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AFEHC : diccionario : GONZÁLEZ BATRES Y ÁLVAREZ, Juan José : GONZÁLEZ BATRES Y ÁLVAREZ, Juan José

Ficha n° 671

Creada: 07 mayo 2005
Editada: 07 mayo 2005
Modificada: 29 abril 2007

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Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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GONZÁLEZ BATRES Y ÁLVAREZ, Juan José

Sargento mayor, alférez mayor, alcalde ordinario de Santiago de Guatemala
Cargo o principal ocupación:
Sargento mayor, alférez mayor, alcalde ordinario de Santiago de Guatemala
Casó:

1El 3 de mayo de 1723 en Santiago de Guatemala con doña Juana de Dios de Arrivillaga y Roa

Nació:
1 de julio de 1685 en Santiago de Guatemala
Murió:
16 de noviembre de 1752 en Santiago de Guatemala
Padres:

1Don Juan José González Batres (hacia 1638-1696) y doña María Álvarez de Toledo

Resumen:

1El siete de marzo de 1741, la hija del Capitán Lucas de Larrave se casaba con el regidor Juan José González Batres y Álvarez. Ella tendría 35 años y él un poco más de 55 años! En esta ocasión no cabe duda que los familiares de la novia, presentes en la boda, eran mucho menor que los del novio. La primera mujer de Juan José ya había dado la luz, desde 1723, a once niños y niñas y el propio Juan José tenía a su lado sus hermanos y hermanas bien enraizados en la sociedad local. Mientras que la novia era la última representante de una familia que iba desaparecer de la vida colonial. En este caso, el matrimonio tenía una sola finalidad: los hijos del primer matrimonio reclamaban la atención de una madre. El caudal propio de Juan José, quien manejaba una tienda de entrada en la ciudad, era entonces de 124.455 pesos (cláusula 13 de su testamento ante el escribano Juan José Zavala) y los 4.000 pesos que llevó su segunda mujer al matrimonio no cambiaba fundamentalmente la situación de su patrimonio.

2Si analizamos el primer matrimonio encontramos patrones de comportamiento tradicionales dentro de la elite. Los miembros de la familia González Batres se inscribieron siempre en esta lógica que hacía del matrimonio el principal mecanismo para adquirir riqueza. Claro que no se trataba tampoco de percibir una parte cuantiosa de la herencia de la familia Arrivillaga — la carta de dote redactada en 1725, era de “3000 pesos en alajas y esclavos” — sino reforzar los vínculos con la elite terrateniente de la Ciudad de Guatemala, la cual podía suministrar una ayuda política, llegado el caso. Doña Juana de Arrivillaga era la hija de don Thomas de Arrivillaga y Ochoa, alférez real del ayuntamiento y tercer señor del mayorazgo de su casa. Cuando se casaron doña Juana tenía 23 años y Juan José 38¡ Esta diferencia de edad era bastante común porque se esperaba siempre antes de casarse que la fortuna estuviera consolidada. Este largo tiempo de espera no fue sin consecuencia porque el segundo matrimonio se celebró cuando Juan José tenía casi 56 años lo que ocasionó problemas con su descendencia, en particular con su hijo Francisco quien fue declarado demente.

