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AFEHC : bibliografia : Eglise et Lumières au Guatemala: la dimension atlantique (1780-1808) : Eglise et Lumières au Guatemala: la dimension atlantique (1780-1808)

Ficha n° 4339

Creada: 30 septiembre 2016
Editada: 30 septiembre 2016
Modificada: 30 septiembre 2016

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Autor de la ficha:

Eduardo MADRIGAL MUÑOZ

Editor de la ficha:

Laura MATTHEW

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Eglise et Lumières au Guatemala: la dimension atlantique (1780-1808)

Un trabajo innovador sobre la Ilustración en el Reino de Guatemala por su enfoque teórico metodológico de prosopografía y redes de sociabilidad.
1251
Palabras claves :
Clero, Ilustración, Redes sociales, Familia de poder, Conservadores
Autor:

Christophe Belaubre

Lugar de Publicación:
Paris
Editorial:
L'Harmattan
Fecha:
2015
Reseña:

1

2 Sin lugar a la menor duda, la obra “Église et lumières au Guatemala, la dimension atlantique (1779-1808)”, del doctor Christophe Belaubre, es una obra capital para entender las sociedades coloniales centroamericanas. No solo es una obra monumental por su aparato crítico, erudito y fáctico, sino que, aún mejor, es un trabajo innovador por su enfoque teórico metodológico de prosopografía y redes de sociabilidad, nunca antes aplicado en estas proporciones al estudio de una sociedad colonial de la región en su integralidad.

3 El trabajo del doctor Belaubre nos propone una comprensión del Imperio Español en América como parte de un espacio atlántico cuya construcción propició la construcción de una hegemonía mundial del occidente conquistador y colonialista, pero también la difusión del germen de su propia reinvención y transformación, esto si no de su mismísima destrucción: las ideas racionalistas ilustradas. Así, la obra nos contextualiza la posición del Reino de Guatemala como parte de este espacio el cual, en el lapso espacio-temporal estudiado, era escenario de grandes procesos de modernización, tanto globales como locales. Tal elemento nos hace pensar directamente en la línea de pensamiento de tendencias recientes como la Historia Mundial y la Historia Global, que han propuesto el estudio de los procesos sociales mundiales como procesos interconectados, con los trabajos de autores señeros, como Bruce Mazlish. A esto se suma, el entendimiento de los procesos de generalización de la filosofía ilustrada como un macro proceso de modernización que no tendría otro fin que la racionalización de todos los aspectos concernientes al pensamiento, al estado, a la economía y, por supuesto, al pensamiento, con el fin de someter a la sociedad a un mejor dominio (a un verdadero “disciplinamiento”, al decir de Foucault), cosa que no puede en modo alguno carecer de una dimensión mundial, pues estos procesos se extendieron al orbe entero merced a la expansión de colonialismos e imperialismos de todo pelaje, generando lo que Octavio Ianni ha llamado una verdadera “occidentalización del mundo”.

4 Sin embargo, amén de las teorías anteriores, el trabajo de Belaubre no sería posible sin la visión microsocial, aportada por un profundísimo y meticuloso enfoque microsocial, presidido por la metodología prosopográfica y el enfoque teórico de redes de sociabilidad. Es así, por ejemplo, que conceptos como la “igualdad”, la “opinión pública” y el “espacio público moderno” de pensadores como Jürgen Habermas, son analizados con una nueva dimensión, ya no como ideas “en sí”, sino como parte generadora pero también generada, de todo un contexto socio estructural. Debido a lo anterior, el trabajo de Belaubre se basa extensivamente en el uso de la biografía como metodología histórica, pero no ya en la biografía descriptiva, meramente narrativa y, por demás, exaltadora de la vida y milagros del personaje “histórico” (destacable solo por su notoriedad), en una palabra, positivista, sino de una biografía colectiva, social, prosopográfica por lo tanto, de grupos de actores identificados por su participación en procesos históricos de cambio que, con sus acciones, modelaron los procesos que vivieron, que construyeron estructuras, pero que también generaron todo tipo de dinámicas para cambiarlas y hasta para destruirlas.

