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AFEHC : articulos : “Las víctimas se vuelven victimarias”, Consecuencias de la exclusión social en Danzaré sobre su tumba (2011) de Fátima Villalta : “Las víctimas se vuelven victimarias”, Consecuencias de la exclusión social en Danzaré sobre su tumba (2011) de Fátima Villalta

Ficha n° 4338

Creada: 29 septiembre 2016
Editada: 29 septiembre 2016
Modificada: 29 septiembre 2016

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Autor de la ficha:

Hólmfríður GARÐARSDÓTTIR

Editor de la ficha:

Alexandra ORTIZ WALLNER

Publicado en:

ISSN 1954-3891

“Las víctimas se vuelven victimarias”, Consecuencias de la exclusión social en Danzaré sobre su tumba (2011) de Fátima Villalta

La literatura como “el otro archivo de la historia” representa contextos socio-culturales y económicos determinados. En el caso de la literatura contemporánea, además, se propone desentrañar la condición humana de quienes habitan estos ámbitos particulares. Uno de los exponentes actuales es la novela Danzaré sobre su tumba (2011), ganadora del concurso 2010 del Centro Nicaragüense de Escritores. La autora, Fátima Villalta, ganó el concurso cuando tenía apenas 16 años y bajo un pseudónimo. Sin embargo, no fue la edad de la autora lo más llamativo para el jurado y otros críticos, sino el mérito literario del texto: la novela proponía un enfoque particular sobre el tema de la violencia, un estilo lingüísticamente denso, una estructura eficaz y elaborada. A esto se suma su manejo del suspenso, otro aspecto fundamental para el desarrollo del relato que señala Francisco Arellano Oviedo en la contratapa del libro. Las intersecciones de género, clase, origen y edad hacen que la novela exceda varias fronteras socialmente reconocidas y ponga en cuestión valores sociales dados por supuestos, tanto el amor maternal entendido como sentimiento natural, la familia como espacio y garantía de bienestar, y la supuesta solidaridad familiar. En la novela de Villalta, la intensidad de la adolescencia sumada al rencor, la desesperación, el hambre y la ignorancia da como resultado una combinación que lleva infaliblemente al resentimiento. El cuestionamiento del límite entre civilización y barbarie, un “cliché” tan arraigado en la literatura latinoamericana, vuelve en Danzaré sobre su tumba a replantearse en la literatura contemporánea nicaragüense.
Palabras claves :
Novela nicaragüense, Fátima Villalta, Exclusión, Pobreza, Violencia, Civilización y barbarie 
Autor(es):
Hólmfríður Garðarsdóttir
Texto íntegral:

1

2Desde el hemisferio Norte prevalece últimamente la imagen de Centroamérica1 como sede de inseguridad, violencia y corrupción, consecuencias, en términos socio-económicos, de la consolidación de un patrón de desarrollo que produce la desigualdad y la pobreza2. Se repiten noticias acerca del narcotráfico destinado a los Estados Unidos, de inequidad e injusticia, de operaciones de pandillas delictivas, como la MS-13 y la M-18, y de México, El Salvador, Honduras y Guatemala como ejes operativos de criminalidad variada, incluida la trata de personas3. Los causantes principales de esta inestabilidad y violencia, tanto doméstica como social, confirman ser la pobreza extrema y la falta de una proyección futura, tanto de las autoridades como del sector privado. Mientras Costa Rica y Panamá comúnmente ocupan una posición más cómoda, Nicaragua parece ser, a nivel internacional, el país más invisible, apartado y pobre del Istmo.

3No obstante, desde Nicaragua salen a menudo representaciones artísticas que confirman una realidad social y cultural también conflictiva, marcada por condiciones comparables4. Esta realidad está fuertemente marcada por una variedad de aspectos políticos, sociales, económicos y culturales desfavorables, particularmente para la población joven nicaragüense que busca modelos a seguir para desarrollarse y establecer su sentido de ser y pertenecer5.

4El estudio aquí presentado tiene por objetivo estudiar cómo la novela Danzaré sobre su tumba (2011), ganadora del concurso 2010 del Centro Nicaragüense de Escritores6, de la joven escritora Fátima Villalta, abre espacio al debate sobre las causas más significativas de la exclusión social y la violencia de género. Como punto de partida resulta oportuno precisar que, a lo largo del análisis presentado, a la literatura se la entiende como “el otro archivo de la historia” ya que revela contextos sociales, culturales y económicos explícitos vistos desde un punto de vista determinado7. Además, se considera que ofrece una gama de nuevos sentidos del “yo” como sujetos marginalizados que emergen al primer plano de las representaciones sociales y culturales, enfatizando la objetividad posible de una “escritura íntima”, testimonial, entendida en concordancia con la observación de Borkosky como “una literatura referencial del yo existencial, asumido, con mayor o menor nitidez, por el autor de la escritura8”.

5Las intersecciones de género, clase, origen y edad hacen que la novela exceda varias fronteras socialmente reconocidas y ponga en cuestión valores sociales dados por supuestos, tanto el amor maternal entendido como sentimiento natural, la familia como espacio y garantía de bienestar, y la supuesta solidaridad familiar9. En la novela de Villalta, la intensidad de la adolescencia sumada al rencor, la desesperación, el hambre y la ignorancia da como resultado una combinación que lleva infaliblemente al resentimiento. El cuestionamiento del límite entre civilización y barbarie, un “cliché” tan arraigado en la literatura latinoamericana, vuelve en Danzaré sobre su tumba a replantearse en la literatura contemporánea nicaragüense.

A modo de introducción

6Al comienzo de la novela Danzaré sobre su tumba (2011) la protagonista principal y la narradora del texto se presenta desde una autoescritura femenina, desde un “yo”, “en lucha contra el poder excluyente” (Fallas Arias xxiv) y dice:

7Tengo sesenta y siete años y no comprendo aún la subjetividad de las emociones, lo más extraño es que a mi edad, me empeño en comprenderlas. No soy más que la típica historia de sueños frustrados [...]. Creí en imposibles […]. Mi único consuelo es el saber que Eduardo arde en las hogueras del infierno. Y yo sigo viva. […] Es una lástima ya no tener fuerzas para danzar sobre su tumba, como lo hacía en sus primeros años de muerto” (pág. 11).

8A partir del capítulo introductorio compartimos entorno con esta mujer mayor que, por medio de una narración lineal, recuerda tanto su niñez como su juventud, ambas marcadas por el sufrimiento y la exclusión. Trascurrieron en las afueras de un pueblo rural nicaragüense, dentro de una morada humilde de “dos cuartos pequeños” y piso de tierra (pág. 15). Se trata de una hija natural de una mujer costurera, alcohólica y amante de un hombre casado. La novela cuenta la historia de este “yo” femenino, María Eugenia, desde niñez a la vejez. La protagonista desprecia a su madre por su sumisión al hombre y odia a su padre, figura ausente y abusiva. Sus sentimientos profundos de rencor dominan todas sus relaciones humanas y van guiando sus acciones y pensamientos en el proceso de “hacerse mujer10”.

9A mi padre lo vi por primera vez a los cuatro años. Consigo traía un ramo
de flores para mamá, un coche de juguete para Eduardo, mi hermano, y para mí un mísero beso solamente, agrio y forzado. Me lo dio en la frente sin mirarme siquiera. Un escalofrío me recorrió el cuerpo (pág. 13).

