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AFEHC : articulos : Nombres nahuas en documentos de tradición indígena de Puebla – Tlaxcala : Nombres nahuas en documentos de tradición indígena de Puebla – Tlaxcala

Ficha n° 4439

Creada: 19 febrero 2017
Editada: 19 febrero 2017
Modificada: 21 febrero 2017

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Autor de la ficha:

Norma CASTILLO PALMA

Editor de la ficha:

Eric ROULET

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Nombres nahuas en documentos de tradición indígena de Puebla – Tlaxcala

En este trabajo se hará un análisis lingüístico e histórico del origen y transmisión de los nombres nahuas de personas de la región poblano-tlaxcalteca que se encuentran en diversas fuentes indígenas, alfabéticas y pictográficas. Partimos del subgrupo de nombres que lograron preservarse como patronímicos, de acuerdo al patrón nominativo español. Algunos de ellos fueron títulos, dignidades, nombres de ocupaciones, o refieren a otras clasificaciones que revelan valoraciones implícitas de la cultura nahua. Se examinarán las preferencias nominales como muestras de filiaciones comunes, por ejemplo, vía culto o héroes compartidos. Asimismo la continuidad de estos nombres se estudiará mediante su correlación con la pertenencia a algunos grupos familiares (linajes) y su adscripción territorial.
Palabras claves :
Nombres nahuas, Clasificación de nombres, Antropónimos, Topónimos, Puebla-Tlaxcala
Autor(es):
Norma Angélica Castillo Palma y Ma. del Carmen Herrera M.
Fecha:
Diciembre de 2016
Texto íntegral:

1

Introducción

2 En la actualidad, la valoración implícita en el empleo de los nombres de origen náhuatl en el área compartida por Puebla y Tlaxcala lleva a sostenter que “los habitantes de la región distinguen de inmediato, por los apellidos, el origen de la gente”. Los nombres de los “auténticos habitantes originarios”, en el caso de Cholula, serían, Cuautle, Moyotl, Coyopol, Ocotl, Quechol que se oponen, de acuerdo con Merlo, a Tototzintle, Tlapalli, Totoltzin, Tolama1. Esta observación, que coincide con las que se han hecho para Tlaxcala, no explica a qué grupos corresponderían estos nombres, excepto el genérico de ser nombres en náhuatl, de indudable estirpe indígena. Mucho menos toca la profundidad, ni el proceso histórico que desembocó en el uso de este conjunto de apellidos entre la población de esta región, tema que nos ocupará en este trabajo.

3 Para abordar estos temas nos valdremos de documentos que utilizan tanto la gráfica indígena, como la escritura alfabética. Los padrones de tributarios y registros parroquiales de bautismos, matrimonios y entierros del corredor poblano tlaxcalteca en los siglos XVI y XVII. Tales fuentes son un tipo de documentación que está lejos de formar parte de las prácticas culturales indígenas, porque fueron resultado de las necesidades de control de la Corona. A pesar de que son géneros de formato español, elaborados para satisfacer sus propios fines, en esta documentación se exhiben formas de organización de estos pueblos nahuas.

4 En los padrones de tributarios los individuos registrados se agrupan a partir de un ordenamiento territorial. Un glifo topónimo con su glosa alfabética inicia, a manera de portada, las fojas de un número variable de barrios incluidos en las cabeceras comprendidas en la circunscripción inscrita en la Matrícula de Huexotzinco; y los potenciales tributarios de las secciones relativas a los macehuales se enlistaron por veintenas. Esto sugiere que este segmento de la población se anotó por cuadrillas de trabajo sin que quede claro cuál es la relación de este arreglo con otros sentidos del calpolli, más allá de apuntar a una corporación de trabajo. En los Padrones de Tlaxcala en cambio, el número de tributarios cambia en cada unidad, pues se trata de veintenas de casas comprendidas en un pueblo, agrupados en un tequitl, “tributo u obra de trabajo”, que a su vez se integran a un teccalli o “casa señorial”. En ambos padrones se mantiene la distinción entre los señores o pipiltin, de los macehualtin, el “común indiferenciado”, como llaman a este segmento las editoras de los Padrones de Tlaxcala. En algunos calpolli de Huexotzinco o tequitl de Tlaxcala se señalaron tanto los mandones de hombres, centecpanpixque, como los especialistas en algún oficio extractivo o artesanal.

5Es precisamente la materia de los signos plasmados en esta documentación, más que la historia de los individuos a los que remiten los nombres inscritos, el tema en el que nos detendremos en este comunicado. Quiénes eran, qué lugares ocupaban en sus respectivos barrios, cuáles fueron sus fortunas y sus jerarquías, sólo se tocará en la medida en que algo de esto haya quedado cifrado en el nombre. Nuestro objeto de análisis son los nombres propios en tanto fórmulas lingüísticas y cómo esto se transformó a partir del interés de españoles para identificarlos. Ante todo, nos interesa exponer qué resortes movían la selección del léxico empleado para designar a los hombres y mujeres que vivieron las décadas de la transición de costumbres e identidades definidas desde la llegada de los españoles.

El nombre como signo lingüístico

En una definición tan sintética como sugerente, Roman Jakobson formuló que “la significación general de un nombre propio no puede definirse sin referencia al código. En el código del inglés, Jerry significa una persona llamada Jerry. La circularidad es patente: el nombre significa cualquier persona a la que se haya atribuido este nombre.” Entre las implicaciones que se derivan de aquí surge la pregunta ¿es sólo el código lingüístico el que proporciona el significado general del nombre? y ¿qué hay del carácter individualizador de este signo? ¿cómo intervienen el resto de sistemas culturales involucrados en la práctica de dar un nombre?

6Entre los nahuas es ampliamente conocido que las creencias religiosas y su enigmática intervención en el calendario, proporcionaba el primer nombre de todo individuo. Las prescripciones del sistema de parentesco, las actividades económicas, la procedencia de los individuos, las funciones sociales y las dignidades instituidas en una sociedad son otros de los códigos involucrados en el sistema nominativo, aunque no sea claro el peso de cada uno de estos ordenamientos en tiempos prehispánicos.

