Erreur. problème dans l'exécution de la requête : INSERT INTO _logbots (IP, useragent, action) VALUES ('54.158.39.172', 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)', 'lectureFiche')
Erreur. MySQL proteste : Duplicata du champ 'CCBot/2.0 (http://commoncrawl.org/faq/)-lectureFiche' pour la clef 'agentAction'
AFEHC : articulos : Silencios que ensordecen. Resemantización de la ausencia y del silencio en la escritura migrante centroamericana y caribeña : Silencios que ensordecen. Resemantización de la ausencia y del silencio en la escritura migrante centroamericana y caribeña

Ficha n° 4333

Creada: 27 septiembre 2016
Editada: 27 septiembre 2016
Modificada: 27 septiembre 2016

Estadísticas de visitas

Total de visitas hoy : 0
Total de visitas : 245

Autor de la ficha:

Silvia N. GIANNI

Editor de la ficha:

Alexandra ORTIZ WALLNER

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Silencios que ensordecen. Resemantización de la ausencia y del silencio en la escritura migrante centroamericana y caribeña

El estudio analiza la ausencia, el silencio, el vacío y el miedo como elementos importantes que condicionan la reconfiguración y representación de las subjetividades migrantes del área centroamericana y caribeña. A través del análisis de los cuentos de la nicaragüense María del Carmen Pérez Cuadra, del salvadoreño Mauricio Orellana Suárez y de la cubana Anna Lidia Vega Serova se exploran los pliegues de existencias extraviadas, marcadas por la vulnerabilidad e inestabilidad de quienes viven –geográfica, cultural o intímamente– en un espacio ajeno. Un espacio “otro” generado por un desplazamiento territorial, como en “Una ciudad de estatuas y perros” de Pérez Cuadra y “Una visa para Jairo” en Orellana Suárez, o por el brusco cambio de escenario que ha atravesado la sociedad cubana de la última década, como ocurre en “La guardiana” de Vega Serova. Estas mutaciones producen expropiaciones, negaciones, desarraigos e “inxilios” que se manifiestan mediante la experiencia cotidiana de la marginalidad y profundas crisis de identidad. Los relatos estudiados, lejos de dar lugar a una escritura basada en la necesidad de “tomar la palabra” para reformular nuevas identidades, evidencian, en cambio, una nueva dimensión estética y subjetiva en la cual el silencio, la ausencia y el vacío se resignifican, contribuyendo de este modo a reconfigurar al nuevo sujeto migrante centroamericano. En su condensación narrativa y en su carga interpretativa, los cuentos examinados intensifican la discrepancia entre la ausencia que marca la identidad de esos sujetos errantes y el caudal de sentidos y palabras que estas ausencias conllevan, dando origen a reflexiones y narraciones que amplifican el florecimiento de un abanico de opciones identitarias y subjetivas.
Palabras claves :
Narrativa breve, Identidad, Migración, Vacío, Subjetividades
Autor(es):
Silvia M. Gianni
Fecha:
Juniode 2016
Texto íntegral:

1

2La narrativa centroamericana de los últimos años cada vez más está dando prueba de calidad literaria, capacidad de renovación y reflexión sobre sí misma. Si bien su valor artístico es innegable, sigue teniendo las dificultades de circulación que han caracterizado, desde siempre, su producción, ya que las políticas editoriales de las transnacionales le reservan un espacio sumamente restringido – a veces nulo – en el panorama general, así como dentro del mismo territorio regional. Sin embargo, la producción narrativa sigue contando con nombres de talento que dan un aporte sustancial al desarrollo literario del istmo y del área caribeña. La novela, es sabido, es el género que encuentra mayor interés en el escaso interés al que acabo de referirme, pero en los últimos años el cuento está adquiriendo una mayor, aunque tímida, visibilidad gracias a ediciones, limitadas en los ejemplares y en la distribución, que revelan la existencia de una propuesta literaria de gran envergadura.

3Considerado desde sus inicios una producción menor, el cuento tiene una larga tradición en Latinoamérica que no excluye al istmo. Excepto el caso de algunos pocos nombres1, la circulación de la obra del escritor centroamericano – y del escritor de narrativa breve en especial manera – , se ha limitado a las fronteras nacionales, si bien se cuenta con algunos esfuerzos de promoción de ediciones comprensivas de relatos de diversos autores con las cuales dar una imagen más amplia de la producción literaria regional. Es el caso de la Antología del cuento centroamericano, recopilada y prologada por Sergio Ramírez en 19732. Se trata de una labor que tiende a reunir a autores de los diferentes países del istmo cuya obra, en muchos casos, no había sido publicada o había sido condenada a circular solo en el país de origen del narrador. Cabe señalar, a este propósito, que la publicación de la Antología representa un primer paso en el incesante trabajo llevado a cabo por Ramírez para que los autores centroamericanos alcancen una cierta visibilidad y comiencen, a la vez, a leerse entre ellos.

4A lo largo de cuatro décadas la situación no ha mutado significativamente: ha mejorado, esto es indudable, pero todavía está muy lejos de alcanzar el nivel de desarrollo y difusión que merecería, puesto que las políticas editoriales siguen dictando las mismas líneas. La publicación de antologías, se sabe, implica una selección: por área, por generación, por género o por carácter temático. Siendo la antología el producto de una obra de selección no sorprende que muchos autores hayan quedado excluidos o hayan visto publicados cuentos que no representan lo mejor de su producción pero que, por el criterio de elección que guiaba la recopilación, respondían a los planteamientos de la línea editorial.

5A nivel regional ya se cuenta con algunas ediciones de selecciones antológicas de cuentos que han incluido a autores de diferentes generaciones y cuyos relatos abarcan un abanico de temáticas que permite un acercamiento a las diversas problemáticas que surcan el espacio centroamericano, dando un impulso ulterior al proceso de divulgación e intercambio de las propuestas narrativas de los diversos países del área. Entre ellas, Cicatrices. Un retrato del cuento centroamericano, publicada en Managua en 2004 gracias a la edición y selección de Werner Mackenbach y Tiempo de narrar. Cuento centroamericano, que ve luz en Guatemala en 20073. Recientemente Sergio Ramírez4 ha antologado otra dos ediciones de selección de cuentos, Puertos Abiertos. Antología del cuento centroamericano en 2011 y, sucesivamente, Un espejo roto. Antología del nuevo cuento de Centroamérica y República Dominicana en 2014, recopilación que desborda de los límites regionales para incluir la producción de narrativa breve de la isla caribeña y que por esto constituye un nuevo impulso conceptual y editorial a la idea de la existencia de un área cultural aún más heterógenea que en su amplitud y diversidad encierra muchos puntos de contacto e intercambio. Un espejo roto, como lo define Ramírez, que se basa en un “sistema de vasos comunicantes en el que cada parcela guarda su espacio específico5”.