10Pasados algunos años, me enteré de que él era casado y que mamá no era más que un capricho algo longevo; una aventura, que duró más de lo que debería haberlo hecho. […] A ella (mi madre) no le interesaba nada más que ser la concubina de Jorge, a costa de su reputación. […] Todos en el pueblo conocían su condición de meretriz (pág. 24).

11Dentro del entorno familiar, durante su niñez, su aliado es su hermano mayor, un joven guapo, simpático y socialmente aceptado. Como contrapartida, la protagonista se presenta como fea, desgraciada y rechazada. “Desde que tengo memoria, la idea de ser hombre ha sido tentadora, maravillosa” (pág. 15). […] “Lo peor de todo era saber que sería mujer para siempre, por un simple capricho de mis padres” (pág. 16). Para luego añadir: “Sentía odio hacia mi madre, y no por haberme golpeado, sino por haberme hecho mujer, lo más imperdonable aun: el haberme hecho una mujer fea” (pág. 19).

12La narradora nos revela que a medida que pasaban los años “la situación en el hogar era cada vez más tensa” (pág. 28). El padre visita con menor frecuencia, la madre toma cada vez más y los hermanos sobreviven mendigando en casas vecinas. La falta de dirección, supervisión y/o protección hace que al llegar a la pubertad la competencia necesaria para sobrevivir se vuelve urgente. “Para mi hermano la vida era mucho más sencilla, era simpático, afable, seguro de sí mismo. Era todo lo que yo no era” (pág. 30). En ese transcurso, la violencia va incrementándose, construyendo un personaje cada vez más perverso y malvado. Al discutir la situación con su hermano comparte: “Mi madre era un estorbo, así que debíamos ser pragmáticos y deshacernos de la molestia. ¿Será mejor que mamá se muriera?“ (pág. 34), a lo que contesta el hermano: “Me hubiese gustado que mi papá estuviese aquí. – ¿Para qué? – pregunté, claramente sorprendida. – Para matarlo también” (pág. 36).

13La desesperación palpitante hace que los hermanos contemplen los medios al alcance y les surja la excelente idea de suministrarle a la madre “veneno para ratas […] con el ron” (pág. 37). Mientras contemplan sus planes:

14entró una rata gigante a la cocina que, en contra de su voluntad, empujé con la escoba y saqué a golpes. Había muchas en el jardín, podía escucharlas; era extraño porque […] los animales no se aproximaban a nuestra casa (pág. 36).

15La plaga ratonera se vuelve un leit-motiv en la novela, representando la maldad, el rencor y, quizás más fuertemente, la absoluta falta de recursos de estos jóvenes sujetos al abuso y exclusión múltiple, y por ende víctimas de su entorno. No obstante, a pesar de la frustración, el disgusto y el cansancio de cuidar de su madre casi siempre “fuera de sí” (pág. 30), a los jóvenes les cuesta actuar. Deciden hacerlo “mañana por la mañana” (pág. 38) y el hermano, Eduardo, sugiere que oren “para que mamá se muera esta noche y no tengamos que matarla nosotros” (pág. 38). Consecuentemente, al imaginarse “lo feliz que será sin mi madre” (pág. 39) y “mientras una manada de ratas chillonas se encontraban en algún lugar no muy lejano”, es precisamente lo que ocurre: a la madre, en la madrugada, la encuentran muerta.

16Representativa y simbólica resulta la revelación de que “a nadie le importaba la muerte de María Antonia, ya que no era nada para nadie y contrario a los que los demás pensaran, tampoco era algo para sus hijos” (pág. 40). María Eugenia sospecha de su hermano, tanto como él sospecha de ella. Ambos cuestionan la honestidad del otro a la vez que sostienen que no habían hecho nada para promover la muerte de la madre. Simultáneamente, comparten una sensación de alivio, ya que “después de tantos años de opresión, éramos libres al fin” (pág. 40).

Las múltiples dimensiones de la exclusión social.

17La protagonista de Danzaré sobre su tumba, desde el comienzo de sus días, se encuentra sujeta a formas variadas de exclusión. Según lo explican Pérez Sainz et.al., son procesos de “desempoderamiento extremo que, si no son neutralizados por el acceso a la ciudadanía social, desembocan en situaciones de no participación en dinámicas básicas de pertenencia en la sociedad” (pág. 11-12). La novela, por lo tanto, entendida como testimonio y archivo realista social, ofrece numerosos testimonios de una situación de marginalización económica, social y cultural.

18Mamá no tenía dinero suficiente para costear un colegio de monjas remilgadas e hipócritas; además, aunque lo hubiese tenido era imposible que entrara, por el simple y fatídico hecho de ser hija natural, bastarda […]. María Eugenia Castillo, ese era mi nombre y mi único apellido, a menos de que me casase, no encontraría manera de obtener el segundo (pág. 22).

19La marginalización de María Eugenia es multidimensional e implica el rechazo, total o parcial, de la participación plena en la vida de una sociedad determinada. Con el objetivo de captar mejor lo omnipotente que resulta la exclusión presentada en Danzaré sobre su tumba, resulta apropiada una definición presentada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que engloba el proceso y las formas y niveles que conlleva.

20Exclusion consists of dynamic, multi-dimensional processes driven by unequal power relationships interacting across four main dimensions – economic, political, social and cultural – and at different levels including individual, household, group community, country and global levels. It results in a continuum of inclusion / exclusion characterized by unequal access to resources, capabilities and rights11.

21Dicho de otro modo, la exclusión es un proceso que priva a los individuos, las familias y/o los grupos de los recursos necesarios para participar en las actividades culturales, sociales, económicas y políticas. Además las prácticas discriminatorias que se producen pueden ser profundamente arraigadas en la comunidad, la familia, las instituciones públicas, etc., tanto como en la idiosincrasia de un pueblo expresada por las normas y valores ejercidos. De modo comparable, Behrman et.al. definen el concepto como “la negación de acceso igual a las oportunidades impuesta por ciertos grupos de la sociedad sobre los demás” (pág. 11) y de acuerdo con su definición, la exclusión, entonces, puede basarse en las creencias religiosas, la ubicación geográfica, el origen étnico, la raza, el estatus socioeconómico y otras características. Consecuentemente, la exclusión, como el efecto de procesos discriminatorios de “otredad”, se funda al bordear la base de la identidad cultural, social y/o racial. El proceso consiste en el mantenimiento de las fronteras y/o límites espaciales y simbólicos para sustentar la exclusión de ciertos grupos o individuos. Estos límites impiden a las personas el acceso equitativo a un lugar propio dentro del tejido social y cultural de una comunidad determinada.

22Por ende, la exclusión manifiesta la interacción de una variedad de circunstancias, acontecimientos y procedimientos que afectan a los individuos o grupos, negándoles la posibilidad de alcanzar una calidad de vida digna12. Las diferentes dimensiones de la exclusión incluyen la pobreza, los límites en la participación activa en el mercado laboral, la negación o limitación sistemática del acceso a los recursos y los servicios sociales, la falta de voz política, de protección social, de acceso a la justicia y la negación del derecho a condiciones de igualdad en las relaciones social13. Consecuentemente, la sociedad excluyente sería aquella en la que los individuos se relacionan e interactúan principalmente con otros de la misma raza o clase social, y aquella en la cual las interacciones condicionales por raza o clase son clave para acceder a puestos de trabajo, crédito, oportunidades de educación y opciones de atención médica14. Un grupo está definido y excluido porque otro lo margina mediante el ejercicio de poder; en consecuencia, la exclusión social es el resultado de las interacciones sociales que se caracterizan por las relaciones desiguales de poder y, a menudo, este proceso sustenta y perpetúa la desigualdad y la pobreza en las sociedades15.