7Los usuarios del náhuatl, como en cualquier otra lengua, seleccionan un subconjunto léxico para nombrar a los miembros de su comunidad, sea porque son recién nacidos, o porque cambia su condición social en aquellas circunstancias en las que se impone marcar la nueva identidad con otro apelativo. Pero no se trata de una clase cerrada de palabras, pues la apertura a la creación de nuevos nombres siempre es posible a través de la composición de palabras o de frases únicas, ajustándose a la estructura admitida por el grupo social.

8El sistema de denominación entre los nahuas del centro de México dejó huellas, pero como su silenciamiento fue muy temprano, sólo se tienen indicios en crónicas y en la documentación que aquí analizamos de cuáles eran las estructuras nominativas en tiempos prehispánicos. La imposición del santoral cristiano fue una de las primeras medidas instrumentadas, pues la convicción compartida del lugar devocional del nombre les permitió a los misioneros identificar de inmediato que entre los nahuas también era un índice cotidiano de prácticas religiosas, por lo que se buscó erradicar.

9 Esta actitud permite ver que los nombres constituyen un sistema general de clasificación cultural, aunque es su límite, porque más allá no se necesita ninguna clasificación; son, de acuerdo con la fórmula de Lévi-Strauss, quanta de significación2. En este caso, la significación se presenta como un proceso distinto al vínculo de la palabra con su denotación, al incluirla en las operaciones clasificatorias propias de cada grupo. El nombre personal es visto como un término a la vez elemental y extremo, en el límite del lenguaje, al expresar la pertenencia a una clase, al tiempo que bordea el acto de señalar. El nombre sustenta la última clase posible, la de los individuos. El acto de nombrar no es simplemente afirmar la relación entre una palabra y un individuo, sino la puesta en juego de un sistema general de clasificación definido y conformado dentro de cada cultura. Lévi-Strauss llega a afirmar que nunca se nombra, sólo se clasifica o a quien otorga el nombre, o a quien lo recibe.

10No todos los subsistemas nominativos tienen una fuerza clasificatoria tan clara, pero sin duda el fundamento del primer nombre que recibía un recién nacido nahua tenía tal cualidad, ya que es inequívoco el orden del tiempo y las influencias que introduce la cuenta de los días, el tonalpohualli, un ordenamiento inequívoco al que se ajustaban todos los seres, fueran divinidades o plantas.

Investigaciones en otros pueblos mesoamericanos y andinos.

11Las investigaciones sobre los nombres personales en la población indígena colonial y en la contemporánea tienen su origen en la investigación de Ralph Roys sobre los nombres personales en la población maya yucateca3. En particular, las investigaciones sobre la supervivencia de los antropónimos de lenguas nativas en la onomástica de la población indígena colonial han fundado sus observaciones en los documentos parroquiales. Este es el caso de John V. Baroco, quien analizó los nombre calendáricos entre los mayas de Chiapas4. El autor analizó los nombre contenidos en los registros parroquiales resguardados en el archivo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas en Chiapas. Se hallaron ahí Libros de bautizos y matrimonios de 1557 a 1584. Desafortunadamente, el autor no pudo identificar la comunidad que utilizó estos nombres, aunque considera que se trata de algún pueblo de Comitán cercano al convento de Copanaguastla. En su estudio Baroco da cuenta de la estructura de los nombres calendáricos y algunos rasgos de filiación.

12 Al igual que Sahagún para el centro de México, Diego de Landa consignó la práctica de llevar al recién nacido con un adivinador para hacer su horóscopo general y para recibir el nombre calendárico que se usaba sólo en la niñez. Baroco encuentra de manera muy amplia el uso de los nombres calendáricos asociados a un nombre cristiano por ejemplo: Catalina Xuluch Volom, Xuluch corresponde al numeral 11 y Volom al signo ‘jaguar’. De esta manera, la mujer se llamaría, Catalina Once Jaguar.

13Pedro Carrasco al analizar los nombres personales en la Guatemala antigua5, encuentra la misma simbiosis de nombres cristianos y los antiguos antropónimos en lengua nativa asociados y utilizados como apellidos. No obstante, Carrasco señala que no existían reglas fijas para su transmisión por lo que, si bien estos nombres pasaron a constituir nombres de familias, el sistema nominativo estaba en construcción. Ahora bien, hay que señalar que en el caso español su propio sistema de transmisión de nombres tampoco tenía aún reglas tan fijas como ya sucedía en otras partes de Europa.

14El autor analiza los nombres utilizados por quichés y cakchiqueles en el siglo XVI, entre los que destacan los referentes a cargos o títulos los cuales podían designar una posición política antigua. Asimismo, Carrasco encuentra de manera frecuente los nombres de oficio o de los instrumentos ligados a éste.

15Por su parte, Fernando Horcasitas6, realizó un análisis de los nombres nahuas con fuentes disímiles, incluido el trabajo de campo. Otra de sus aportaciones consiste en identificar la sucesión de nombres a lo largo de la vida de cada individuo a partir de fuentes antiguas. Su trabajo incluye una bitácora de nombres de pueblos nahuas del centro de México (Puebla, Morelos, Tlaxcala), los cuales contrastó con el Diccionario de nombres nahuas de García Granados.

16En otras latitudes, Ximena Medinacelli emprendió el análisis de los nombres aymarás a partir de las visitas o Revisitas para empadronamiento con el fin de elaborar matrículas y realizó un cruce con los registros parroquiales de Sakaka en Bolivia7. La autora logra correlacionar el nombre de los individuos con el de sus ayllus (equivalentes de tlaxillacalli o calpulli), al igual que su relación con el nombre de su kuraca o señor.

Las fuentes

17Para este trabajo se han utilizado los nombres nahuas que se registraron en diversas fuentes de la región de Puebla-Tlaxcala. Entre ellas sobresalen los listados en la Matrícula de Huexotzinco de 1560, los incluidos en los Padrones de Tlaxcala del siglo XVI, los contenidos en los protocolos de Notarías de Cholula de 1590-1600, los nombres de los señores de la cabeceras de Cholula de 1552-55, y los de los miembros del Cabildo indio de los siglos XVI-XVIII, los capturados de los archivos parroquiales de San Andrés Cholula, del siglo XVII y los de la Parroquia de San Pedro Cholula de 1650-1790, así como los de los padrones del curato de San Pedro, en lo referente a sus barrios indios y pueblos sujetos de 1786.

