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AFEHC : diccionario : GONZÁLEZ BATRES, Francisco : GONZÁLEZ BATRES, Francisco

Ficha n° 670

Creada: 03 mayo 2005
Editada: 03 mayo 2005
Modificada: 23 agosto 2007

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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GONZÁLEZ BATRES, Francisco

Subdiácono del arzobispado de Guatemala
Cargo o principal ocupación:
Subdiácono del arzobispado de Guatemala
Nació:
26 de agosto de 1746 en Santiago de Guatemala
Murió:
29 de marzo de 1815, en la Nueva Guatemala
Padres:

1Juan José González Batres y Alvarez (1685-1752) y Catharina de Larrave (¿-1746)

Resumen:

1Francisco Antonio González Batres fue durante toda su vida subdiácono y no fue porque no quisiera abrazar el sacerdocio por humildad, sino porque fue declarado incapaz jurídicamente por la justicia eclesiástica. Era el segundo hijo del segundo matrimonio del pudiente comerciante de la ciudad de Guatemala Juan José González Batres y Alvarez .

2Siendo niño perdió a su padre poco tiempo después del fallecimiento de su madre, en 1746, durante uno de sus peligrosos partos, y fue educado en el hogar del canónigo Juan José Gonzalez Batres y Arrivillaga , quien oficiaba como patriarca del linaje de los González Batres en Guatemala. Inclinado hacia la carrera eclesiástica, lo encontramos por primera vez en la documentación en el año de 1768 cuando, después de una decisión de justicia de la curia eclesiástica, fue declarado demente y puesto en curaduría. Este tipo de rupturas dentro de las familias — que podían ser de diferente índole y bastante frecuentes — representan excelentes revelaciones de las mentalidades de los criollos de la época colonial. El análisis de este caso, que salió del polvo de los archivos, contrasta con la ordenada imagen de la vida familiar en la época colonial. La presencia de este niño demente ocasionó problemas a la familia durante su larga vida y amargas pugnas después de su fallecimiento por ¡culpa de su herencia!

3Volvamos entonces a los documentos que nos permiten ingresar dentro de la intimidad de un grupo que se movía dentro de patrones sociales propios del antiguo régimen. A principios del siglo XIX, el presbítero Juan José Batres y Muñoz nos habla de su tío, en estos términos: «El mencionado tio don Francisco aunque vive en la edad de 67 años y es clerigo subdiacono de este arzobispo se declaro demente desde el año de 1768 del siglo en que recibi el subdiacono: en este defecto ha permanecido sin interseccion 44 años y en el subsiste : por lo que desde aquella epoca esta en curadoria…». Además de la edad avanzada del padre al procrear (60 años), podemos decir en este caso que la demencia proviene de las frecuentes y arraigadas prácticas endogámicas que llevaban los pocos españoles para casarse dentro de su parentela, excluyendo a menudo, lo más posible, a los grupos africanos e indígenas de la ciudad. De hecho, además de la locura del subdiácono, un hermano suyo, Thomas, murió a los siete años y las dos hermanas murieron al nacer el último, como lo vimos, ocasionando la muerte de Catharina Larrave.

4Los distintos informes redactado al momento de tomar la decisión de la puesta en curatela, revelan detalles insólitos: el subdiácono padecía de pérdidas gráves de la memoria, podía ser violento o al contrario, pródigo: «Que en la Antigua Guatemala estando al cuidado de Rosalia Cordova , de la plata labrada que estaba en su poder se extrajo unos platos y los fue a regalar de modo que tuvo la señora que dar muchos pasos para recobrarlos y que esto lo supe de ella misma, quien también le contó que se quitaba las evillas de zapatos para darlas (...) ». Isidro Vázquez añadió algunos detalles aun más truculentos: « que todas las noches le desvelaba hasta la una que el señor dean le puso con una cadena por mano del pbro Toribio Meca para contenerlo».

5Durante 44 años, hasta su muerte en 1807, su hermano mayor Juan José, deán del cabildo eclesiástico de la Ciudad de Guatemala, administró sus bienes. Esa fortuna, parte legitima de la herencia del padre, alcanzó la cifra de 75.000 pesos al momento de nominar un nuevo curador, es decir, a la muerte del canónigo. En 1812 esa fortuna fue entregada al cura José Teodoro Franco , quien aceptó la carga, pero se quejó de lo escueto de la remuneración. José Teodoro Franco hacía prueba de lucidez diciendo «el 5 % es corta compensación por el trabajo y servicio de esta curaduria respecto a que no se contrae solo a cobrar sino tambien a cuidar de la persona del subdiácono Francisco Batres en el resto de cosas que no expresa su sobrino Jose Antonio las que ya pueden considerarse como son respeto de su situación; y entender enteramente de sus bienes y negocios en cuios hechos tiene que imponerle por menor entablar varios pleitos, con sus parientes y agitar los que hay». Este nombramiento no se hizo al azar sino que consagró una vieja amistad que existía entre este cura influyente de la administración diocesana y la familia González Batres. Según sus propias palabras, estaba acostumbrado a hacer visitas a la casa familiar de los Gonzáles Batres. El dinero del subdiácono quedó casi todo el tiempo en manos de la familia. Manuel González Batres había utilizado la cantidad de 28.000 pesos antes de que se tomara la decisión de justicia, poniendo a Francisco en curatela. Su mujer cumplió su testamento y remitió al deán 39.514 pesos (de principal más los intereses atrasados) en 1784. José González Batres y Asturias pidió después, en préstamo, el dinero y presentó como fiadores a los comerciantes “de entrada” don Ambrosio Tabaoda y don Juan de Oliver. Los intereses fueron de gran utilidad para el deán quien formó otros pequeños capitales que fueron prestados a familiares, tal como Manuel José Zepeda, quien recibió 1.700 pesos en 1802; y el Marqués de Aycinena. En 1797 el Canciller de la Audiencia Juan Miguel Rubio y Gemmir pidió hasta 3.000 pesos sobre la curatela.

6Este caudal no dejó de cobrar importancia en los años siguientes cuando el dinero se hizo mas escaso dentro del grupo de los González Batres. Encontramos, de hecho, a Miguel Batres con un poder, de otros herederos de su tío, entablando un ruidoso juicio contra la testamentaría de su finado tío, el señor deán. Este pleito se justificaba, según los herederos, porque el deán había cometido un error muy grave cuando decidió, en 1793, relevar la fianza de los comerciantes Taboada y Oliver y poner en su lugar a Mariana Asturias, mujer legítima de José Antonio Batres, quien no pudo devolver nunca los 28.000 pesos, por estar en quiebra….

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