23En concordancia con lo que señala el texto de Peralta, las diversas interpretaciones del concepto de la exclusión social tienen como denominador común visiones sobre la sociedad y las causas de los problemas sociales. Enfatizan aspectos distintos, como los grupos sociales en riesgo, los procesos que conducen a la exclusión, los agentes involucrados, los espacios de los cualeslas personas están excluidas, como el empleo, la educación, la ciudadanía, los derechos civiles, etc., así como los efectos de la exclusión social: bajos ingresos o viviendas inadecuadas16. Un elemento importante para comprender de qué se priva a las personas excluidas, representadas por los hermanos en Danzaré sobre su tumba, es observar cómo se determinan las normas de bienestar de la sociedad en cuestión. Es decir, las condiciones básicas de vida, que la mayoría de la gente disfruta y se definen implícitamente dentro de cada sociedad, no sólo tienen que ver con los ingresos sino también las conductas de consumo, los niveles de salud y bienestar además del acceso a los bienes y servicios17. La exclusión social, por ende, es un concepto socialmente construido, y puede depender de lo que se considera “normal”. En el caso aquí estudiado, países subdesarrollados como Nicaragua, donde la mayoría de las personas no tienen un nivel de vida aceptable, la definición de lo que es “normal” no es ni transparente ni sencilla, especialmente en el caso de la falta de un estado de bienestar.

24Para asegurar una mejor comprensión de la teorización expuesta resulta oportuno enfatizar que la exclusión social se puede dividir en tres esferas principales: la exclusión económica, la exclusión cultural y la exclusión política. Primero, la exclusión económica, casi exagerada en el caso de Danzaré sobre su tumba, implica la inaccesibilidad a la participación en los sectores productivos y los comercios mercantiles y financieros, que se liga a la insuficiencia de ingresos, el desempleo y la inseguridad del empleo, o la privación material por falta de ingresos. Además, impide el aprendizaje de las habilidades para actuar prósperamente en tales ámbitos18. John Pierson mantiene que el proceso de la exclusión social aparece principalmente como una consecuencia de la pobreza y los bajos ingresos, pero también considera que otros factores como la discriminación, un nivel bajo de educación y nivel de vida empobrecida son componentes que juegan un papel determinante en el proceso (pág. 7). Cierto es que, en muchos casos, las personas socialmente excluidas también viven en pobreza, la cual según Pierson es uno de los elementos más potentes de la exclusión (pág. 9). Este autor explica que la pobreza se define en términos absolutos o relativos. Los absolutos se definen en concordancia con El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que utiliza una norma fijada de un dólar estadounidense por día para determinar la pobreza en el mundo subdesarrollado. La pobreza absoluta, destacada en Danzaré sobre su tumba se define por tal norma, es decir los individuos y las familias que viven dentro o debajo de esta norma viven en indigencia total y no pueden satisfacer las necesidades mínimas de alimento y refugio. Por tanto, se enfrentan a la desnutrición severa y a peligrosos niveles de mala salud (pág. 9). En cambio, la pobreza relativa refiere a la falta de recursos necesarios para participar en las actividades y tener las condiciones de vida generalmente aprobadas y obtenidas por una mayoría de personas en una sociedad particular (pág. 9). Los individuos que sufren esta forma de pobreza están efectivamente excluidos de los patrones de vida ordinaria y la participación generalmente reconocida como estándar, pues carecen de los recursos adecuados para participar en las condiciones de vida, las oportunidades y las normas de bienestar que la sociedad en su conjunto ha creado (pág. 9).

25El proceso de la exclusión social y por ende la marginalización, en forma de desventajas y discriminación, no se limita a los niveles más bajos de la jerarquía social sino que pueden manifestarse independientemente de la pobreza en niveles sociales distintos. En cierto modo, según la comprensión de Pérez Sainz et. al., la exclusión social es un problema estructural de los Estados, refiriendo a la ineficiencia de las políticas públicas al enfrentarla en toda su magnitud. Es decir, la ambición de reducir la pobreza ha sido ineficiente y el mercado, cuyas fallas son estructurales, no ha ofrecido salidas de superación de la exclusión social sino, al contrario, ha tendido a reproducirla (pág. 214).

26Ahora, la exclusión socio-cultural refiere a la falta de bienes socio-culturales como la educación, el acceso a servicios de salud, la negación de la identidad social y cultural propia, además de cualquier tipo de espacios de recreación. La privación de estos elementos puede tener eefectos negativos en el desarrollo de habilidades y aptitudes dentro de entornos como la educación o la cultura19. Las condiciones de pobreza comúnmente engloban las dimensiones espaciales, en el sentido de que interactúan y se refuerzan entre sí con la exclusión dentro de ciertas ubicaciones geográficas. Por un lado, los grupos excluidos a menudo se concentran en zonas vulnerables como los barrios bajos, las áreas periféricas de baja inversión donde faltan oportunidades y hay altos niveles de criminalidad, violencia, miseria, delincuencia y drogadicción. Estas áreas segregadas de los entornos urbanos generalmente carecen de servicios sociales de salud y educación, así como de la infraestructura adecuada. Como consecuencia se encuentran con empleos precarios y viviendas despojadas. En países como Nicaragua, estas diferencias espaciales confirman estar en aumento y en parte coinciden con divisiones étnicas o de clase como consecuencia de los efectos desiguales del comercio y la globalización20.

27Finalmente, y también relevante a la hora de analizar Danzaré sobre su tumba al hablar de exclusión política se alude a la falta del acceso pleno a los derechos civiles, políticos y humanos. Esto se evidencia en la ausencia de participación política, la representatividad limitada o ineficiente y la falta de poder en la toma de decisiones que afectan la vida cotidiana de las personas21. Según explican Behrman et. al., una de las formas más evidentes de las desigualdades sociales es la exclusión institucionalizada, que se revela por medio de la negación de una voz y representación en las decisiones públicas que sufren algunos grupos. A nivel mundial, las minorías tanto étnicas como sociales y, en el caso del estudio aquí presentado, las mujeres, han sido sujetas a la exclusión en diversos ámbitos: siguen encontrando barreras a la hora de buscar la participación activa, el acceso a la educación, acceso al empleo en el sector formal y la igualdad de sueldo, además de enfrentarse con una multiplicidad de obstáculos judiciales. Relevante para el contexto en cuestión es que, en muchas sociedades, el acceso de las mujeres o las minorías a la justicia es obstaculizada por la legislación que no las incluye o que está prejuiciada contra ellas. En este caso, como resalta la representación de María Eugenia, pese a que existe la igualdad jurídica formal, las mujeres, junto con otros grupos excluidos, a menudo se enfrentan a la discriminación22. De este modo, tener igualdad ante la ley no significa la ausencia de la exclusión23.