6Las temáticas de esta nueva producción cuentística son vastas y diferenciadas. Comprenden sensibilidades, técnicas narrativas y localizaciones distintas que en común tienen la capacidad de reflexionar e indagar el escenario regional y caribeño en sus múltiples aspectos. Uno de los temas presentes en numerosas creaciones textuales de estos años es la migración y su repercusión en la configuración identitaria, a la luz de la ruptura del proceso de interacción continua y de los tres vínculos que integran el sentimiento de identidad: el vínculo de integración espacial, el vínculo de integración temporal y el vínculo de integración social6. En este escenario, la identidad individual, privada de sus certezas, conocimientos y reconocimientos, vacila, abriendo un territorio vacío donde domina la dificultad de comunicación y el silencio. La ausencia, por tanto, se transforma en la marca oficial que configura el rostro identitario del migrante a partir de su propia impotencia y fragilidad y se convierte en el rasgo constitutivo de su nueva identidad.

7Los relatos que se analizan en este estudio dan una muestra de la presencia de una nueva concepción con la cual el autor se acerca a un territorio cuya dimensión estética y subjetiva valoriza y descifra silencios y vacíos que, lejos de representar una ausencia, se resignifican, contibuyendo a reconfigurar al nuevo sujeto migrante centroamericano y caribeño.

8 Con una condensación narrativa y una fuerte carga interpretativa, propias del cuento en cuanto género7, los tres relatos que se examinan intensifican la discrepancia entre la idea de suspensión y carencia que marca la identidad de los sujetos errantes y el caudal de sentidos y palabras que estas ausencias conllevan, dando origen a reflexiones y narraciones que amplifican el florecimiento de un abanico de opciones identitarias y sujetivas que hoy logran encontrar un lugar destacado en la literatura centroamericana y caribeña recientes. Es el caso de la nicaragüense María del Carmen Pérez Cuadra, del salvadoreño Mauricio Orellana Suárez y de la ruso-cubana Anna Lidia Vega Serova, escritores que ya han tenido diversos reconocimientos por la calidad de su labor literaria, sin por esto haber logrado alcanzar igual éxito desde el punto de vista de la edición y circulación de sus producciones.

9Algunos cuentos de Pérez Cuadra y Orellana Suárez están incluidos en las últimas dos antologías a cargo de Sergio Ramírez a las que se ha hecho referecia. Además, cuentan con la publicación de parte de su obra y con premios de reconocimiento por su habilidad artística8. Por lo que concierne Vega Serova su producción ha conocido una cierta notoriedad en Cuba9 y ha sido incluida en algunas antología de ediciones extranjeras. Además, a ella se han dedicado numerosos ensayos críticos en el ámbito de los estudios de género, ya que parte de su producción textual aborda temáticas relacionadas con este aspecto10.

10En el relato “Una ciudad de estatuas y perros” de Pérez Cuadra el concepto de migración se refiere a un desplazamiento cultural como consecuencia de un desplazamiento geográfico, ya que para alcanzar un mejoramiento laboral y económico con su familia la protagonista de la narración se ha trasladado a Santiago de Chile, donde ambienta su narración; en “Una visa para Jairo”, cuento de Orellana Suárez, la migración empieza antes de la salida del país, es decir, se perlustra la idea de vulnerabilidad que produce la migración desde el momento en que tienen comienzos los trámites necesarios para conseguir la visa de entrada a los Estados Unidos. Finalmente, en “La guardiana” de Vega Serova, el concepto de migración no implica ningún desplazamiento presente o futuro, ya que la protagonista de su relato vive, como sujeto pasivo, un desarraigo interior causado por la mutación de un contexto que se vuelve desconocido, cual fuese otro lugar.

11En los tres casos, las repercusiones del fenómeno migratorio se indagan ahondando en la existencia de los protagonistas, depurada de otros aspectos, para que emerjan solo los elementos significativos que en muchos casos son repetidos con el fin de crear una sensación de asfixia, reflejo del ambiente exterior y, especialmente, interior experimentado. Se traza así un mapa de los silencios densos de significados: la pérdida del contacto con el otro crea alienación. Pérez Cuadra, Orellana Suárez y Vega Serova excarban hasta las raíces más profundas de la subjetividad migrante a través de una mirada interior privada de todo eco de crónica o descripción de la realidad.

12Con un manejo de la lengua que sopesa los detalles se produce un efecto de estancamiento del tiempo y del espacio. Todo se cristaliza, se inmoviliza, se convierte en ausencia general de ruidos y de palabras, de movimientos, como si se viviera en un ambiente acolchado, lo cual amplifica la percepción de miedo, desorientación y falta de reconocimiento de sí mismos y del contexto en el que se desplazan los protagonistas de las historias. Las sensaciones se agudizan, involucrando los los cinco sentidos; el cuerpo se convierte en el espejo de la crisis de identidad y desarraigo propias de la experiencia migratoria. Como en una suerte de catarsis, el sujeto vive la experiencia de la pérdida y de la ausencia perlustrándola, poniendo en marcha un proceso de exploración que no sucumbe ante el vacío sino que en él ve una posibilidad, un espacio que avizora una posible y auténtica puesta en movimiento.

13Por esto los protagonitas de las tres narraciones, en lugar de huir del vacío, lo atraviesan y se detienen en él, resemantizándolo, porque se trata de un espacio que invita a la creación ya que “solo la experiencia del vacío – indisociable del sentimiento de catástrofe – es capaz de poner en movimiento y en marcha11”. No se puede ocultar con el vacío los sufrimientos y horrores que nutren nuestras vidas cotidianas, pena quedarse atrapados en un mundo donde flotaríamos como fantasmas. El vacío por tanto, así como el silencio, no es una manifestación de la ausencia o imposibilidad de significar, sino la condición que hace posible la expresión de la palabra auténtica, que puede brotar solo del silencio, porque el silencio abre el lenguaje a su más plena posibilidad12.

14Si la indignidad de la palabra lo ultraja, este vacío – subraya el filósofo chileno Max Colodro13 – se va a degradar, obligando por la fuerza de un orden exterior a expresar y significar, a trasgredir este silencio infinito que lo constituye y en el que quisiera permanecer. El ser, para buscar el verdadero significado, debe permanecer en silencio, porque la palabra nunca se le podrá aproximar, solo podrá rozarlo e intuirlo en un tímido vuelo14. Pero, profundiza Colodro, la posibilidad del silencio en tanto ausencia de palabras, ronda y amenaza al lenguaje del mismo modo que el sin-sentido ronda y amenaza al sentido: “Es probable también que el silencio y la palabra formen parte de un mismo universo, de un mismo ámbito de expresividad y significación, tal como el sin-sentido puede formar parte del sentido, de su naturaleza ambigua y polivalente15”.

15Lo nombrado remite a la presencia de lo evidente, al darse presente de las cosas que ocurren, antes que nada, en el darse de un lenguaje. El silencio manifiesta a su vez una ausencia, aquello que al no ser precisado en el habla, permanece olvidado en las profundidades implícitas de lo explícito. El habla dispone a la presencia, la objetiva en primer lugar como relato. El silencio por su parte mantiene oculta esa profundidad semántica donde la palabra se gesta y donde busca su sentido preciso. De este modo cuando “la subjetividad intenta explicitar el sentido, […] su ambivalencia originaria se disemina, se dispersa y se retrae, volviéndose a ocultar en el fundamento silencioso de lo que se hace presente16”. En otras palabras, el silencio y la palabra pueden ser parte del mismo universo, uno alteridad del otro, y comparten, sin saberlo, el mismo origen.

