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AFEHC : bibliografia : Chiapas Histórico, de la Independencia a la revolución, 1821-1920 : Chiapas Histórico, de la Independencia a la revolución, 1821-1920

Ficha n° 580

Creada: 02 marzo 2006
Editada: 02 marzo 2006
Modificada: 02 marzo 2006

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Publicado en:

ISSN 1954-3891

Chiapas Histórico, de la Independencia a la revolución, 1821-1920

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Categoria:
Libro
Autor:

Gutiérrez Cruz, Sergio Nicolás

Lugar de Publicación:
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Editorial:
Gobierno de Chiapas, Secretaria de Educación
Fecha:
2005
Reseña:

1Con este obra, el historiador Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz, nos propone volver sobre las diferentes etapas de la integración de la región chiapaneca a la nación mexicana entre 1821 y 1920. Se trata de un libro destinado a un amplio público, muy bien ilustrado (37 fotos más que todo imágenes que representan a los personajes históricos más destacados del periodo así como cinco mapas que no son de una gran calidad), un tanto corto (menos de 80 páginas) aunque bien redactado y muy sintético. El ejercicio por lo demás no es nada fácil, puesto que esta historia del siglo XIX ha sido muy poco trabajada en profundidad y es fecunda en acontecimientos. Aunque el autor no pretende ser exhaustivo, la presencia de solamente doce libros citados en la bibliografía (todos muy importantes por lo tanto) es un buen indicio del grado de dificultad que deben enfrentar los historiadores sobre todo cuando quieren leer esta historia con el deseo de tener en cuenta los desfíos económicos locales y nacionales, o el poder de los vínculos sociales (familiares o no) en la organización de las alianzas políticas. Antes de presentar los grandes razgos de esta síntesis muy política de la Historia de Chiapas, lamentamos la ausencia de cronología y de un índice onomástico que hubieran sido muy útiles.
La Unión de Chiapas al proyecto nacional mexicano no era evidente. El autor lo pone de manifiesto con razón, porque esta región hoy en día mexicana hacía parte de la Capitanía General de Guatemala cuando la independencia fue decidida en septiembre de 1821. Aun deficiente, la administración español había contribuido a tejer sólidos vínculos entre la provincia chiapaneca y la capital de Guatemala. De hecho, los sobresaltos fueron numerosos hasta el punto que las élites locales estaban divididas entre los que miraban hacia la joven Federación centroamericana y los que se inclinaban hacia el poderoso vecino mexicano. Muchos pequeños ejércitos constituidos de prisa en las provincias de Chiapas y el más oficial de Mexico contribuyeron a incrementar una confusión ya alimentada por múltiples reuniones más o menos espontáneas, con el fin de encontrar una solución a este asunto peliagudo. Es claro que este periodo de la historia chiapaneca espera todavía el ensayo de un historiador que intente desmenuzar la naturaleza de las fuerzas políticas locales, con el fin de explicar en detalle por qué la balanza se inclinó hacia los mexicanos. No cabe duda que las elecciones organizadas en septiembre de 1824 fueron determinantes: 96829 sufragios en favor de la anexión a México contra 64400 favorables a América Central. La victoria de los grupos favorables a la integración al conjunto mexicano era indiscutible, aunque esta votación no resolvía todos los problemas, pues los habitantes de la provincia de Soconusco se pronunciaron en contra de la anexión y los diputados centroamericanos votaron el 18 de agosto de 1824 un texto declarando que este territorio formaba plenamente parte de la Federación centroamericana. A pesar de estas tensiones, un término medio fue encontrado y de conformidad con la Constitución Federal mexicana, Chiapas se dotó de una constitución el 19 de noviembre de 1825.
El autor desarrolla en el capítulo siguiente un periodo político aun más agitado que corresponde a los primeros tiempos de la República (1824-1846), poniendo énfasis en la obra reformadora de Valentín Gómez Farías, quien se esforzó por limitar el poder de la Iglesia. Sus reformas fueron apoyadas en Chiapas por el gobernador Joaquín Miguel Gutiérrez, a pesar de la oposición de los medios conservadores. Este último tomó en seguida la cabeza de un ejército y representó hasta su muerte un cierto tipo de resistencia al centralismo impuesto desde la ciudad de México. En septiembre de 1842, la espinosa cuestión del estatuto de Soconusco fue prácticamente solucionada, ya que el proyecto de Federación Centroamericana había fracasado, y este pequeño territorio se encontraba sin otra opción que adherir a su pudiente vecino mexicano. Antes de concluir este periodo dominado por la personalidad del General Santa Ana, el autor destaca el papel de las familias de poder, adoptando la dicotomías clásica entre conservadores – en particular las familias Larráinzar, Piñeiro y Quesada- y los liberales – en particular los Corzo, Castellanos, Solórzano, Ruiz y Molina.