18 Las fuentes antes descritas, si bien pertenecen a géneros documentales y propósitos distintos, comparten el hecho de que contienen los nombres de los individuos que se registran en ellos. Las matrículas de tributarios inscriben detalladamente el nombre completo, nombre de pila y nombre nahua, y la adscripción territorial de cada uno de los individuos enlistados con el fin de identificarlos para el momento de realizar los cobros. De la misma forma, los padrones son una fuente que contiene nombres y domicilios. En muchos casos estos padrones eran la materia prima para la elaboración de las matrículas.

19 En el caso de los registros parroquiales, en las partidas de bautizos, matrimonios y entierros se inscriben los nombres completos de los adultos y su dirección o barrio. Para los frailes o párrocos los apelativos nahuas funcionaban como nombres de familia, es decir se constituían en un identificador más. De esta forma hemos podido realizar una comparación para seleccionar los que se encuentran en estas fuentes y que resultan representativos de los que sobrevivieron desde la llegada de los españoles hasta los albores del siglo XIX.

20 El proceso de evangelización convirtió la cuestión de cómo nombrar a los individuos en la sociedad indígena en un tema nodal, pues revelaba el mantenimiento de prácticas de idolatría. El bautizo significaba la conversión del infiel al pasar por el tamiz de la limpieza obtenida gracias a la santificación con un nombre de pila bautismal en la que algún santo sería la nueva entidad protectora del recién convertido. Los nombres del santoral católico se convirtieron en la marca de la cristianización. Así nos encontramos con la regulación sobre la adscripción de nombres y el uso de insignias que pudieran exhibir la creencia en las antiguas deidades, no siempre tan evidente si éstas eran nombradas mediante los tonaltoca o nombres calendáricos, entre otros. Esta práctica podemos observarla mediante la siguiente ordenanza:

21 …que los dichos naturales no pongan a sus hijos nombres, divisas ni señales en los vestidos ni cabezas, por donde se representen que los ofrecen y encomiendan a los demonios, so pena que sean presos, y luego sean dados cien azotes, y les sean quitadas las dichas insignias y divisas8.

22Podemos deducir que la conservación de nombres calendáricos estuvo condicionada a la vigilancia de los frailes, la adopción de la nueva fe, así como a la fuerza de las prácticas identitarias.

Similitudes y diferencias de las fuentes.

23En el padrón de Huexotzinco, en la documentación de Cholula, así como en la de Tlaxcala, la forma de designación se equipara con la fórmula europea de un doble identificador: nombre de pila y nombre de familia. La gráfica indígena de la Matrícula de Huexotzinco nos proporciona solamente la figura del nombre nahua a través de glifos antropónimos. La gran mayoría de éstos se vinculan a un personaje representado por una cabeza a través de un lazo gráfico que va de los labios al emblema del nombre. En otros documentos esta línea puede ir de alguna parte de lo alto de la cabeza a la insignia del nombre, asociando gráficamente el asiento del tonalli con la designación.

24 Por el contrario, todos los apelativos registrados en las fuentes judiciales y parroquiales de Cholula se anotaron sólo en alfabeto latino. Por su parte, los nombres registrados en la nobleza Cholulteca del siglo XVI, así como los de las partidas sacramentales tendieron a inscribirse con variantes en su escritura. Su calidad dependió del manejo de la lengua náhuatl del escribano que llevaba el registro.

25 Es por ello, que en la medida en que la elaboración de los protocolos de Notarías de Cholula era realizada por escribanos castellanos, las variaciones en la escritura y la corrupción de las palabras es importante. No obstante, en términos de la estructura del nombre, todas estas fuentes comparten la fórmula española del doble identificador, nombre de pila y mantenimiento de un nombre náhuatl como segundo distintivo.

La estructura de los nombres

26La forma como está registrado el nombre por escrito depende en buena medida del género del documento.

27En las sociedades modernas el deseo de precisar la identificación de los individuos es una necesidad creciente cuando la homonimia puede causar conflictos. Por el contrario, en comunidades donde la población se reconoce, la necesidad de un identificador es suficiente, como es el caso de los mandones o centecpanpixque quienes conocían a la veintena de trabajadores bajo su cuidado. Así, los nombres inscritos en la matrícula son resultado de una “prueba oral, basada en el testimonio de hombres probos”. Sin embargo, fue necesario pasar de la referencia oral al testimonio escrito para darle una nueva dimensión, más adelante jurídica, a través de una promesa de fijación por medio de la escritura. A partir de entonces se hizo indispensable fijar el nombre a cada individuo con el fin de identificarlo.

28Cuadro N° 1. Estructura del nombre 1

29
- Padrones de Tlaxcala Matrícula de Huexotzinco
forma del nombre nombre cristiano + nombre náhuatl (+ condición u oficio) nombre cristiano + nombre náhuatl (+ condición u oficio)
Ejemplo Antonio Nauyotl Petlachiuhqui Andrés Oçoma, tlaxinqui

30Esta fórmula contrasta con lo que sucede con los pipiltin de Calpan en 15809. En ese momento se recuerdan ante todo los títulos y sólo algunos de ellos van acompañados del nombre individualizador. El título más frecuente en la Confirmación de elecciones en Calpan (BnF, núm.73) es Chichimecateuctli, ya que de los 141 nobles inscritos en ese documento, 23 se registraron bajo esa denominación. Véase en el siguiente cuadro cómo difiere la fórmula en Cholula:

31Cuadro N° 2. Estructura del nombre 2

32
- Confirmación de Elecciones de Calpan Ordenanzas y Capítulos
forma del nombre en los padrones nombre cristiano + título + nombre náhuatl t. de tratamiento + nombre cristiano + nombre de familia castellano + título nahua
Ejemplo Simón Chichimecatecuhtli Xayatzin Don Diego de Paredes Tecpanecatl

33En las Confirmaciones de las elecciones de Calpan hay 130 pipiltin o nobles que tienen asociada una glosa con su nombre y título, ambos no se expresan glíficamente, sin embargo, casi todos ellos están identificados con su antiguo título y su antropónimo de manera alfabética. El título es reconocible porque va calificado por la dignidad Teuctli, “señor”, el único elemento que sí se marca con los cánones de la tradición indígena al ir cada una de las cabezas rematada con su diadema azul o xiuhuitzolli propia de los hombres principales, como el ejemplo del Cuadro número 2, o uno de los señores del barrio de Ayapanco, con su título de Chichimecateuctli y un segundo identificador, su antropónimo Totomihuatzin.