3A pesar de los límites impuestos por las fuentes documentales que hemos podido consultar, podemos decir que el sargento mayor Juan José González Batres fue uno de los comerciantes más activos de Santiago Guatemala durante la primera mitad del siglo XVIII. La tesis de José Manuel Santos Pérez ha confirmado su omnipresencia en el comercio trasatlántico y el trabajo de Ramiro Ordóñez destaca su influencia política en el ayuntamiento de la Ciudad –donde ingresó por primera vez en 1689 y ocupó varias veces los cargos de alcalde ordinario, primero y segundo. Además del prestigio de los cargos concejiles, le permitieron defender sus intereses económicos sin tener que depender de sus allegados. Las buenas relaciones que supo mantener con su hermano Manuel González Batres facilitó también la inversión comercial, pues juntaron 10.000 pesos cada uno, en 1718, para formar una compañía que seguramente fue exitosa. La cláusula 43 de su testamento confirma que tenía comercio con varias personas en la Ciudad de Cádiz — con la compañía Pardo y Freyre — como también en Veracruz, México, Puebla — con don Andrés de Gastay — y Oaxaca del Reino de Nueva España. Decía también que tenía comercio en la ciudad y las “provincias de tierras dentro” donde se le debían varias cantidades. Formaba parte, indudablemente, de la elite por sus inversiones en las principales ramas de la economía, tanto en la agricultura, la ganadería y ¡claro! en el comercio. Pensamos que logró invertir en el comercio por los beneficios que sacaba de las actividades comerciales — en particular la crianza del ganado y la venta en el mercado de la ciudad — que heredó de su padre, quien era un pudiente terrateniente casado con Maria Álvarez de Toledo, descendiente de otro ramo destacado de la aristocracia de la ciudad de Guatemala. Por esta alianza nuestro personaje era sobrino del obispo de Ciudad de Guatemala, Juan Bautista Álvarez de Toledo. Esta relación con la Iglesia fue siempre privilegiada. En una sociedad orientada hacia la salvación del alma, las responsabilidades religiosas aseguraban un gran prestigio y una gran notabilidad. La cláusula 25 revela que era mayordomo de la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción y administrador de la obra pía de Baltasar de Orena. Ambas era agregadas a la Iglesia de San Francisco. A la hora de morir demuestra una gran “generosidad” decidiendo perdonar todas las deudas que pudiera tener la cofradía con él, y precisaba que no había cobrado los 75 pesos — no menciona desde cuando asumió el cargo — anuales que remuneraban usualmente el trabajo del mayordomo, sino que invertía el dinero en la devoción que tenía por Nuestra Señora. Al igual, era mayordomo de otra Cofradía, de la Santa Vera Cruz, fundada en San Francisco y así nos dice que había entrado en servicio en 1717 y que lo fue durante nueve años.

4No podemos omitir la deferencia social que implicaba en la sociedad local la pertenencia al cabildo eclesiástico, por lo cual nuestro comerciante decidió poner pretensiones ante el Real Consejo de Indias a favor de su hijo el doctor don Juan José González Batres . El testamento no menciona las sumas que fueron necesarias gastar para lograr este prestigioso nombramiento, sino que se precisa que él no quería que este dinero estuviera incluido en la parte de la herencia que tocaba cada uno de sus hijos. Por fin, las vocaciones religiosas era menos costosas que las dotes que habían que reunir para un matrimonio prestigioso — por ejemplo la dote de María Josefa, quien casó con don Melchor José de Mencos fue de 19.492 pesos — y la entrada en un monasterio podía resultar provechosa a la hora de conseguir préstamos. De hecho, tres hijas de Juan José ingresaron en el convento de Concepción y una en Santa Clara. Un hermano, Antonio José, pronunció sus votos a favor del colegio de Cristo. Los otros hijos formaron parte del juego de las alianzas matrimoniales en una impresionante red de poder: incluyendo las familias Álvarez de Las Asturias (matrimonio de don José Tomás), la familia Delgado de Nájera (ídem de don Pedro Ignacio) y sobre todo la familia Muñoz (ídem de don Manuel)

Volvamos al testamento porque constituye la piedra angular para entender cómo se promovía la continuidad de la sangre y el apellido de la familia. En la cláusula 15 quizas la más importante, Juan José vela expresamente por evitar las rivalidades intra familiares: “viendo que la diferencia que puede hacer entre los hijos del primero y segundo matrimonio por partes materna es muy corta respecto al tanto que tengo hecho, es mi ultima voluntad que de todo el caudal existente que me pertenezca, sacadas las mandas de mi ultima voluntad se igualen todos en conformidad que me permite el derecho (...)”.

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