El segundo gran periodo político (1846-1876) coincide con el principio de la guerra contra los Estados Unidos y las primeras rebeliones de las poblaciones indígenas de las provincias de Yucatán. Estos movimientos llevaron a las élites chiapanecas a desarrollar una política específica en favor de estas mismas poblaciones. Estas mismas élites volvieron a entrar en conflicto con las autoridades centrales de México, pero estas dos décadas estuvieron dominadas sobretodo por los enfrentamientos militares entre fuerzas liberales y conservadoras, que dieron poco a poco la ventaja a los primeros.
Como en el resto de la América Latina, la Iglesia se encontró entonces cada vez más aislada y fuertemente afectada económicamente por las medidas anticlericales que fueron adoptadas por los liberales. En 1861, los soldados de Chiapas se pusieron en pie de guerra y tomaron la dirección de la capital mexicana para hacer frente a la amenaza militar francesa. La « patria en peligro » no provocó ninguna unión sagrada, porque los conservadores locales se aprovecharon de esta expedición para intentar de arrebatar el poder a los liberales. La victoria francesa dio origen incluso a una escisión del territorio chiapaneco, a nuevos enfrentamientos militares, entre el gobierno pro-imperialista y un tanto conservador de Juan Ortega desde San Cristóbaln y el más constitucionalista y republicano de Gabriel Esquinca desde Tuxtla. Las provincias vecinas, de Tabasco y de Oaxaca, apoyaron militarmente a los diferentes beligerentes, y la vecina Guatemala constituyó más de una vez un refugio seguro para los caudillos que deseaban reconstruir un ejército derrotado. Además de esta componente regional, el autor insiste mucho en el papel político jugado por las familias de poder, en particular los Corzo, en particular Angel Albino y su primo Juan Clímaco o bien la familia Domínguez. Al fin de cuentas, durante el año 1867 los ejércitos franceses fueron poco a poco derrotados, Maximiliano de Habsburgo fue sitiado en la ciudad de Querétaro y forzado a rendirse a las fuerzas republicanas lideradas por Benito Juárez. En Chiapas las elecciones volvieron a colocar en el poder a la gran figura de José Pantaleón Domínguez, quien logró mantener bajo su control la provincia hasta diciembre de 1875, a pesar de una poderosa insurrección conocida con el nombre de « Guerra de las Castas » (véase las páginas 40-43).
En el tercero periodo (1876-1911), el autor hace un balance de la actividad política de una gran figura reformadora : Emilio Rabasa. El gobernador Miguel Utrilla había trazado el camino, puesto que durante cuatro años (1879-1883) él había realizado una política coherente con el fin de organizar una verdadera administración pública. Bajo su gobierno se firmó un tratado que establecía los límites entre México y Guatemala. Los gobernadores siguientes, Ramírez y Carrascosa, completaron la obra iniciada por su predecesor. A partir de 1891 el abogado Emilio Rabasa, un allegado de Porfirío Díaz, y después su hermano Ramón, desarrollaron una política que redujo ampliamente los poderes de los jefes locales. Esta política contribuyó a erigir un sistema de gobierno mucho más fuerte que estrechó de manera considerable los lazos de la provincia chiapaneca con México.
El centro de gravedad política tuvo tendencia a desplazarse de la ciudad de San Cristóbal a la de Tuxtla Gutiérrez. Una verdadera administración fiscal se impuso en la región, pero fue sobretodo en el campo de la educación que los cambios fueron más importantes (véase página 48), con un incremento muy importante en la creación de escuelas rurales y en la instalación de una escuela normal para profesores. Este periodo también estuvo marcado por el auge del café, en especial en el Soconusco, donde los alemanes mostraron un gran dinamismo. En esta última región las poblaciones indígenas fueron utilizadas sin vergüenza sometidas a condiciones de vida muy cercana a la esclavitud, y quizás con mayor ferocidad en la región de los Lacandones donde norteamericanos, españoles e ingleses (pero también belgas y franceses) explotaban maderas preciosas. De hecho este periodo de estabilidad política benefició sobretodo a algunos empresarios, y la organización social heredada del sistema colonial fue en definitiva poco alterada.
La penúltima división establecida por Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz se extiende hasta el principio de la primera guerra mundial. El fin del Porfiriado abre un periodo de incertidumbre que provoca una nueva era de divisiones entre las élites chiapanecas. El acontecimiento que mejor representa esta situación tiene que ver con la elección de la sede regional del poder, muy disputada entre las oligarquías de Tuxtla Gutierrez y la de San Cristóbal. Durante este pugna, sobresalió la figura intelectual del obispo Francisco Orozco y Jiménez. Se hizo sentir su gran influencia entre la población indígena.
El último periodo (1914-1920) arranca bajo la férula del general constitucionalista Jesús Agustín Castro. Las medidas tomadas para encontrar la autonomía local provocaron muy rápidamente una rebelión de grandes dimensiones liderada por hombres ingeniosos que fomentaron una táctica de guerrilla, desplazándose de noche entre los campos de maiz lo que les valió el nombre muy popular de « mapaches ».

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