de los individuos, lo que se aprecia de forma abierta en el cuento.

13 Una vez que las balas alcanzan al joven que huye de ellas, los vecinos del barrio se reunen alrededor de su cadáver. En dicho momento, pese a que nadie le prestó ayuda, todos comienzan a lamentarse: “Había sido todo, tristemente. Lo comentamos con pesar, como si hubiéramos conocido al chico desde siempre y conversado con su madre por las tardes; no era que lo quisiéramos, pero se trataba de un ser humano20 ”. Lo interesante es que sólo en el instante de su muerte la comunidad es capaz de otorgarle un rostro (en el sentido levinasiano), y por ende, lo reconocen como parte de ellos mismos, de un “nosotros” identitario. De esta forma, la idea que parece problematizar el cuento radica en la deshumanización, en la precaridad ( precarious ) de la vida de los sujetos marginales. Sin embargo, el cuento tiene al respecto un giro interesante, puesto que si bien los vecinos parecen excluir de la comunidad de seres que son susceptibles de ser reconocidos como “humanos” – y por ende “vivos”- al muchacho, en el momento en que las balas lo han alcanzado se produce un vuelco en su percepción, y pasan a reconocerlo, de forma póstuma, como un ser humano cuya muerte merece ser llorada.

14 A raíz de la muerte del muchacho, tiene lugar la reflexión central del cuento, la que apunta al profundo sentimiento de culpa y arrepentimiento por lo que ha sucedido. Como se dijo en un principio, el cuento comunica una sensación de desagrado y de inconformidad con la situación en la que viven, y también hacia las cosas que los han llevado a dicho escenario. Sin embargo, nada parece poseer la fuerza necesaria para revertir esta situación. En el relato, el barrio es representado como un espacio habitado por personas que son incapaces de tomar una acción y enfrentar la vida que llevan. Por lo mismo, no sólo la narradora sino todo el resto de los vecinos hacen oídos sordos a la petición del joven de darle refugio. No obstante, una vez que el muchacho ha muerto, la narradora se lamenta de que el joven no hubiera ido a tocar la puerta a la señora de la casa 41, “que no teme, que es valiente, que si lo hubiera visto no hubiera esperado a que se acercara, habría abierto la puerta y llamado para que entrara21”. Sin embargo, la misma narradora nos señala un poco más adelante que, de haber tocado la puerta de dicha mujer, no le hubiera podido abrir, puesto que ella “dice haber salido por el pan a una hora en que no suele hacerlo22”. Este hecho nos hace poner en duda la capacidad cuasi mesiánica y redentora de la vecina del número 41, puesto que mientras es posicionada por la narradora como la única persona en todo el barrio capaz de haber ayudado al muchacho, termina por develar que justo en dicho momento no se encontraba en casa, lo que no termina de resultar del todo creíble y abre la posibilidad de que dicha mujer tampoco haya podido escapar a la imposición de la ética neoliberal que aboga por la autoconservación, el individualismo y la necesidad de superar por medios propios cualquier tipo de adversidad.

15 En el momento en que los vecinos se reunen en torno al cadáver del joven para llorar y lamentar su suerte, comienza el proceso de culpa. Sus lágrimas no sólo son por la vida perdida, sino también, por su propia impotencia ante lo sucedido. Así, la muerte del muchacho se convierte en una herida de la cual el barrio no podrá librarse. Esa culpa se materializa en algo concreto, la mancha de sangre que ya se ha secado y que no podrán limpiar de la muralla de uno de los vecinos. Es en dicho momento en que la narradora reconoce la tardanza de su accionar y lamenta su incapacidad de reaccionar éticamente ante una persona que lo necesitaba, puesto que, como ya hemos dicho, no será hasta que el muchacho se haye muerto en el piso que será reconocido como humano. En sus palabras: “pero es ya tarde para todos: tarde para los dueños de la casa de muro rosa, que ya no podrán quitarla [la mancha de sangre]: tarde para el muchacho que ya no podrá recuperar lo perdido: tarde para el barrio, que siendo tan nuevo cuenta ya con su primera culpa23 ”. Este momento expresa la ruina de la ética de la comunidad, y deja en claro el triunfo indiscutible de la ética neoliberal, orientada al cálculo económico e individual de todas las situaciones bajo principios de costo-beneficio.

16 Para reafirmar lo anterior, no debemos dejar de notar que el motivo por el cual la narradora no le abre la puerta al joven se basa en un mero cálculo económico. La respuesta que le da al joven deja este punto absolutamente en claro: “tenía niños ajenos bajo mi cargo, si estuviera sola le aseguro que lo pasaría de inmediato, pero hay niños, mire, cuatro, y no puedo arriesgar a cuatro chiquititos por iba a decirle por usted, pero ya él había entendido que no se pone en riesgo la seguridad de cuatro niños por un desconocido al que persiguen24”. De esta forma, cuando la narradora se lamenta hacia el final del cuento lo hace también por su propio actuar, por haber sido víctima de una reconfiguración subjetiva que le impide ver el rostro en el otro. Este sólo podrá verlo una vez que el chico esté muerto, y como bien dice la narración, ya será demasiado tarde.

17 En definitiva, vemos que en este cuento Hernández nos expone de forma magistralmente sintética un problema sumamente profundo: la transformación ética introducida por el neoliberalismo. Esta se manifiesta por la evaluación económica de las circunstancias que los rodean y por el predominio absoluto de la autosubsistencia. Sin embargo, como nos expresa el relato, existe un profundo sentimiento de culpa y responsabilidad por parte de quienes han experimentado dicha transformación en sus vidas. Por lo mismo, si bien ninguno es capaz de ayudar al joven en peligro, tras su muerte asumen su responsabilidad y lo lloran. De esta forma, como un acto póstumo, los miembros del barrio, de la comunidad neoliberal, lloran a quien ha sido víctima de su propia inacción. Este lamento, aunque tardío, es el que nos transmite que existe una consciencia subterránea que, internamente, sufre por la rearticulación de las subjetividades en el marco del capitalismo transnacional de finales del siglo XX.