Taxonomía de los nombres nahuas

34

Apelativos nahuas
Apelativos nahuas

35 Sabemos que entre los nahuas del centro de México la sociedad indígena se usaban varios nombres a lo largo de la vida. El itonaltoca, conocido en español como nombre calendárico, es el nombre otorgado desde la cuenta de los destinos, o tonalpohualli. De acuerdo con el relato de Sahagún, el tonalli del ser humano, su alma-destino, se colocaba o introducía en el cuerpo del niño por medio del baño ritual. De acuerdo con López Austin, “Los destinos eran las fuerzas divinas que el Sol irradiaba cada día… se introducía en la criatura por medio del rito y se convertía en parte de su ser anímico9”. Este autor interpreta que la idea de introducción del tonalli al cuerpo se deriva de que los padres tenían la posibilidad de escoger el mejor destino que pudieran dentro del ciclo de 13 días en el que había nacido. Por la identidad entre el tonalli, o alma del niño y su nombre, el tonaltoca debía permanecer oculto para que nadie dañara su tonalli a través de conjuros o hechizos. Quizás esta prescripción tuvo algunas excepciones, porque en las fuentes estudiadas se encuentran nombres calendáricos, un número limitado de ellos, pero esto revela que quizás hubo distintas estrategias de uso de estos apelativos.

36 Otro tipo de nombre era el tlalticpactoca, que a la letra significa “nombre de la tierra o mundano”, al que se refiere Sahagún cuando narra que:

37Acabadas todas estas ceremonias [del bautismo], ponen nombre al niño, de alguno de sus antepasados, para que levante la fortuna y suerte de aquel cuyo nombre le dan. Este nombre le pone la partera o sacerdotisa que le baptizo10.

38 La versión en náhuatl de este fragmento dice: quimacah in ītlālticpactōcâ in ahzo īcōltzin quitōcāmāmāz le dan su nombre mundano, quien quizás cargará el nombre de su abuelo”. Con esto se deja claro que la regla de transmisión del tlalticpactoca vinculaba al nuevo miembro con la familia, pero no se indica si el antepasado del que cargaría el nombre era de la familia materna, o paterna.

39Algunos individuos habrían tenido un tercer nombre: el título, o el nombre de oficio. En Huexotzinco el oficio aparece con glifos, pero la disposición gráfica indica que no se trata de un apelativo distintivo de su portador, sino que más bien sirve para agruparlos. En las fuentes trabajadas se registró el nombre de los individuos en un momento de su vida por lo que no tenemos la secuencia de los tres primeros tipos de nombres que habrían podido tener de acuerdo con la tradición mexica. El ejemplo más conocido de esta secuencia nominativa es el sacerdote Ce Acatl Topiltzin Quetzalcoatl “Uno Caña, Nuestro hijito – nuestro noble–, Serpiente emplumada”.

40Algunos nombres revelan el origen multiétnico de la población de la región Puebla – Tlaxcala, notoriamente los olmeca-xicalanca, otomíes, acolhua-chichimecas y teochichimecas. Sin embargo, la única huella de su presencia son algunos nombres de la gente de estos y otros pueblos tal como eran llamados por los nahuahablantes. Se estaba muy lejos de registrar la forma como ellos se nombraban a sí mismos.

41Pero si se salvan los obstáculos que presenta la variación gráfica y sus inconsistencias, que dificultan reconocer el origen de las palabras, casi todos los apelativos están en náhuatl. No es posible saber si tal uniformidad es previa a la necesidad de escribirlos, o si fueron las exigencias del padrón a las que debemos la unificación del formato y de la fórmula apelativa.

42Así pues, es factible identificar otras procedencias por los nombres que se derivan de los locativos, a los que se llama nombres gentilicios, caracterizados por tener el sufijo e catl, de utilidad para detectar el origen multiétnico de los señoríos aquí tratados.

43La importancia de la guerra y la jerarquía militar se puede seguir mediante los nombres nahuas que corresponden a las dignidades militares. Tanto nombres gentilicios, como los nombres de oficios se ligaban míticamente a una deidad, o a un héroe epónimo, pero en contados casos se tienen los relatos que los vinculan. La designación de los términos que componen el nombre son una pista, aunque para la mayoría se mantiene el misterio.

Los nombres comunes en Huexotzinco y Cholula

44Una muestra de nombres comunes en Huexotzinco y Cholula se aprecia en los siguientes cuadros y aunque su frecuencia en cada localidad no sea la misma, esta selección nos sirve para para ejemplificar parte de la distribución nominal en estos señoríos y el destino que tuvieron en la Cholula colonial11.

45Cuadro N° 3. Nombres compartidos en las fuentes

46
Tonaltoca Dignidades militares Oficios e Instrumentos
Cecoatl Yaohuatequihua Tochomitl
- Yaochihualoque Tepoz
Cequauh Yaocoyotl Tehuizotl
Cesuchitl Yaomani Istlamatl
Macuiltochtli Yaoquizqui Meyo
Matlacxochitl Yaotzi Pochtle
- Yaotl Pochitl
Yaochotl Cuica
Atonal Tlaylotla
Ollin Yaque Xique
Ome Tenahuac Calpixque
Macuil Tlacuilo
Macuitltoz Acxotlan
Chicome Tianguistlatoa
- Petlachiuhque

47Se han incluido dentro de las dignidades militares todos los nombres que tienen como raíz modificadora (que suele ser la primera parte de la palabra) el lexema Yao(–tl) “guerrero”.

48continuación Cuadro número 3

49
Animales Titulos Personajes Gentilicios Descrip. Sin Rel.
Cuauhtle -
Cozcaquauh Tezcacoatl Coatlihue Colomochcatl Xopanecatl Ayaquica
Tetzopan Tecamecatl Xochipili Ayapan Pancoatl -
Colotl Tepanecatl Mixcoatl Mexicatl Mexicoatl Chantes
Colotzin Xicotencatl Tezca Toltecatl Quetzaztecazteque Huexo
Miztle Panecatl Xipe Acxotlan Calnahuacatl Chilcoatl
Miztli Chichimecatecuhtli Ecatzintli Texcucano Quetzalmazatl -
Tozqui Yaohuatequihua Acolmistli Amaquemi Tecamistli -
Moyotl Tototzintli Toci / tozin ? Mixteco Nacticsuchitl -
Quetzal Tequanpil Choltequaquaytle Xiuhcoatl -
Huitzillihuitt Temetzi Xiucozcatl -
Coyotl Tleuhtlecozauhqui Xiunene -
Ocelotl Xelhua Xiutecatl -
Tecolotl Xolotl Xiuhquen -
Coatl Iztlizuchitl Xiutotol -
Coatecoal Moctezuma Xiupetla -
Cuespaltzin Coyoctli Aquiahuatl Xincuiltzi -
Moyotl Colloztli -
Mazatl -l -

50Fuente: Matrícula de Huexotzingo, C. Reyes, Protocolos de notarias de Cholula, 1590-1600, op. cit., Hayward, Nombres a partir de las actas de bautizos de San Pedro Cholula, archivo parroquiel de San Pedro Cholula, libros de batizos, entierrros y matrimonios y Padrón de la ciudad de San Pedro Cholula y sus barrio 1786.

