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AFEHC : diccionario : AYCINENA Y PINOL, Juan José de : AYCINENA Y PINOL, Juan José de

Ficha n° 731

Creada: 05 abril 2006
Editada: 05 abril 2006
Modificada: 27 julio 2015

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

AYCINENA Y PINOL, Juan José de

El carácter polifacéticos de un canónigo de Guatemala muy cercano al partido conservador.
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Palabras claves :
Partido conservador, Iglesia, Familia de poder, Redes sociales
Cargo o principal ocupación:
Canónigo del cabildo eclesiástico de Guatemala
Nació:
29 de agosto de 1792 en la Ciudad de Guatemala
Murió:
17 de febrero de 1865 en la Ciudad de Guatemala
Padres:

1Vicente de Aycinena y Carillo (1766-1814) segundo marqués hijo de Juan Fermín Aycinena y de Ana Carillo y Gálvez y de Juana Nepomucena María Piñol y Muñoz (1763-1832)

Resumen:

1¿Quién era Juan José Aycinena ? El historiador Julio Pinto Soria en la Historia General de Centroaérica lo presenta como el sepulturero del proyecto Federal centroamericano. David Chandler, quien le ha dedicado un libro y realizó un loable trabajo de compilación de sus escritos, prefiere insistir en la figura idealista, conservadora y cierta inclinación al consenso.

2Tomando en cuenta el papel social y político del personaje que tenemos no pretendemos ser exhaustivo. Queremos insistir en el carácter polifacéticos del personaje. Fue heredero del título nobiliario de marqués de Aycinena, y bajo este título se desempeñó como principal administrador de la empresa comercial más grande de América Central : la famosa Casa de Aycinena. Como presbítero se encontraba en el corazón del sistema jurídico y financiero de la Iglesia, y finalmente, se destacó como político muy comprometido, por lo que puede ser considerado como un verdadero intelectual orgánico según la expresión de Gramsci.

3Juan José de Aycinena fue el indiscutible líder de la poderosa familia Aycinena a partir de 1814, fecha que coincide con el fallecimiento de su padre Vicente Aycinena y Carrillo y la de su hermano mayor. Tenía 22 años. Tomaba la cabeza de una verdadero imperio financiero todavía pudiente, pero con signos de debilitamiento. Frente a la crisis económica que afectaba entonces el Reino de Guatemala, la Iglesia se había vuelto desde hacía algunos años una verdadera institución financiera de préstamo. No cabe duda que el inicio de su carrera eclesiástica obedecía también a una estrategia colectiva que servía directamente los intereses de su familia, pues ésta obtenía créditos de la Iglesia para mantener un nivel de vida altísimo (50 personas vivían en la Casa Aycinena en 1803), aunque, como lo sugiere David Chandler, también pueden haber jugado un papel en la vocación eclesiástica de Juan José su temperamento, su encuentro con el muy conservador canónigo Bernardo Martínez o bien la influencia del jurista José María Alvarez .

4Frente a los cambios políticos y a las amenazas que podían cuestionar las posiciones de los Aycinena, un control estrecho de la institución clerical podía mantener una relación de fuerza favorable a sus aparentados, quienes no estaban entonces exclusivamente estructurados en torno a un núcleo vascuense, sino que se habían abierto a la poderosa familia catalana Piñol, lo que explica, por ejemplo, la presencia del catalán Antonio Carbonel como padrino del padre Juan José. Para Norbert Elias, en todo tipo de sociedad este tipo de posición de poder casi monopolista no deja de provocar serias resistencias al interior del cuerpo social. Frente a estas amenazas, Juan José Aycinena escogió a la Iglesia con la esperanza de llegar a las más altas funciones de esta institución. Podía entonces contar con la autoridad de su tío Miguel provincial de la orden de Santo Domingo o con los poderes “sobrenaturales” de su tía María Teresa .

5Su carrera eclesiástica nos aparece muy “clásica” en el sentido que para estas familias de poder no era necesario acercarse a las clases bajas de la sociedad para alcanzar los puestos claves de la Iglesia. De hecho Juan José no había administrado ninguna parroquia rural, y es muy poco probable que el haya hecho el menor viaje a las tierras altas de Guatemala, salvo claro en 1829 cuando salió expulsado de Guatemala por los liberales. Diplomado de la Universidad San Carlos de Guatemala, tenía un gusto pronunciado por el Derecho, indiscutibles talentos oratorios (véase su elogio fúnebre que pronunció en 1819 en honor del Rey de España Carlos IV o bien los numerosos discursos que realizó al celebrarse las conmemoraciones de la Independencia de Guatemala después de 1840), y una buena pluma que lo llevó a imprimir más de 20 opúsculos. Obtuvo en propiedad la parroquia del Sagrario en 1822, aunque ya era fiscal en la curia eclesiástica desde algunos años atrás. Es posible que haya recibido una educación particular en el círculo estrecho de su familia a través de preceptores, porque no siguió las clases del Seminario tridentino, si bien asistía con frecuencia a las bancadas de la Universidad, y es posible que haya seguido los cursos dispensados por el dominico Luis de Escoto. Fue durante muchos años juez sinodal de la curia (entre 1824 y 1859), miembro del cabildo eclesiástico, aunque ignoramos la fecha y las circunstancias de su lección. Finalmente llegó a ser obispo in partibus infedilium en 1859.

En el campo político, Juan José Aycinena fue de todos los combates y logró hacerse elegir como representante en la Junta Provisional Consultiva, diputado del Congreso Federal Centroamericano en 1838 por la provincia de Totonicapán, y fue ministro principal durante el régimen de Mariano Rivera Paz, diputado de la Asamblea Constituyente de Guatemala en representación de la Universidad (1851-1856) y del departamento de Verapaz (1856-1865). Sus ideas, sus decisiones, sus escritos, esquematizando, traducen una aspiración a la estabilidad social, y se basaban en valores del pasado, principalmente católicos. Es cierto que recibió influencias del modelo norteamericano – lo que se hizo sentir en 1837 cuando obtuvo la votación de la Ley de Garantías- pero fue sobre todo el instigador de la adhesión del antiguo Reino de Guatemala al plan de Iguala (1822), actor decisivo – con su amigo y pariente Manuel Francisco Pavón – de la fragmentación centroamericana (véase las reflexiones que publicó en el opúsculo conocido con el nombre de Toro Amarillo y su actuación política entre 1837 y 1839), portavoz “revanchista” del partido conservador cuando Carrera asumió el poder a partir de 1844, artesano del regreso de los jesuitas a Guatemala, y el inspirador del primer Concordato firmado entre un Estado Nacional americano y el Vaticano, acuerdo que confiaba, entre otros puntos, la responsabilidad de la educación de las masas a la Iglesia.

6Para concluir estamos frente a un hombre que supo acomodarse con el caudillismo de Rafael Carrera a pesar de sus orígines sociales muy aristocráticos (o, visto a la inversa, pieza clave para Carrera que le permitía controlar y recibir apoyo de las élites tradicionales, a la vez que él les garantizaba su protección) y a las reticencias de las familias de poder de la capital.

7Aycinena buscaba con esto imponer un modelo político nacional Guatemalteco de « repliegue » con los argumentos siguientes: el carácter extravertido de la económica centroamericana y la inadecuación de la Constitución Federal rendían ilusoria el nacimiento de una nación centroamericana. Una retórica que tuvo un próspero futuro porque hoy en día muchos historiadores la utilizan para explicar el fracaso del proyecto Federal centroamericano.

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