5 Y es que, de no ser por este enfoque, muchos de los sujetos sociales analizados habrían pasado completamente inadvertidos pues no solo se toma en cuenta a los “grandes personajes” como Pedro Cortéz y Larráz, José Cecilio del Valle o José Antonio de Liendo y Goicoechea, sino también a otros muchos que la historiografía tradicionalmente ha pasado por alto. Tal trabajo, vale destacar, ha estado íntimamente ligado al proyecto de Diccionario Biográfico de las elites centroamericanas, que el autor lanzó hace ya década y media (esto si no más) a través del sitio web de la AFEHC, que él mismo preside. De hecho, esta constatación llama a una reflexión más: vista la plétora de personajes que son trabajados y que van dese los alcaldes indígenas de los pueblos de Guatemala hasta los oidores de la Audiencia, los arzobispos y los Capitanes Generales de Guatemala, pasando por los sectores medios instruidos de médicos, abogados y boticarios, no se puede evitar pensar que el título del trabajo está mal puesto. En vez de llamarse “Église et lumières…” debía titularse “Les lumières au Guatemala” en el periodo estudiado, tal es la vastedad de los actores y sectores sociales estudiados.

6Por supuesto, vale destacar también que tal trabajo, con su avasallador nivel de detalle en la presentación de la información, sería imposible sin la espectacular profusión de fuentes de archivo que nos presenta (las cuales cubren, entre otros al Archivo General de Indias y al General de Centroamérica, por mencionar solo los más importantes).

7 Como acabamos de mencionar, el trabajo inicia situándonos en la dimensión global de los procesos de difusión de “Las Luces” en los que la Centroamérica colonial no pudo menos que verse inmersa, para luego discutir el sentido, la genealogía misma de los conceptos, de ideales como la igualdad y la opinión pública, desde su contexto social. Toda una genealogía de los conceptos pues, pero nunca desvinculada de su anclaje social. De seguido, se analiza la importancia de prácticas sociales como la lectura en su papel como difusoras de las nuevas ideas, las cuales se entienden como elementos difundidos a través de redes de relación de intelectuales, como las que han sido estudiadas en Europa para la misma época, donde resultó fundamental el papel difusor de la Gaceta de Guatemala, de sus suscriptores, lectores y escritores; de los criollos ilustrados poseedores de bibliotecas (las cuales son inventariadas exhaustivamente por el autor), sin olvidar, por supuesto, el papel de las mujeres, ávidas lectoras en este tiempo. Además, es fundamental el estudio de lo leído por los actores sociales de este tiempo: libros, folletos, periódicos, literatura, ciencia y religión. Para estudiar esto, el trabajo aborda ampliamente el tema de la importancia de la imprenta, así como el del mercado del libro y sus redes de distribución.

8 La movilidad geográfica, exterior e interior, de los actores estudiados, es otro tema fundamental del que hay que dar cuenta si se quiere entender a cabalidad procesos como estos. Movilidad de las elites, responsable del acarreo atlántico de ideas y conceptos, pero también de los empleados reales, agentes primados de los intercambios, sin dejar de lado la de los sectores subordinados, como los de las milicias mulatas, desplazadas con frecuencia a las costas y regiones apartadas. Y he aquí otro de los grandes méritos de esta obra: que nunca pierde de vista ni mucho menos soslaya la importancia de los sectores populares en los procesos que analiza. Por otra parte, la llegada de inmigrantes peninsulares y de expediciones científicas, portadores todos de nuevas ideas, tampoco es soslayada, y aparece en un primer plano, no solo ocupado ya por los viajes de los poderosos miembros de la familia Aycinena, con sus vigorosas redes de poder, y entendido a la par de las convulsiones de una sociedad gravemente transformada por el mestizaje.