18 Por otro lado, el cuento “Fauna de alcantarilla” ( Mediodía de frontera [2002]) nos expone una nueva dimensión en el marco de la precarización de la vida. Esta vez, orientada plenamente hacia la deshumanización de los sujetos. El relato narra la historia de un hombre escamoso que vive en una alcantarilla junto a su esposa y sus dos hijos. El hombre sale tres veces al día para procurar alimento para su familia, cazando a los gatos y perros que viven en el barrio. Los vecinos, alarmados por la situación, le piden al cuidador que lo atrape, sin embargo, una vez que lo tienen en su poder, el hombre escamoso logra escapar. Luego piensan llevarlo al zoológico, pero este les informa que no les interesa hacerse cargo de seres humanos porque son muy problemáticos. Finalmente, deciden tapar todas las posibles salidas de la alcantarilla y dejarlos morir de hambre y de asfixia. Cumplen su meta sin problemas y después de una semana deciden cubrir sus cuerpos con cal para que el olor no sea muy molesto.

19En esta narración, encontramos que el problema de la precariedad de la vida se aborda desde diversas perspectivas. Todas ellas, sin embargo, dan cuenta y problematizan las transformaciones que el valor de la vida y la condición de humanidad han experimentado en el último tiempo. En este cuento, una vez más, no nos enfrentamos a una violencia que pueda ser fácilmente relacionada con la represión militar o el terrorismo de Estado, sino más bien, esta se haya en la propia sociedad, la que se basta a sí misma para llevar a cabo las más terribles atrocidades.

20 Un primer elemento que merece ser destacado es la evidente delimitación social que el cuento establece. Lo que encontramos en este relato es el mecanismo de construcción de una comunidad, denominada “vecinos”, que posee la capacidad de establecer los límites entre el adentro y el afuera de la propia comunidad. Sin embargo, esta separación no sólo trae consigo un sentido de pertenencia o identificación, sino también, se relaciona íntegramente con la posibilidad de ser reconocido como un ser humano. De esta forma, al establecer un marco al interior de la comunidad, se configura, siguiendo a Judith Butler, “un límite en el discurso que establece los límites de la inteligibilidad humana25 ”. Así, quienes quedan dentro de los límites de la comunidad gozan de los derechos de pertenencia, siendo sin duda el más importante el ser reconocido como personas. Por su parte, los excluídos de la comunidad, representados en la figura del hombre escamoso, serán marcados como un extraño, como un extranjero, y por ende, se hayarán privados de todo reconocimiento humano. En la narración, lo anterior se manifiesta por medio de la construcción del personaje de “los vecinos”, que si bien representa a una colectividad, se constituye y actúa como si fuera un personaje individual libre de diferencias internas.

21 El hecho de que el hombre con escamas no sea reconocido como un humano permite que los vecinos cancelen toda posibilidad de diálogo con él. De esta forma, nadie se acerca a hablarle ni mucho menos a ofrecerle ayuda. La solución debe ser tomada como si aquel ser careciera de cualquier tipo de inteligencia y autonomía. Para los vecinos, no es más que un intruso del cual deben deshacerse a como de lugar. Siguiendo este punto, podemos plantear que el mayor problema de los vecinos no es que el hombre escamoso se alimente de sus mascotas, sino más bien, su mera presencia. Esta idea se apoya en la reacción de los vecinos una vez que el hombre con escamas ha logrado escapar tras su captura inicial. Al volver a las cloacas con su familia, esta lo recibe con alegría, lo que aterró a los vecinos dado que “Se sintieron invadidos, plagados26”.

22Otro aspecto sobre el que vale la pena detenerse es la relación que las instituciones oficiales guardan con la precarización de la vida de los sujetos. En primer lugar, todos los personajes que interactúan con el hombre escamoso son conscientes de que aquello es un problema que debe resolverse entre privados. Ni la paupérrima situación del hombre ni el hecho de que este cace a las mascotas de los habitantes del barrio son un problema que preocupe mayormente al Estado. Esto se aprecia en el momento en que el cuidador del barrio atrapa al hombre con escamas y decide entregárselo a los vecinos, puesto que sabe que “en la delegación de policía … no se encargaban de casos como este27 ”. Que la policía no actúe puede significar al menos dos cosas. Por un lado, que no se está en presencia de ningún crimen, o de nada que en términos generales sea contrario a la ley o al llamado “orden público”. Por lo tanto, se limita a un problema entre sujetos individuales que debe ser solucionado como tal, aunque eso implique el asesinato de una persona. Pero junto con esto, y aquí sigo a Jacques Rancière, porque debemos entender que el rol de la policía es precisamente el de repartir y administrar las sensibilidades al interior de una determinada comunidad. Por ende, si la policía no interviene es precisamente porque ella es la responsable de las reparticiones que tienen lugar dentro de la narración, y por ende, las respalda y apoya28.

