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AFEHC : transcripciones : Carta escrita por el arzobispo de Guatemala don Pedro Cortés y Larraz al rey don Carlos III de España. : Carta escrita por el arzobispo de Guatemala don Pedro Cortés y Larraz al rey don Carlos III de España.

Ficha n° 4309

Creada: 25 agosto 2016
Editada: 25 agosto 2016
Modificada: 25 agosto 2016

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Autor de la ficha:

Alejandro CONDE ROCHE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Carta escrita por el arzobispo de Guatemala don Pedro Cortés y Larraz al rey don Carlos III de España.

Copia de carta escrita por el arzobispo de Guatemala don Pedro Cortés y Larraz al rey de España Carlos III en su consejo, dando su parecer sobre el auxilio caritativo para socorrer a los pobres de la provincia después del terremoto de 1773.
Palabras claves :
Terremoto, auxilio, pobres, junta pía, necesidades.
Autor:
Don Pedro Cortés y Larraz
Ubicación:
AHAG. Fondo diocesano, secretaría. Informes de los prelados al rey de España. C1
Fecha:
1774-11-01
Paginas:
6
Texto íntegral:

1Carta N.1

2Copia de carta escrita por el arzobispo de Guatemala al rey en su consejo.
Señor

3Habiendo el paternal amor de vuestra majestad para con estos vuestros vasallos excedidose en la compasión y liberalidad hasta donde no pueden llegar las expresiones de la gratitud, no me inspira otras las que por tantos títulos debo reconocer en mi, que conminará mis votos a Dios, que ha enriquecido de tal corazón a vuestra majestad para que lo conserve en toda prosperidad muchos años y así la participe en la Iglesia, y estos dichosos reinos, a quienes la comunica vuestra real piedad tan francamente, como mejor que en mis pobres expresiones, la deberá celebrar todo el mundo en las cláusulas de vuestra real cédula fecha en Aranjuez 16 de junio de 1774, y a un mejor que en la celebridad de todo el mundo la veremos coronada de mucha gloria en el cielo. No dejará de suceder, cuando en una acción tan heroica, pero practicados todos los actos sobre que ha de recaer la sentencia, que para vuestra majestad y semejantes limosneros deberá llamar aplauso, y alabanza de una felicidad [ilegible].

4Deseando contribuir a que se logren los efectos de vuestro paternal amor a vuestros vasallos, se dice en la citada real cédula de vuestra majestad, por término de diez años el producto líquido del derecho de alcabalas para que aplicada la cuarta parte se dé el ala fábrica y restauración de los edificios públicos [ilegible]. [f1v] nueva ciudad, que distribuye el resto en socorro de los pobres necesitados al arbitrio de una junta que se ha de componer de las personas, que se dicen en la misma real cédula.

5Es indubitable, que esta copiosa cantidad liberada para el alivio de los pobres, alcanzará para el socorro de las necesidades que padecen, observándose en su distribución el mejor orden. Pero tampoco se debe dudar, que si este no se observa que darán sus necesidades no competentemente socorridas, aún con tan abundante limosna.

6Me hago cargo de que vuestra majestad a proveído a este inconveniente con admirable prudencia, dejando la distribución al arbitrio de una junta compuesta de las personas más condecoradas, y en quienes se debe suponer, procederán con la mayor equidad; pero como esta ha de fundarse en varios comprincipios, , que unos procederán de informes; otros del modo con que se aprehendan las necesidades; otros de cómo han de socorrer se, otros de cómo han de graduarse y de varios otros pendientes de la falibilidad del entendimiento humano, desearía, que vuestra majestad moderara y corrigiera los que consideró fundamentales para proceder por mi parte equitativamente.
Los pobres, que deben socorrerse, los considero de diferentes clases. Una es de personas honestas y que el rubor les embaraza pedir descubiertamente limosna, hallándose en necesidades gravísimas [f2] otra de personas ordinarias, más o menos, pero también necesitadas del mismo modo, y en ambas clases hay personas ancianas, impedidas, habitualmente enfermas y que necesitan muchas ser ayudadas para colocarse en los diversos estados a que aspiran. Otra de personas religiosas de ambos sexos y la de varones, debiendo vivir todas en sus conventos (pero no de otro modo) no dejarán de padecer sus necesidades. Otra de aquellas, que aunque no sean religiosas, viven en comunidad religiosamente como son las beatas de Santa Rosa, las de Belén, las de Indias y el Colegio de niñas educandas, que apenas tienen renta alguna.