Consecuencias de la exclusión en Danzaré sobre su tumba (2011)

28Ahora, volviendo a Danzaré sobre su tumba (2011), la autora nos introduce al ambiente rural y nos revela la estratificación clasista de esta comunidad donde sobresalen las múltiples voces marginales del pueblo. Por medio de estas representaciones, lo local se vuelve global ya que la construcción identidaria personal se entiende como disfraz de un cuaderno más abarcador, dado que la novela se ofrece como materia prima para explorar cómo los diferentes grupos sociales y culturales se perciben a sí mismos. No obstante, sobresale la representación de María Eugenia como una mujer consciente de su subordinación: “Después de tantos años de opresión, éramos libres al fin” (pág. 40) […] “jamás habíamos vivido tan felices, tan bien” (pág. 42), pero “Me encolerizaba el sentimiento de inferioridad que sentía al estar a su lado [del hermano]” (pág. 43), hasta que un día “deseé la muerte de todos” (pág. 49).

29Villalta retrata su protagonista femenino, su “yo” narrativo, desde su capacidad avanzada de evaluar y medir sus posibilidades reales en tiempos de abandono, abuso y rechazo sociocultural causado por la historia personal de su madre, la pobreza y la condición de ser mujer. Revela que crecer bajo condiciones de violencia, inseguridad y subdesarrollo resulta en la creación de una fiera (¿otro vocablo?), que al confrontar una amenaza abandona su rol de víctima para volverse victimaria. María Eugenia abandona lo que Palacios Vivas identifica como “la pasividad esperada de una mujer” (pág. 223) y se vuelve agente activo transformando su existencia (pág. 225). La violación prolongada de sus derechos humanos y la discriminación extendida han resultado en la formación de un ser social y cultural incapaz de incorporarse en la comunidad. Lleva su vida apartada de la comunidad dentro de la casa que comparte con su hermano. Ha aprendido a evitar el confrontamiento con la discriminación extendida y sistemática a la cual está sujeta como hija natural, mujer joven y pobre, y genera un desprecio profundo hacía la comunidad que la rodea. La representación del núcleo familiar de los hermanos, viviendo bajo el mismo techo hasta su adultez, poco a poco hace resaltar su lucha de poder, entendido el poder en concordancia con la teorización de Foucault cuando habla de una red de estrategias que toman formas múltiples y que están en transformación constante24. Cada uno de los hermanos ejerce una manera de hablar y razonar sin tener con o contra quien medir sus discursos manipulados por una creciente competencia y falta de confianza. Cada uno promueve “una verdad” determinada que concuerda en el rol de víctima que ni uno ni el otro reconoce25. Los dos se vuelven agentes transgresivos que a medida que avanza la narración toman el rol de un victimario. Hacen la vida imposible el uno para el otro hasta tal punto que los dos se sumergen en el ejercicio de prácticas abusivas y malvadas simbólicamente representadas por el “nido de ratas que ‘parecen zorros’ (pág. 101) y “lo saben todo” (pág. 131), que “últimamente proliferaban” en la casa (pág. 101). La inseguridad y la desconfianza omnipresentes se revelan por medio de una pesadilla de la protagonista donde “las ratas me devoraban sin piedad con sus enormes dientes amarillos” (pág. 115). María Eugenia reconoce que: “Ni mi hermano ni yo fuimos hechos para amar, no éramos infelices por ello, felices tampoco” (pág. 124).

30La malevolencia de los dos aumenta a medida que las ratas enormes poco a poco se apoderan de la casa, sobreviviendo el empleo de veneno en cantidades notables por parte de María Eugenia. Cada uno se dedica a lo suyo hasta que Eduardo se casa y lleva a su mujer a la casa. María Eugenia no la reconoce y le hace la vida imposible, aunque también siente lástima por ella cuando su hermano la abandona para seguir su vida libertina en el pueblo. La mujer, una joven enfermiza, embarazada e infeliz, muere a la hora de dar a luz en un parto prematuro y complicado, que María Eugenia atestigua. A partir de este momento nada vuelve a una normalidad aunque la protagonista, por unos meses, lleva una existencia que “no me era grata, tampoco me disgustaba […]; simplemente existía, sólo eso, sin emociones ni preocupaciones, la manera más simple de ser. […] en realidad no me sentía de ninguna manera” (pág. 121). Pero esta paz relativa no resulta duradera: Eduardo comienza tomar y hace a María Eugenia responsable de la muerte de su mujer.

31A partir de este momento, con la intención de representar cómo la exclusión sistemática genera y promueve la violencia, la novela de Villalta proporciona una perspectiva personal y de género mientras propone una connotación pública general. Recordamos que con “violencia basada en el género” se refiere a una serie de costumbres sociales, que imponen el uso de la fuerza en contra de las mujeres en una situación de subordinación con respecto al hombre, sea verbal, institucional o física26. Este tipo de violencia se origina en las normas culturales y se basa en las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, que proceden de la estructura de discriminación de la cultura de subordinación y dominio patriarcal27. Estas prácticas, según lo expone Incháustegui, “incluyen diversos tipos de comportamientos físicos, emocionales, sexuales, o económicos hasta llegar a la privación de la vida” (pág. 13). Además, según la Declaración de las Naciones Unidas, para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (1993) hacen referencia a:

32Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada (s.p.).

33La autora de Danzaré sobre su tumba elabora un retrato en aparienciatrasparente al tiempo que revela un proceso complejo representando la creación de una sociedad multidimensional rural. Sus personajes masculinos, tanto el hermanocomo el semi-novio y el padre ausente aparecen como víctimas de su virilidad, instrumentos de sus deseos y seres sociales incapaces de cualquier bien. Ninguno de los personajes tiene modelos a seguir y la meta, la utopía — entendida en concordancia con el segundo libro de Thomas More (2015), como asegurando un espacio justo y democrático, la familia como espacio y garantía de bienestar y la solidaridad familiar (de sangre) y social, incluido el amor maternal como un sentimiento natural — no tiene representación el en texto de Villalta. La realidad que proyecta es otra. Simultáneamente, la protagonista, a pesar de sus muchas limitaciones, aparece más relacionada con el medio ambiente y sus circunstancias. Se hace consciente de las limitaciones impuestas por el medio. Reevalúa sus opciones y considera las diferentes alternativas. La paciencia necesaria para sobrevivir y para conducirse en el entorno requiere modificación y contemplación, además de resistencia y coraje a la hora de cruzar fronteras para salir del rol de víctima.

34La novela de Villalta subraya la necesidad de entender al individuo como una construcción fundamental en la formación de sociedades y enfatiza que las identidades colectivas funcionan como herramientas adhesivas que consolidan los miembros de un grupo que comparten una serie de valores, creencias, experiencias comunes, idioma, ciudadanía y comunidad política28. A los individuos dentro de una entidad social se les requiere aceptar ciertas normas, ideologías, sentido de autoridad, patrón de conducta y rituales. El sujeto como ente social e individual, no obstante, goza de la libertad de abstenerse de participar de o rechazar las reglas predeterminadas, exponiéndose de esta manera a ser condenado y/o excluido. Danzaré sobre su tumba dibuja los ritos de paso de la joven protagonista como “un aspecto central de la adolescencia” durante la cual se interroga sobre las relaciones hegemónicas de orden cultural y social, como sujeto social rural y marginal femenino29.