16Los autores de los tres relatos que se se analizan en el presente estudio incursionan en este espacio vacío y lo moldean según sus percepciones, manipulando el tiempo a partir de una perspectiva objetiva: los personajes de las narraciones extienden sus temporalidades por medio de una espacialización del tiempo, o sea moviéndose en un tiempo que se organiza según la lógica simultánea del espacio y no en base a la lógica secuencial del tiempo. Tiempo diégetico y tiempo psicológico se yuxtaponen, creando de esta manera una atmósfera suspendida con la que se retrata la crisis identitaria del protagonista. El lector no ve la hora de terminar la lectura para salir de los espacios obsesivos recreados, que sean éstos el autobús donde viaja la protagonista de “Una ciudad de estatuas y perros”, o las hileras que organizan la cola en la oficina de la Embajada estadounidense en “Una visa para Jairo”, o las paredes de una casa en La Habana donde está ambientada la narración de “La guardiana”.

17Desde el punto de los expedientes lingüísticos, hay un constante recurso a figuras retóricas como el paralelismo, las repeticiones y epanalepsis, la paradoja y, de manera especial, la metáfora con la que se pretende provocar un desorden con respecto a las clasificaciones conocidas y dejar de manifiesto lo que se resiste a la presencia. En efecto, en la misma idea de la metáfora existe, ya desde el inicio, la premisa de un exceso, de una sobreabundancia. El significado excede, sobrepasa, sobrevuela el campo del lenguaje, lo que equivale a decir que inevitablemente una porción del sentido – o quizá su totalidad – queda fuera de sus márgenes, relegada desde el origen a una condición ontológicamente silenciosa17. Se constituye así un espacio interior en cuya configuración participan los cinco sentidos y en el cual tienen lugar las reflexiones sobre sí mismos, sin por esto dar vida a una narrativa de corte intimista. Más bien, podemos decir que se trata de relatos que, a partir de algunas consideraciones individuales, permiten incursionar en la temática “migración-identidad” rompiendo el enfoque tradicional que caracteriza a gran parte de la literatura que explora este aspecto18.

“Una ciudad de estatuas y perros”

18El relato de María del Carmen Pérez Cuadra da el título a la colección y pertenece a la primera de las tres secciones que la componen19. En un autobús urbano, la narradora recorre las calles la capital chilena, ciudad a la que migró con su familia en busca de mejores condiciones laborales y económicas, dejando su país natal. El carácter autobiográfico marca la narración, sin que por esto emerjan notas de nostalgia o idealización hacia lo que ha dejado o perdido. Sin nombrar su lugar de procedencia, hay una vaga referencia al comienzo del relato que tiene el objetivo de ampliar la distancia que separa el mundo dejado del mundo al cual ha llegado a parar: “Estoy acostumbrada a cruzar ciudades de lata y cartón, carreteras de tierra” (pág. 33). Sin necesidad de añadir otros elementos, el lector se percata de un desplazamiento originado por la esperanza de una vida mejor. Santiago, al contrario de su ciudad, es una urbe de luces artificiales y rascacielos, de torres y edificios, de agigantados rótulos que anuncian la venta de apartamentos de “1 – 2 – 3 – 4 habitaciones. Entrega inmediata” (pág. 36). Con los ojos atentos de la viajera que retrata y capta la esencia del espacio que está cruzando, se presenta la capital chilena filtrada a través del tamiz de una identidad suspendida que se enfrenta con otra identidad en crisis.

19Una de las peculiaridades de “Una ciudad de estatuas y perros” reside en el hecho que está construido a partir de la consciencia del desarraigo que viven ambos: ella, en tanto migrante, y los habitantes de una ciudad que no se reconoce a sí misma. La contraposición entre la protagonista y su individualidad y los capitalinos no se basa en la diferencia que puede existir entre quien tiene raíces y quien las ha perdido; al contrario, aquí estamos frente a dos mundos distantes que viven diferentemente el desarraigo, la pérdida de puntos fijos y de rumbo: la crisis interior de la protagonista, migrada y desorientada en su nueva colocación no es mayor a la profunda crisis de identidad que prensa la capital chilena. Pérez Cuadra hace hincapié en la consciencia del extravío que tiene la protagonista y la incapacidad de reconocer la propia crisis de los capitalinos.

20El trayecto en el autobús para atravesar la ciudad comienza con un error de dirección, detalle que subraya mayormente la falta de referencias: esperándolo en la orilla equivocada la protagonista ha tomado el bus que iba en la dirección opuesta. El estado de confusión aumenta y altera todo, deformándolo. No se vislumbra luz alguna, solo el dilatarse de una situación de incertidumbre y alienación que invade a la protagonista así como a la ciudad vista a través de su ojos.

21El punto de observación es el espacio cerrado del autobús que la aparta y aleja del entorno. En el lento desplazamiento urbano de un trasporte que parece deternerse más que avanzar, su vida va suspendiéndose, como se dejara de existir. Sin embargo, en el largo recorrido no pierde su posición de observadora que con prevenciones, exactamente como lo hace la ciudad con ella, mira el contexto que está fuera del autobús, juzgándolo. La otredad se hace biunívoca: ella es otra con respecto a Santiago, pero de igual manera también Santiago es otra con respecto a ella.

22El desencuentro marca la lejanía entre estos dos polos: imágenes, edificios, estatuas, plazas y rótulos adquieren una distancia abismal que implica una falta total de identificación. La cantidad de calles, plazas y edificios y la abundancia de personas que se mueven en sus perímetros, la vida que aparenta rellenar el mundo exterior no traspasa las ventanillas del bus donde reina, en cambio, un silencio que aumenta la sensación de ausencia que sufre la protagonista.

23Todo es inauténtico. Las líneas iniciales de la narración colocan al lector en un tiempo que ya se preanuncia como indiferenciado: sábado, domingo, lunes, martes… los días son iguales, porque igual es la condición de la narradora frente a un mundo distante, vacío, absurdo. El lenguaje es forjador él mismo del vacío y develador del ser, a través de él se desnuda el alma del personaje, ya desde las primeras líneas del relato:

24Hoy es sábado. ¿Adónde voy con tanta velocidad? Hoy es domindo. ¿Adónde voy con tanta velocidad? Hoy es lunes. ¿Adónde voy con tanta velocidad? Hoy es martes, jueves, viernes… ¿Adónde voy tan ocupada y tan sin alma? Todos parecen más voraces, más veloces, más alertas, mejor contectados que yo20. (pág. 33).