9 De esta misma forma son estudiados procesos como la secularización de la salud pública, lanzada en esta época y bajo estos influjos, la construcción de los sistemas educativos para hacer la instrucción accesible a los pobres y transformarlos en agentes productivos que la usen para escalar posiciones sociales, y la secularización general de la sociedad, que fueron llevando a una modernización general de esta, tendencia por demás global en este tiempo. Todo esto a través de una exhaustiva reconstrucción de la vida del actor social individual, en una visión que se aproxima a la “descripción densa” del antropólogo norteamericano Clifford Geertz, pero nunca desvinculada de lo estructural, en un permanente diálogo entre lo micro y lo macro, como preconizaran historiadores como Giovanni Levi y Jacques Revel.

10 Lo anterior se llevó a cabo, según nos demuestra Belaubre, en consonancia estrecha con los proyectos de la Sociedad Económica de Amigos del País así como con los del Consulado de Guatemala, instituciones recién creadas y pobladas en general por los mismos individuos o tipos de individuos, tendientes todos a desarrollar la agricultura y la manufactura como fuentes de riqueza, y que suscitaron ingentes debates publicados en la Gaceta de Guatemala. Todo ocurre, pues, en el contexto de las redes de relación de estos actores. Pero Belaubre no se queda solamente en las elites coloniales más encumbradas: cubre en su estudio un amplísimo espectro social dentro del que se incluyen los médicos, los abogados, los comerciantes, los clérigos, los empleados reales… en fin, los ilustrados de la época en todos los estratos , porque todos tuvieron un papel que jugar y la Ilustración como proyecto no podría haberse difundido sin la inclusión de todas las capas sociales de la época.

11 El contexto de todos ellos fue el de un Despotismo Ilustrado que fijó políticas de lo que hoy llamaríamos “desarrollo”, pero no con intenciones inocentes, sino tendientes a mejor dominar y a mantener el status quo social del imperio, pero aún estas políticas no discurrieron si no fue a través de redes de relación que hicieron posible su penetración profunda en todos los niveles de la sociedad. En este sentido es que se entienden, también las políticas de represión y control social puestas a punto en la época.

12 Así pues, la formación de una red de criollos en el periodo que va de 1789 a 1799, que fueron promotores de las nuevas ideas, protegidos y patrocinados por poderosas fuerzas sociales y aglutinados en torno a las figuras de los presidentes Bernardo Troncoso y José Domás y Valle, es estudiada en toda su amplitud, como una red de intelectuales orientados a repensar la sociedad y el sistema colonial como un todo. Estos hombres derivaron su capacidad de acción del hecho de que estuvieron situados en espacios clave: la Sociedad Económica de Amigos del País y el Consulado de Comercio, que hemos mencionado, pero también tuvieron conexión con redes atlánticas que jugaron un papel en su accionar. Eran, además, toda una elite ilustrada bien situada socialmente gracias a la riqueza aportada por el auge del añil y a su posición como miembros de las familias más empoderadas política y económicamente de todo el reino, como lo atestigua la red ilustrada aglutinada en torno al oidor don Jacobo de Villaurrutia. Solo conociéndolos como redes de relación es que se puede, entonces, entender sus proyectos, sus ideologías y sus espacios de acción.

13 Hubo por supuesto, de la misma forma, redes menores (de menor poder, pero no de menor importancia), como las integradas por oficiales reales, médicos, boticarios (estos últimos de gran influencia en los temas relativos a la salud pública), clérigos, comerciantes, arquitectos, ingenieros (protagónicos en la construcción de la nueva capital en el Valle de la Ermita luego de los terremotos de 1773) abogados y otros “notables” de la época (para usar un término propio más bien de las sociedades urbanas europeas del Antiguo Régimen), muchos de los cuales tuvieron interesantes carreras internacionales y estuvieron dotados de conocimientos técnicos y científicos, como también de no despreciables relaciones sociales, muchas veces transatlánticas, y que crearon verdaderas comunidades profesionales dotadas de fuertes identidades profesionales y de grupo. No pueden soslayarse tampoco los militares, conectados algunos de ellos a ambos lados del Atlántico.