35La novela, entonces, cuestiona observaciones ampliamente confirmadas que advierten que “uno no nace sino que se convierte en mujer” ya que ser un sujeto político requiere o bien aceptar una definición establecida por terceras partes, atravesar el proceso de encontrar un lugar dentro de la gama de opciones de las que disponemos, o bien vivir fuera (o en los márgenes) de la definición establecida colectivamente por la sociedad en cambio constante30. El reto de la joven protagonista consiste en construir un sentido de subjetividad y crear para sí misma un lugar31. Sus intentos por asimilarse y apropiarse de los discursos sociales que se le presentan como única opción se convierten en una necesidad continua de tomar decisiones propias debido a la falta de modelos femeninos propicios a los que pueda seguir. Danzaré sobre su tumba enfatiza el crecimiento personal como tema central y presenta la forma en que este proceso constituye “la experiencia traumática de la constante negociación por el poder.” En su proceso de transformación, la joven protagonista está expuesta a una multiplicidad de interlocutores y discursos de índole social e ideológica, unidos a una amplia selección de “prácticas discursivas”, como lo diría Foucault.

36 La obra de Villalta puede leerse en concordancia con la observación presentada por Álvaro Quesada Soto al hablar de la literatura costarricense de fin de siglo, marcada por “la tendencia a trasladar la fuente de los conflictos, desde un mundo social que se percibía como “exterior”, a la propia subjetividad de los personajes, con la consiguiente disolución de las fronteras entre “interioridad” y exterioridad”, entre subjetividad y orden social o entre las representaciones y la “realidad” (pág. 136). Sobresale la presentación de una descomposición social enfocada en la maldad humana con toda una gama de violencia. Las fuerzas naturales y antinaturales aumentan la tragedia cotidiana de la vida. Aparecen empleados elementos grotescos, alegóricos y fantásticos para diseñar personajes sumidos en la desesperación, como víctimas durante su niñez pero volviéndose victimarios al llegar a la edad adulta. Lo grotesco deshecha la verosimilitud con la intención de causar disgusto y sorpresa, pero a la vez brilla un discurso llano promoviendo confianza en la verosimilitud de lo narrado.

37 La escritora enfoca una sociedad que sufre por las prácticas arraigadas de exclusión, tanto económicas como sociales y culturales, poniendo un énfasis particular en el tema de género que carcome el tejido social como un malestar severo. El abandono y la violencia intrafamiliar hacen evidente la exhibición de un mundo casi inhumano. Cómo lo observa Palacios Vivas, aunque en el contexto de literatura contemporánea de mujeres costarricenses “la violencia es horizontal, los que pertenecen al mismo nivel se destrozan32 ”. Por ende, la novela termina en un “duelo” entre los hermanos para “ver quién soporta más tiempo” (pág. 142) después de pasar meses en una situación de guerra fría y lucha de poder. Eduardo, después de la muerte de su mujer y aunque no la quería se ha vuelto trastornado. Duerme en el piso, ha dejado su trabajo, y hace a su hermana responsable de la muerte de la madre y ahora de su mujer:

38¡Perra! gritó y se abalanzó sobre mí. Su furia alternaba entre puñetazos, patadas y vituperios. -¡Vos mataste a Mercedes! ¡Y me querías matar a mí! Maldita puta. Eduardo me dio un puntapié en el estómago, corría sangre de mi nariz, de mi boca. “¡Yo no lo hice!” [...] “¡No fui yo! ¡No, no …!” […].Su furia aumentaba y me golpeaba con más fuerza – “¡Vos lo hiciste! Ellas [las ratas] me lo dijeron”. “Ellas me lo dijeron” era lo que me suponía” (pág. 132).

39Después de lograr refugiarse en su cuarto, la protagonista, seriamente herida, se encierra y durante días no sale, hasta que, durante el séptimo día, lograr escaparse por un “agujero en el techo” (pág. 146). Mientras tanto, su hermano, al perder sus fuerzas por el hambre, según le explica días más tarde el médico del pueblo, muere “de envenanamiento y leptospirosis” (pág. 161). “Había pasado una semana desde mi huida, él no podía morirse en siete días. Era imposible, improbable, extraño” (pág. 159). Explica el médico:

40Créame por favor. Sé que es difícil de creer pero es la verdad. Su hermano pasó un poco más de una semana sin comer ni beber. Las pocas veces que probó alimento fue para ingerir trozos de pan envenenados. Además, en su casa hay una plaga increíble de roedores gigantes y nadie se dada cuenta (pág. 162).

41Por ende, los hermanitos jóvenes introducidos al comienzo de la novela Danzaré sobre su tumba (2011), víctimas de un sistema clasista discriminatorio arraigado, de estructuras sociales y culturales excluyentes, de abandono y violencia intrafamiliar, se han vuelto victimarios crueles conducidos por un odio profundo. Al recibir la noticia de la muerte de su hermano, María Eugenia, ahora de diecinueve años, quien se ha pasado a vivir en un pueblo cercano donde “en un día había conseguido empleo y en menos de siete días, amistades, las que jamás tuve” (pág. 157), revela su orgullo vengativo al recibir la noticia. ”Tenía una sonrisa tatuada en el rostro, el doctor lo notaba. Disfrutaba con la idea de saber a mi hermano muerto y qué mejor manera que esa. Él debe estar en el Infierno, pensé; y me está esperando. Eduardo era un idiota. ¡Un idiota!, me decía mientras reía sin disimulo” (págs. 162-163).

42Ya había escuchado suficiente, se hacía tarde. Me iría de lo más contenta, hasta tenía intenciones de bailar en la tumba de mi hermano a la mañana siguiente y lo hice, pero eso es algo que les narré. Me despedí del doctor, salí con paso seguro y alegre de su consultorio. […]. Era libre. […]. Era la mejor noche de mi vida, había que celebrarla (págs. 167-168).

43La reacción de María Eugenia hace eco de las formulaciones de la escritora chilena Diamela Eltit, quien en su ensayo “Mujer, frontera y delito” asegura que, cuando a las mujeres se las asocia con un crimen pasional, muchas veces son señaladas como histéricas, algo que problematiza al sostener que estas “son categorías culturales, son discursos que terminan por producir realidad o ilusión de realidad” (s.p). La protagonista de Danzaré sobre su tumba, al contrario, representa la condición humana de quienes habitan los ámbitos locales particulares expuestos dentro del texto. Nos relata su búsqueda frustrada por pertenecer, sea a un lugar, a una comunidad, a un entorno o una cultura determinada33.

44Por medio de esta búsqueda, nos explica el sociólogo argentino Enrique del Acebo Ibáñez, en su libro Sociología del arraigo: Una lectura crítica de la teoría de la ciudad (1994), se exponen las condiciones necesarias para garantizar el bienestar de un individuo. Observa que el sentido de arraigo, de pertenencia, está cimentado sobre tres pilares fundamentales. En primer lugar, los individuos necesitan pertenecer a un sitio o un lugar determinado, luego a una comunidad social en particular y por último a una cultura.