51Las preferencias nominales son la muestra de filiaciones comunes por que se comparte el culto a deidades o héroes. Por esta razón la selección que se hizo de las entidades de la región muestra su relevancia en las prácticas rituales, sociales y económicas. Asimismo, en estos antroponimos se revelan las cualidades físicas y morales de los individuos que destacaban, por no hablar de los gustos estéticos de las descripciones y metáforas.

52 Como la denominación en náhuatl era particularmente creativa, resulta significativo encontrar coincidencias nominales en las distintas localidades estudiadas, es decir, antropónimos idénticos. Prueba de ello es que de los más de once mil individuos registrados en la Matrícula de Huexotzinco (11,934) por ejemplo, tan sólo setecientos nombres aparecen más de una vez (704), y como dos mil quinientos individuos no tienen un tocayo (2,557), son poco más de tres mil glifos antropónimos distintos (3,261). Si bien, estos números podrían precisarse, no es tan fácil realizar la misma contabilidad en las fuentes alfabéticas, por la variación ortográfica de los nombres12. Por esta razón para Cholula estos conteos están inacabados.

53 En contraste con esta fuerte diferenciación nominal, el nombre correspondiente a “guerrero” o literalmente, “enemigo”, Yaotl, aparece con una frecuencia altísima, como adelante se verá tanto en Huexotzingo como en Cholula. La variación gráfica en las fuentes alfabéticas impide, en muchos casos, saber a qué raíz léxica corresponde el nombre, dificultad que en la gráfica indígena queda salvada por las cualidades mismas de esta forma de escritura.

Los tonaltoca

54El tonaltoca o nombre calendárico se siguió utilizando como patronímico en la época colonial. En el periodo prehispánico este nombre se atribuía a partir de una concepción del orden calendárico expresado en el ciclo de 260 días. Así, las fuerzas del “tiempo mítico” penetraban en el tiempo de los hombres, “de acuerdo con el día (el día oficial) de su nacimiento. La fuerza era introducida en el niño por medio de un ritual, y quedaba alojada en él a manera de una de sus entidades anímicas, unida estrechamente al hombre como su vínculo con el cosmos y condicionando su suerte13”.

55 Pensamos que algunos de los nombres de animales relacionados con el tonalpohualli ya sin el numeral podrían ser huellas de nombres calendáricos, pero en términos estrictos el tonaltoca es una unidad formada de numeral y signo.

56 Inferimos lo anterior, ya que Diego Durán advertía de prácticas idolátricas entre los indios que solicitaban hacer coincidir el santo patrono cristiano de su barrio con la fecha en que celebraban la fiesta de la deidad del calpolli. Cuando los recriminó por ello, el indio respondió que se encontraban en “nepantla” respecto a su cristianización. Ahora bien, con relación a la adopción de nombres de pila, Durán también notó que los indios:

57 …juntamente con el nombre cristiano se ponen el del signo (antiguo) en que nació. Por ejemplo: si nació en el signo de la culebra y en el bautismo se le puso Pedro, llámase Pedro Coatl (…) y si nació en el de la lagartija, llámase Juan Cuetzpal, juntando un nombre por otro y ansí de todos los demás14.

58 Sin embargo, la práctica de atribución del nombre de acuerdo con el tonalpohualli se perdió conforme avanzó la conquista espiritual y la vigilancia de los frailes descrita por Durán.

59 De esta manera los tonaltoca se transformaron simplemente en apelativos que ya no correspondían con el día de nacimiento de los individuos y en algunos casos se convirtieron en nombres de familia.

Dioses

60Hay dos nombres en la Matrícula de Huexotzinco que claramente corresponden a los dos principales dioses tutelares de ese señorío que son Yaotl, como uno de los apelativos de Tezcatlipoca, y Mixcoatl.

En Cholula también aparecen Yaotl y Mixcoatl además de otros nombres derivados de las deidades de culto local como: Ehecatl, Ecatzintli, Xipe, Toci, Tozin, Coatlihue, Xochipili, Yopi. Cabe aclarar que Tozin puede ser otra forma de escribir Toci, con una /n/ final por la consonante glotal, o menos probablemente, To-cin “nuestra-mazorca”, en cuyo caso sólo aparece en Cholula y no en Huexotzinco.

61En las dos localidades aparecieron variaciones de los nombres de Tezcatlipoca: Tezca, Tezcapoc, Tezcatzon, Tezcacoatl. Aunque con poca frecuencia, incluso hay individuos llamados Xipe, Coatlicue y como título Yopitecuhtli.

Títulos

62Algunos de ellos corresponden a los antiguos apelativos de las casas nobles o de los privilegios o funciones que los miembros de esa casa de pipiltin, término que podría hacerse equivaler a “hidalgos”, ocupaban dentro de las funciones políticas del altepetl. James Lockhart y otros etnohistoriadores también consideran que con la alteración del mundo indio estos apelativos de títulos, dignidades o cargos pasaron a convertirse en simples apellidos15. Luis Reyes ha anotado los principales títulos de los señores en la vecina Cuauhtinchan. Entre ellos se encuentran, además de los anteriores, otros bajo las siguiente nominaciones: Tlacateuhtli, Couatecatl, Calmecahua, Cihuacoatl, Tecamecatl, Teohuateuhlti, Tezcacoacatl, Tlacochcalcatl, Tlamacazqui, Atepanecatl, Tlaupanecatl, Apanecatl, Tlamayocatl, Uitznahuatl, Teuhçouatl, Xicotencatl, Tizapanecatl, Xiloxochcatl y Tocuiltecatl16. Algunos de estos títulos, como el de Tlacochcalcatl, se aplicaba a altos cargos militares prehispánicos.