25El bus avanza muy lento en su camino, acentuando el desfase existente entre ella que ansía encontrar referencias conocidas, en la esperanza de encontrarse a sí misma, y el paisaje urbano que parece absorber su atención y que le transfiere un sentido de malestar que le invade el cuerpo. Sigue sentada en un autobús que no aumenta su velocidad de camino, ensanchando el surco entre ella que está encerrada en el transporte urbano y la ciudad que está fuera, que se aleja cada vez más de ella. El bus se detiene, el chofer habla con tranquilidad a un pasajero, todo profundiza el clima de estancamiento que la rodea y el lenguaje lo patentiza: abundan, en solo pocas líneas, las palabras “deternerse”, “esperar”, “lento”, “tranquilidad”. “El bus avanza muy lento. Para colmo el chofer se ha detenido con toda tranquilidad ara rogarle que suba el hombre borracho […]. Este chofer tonto y lento se ha detenido ambalemente a esperar y rogar que entre”. (págs. 33-34).

26La lentitud la corroe y la distancia aún más del mundo exterior del que no participa. Dos realidades distantes e incomunicadas, el mundo urbano veloz y voraz, hostil a la protagonista, y su mundo interior que no logra tener el ritmo y la tensión de cuanto la rodea. En su cuerpo se refleja la condición de privación. Es un día soleado, pero de un frío intenso que quema la piel, la seca, la “pulveriza” (pág. 34), se trata de una sequedad que es el espejo del desecamiento interior, metáfora de la pérdida de sentido que está atravesando su vida y que la petrifica, como las estatuas que llenan las plazas de Santiago.

27En la ciudad “que muerde” (pág. 35) abundan las estatuas de obispos, arzobispos y héroes de los que sus mismos ciudadanos no conocen la historia. Testimonian un pasado desconocido y fracturado, una memoria borrada y una oficialidad distante que no se se atenúa nisiquiera cuando éstas están garrapateadas o deturpadas por escritas irónicas. Hay una seriedad petrificada, que en medio del bullicio y del movimiento, deja inyesada la historia de su gente y crea dos mundos que se entrecruzan todos los días sin conocerse y reconocerse.

28Estas mismas estatuas altas, fijas, inmóviles de las que nadie conoce la historia son el espejo de un segmento de población que en ellas se identifica por efecto del anonimato, de la frialdad, lejanía y austeridad que representan, y no por una transmisión de la memoria o nociones de historia. Hay una multitud de “mujeres-estatuas de siliconas” (pág. 35), de pelo teñido que se asemejan a estas estatuas, como para reforzar la idea de una “ciudadanía de enmascaramiento” (pág. 35) que peculiariza una sociedad que no sabe qué rumbo tomar, exactamente como le está ocurriendo a ella.

29La protagonista sigue sentada en el bus con su lento avanzar. La falta de movimento y de palabra fortalece el torbellín de consideraciones donde albergan también los prejuicios de los que nadie parece estar exento. Así la voz narrativa reconoce ser víctima de las prevenciones ajenas, pero a la vez reconoce tener una mirada hacia lo otro que refleja también sus prejuicios, porque “pensándolo bien, la humanidad es así, racista y opresiva” (pág. 34).

30La autora distorsiona los elementos que normalmente desempeñan un rol positivo. Por esto la luz no ilumina y aclara, sino que produce desbordamiento de los nervios ópticos, es una luz que enceguece, que no permite ver, que confunde. Los ojos ya casi no filtran, están invadidos por imágenes privas de sonidos y que, en su abundancia, profundizan la sensación de vacío de lo auténtico, de lo vivo, de lo real. La luz es asfixiante como el sol en el desierto que seca, que priva de la linfa vital a sus habitantes que cada vez más se sienten solos en este mar de cemento. Pronto las sensaciones que produce la ciudad se repercuten en dolores y malestares físicos. Los músculos son tiesos, el sudor helado, siente una suerte de sofocamiento y sequedad. Sensaciones que agudizan su percepción de diversidad, “me gustaría saber qué siente una persona normal” (pág. 37).

31Los únicos seres que ella ve moverse son los perros callejeros, sarnosos, golpeados y distanciados porque deturpan las plazas decoradas con estatuas, pero que siguen deambulando por las calles de la capital. En su girar alrededor de sí mismos, mordiéndose la cola, yendo y viniendo, ella se espeja y ve a sí misma cuando, recién llegada a Santiago, tuvo que empezar los trámites migratorios en las diferentes oficinas. Como estos perros que dan vueltas alrededor de sí mismos, también la protagonista recuerda haber dado vueltas y vueltas para regresar al mismo lugar antes de que pudiera llegar a resolver su posición. En medio a una lluvia de reflexiones se percata que el autobús ha llegado a la terminal. El terror que la obliguen a bajar la paraliza y la enmudece. El miedo la detiene; “tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo…” (pág. 39). Ahora también ella es de piedra, no habla, no se mueve, mientras a su alrededor unos perros husmean la basura y una estatua “monumentalmente seria” (pág. 40) domina la ciudad.

32La escritura es la única vía de fuga, es el único espacio que la protagonista reconoce como un mundo donde hay vida, palabras y ruidos: “menos mal que traje este papel y este lápiz; si no, no sé qué podría consolarme” (pág. 38). Pérez Cuadra compone un fresco interior de la subjetividad migrante que es consciente de su condición de vulnerabilidad; a la vez retrata una ciudad sin alma, que ignora vivir una profunda crisis de identidad.

“Una visa para Jairo”

33Incluido en la antología de cuentos Un espejo roto, “Una visa para Jairo” relata la transformación del protagonista de la narración durante el tiempo que transcurre haciendo la fila en la Embajada de Estados Unidos para llegar a la ventanilla donde los funcionarios atienden a los citados en el día, para someterlos a su valoración y concederles, o no, la visa para viajar a ese país. No hay mención alguna de dónde se desarrolla la acción, sin embargo se puede pensar que ocurre en la embajada estadounidense de San Salvador, pero de igual manera podría ser cualquier otro país de la región o del subcontinente, ya que los trámites y los mecanismos son los mismos.

34Durante la fila para la visa el solicitante sufre una degradación tal que se repecute en todo su ser, incluso en su percepción corporal, reflejo de la degradación psicológica que sobreviene en esta circustancia. El solo hecho de ser citado para que alguien evalúe al candidato según modalidades que lo indiferencian de los demás condiciona la sensación que uno tiene de sí mismo. La pérdida de las connotaciones personales provocan una despersonalización del sujeto que empieza a perder sus seguridades, volviéndose vulnerable. Por esto, Jairo viene presentado, en la primera línea del relato, mediante un procedimiento de cosificación, como un objeto que no tiene forma propia y que no responde a características humanas: “Todavía su cuerpo era un bulto bastante normal temprano en la mañana, cuando empezó a hacer la fila de horas frente a la Embajada de Estados Unidos” (pág. 59).

35La imagen del bulto sin forma ubica al lector en un escenario donde el hombre, durante el tiempo de la fila, sufre una transformación tal que sale de la representación humana para incursionar y hundirse en una imagen que se construye – o destruye – a partir de parámetros que atañen la esfera animal. La cosificación inicial enfatiza la condición de dominio absoluto a la que subyace el personaje y la consiguiente pasividad con la cual reacciona, incapaz de desvinclularse de este contexto de sometimiento. La mirada del otro arrasa la subjetividad y la identidad de quien está en la posición de pedir un permiso para viajar.