23 Otra institución que aparece en el cuento es el zoológico. Inicialmente, asumen que en dicho lugar podrán recluirlo sin problemas, no obstante, la institución se niega a recibirlo alegando que “No estaban interesados. Ahí solo se ocupan de animales, nada de hombres, mucho menos con familia … Animales querían ellos29 ”. En un primer momento, la respuesta del zoológico transmite a los lectores que la atmósfera global de deshumanización y precariedad que inunda el cuento sólo se limita a los habitantes del barrio en que vive el hombre escamoso. El zoológico, al parecer, sí tiene claro que el hombre es un humano, y por ende, que no corresponde que sea encerrado en dicho lugar sin importar sus costumbres o alimentación. Sin embargo, inmediatamente después, el zoológico rompe con esta primera impresión al señalar: “Ya antes habían acogido a un hombre y les resultó molesto porque incomodaba a los animales y además exigía demasiado” (64). De esta forma, el zoológico no sólo avala la posibilidad de encerrar a una persona dentro de sus instalaciones, lo que trae consigo su plena deshumanización, sino también, lo rechaza como potencial “huésped” justamente por ser un problema. En otras palabras, que el zoológico no quiera recibir al hombre con escamas no se debe a que consideren que es una persona cuyo lugar se encuentra al interior de la sociedad, sino más bien, porque su experiencia les ha demostrado que resulta muy molesto tener a un hombre como residente en el zoológico. Sin embargo, una vez más, no existe ningún tipo de reproche ético ni cuestionamiento alguno por la voluntad de encerrar al hombre con escamas. El zoológico, en tanto institución oficial, también reconoce la posibilidad de encerrar a un hombre sin que cometa crimen alguno, sino más bien, por el mero hecho de ser un marginado.

24Este último punto deja en evidencia que parece no existir ningún tipo de poder o autoridad que se haga responsable por la situación que sufre el hombre escamoso ni del problema que aqueja a los vecinos. Esto marca un quiebre importante con lo que hasta hace pocas décadas había sido el Estado moderno, el que por diversos mecanismos intentaba incorporar forzosamente a sus súbditos dentro del aparato productivo30. Sin embargo, en el Estado neoliberal los individuos son dejados para que interactúen sin ningún tipo de regulación o protección, desconociendo cualquier tipo de relación de poder y asimetría que pueda existir al interior de una determinada sociedad. Así, al retirarse el Estado, se profundiza necesariamente la condición de precariedad de la vida de los sujetos, las que quedan a la deriva y expuestas a su suerte.

25 Como último elemento, habría que referirse a las líneas finales del cuento, donde presenciamos el desenlace de la historia. Los vecinos cierran todas las tapas de la alcantarilla para que la familia muera de hambre y de asfixia. Tras una semana, los lamentos cesaron y un olor a podredumbre inundó el barrio. Los vecinos destaparon la cloaca y cubrieron los cuerpos con cal para controlar el olor. Algunas semanas después, “se les ocurrió pensar que habría sido más fácil convencerlos de que regresaran a su lugar de origen o atraparlos con una red y luego arrojarlos en el pantano, de donde probablemente habían llegado31 ”. Lo llamativo de este final es que, en parte, nos recuerda el final de “Hoy (por la mañana)”, puesto que una vez que ha ocurrido la muerte de los personajes, un cierto arrepentimiento aparece en los miembros de la comunidad. Sin embargo, a diferencia del cuento anterior, en que se ofrecía un homenaje póstumo al joven asesinado en el cual se le reconocía su humanidad, en “Fauna de alcantarilla” los asesinos de la familia no expresan algún tipo de remordimiento por la muerte de los seres escamosos. Si bien es verdad que la posibilidad de hablar con ellos aparece únicamente con posterioridad al asesinato, lo que podría entenderse como un reconocimiento tardío sobre su humanidad, considero que en este caso el reconocimiento funciona más bien como algo pragmático, puesto que de haber actuado diferente se hubieran ahorrado todos los problemas que les ocasionó el haberlos matado. Los vecinos asumen que su actuar no fue óptimo, y por lo tanto, asumen que tomarán en cuenta dicha posibilidad para una futura ocasión.

26 Por medio de este elemento, creo que la narración de Hernández busca una vez más llamar la atención sobre las profundas transformaciones éticas que tienen lugar de la mano de la implementación del neoliberalismo. Así, el cuento no sólo nos habla de la delimitación de un “nosotros”, que yace detrás de todo reconocimiento humanitario, sino también, profundiza en torno a la desvalorización de la vida que llega de la mano con el fomento de la individualización y de la privatización casi total de las cosas. En este cuento, a diferencia del analizado anteriormente, parece no quedar ya posibilidad alguna de redimirse. Los personajes ya no lamentan su forma de contribuir a la precaridad de la vida de las personas. Son seres que han traspasado la frontera de la reconfiguración subjetiva neoliberal y que se asumen como entidades individuales en cuyas manos recae su única posibilidad de supervivencia.

27 Una vez visto lo anterior, entendemos que este relato no sólo nos arroja a un “mundo deshumanizado”, como ha señalado Alexandra Ortiz pensando este cuento dentro del contexto global de Mediodía de frontera32, sino también, nos expone los mecanismos mediante los cuales esta deshumanización tiene lugar. Este proceso, sin embargo, no debe entenderse como un fenómeno aislado o como algo que deba restringirse al libro que contiene “Fauna de alcantarilla”, sino más bien, debe concebirse dentro de una escritura orientada a narrar la precariedad absoluta de la vida en El Salvador neoliberal de la postguerra.

28 A continuación, y como último ejemplo dentro de la escritura de la precariedad en Claudia Hernández, analizaré el cuento “La han despedido de nuevo” ( Olvida uno [2005)]). La historia nos narra la vida de Lourdes, quien llega a Nueva York como inmigrante indocumentada. Tras llegar a la casa de su tía, comienza a buscar trabajo al tiempo que empieza a estudiar inglés. Durante su estadía en la ciudad, cambia constantemente de ocupación y conoce a diversas personas con quienes interactúa en mayor o menor medida. Finalmente es “rescatada” por una amiga quien la entrega a los animales encargados de llevarse a las mujeres de la ciudad y regresa a casa.