63 Para el caso de Tepeaca, Hildeberto Martínez encontró algunos títulos como Tecpanecatl, Tecpanecatecutli, ambos derivados de tecpan “casa del señor” o como Molina lo traduce “palacio”, Tlachichtecutli, Tecutli o Tlacochcaltcatl. En Cholula y Huexotzinco encontramos algunos títulos o dignidades como Chichimecatecutli, Tecpanecatecutli, Tecpanecatl, Tlacochcaltcatl, Tecamecatl, Teuctli, Tocuiltecatl, Xicotencatl y Apanecatl. Para Tecali, se mantuvieron los topónimos relacionados con los antiguos títulos como Chichimecatecpan. Miguel Galicia encontró que “Don Martín Yztacquauhtzin (quien era el señor de Tecali al momento de la conquista17). Sus hijos muy posiblemente adoptaron nuevos identificadores, especialmente Don Martín de Santiago. De este modo en Tecali sólo una dignidad de título se mantuvo algunas décadas, fue el caso del primer gobernador de Tecali don Juan García Chichimecateuctli, hijo de Don Martín de Santiago y sobrino de don Miguel de Santiago. Éste “ejerció el cargo en el año de 1596 y posteriormente fue desterrado18”. El resto de la nobleza de Tecali no utilizó más los antiguos títulos como patronímicos.

64En tanto, en Cholula dignidades emblemáticas como Tlalchiach y Aquiach aparecieron como apellidos o segundos identificadores en la documentación del siglo XVII.

Gentilicios

65Las huellas de la procedencia étnica de los individuos se marcan formalmente con el sufijo – catl, aunque dependiendo del sufijo locativo con el que se componga el topónimo, los nombres de los pueblos pueden terminar en saltillo o se les pudo agregar el término genérico de tlaca, como los cuauhtinchantlaca “gente de Cuauhtinchan”.

66Hay que notar que la terminación – catl también se utilizó para los títulos, lo que permite suponer que gente de ciertos pueblos tenían oficios preferentes, por ejemplo el caso de los acxoteca, caracterizados por ejecer el oficio del comercio, o los tlaylotlaca, reputados pintores y comerciantes. Como los gentilicios pueden estar relacionados con oficios debieron tener mitos explicativos que los relacionaran con sus deidades protectoras o las que justificaban su origen. Los nombres de origen que aparecieron de manera común en las fuentes fueron: Tenochcatl, Mexi o Mexicatl, Ayapan, Colomochcatl, Mixteco, Acxotlan, Amaquemi, Texcucano en Cholula y Acolhua en Huexotzinco.

Oficios

67Mientras que en Huexotzinco se registraron más de 40 especialidades distintas, la gran mayoría compartida con Tlaxcala, en Cholula encontramos menos, por el carácter de las fuentes. Así los nombres más comunes fueron Tlacuilo, Tianquiztlatoa, Petlachiuhqui o los títulos utilizados como huellas del oficio19.

Jtlalticpactoca: el nombre mundano.

68Como se dijo antes, el tonaltoca era el nombre que se daba al nacimiento, mientras que el jtlalticpactoca o “nombre mundano” es el nombre que daba a los siete años. Aquellos nombres cuya morfología, sentido, no está relacionado con nombres calendáricos, deidades, funciones, oficios y que refieren a nombres de plantas, animales, objetos o características físicas, suponemos que eran los nombres mundanos más habituales.

69 De ellos, los más comunes en Cholula fueron: Chimali, relacionado con la guerra, Tepon relacionado con el Teponaztli, Mopohua, probablemente con las narraciones, Tozqui, relacionado con el canto o el grito de guerra, etc. Por otra parte, se encuentran a menudo los nombres de pájaros, cuentas preciosas como Tototzintle, Xiutotol, Xiucozcatl, algunos de los cuales eran objetos valiosos del comercio indígena o para realizar su transporte. Xiqui, (Xiquipilli),

Descripciones y metáforas

70Sería necesario referirse a las anécdotas, las características físicas, las modalidades de comportamiento, habituales o excepcionales, de los individuos para entender las razones que motivaron darles un nombre distinto a las subclases de nombres arriba consideradas. Pero como se ha señalado, las fuentes consultadas son listas de nombres y carecemos de pasajes en los que se aclaren las razones por las que un individuo era llamado de determinada manera.

71Para distinguir estas dimensiones, también se podría explorar un camino estrictamente lingüístico y revisar si las imágenes expresadas por las palabras y frases como nombres propios aluden a universos de significados que, eventualmente habrían servido para calificar el comportamiento, el lugar social o la fisonomía de los individuos20.

72Observamos el caso de ciertos nombres relacionados con poc-tli, “humo”, que tiene una presencia destacada en la Matrícula de Huexotzinco, como formativo de varios nombres. Llama la atención su presencia en un documento de Izúcar, pues se presenta, un tanto inesperadamente en su forma de verbo, Popoca, que quiere decir “humear, echar humo, hacer humo, ahumar”.

73El proceso al indio Tomás Tunalt (Tonal), vecino de Izúcar en 1605, refiere que un indio principal lo denunció, utilizando la información que le proveyó alguien a quien identificó como “un Popoca ”, al que definió como “sahumador de ídolos”. El alcalde indio se apoyó en que el Popoca le dijo que Tezcatlipoca «era igual a San Gabriel» en su advocación de Telpochtli “joven (el joven que era el ixiptla “la imagen de” Tezcatlipoca21). Así en este caso, un sahumador puede referirse tanto al instrumento – el copalero prendido –, como a quien purifica los objetos de culto humeándolos – popoca “echar humo”–, esto es, el individuo que sahuma. Con esta cita se abren las puertas para reflexionar en que muchos nombres tienen al menos dos interpretaciones: la indicativa –señalar de qué individuo se trata– y otra metafórica o alusiva a un significado abierto, explotando, en este ejemplo, la figura metonímica del efecto por su causa.