36El tiempo y el espacio se estancan y dilatan: los pocos metros que hay que recorrer para alcanzar la oficina parecen extenderse bajo las miradas severas de los policías que obligan a movimientos lentos y controlados, que los encolumnan hacia la entrada y les prohíben salir del perímetro estrecho en el cual están obligados a hacer la cola. En este recinto todo se anula, queda solo la fila, las instrucciones a seguir para llegar a la meta. El ambiente oprime a Jairo, lo sofoca y lo tritura, piensa que él y los otros se encuentran como si “estuvieran siendo mortalmente atacados por una boa constrictora, moviéndose con la lentitud de un…” (pág. 60).

37Ya no es uno entre otros. La objetividad de la ausencia de consideración en cuanto persona contrasta con la objetividad de la presencia, del hecho de estar allí, en espera de ganar terreno y alcanzar la puerta de entrada. Sin embargo, poco a poco, la condición de ausencia-presencia va desintegrándose, para dar espacio solo al vacío de subjetividad que le están transmitiendo. Su identidad empieza a deformarse, la vida, su vida, se ha quedado fuera del recinto que lo aísla del resto del mundo y que lo suma, indiferenciándolo, a otros seres deformes que, como él, hacen fila para “ingresar al territorio del fin de la nada” (pág. 60). No se oyen ruidos, impera un silencio casi sepulcral que se interrumpe con el chillido de la maquinita que detecta los metales cuando intercepta la hebilla del cincho. Ahora, piensa, el control sobre su persona se intensificará. Una sensación de malestar lo pervade, Jairo comienza a sudar cuando siente “profanar” su cuerpo. Ojos atentos y “golosos” lo examinan, hasta en las más íntimas de sus partes. La humillación lo pervade, suda, se hiperventila, pero luego sucumbe y se convierte en lo que los otros quieren que sea: “entonces se le empezará a ser evidente esa sensación de andar en cuatro patas” (pág. 60).

38Con un lenguaje propio de una estética deformadora, el relato ahonda en la metamorfosis del protagonista. Todo se transfigura. Los ojos que lo miran ahora son cámaras ocultas que lo vigilan. Ya nada es prerrogativa del sujeto, ahora privado de toda iniciativa o consideración. Cada vez más advierte una sensación de sumisión, lo que le provoca ataques de pánico. En silencio llega a cumplirse la mutación interior que lo despoja de su condición de humano. Ahora es uno de la manada, incapaz de diferenciarse camina a cuatro patas, se mueve siguiendo el olfato y el instinto, exactamente como hacen los animales en grupo.

39Ya no es el bulto que había llegado temprano en la mañana a la Embajada; las asociaciones mentales que engendra la situación de sujeción originan una percepción de transformación en el cuerpo: de la frente siente aflorar unas protuberancias, “dos filos duros y algo carnosos, envueltos en callos” (pág. 61), las manos “se han convertido en cascos duros como de bovino” (pág. 61). Intenta pensar, enfocar la mente, pero “¿cómo se hacía? No lo recuerda, porque nisiquiera sabe recordar” (pág. 61). Lo único que se le antoja es llevarse a la boca un montoncito de pasto que ve colocado en el suelo. Sus ojos miran solo hacia abajo, donde le parece encontrar heno y estiércol. Las hileras que encolumnan al público que solicita la visa en la antesala de la Embajada no son otra cosa sino un gran corral en el que un guardia, con una vara flexible, arreándo a los aspirantes viajeros ahora despersonalizados, indica por dónde tienen que entrar. No hay anterioridad ni posterioridad, solo la extensión del presente, de un tiempo que pasa lentamente haciendo largas horas de fila bajo la mirada ajena que objetiviza, animaliza y subyuga, haciendo que la inferioridad se adueñe del otro que gradualmente, pero sin pausas, pierde el control de sí mismo y de la situación.

40Jairo no logra proferir palabra; ésta ya no está a su alcance, pertenece a los otros, a los que tienen el privilegio de formular preguntas con las que examinan sus vidas y afectos, exigiendo respuestas inmediatas que satisfagan los requisitos necesario y finalmente conceder un permiso que de forma totalmente discrecional pueden denegar. La confusión lo invade, Jairo es incapaz de emitir sonidos para contestar las preguntas, en su mente logra descrifrar las informaciones que le están pidiendo pero no puede articular las respuestas, “solo un sonido le sale de la boca”, mientras uno de los custodios lo inspecciona, le palpa el cuerpo palmo a palmo, “le soba la panza y el lomo… y sin pedirle permiso le abre las patas traseras, […] lo agarra de los testículos, los jala y sin visas ni más procede a cortarlos con unos instrumentos que se sienten helados en la piel” (págs. 63-64). Jairo ahora, en su metamorfosis animal, ha alcanzado la anulación personal frente a una maquinaria que impone ritos que des-humanizan.

41Orellana Suárez recurre a este estratagema para retrar la situación que deben enfrentar los centroamericanos si quieren viajar a Estados Unidos y lo hace recurriendo a la animalización del protagonista que, encerrado en un espacio estrecho, laberíntico y hipercontrolado, pierde toda referencia conocida y, con ella, también la consciencia de sí. Compone de esta forma una arquitectura de la humillación donde el lugar, en cuanto espacio en el que se manifiesta el poder, logra influir en la transfiguración de la identidad del sujeto.

“La guardiana”

42Este relato pertenece a El día de cada día, colección de cuentos publicada en La Habana en 2006 y cuyo título remite a la idea del lento transcurrir del tiempo con el que se sucede la cotidianidad. Anna Lidia Vega Serova nace San Peterburgo, de madre rusa y padre cubano; los primeros años de su vida transcurren entre Cuba y la que fue la Unión Soviética, debido a las vicisitudes y separaciones familiares, para llegar a radicar, definitivamente, en Cuba21.

43Su biografía es un cruce de límites y trangresiones y evidencia la dificultad de encontrar una definición estable, unas raíces propias, un lugar frente a un mundo exterior que se presenta otro o parcialmente otro con respeto a ella. Un mundo que la ve moverse siempre en los límites: Vega Serova es rusa y cubana22, es pintora y narradora, es lesbiana… aspectos de su personalidad que marcan toda su obra narrativa, ya que es la escritura el lugar donde la autora trata de encontrar un sitio propio y donde expresa el afán de reconstruirse a sí misma. En este sentido se puede afirmar que la autorreferencialidad es una constante en su obra ya que ésta se caracteriza por la ficcionalización de lo autobiográfico. Las dos líneas discursivas, la ficcional y la autorreflexiva, se deshilvanan a lo largo de su producción creativa a través del perpetuo examen interior que en algunos momentos se asemeja a un autoanálisis.

44En su posición “de frontera”, la autora enfrenta las transformaciones de la sociedad cubana – y anteriormente de la soviética – que dejan incertezas y pérdida de referencias. Los cambios que se han venido manifestando producen un sentido de enajenación y la falta de reconocimiento de un entorno que se presenta como un espacio otro. Se trata de un desarraigo causado por un cambio brusco del escenario que derrumba lo anteriormente conocido y, con él, la seguiridad de un entorno y la conciencia de quién es uno dentro de su medio. No hay desplazamientos geográficos, solo una mutación radical del contexto que da lugar a una desorientación que produce miedo, ausencia, desconfianza en sí mismos.