14 Fue importante también el papel de los empleados reales criollos, pero más aún el de los peninsulares, enviados por la metrópoli para imponer, merced a sus conocimientos y experticias, los dictados de la corona. También se destacó el papel de los extranjeros, principalmente franceses, pero también de otras nacionalidades que, con la Revolución de 1789, se convirtieron automáticamente en sospechosos de traer a América las revolucionarias ideas republicanas, como fue el caso del italiano Esteban Corti, acusado en Costa Rica de proferir ideas contra la fe. Algunos de ellos alcanzaron a tener, según parece, alguna influencia en las capas medias instruidas, aunque muchas veces modestas, de la época. No puede uno evitar rememorar con todo esto “La Hidra de la Revolución” de Peter Linebaugh…

15 Con todo, no queda de lado en el trabajo tampoco el tema de los opositores: el clero reaccionario y las familias dominantes asociadas a los intereses de la Iglesia, muchos de los cuales mantuvieron, sin embargo, una posición ambivalente, casi de amor-odio, hacia las nuevas ideas. En este sentido, el deán García Redondo es un ejemplo infaltable y, en todos los casos estudiados por el autor, la red de relación es un elemento clave.

16 Por supuesto, no es posible tampoco dejar de entender, como no lo hace el autor, que las ideas de los ilustrados chocaron también frontalmente contra el conservadurismo social predominante, visto principalmente en el apabullante peso ideológico de la religión y en el racismo inherente al sistema colonial y al esquema social de la “república cristiana”, aún si ya se hacían escuchar por entonces las reivindicaciones de los indígenas y los ladinos, amparados en los valores humanistas y de tolerancia que los ilustrados difundían por toda la sociedad y pretendían aplicar en sus proyectos de reforma. Sin embargo, tales proyectos toparon con el miedo cerval de los sectores populares a todo cambio que amenazara su visión tradicional del mundo, fuertemente signada por lo místico y por la moral de la teología cristiana.

17 Pese a ello, los conservadores solían ser menos visibles que los ilustrados en la sociedad de la época y también, cabe destacar, han sido sistemáticamente invisibilizados por la historiografía, que se ha regodeado más en exaltar las figuras de los promotores de la modernidad. Dicho sea de paso, esta visibilización de los oponentes al iluminismo es otro mérito del enfoque de trabajo prosopográfico. Por demás, queda evidenciado en el trabajo que las controversias entre estos tirios y troyanos de las ideas tenían como telón de fondo el problema de la tierra, que sigue siendo el grave asunto en la sociedad guatemalteca actual.

18 El uso de las biografías prosopográficas en diálogo constante con lo estructural, de lo micro con lo macro, se hace especialmente útil en este caso, cuando se estudia el ciclo recesivo del añil que enmarca el destino de la reforma ilustrada y precede a la independencia. Las medidas tomadas en su contra preludian las reformas liberales posteriores a 1821, que beneficiaron más a los criollos y ladinos que a los indígenas que pretendían incorporar como sujetos productivos.

19 Además, como otro de sus grandes méritos, vale la pena resaltar que el trabajo del doctor Belaubre no descuida nunca la perspectiva centroamericana aunque su foco sea, naturalmente, la provincia de Guatemala. La Sociedad de Amigos del País desplegó toda una red de colaboradores en las otras provincias del reino: desde alcaldes mayores, a subdelegados y asesores letrados, ilustrados todos que se comprometieron a fondo con ellos y sus proyectos. Este es un tema difícil de estudiar, según lo señala el autor, por la falta de monografías sobre las elites locales de las provincias en esta época, pero también por la falta de redes de relación establecidas entre las regiones del reino, que permanecían muy aisladas en este tiempo. Esto se nota, por ejemplo, en la red de suscriptores de la Gaceta de Guatemala, que eran predominantemente capitalinos, y disminuían a medida que uno se alejaba de la capital.