Análisis diacrónico

74Con la conquista y colonización muchos antropónimos, gentilicios, títulos o incluso topónimos se convirtieron en nombres de familia. En el siglo XVI, el sistema nominativo español, como el indígena no tenían aún un sistema de transmisión patrilineal consolidado. Es por ello que no necesariamente se trata de patronímicos sino hasta fines del siglo XVII y definidamente en el siglo XVIII, a pesar de que fue muy poco después de la conquista que se adaptó el sistema de patronímicos o apellidos a la nobleza indígena, homologando sus nombres con la tradición occidental. En algunos casos se adjudicaron los apellidos mediante la detección de un antepasado considerado como «fundador» de linaje.

75 En consecuencia, con el transcurso de circunstancias sociohistóricas como la consolidación del sistema nominativo de transmisión patrilineal en el siglo XVIII y el reforzamiento de la identidad entre la población que portaba un nombre nahua, se mantuvieron estos apelativos ya como patronímicos e incluso entre algunos sectores se propició el regreso a los que ya eran apellidos nahuas.

Conclusión

76Este es un primer seguimiento de los nombres en la larga duración mediante el cotejo de fuentes variadas. Intentamos tanto como nos fue posible un análisis diacrónico en Cholula del siglo XVI al siglo XVIII. El análisis sincrónico de los nombres de las fuentes correspondientes del siglo XVI, en fuentes protoestadísticas como los registros de bautizos, padrones así como documentos notariales y judiciales permitió identificar tan sólo un puñado de términos sobrevivientes, de los miles de nombres originalmente en uso, en consonancia con el resto de los cambios de la sociedad indígena, los cuales se anexan en el cuadro al final del texto.

77 Los glifos antropónimos en documentos del siglo XVI permiten entender el significado del léxico utilizado como nombre personal, opaco en las fuentes alfabéticas debido a la variación y corrupción de la escritura. Asimismo, el estudio de la antroponimía revela las motivaciones para la elección de los nombres personales, que además de relacionarse con relatos míticos, revelan prácticas religiosas, militares y poéticas de los pueblos nahuas de esta región. Es por esto que mediante el análisis nominativo se asoma uno a las instituciones indígenas antes de la llegada de los españoles a través de los nombres de cargos, títulos y dignidades así las militares, como las religiosas. El uso de nombres no relacionados con la fauna y flora locales muestra la valoración de animales y plantas a los que se les atribuía poderes especiales que explican su importancia en los rituales.

78Norma Angélica Castillo Palma
UAM-Iztapalapa
Ma. del Carmen Herrera Meza
Dirección de Lingüística-INAH

Bibliografía

79Arqueología Mexicana: Cholula. La ciudad sagrada, v.115 (mayo-junio 2012) México, Editorial Raíces.

80Baroco, John V., “Notas sobre el uso de los nombres calendáricos durante el siglo XVI”, en McQuown y Julian Pitt-Rivers, eds, Ensayos de antropología en la zona de Chiapas, México, INAH, pp. 135-148.

81Bourin, Monique. 2001 [1998]. “La escritura del nombre propio y la aparición de una antroponimización de muchos elementos en Europa occidental (siglos xi y xii)” en Anne-Marie Christin, comp. en El nombre propio: su escritura y significado a través de la historia en diferentes culturas, coord. Anne-Marie Christin, Barcelona, Gedisa, pp. 193-213.

82Carrasco, Pedro. [1964] “Los nombres de persona en la Guatemala antigua”, en Estudios de Cultura Maya, v.4, pp.323-334.

83Christin, Anne-Marie, (comp.) 2001 [1998]. El nombre propio. Su escritura y significado a través de la historia en diferentes culturas, Barcelona, Gedisa.

84Davoust, Michel. 2001 [1998]. “Los glifos nominales de los personajes históricos mayas del período clásico” en Anne-Marie Christin, comp. en El nombre propio: su escritura y significado a través de la historia en diferentes culturas, Barcelona, Gedisa, pp. 81-106.

85Dibble, Charles E. & A.J.O Anderson [1950-69] Florentine Codex. General History of the Tings of New Spain, Trad. del náhuatl por C.E. Dibble y J.O. Anderson, Santa Fe, School of American Research and the Univ. of Utah, 11 vol.

86Durán, Diego Fray [2002], Historia de las Indias de Nueva España e islas de la Tierra Firme, V. I, México, Conaculta,. (Cien de México)

87Galicia Orozco, Miguel, [2014] Las congregaciones de pueblos de indios en Tecali, 1599-1606: una perspectiva político-territorial, Tesis de licenciatura en Historia, México, Universidad Autónoma Metropolitana.

88Herrera, Carmen, “Valores metafóricos de poc-tli humo en los antropónimos nahuas”, en Mercedes Montes de Oca, La metáfora en Mesoamérica, México, 2004, p. 95-122

89Horcasitas, Fernando, [1973] “Cambio y evolución en la antroponimia náhuatl”, en Anales de Antropología, vol. X.

90Jakobson, Roman. [1975] “Los conmutadores, las categorías verbales y el verbo ruso”, en Ensayos de lingüística general, Barcelona: Seix Barral, pp. 326-332.

91Lévi-Strauss, Claude. 1964 [1962], El pensamiento salvaje, México, FCE, pp. 278-314.

92Lockhart, James, [1999], Los nahuas después de la conquista, México, FCE.

93López Austin, Alfredo [1996] Cuerpo humano e ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas. México, UNAM, (Serie Antropológica 39).

94Martínez, Hildeberto. [2003] “Una ordenanza para el gobierno de los indios en 1546”, passim. “Teucyotl. El gobierno señorial en Tecamachalco Puebla en el siglo XVI” en The Journal of Intercultural Studies, no. 30, pp. 1-13.

95Medinaceli, Ximena, [2003] ¿Nombres o apellidos? El sistema nominativo aymara sacaca-Siglo. XVII, La Paz, Instituto de Estudios Bolivianos- Instituto Francés de Estudios Andinos,

96Olivera, Mercedes, [1978] Pillis y macehuales. Las formaciones sociales y los modos de producción de Tecali del siglo XII-XVI, México, Ciesas, Ediciones de la Casa Chata,

97Reyes García, Luis, [1988] Cuauhtinchan de los siglos XII al XVI. Formación y desarrollo histórico de un señorío prehispánico, México, FCE-Ciesas-Gobierno del Estado de Puebla, p. 95.

98Rojas, Teresa (coord.) 1987. Padrones de Tlaxcala del siglo xvi y Padrón de nobles de Ocotelolco. Paleografía, estudios introductorios, notas por Marina Anguiano, Matilde Chapa y Amelia Camacho, México: CIESAS.