45En efecto, Vega Serova retrata, por medio de un caudal de reflexiones y sensaciones, la transfiguración ocurrida en la sociedad cubana y la pérdida de sentido del discurso oficial que, de una forma u otra, garantizaba un reconocimiento – o no reconocimiento, en caso de inconformidad con el poder – con el que se interpretaba la sociedad. La caída del discurso utópico que fundamentaba el proyecto social y político pone en tela de juicio los presupuestos básicos de la argumentación revolucionaria que radicaba en la idea de un presente bueno y de un futuro mejor. Vega Serova, por tanto, se encuentra a vivir la coyuntura en la cual el buen lugar propagandado por el discurso oficial deja su espacio a un no-lugar, a una zona vacía cuyos trazos inciertos producen inseguridad y desarraigo23.

46El discurso utópico oficial empieza a temblar y su alternativa podría significar el fracaso. El pasado, poblado por certezas y convicciones, ya no exite. Eso quiere decir que todo recuerdo es una invención. Por esta razón la escritura se vuelve el único medio donde buscar un lugar alternativo que favorezca la reconstrucción de los sujetos que evidencian su horfandad, marginación y alienación frente a un contexto que los tritura. Se trata de sujetos inxiliados, suspendidos entre un pasado perdido y un presente que alimenta la sensación de caída y de desarraigo espiritual, puesto que viven en una sociedad que ya no recuerdan como propia.

47Como se ha señalado, “La guardiana” es un cuento de fuerte matiz autobiográfico. Como en otras narraciones de Vega Serova el silencio juega un papel protagónico24 ya que Sara, la protagonista, sufre la ruptura de los vínculos afectivos y guarda sus angustias y delirios sin comunicarse con nadie. Parece tener trastornos psíquicos en una situación límite que evidencia fobias y automarginación frente a las transformaciones que están ocurriendo y los abandonos que está sufriendo. Sara queda inmóvil, incapaz de escaparse o de buscar una nueva colocación como han hecho su novio y sus amigos; paralizada busca protección entre las paredes domésticas desempeñando el papel de la guardiana de las memorias ajenas con las que llena su espacio físico e íntimo, imposibilitada a encontrar cualquier tipo de alternativa para sí.

48Todos los día lee y busca una “novedad emocionante que no llega nunca” (pág. 12). Su vida es estática, sin emociones, por esto le “da ganas dormir interminablemente” (pág. 10) a pesar de que los sueños con “imágenes inconexas y alarmantes” (pág. 11) la turban. El cuadro trazado pinta un contexto entre lo obsesivo y lo alucinante donde prevalece la ausencia de vitalidad. La atmósfera es desoladora y en ella prima la idea de nulidad de la protagonista. Todos los días parecen ser iguales, pero algunos son peores que otros: “Los martes son días especialmente tristes, sería mejor pasárselos durmiendo, saltárselos” (pág. 15). Día tras día todos los seres que ama se van, por una razón u otra, dejándole los objetos personales que no pueden llevarse pero de los que no quieren deshacerse, otorgándole el rol de custodiar sus pertenencias que son, de hecho, recuerdos, trozos de sus memorias.

49El primero en irse es Axel, su primer amor. Antes de ir a Nebraska le entrega un cofre con las alhajas de su madre y le promete regresar pronto. Unas cartas iniciales mantienen viva la relación, luego el silencio. Sucesivamente Vera, su mejor amiga, decide marcharse para seguir a su novio inglés. Ella también le deja sus objetos personales para que Sara se los cuide. Y así otros y otros. Cada vez que alguien va a verla es para despedirse:

50Llegó a temerle al sonido de la puerta golpeada por una mano, porque, efectivamente en la mayoría de las veces, era una mano que se extendía en un gesto de adiós. Se iban todos los que le rodeaban, [...] como si cargara con una maldición; cada vez se estrechaban más los círculos de la soledad trazados por un compás inclemente: compañeros de estudio, conocidos antiguos, vecinos, la médico de familia… Siempre con algo para guardar, un bulto con pertenencias [...] de las que era imposible desprenderse (pág. 13).

51Los objetos inveden los espacios de su casa. Sara los guarda con un cuidado especial, respetando obsesivamente un orden, “jamás ha confundido un estante [...] con exactitud enfermiza mantiene el orden en sus recuerdos” (pág. 15) que, de hecho, son recuerdos ajenos de los que, sin ser conscientes, se están deshaciendo de ellos.

52Decide crear un cuarto de los recuerdos, en el que entra y se detiene, pasando en reseña cartas, fotos, objetos, reliquias de la vida que fue y que testimonian el actual estado de suspensión en el que vive, “Pero mientras más se llenaba el espacio de los recuerdos, más crecía aquel vacío en las entrañas, el desarraigo que le hacía levitar en una ingravidez casi cósmica” (pág. 14). La atmósfera de la casa, los objetos salvaguardados, la precisión obsesiva con la que los cuida provocan un sentido de asfixia en el lector. Todo parece inmóvil, al borde de la locura, nada parece sacudir la calma irreal que acomete su existencia.

53Un miércoles decide salir para ir de compras. La ruptura de la rutina y del orden establecido engendra un presagio de destrucción. Al regreso encuentra que su casa se está incendiando y que las llamas están devorando sus pertenencias y los objetos custodiados. Sara quiere acercarse, se deshace de “los dedos que intentan detenerla, ya sin nada que la ate a algo o a alguien” (pág. 16) para alcanzar el cuarto de los recuerdos. La memoria, que cuidadosamente había preservado, se incinera y con ésta se carboniza también el futuro, metáfora de la desintegración de un mundo que entra en crisis, provocando una situación de decadencia general.

54El espacio repleto de cosas ajenas y en desuso refleja el gran vacío que rodea la voz narrativa. Entrar en sus pliegues permite desnudar el alma de la protagonista y rastrear su interioridad frente a un mundo nuevo que la ve extraña y extranjera. Sara explora su subjetividad sin poner barreras, artificios o palabras que la estorben, haciendo del silencio la prerrogativa necesaria para la vuelta a sí mismo.

Conclusión

55Los tres relatos nos permiten incursionar en el tema de la identidad de los migrantes a través de la exploración en un espacio íntimo ocupado por el silencio y el vacío en cuanto expresión de una condición de búsqueda del ser en su transformación. Se trata de tres miradas distintas que testimonian una nueva dimensión estética y subjetiva en la cual el silencio, la ausencia y el vacío se resignifican, contribuyendo así a reconfigurar al nuevo sujeto migrante.

56Orellana Suárez retrata la condición de despersonalización, indiferenciación y humillación que padece cada ser humano cuando al perder el reconociento de su sujetividad. La obligación a seguir instrucciones, a limitar movimientos y ocupar espacios limitados según las órdenes recibidas derrumba las seguridades que habían caracterizado parte gran parte de su identidad y abre la brecha a la pérdida del yo. Los ojos ajenos imponen su mirada y desintegran las certitumbres, anulando la consciencia de sí. Se da lugar de esta manera a espacios de silencios y ausencias que en sí encierran una plurivocalidad y que desempeñas múltiples funciones25.