45Acebo explica que los humanos tienen la tendencia a “establecerse” en un lugar dado que simbolice estabilidad, seguridad y pertenencia. Según él, el individuo está capacitado emocionalmente para volver a aquel refugio aun cuando no esté “físicamente” allí. Se le puede remover del sitio mismo pero “lo lleva dentro de sí” (pág. 27). De la misma manera, un individuo necesita un cierto sentido de raíces sociales, es decir, pertenecer a un grupo o comunidad particular dentro de la cual está estrechamente asociado. El grupo puede ser su familia, clan, entidad étnica, círculo de amigos e inclusive personas con las que se asocia a nivel profesional. El grupo constituye una comunidad que forma al individuo al mismo tiempo que éste hace parte de su formación. El tercer pilar que identifica y que es necesario para asegurar el arraigo implica valores culturalese incluye aspectos de una comunidad en el plano lingüístico, religioso o ideológico donde una persona se siente en casa o donde su sentido de seguridad está garantizado. Acebo hace hincapié en que “un hombre desdichado es un hombre desarraigado” (pág. 38) y explica que “un individuo está arraigado cuando descubre que las reglas y valores rigentes le pertenecen y que a pesar de su limitado alcance, se define a sí mismo como una persona libre, responsable y representativa” (pág. 28). Sobre los individuos, sugiere además que en el pasado su “rol en el espacio urbano era sobresaliente” (pág. 26) y que su vecindario los moldeaba tanto como ellos lo moldeaban a él (pág. 26).

46Acebo recalca que si un individuo no logra arraigarse a un sitio, como hemos observado en el caso de María Eugenia, sufre de desarraigo. Esta carencia conlleva a un individualismo extremo que puede llegar a convertirse en inseguridad y eventualmente en agresión. En estas circunstancias, los individuos pierden su importancia, se aíslan de sus necesidades sociales y antigua camaradería. Su confianza se aflige, su estabilidad se ve amenazada y el sentido de pertenencia se pierde. El individuo se contrae y se aísla. Su actitud llega a estar dominada por la indiferencia y la hostilidad toma las riendas. Esto conlleva a una inestabilidad constante y un malestar cada vez mayor. En esta etapa, un individuo se siente amenazado y pierde su sentido de curiosidad y la habilidad de dejarse sorprender por la realidad que le rodea. Como consecuencia, le parece más y más difícil sentir que pertenece o que está protegido y a salvo (págs. 37-38).

A modo de conclusión

47La protagonista de la novela Danzaré sobre su tumba (2011), María Eugenia, busca durante su juventud un denominador común fiable con el fin de fortalecer su posición como mujer, pero esto no da resultados. El rechazo y el menosprecio vivido a lo largo de su niñez no genera un ser social sumiso, una víctima sin voz, sino una mujer furiosa, violenta, agresiva, abusiva y capaz de danzar en alegría sobre la tumba de los que la maltrataban. Por medio de la creación de su personaje, Fátima Villalta muestra cómo la sociedad da forma a la persona. Desde una perspectiva local, resalta la representación global al describir cómo, después de quinientos años de historia en el istmo Centroamericano, la segregación de grupos sociales todavía sigue prevaleciendo. La novela destaca, además, la lucha de los marginados por el reconocimiento. Su representación revela un sujeto femenino aparentemente vulnerable al comienzo de la narración, sujeto que crece en medio del subdesarrollo, la pobreza y la inseguridad. El lector se vuelve testigo de la exclusión que aguanta, la intolerancia que poco a poco cultiva, la sensación de injusticia que madura en ella, la perseverancia necesaria para poderse vengar y, finalmente, para vivir de cerca el estallido de su furia, su batalla cruel contra su hermano para asegurar su sobrevivencia. Además, resalta la delicia malvada, aunque de cierta mantera entendible, al recibir la noticia de la muerte de su agresor.

48En resumidas cuentas, entonces, como artefacto representativo de una realidad reconocible, la novela Danzaré sobre su tumba (2011) refleja tiempos pasados, mientras cuestiona el presente y muestra señas de un futuro en proceso de cambio. Contrasta radicalmente con el mito de la familia como fuente primordial de bienestar en entornos rurales muchas veces idealizados. La novela contribuye a las continuas peticiones de orden global que reclaman un auto-entendimiento e identidad local y nacional donde los sujetos sociales en pleno cambio hacen su aparición. Atestigua también una representación dinámica de voces y personas marginalizadas, a la vez que gira la atención hacia personajes femeninos que participan en una transición de la sumisión femenina hacia agentes feministas progresistas. Estas representaciones sirven como archivos de historias, tal y como Jorge Panesi ha recalcado memorablemente. Danzaré sobre su tumba presenta una revisión de identidades personales y nacionales y sirve como una fuente extraordinaria para explorar la manera en que los numerosos grupos sociales, culturales y étnicos de Centroamérica se perciben a sí mismos y perciben su exclusión en la actualidad.

Bibliografía

49Acebo Ibáñez, Enrique. Félagsfræði rótfestunnar. Kenningar um uppruna og eðli borgarsamfélagsins [Sociología del arraigo: Una lectura crítica de la teoría de la ciudad]. Trad. Garðarsdóttir et.al._(Reykjavík: University of Iceland Press, 2007).

50ACNUR. Niños en fuga: niños no acompañados que huyen de Centroamérica y México y la necesidad de protección internacional (s.l., en línea, 2014). http://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/Publicaciones/2014/9568.pdf?view*1 , Consultado el 30 de octubre de 2015.

51Beauvoir, Simone de. El segundo sexo (Madrid: Cátedra, 2005).

52Behrman, J., Gaviria, A., Székely, M. (eds.) “Social Exclusion in Latin America. Perception, reality and implications”, en Who´s in and Who´s out: Social exclusion in Latin America (Washington D.C: Interamerican Development Bank, 2003).

53Beltrán, María A., Cruz, José M. y Savenije, Win. Exclusión social, jóvenes y pandillas en Centroamérica (San Salvador: Fundación Dr. Guillermo Manuel Ungo, en línea, 2007).
http://132.248.9.34/hevila/Revistapoliciayseguridadpublica/2015/vol1/14.pdf , Consultado el 17 de noviembre de 2015.

54Bosworth, James. Honduras: Organized Crime Gaining Amid Political Crisis (Woodrow Wilson Insternational Center for Scholars, 2011).

55CEPAL.Migración internacional en América Latina y el Caribe: nuevas tendencias, nuevos enfoques (en línea, 2011). Consultado el 13 de noviembre, 2015.
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56CIDH. Derechos humanos de los migrantes y otras personas en el contexto de la movilidad humana en México (en línea, 2013).
http://www.oas.org/es/cidh/migrantes/docs/pdf/informe-migrantes-mexico-2013.pdf , Consultado el 13 de noviembre de 2015.

57Cooper, Brittney. “Intersectionality” en The Oxford Handbook on Feminist Theory Eds. Lisa Disch and Mary Hawkesworth (Oxford Handbooks Online, 2015).

58Cortés Domínguez, Guillermo. “Danzaré sobre su tumba” en El nuevo diario 13 de agosto 2013.

59Dudley, Steven S. Drug Trafficing Organizations in Central America: Transportistas, Mexican Cartels and Maras (Woodrow Wilson Insternational Center for Scholars, 2010).

60Escobar Barba, Edgar. “Danzaré sobre su tumba” en Danzaré sobre su tumba (Managua: Centro Nicaragüense de Escritores, 2011).

61Eltit, Diamela. “Mujer, frontera y delito” en_Proyecto Patrimonio_ (en línea, 2015).
http://www.letras.s5.com/eltit270702.htm , consultado el 22 de septiembre de 2016.

62Escorel Sarah, Jennie Popay, Mario Hernández, Heidi Johnston, Jane Mathieson, Laetitia Rispel, “Understanding and tackling Social Exclusion” en Final Report to the WHO Commission on Social Determinants of Health From the Social Exclusion Knowledge Network (en línea, 2008).
http://www.who.int/social_determinants/knowledge_networks/final_reports/sekn_final%20report_042008.pdf , consultado el 22 de septiembre de 2016.