29 Este cuento es fundamental para discutir el problema de la precariedad en la narrativa de Hernández, principalmente porque a lo largo de sus páginas profundiza en diversos aspectos en torno a este fenómeno. El primero de ellos se relaciona directamente con la precariedad económica producto de la globalización y el neoliberalismo. Esta se manifiesta de forma evidente en la constante y vertiginosa circulación de empleos por los que pasa tanto Lourdes como los diversos personajes que habitan el cuento. Cada uno de ellos se encuentra absolutamente deshumanizado y es transformado en una pieza que rota, según sus posibilidades, por el mercado del trabajo de la ciudad norteamericana, desenvolviéndose en los más diversos oficios, desde la industria manufacturera hasta cuidar ancianos. La situación a la que nos enfrenta este cuento es la consecuencia directa de la mercantilización planetaria de los bienes y servicios, lo que genera, como efecto paralelo, la masiva migración de personas en busca de mejores oportunidades de las que ofrecen sus respectivos países. Estos individuos, sin embargo, no llegan a la gran ciudad a vivir una vida de lujos y beneficios, sino más bien, deben enfrentarse a la discriminación, la inestabilidad laboral, la falta de trabajo, y por supuesto, a la más absoluta deshumanización para convertirse en meras piezas dentro de la máquina productiva, al tiempo que sólo pueden acceder parcialmente al consumo. De esta forma, por medio de la marginación y segregación que sufren los personajes en el cuento, Hernández nos muestra “la realidad de la globalización económica33”.

30 La voluntad de incorporarse a la brutal máquina de producción y circulación por parte de los protagonistas se ampara en el sueño de éxito. Para esto, son fundamentales las historias que circulan dentro del cuento y que alimentan la fantasía de Lourdes de que algún día logrará hacerse rica y triunfar en la gran ciudad. Un ejemplo de lo anterior es la historia que oye la protagonista sobre Samah, una mujer siria que al llegar a Nueva York no sabía inglés pero que gracias a su belleza y personalidad logró desenvolverse muy bien en el diner donde trabajaba. Esto le permitió ganar buenas propinas y cambiarse a un trabajo de mayor prestigio. Estas historias de “éxito” circulan frecuentemente al interior de la narración y son la gran motivación para quienes desean también triunfar económicamente en la ciudad. Sin embargo, al menos dos cosas quedan muy en claro. La primera, que detrás de cualquier tipo de éxito económico siempre se haya un aspecto sexual. Samah es un buen ejemplo puesto que todos sus logros se basaban en su apariencia física y en su coquetería. Pero a su vez, la historia de Samah no termina de desarrollarse, puesto que lo último que sabemos de ella es que está “tratando de entrar en uno [un restaurante] de Manhattan34”. Vale decir, que si bien ha logrado escalar algunas posiciones y adquirir mayor poder adquisitivo del que tenía cuando comenzó, aún se encuentra muy lejos de alcanzar una posición privilegiada. Esta característica será transversal en la vida de casi todos los personajes que pueblan el cuento, puesto que muchos estarán siempre a un paso de conseguir lo que quieren, sin embargo, dicho paso terminará perpetuándose y el fracaso de los sueños iniciales se instalará como una constante en la vida de los sujetos.

31 Ahora bien, como se dijo en un comienzo, la evaluación económica, y su aplicación a los diversos espacios de la vida es una de las características centrales de la transformación subjetiva impulsada por el neoliberalismo, la que se profundiza en el caso de las llamadas vidas precarias. En el relato, este cálculo es la norma, e inunda todos los aspectos de los personajes del relato. Las manifestaciones más interesantes de esto son las que ocurren en el plano de la construcción de género, las relaciones afectivas y la sexualidad. Antes de desarrollar esto, es importante dejar en claro que casi la totalidad de los personajes de la novela son mujeres. Esto permite que las figuras del cuento hablen libremente y sin tapujos sobre consejos y sugerencias para poder triunfar en la gran ciudad, los que se encuentran casi siempre atravesados por las herramientas que como mujeres poseen (sensualidad, erotismo, sexualidad, etc.). Si bien algunos hombres son mencionados, estos siempre son presentados con desconfianza, como sujetos negativos que ocultan sus verdaderas intenciones. De esta forma, una vez que Lourdes llega a la ciudad no sólo debe enfrentarse a un espacio que la rechaza y margina, sino también, a un lugar en el cual los hombres son también una constante amenaza.

32 Dentro del cuento, casi todos los personajes comparten la visión de que una mujer joven y bonita debe aprovechar cualquier oportunidad para comenzar una relación con un hombre con dinero, sin importar si este es casado o soltero, o si le gusta o no. Por lo mismo, la apariencia personal resulta esencial. Así, cuando Lourdes se haya recién llegada, es llevada por su tía y unas amigas a la peluquería para que se arregle las cejas y la dejen lo más bonita posible, porque “lo importante es que mejorés tu apariencia35”. Dentro de la historia, la apariencia física termina por convertirse en el vehículo de asenso social y parece ser la principal herramienta que poseen las mujeres que llegan a la ciudad para poder sobrevivir, y eventualmente, triunfar. Por esto, sus amigas del diner le dicen a Lourdes que no sólo debe verse bonita, sino también, explotar su sensualidad con el objetivo de ganar más dinero. Para demostrarle esto, le mencionan el ejemplo de una chica búlgara que trabaja en el diner, quien “Por cómo mueve el culo los clientes le dan mejores propinas que a los que les servimos la comida36”.

33 Pero no sólo la apariencia física y la sensualidad son importantes. En la precarización absoluta de la vida de las mujeres del cuento, el plano afectivo también se encuentra atravesado por un cálculo de conveniencia, primando el interés personal y económico por sobre los afectos. Esto se manifiesta muy bien en los diversos consejos que recibe Lourdes por parte de las mujeres con más experiencia en la ciudad, quienes le insisten que el criterio económico debe prevalecer por sobre todo a la hora de buscar novio. Por lo mismo, le insisten que “Nunca hay que meterse en algo serio con los que ganan poco. Con ellos puede una divertirse un rato, pero no más … esos nunca progresan37”. Pero no sólo el dinero es importante, sino también, regularizar su estatus migratorio. Por esto, una de las amigas de Lourdes también le aconseja que “Si vas a meterte con uno que no sea hispano, decídete por un gringo. Y trata de casarte con él: es la mejor manera de obtener los papeles rápido38”. En estas referencias, apreciamos claramente que en el marco de la precarización de la vida impulsada por el neoliberalismo, hasta las más íntimas y personales decisiones se encuentran atravesadas por una evaluación económica. De esta forma, la narración nos evidencia el profundo impacto que tiene en el plano afectivo la transformación en la subjetividad bajo el neoliberalismo. En este espacio, la sobrevivencia personal se convierte en la única meta, y para alcanzarla, incluso las cosas más personales e íntimas deben ser sometidas al juicio de la conveniencia.