57 En Pérez Cuadra y en Vega Serova la escritura constituye el momento propicio para la autorreflexión, es un espacio donde significar los silencios ya que permite escuchar hasta el más mínimo ruido. En la autora nicaragüense representa un consuelo en el cual agarrarse para ir adelante, un verdadero desahogo: “Escribir me consuela: derramo lapiz de pasta sobre papel blanco como quien derrama agua salada en las mejillas” (“Una ciudad de estatuas y perros”, pág. 38). Pero a la vez constituye una oportunidad para mirarse en un espejo que le refleja su subjetividad y el entorno con el que debe enfrentarse. Un espejo donde mirarse como te mira el otro y mirar al otro con ojos otros, en un juego de reflejos que confunde, entremezcla y sobrepone realidades distantes. Solo la escritura permite huir de esta situación confusa e inspeccionar los silencios y ausencias derivados de un desarraigo profundo.

58En Vega Serova, en cambio, la escritura favorece la incursión en su yo autorreflexivo, desvelando la presencia de una entidad multiconstituida, dividida en más de una identidad: un yo que no es integrado, que está formado por fragmentos que hoy parecen difuminarse como los objetos que, con gran obsesión, Sara había conservado en su casa. El silencio que acompaña su existencia no es visto como paz, sino como un territorio de autenticidad de la subjetividad, como origen de todas las palabras, instrumento que permite compartir interioridades y tensiones.

59La autora ruso-cubana lo afirma en las primeras páginas del libro, sin que estas líneas constituyan un prólogo26: “Tengo problemas de comunicación. Antes me bastaba con escribir ficción pura. Ahora quiero acercarme cada vez más al límite que nos separa. Compartir ciertas interioridades compartibles” ( El día de cada día , pág. 9). Reconoce su vulnerabilidad y solo perlustrándola no se siente otra, como aclara al final del libro: “Soy una tipa como cualquier otra, con los mismos miedos y las mismas preocupaciones de todo el mundo, con obsesiones, filias y fobias, pequeñas y grandes manías, la misma desnudez ante la muerte y ganas de ser amada en vida” (pág. 111). Los comentarios personales que abren y cierran El día de cada día acentúan la característica que peculiariza su producción textual: realidad y ficción se alternan y se entrelazan, autora y personajes conviven y transitan en su literatura. La poética de la ausencia, por tanto, en Vega Serova, se arraiga en el silencio de una voz que se evoca a partir de un vacío que da origen a todos los sonidos, a todos los significados.

Bibliografía

60Vega Serova, Anna Lidia. “La guardiana”, en_El día de cada día_(La Habana: Ediciones Unión, 2006, págs. 10-17).

61Hernández Hormilla, Helen. “La literatura es un juego”, en La Jiribilla(en línea, 27 de mayo de 2008).

62——————-. Palabras sin velos. Entrevistas y cuentos de narradoras cubanas(La Habana: Editorial Caminos, 2013).

63Gustafsson, Jan. “Entre el buen lugar y el no-lugar. Utopía, memoria y migración en la Cuba revolucionaria”, en_Meridional. Revista Chilena de Estudios Latinoamericanos_(3, octubre 2014, págs.153-174).
Lauro Zavala, compilador, Teorías del Cuento III: Poética de la brevedad, (México, UNAM, 1996).

64Grinberg León y Rebeca. Identidad y cambio (Buenos Aires: Ediciones Kargieman, 1971).

65Pérez Cuadra, María del Carmen, “Una ciudad de estatuas y perros”, en_Una ciudad de estatuas y perros_ (Santiago: Das Kapital, 2014, págs. 33-40).

66Orellana Suárez, Mauricio. “Una visa para Jairo”, en Un espejo roto. Antología del Nuevo cuento de Centroamérica y República Dominicana. Sergio Ramírez editor_(Tegucigalpa: Guayamuras, 2014, págs. 59-64).

67Colodro, Max. El silencio en la palabra. Aproximaciones a lo innombrable(Santiago: Cuarto Propio, 2000).

68—————-. Formas de la eternidad (Santiago: Cuarto Propio 2005).

69Mongin, Olivier. El medio al vacío (México: Fondo de Cultura Económica, 1993).

70Valesio, Paolo. Ascoltare il silenzio. La retorica come teoria (Bologna: Il Mulino, 1988).

71Valladares-Rauiz, Patricia. Sexualidades disidentes en la narrativa cubana contemporánea (Woodbridge: Tamesis, 2012).

72Cabrera, Raúl. “El Posnacionalismo en la Narrativa Cubana Actual: Reivindicación de lo Privado y lo Homoerótico” (FIU Electronic Theses and Dissertations. Paper 1537, 2014).

73Notas de pie de páginas

741 Los cuentos de Rubén Darío y Miguel Ángel Asturias no han conocido las estrecheces de divulgación regional a la que me estoy refiriendo. También los cuentos de Augusto Monterroso y Sergio Ramírez, si bien de manera menor, han tenido una difusión considerable en el istmo.

752 La Antología fue editada en San José, Costa Rica, por la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA).

763 Werner Mackenbach editor. Cicatrices. Un retrato del cuento centroamericano(Managua: Anamá Ediciones, 2004); Francisco Alejandro Méndez editor. Tiempo de narrar. Cuentos centroamericanos (Guatemala: Piedra Santa, 2007).

774 A Sergio Ramírez se debe también la organización en Managua de un encuentro anual, que en 2015 ha tenido su cuarta edición, de narradores centroamericanos –y no solo– bajo el título de “Centroamérica cuenta”, evento que cada año va adquiriendo mayor visibilidad y adhesión.

785 Sergio Ramírez. Un espejo roto. Antología del nuevo cuento de Centroamérica y República Domincana (Tegucigalpa: Guayamuras, 2014), pág. 11).

796 Dichos vínculos son definidos por Grinberg de la siguiente manera: “el vinculo de integración espacial comprende la relación entre las distintas partes del self entre sí, incluyendo el self corporal, manteniendo su cohesión y permitiendo la comparación y contraste con los objetos; tiende a la diferenciación del self-no self; individuación. El vínculo de integración temporal comprende las relaciones entre las distintas representaciones del self en el tiempo, estableciendo una continuidad entre ellas y otorgando la base del sentimiento de mismidad. El tercero o vínculo de integración social es el que se refiere a la connotación social de la identidad y está dado por la relación entre aspectos del self y aspectos de los objetos mediante los mecanismos de identificación proyectiva e introyectiva”. Véase León y Rebeca Grinberg.Identidad y cambio (Madrid: Paidós, 1976, pág. 29).

807 Se hace referencia al concepto de poética de la brevedad estudiado por Lauro Zavala en la compilación de los tres volúmenes de Teorías del cuento, y especialmente a Teorías del Cuento III: Poética de la brevedad (México, UNAM, 1996).