20 Es así como son estudiados los promotores de la Ilustración en la intendencia de San Salvador, donde los esfuerzos para reformar la sociedad mejorando las condiciones de vida de la población fueron más intensos y las elites estuvieron dotadas de las inquietudes intelectuales más fuertes y donde los emprendimientos económicos asociados al añil fueron más generalizados durante el siglo XVIII. También se estudian estos procesos en otras regiones del reino como la de Los Altos de Guatemala, con su capital, Quetzaltenango; el puerto de Trujillo, donde los esfuerzos de recolonización con población española fue terreno fecundo para la llegada de las nuevas ideas; y las intendencias de Comayagua, Tegucigalpa y León (que incluía a Costa Rica, la cual tiene un papel destacable también, visto en las omnipresentes alusiones que en la obra se hacen al franciscano Liendo y Goicoechea, figura clave en la difusión y puesta a punto de las nuevas ideas).

21 La obra finaliza con un estudio reposado y profundo, prosopográfico, de la situación de jaque mate en que entra todo el proceso ilustrado iniciado a fines del siglo XVIII en el reino de Guatemala a raíz de la crisis económica y política generalizada en que entran el reino y el imperio mismo a inicios del siglo XIX. Los datos señalan un cambio de poder hacia autoridades más conservadoras e identificadas con los intereses de la iglesia y de las familias dominantes, temerosas como estaban de los posibles efectos devastadores de un proceso revolucionario como el que se estaba viviendo en Francia en ese momento. Signos externos de esto: la destitución del presidente ilustrado Domás y Valle, ocurrida entre intrigas y sospechas de conspiración y, en general el proceso de eclipse masivo del sector de reformistas ilustrados aglutinados en torno al oidor Villaurrutia, que corrió paralelo al fortalecimiento de los sectores reaccionarios jefeados por el nuevo presidente de la Audiencia, Antonio González Saravia, hechos que condujeron a la puesta a punto de una autoridad más conservadora.

22 Esta situación produjo efectos como los conflictos internos ocurridos en la provincia franciscana de Nicaragua y, en general, un aumento de las tensiones sociales en el reino, hechos que vinieron aparejados con un empobrecimiento gigantesco de las finanzas de la corona, que impidió, por demás, realizar la mayoría de los proyectos de los ilustrados y se correspondió también con un aumento de las dificultades económicas para numerosas familias de la elite, con un aumento de la mendicidad así como de la represión a las capas populares debido al aumento del alcoholismo y los escándalos públicos y con un retroceso general de la educación.

23 Así, a no dudarlo, “Église et lumières…” de Ch. Belaubre nos pone en frente a una sociedad que buscó el cambio y perdió por poco la oportunidad de lograrlo, pero donde este cambio fue propuesto y llevado a cabo por elites ilustradas y socialmente posicionadas, es decir, impulsado desde arriba, que buscó una modernización, ciertamente pero, como dice el historiador John Lynch, intentó transitar a una modernidad política, pero manteniendo el arcaísmo social. Como dice la historiadora francesa Annick Lempérière, una modernización puesta a punto solo para mantener en funcionamiento al Antiguo Régimen, en una palabra, el Despotismo Ilustrado en todo el amplio sentido de la expresión.
Para finalizar, es claro que “Église et lumières…” es la obra de un verdadero enamorado de Guatemala, que ha vivido con incomparable intensidad la experiencia de sus propios desplazamientos a Centroamérica.

Fuentes :

http://www.editions-harmattan.fr/index.asp?navig*catalogue&obj*livre&no=47769

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