63Farah, Douglas. Organized Crime in El Salvador: the Homegrown and Transnational Dimensions (Woodrow Wilson Insternational Center for Scholars, 2011).

64Fallas Arias, Teresa. Escrituras del yo femenino en centroaméria 1940-2002 (San José: EUCR, 2013).

65Foucault, Michel. “Power and strategies” en Power/Knowledge: Selected Interviews and Other Writings, 1972-1977 . Ed. Colin Gordon (New York: Pantheon Books, 1980), págs. 134-146.

66Foucault Michel. “Disciplines and Sciences of the Individual” en The Foucault Reader. Ed. Paul Rabinow (New York: Pantheon Books, 1984), págs. 169-239.

67Garðarsdóttir, Hólmfríður. “El cine centroamericano y la feminización de la vulnerabilidad” en Pobreza, globalización y violencia en el cine latinoamericano del siglo XXI (Santiago: Editorial Cuarto Propio, 2015: s.p.).

68————————. “Creando subjetividades a través del arte cinematográfico. Historias sobre transformación personal en el cine centroamericano de los últimos años” en Revista Latina de Sociología (2016), págs. 45-57.

69Governance and Social Development Resource Centre GSDRC. “Social exclusion” (en línea, 2015). http://www.gsdrc.org/ , consultado el 21 de septiembre de 2016.

70GSDRC. “Social exclusion as a process” (en línea, 2015).

71GSDRC. “Causes and forms of exclusion” (en línea, 2015).
Incháustegui, Teresa.Violencia feminicida en México 1985- 2010 (en línea, 2012). http://www.unifemweb.org.mx/documents/cendoc/feminicidio/F05- 1feminicidio1985-2010nal.pdf- 1feminicidio1985-2010nal.pdf , consultado el 21 de septiembre de 2016.

72Kovacy, Sara P. y Alexander N. Benes (Eds.) Central America. Security Challenges (New York: Nova Science Publishers, 2011).

73Krauskopf, Dina. “Dimensiones y pertenencias en la construcción de las identidades juveniles en Centroamérica” en Estudios culturales centroamericanos en el nuevo milenio. Eds. Gabriela Baeza Ventura and Marc Zimmerman (San José: EUCR, 2009), págs. 283-302.

74Martí i Puig, Salvador, Sánchez-Ancochea, Diego. “Centroamérica hoy” en Foreign Affairs Latinoamérica, Vol. 14, Núm. 113. (En línea, 2014) [www.fal.itam.mx], consultado el 21 de septiembre de 2016.

75McCallum, Robyn. Ideologies of Identity in Adolescent Fiction: The Dialogic Construction of Subjectivity (New York/London: Garland Publishing, 1999).

76Moro, Tomás. Utopía. Trad. Emilio García Estébanez (Madrid: Akal, 2015).

77Montobbio, Manuel. “Sobre la identidad de la identidad en la era de la globalización” en Revista de Occidente 352, (2010), págs. 130-159.

78Nikolajeva, Maria. Power, Voice and Subjectivity in Literature for Young Readers (New York/London: Routledge, 2010).

79Millett, Richard L. and Orlando J. Perez. “New Threats and Old Dilemmas: Central America´s Armed Forces in the 21st Century“ en Journal of Political and Military Sociology 33, 1, (2005), págs. 59-80.

80Oficina de Alto Comisionado para los Derechos Humanos OHCHR. “What are Human Rights” (en línea, 2015). http://www.ohchr.org/SP/Pages/Home.aspx , consultado el 21 de septiembre de 2016.

81OHCHR. “El Derecho Internacional de Derechos Humanos” (en línea, 2015).
http://www.ohchr.org/SP/Pages/Home.aspx , consultado el 21 de septiembre de 2016.

82Palacios Vivas, Nydia.Escritoras ejerciendo la palabra. Una mirada crítica nicaraguense (Managua: 400 Elefantes, 2014).

83Panesi, Jorge. “Villa, el médico de la memoria” Archivos de la memoria. Ed. Ana María Barrenechea (Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2003), págs. 13-25.

84Pérez Sainz, Juan Pablo, Salas y Minor Mora. De la pobreza a la exclusión social. La persistencia de la miseria en Centroamérica (Fundación Carolina, 2006)
http://www.fundacioncarolina.es/wp-content/uploads/2014/07/Avance_Investigacion_6.pdf , consultado el 21 de septiembre de 2016.

85———————. “Exclusión social. Una propuesta crítica para abordar las carencias materiales en América Latina” en Sociedades fracturadas. La exclusión social en Centroamérica (San José: FLACSO, en línea, s.f.).

86Pierson, John. Tackling Social Exclusion (London: Routledge, 2003).

87PNUD.La pobreza en El Salvador: una mirada de sus protagonistas,
http://www.latinamerica.undp.org/content/rblac/es/home/ , consultado el 21 de septiembre de 2016.

88Rodríguez, Ana Patricia.Dividing the Isthmus. Central American Transnational Histories, Literatures, and Cultures (Austin: University of Austin Press, 2009).

89Sandoval García, Carlos. “El “otro” nicaragüense en el imaginario colectivo costarricense. Algunos retos analíticos y políticos” en Coloquio Panamericano, 22-24, (2002), págs. 1-10.

90PNUD. Informe Sobre Desarrollo Humano Para América Central 2009-2010: Abrir Espacios a la Seguridad Ciudadana y el Desarrollo Humano, http://www.latinamerica.undp.org/content/rblac/es/home/ , consultado el 21 de septiembre de 2016.

91Vargas, José Ángel. La novela contemporánea centroamericana (San José: Ediciones Perro Azul, 2006).

92Villalta, Fátima. Danzaré sobre su tumba (Managua: Centro Nicaragüense de Escritores. Colección Narrativa, 2011).

93Isacson, Adam, Maureen Mayer, Gabriela Morales (eds.). La otra frontera de México. Seguridad, migración y la crisis humanitaria en la línea con Centroamérica (WOLA, 2014).

94Quesada Soto, Álvaro. Breve historia de la literatura costarricense (San José: EUCR, 2012).

95Center for Gender & Refugee Studies,Niñez y migración en América Central y América del Norte: Causas, políticas, prácticas y desafíos , http://cdhfraymatias.org/fray5r/ninez-y-migracion-en-centro-y-norte-america-causas-politicas-practicas-y-desafios/ , consultado el 21 de septiembre de 2016.

96Zavala, Magda. “Prólogo. Un estudio pionero sobre la escritura autobiográfica de mujeres en Centroamérica” en_Escrituras del yo femenino en Centroamérica 1940-2002_ (San José: EUCR, 2013), págs xi-xvi.

97*Notas de pie de páginas=

981 Extiendo mis agradecimientos al Centro de Investigación Rannsóknarsjóður Háskóla Íslands de la Universidad de Islandia, a Mauricio Chaves por su revisión lingüística y meticulosa del texto, y a Mónica Araya y Gerardo Jiménez por su hospitalidad calurosa durante mi estancia en el Istmo en 2015.

992 Salvador Martí i Puig y Diego Sánchez-Ancochea. “Centroamérica hoy”, págs. 108ss.
fn3. Para más información consultar los reportajes anuales del Banco Mundial, Interamerican Development Bank, WOLA, CEPAL, CIDH, ACNUR. Ver Millett y Perez 2005, Dudley 2010, Kovacy y Benes 2011, Farah 2011, Bosworth 2011 y otros en la bibliografía.