34 En estas circunstancias, la sexualidad también pasa a integrarse como una mercancía. Debido a esto, es completamente valorado y aceptado el hecho de que una mujer tenga relaciones sexuales con un hombre para obtener beneficios económicos de corto, mediano o largo plazo. Esto se aprecia muy bien en la historia que escucha Lourdes de boca de una de las mujeres que conoce en la ciudad, quien le cuenta lo terrible que había sido su experiencia como recién llegada. Sin embargo, tuvo la suerte de que su jefe, un chino, se enamorara de ella. Mientras la mujer duda qué debe hacer, su casera la incita a que se involucre con él: “me dijo que aprovechara, que me fuera con el chino, que le diera toda la cama que quisiera, pero que, mientras anduviera él trabajando, me pusiera a aprender algo, inglés, cosmetología, cualquier cosa. Una vez que hayas aprendido y puedas trabajar en algo bueno, mi vida, lo mandas pal carajo … Eso sí: cógetelo bien, que de eso depende que siga contigo39”. La mujer finalmente lo hace, y tras dos años lo deja una vez que ha aprobado sus cursos de peluquería y conseguido un buen trabajo. Lo más terrible de esta situación es que todos son conscientes de que la relación sexual que mantiene la mujer con el chino se inscribe única y exclusivamente dentro de una transacción económica. Es la propia mujer quien explicita esto al señalar “Me cogí al chino por necesidad40”, puesto que no tenía ni dinero ni un buen lugar para vivir. Así, explotar la sexualidad femenina se convierte en algo no sólo aceptado sino también, hasta cierto punto, valorado dentro de las estrategias de sobrevivencia. Una vez más, lo que debe primar al interior de los sujetos precarios es el cálculo material de toda interacción con otros sujetos.

35 Lo interesante de toda esta problemática desarrollada en el cuento, es que establece que la migración a los EE.UU. no sólo termina por convertirse en una inserción en la máquina de precarización del capitalismo transnacional, sino también, que esta ocurre bajo las mismas pautas de dominación de género que opera generalmente en los países de origen de los migrantes. Esto es sin duda cierto para las mujeres salvadoreñas, quienes al llegar a Nueva York continúan viviendo en una situación de subalternidad y dependencia con respecto a los hombres. El cuento nos deja muy en claro que en la ciudad norteamericana el dinero está en los bolsillos de los hombres, y el deber de las mujeres que se buscan la vida en ella es el de hacer que ese dinero logre llegar a sus carteras. Para esto, toda herramienta y mecanismo es válido.

36 Todos los problemas antes presentados encuentran su máxima alegorización en la relación que mantiene Lourdes con el Señor Orestes. Este último es un ser extraño, el que es calificado como un “hombre sin cuerpo41”, y que le propone a la protagonista que se deje embarazar por él y así darle a luz a él mismo. A cambio, se le dará alojamiento y comida en una tortería, donde será cuidada por el dueño. Si bien en una primera lectura esta relación se presenta inexplicable, considero que funciona muy bien como una metáfora para referir a la reproducción absoluta de la precariedad en la que todos los personajes se ven envueltos, principalmente en lo que refiere a los marcos afectivos, de género y sexuales. Así, en el momento en que Lourdes acepta la protección del Señor Orestes, pese a que este sólo aparezca esporádicamente y sea un hombre sin cuerpo, ella asume su plena condición de precaridad ( precarious ) en el sentido de Butler. Parece no ver ninguna salida y se asume como una mujer arrojada a su suerte y a la desprotección en la gran ciudad. Por lo mismo, decide que su mejor opción es entregarse al hombre que la alimenta y le da un lugar donde vivir sin tener la necesidad de trabajar. Sin embargo, el precio de esto no es otro que la reproducción constante de todos los sistemas y mecanismos de precarización vistos hasta ahora. Por un lado, se priva de todo poder adquisitivo, su vida queda en manos de un otro, y además, esta posibilidad sólo le viene dada en tanto que ella es reconocida como una mujer bella cuyo rol es el de ser madre. Por lo mismo, uno de los objetivos de que Lourdes esté escondida y protegida en la tortería es que esté a salvo de los animales que se llevan a las chicas lejos de la ciudad. Esta situación genera una suerte de encierro en la protagonista, lo que evidencia su incapacidad de acción, y a su vez, la condena a permaner y reproducir el rol que le ha sido asignado. Sin embargo, la protagonista tiene una posibilidad de escapar. Esta se encuentra en los animales que rondan el cuento, y cuyo rol es rescatar a las mujeres que se han ido a la gran ciudad. Si bien estos seres parecen ser variados, hay uno en particular que llama toda la atención de Lourdes, el lobo de piedra. Este animal la persigue por toda la ciudad y se le aparece constantemente. El objetivo del lobo de piedra es decirle a Lourdes que la están engañando y explotando, que lo que le están dando no son más que migajas, y por lo mismo, la invita constantemente a que lo siga. No obstante, en el momento en que planean huir juntos el lobo de piedra no aparece y Lourdes debe volver a su vida. Aquel será el único intento de Lourdes por escapar, puesto que hacia el final del cuento parece decidida a someterse absolutamente a la máquina de precarización del capital, entregada completamente a su rol como reproductora social y cultural. Sin embargo, en el momento en que todo parece estar perdido, aparece una de sus amigas para rescatarla. Esta amiga sabe que es imposible sacar a Lourdes de la ciudad por los medios terrenales que están a su alcance, por esto, decide finalmente entregarla “a los animales que libran a las mujeres de la noche perpetua de la ciudad y las llevan de regreso a casa42”. De esta forma, Lourdes logra escapar – aunque en contra de su voluntad – a la reproducción de precariedad a la que la condena Nueva York. Es rescatada de un espiral de precaridad y deshumanización en el que comenzó a caer en el preciso momento que llegó a la gran ciudad en busca de lo que, ella pensaba, sería una mejor vida.

