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AFEHC : diccionario : RIVERA Y FREYRE, José : RIVERA Y FREYRE, José

Ficha n° 732

Creada: 01 mayo 2006
Editada: 01 mayo 2006
Modificada: 20 diciembre 2007

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

RIVERA Y FREYRE, José

Cura Párroco del Pueblo de Telica
Cargo o principal ocupación:
Cura Párroco del Pueblo de Telica
Nació:
En la isla de San Juan Bautista del Reino de Chile, en 1780
Padres:

1Don Judas Tadeo Rivera y Puga ( ?-1791 en Chile) y doña Josefa Freyre de Andrade y
Rioseco. Su padre era hijo del sargento mayor Francisco de Rivera y de Manuela de Puga y Girón.

Resumen:

1Hijo de una familia acomodada, don José Rivera y Freyre fue durante mucho tiempo cura párroco del pueblo de Telica en el Obispado de León de Nicaragua.

2Reunía en 1816 las condiciones mínimas para poder acceder a una prebenda en el cabildo eclesiástico de cualquiera ciudad del Imperio por lo que le tocó vivir durante su estancia en América.

3La condición eclesiástica era el primer requerimiento, para el ingreso al cabido eclesiástico, puesto que algunas prebendas llevaban la obligación de celebrar los oficios sagrados.

4Obtuvo el carácter sacerdotal el 22 de abril de 1804 por el obispo de Comayagua Fray Vicente de la Navas . El obispo de León, José Antonio de la Huerta Casso, le había dado el título de Familiar Caudatorio en 30 de octubre de 1799, y lo había promovido al subdiaconado en septiembre de 1802. Desde su llegada a la ciudad de León, en 1793, sus padres habían decidido que su carrera iba ser la de un eclesiástico. Después de que, en febrero de 1794, se inició con la Prima Tonsura, fue uno de los alumnos del Colegio Seminario durante cinco años y cuatro meses, donde estudió Latinidad, Filosofía y Derecho Canónico.
La segunda condición era la edad. Aunque no se trataba de una regla prescrita por el derecho canónico era evidente que la edad media de los capitulares al ganar su primera canonjía estaba situada en torno de los 40 años. En 1816 don José Rivera y Freyre tenía 36 años. La madurez intelectual era una calidad buscada.

5Otro requisito muy importante era el filium legitimum y la limpieza de sangre. Su relación de meritos y servicios hacía referencia que sus padres eran “personas ambas de ilustre prosapia”. De hecho su padre era un Capitán de los Dragones graduado del Real Ejercito del Reyno de Chile. Fue seguramente el que tomó la decisión de enviar a su hijo a la ciudad de León, junto con el Mariscal de Campo don José Salvador, quien fue nombrado entonces Gobernador Intendente. Este oficial del ejército real había vivido algunos años en Chile y se había casado, en 1773, con Rosa Freyre de Andrade y Ríoseco, seguramente la tía materna del padre Rivera y Freyre.

6Entre otros puntos fuertes que le sirvieron fue su experiencia de campo. No cabe duda que supo mantener buenas relaciones con el obispo de la Huerta Caso puesto que fue nombrado Sacristán mayor de la Catedral en 1803, y después asistió a la población de Quesalguaque y Telica (como cura interino entre 1805 y 1807 y posteriormente, hasta 1811, como cura propio). Entre sus méritos figura su actitud proselitista en cuanto a la promoción del culto a la imagen del Cristo Crucificado que se venera en la Iglesia de Telica. De igual manera supo valorizar su actuación pública ante los ojos de la Corona, pues contribuyó con la Real Hacienda al haber levantado un minucioso padrón de la población, el cual iba a servir para mejorar la recaudación de los tributos de los indios.

7Ademas de estas cualidades, que le podían abrir las puertas del cabildo eclesiástico, don José Rivera y Freyre tenía un triunfo en la mano. Estaba convencido que los servicios al Rey prestados por su prestigioso tío José Salvador —su segundo padre como él mismo dice— podían ser recompensados en él.

8Durante la sublevación de León, promovida a finales de 1811, el Mariscal de Campo don José Salvador tuvo que renunciar del mando y don José Rivera y Freyre decidió compartir su destino y renunciar también al curato que tenía asignado, y le fue imposible acomodarse a las ideas de la junta revolucionara. Tomó la decisión de acompañar a don José Salvador, quien tenía más de 70 años de edad, cuando fue obligado a emprender el dilatado y penoso viaje de 200 leguas para la capital de Guatemala. Allí el padre Rivera tomo la decisión de dejar, en diciembre de 1814, el Reino de Guatemala para buscar un destino mejor en la Corte madrileña. Ignoramos cual fue su destino final.

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