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AFEHC : bibliografia : El protomedicato, las boticas y las farmacias en Guatemala, Cuatro siglos de Historia, 1526-1902 : El protomedicato, las boticas y las farmacias en Guatemala, Cuatro siglos de Historia, 1526-1902

Ficha n° 4332

Creada: 26 septiembre 2016
Editada: 26 septiembre 2016
Modificada: 26 septiembre 2016

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Laura MATTHEW

Publicado en:

ISSN 1954-3891

El protomedicato, las boticas y las farmacias en Guatemala, Cuatro siglos de Historia, 1526-1902

Un nuevo libro publicado en Guatemala sobre la historia de la medicina y salud pública basado en fuentes inéditas.
1401
Palabras claves :
Medicina, Protomedicato, Justicia, Farmacias, Boticas
Categoria:
Libro
Autor:

Rodolfo Mac Donald Kanter y Edgar E. Chután Alvarado

Editorial:
Universidad del Valle
Fecha:
2014
Reseña:

1El fructífero encuentro de un historiador, Edgar E. Chután Alvarado, y de un médico, Rodolfo Mac Donald Kanter, nos da un nuevo libro, bastante corto y bien editado en un papel lujoso, sobre la historia de la medicina en Guatemala. Dicho libro complementa ciertos aspectos de las clásicas obras de los médicos historiadores Carlos Martínez Durán y Ramiro Rivera Álvarez, obra que ha sido redactado a partir de una colección inédita de fuentes primarias encontradas en su mayoría en el Archivo General de Centroamérica (AGCA). Ambos investigadores tuvieron también la oportunidad de sacar algunos datos relevantes para su análisis de los Libros II y III del cabildo de Santiago de Guatemala que se asumía pensaba perdido hasta que, por azares del destino, se descubrieron en 2013 en The Hispanic Society of América de New York. Divido en tres capítulos, el libro cuenta con dos grandes ejes temáticos (Protomedicato y Boticas en la época colonial) y una corta tercera parte crono temática mezclando los dos primeros temas (Protomedicato y boticas), pero concentrándose en el periodo postindependencia después de la Independencia). El texto queda a deber en el vínculo entre las tres partes señaladas arriba. En general, la obra en su conjunto tiene un carácter bastante descriptivo y sin llenar las expectativas que el mismo título de la obra ofrece. Asimismo, el libro cuenta con 46 ilustraciones, numeradas debidamente y bien identificadas (hay algunas excepciones como las de las páginas 53 y 70-71 y 75 que presentan pinturas sin datos sobre el origen ni el autor), todas las ilustraciones son de gran calidad pero (…) no están sistemáticamente explotadas en la argumentación (hay un ejemplo de buena explotación de una ilustración en la página 72: es muy poco).

2En los puntos fuertes que se debe resaltar en este libro está sin duda la voluntad asumida de desempolvar la historia institucional de la medicina de la época colonial hasta el final del siglo XIX, un esfuerzo que nos permite cernir mucho mejor el funcionamiento del Tribunal del Protomedicato y las obligaciones de servicio impuesta a los médicos por las leyes coloniales. La primera parte pone en evidencia la complejidad del cuerpo de personas que se dedicaban a curar: médicos, cirujanos, boticarios, barberos, sangradores, ensalmadores (que componían los huesos dislocados). Dicho mundo, más o menos coherente y reconocido, cohabitaba con curanderos, timadores o charlatanes que ejercían las actividades vinculadas con la medicina sin permiso legal. La regularidad de las denuncias a lo largo de la época colonial demuestra las tensiones que solían haber entre ambos mundos. Otro aspecto convincente de dicha obra es la plena demostración de la dificultad que tuvieron las autoridades de la capital del Reino de Guatemala para atraer médicos titulados con cierta fama en el Imperio: la contratación del Dr. Bartolomé Sánchez Parejo en 1648 representa un buen ejemplo de dichas dificultades (pág. 35). Los libros de cabildo 2 y 3 sacan del olvido la presencia temprana en Guatemala de médicos sin diploma como el famoso Maese Francisco (posiblemente un tal Francisco de Utiel que había sido soldado en el ejército de Cristóbal de Olid) quien a falta de otro facultativo atendía los enfermos de la ciudad. La parte del libro que trata de los boticarios merece especial atención ya que el esfuerzo historiográfico y la búsqueda de nuevos datos de archivo permiten recrear el ambiente profesional de estos mercaderes que ganaron paulatinamente un espacio institucional y un estatus singular en la sociedad colonial. La experiencia profesional del doctor Rodolfo Mac Donald Kanter en dicho capitulo resulta provechosa puesto que los términos coloniales bastante especializados a pesar de las limitaciones de los conocimientos de la época son explicados en notas de pie de páginas muy sugestivas (véase por ejemplo la nota 126 del segundo capítulo o la nota 9 del tercero).