37 Finalmente, habría que señalar que la precarización de la vida de los sujetos que habitan la historia no sólo radica en sus paupérrimas condiciones laborales y económicas, o en la desvalorización total de sus vidas, sino también, se encuentra presente por medio de la misma escritura del cuento. Como bien ha notado Linda Craft, el relato se encuentra plagado de diversas personas, sin embargo, “la mayoría permanece anónima e invisible43”. Esto se manifiesta, por un lado, en la narración absolutamente vertiginosa en la cual los días, meses y años pasan de una línea a otra, lo que marca una fluir constante en el tiempo que supera a todos los personajes (“A eso de la medianoche cruzaron el puente hacia la ciudad y, cuando terminaron de reír, habían pasado ya tres días desde que se habían encontrado44”). Pero además, la narración nos ofrece una pluralidad de personajes que atraviesan la escritura apareciendo fugazmente, sometidos muchas veces al estilo indirecto libre que termina por deshumanizar y negar toda posibilidad de identificación a los personajes. De esta forma, si bien la figura central es Lourdes, sólo algunos de los personajes que la rodean son nombrados, y en casi ningún caso escuchamos su voz directamente. Esto genera un efecto en el cual no sólo la historia contada por el relato nos expone a la precariedad de los sujetos, sino también la misma narración que hace de ellos meras figuras intercambiables en un relato que parece reproducirse casi automáticamente y del cual resulta casi imposible escapar.

38En definitiva, por medio del análisis de estos tres cuentos hemos podido establecer que el fenómeno de la precariedad es algo transversal a gran parte de la obra de Hernández. Esto demuestra que existe una orientación muy marcada hacia la reflexión sobre dicho fenómeno, lo que permitiría entender parte importante de la obra literaria de la autora salvadoreña como una escritura de la precariedad. Junto con lo anterior, hemos visto que las formas de aproximarse a este fenómeno varían considerablemente de cuento en cuento, lo que demuestra no sólo una constante preocupación por el tema, sino también, la inmensa complejidad que este posee. Sin embargo, existe una raíz central a las diversas manifestaciones sobre la precariedad, la precaridad ( precarious ) de la vida (en el sentido expuesto por Judith Butler). Vale decir, que existe un sistema de condiciones políticas, sociales y económicas que hacen que la vida de ciertos sujetos pierda todo valor y no sean reconocidas como vidas que merezcan ser vividas. De esta forma, lo que la narrativa de Hernández evidencia muy bien es el hecho de que vivir no basta para ser reconocido como un ser humano, y nos revela no sólo las diversas manifestaciones de este fenómeno sino también las formas mediante las cuales se constituye.

39A mi juicio, el fenómeno de constituir vidas precarias en El Salvador ocurre de la mano con la implementación del neoliberalismo en el país, principalmente, porque se entiende este último como una transformación total y radical en las formas de vida y sociabilización al interior del país. Esto, por un lado, trajo consigo una negación consciente, a nivel social y político, de las condiciones necesarias para la vida de las personas, principalmente las más desposeídas y marginadas. Pero a su vez, el neoliberalismo se basa en un nuevo modelamiento de las subjetividades, en el cual se intenta someter toda decisión política y social al cálculo económico de costo-beneficio, al tiempo que se busca instaurar una nueva ética orientada al interés personal y a la reconfiguración de los marcos de la inteligibilidad humana.

40En “Hoy (por la mañana)”, percibimos una escritura que nos lleva a un espacio reciente en la transformación subjetiva y ética de las personas con respecto a la vida. En este relato, si bien existe un cierto reconocimiento al valor de la vida, este ocurre de forma tardía y póstuma. Esto nos deja de manifiesto que estamos en un espacio de reciente cambio, donde aún existe un cierto sentido de pérdida y de lamento por las transformaciones acontecidas en el entorno. No obstante, el cuidar de la propia vida ya ha pasado a convertirse en un asunto privado y en una evaluación de carácter económico. Un muerto es preferible a cuatro o cinco. Si bien los vecinos dejan muy en claro que se arrepienten y sufren por lo que ha ocurrido, son conscientes también de que nada pueden hacer para revertir la situación. En otras palabras, un cambio a nivel inconsciente ya ha ocurrido en ellos, y por más que lo resistan, poco o nada pueden hacer para revertirlo. Por otro lado, el relato “Fauna de alcantarilla” nos adentra en un escenario en el que todas las transformaciones subjetivas que eran hasta cierto punto resistidas o lamentadas en el cuento anterior, ya han terminado de ocurrir y afianzarse en la población. Los sujetos que pueblan el cuento se sienten absolutamente desprotegidos con respecto a su entorno. En lo único que confían es en ellos mismos, y por ende, se ven en la obligación de defenderse de todo aquello que les resulte ajeno o extraño por considerarlo una amenaza. De esta forma, la voz colectiva de “los vecinos” le niega todo estatus de humanidad a los seres escamosos que viven en la alcantarilla. No sólo no los ayudan, sino también, les niegan toda posibilidad de comunicación y expresión. Los vecinos simplemente deciden acabar con la vida de los otros por considerarlos un peligro para ellos. Este cuento trabaja muy bien con la construcción de un marco capaz de dar sentido a la noción de humanidad. Sin embargo, como vemos en el relato, este encuadramiento es por definición excluyente. Al ocurrir esto, los vecinos actúan de forma similar a como actúa la segregación neoliberal, distinguiendo explícitamente entre las vidas que merecen ser vividas y protegidas, y las que pueden ser exterminadas a voluntad y sin ninguna posibilidad de castigo. Por último, “La han despedido de nuevo” nos traslada a la vertiginosa precarización de todos los aspectos de la vida, la que se manifiesta por medio de la vida de los migrantes en la ciudad de Nueva York. En este relato, la precariedad inunda todos los aspectos de la vida de las personas, llegando incluso a inmiscuirse en los espacios más íntimos, como el plano afectivo y sexual. El cuento nos expone muy bien la transformación subjetiva producto del neoliberalismo, toda vez que los personajes se ven obligados a relegar todos sus valores, creencias e intereses, para limitarse a un cálculo de costo-beneficio en cada una de sus decisiones.