7En todas estas clases de personas hay necesidades urgentísimas, y que necesitan graduarse y atenderse, según la mayor o menor actividad y violencia con que las ejecutan. Tengo al hambre por la necesidad mayor; después a la desnudez, y últimamente a la habitación, principalmente teniendo dónde recogerse, aunque con estrechez. Para socorrerlas por su orden, es preciso saber, y cuáles sean sus necesidades; y dejando por ahora las de las personas religiosas, o que viven en comunidad; las de las otras, son muchísimas y gravísimas, faltando a muchos miles el alimento, y vestido en tanto grado que muchas no pueden salir de sus ranchos a oír misa en los días de fiesta, y también muchas la oyen [f2v] con el vestido de otros.

8Puede suceder, que no todos los de la junta sepan, ni puedan graduar estas necesidades; yo tengo muchos motivos para saber las también, cuando no mejor, que sus propios curas; y con todo mi parecer, será, que tomemos informe de los propios curas para que aún en esto se debe a la imparcialidad de mi propio dictamen, y cuanto distinto, que por mío prevalezca en asunto alguno.

9Por lo que mira a las religiosas de mi jurisdicción, tomó a mi cargo socorrerlas con mis rentas y suyas en lo que les faltare para comer y vestir, y por lo que toca a las de Santa clara, haría lo mismo, si estuvieran a mi gobierno; porque podría establecer las élites según las circunstancias presentes les falta (a lo que entiendo) estando al de los religiosos, como manifestaré por separado.
En orden a los religiosos, no sabría decir sobre su necesidad; pero me parece, que no deberían ser participantes de la que por la referida junta debe distribuirse, si no es hallándose congregados para cumplir con las obligaciones de sus institutos respectivos. Y aún así deberían examinarse necesidades con muy atenta reflexión, haciendo manifiesto de sus entradas de cualquier modo que sean, de sus gastos, que no dejan muchos de ser muy superfluos, y sobre todo de lo que dicen peculios. [f3] he visto ha como cuatro años morir uno, que había sido provincial de San Francisco dejando de peculio como 30.000 $ habiendo remitido otros tantos a España; lo cual no pudo ocultarse porque éstos se decomisaron, y aquellos los tenía fuera del convento; y para recogerlos éste, se hizo público. No quiero decir que haya peculios tan crecidos en otros religiosos, pero no deja de haber peculios, de que las comunidades religiosas deben echar mano en las presentes necesidades para que no se defraude el socorro de otros pobres. Permaneciendo los beaterios y el colegio de niñas educandas, han de socorrerse en todo; porque a excepción del de Indias socorrido anualmente por vuestra real piedad con 500 $, los demás nada tienen.

10El motivo de molestar la tensión de vuestra majestad con estas prevenciones, es para el caso (que temo mucho) de que en la junta puede suceder, que los pobres más necesitados, y que apenas tendrán quien represente sus necesidades sean en cuyo socorro se piense menos; y dado, que se piense sea sin el orden, que llevo insinuado. Por mi parte procuraré su alivio, y el de todos los términos referidos; y si por esto se ofreciere en que ejercitar la paciencia, procuraré hacerlo con toda [f3v] dulzura, a que contribuirá mucho haber significado a vuestra majestad mi concepto, y modo de pensar para que lo apruebe o corrija, según reglas de verdadera prudencia, sin tener en todo lo dicho otra idea que arreglarme en lo que la conciencia me inspira bajo la corrección de vuestra majestad.

11Nuestro señor guarde muchos años en toda prosperidad la real católica persona de vuestra majestad para felicidad de la monarquía, y protección de la Iglesia. Guatemala a 1 de noviembre de 1774.