3 Los puntos menos convincentes de la obra son de diferente índole. Aunque el periodo bajo consideración se extiende sobre cuatro siglos, los temas presentados no toman en cuenta (o lo hacen muy poco) que la medicina del siglo XVI tiene poco que ver con la del final del siglo XVIII. Por ejemplo la mentalidad de los criollos que han trabajado a la difusión de la Ilustración bajo el impulso del oidor Jacobo de Villaurrutia no hubieran dicho lo que los ediles de 1694 dicen a propósito del método de vencer a la viruela: “(…) se promueve el que se haga y celebre un suntuoso novenario, que es la verdadera medicina (…)” (pág. 73). Una problemática inicial más definida hubiera permitido evitar que se esté mezclando datos valiosos sin tomar en cuenta la periodicidad. Por la información manejada me parece que los autores hubieran podido centrar el libro sobre el problema de la relación siempre recompuesta entre lo que la ley colonial imponía y la realidad del terreno que obligó a la Audiencia dar un permiso oficial al indio Diego Castellanos de la Cruz para reducir fracturas. De allí la lectura del trabajo de Martha Few hubiera sido un complemento ideal en un acercamiento problemático de este tipo1. La investigación bibliográfica parece haber sido realizada en un lapso bastante corto por lo que varias obras recientes que hubieran podido consolidar los análisis no están citadas2. Por ejemplo los autores estudian detenidamente la creación en 1805 del colegio de cirugía a instancia del médico Esparragosa sin mencionar la investigación de Bernabé Fernández Hernández sobre el gobierno de Antonio González Saravia, quien localizó la real orden del 2 de junio de 1805 que mandaba crear oficialmente el colegio. Por cierto, la falta de estancia en Sevilla representa una seria limitación. A raíz de esto, el lector curioso encontrará pocos datos inéditos sobre los médicos más destacados de Guatemala como Manuel de Avalos y Porres o José Felipe Flores (sobre este último médico los autores parecen no conocer la buena biografía de José Aznar López). Los datos presentados sobre cada médico son datos que no nos permiten entrar en el entorno social de estos hombres que, por los altos costos de los estudios, pertenecían a los sectores privilegiados de la ciudad de Guatemala. La primera parte sobre los protomédicos (pág. 27-33), al final de cuentas, forma un catálogo sin relieve que pasa por alto la complejidad del papel del médico en la sociedad colonial los cuales solían actuar, por ejemplo, como experto en la justicia criminal (hay que matizar dicha critica porque los autores en su conclusión parecen plenamente conscientes que deben profundizar en el estudio de los médicos). Una visita al fondo antiguo de la Biblioteca Nacional de Guatemala en la sección Valenzuela hubiera permitido localizar valiosos impresos que dan cuenta de las actividades de la Junta de Caridad. Estos son pequeños detalles que demuestran que la bibliografía guatemalteca en sí no está completamente explotada, que muchas otras fuentes hubieran podido ser utilizadas, sin embargo, la crítica más seria tiene que ver con la ausencia casi total de obras de referencias sobre la temática en el Imperio hispánico. Dicha laguna hubiera podido explicarse hace veinte años cuando la red de internet alojaba una pequeña cantidad de obras en líneas. Hoy en día, por el contrario, son muchos los artículos que se hubieran podido usar del portal de “Dialnet”, por citar solo uno. Las referencias electrónicas citadas no pasan de diez, todas en castellano, son anecdóticas y no reflejan la gran riqueza de obras presentes en la red como la de Carmen Sanchez Téllez o la de Francisco Guerra para la medicina, las tesis de Consolación Martínez García y María del Carmen Francés Causapé sobre la historia de la farmacia.

4A fin de cuentas, y a pesar de la calidad general de la edición y de las numerosas ilustraciones a color, no se trata de un libro dirigido al gran público sino al especialista del campo de la historia. Aunque tenemos ciertas reservas, queremos felicitar a los autores porque estamos ante una publicación que aporta un material documental inédito y valioso (véase en particular el anexo 1 pág. 119-132) sobre un tema poco trabajado de la historiografía guatemalteca. Parece estar lejos el tiempo en que la historia de Guatemala se escribía a partir de las fichas de Joaquín Pardo. Los documentos de archivos se abren, se transcriben y se analizan y de hecho por eso tenemos ahora una obra de consulta obligada para conocer el Protomedicato, los boticarios y las farmacias en la historia de Guatemala.

5Notas de pie de páginas

61 Véase Martha Few, Women Who Live Evil Lives: Gender, Religion, and the Politics of Power in Colonial Guatemala (Austin: University of Texas Press, 2002).

72 Véase mi propio artículo disponible en internet: “El proceso de laicización de hospitales en la capital del Reino de Guatemala (XVI-XIX)”, Cambios y Permanencias, N° 2 (2012), Universidad Industrial de Santander, Colombia. http://cambiosypermanencias.com/ojs/index.php/cyp/article/view/161

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