41Finalmente, todas estas manifestaciones de la precariedad expresadas en la escritura de Hernández nos permiten identificar las mutaciones subjetivas, sociales y éticas con las transformaciones totalizantes introducidas por el neoliberalismo. Por medio de esto, se ha propuesto que la precarización de la vida a partir de los años noventa posee una diferencia fundamental con la experimentada desde los orígenes de la república, y principalmente con lo sucedido durante los doce años que duró la guerra civil. Para entender esta diferencia, es fundamental entender el concepto de muerte destelelogizada. Esto implica que en el marco de la circulación mundial de bienes y servicios, y el sometimiento de la vida en pleno a la evaluación económica, tiene lugar un fenómeno a través del cual se le priva de todo valor tanto a la vida como a la muerte de ciertos sujetos. Esto tiene lugar como consecuencia de un nuevo enmarcamiento subjetivo, en el cual algunas vidas no terminan nunca de ser reconocidas como tales, y por ende, su muerte no se constituye tampoco en ningún tipo de problema. Esto genera que la muerte pierda todo el potencial redentor y revolucionario de antaño, para convertirse en un acto cotidiano, privado, y carente de sentido. En otras palabras, en el marco de la precaridad de la vida impulsada por el neoliberalismo imperante, el vivir y morir ha perdido todo valor sacrificial.

Bibliografía

42Alegría, Claribel, No me agarran viva: la mujer salvadoreña en la lucha, (México: Ediciones Era, 1983).

43Butler, Judith, Frames of War. When is Life Grievable? (Londres/Nueva York: Verso, 2009).

44___________, Precarious Life. The powers of Mourning and Violence, (Londres/Nueva York: Verso, 2004).

45Corado Figueroa, Humberto, En defensa de la patria. Historia del conflicto armado en El Salvador 1980-1992, (El Salvador: Universidad Tecnológica de El Salvador, 2008).

46Craft, Linda, “Viajes fantásticos: Cuentos de [in]migración e imaginación de Claudia Hernández”, en Revista Iberoamericana LXXIX.242 (2013), págs. 181-194.

47Davies, William, The Limits of Neoliberalism, (Londres, SAGE Publications, 2014).

48Guirola, Norma, Norma, vida insurgente y feminista, Centro de Estudios de la Mujer “Norma Virginia Guirola de Herrera” (El Salvador: CEMUJER, 1992).

49Hamamm, Trent, “Neoliberalism, Governability, and Ethics”, en Foucault Studies 6 (2009), págs. 37-59.

50Harvery, David, Breve historia del neoliberalismo, (España, Akal, 2007).

51Hernández, Claudia, “Fauna de alcantarilla”, en De fronteras (Guatemala, Editorial Piedra Santa, 2007), págs. 61-64.

52Hernández, Claudia, “Hoy (por la mañana)”, en Otras ciudades (El Salvador: Alkimia libros, 2001), págs. 15-16.

53Hernández, Claudia, “La han despedido de nuevo”, en Olvida uno (El Salvador: Índole editores, 2005), págs. 29-77.

54Levinas, Emmanuel, “El rostro y la exterioridad”, en Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad, (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2002), págs. 201-261.

55Lorenzana Krause, Rodrigo, Todos sabemos por qué morimos, (El Salvador: 199-?).

56Lungo, Irene, Castillos de Arena. Hegemonía y proyectos de derecha en El Salvador 1989-2004, (Tesis de Maestría, FLACSO-México, 2008).

57Molé, Noelle J., Labor Disorders in Neoliberal Italy Mobbing, well-being, and the Workplace, (Bloomington: Indiana University Press, 2012).

58Ortiz Wallner, Alexandra, “Claudia Hernández – Por una poética de la prosa en tiempos violentos”, en LEJANA. Revista crítica de narrativa breve 6 (2013). Web.

59Procolo, Angela (ed.), Workers and Narratives of Survival in Europe, (Albany: State University of New York Press, 2004).

60Rancière, Jacques, Diez tesis sobre la política. Política, policía, democracia, (Santiago: LOM Ediciones, 2006).

61Roque Baldovinos, Ricardo, “Duelo y memoria. Sobre la narrativa de postguerra en El Salvador”, en Niños de un planeta extraño, (El Salvador: Universidad Don Bosco, 2012), págs. 172-183.

62Standing, Guy, A Precariat Charter: From Denizens to Citizens, (Londres/Nueva York: Bloomsbury Academic, 2014).

63_________, The Precariat. The New Dangerous Social Class, (Londres/Nueva York: Bloomsbury Academic, 2011).

64Žižek, Slavoj, On Violence. Six Sideways Reflections (Nueva York: Picador, 2008).