99Roys, Ralph, “Personal Names of the Maya of Yucatan” en, Contributions to American Archaeology and Ethnology, 31, Washington 1940, pp. 35-48. Carnegie, Institution of Washington pub. 523

100Sahagún, Fray Bernardino de [2002], Historia General de las cosas de Nueva España, México (Cien de México)

Fuentes

101Archivo Parroquial de San Pedro Cholula, Libros de Bautizos, Matrimonios y defunciones de 1650-1796.
Archivo Parroquial de San Pedro Cholula, Padrón del curato de San Pedro Cholula 1786. Incluye barrios indios y pueblos sujetos.

102Cayetano Reyes García, [1590-1600] Índices y extractos de los protocolos de la Notaría de Cholula (1590-1600), México, INAH (Colección científica, 8), 1973.
Archivo Judicial de Puebla, Fondo Cholula.

103“Confirmación de las elecciones de Calpan”, BNF, Ms. 73, Perla Valle edición y estudio preliminar en, CEN, México, INAH, 2011. Disponible en línea [2016]: http://tlachia.iib.unam.mx

104“Matrícula de Huexotzinco”, Ma. del Carmen Herrera M. y Marc Thouvenot, edición y estudio preliminar, en CEN, México, INAH, 2011 Disponible en línea [2016]: http://tlachia.iib.unam.mx

105“Mapa de Cuauhtinchan núm.2”, Tomás Jalpa, edición y estudio preliminar, en CEN, México, INAH, 2011. Disponible en línea [2016]: http://tlachia.iib.unam.mx

106Notas de pie de página

1071 Arqueología Mexicana, No. 115, pág. 30.

1082 Claude Lévi-Strauss, El pensamiento salvaje, (México: FCE, 1964), págs. 278-314.

1093 Ralph Roys, “Personal Names of the Maya of Yucatan” en Contributions to American Archaeology and Ethnology, 31, Washington 1940, págs. 35-48. Carnegie, Institution of Washington pub. 523.

1104 John V. Baroco, “Notas sobre el uso de los nombres calendáricos durante el siglo XVI” en, McQuown y Julian Pitt-Rivers, eds, Ensayos de antropología en la zona de Chiapas, (México: INAH, 1970), págs. 135-148.

1115 Pedro Carrasco, “Los nombres de persona en la Guatemala antigua”, en Estudios de Cultura Maya, V. 4, págs. 323-334.

1126 Fernando Horcasitas, “Cambio y evolución en la antroponimia náhuatl” en Anales de Antropología,
vol. X, 1973.

1137 Ximena Medinacelli, ¿Nombres o apellidos? El sistema nominativo aymara sacaca – Siglo XVII, (La Paz: Instituto de Estudios Bolivianos- Instituto Francés de Estudios Andinos, 2003).

1148 «Una ordenanza para el gobierno de los indios de 1546» citada en Hildeberto Martínez, « Teucyotl… op.cit., pág. 153, passim. Hildeberto Martínez, “Teucyotl. El gobierno señorial en Tecamachalco Puebla en el siglo XVI” en The Journal of Intercultural Studies, no. 30, 2003, págs. 1-13.

1159 “Confirmación de las elecciones de Calpan”, BNF, Ms. 73, Perla Valle edición y estudio preliminar en, CEN, México, INAH, 2011.

11610 Alfredo López Austin, Cuerpo humano e ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas. (México: UNAM, 1996, Serie Antropológica 39), pág. 228.

11711 Códice Florentino, Libro 6, Capítulo 37, pág. 646

11812 Este cuadro es una selección de los nombres frecuentes en la Matrícula de Huexotzinco, y en las fuentes, de Cholula.

11913 Estas cifras se obtuvieron del “Diccionario de elementos constitutivos de los glifos y personajes de la Matrícula de Huexotzinco ”, elaborado por Ma. del Carmen Herrera y Marc Thouvenot en Tlachia incluido en CEN ( Compendio Enciclopédico del Náhuatl ), dvd, México, INAH. Disponible en línea [2016]: http://tlachia.iib.unam.mx

12014 Alfredo López Austin, Cuerpo humano e ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas. (México: UNAM, 1996, Serie Antropológica 39), pág. 223.

12115 Fray Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e islas de la Tierra Firme, (México, Conaculta, Cien de México, V. I., 2002), pág. 236

12216 James Lockhart, Los nahuas después de la conquista, (México: FCE, 1995), págs. 47-75 y 162-190; Mercedes Olivera, Pillis y macehuales. Las formaciones sociales y los modos de producción de Tecali del siglo XII-XVI, (México: Ciesas, Ediciones de la Casa Chata, 1978).

12317 Luis Reyes García, Cuauhtinchan de los siglos XII al XVI. Formación y desarrollo histórico de un señorío prehispánico, (México: FCE-Ciesas-Gobierno del Estado de Puebla, 1988), pág. 95. Carmen Herrera y Bertina Olmedo, “Divergencias entre imagen y glosa de topónimos: el caso de Tocuilan y Tocuiltecatl”. INAH 2009. Ms. Inédito.

12418 Miguel Galicia Orozco, Las congregaciones de pueblos de indios en tecali, 1599-1606: una perspectiva político-territorial, Tesis de licenciatura en Historia, (México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2014), pág. 138.

12519 Miguel Galicia Orozco, Las congregaciones de pueblos, pág. 133

12620 Norma Castillo, “Las huellas del oficio y de los sagrado en los nombres nahuas de Cholula”, en Dimensión Antropológica, (2016), en prensa.

12721 Carmen Herrera, “Valores metafóricos de poc-tli humo en los antropónimos nahuas”, en Mercedes Montes de Oca, La metáfora en Mesoamérica, (México, 2004), pág. 96.

12822 AGN, Inquisición, Vol. 42 Exp.20, tomado de Nicola Kuehne Heyder, “La Religión en la Nueva España del siglo XVI”, en Quinto Centenario, Revista de la Universidad Complutense, Madrid, (1989), Vol. 15, págs. 161-162.

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Para citar este artículo :

Norma Angélica Castillo Palma y Ma. del Carmen Herrera M., « Nombres nahuas en documentos de tradición indígena de Puebla – Tlaxcala », Boletín AFEHC N°71, publicado el 04 diciembre 2016, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=4439

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