818 María del Carmen Pérez Cuadra (Jinotepe, Nicaragua, 1971) publica en 2004 la colección de relatos Sin luz artificial (Managua, Fondo Editorial CIRA) que le ha valido el Premio Único del II Concurso Centroamericano de Literatura Escrita por Mujeres Rafaela Contreras. Incluida en diversas antologías internacionales de relatos breves es también autora del poemario Diálogo entre Naturaleza Muerta y Naturaleza Viva más algunas respuestas pornoeroticidas, con el que ha obtenido la mención del I Concurso Nacional de Poesía Escrita por Mujeres Mariana Sansón de 2003. Mauricio Orellana Suárez (San Salvador, 1965) ha ganado diversos premios. En 2001, su novela Te recuerdo que moriremos algún día fue publicada por la Dirección de Publicaciones e Impresos del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, de El Salvador. En 2002, su novela Kazalcán y los últimos hijos del Sol Oculto, quedó entre las finalistas del Premio Planeta de Novela. Sus cuentos han sido recogidos en varias antologías. En 2009, la editorial costarricense Uruk Editores publicó su novela Ciudad de Alado, que, en el año 2000, ganó el Premio Único de los Juegos Florales Salvadoreños y en 2014, siempre por Uruk, publica la novela Cerdo duplicado.

829 En 1997 le fue otorgado el Premio David, por haber ganado el Concurso literario para escritores inéditos, aspiciado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). La mayoría de sus publicaciones son colecciones de cuentos ( Bad Painting 1998; Catálogo de mascotas 1999; Limpiando ventanas y espejos 2001; Imperio doméstico 2005; El día de cada día 2006; La mirada de reojo 2011;) y las novelas Noche de ronda en 2003 y Ánima fatua (2007). Ha incursionado en la pintura, esfera que ha influido en la colección de relatos Bad Painting.

8310 Entre otros estudios, véase: Helen Hernández Hormilla. Palabras sin velos. Entrevistas y cuentos de narradoras cubanas (La Habana, Editorial Caminos, 2013, págs. 297); Raúl Cabrera. “El Posnacionalismo en la Narrativa Cubana Actual: Reivindicación de lo Privado y lo Homoerótico” FIU Electronic Theses and Dissertations. Paper 1537, 2014 : Valladares-Ruiz Sexualidades disidentes en la narrativa cubana contemporánea(Woodbridge: Tamesis, 2012).

8411 Véase Olivier Mongin.El miedo al vacío (México: Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 222).

8512 Colodro se rehace al concepto expresado por Heidegger en El Ser y el tiempo, de 1927, donde reconoce el silencio como recogimiento del Ser en el retorno a su verdad.

8613 Max Colodro.Formas de la eternidad (Santiago: Cuarto Propio 2005, pág. 11).

8714 Colodro basa este concepto en las convicciones de Wittgestein expuestas en el Tractatus Logico-Philosophicus.

8815 Véase Max Colodro. El silencio en la palabra. Aproximaciones a lo innombrable (Santiago: Cuarto Propio, 2000, Pág. 25).

8916 Véase Max Colodro. El silencio en la palabra. Aproximaciones a lo innombrable (Santiago de Chile: Cuarto Propio, 2000, pág. 30).

9017 Véase Max Colodro. El silencio en la palabra. Aproximaciones a lo innombrable (Santiago: Cuarto Propio, 2000, pág. 69).

9118 Me refiero, en concreto, al florecimiento de una novelística y cuentística que mezcla periodismo y literatura con el fin de testimoniar los vituperios que sufren los migrantes del siglo XXI. De hecho se trata de una producción que ha contribuido a desvelar las dinámicas ocultas que acompañan el fenómeno migratorio, ya sea denunciando las brutalidades que caracterizan el viaje del migrante ilegal hacia su destino, ya sea cuando alcanza la meta.

9219 La colección reúne dieciocho cuentos, divididos en tres partes, cada una compuesta por seis relatos.

9320 Cursiva en el texto.

9421 Con tres años, luego de la culminación de estudios del padre en la URSS, va a Cuba donde permanece por un período de seis años. A los nueve años vuelve a Rusia donde pasa el resto de su niñez y toda su adolescencia. Regresa a la isla caribeña a los diecinueve años para conocer a una hermana y reencontrarse con su padre, justo en el periodo del derrumbe de la URSS y del paradigma socialista.

9522 En una entrevista concedida a la periodista Helen Hernández Hormilla (2008), Vega Serova explica la dificultad que ha significado en su vida la doble condición de rusa y cubana. A la pregunta ¿Ser hija de rusa y cubano influyó en su identidad y en su manera de percibir el mundo?, responde: “Cuando empecé a escribir, para mí era una especie de escape de la realidad, estaba tratando de construir un mundo ficticio porque lo real me resultaba demasiado agresivo precisamente por esa doble nacionalidad. La palabra patria no tiene plural en ningún idioma. Sin embargo, en mi caso y en el de otros hijos de matrimonios mixtos, nos vemos en medio de un desarraigo tremendo porque no somos ni de aquí ni de allá. Es muy difícil encontrar un sitio propio. Yo traté de buscarlo de diferentes formas hasta que lo encontré, creo, en la literatura” (s.p).

9623 Gustaffson analiza el desconcierto frente a la pérdida de identifición en la equivalencia nación=revolución, y del abandono de la noción de igualdad a favor de la diferencia. Véase Jan Gustaffson, “Utopía, memoria y migración en la Cuba revolucionaria”, en Meridional. Revista Chilena de Estudios Latinoamericanos 3, octubre de 2014, págs. 155-56.

9724 Cabe señalar a este propósito que el silencio es el protagonista de otros relatos de Vega Serova y que es la respuesta introspectiva frente la desintegración de las certezas. Emblemático es el cuento “En el fugaz límite del silencio”, incluido en la antología Allegro, ma non troppo. Cuentos musicales (Editorial Letra Grande 2006) cuyo personaje central es una niña que enmudece frente a la desintegración de su hogar y de los valores morales de los que es testigo.

9825 Véase Paolo Valesio.Ascoltare il silenzio. La retorica come teoria (Bologna: Il Mulino, 1988, pág. 374).

9926 Las líneas que abren la colección de cuentos El día de cada día aclaran la posición de Vega Serova respecto a los prólogos: “Odio los prólogos de una forma totalmente irracional, como mismo odio a las cucarachas […]. Esto no es un prólogo, no es una nota aclaratoria, una introducción, un intento de justificar ni explicar nada. Puedes tomarlo como la llamada telefónica anunciando mi visita: Hola, en la siguiente página estaré contigo” (pág. 8).

Para citar este artículo :

Silvia M. Gianni, « Silencios que ensordecen. Resemantización de la ausencia y del silencio en la escritura migrante centroamericana y caribeña », Boletín AFEHC N°69, publicado el 04 junio 2016, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4333

Comentarios

Normas de uso

Esta es la opinión de los lectores de la AFEHC, no de la AFEHC No está permitido verter comentarios injuriantes. Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema. Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.

¿No tienes una cuenta todavía?
Puedes crear una

Como usuario registrado usted podrá publicar de forma inmediata comentarios con su nombre.