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AFEHC : diccionario : AYESTAS, Rafael Agustin : AYESTAS, Rafael Agustin

Ficha n° 736

Creada: 08 mayo 2006
Editada: 08 mayo 2006
Modificada: 20 noviembre 2014

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Autor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

Editor de la ficha:

Christophe BELAUBRE

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Publicado en:

ISSN 1954-3891

AYESTAS, Rafael Agustin

Rafael Agustín Ayestas es una de las figuras nicaragüense fabricadas por los historiadores para conmemorar la historia de la Independencia.
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Palabras claves :
Universidad, Colegio Seminario, Profesor, Independencia
Cargo o principal ocupación:
Rector del Colegio Seminario San Ramón de León, Nicaragua
Nació:
29 de noviembre de 1750 en la ciudad de León (Nicaragua)
Murió:
4 de julio de 1809 en la ciudad de León (Nicaragua)
Padres:

1Juan Agustín Ayestas y Alfonsa Naranjo

Resumen:

1

2Rafael Agustín Ayestas es una de las figuras nicaragüense “fabricadas” por los historiadores para conmemorar la historia de la Independencia, y en su caso, se trataba de celebrar en particular el despertar intelectual de su región de origen. Esta preocupación es perceptible en los trabajos del historiador Jorge Eduardo Arellano, quien se ha interesado en la vida del personaje en la medida en que sus acciones esclarecían el conocimiento de la historia de la Universidad de León. De hecho hizo de Rafael Agustín Ayestas el “primer fundador de esta Universidad”, cuando este tipo de institución sólo podía ser creada mediante una sólida presión del cuerpo social en su conjunto, que debía mobilizarse para este fin. Claro que Rafael Agustín Ayestas asumió un papel motor, sobretodo cuando era rector del Colegio Tridentino de San Ramón Nonnato, y cuando obtuvo que éste pudiera conferir grados mayores y menores.

3Rafael Agustín Ayestas era un criollo de primera generación, porque sus padres eran españoles, posiblemente de origen modesto, aunque disponemos de muy pocos datos sobre ellos. La relación de méritos y servicios menciona que “es descendiente por ambas líneas de Españoles antiguos radicados en Aquella provincia, de distinguida y acendrada nobleza”. Aparentemente quedó huérfano bastante joven, y escogió la carrera eclesiástica, adecuada para garantizarle un nivel de vida decente, teniendo en cuenta su propia situación social.

Ordenado diácono en 1773, fue nombrado capellán de coro por el cabildo eclesiástico “en atención a su idoneidad”. Beneficiaba entonces de la protección del obispo Juan Carlos Vílchez y Cabrera. Alcanzo el presbiterado el 3 de agosto de 1777. Poco tiempo después un acta capitular de la Santa iglesia Catedral hizo de él su maestro de ceremonias. Al quedar vacante la cátedra de Teología Moral del Colegio Seminario por fallecimiento de don Juan Felix González de Villalobos el Obispo Esteban Lorenzo de Tristán lo nombró como interino en 1781, cargo que asumió hasta que en 1784 ganó la oposición para ocupar dicho cargo en propiedad. El mismo Obispo lo apoyo para alcanza una dignidad en la catedral cuando falleció Don Antonio Joseph Carmenate pero este primer intento resulto negativo.

4Más tarde sus capacidades de gestión y su literatura le valieron ser nombrado en enero Notario, Revisor y Expurgador de libros del Santo Oficio y en mayo de 1783 juez de testamentos, capellanías y obras pías. Juan Félix de Villegas le confió la responsabilidad del Seminario Tridentino, que se encontraba en una pésima situación financiera. Ayestas mostró su celo para recuperar viejas deudas que sus predecesores habían prácticamente abandonado. Así por ejemplo en septiembre de 1788 hizo embargar los bienes de la difunta Rita Altamirano, quien debía 18 años de intereses de un capital de 300 pesos que pertenecía al Colegio. Ayestas sabía que los herederos de esta mujer poseían una esclava mulata, algunas tierras y yeguas, los cuales una vez subastados debían permitir el reembolso de la deuda. De la misma manera se aplicó para recuperar el 3 % de ingresos que todas las parroquias de la diócesis debían entregar al colegio, de conformidad con el derecho canónigo. En ese sentido entabló un pleito con el presbítero don Félix Galarza para que el mayordomo de la Archicofradía, “satisfaga a este colegio el 3 % de todos los intereses de la nominada desde su fundación hasta el presente en conformidad de lo dispuesto del Santo Concilio de Trento, Bula Benedicta, Leyes de Yndias y Real Cedula especial gracia del citado seminario(...)”.

5Este trabajo de hormiga, bastante ingrato, le valió sin duda el reconocimiento de sus superiores, que lo impulsaron a presentarse a los puestos vacantes de los cabildos eclesiásticos de León (1789) y de la ciudad de Guatemala (1793). En vano. Tuvo sin embargo algunas compensaciones financieras, puesto que el obispo José Antonio Huerta Caso le dejó un capital por testamento –a pesar de las reticencias del Tesoro Real que limitaba mucho este tipo de donaciones postmortem de parte de los obispos–, en retribución de las horas que Ayestas había dedicado a su servicio como secretario. Durante este último decenio sirvió también de notario para el tribunal de la Inquisición, asistiendo a las grandes ceremonias de castigo que solían ocurrir cada vez que una persona era juzgada. A partir de finales del siglo, su influencia social fue creciendo, como lo demuestra el hecho de que muchas familias de poder lo designaron entonces para apadrinar sus niños: por ejemplo la familia Terán y Prado en 1801, y la Guerrero y Fernández el año siguiente. De hecho no escatimó sus esfuerzos para obtener del Rey el permiso de convertir el colegio que dirigía en una verdadera universidad. Su solicitud fue formulada oficialmente por su apoderado en Madrid, don Diego José Borrero en 1802. En seguida se hicieron varios informes por parte de las autoridades reales de Nicaragua y de Guatemala.

6La presencia de Tomás Ruiz en el seno del claustro de la Universidad favoreció entonces los fines de Ayestas. En abril 1806, Ayestas obtuvo una victoria parcial para su causa, cuando le permitieron otorgar grados menores en el colegio y le negaron el derecho de constituir una universidad.

7Tuvo el honor de la prensa a la hora de fallecer ya que la Gazeta de Guatemala puso la noticia de sus funerales en el número publicado el 22 de julio de 1809. El padre Ayestas había muerto el 4 del mismo mes y se organizaron honras fúnebres el 19 de agosto. Los presbíteros Florencio Castillo y Francisco Ayerdi pronunciaron entonces los sermones los cuales se publicaron poco tiempo después. Para finalizar dicha pequeña biografía escuchemos algunas de estas palabras de reconocimiento que se pronunciaron entonces, palabras que empezaban a construir lo que no se llamaba todavía la nación nicaragüense: “Amaba tanto su Patria, que tomaba con gran empeño en que los actos públicos, se celebrasen con toda decencia. No quería, que se hablase nada de los Leoneses, y deseaba que León compitiese en todo con la capital del Reino”.

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