1004 Véanse Banco Mundial 2013, WOLA 2014, ACNUR 2014.
fn5. Véanse el libro de Nydia Palacios Vivas.Escritoras ejerciendo la palabra. Una mirada crítica nicaragüense (Managua: 400 Elefantes, 2014), págs. 223ss., así como Hólmfríður Garðarsdóttir. “El cine centroamericano y la feminización de la vulnerabilidad” en Pobreza, globalización y violencia en el cine latinoamericano del siglo XXI (Santiago: Editorial Cuarto Propio, 2015: s.p.) y Hólmfríður Garðarsdóttir. “Creando subjetividades a través del arte cinematográfico. Historias sobre transformación personal en el cine centroamericano de los últimos años” en Revista Latina de Sociología (2016), págs. 45-57.

1016 Durante las últimas dos décadas, la narrativa nicaragüense se caracteriza predominantemente por textos que revisitan épocas pasadas, tales como “el periodo somocista” (1939-1979); el primer período sandinista de los ´80´s; el ciclo de Chamorro (1990-1997); la ultra-derecha del fin de siglo y últimamente, la vuelta al sandinismo, 2007.

1027 Véase Jorge Panesi. “Villa, el médico de la memoria” Archivos de la memoria. Ed. Ana María Barrenechea (Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2003), pág. 14.

1038 En su introducción al libro Escrituras del yo femenino en Centroamérica 1940-2002 (2013), Magda Zavala cita a María Merced Borkosky, pág. xii.

1049 Véanse Brittney Cooper. “Intersectionality” in The Oxford Handbook on Feminist Theory Eds. Lisa Disch and Mary Hawkesworth (Oxford Handbooks Online, 2015) y Tomas Moro Utopía. Trad. Emilio García Estébanez(Madrid: Akal, 2015).

10510 Simone de Beauvoir. El segundo sexo (Madrid: Cátedra, 2005), primer tomo Los hechos y los mitos.

10611 Véase Sarah Escorel, Jennie Popay, Mario Hernández, Heidi Johnston, Jane Mathieson, Laetitia Rispel. “Understanding and tackling Social Exclusion” en Final Report to the WHO Commission on Social Determinants of Health From the Social Exclusion Knowledge Network (en línea, 2008), pág. 2. La exclusión social es un término disputado para el cual no existe una definición única y aprobada. Se originó en Francia en la década de los setenta del siglo XX para describir la condición de ciertos grupos al margen de la sociedad que fueron privados tanto de fuentes regulares de empleo y de las redes de seguridad de los ingresos del Estado del bienestar. Véase John Pierson. Tackling Social Exclusion (London: Routledge, 2003), pág. 4.

10712 Véase María A. Beltrán, José M.Cruz, y Win Savenije. Exclusión social, jóvenes y pandillas en Centroamérica (San Salvador: Fundación Dr. Guillermo Manuel Ungo, en línea, 2007). Consultado el 17 de noviembre, 2015, pág. 5-6.
http://132.248.9.34/hevila/Revistapoliciayseguridadpublica/2015/vol1/14.pdf

10813 Véase GSDRC, “Social Exclusion as a Process”.
fn14. Véase J. Behrman, A. Gaviria, M. Székely, (eds.) “Social Exclusion in Latin America. Perception, reality and implications”, en Who´s in and Who´s out: Social exclusion in Latin America (Washington D.C: Interamerican Development Bank, 2003). En inglés se lee: “The denial of equal access to opportunities imposed by certain groups of society upon others”.

10915 Véase GSDRC, “Causes and Forms of Exclusion”; “Power Relations”.
fn16. Véase GSDRC, “Social Exclusion”.
fn17. Véase John Pierson. Tackling Social Exclusion , pág. 9.
fn18. Véase María A. Beltrán, José M. Cruz, y Win Savenije. Exclusión social, jóvenes y pandillas en Centroamérica, pág. 6.
fn19. Véase María A. Beltrán, José M. Cruz, y Win Savenije. Exclusión social, jóvenes y pandillas en Centroamérica, pág. 6.
fn20. “Causes and Forms of Social Exclusion”, s.p..
fn21. Véase María A. Beltrán, José M. Cruz, y Win Savenije. Exclusión social, jóvenes y pandillas en Centroamérica, pág 6.
fn22. GSDRC “Human Rights”.
fn23. Véase J. Behrman, A. Gaviria, M. Székely, (eds.) “Social Exclusion in Latin America. Perception, reality and implications”, en Who´s in and Who´s out: Social exclusion in Latin America, pág. 12.
fn24. Véase Michel Foucault. “Power and strategies” en Power/Knowledge: Selected Interviews and Other Writings, 1972-1977 . Ed. Colin Gordon (New York: Pantheon Books, 1980), págs. 134-146.

11025 Véase Michel Foucault. “Disciplines and Sciences of the Individual” en The Foucault Reader. Ed. Paul Rabinow (New York: Pantheon Books, 1984), págs. 169-239.

11126 En su ensayo “Mujer, frontera y delito” Diamela Eltit además enfatiza que “la pasión, como uno de los territorios en los que se confrontan los límites humanos, constituye una constante tras la que se articulan los materiales privilegiados del arte y particularmente de la literatura” (s.p.).

11227 Teresa Incháustegui. “Introducción”, en_Violencia feminicida en México 1985- 2010_ (en línea, 2012), pág. 11. http://www.unifemweb.org.mx/documents/cendoc/feminicidio/F05- 1feminicidio1985-2010nal.pdf- 1feminicidio1985-2010nal.pdf
fn28. Véase Robyn McCallum. Ideologies of Identity in Adolescent Fiction: The Dialogic Construction of Subjectivity (New York/London: Garland Publishing, 1999) y Montobbio 2010.

11329 Véase Robyn McCallum. Ideologies of Identity in Adolescent Fiction: The Dialogic Construction of Subjectivity, pág. 54.

11430 Simone de Beauvoir. El segundo sexo, primer tomo.
fn31. Temática relevante también presentada en dos películas recientemente ambientadas en Nicaragua: Yuma (Nicaragua/Francia, 2007) y El camino (Costa Rica, 2009). Ver Garðarsdóttir 2015 y 2016.

11532 Véase Nydia Palacios Vivas.Escritoras ejerciendo la palabra. Una mirada crítica nicaraguense (Managua: 400 Elefantes, 2014), pág. 223.

11633 En su libro Sociología del arraigo: Una lectura crítica de la teoría de la ciudad (2007) el sociólogo argentino Enrique del Acebo Ibáñez reintroduce teorías fundadas de tipo sociológico en las que se exponen las condiciones necesarias para garantizar el bienestar de un individuo. Observa que el sentido de arraigo, de pertenencia, está cimentado sobre tres pilares fundamentales. En primer lugar, los individuos necesitan pertenecer a un sitio o un lugar determinado, luego a una comunidad social en particular y por último a una cultura.

Para citar este artículo :

Hólmfríður Garðarsdóttir, « “Las víctimas se vuelven victimarias”, Consecuencias de la exclusión social en Danzaré sobre su tumba (2011) de Fátima Villalta », Boletín AFEHC N°69, publicado el 04 junio 2016, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4338

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