65Notas de final de páginas

661 Véanse Guy Standing, The Precariat. The New Dangerous Social Class, (Londres/Nueva York: Bloomsbury Academic, 2011) y A Precariat Charter: From Denizens to Citizens, (Londres/Nueva York: Bloomsbury Academic, 2014); Angela Procolo (ed.), Workers and Narratives of Survival in Europe, (Albany, State University of New York Press, 2004); y Noelle J. Molé, Labor Disorders in Neoliberal Italy Mobbing, well-being, and the Workplace, (Bloomington, Indiana University Press, 2012).

672 Claribel Alegría, No me agarran viva: la mujer salvadoreña en la lucha, (México, Ediciones Era, 1983); Norma Guirola, Norma, vida insurgente y feminista, Centro de Estudios de la Mujer “Norma Virginia Guirola de Herrera” (El Salvador, CEMUJER, 1992).

683 Veánse Rodrigo Lorenzana Krause, Todos sabemos por qué morimos, (El Salvador, 199-?); y Humberto Corado Figueroa, En defensa de la patria. Historia del conflicto armado en El Salvador 1980-1992, (El Salvador, Universidad Tecnológica de El Salvador, 2008).

694 David Harvery, Breve historia del neoliberalismo, (España, Akal, 2007), pág. 7.

705 William Davies, The Limits of Neoliberalism, (Londres, SAGE Publications, 2014), pág. 3.

716 Davies, The Limits, pág. 6.

727 Irene Lungo, Castillos de Arena. Hegemonía y proyectos de derecha en El Salvador 1989-2004, (Tesis de Maestría, FLACSO-México, 2008), pág. 73.

738 Ricardo Roque Baldovinos, “Duelo y memoria. Sobre la narrativa de postguerra en El Salvador” , en Niños de un planeta extraño, (El Salvador, Universidad Don Bosco, 2012), pág. 172.

749 Trent Hamamm, “Neoliberalism, Governability, and Ethics”, en Foucault Studies 6 (2009), pág. 38.

7510 La traducción corresponde a la edición en español del libro: Judith Butler, Marcos de guerra. Las vidas lloradas (México, Paidós, 2010). La distinción entre precariousness y precarity está hecha en la edición original en inglés, Judith Butler, Frames of War. When is Life Grievable?(Londres/Nueva York, Verso, 2009).

7611 Butler, Frames of War, pág. 14.

7712 Butler, Frames of War, pág. 25.

7813 Judith Butler, Precarious Life. The powers of Mourning and Violence, (Londres/Nueva York, Verso, 2004), pág. 32.

7914 Para profundizar en torno a este punto, ver Emmanuel Levinas, “El rostro y la exterioridad”, en Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad , (Salamanca, Ediciones Sígueme, 2002), págs. 201-261.

8015 Claudia Hernández, “Hoy (por la mañana)”, en Otras ciudades (El Salvador, Alkimia libros, 2001), pág. 15.

8116 Hernández, “Hoy”, pág. 15.

8217 Hernández, “Hoy”, pág. 15.

8318 Hernández, “Hoy”, pág. 15.

8419 Slavoj Žižek, On Violence. Six Sideways Reflections (Nueva York, Picador, 2008), pág. 13.

8520 Hernández, “Hoy”, pág. 15. Énfasis personal.

8621 Hernández, “Hoy”, pág. 15-16.

8722 Hernández, “Hoy”, pág. 16.

8823 Hernández, “Hoy”, pág. 16.

8924 Hernández, “Hoy”, pág. 15.

9025 Butler, Precarious Life, pág. 35.

9126 Claudia Hernández, “Fauna de alcantarilla”, en De fronteras (Guatemala, Editorial Piedra Santa, 2007), pág. 64.

9227 Hernández, “Fauna de alcantarilla”, pág. 64.

9328 Rancière, Jacques, _ Diez tesis sobre la política. Política, policía, democracia_, (Santiago, LOM Ediciones, 2006) págs. 70-71.

9429 Hernández, “Fauna de alcantarilla”, pág. 64.

9530 Un ejemplo de esto son las llamadas “leyes de vagancia” aprobadas durante los gobiernos liberales, a finales del siglo XIX, y que aún continúan vigentes.

9631 Hernández, “Fauna de alcantarilla”, pág. 64.

9732 Alexandra Ortiz Wallner, “Claudia Hernández – Por una poética de la prosa en tiempos violentos”, en LEJANA. Revista crítica de narrativa breve 6 (2013). Web.

9833 Žižek, On Violence, pág. 102.

9934 Claudia Hernández, “La han despedido de nuevo”, en Olvida uno (El Salvador, Índole editores, 2005), pág. 37.

10035 Hernández, “La han despedido de nuevo”, pág. 38.

10136 Hernández, “La han despedido de nuevo”, págs. 37-38.

10237 Hernández, “La han despedido de nuevo”, pag. 63.

10338 Hernández, “La han despedido de nuevo”, pág. 41

10439 Hernández, “La han despedido de nuevo”, págs. 40-41.

10540 Hernández, “La han despedido de nuevo”, pág. 41.

10641 Hernández, “La han despedido de nuevo”, pág. 63.

10742 Hernández, “La han despedido de nuevo”, pág. 77.

10843 Linda Craft, “Viajes fantásticos: Cuentos de [in]migración e imaginación de Claudia Hernández”, en Revista Iberoamericana LXXIX.242 (2013), pág. 185.

10944 Hernández, “La han despedido de nuevo”, pág. 60.

110

Para citar este artículo :

Ignacio Sarmiento, « Claudia Hernández y la escritura de la precariedad », Boletín AFEHC N°69, publicado el 04 junio 2016, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4297

Comentarios

Normas de uso

Esta es la opinión de los lectores de la AFEHC, no de la AFEHC No está permitido verter comentarios injuriantes. Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema. Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.

¿No tienes una cuenta todavía?
Puedes crear una

Como usuario registrado usted podrá publicar de forma inmediata comentarios con su nombre.